Estaban fuera de control. Eran adolescentes desesperados por sentir cosas que estaban más allá del alcance de sus manos. Parecían inexpertos mocosos que fingían estudiar en la habitación con tal de que sus padres no los interrumpieran, o como un pretexto para estar a solas con la puerta cerrada, mientras dejaban las libretas abiertas y se besuqueaban sobre la cama. La diferencia era que no había una libreta, ni padres, de hecho, no tenían menos de veinte años. Sakura se ponía esta ropa coqueta de tirantes que mostraran un poco su escote y faldas que exponían sus hermosas piernas largas y blancas, porque parte de ella insistía en para hacer algo a lo que él se negaba, pero resultaba inevitable que ella lo arrastrara sosteniéndole por la corbata, hasta el lecho. Se había vuelto experta en domarlo por el cuello, como a un perro, y él caminaba sobre las nubes mientras sentía sus suaves labios contra los propios, olvidándose del resto del mundo cuando se besaban, sin notar que ella deslizaba su saco por sus brazos y le aflojaba la corbata para lanzarla lejos antes de atraerlo en un abrazo. Ahora, imagínense la típica escena de jóvenes hormonales de películas y series americanas: mimos incesantes, música en una pequeña grabadora, ósculos intensos y ruidosos. Sí, sí, faltaba la grabadora, pero todos podemos ver a los chicos aferrándose el uno al otro mientras se frotan entre sí, como si aquello fuera tan inocente, ¿cierto?

El acto sexual no consiste solo en la penetración, ¿saben? Lo que hacían era parte de un proceso reproductivo, un cortejo y un juego previo al evento estelar, pero Sasuke Uchiha se mentía a sí mismo al repetirse que estaba bien, siempre y cuando no pasaran de ese punto. Excepto que ella seguía moviendo su pelvis, abría los botones de su camisa, lo enredaba con sus piernas, separaba los labios, le mordía el mentón… uno no puede con tanto. Y no, no es que el asunto fuera culpa de ella, tampoco era como que se estuviera sobrepasando. Con los veintidós años cumplidos, un poco de placer y excitación no son incorrectos. Uno diría que ella es capaz de tomar decisiones adultas, ¿verdad? Tiene la información, se versa como doctora, es inteligente—por no decir brillante—, está feliz, ¿qué puede tener de malo? Si se siente bien, parece estar bien, ¿verdad? Y él era tan guapo, encantador a pesar de su seriedad, y estaban enamorados. Acostarse era solo una de los miles de formas de celebrar su amor, ¿no? Pero él… él no quería. Él se contenía. Y, por más que ella pudiera notar que no era la única entusiasmada con la idea de descubrir los misterios ocultos en las partes de su cuerpo que aún no había visto, él era un bien hombre. ¡Maldición! ¿Por qué tenía que ser un buen hombre?

Ay, cariño, no tienes ni idea.

—Espera —hijo de la gran…—, espera… tenemos que detenernos —claro, decía eso con la camisa completamente abierta, aunque eso sí era culpa de Sakura. Pero, ¿se suponía que viera su cuerpo formado y fingiera que eso no la volvía loca?

—Lo sé, lo sé —contestó, fastidiada a pesar de su tono de voz sofocado—. No lo haremos, al menos hasta que tu divorcio se haya firmado por ambos.

—Así es —ella suspiró, dejando caer su cabeza sobre la cama—. Escucha, no quiero hacerte sentir mal con esto. Sabes que no se trata de ti.

—Ni de ti —se quejó, alzando las cejas en un gesto egoísta e infantil, que a final de cuentas él procuraba ignorar, dadas las circunstancias. Y, bueno, tampoco quería discutir sobre las reacciones naturales de su anatomía masculina—. Lo entiendo, hicimos un acuerdo, es solo que… a veces se siente como que tú has hecho tanto esto y yo soy una idiota.

—No estoy de acuerdo —afirmó, echándose a un lado y llevando sus manos a volver a cerrar la camisa—. Eres… decidida —por no decir más.

—Supongo que sé lo que quiero —se encogió de hombros—. La cuestión es que no se trata de lo que yo quiera, ¿cierto? —se empujó el cabello hacia atrás, exasperada—. Los besos son increíbles y, no me malinterpretes, adoro que aceptes abrazarme o dormir conmigo, pero… no tengo catorce años, Sasuke-kun.

