Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y esta historia a JAnnMcCole. Yo solo traduzco.
Capítulo 13.5
"Sexo y violencia: el mejor dúo desde los Tres Chiflados." ~Jarod Kintz
ALICE
—¿Hola, Emmett? —respondí el teléfono en lo alto de las escaleras.
—Alice… —dijo con un suspiro.
—Emmett, ¿qué pasa?
—Todo, A. —Resopló antes de reírse.
Caminando hacia la habitación más cercana, me moví lo más lejos de la puerta como fuera posible y me encontré frente a la pintura de Piet Mondrian de Esme que se encontraba sobre la chimenea.
—Emmett, ¿estás ebrio?
—Soy irlandés, amor, no me emborracho.
Puse los ojos en blanco y suspiré.
—¿Qué pasó, Emmett?
—¿Sabes? Cuando Jasper nos dijo que iba a casarse contigo… No podía creerlo. Eras tan diferente a todas las chicas con las que había salido antes. Les daba un año.
—Bueno, tampoco me agradabas y estoy tentada de cortar la llamada ahora.
—¡No! Por favor, no lo hagas. —Suspiró y lo escuché beber otro trago de lo que sea en que estuviera ahogándose—. Eres la única persona en esta familia que… que me trata normal. Jasper es el elegido de Edward. El favorito de papá es Edward. Mamá me ama, pero ella nunca me atendería. ¡Solo necesito que alguien por un segundo esté de mi lado! Solo una persona.
—Emmett, somos familia. Siempre estoy de tu lado. Y Jasper… también le importas, y lo sabes.
—Jasper mató a nuestro tío y Edward mató a nuestro abuelo. La familia es hasta cierto punto. Soy el siguiente; lo sabía desde el día que nací. Uno de ellos iba a matarme.
—Emmett, mi esposo está sentado en el comedor esperándome. Pero me llamaste y parecía que necesitabas mi ayuda. Así que, en vez de cenar con él, estoy acurrucada en un rincón en uno de los cuartos de pintura de tu madre. Ahora, dime qué pasa.
—Rose es la rata —dijo. Esperé a que el shock me llegara. Quería sentirme asombrada, pero solo me sentía estúpida por no darme cuenta antes—. Ella me tomó por tonto y simplemente la dejé. Dejé pasar cosas que ella decía y hacía porque la amaba. La sigo amando. Estoy jodido. Ella está jodida. Los dos…
—¿Edward y Bella lo saben?
—Edward me lo dijo y no le creí. No quería creerle. Pero tenía que saber la verdad.
—Emmett, ¿qué hiciste?
—Le di información a Rose. Le dije que Edward iba a llevar a Bella a la ópera. Llamaron a mi número en vez del suyo para confirmar la reserva. Les di su número y Rose estaba allí… así que pensé en decírselo y ver qué pasaría.
—Y Orlando intentó matarlos. Eso es lo que pasó —terminé por él.
Suspiró,
—Van a matarnos a los dos. Edward sigue furioso. Ni siquiera lo pensé, necesitaba asegurarme. Pero necesito de…
—Emmett, no se lo dirás.
—Alice…
—Cállate, Emmett. Esta conversación no existió y no le dirás lo que hiciste. Ninguno de los dos puede cagarla, ni tú, ni yo, ni siquiera Jasper. Estamos en guerra. ¿Has elegido tu lugar?
Se mantuvo en silencio y contuve mi aliento en pánico.
—Emmett, familia en las buenas y en las malas. Este es tu momento. Sobrevivirás a esto, pero tienes que ser inteligente.
—Familia en las buenas y en las malas —repitió.
Asintiendo, solté el aire de mis pulmones.
—Rose nos cagó a todos. Ahora es momento que se lo devuelvas diez veces peor. Vas a ser un maldito Cullen. Vas a ser despiadado. ¿Me entiendes?
—Si la lastimo, Edward y Bella se darán cuenta.
—Hay más de una forma de herir a una mujer, Emmett. Sigue como si nada pasara. Haz que se enamore de ti otra vez y comienza a sacarle información. Cuando la tengas, se las das a ellos. Informales y haz lo que te pidan. Si Rose te amara, no hubiera hecho esto. Ella puso en riesgo tu vida, y la de toda esta familia, por su codicia. Eso no es amor. Te levantarás como un miembro más fuerte de esta familia.
Se quedó en silencio de nuevo y escuché la botella del otro lado del teléfono tocar la mesa, como si la estuviera bajando.
