Disclaimer: Los personajes son de J.K. Rowling y de la Warner y yo no obtengo beneficio económico de esto.
Primero, mis disculpas. Ayer era tarde y como estaba un poco caótico, colgué el borrador de la última corrección. No cambia nada de la trama, solo algunas palabras y erratas, pero por eso no había notas de autor, ni disclaimer, ni TW y faltaba la línea divisoria de PoVs.
Segundo, más disculpas, al repostear el capítulo correcto, volví a confundirme. Mil perdones, soy un desastre.
Mil gracias por leer y comentar, sois estupendas, os lo digo siempre y soy un pesado, pero es que es verdad.
TW: Escenas de sexo expícitas
CAPÍTULO DIECISEIS
La comida estaba muy buena. Y la cerveza muggle también. Harry había dudado cuando había pedido cerveza él también, por las medicinas, pero el camarero había aclarado que tenían sin alcohol y no había puesto más reparos. A pesar de eso, notaba calor en las mejillas y una sensación volátil en la cabeza.
No se engañaba, sabía que no era por la bebida ni la comida, y en algunos momentos se avergonzaba de sí mismo por parecer un idiota adolescente enamorado, pero realmente estaba disfrutando tanto que mandaba a la mierda a esa pequeña parte digna de él.
Harry estaba consiguiendo que fuese una velada muy divertida. Llevarle al cine a ver una película había sido impresionante. Si no fuese porque estaba seguro que Harry estaba gastando mucho dinero en él y que posiblemente no necesitaba que le pidiese más gastos, le pediría que volviesen lo antes posible a ver otras películas.
Olvidada la tensión provocada por el mago que les seguía e intentaba leer la mente, habían comenzado charlando sobre la película, y luego Harry le había contado casos graciosos que se había topado en el hospital. Entre risas, luego ambos habían recordado algunos buenos momentos en Hogwarts.
Cuando terminaron de comer, pidieron algunas rondas de cerveza más. Podía ver cómo Harry iba achispándose poco a poco. Bajo la mesa, su pie había buscado la pierna de Draco y estaba acariciando su pantorrilla a un ritmo lento. Sabía que era una chorrada, pero se sintió muy excitado.
Cuando Draco cogió una de las manos de Harry y empezó a acariciarla con las suyas mientras hablaban, notó que este se lamía los labios antes de apurar la cerveza.
—¿Nos vamos a casa? —sugirió pícaramente.
Draco se levantó rápidamente, cogiendo su abrigo, y ambos salieron al exterior. Harry le cogió de la cintura y él se apresuró a pasar el brazo por sus hombros, en un abrazo estrecho. Comenzaron a caminar en silencio. Llegaron a un paso de peatones en rojo y, mientras esperaban, Harry le dio un beso en la mejilla. Draco le miró, ligeramente sorprendido y muy complacido, y este le robó otro beso en los labios.
Draco no pudo resistirlo y le besó con ganas, sintiendo como la excitación que había empezado a sentir en el pub crecía en su estómago. Un pequeño empujón involuntario de alguien que quería cruzar el paso de peatones le hizo separarse y notar que el semáforo ya estaba en verde.
Con una sonrisa tonta en la cara, gemela de la que Harry llevaba, cruzaron rápidamente y siguieron caminando. Harry deslizó la mano hacía el bolsillo trasero de su pantalón, introduciéndola dentro y tocándole el culo. Draco sintió un tirón en su ingle.
Llegaron al portal, y mientras Harry buscaba las llaves en su bolsillo, Draco apoyó la espalda contra el marco de la puerta, esperando a que este abriese. Harry dejó de buscar y se abalanzó contra él, besándolo mientras lo apretaba contra el marco. Draco respondió de buena gana.
—¡Idos a un hotel! —Una pareja de chicas que paseaban de la mano reían mientras les guiñaban un ojo. Harry se apartó de él y les devolvió el guiño.
Draco intentó recuperar el aliento mientras Harry abría la puerta. Cuando subieron al ascensor, fue Draco quien atacó a Harry, besándolo como si no hubiese mañana, prolongando el contacto hasta que el ascensor llegó al piso. Trastabillando, salieron mientras Harry intentaba encajar la llave en la cerradura.
No bien hubieron entrado y cerrado la puerta, Harry volvió a abalanzarse sobre él. Le besó de buena gana, sabiendo que nadie iba a interrumpirles allí y que no tenía por qué romper el beso, hasta que un maullido indignado sonó a su lado y notó cómo Lady ponía sus patas delanteras en sus piernas y clavaba las uñas suavemente para llamar su atención.