—Ya que es tanto problema, deberíamos abstenernos de seguir "jugando".

—Eso no es justo —replicó, haciendo un puchero mientras lo miraba a su lado—. Actúas como si lo que quiero fuera un crimen… no son una niña, ¿sabes? Y no te estás aprovechando de mí, puedo ver que te sientes atado por tu matrimonio, así que tendré que sobrevivir hasta que termine.

—¿Tanto te molesta? —detuvo sus manos a mitad del camino, para devolverle la mirada—. ¿Es porque crees que tengo más experiencia? ¿Ese es tu problema?

—Es todo —bufó, para volver a mirar el techo—. Es todo… quiero descubrir cómo se siente, pero no sería lo mismo si no lo hago contigo. Así que, si tengo que esperar para hacer el amor, lo haré. Solo es frustrante, ¿sabes? Porque eres tan… —sus mejillas se colorearon. ¿En serio? ¿Se sonrojaba por él y no por lo que estaba diciéndole? Ah, más bien era una reacción que contuvo. No quería parecer una mocosa hablando de sexo, quería ser tomada en serio.

—Está bien, no puedo hacerlo contigo —se volvió sobre su costado, apoyándose en su brazo para mirarla—, pero… puedo mostrarte cómo es, más o menos.

Iba a arrepentirse de aquello, era consciente, pero había algo que lo impulsaba y no le dejaba parar lo que había comenzado. Se inclinó sobre ella para besarla, otra vez, y la sostuvo por la cintura con su mano libre, reiniciando aquél juego de perdición al que le tenía tanto miedo. Sin embargo, iba a ser diferente: Sakura se estremeció al notar la forma en que él deslizaba su mano por la cara interna de su muslo derecho, lento y con suavidad. Por un instante, ella misma pensó que cerraría las piernas para detener el avance, pero aquella extremidad desapareció debajo de su falda y el sonrojo que tanto estuvo evitando la dominó al sentir su mano en el pubis. Ella había dicho que solo le importaba que fuera él, ¿no? Y, claro, sentir placer. En ese caso, el coito no resultaba estrictamente necesario, y según parecía eso no rompía la regla que él se había autoimpuesto, mientras acariciaba la entrepierna de su novia—esposa amnésica, cofcof— y la dejaba desahogar su voz al deslizar sus traviesos ósculos hacia su cuello, llevándose la paz de su virginidad al desatar guerra.

Capítulo Veinte: Afrodita Urania

—Tengo que decirlo —la voz madura, al otro lado de la línea, evidentemente estaba burlándose de él—, me tiene fascinada este asunto de que me llames, otra vez.

—Si no vienes a ayudarla, creo que voy a terminar violándola —tajante, directo, pero efectivo. Con pocas palabras, Tsunade se quedó muda. No la culpaba, había dicho algo bastante fuerte, así que a la mujer le tomó un momento recuperarse.

—¿Disculpa?

—Tu hija se lanza a mis brazos, me pide que la haga sentir bien y me seduce a la cama. Es siempre lo mismo, y me esfuerzo —explicó, frustrado—. No tienes idea de cuánto me he esforzado para no acostarme con ella, de verdad. Actúa como si eso fuera un regalo, pero yo sé que, sin importar que se vaya a sentir tan bien, al final será una tortura. Créeme que me muero por dormir con ella, pero…

—Por el amor de Dios, ¡cierra la boca! —estaba escandalizada—. ¡Soy su madre! ¿Te importaría no hablarme de sus tensiones sexuales?

—No entiendes, ya no es cosa de una simple tensión —gruñó, de vuelta—. Por primera, vez en cientos de años, ella estaba en mis manos y me pedía que la tocara… ¿en qué mundo se supone que me contenga a semejante cosa?

—¿Qué mierdas hiciste?

—Le di un orgasmo —admitió, derrotado por sí mismo y desesperado.

—¡¿Te acostaste con ella?!

—¡Por supuesto que no! ¿Acaso no estás prestando atención, bruja demente? —contestó, fastidiado y enojado—. ¡Ni siquiera sé cómo carajos terminé haciendo eso! ¡Simplemente pasó!