—Gracias, Alice.
—¿Por qué? Esta conversación jamás ocurrió.
Soltó unas risitas.
—Oh, ¿y Emmett? Estaré observándote. Confío en ti, pero por si acaso, te estaré observando —dije antes de colgar.
Borré su llamada y me enderecé antes de salir del cuarto. Caminé hacia el comedor para encontrar a Jasper sentado encorvado sobre la mesa, completamente sumido en sus pensamientos. Ni siquiera notó cuando el mayordomo colocó la comida en la mesa para solo nosotros dos. Era raro estar en la casa con tantas personas ausentes.
—Gracias, Raymond —le dije mientras se iba.
—Por supuesto, señora —dijo antes de volver a la cocina. Jasper seguía sin moverse.
—Tus ojos solían salirse de tu cabeza cuando entraba en una habitación —bromeé, sentándome a su lado.
Él parpadeó rápidamente, levantando su cabeza para mirarme. Forzó una sonrisa, tomando mi mano y besando el dorso de esta.
—Lo siento, cariño. Tengo muchas cosas en mi cabeza. Pero estás radiante como siempre.
Recuperando mi mano, busqué los guisantes y serví en su plato junto con el salmón y el arroz. No lo había visto comer desde anoche.
—Gracias. —Sonrió, tomando un bocado.
—Por supuesto. ¿Estás pensando en lo que Bella y Edward nos pidieron que hagamos? —Se quedó quieto, mirándome—. ¿Qué? Me llamaron momentos después de hablar contigo.
—¿Por qué no me dijiste que lo sabías?
—¿Por qué siquiera me lo dijiste?
—Alice. —Suspiró. Odiaba cuando suspiraba mi nombre así.
—No crees que pueda hacerlo. —Estábamos de vuelta en el punto de partida.
Se enderezó.
—Alice, esto no es un juego. Estamos hablando de entrar en la Embajada canadiense, secuestrar a un agen…
—Lo sé, Jasper, leí el archivo —espeté, cortando el pescado rosado frente a mí.
—Entonces sabes que esto es muy arriesgado. No vamos a lidiar con matones. Encontraré un plan con Jacob…
—Si lo intentas, Jasper Cullen, me divorciaré de ti tan rápido que ni siquiera serás capaz de terminar tus guisantes —le dije, tomando un bocado.
Su boca se abrió antes de convertirse en una sonrisa engreída.
—Estás exagerando.
—¿Adivina quién invitó y trató bien a todas las firmas de abogados del estado? —pregunté, bebiendo mientras él me observaba—. Mientras te estabas ensuciando las manos con los malvivientes, he estado relacionándome con muchas personas sofisticadas. No soy tan inocente y dulce como intentas que sea. Tengo un plan para entrar, pero necesito de tu inteligencia tecnológica para hacerlo. Vamos a hacerlo. Te guste o no.
Él simplemente me observó sin decir nada.
—Deberías comer, cariño. Este salmón es increíble.
—Ya no tengo hambre de comida —dijo en voz baja, tirando de su corbata y poniéndose de pie.
—¿En serio? ¿Debería pedir algo de vino? —Sonreí, tratando de no mirarlo y enfocarme en mi comida. Sus dedos acariciaron mi hombro y subieron hacia mi cuello, hasta que lo tomó con firmeza, su pulgar a un costado de mi mandíbula.
—Nada de vino —susurró en mi oído.
—¿Entonces qué?
—Te quiero a ti —anunció. Sonreí, levantándome de mi asiento.
—Solo tenías que pedirlo. —Me alejé de él, me quité los zapatos y comencé a bajar el cierre de mi vestido. Él observaba cada movimiento que daba, y cuando vio el encaje de mi sostén, me detuve.
—Por el otro lado, deberías trabajar para ganarme. —Sonreí antes de salir de la habitación. Corrí por las escaleras, doblé en una esquina y seguí corriendo.
Giré mi cabeza hacia atrás para ver dónde estaba, pero no se encontraba allí. Pausé justo cuando las puertas del ascensor se abrieron y él apareció frente a mí con una sonrisa tan amplia que era casi inhumana. Me llevó a sus brazos y me lanzó sobre sus hombros como un cavernícola.
—¡Tramposo! ¡Bájame!
—Sé más inteligente, no trabajes de más, cariño —rio mientras pataleaba e intentaba liberarme.
¡Acabo de caer en esto!