—Pequeña descarada —dijo Draco mientras se apartaba de Harry y se agachaba a acariciarla—. ¿No te ha enseñado este humano a que cuando los mayores están ocupados no se les interrumpe?
Lady, encantada por la atención, comenzó a frotarse contra su mano y sus piernas. Harry se quitó la cazadora riéndose, ayudando a Draco a quitarse el abrigo para colgar ambas prendas detrás de la puerta. Draco dedicó unos minutos a prestar atención a Lady, que estaba demandando atención.
—Nos ha echado de menos.
—Sobre todo a ti, creo que se ha acostumbrado rápido a tenerte en casa todo el día —respondió Harry, que le observaba complacido apoyado en el marco de la puerta del dormitorio.
Una vez cumplidos todos los trámites de saludo con Lady, se acercó a Harry y este lo recibió abrazándolo y dándole un beso ligero.
—Bueno, Potter… —intentó poner la voz más sugerente que supo—, ¿dónde lo habíamos dejado?
—¿La pregunta no debería ser cómo quieres que comencemos?
Harry le había preguntado en un tono de voz similar al suyo, pero Draco pudo entender la pregunta que subyacía en el subtexto. Harry necesitaba saber qué quería hacer y hasta donde estaba dispuesto a llegar para poder cumplir su deseo de respetar sus tiempos.
—Ha sido una cita preciosa —dijo para ganar tiempo—. Nunca había tenido una cita tan romántica.
—¿Te ha parecido romántico ir al cine y a cenar?
—Sí, ¿algún problema con mi concepto del romanticismo, Potter? —Harry se rio en sus labios antes de volver a besarle. Cuando se separó, Draco continuó—: Lo de esta mañana me ha gustado mucho. Me gustaría hacértelo yo a ti. Y quizá… quizá podríamos hacerlo del todo. No tiene sentido que me asuste probar algo que es tan placentero.
—De acuerdo —asintió Harry. Le dio un pequeño lametón en la punta de la nariz y luego en el labio—. ¿Qué quieres probar primero? ¿Arriba o abajo?
—¿Primero? —preguntó al no entender a qué se refería exactamente.
—Bueno, si quieres probar ambas cosas, hoy tendrás que elegir. No pasa nada si no quieres ir abajo, Draco —se apresuró a añadir con una ligera ansiedad.
—No digas tonterías, Harry. Claro que quiero probar a ir abajo —aclaró rápidamente. Realmente había estado pensando en que Harry querría ir arriba, por eso había dicho lo de estar asustado. Se dio cuenta que Harry realmente le estaba dando a elegir cualquier opción. Eso le hizo sentir más seguro—. Yo… ¿Puedo ir arriba esta vez?
—De acuerdo —sonrió Harry.
Draco pudo notar que la respuesta que había dado le había satisfecho y que Harry realmente estaba deseando hacerlo de esa manera. Por un instante se arrepintió de no haber elegido esa opción. No importaba, le ayudaría a ver y saber qué esperar cuando le tocase el turno a él. Se hizo la firme promesa de que no tardase en llegar.
—¿Entramos al dormitorio, entonces?
—Sí, aquí empieza a sobrar mucha ropa —se mostró de acuerdo.
Entraron en la habitación y empezaron a desvestirse a trompicones. Harry le ganó y pronto estaba empujándole encima de la cama, dejándole con los pantalones a medio bajar. Con un par de tirones, Harry terminó de sacárselos, llevándose de calle también sus calcetines y calzoncillos. Encima de él, empezó a frotarse contra él.
—Harry, creía que habíamos quedado en que te la chuparía yo a ti.
—Claro que sí —asintió este entre beso y beso—. Además, tienes que prepararme.
—¿Cómo? —"Merlín, iba a hacer el ridículo, no sabía nada", pensó.
—No te preocupes, yo te iré guiando —dijo sonando a promesa de una manera particularmente erótica.
Draco se mostró de acuerdo y le devolvió los besos, dejándole frotarse contra él. En cierto momento, Harry rodó en la cama, llevándoselo con él e invirtiendo las posiciones. Cuando enterró sus dedos en el pelo de Draco, este comprendió el mensaje: era su turno.
Primero probó a chupar los pezones de Harry, como este había hecho con él. Notó como se erguían como dos botones en respuesta a su estímulo. Miró a Harry, que estaba acariciándole la cabeza, y le vio relajado, con los ojos cerrados.
Esa confianza en él le espoleó. Imitando todavía los movimientos de Harry, siguió la línea sagital hasta su ombligo, ligeramente más hundido que el suyo propio, y hundió la lengua en él. Cuando siguió bajando, se encontró con la erección de Harry. Corroboró su primera impresión: era ligeramente más gruesa que la suya.