—No te atrevas a ponerle un dedo encima a mi hija…

—¡Regrésale la puta memoria y paremos esto, ¿quieres?! —un silencio incómodo precedió a la fuerte exigencia, porque ninguno de los dos estaba tranquilo. Sasuke tuvo que respirar profundo para poder recobrar la compostura—. Deméter, no sé cuánto tiempo voy a resistir. No es como que no quiera hacerlo, en primer lugar.

—Eso ya no depende de mí.

—Dijiste que me ayudarías.

—No sé de qué forma hacer que funcione, Hades —suspiró—. Pero, he repasado esa noche durante un tiempo. Mi respuesta no es exacta, así que no puedo darte una respuesta precisa. Hechizos, maldiciones, encantamientos, lo que sea: todo está sujeto a la interpretación del universo, porque nosotros ya no lo controlamos.

—Deja de darle vueltas y dime cómo carajos tengo que hacer para devolverle a Sakura la memoria.

—El día que tú la ames genuinamente —empezó—, ese día en el que ni siquiera un ápice de ti actúe por el capricho de tenerla o de satisfacer alguna necesidad retorcida que la ate a ti, será el día en que ella recupere sus recuerdos.

—¿Qué demonios se supone que eso significa?

—Eso es todo lo que tengo —insistió—. Tiene que ser honesto, no debe haber una pisca de egoísmo, debe ser todo por y para ella. Esa fue la condición que decidí poner.

—… porque estás convencida de que ese día jamás llegará —concluyó, y su silencio se lo confirmó por completo—. Quisiste hacerlo irrompible, ¿cierto?

—Diría que no es nada personal, pero los dos sabemos que eso es mentira.

—¿Es la única forma?

—Supongo que no eres capaz de hacerlo —bufó—. Sí, Sasuke. Es la única forma que hay, al menos hasta que descubra otro modo, y no puedo hacerlo desde aquí. Necesito estar con ella para descifrar una alternativa, así que…

—Bien, hablaremos cuando seas de utilidad —colgó, pues estaba furioso. Ni siquiera él sabía si podía hacer aquello, y lo molestaba más que nada. Eso y, probablemente, un terrible sentimiento de culpa.

[Carta #9]

Eres obstinada, ¿sabes? Incluso cuando estás avergonzada, tanto que parece que tu rostro va a explotar. Me miraste fijamente en todo momento, también cuando querías apartar la vista porque lo que hacía te parecía muy indecente. Era como si tuvieras una guerra interna entre querer que continuara o arrepentirte, pero no eres una chica cobarde, ¿cierto? Me recordó a la primera vez que estuvimos juntos. Tú eras virgen, también, y creo que parte de ti estaba asustada, pero te habías decidido a volverte mujer en mis brazos, así que no retrocediste. No es tan común que me sienta como si fuéramos nosotros, allá en nuestro reino, pero sucedió, y me pediste que te besara mientras movía mi mano para complacerte.

Kore, tu voz da vueltas en mi cabeza. La expresión de tu rostro, con los labios temblorosos mientras jadeabas y tu mirada intensa sobre mí, incluso cuando parecía que te desmayarías del bochorno… todo fue sublime. Lloriqueaste de la única forma que no puede hacerme sentir culpable y no hubo necesidad de que pidieras nada, porque yo ya estaba respondiendo a tus deseos de forma instintiva, ya que conozco tu cuerpo de memoria, desde la primera noche que estuvimos juntos en el inframundo. Quisiera lamentarlo, pero no dejo de pensar en tus piernas temblorosas y la docilidad de tu ser, ofreciendo cada parte de ti como reflejo de cuánto querías que yo hiciera algo remotamente parecido a lo que sucedió hoy. La única parte de mí que sigue reprochando los actos que cometí es aquella que sigue viéndote como una víctima de mí mismo, y este solo parece otro crimen que sumaré a la lista de agresiones en tu contra, pero no hay forma en que pueda olvidar la obra de arte en la que se convirtió tu rostro al sentir mi mirada fija. ¿Te sentiste incómoda? Lo sé… te miré con tanta fuerza que no podías ignorarme, pero una parte de mí estaba memorizando la forma en que gozaste mis atenciones, pues se siente como que no volverá a suceder.