Cuando llegamos a nuestro cuarto, me cargó y me dejó caer en el centro de la cama.
—Ahora que te he ganado, ¿por qué no te ayudo a salir de ese lindo vestido? —dijo, gateando sobre mí. No luché contra él, no quería hacerlo.
JASPER
Toda la noche intenté pensar en una forma de dejarla fuera de esto. Pero no se me ocurrió nada. La observé atarse las botas mientras me colocaba el reloj. No quería hacer esto con ella. No estaba lista para esto. No era un juego. Ninguno de los dos éramos espías. Si la atrapaban, estaba acabada. Nuestras vidas serían vigiladas, nuestras vidas serían descubiertas. No me parecía que valiera la pena. Tenía casi todo planeado con Jacob; todo lo que necesitábamos era alguien que se pareciera a esa agente. Lamentablemente, esa persona era Alice. Podrían haber sido gemelas, a excepción del cabello. Lo peor era que no teníamos tiempo de prepararla. Sentía que estábamos jugando a la papa caliente con una granada activada. No importaba a quién atrapara; alguien iba a ser destruido.
—Puedo sentir que me observas —dijo, guardando su teléfono en sus jeans.
—¿Estás segura…?
—Si me preguntas eso una vez más, Jasper, te juro por Dios…
Molesto, tomé su teléfono y lo lancé sobre la cama.
—Oye…
—Si vas a ignorar mi consejo como tu marido, vas a escucharme como tu jefe. ¿Quieres hacer esto? De acuerdo. Pero un error de principiantes es cargar un teléfono —espeté furiosamente. Moviéndome hacia el vestidor, saqué un auricular y volví hacia ella, colocándolo en su oído. Observé su atuendo una vez más.
—Vas a la Embajada, Alice. Vas a necesitar una falda, medias y zapatos, así como una chaqueta.
—Espera, ¿vamos ahora?
—Sí, ahora. —Fruncí el ceño—. Si lo hacíamos a mi modo, iríamos mañana o incluso el día siguiente. Ella está casada y tiene dos hijos que son educados en casa. Por eso es casi imposible tomarla de su casa. Podríamos haberla raptado en un viaje normal, pero Edward y Bella, siendo los hijos de puta que son, quieren probar que pueden hacerlo en territorio enemigo. Así que, sí, vamos a ir hoy. Porque hoy es el único día que la agente deja su oficina. Pasa la noche allí, sobre todo porque tiene una aventura con su jefe. Los guardias no la han visto entrar hoy así que puedes entrar con las credenciales falsas.
Ella tomó mi rostro en sus manos.
—Respira. Jacob va a estar conmigo y tú estarás en mi oído. Todo estará bien si crees que yo estaré bien.
Descansando mi cabeza contra la suya, asentí.
—Bien. Ahora, ¿qué color de traje debería usar?
—Un color aburrido, y algo que jamás has usado antes y que no te moleste quemar después.
—Genial, tengo el atuendo perfecto —dijo con un toque de sarcasmo. Estuve tentado de sonreír, pero ahora no era el momento.
Ella caminó hacia el armario mientras me dirigí hacia mi tableta, colocando el segundo auricular en mi oído.
—Alice, ¿puedes escucharme?
—Dios, ¿eres tú? —Su voz sonó en el micrófono.
—Muy graciosa.
*TOC, TOC*
—Adelante —dije, sabiendo que no podría ser otro más que Jacob. Cuando entró con en traje, le lancé el tercer auricular. Lo atrapó con facilidad.
—¿Está todo en su lugar?
—Sí, tenemos dos horas antes de salir. ¿Encontraste una mujer en la que podamos confiar? —preguntó Jacob, colocándoselo en su oído.
—A su servicio. —Alice apareció vistiendo un traje gris.
—¿Es en serio? —preguntó Jacob, mirándome.
Lo mismo pienso.
—La próxima persona que diga algo se quedará sin malditos dientes, ¿entendido? —espetó en nuestra dirección, cruzándose de brazos.
—Sí, señora. —Rio Jacob mientras sacudía su cabeza.
—Bien. Ahora, ¿esto es suficiente para poder pasar como ella? —Señaló a su atuendo.
—Una última cosa. —Jacob sacó un par de lentes negros y de marco grueso. Cuando ella se los colocó, chequeé para ver si la cámara funcionaba.
—Pongamos este desastre en marcha —murmuré, poniéndome de pie.
Qué Dios nos ayude.