La aferró con una mano, colocado esta cuidadosamente en la base de su polla. Visualmente, parecía también un poco más corta, pensó orgulloso de su capacidad de evaluación la noche anterior.
—Lámela como si fuese un helado, desde abajo, hasta arriba —le indicó Harry en un susurró—. Sigue la línea de la vena.
Draco obedeció. Cuando hubo llegado arriba del todo, volvió a empezar.
—Esta vez, cuando llegues a arriba, presiona con la lengua la abertura, sin miedo, como si quisieras meterla por ahí.
Draco recordó que eso era lo que él le había hecho esa mañana. Se había sentido muy bien, así que se apresuró a hacerlo. Harry gimió en respuesta.
—Ahora, pasea tu lengua por mi frenillo. Es una parte muy sensible. No a todos les gusta, pero a mí me encanta.
Como hipnotizado, muy excitado por estar siguiendo las instrucciones de Harry, las siguió al pie de la letra, siendo consciente de cómo este se controlaba para no embestir con las caderas hacia adelante.
—Ahora lame el glande. Con generosidad, empápalo —Draco obedeció sin apartar su mirada de la cara de Harry, que seguía con los ojos cerrados. Nunca había obedecido órdenes tan gustosamente—. Cuando estés listo, mete el glande en tu boca y lámelo con la lengua, succiona como si quisieras extraer algo. Cuidado con los dientes.
Intentando esconder los dientes tras los labios, Draco hizo lo que le decía. Harry gimió más alto. Vio cómo llevaba una mano a su boca y la mordía. Cuando la separó para hablar, su voz sonaba temblorosa.
—Ahora, intenta metértela en la boca. No intentes cogerla toda de golpe, no pasa nada si no te entra. El truco es relajar la garganta, pero puedes sustituirlo si usas tu mano en las partes que no alcances.
Estaba deseando oír esa instrucción. Quería tragarse la polla de Harry como él se había tragado la suya. Cuando la tuvo dentro, intentó abarcar lo más posible, pero se dio cuenta que no era sencillo. Siguiendo las indicaciones de Harry, usó el puño para sustituir la sensación de la boca donde no alcanzaba. Recordando lo que este le había hecho, usó su lengua para lamer todo el tronco.
Relajando la garganta, intentó despacio introducir lo más posible. Cuando notó que le llegaba al final de la garganta, se retiró, dejándola salir.
—¿Está bien? —preguntó, ligeramente nervioso.
—Está genial, Draco. Pareciera que has nacido para hacer mamadas.
Draco sonrío ante el halago, que había sonado sincero. Harry se incorporó un poco y de la mesita de noche, sacó un bote, que le alcanzó.
—¿Qué es? —preguntó curioso.
—Lubricante. Úntate los dedos generosamente. Después, me metes el índice.
Mientras lo decía, Harry abrió las piernas y se acomodó para facilitarle el acceso a su culo. Draco miró críticamente ese agujerito rosa. Dudaba que fuese a caberle el dedo, no digamos ya la polla. Harry había dicho que no era doloroso, pero no veía la forma en que podía no serlo.
Con cuidado, acercó el dedo empapado en lubricante. Tocó y acarició el borde arrugado y suave. Harry suspiró, y cuando metió el dedo, volvió a hacerlo más fuerte. Había entrado muy fácilmente, resbalando más de lo que se esperaba.
—¿Está bien? —preguntó preocupado.
—Está genial —aseguró Harry—. Ahora tienes que buscar mi próstata.
—Vale —asintió Draco, concentrándose.
—Mueve el dedo, está cerca de la entrada, como a cinco centímetros, acaricia con la yema. —Draco lo hizo, sin saber exactamente qué buscaba. Cuando topó con un pequeño bulto unos segundos después, Harry dio un pequeño saltito.
—Justo ahí. ¿Lo has notado?
—Creo que sí. Como una nuez.
—Cuando la metas, tienes que intentar acertar en ese punto. Cuanto más aciertes, más intenso será para mí. Mete ahora dos dedos.
—¿Seguro?
—Hazlo. —le apresuró Harry.
Draco obedeció. Observó cómo Harry se retorcía e instintivamente agarró su polla con la otra mano y empezó a masturbarlo para compensar.
—¿No te duele?
—No. Al principio es incómodo, porque llevo mucho sin hacerlo, pero no es doloroso. Además, si empujas hacia afuera, facilitas la entrada.
Draco notó cómo efectivamente podía notar el culo de Harry contrayéndose y expandiéndose cuando este empujaba hacia afuera al recibir sus dedos.
—Haz tijera con los dedos, y cuando notes que está flexible, mete otro más.
Draco obedeció, notando la frente perlada de sudor. Merlín bendito, aquello era glorioso y él todavía no había hecho nada. Solo de pensar en su polla entrando en ese pequeño agujero y siendo estrangulada como lo estaban siendo sus dedos se sentía mareado. Introdujo el tercer dedo y Harry gimió con tanto placer que le dio envidia por un segundo.
—Ya, Draco. Embadúrnate de lubricante tú también y métemela.
La situación de Harry dándole instrucciones y órdenes había sido muy excitante, pero esta orden pasó de su cerebro y fue inmediatamente a su pene, que brincó de emoción. Se acomodó de rodillas entre las piernas de Harry mientras extendía lubricante generosamente en su polla, y este le rodeó con las piernas para facilitarle la entrada.
Draco alineó su polla con la entrada de Harry y empujó. Este gimió y paró, asustado por haberle hecho daño. Harry, viendo sus dudas, movió las caderas hacia arriba, empalándose un poco más mientras le sonreía pícaramente. Sin dudarlo más, terminó de introducirse hasta el fondo.
¡Salazar Slytherin! Efectivamente podía notar la estrechez del culo de Harry rodeándole y apretándole de una manera increíble. Durante unos segundos cerró los ojos y se quedó totalmente quieto, intentando no correrse instantáneamente. Cuando los volvió a abrir, Harry estaba mirándole con una sonrisa comprensiva.
—Ahora es la parte fácil, Draco —le dijo con una sensual voz ronca—. Solo tienes que seguir tu instinto natural. Acuérdate de intentar dar en ese punto, pero si no lo haces, no pasa nada, esto se siente gloriosamente bien de todos modos.
Draco asintió, conteniendo el aire. Despacio, empezó a bombear, intentando llevar un ritmo estable que le permitiese mantenerse en movimiento, pero sin llegar a correrse. Recordando lo que Harry le había dicho, intentó entrar con un ángulo ligeramente diferente. Harry hizo una mueca que no parecía de placer, pero no dijo nada.
Volvió a intentar otro cambio de ángulo. Dos embestidas más e intentó elevarse un poco para lograr una penetración más profunda, y en el siguiente embate, Harry jadeó de placer, echando la cabeza atrás.
—¡Sí, Draco! ¡Sí! —con un gemido largo, dejó de vocalizar.
Enardecido, Draco aumentó la velocidad y la profundidad de las estocadas. Sabía que no estaba consiguiendo acertar en el punto en todas las ocasiones, porque cuando lo hacía, podía notar el culo de Harry contrayéndose y aprisionando más su pene, pero veía claramente como este disfrutaba.
Ya estaba cerca del punto de no retorno y sabía que no duraría más de cuatro o cinco envites más antes de correrse. Viendo la polla de Harry rebotando contra su abdomen, la agarró con una de las manos, sosteniéndose y haciendo fuerza con la otra para seguir bombeando. Con firmeza, intentando imitar el ritmo que llevaba en las caderas, empezó a masturbarlo con energía.
Harry gritó de placer, su culo se contrajo a niveles imposibles, estrangulando tanto a Draco en las siguientes estocadas que este empezó a correrse dentro de Harry sin poder evitarlo, mientras Harry se derramaba en su mano, salpicándose el pecho. Dos embestidas más tarde, Draco se dejó caer encima de Harry.
—Eso ha sido grandioso —dijo Harry antes de besarlo suavemente.
Draco estaba de acuerdo pero, exhausto por el esfuerzo físico, necesitaba recuperar el aliento. Le devolvió el beso mientras notaba cómo su erección disminuía dentro de Harry. Estuvieron besándose con languidez durante un rato, y luego Draco salió de él y se movió a un lado, acorrucándose junto a él.
Harry los tapó a ambos con la sábana, apagó la luz y se puso de espaldas a él para permitirle que le abrazase como había hecho la noche anterior. Draco se dejó llevar por los brazos de Morfeo. Lo último que sintió antes de quedarse dormido fue a Lady subiendo a los pies de la cama para dormir con ellos, y un sentimiento de felicidad y plenitud que le llenaba el pecho.
Cuando Harry despertó, apenas había amanecido. A pesar de que habían llegado tarde a casa y las actividades a las que se habían dedicado después habían hecho que se durmiesen más tarde todavía, su cuerpo estaba acostumbrado al horario de mañanas. Sin moverse, disfrutó del cálido abrazo de Draco.
Se sorprendió de que le gustase tanto estar así, porque no era algo que hubiese disfrutado especialmente con otras parejas. "Con Draco sí", paladeó Harry mientras evocaba el recuerdo de la noche anterior. Se preguntó cómo se sentiría Draco. Él recordaba perfectamente el día que perdió la virginidad, pero su cerebro había borrado todas las emociones excepto la de que había sido un desastre. Uno bastante doloroso.
Draco se había desempeñado muy bien. Al principio, había pensado en darle un par de indicaciones generales y dejar que él solo fuese descubriendo cómo hacerlo, pero había encontrado algo poderosamente erótico en irle dando instrucciones precisas sobre lo que quería y cómo este le obedecía.
"Dios mío, esto mejor no se lo contamos a Hermione", pensó. "Sólo serviría para reforzar su teoría de que hablar con las personas facilita las cosas y lo terrible que es que los chicos no lo hagamos nunca".
Hablando de Hermione… Llevaba dos días sin escribirla. Más de hecho, porque no llegó a mandarle el correo el día que Draco lo besó por primera vez. Con cuidado, intentando no despertar a Draco, se deshizo de su abrazo y salió de la cama con la intención de ir al baño y aprovechar a enmendar su retraso.
Un rato después, sentado en el sofá con una taza de café caliente, con Lady relamiéndose después de haber comido, se concentró en contarle a Hermione todas las novedades. "Bueno, algunas las omitiría", se dijo mientras notaba los leves pinchazos con los que su culo le recordaba deliciosamente lo que había sucedido.
Cuando hubo enviado el correo, miró el reloj. La hora de desayunar había pasado con creces. Se asomó con cuidado a la habitación: Draco seguía profundamente dormido. Debía estar agotado de todo el trajín del día anterior. Decidió que había tiempo y que no lo despertaría todavía. Sirviéndose otra taza de café, cogió el libro que había comenzado unos días atrás y retomó la lectura donde la había dejado.
Un rato después, Draco apareció rascándose el estómago y bostezando en la puerta. Lo buscó un momento con la mirada y, cuando lo vio en el sofá leyendo, sonrió perezosamente. Harry se levantó y fue hacia la cocina, donde ya estaba Draco abriendo el frigorífico y sacando leche y huevos.
—¿No has desayunado? —preguntó Draco bostezando de nuevo.
—Solo un par de tazas de café para despejarme. ¿Quieres cereales?
—Sí, por favor.
Harry sacó las tazas y le sirvió un tazón de cereales mientras Draco encendía con soltura la vitrocerámica y empezaba a revolver los huevos en una sartén. Cuando ambos se sentaron a cada lado de la barra a desayunar, Harry miró atentamente la cara de Draco.
—¿Qué tal te encuentras? No quise despertarte, daba la impresión de que estabas muy cansado.
—Supongo que sí —bostezó Draco de nuevo—. Como sea, he dormido de un tirón. Me he despertado porque estaba hambriento.
—Hoy es domingo —constató Harry.
—Ajá —Draco alzó una ceja interrogativo. "Está claro que no tiene el despertar más entusiasta del mundo", pensó Harry.
—Quiero decir… un domingo de cada dos, George me recoge para ir a comer a casa de sus padres. Ya sabes, los Weasley son como mi familia y solo puedo verlos cuando voy a su casa.
—Estupendo. No te preocupes, estaré bien —convino Draco.
—Pensaba proponerte que vinieses conmigo—sugirió, a pesar de saber que probablemente no le haría gracia la idea.
—¿Un Malfoy en casa de los Weasley? —le preguntó Draco mientras le miraba incrédulo—. Además, pensaba que estaban en arresto domiciliario desde que llegó el Ministro.
—Sí, no pueden salir de casa salvo para asuntos vitales. Bueno, Arthur no puede, por sus vínculos con Kingsley.
—Pues no creo que les venga bien que un ex-mortífago ex-convicto les visite.
—No digas tonterías, Draco. Eso no les importará —Harry se indignó. Si Draco los conociese, no diría eso.
—A ellos quizá no, pero al Ministerio a lo mejor sí.
—Dudo que el Ministerio esté en la Madriguera vigilando a quien invitan —rebatió Harry.
—Harry —le cortó Draco—. Sé que es como tu familia y que quieres que yo también forme parte de ello. E imagino que además quieres demostrarme que no me escondes ni te avergüenzas de mí.
—Yo no he dicho eso.
—Lo sé, lo estoy diciendo yo. Pero no creo que sea buena idea —concluyó tajante. Harry frunció el ceño, dispuesto a combatir un poco más, pero Draco no se lo permitió—. Harry, no estoy diciendo que no vayas tú. Yo estaré bien, no pasa nada porque me dejes solo para comer, me apañaré.
—De acuerdo —se rindió Harry. Para que Draco viese que no estaba enfadado, añadió—: Te voy a echar de menos.
—Lo sé. Sobre todo porque tienes una tarea pendiente.
—¡Oh, no te preocupes por eso! —Lo tranquilizó Harry—. Puedo darte el tratamiento antes de irme.
—Potter, me refería a que hoy te toca a ti follarme —le aclaró Draco con una mirada divertida. Harry sintió cómo la cara le enrojecía—. Lo de ayer fue una de las mejores cosas que he hecho en mi vida, pero después de ver lo bien que te lo pasaste tú a pesar de ser mi primera vez, estoy deseando intercambiar los papeles.
Draco había arrastrado la última frase como hacía en su adolescencia, con indolencia, haciendo énfasis en "intercambiar los papeles". Harry sintió como su pene daba un tirón dentro de sus pantalones de dormir, sintiéndose como un adolescente cachondo.
—Bueno, supongo que… puedo avisar a George de que hoy no podré ir…
—Harry, por Merlín —le miró divertido Draco—. No vas a avisar a nadie de nada. Te vas a comer con los Weasley como de costumbre, porque son tu familia, y cuando vuelvas tendrás que indemnizarme por tu ausencia.
Había vuelto a arrastrar las palabras y Harry ya estaba medio duro. Le iba a torturar. Cualquiera diría que la noche anterior ni siquiera sabía qué hacer para metérsela y hoy le tenía comiendo de su mano.
—Eres un cabrón —dijo medio en serio, medio en broma.
—Ese lenguaje, Potter. O tendré que castigarte.
"Dios, le iba a volver loco si seguía hablando así". Draco debió notarlo, porque se levantó con una sonrisa pícara del taburete y, excusándose en que necesitaba ducharse para poder recibir el tratamiento, entró en la habitación. Unos segundos más tarde, oyó el ruido del agua cayendo. Harry respiró hondo y se dedicó a recoger los restos del desayuno.
Un rato después, Draco estaba tumbado en la camilla mientras Harry le extendía la poción. Harry aprovechó aquella sesión para examinar y mover todas y cada una de sus articulaciones, en busca de algún problema que todavía no hubiese sanado.
Notó todo en orden y pensó que probablemente ya podría dar a Draco por sanado. Faltaba una sesión, y le haría acabar los ciclos de pociones, pero el ojo clínico de Harry le decía que seguramente no era necesario y que Michael solo había querido asegurarse.
Cuando terminó, convirtió la camilla de nuevo en una cama y fue él quien entró en la ducha a asearse mientras Draco se vestía. Cuando salió, este estaba en el sofá leyendo. George estaría a punto de llegar, y Harry estaba empezando a ponerse ligeramente nervioso. Sabía que los Weasley aceptarían que Draco fuese a comer a casa, pero no sabía cómo iba a reaccionar concretamente George cuando lo viese.
Aunque los diez años transcurridos desde el final de la guerra habían ayudado a cicatrizar muchas heridas, y el gobierno actual del Ministerio no despertaba las simpatías de George, sabía que un Malfoy podría no ser de su agrado también. Si lo conociera mejor seguramente cambiaría de perspectiva, pero no sabía si estaría dispuesto a darle esa oportunidad.
Estaba paseando por la sala, incapaz de estarse quieto mientras se preguntaba cuál sería la mejor manera de planteárselo a George. Se obligó a pararse. Cuando miró a Draco, vio que este estaba pendiente de sus movimientos con la cabeza ligeramente ladeada y expresión seria.
—Vaya, Potter… Cualquiera diría que tienes una cita —aunque el tono que usó era el de ironía amistosa, pudo notar la preocupación impregnando sus palabras.
—Es solo…
—Puedo irme a la habitación, si quieres —propuso Draco con suavidad. «Dioses, desde que había sanado había vuelto a ser tan perceptivo y agudo como lo recordaba».
—¡No! —negó categóricamente.
—Eso me había parecido entender. ¿Entonces?
—Verás, la familia Weasley es encantadora —Draco alzó una ceja, poniéndolo en duda—, te lo aseguro. No me mires así.
—No te miro de ninguna manera —se defendió Draco con una risa suave.
—Pero George… Él perdió a su gemelo. No sé cómo va a reaccionar, no estuvo muy de acuerdo con que te defendiéramos. Los Malfoy no sois santo de su devoción. A él y a Ginny les cuesta más dejar atrás viejos rencores.
—No son viejos rencores —repuso Draco con voz tímida—. Soy un Malfoy, y él tiene derecho a echar de menos a su hermano.
—Tú no lo mataste.
—Pero estaba en el bando de los que sí lo hicieron—alzó la mano para impedir que Harry le interrumpiese. Este se calló—. No vamos a volver a entrar en los motivos que tuve para hacerlo. Era una varita más a la que enfrentarse y el Señor Tenebroso tenía tanto poder porque tenía muchas varitas como la mía a su lado.
—Creo que si te conociera mejor…
—Probablemente, Harry —le cortó Draco—. Pero no puedes, ni debes, forzarle a ello. Deja que sea él quien gestione sus emociones y su dolor. Es suyo, Harry. Créeme, sé mucho de dolores.
—He podido ayudarte con los tuyos —dijo Harry refiriéndose no sólo a los físicos.
—Sí, y seguro que en algún momento tú, u otra persona, podrá ayudar a George Weasley a sanar los suyos —asintió Draco.
—No quiero que te escondas.
—Entonces, me quedaré aquí sentado, tranquilamente. Y cuando venga, le saludaré con toda la educación que mi madre y mis preceptores me enseñaron. Y si hoy, o algún otro día, Weasley quiere mirar más allá de mi pasado, podrá verme a mí.
Harry se sentó a su lado. Draco le rodeó los hombros y este apoyó la cabeza en su hombro. Estaba muy orgulloso de Draco. Hacía unos días era un despojo tanto físico como emocional, pensó con un estremecimiento. Y ahora era un chico de su edad, inteligente, maduro y divertido. Parecía como si hubiese conocido a dos personas diferentes que seguían estando ahí. Si el anterior Draco le había gustado, de este estaba enamorado, reconoció con media sonrisa.
Un crujido sonó en la sala y George apareció junto a la puerta de la calle. George era el único que podía hacerlo. Antes de guardar la varita en el fondo de su armario, se había preocupado de poner las protecciones más potentes que se sabía. Harry se incorporó rápidamente para recibirlo.
—¡Hola, Harry! ¿Listo para marcharnos?
—Hola, George. Sí, dale —contestó teniéndole una mano para que pudiera ejecutar la Aparición conjunta. Al acercarse, se dio cuenta que, estando Draco sentado en el sofá, George no podía verlo, pues estaba oculto por la barra.
—Pues venga —George le cogió la mano, pero no se Desapareció. Cuando Harry iba a preguntarle si había algún problema, este le miró con extrañeza—. ¿Malfoy no viene?
—Eh… no… —contestó. ¿Cómo había sabido que Draco estaba ahí? Miró al sofá, comprobando que efectivamente, la barra tapaba completamente a Draco.
—¿Lo tienes escondido? —preguntó soltándole la mano.
—Estoy aquí, Weasley —Draco se había levantado del sofá con una sonrisa educada. Dando unos pasos, llegó hasta donde estaban ellos y tendió la mano derecha a George—. Nos conocemos, pero creo que nunca nos han presentado oficialmente.
George miró su mano receloso, luego miró a Draco, como evaluándolo. Harry se tensó como una cuerda, consciente de que aunque Draco hubiese prometido ser educado, si George rechazaba esa mano, Draco podría ofenderse. Sin poder evitarlo, recordó una situación similar diecisiete años atrás, en el Expreso de Hogwarts.
Con seriedad, George le estrechó la mano a Malfoy.
—Si Harry ha sido tan descortés de no invitarte, me parece que debo hacerlo yo. Nos… apetecería mucho que comieses con nosotros hoy, Malfoy —dijo George con formalidad. Harry tuvo que controlarse para quedarse boquiabierto.
—¿Cómo sabías…?
—Ron. Nos ha llegado una carta hoy. Nos cuenta que estabas jugando a los sanadores con Malfoy— Harry detectó cierto tono con segundas intenciones en las palabras de George. Miró a Draco de reojo y vio que este se había sonrojado ligeramente—. Nos pedía que te echásemos un vistazo y te ayudásemos si fuese posible.
—¡Será bocazas!—se quejó Harry con un bufido.
—La noticia ha sido… sorprendente. —George le miró a los ojos fijamente— Pero confiamos en tu criterio, Harry. Eres mi hermano y un hijo para mis padres. Cualquiera que tu consideres tu amigo, será amigo nuestro también, aunque vaya en contra de mi instinto. Somos familia.
—Gracias, George —contestó Harry, emocionado.
—Entonces… ¿vamos? —George extendió ambas manos en dirección a ellos. Harry le cogió la mano de nuevo. George miró a Draco—. ¿Malfoy?
Draco miró a Harry con interrogante. Este se encogió de hombros intentando decirle sin palabras que respetaba su decisión y podía hacer lo que quisiera. Finalmente, Draco aceptó la mano que George le tendía y este los desaparecía en dirección a la Madriguera.
Una vez llegaron, Harry dirigió una mirada de disculpa a Draco cuando este vio alzarse la tambaleante Madriguera delante de él. Y otra cuando todos los Weasleys presentes (Arthur y Molly; Percy, Audrey, Molly y Lucy; Angelina, Fred II y Ginny) le estrecharon la mano efusivamente.
Volvió a mirarle culpable cuando Molly, que había estado apretujándole a él en sus brazos durante largos minutos cuestionándole qué comía, procedió a hacer lo mismo con Draco, quejándose de lo delgado que se veía. Le dirigió otra más cuando Ginny le puso una montaña de platos en los brazos y le mandó ayudar a poner la mesa.
—No había pensado que las cosas fuesen a salir así —musitó Harry en un momento en el cual ambos quedaron solos en el comedor mientras ponían los cubiertos—. Lo siento.
—Harry, deja de mirarme como si fueses el culpable de todo en esta vida —contestó Draco mordaz—. Estoy aquí porque he querido yo, con todas las consecuencias. Aunque sigo pensando que no es buena idea por si el Ministerio decide tomar represalias. Además, son tu familia —añadió con una mirada de cariño.
—Gracias —susurró Harry mientras le daba un rápido beso.
—No me las des ahora —contestó Draco con una mirada maliciosa—. Sigo pensando cobrármelo luego con creces.
—Te juro que vas a tener una tarde inolvidable —le prometió Harry.
Ginny y Percy entraron en ese momento con los últimos vasos, precediendo a la Molly, que transportaba con magia el asado que había realizado para comer. Todos se sentaron a la mesa, y pronto estaban conversando animadamente. Harry se dio cuenta que, aunque todos se habían dado cuenta de que Draco apenas intervenía en la conversación, se esforzaban en hacerle sentir integrado.
Draco comió con apetito, pero cuando Molly trajo el postre, abrió los ojos desmesuradamente.
—Creo que no puedo comer más, Harry —le susurró al oído.
—No te preocupes, Malfoy —contestó Percy, que estaba sentado dando de comer a la pequeña Molly enfrente de Draco—. Todos decimos lo mismo siempre, y todos acabamos comiéndolo. No es que sea mi madre, pero cocina como los ángeles.
—No lo dudo. Todo estaba muy rico.
Draco comió el postre, alabándolo. Molly se hinchó como un pavo. Cuando terminaron de comer, sabiendo que seguramente Draco estaba agobiado de tener tantos Weasleys alrededor, por muy discretos y educados que se estuviesen comportando, se levantó.
—Molly, estaba todo delicioso. Tenemos que marcharnos ya, Draco necesita tomar sus pociones y descansar.
—¿Tan pronto, Harry?
—Sí, lo siento. No te preocupes, Molly —la tranquilizó—. La próxima vez me quedaré más tiempo, lo prometo.
Molly lo aplastó de nuevo contra su pecho. Harry se dejó hacer. Los Weasley se metían con él diciendo que su madre le quería más a él que a ellos, pero Harry adoraba los abrazos maternales de Molly.
—Muchas gracias por la comida, señora Weasley —se despidió Draco—. Hacía años que no comía tan opíparamente.
Halagada, Molly rechazó la mano que este le tendía y lo abrazó a él también, diciéndole que esperaba volver a verlo pronto por allí. Harry y el resto de Weasley rieron ante la cara de incomodidad de Draco. Cuando esta por fin lo soltó, aun tuvieron que despedirse uno a uno de todos los demás miembros de la familia. Cuando, por fin, George los Desapareció de vuelta a casa, el silencio de esta se acentuó por el alboroto que había habido en la Madriguera.
—Bueno, Harry, Malfoy —se despidió George—. Hasta la próxima.
—¡George! ¡Un momento! —este le miró inquisitivo. Sacó un saquito de su bolsillo—. Casi lo olvidaba. El otro día visité a Michael para comprar algunas medicinas. Dawlish apareció por allí y no pude abonarle lo que había comprado para que ese cabrón no metiese los hocicos donde no le llaman.
Comprendiendo, George cogió el saquito y se lo guardó.
—Muy bien. Se lo daré mañana, no te preocupes.
—Muchas gracias.
George hizo un gesto como de tocarse la visera, y se Desapareció.
Haydenabresa, muchas gracias por tu review. La historia está completamente escrita y solo quedan cuatro capítulos y el epílogo por subir. ¡Espero que te guste!
Gracias a Yaz por el aviso.