Nunca me atreví a satisfacer mis necesidades sexuales en tu honor. Siempre borraba tu imagen y tu nombre de mi mente con esfuerzo, pero hoy todo fue distinto. Sin que pudiera expulsarte de mi cabeza, resultó inevitable que hiciera lo que hice, aunque no había morbo en la autocomplacencia, Kore. La idea de que amo cada parte de ti se enterró en cada uno de los recuerdos, así que no veía todo ese erotismo que me provocó a tocar mi cuerpo, se trataba del sentimiento alrededor de todo ello. No soy un idiota, sé que no debí hacerlo. No por ti, y tampoco por mí. Tenemos un camino tan largo por delante, y quizá nunca puedas recuperar tus recuerdos, porque soy repulsivo. Soy el hombre más egoísta que ha pisado la tierra, pero dime, ¿no te sentirías igual si tuvieras a tu alcance un tesoro inigualable? Fuiste mía, el día de hoy, y yo fui tuyo. No importa que los tiempos fueran distintos, importa que el día de hoy tú y yo nos pertenecimos.

[…]

Era un depravado, ¿no? Incluso cuando se esforzaba por convencerse a sí mismo de que estaba bien porque no habían completado el acto sexual, la idea de que había usado sus manos con fines viles como aquello le molestaba. Y, mientras se perturbaba por la culpa de haberle enseñado cómo se sentía el placer sexual, las imágenes de su rostro y el sonido de su voz lo dejaban en el limbo, con ensoñaciones idiotas en las que ella abría sus brazos para atraerlo al impío éxtasis. Por todos los cielos, no tenía lado, todos eran sentimientos encontrados y, a como diera lugar, no podía soltarla mientras dormían. Le tenía un extremo miedo a los sueños que pudieran provocarle una erección, a que ella lo descubriera siendo este ser repulsivo o, peor, que quisiera aprovechar la coincidencia y llevar la situación al siguiente nivel. Pobre hombre, estaba más frustrado de lo que uno pensaba.

El chiste se cuenta solo mientras ella empieza su lectura y su mente vuela a la intensa mirada negra que la recorría con lascivia, los besos cosquillosos en su cuello, la intensa respiración acelerada del mayor, la forma en que temblaba a su causa y, bueno, se perdía en los recuerdos que la hacían morderse el labio inferior, distraída. ¡Qué bueno que había sucedido solo cuando estaba sola! Al darse cuenta, siempre tenía que revisar a su alrededor que nadie hubiese notado sus gestos, ruborizada a un nivel insospechable. De repente se daba una palmada en la mejilla, pero tarde o temprano recordaría algo que ya se le había olvidado y sentiría un escalofrío, como cuando él recorrió su escote con los labios húmedos y… Dios, era tan bochornoso, pero disfrutaba tanto volviendo a imaginarlo.

—No quiero anticiparme —dijo, recostada en su cama y mirando al techo—, pero creo que podría ir por buen camino.

—Sí, bueno, pero… ¿y el divorcio?

—Ino…

—Solo digo que si ella se fue hace más de dos años, entonces él debe tener la posibilidad de hacer una demanda y pedir la separación legal por abandono —la rubia intentó explicarle—. Sakura, sé que no tengo que decírtelo de nuevo, pero, ¿él sigue usando el anillo?

—… —no podía responderle. Decir "no" era una mentira, pero tampoco tenía ganas de admitir la triste realidad. Su amiga suspiró al otro lado del teléfono.

—Dime, ¿no quieres que vaya de visita? Quizá podría poner las cartas sobre la mesa por ti, decirle que al menos deje de fingir que está en un matrimonio —bufó—. Es decir, es ridículo que ustedes estén besuqueándose a escondidas en su propia casa, ¿sabes?

—La familia Uchiha tiene una posición que cuidar… incluso manejan el asunto del abandono como una ausencia acordada. Públicamente, ellos tienen una buena vida.

—Patrañas.

—Está bien, Ino. La realidad aquí es que, sin importar cómo o cuándo suceda, yo ya soy la otra mujer de Sasuke-kun —las palabras dichas tenían un sabor amargo, pero tuvo que armarse de fuerza para poder mencionarlas—. No me molesta, ¿sí? Porque sé que, tarde o temprano, ella ya no será un problema y, en su lugar, yo seré la primera.

—Ah, Sakura —se quejó—. No te ofendas, pero es tan deprimente.

—Sobreviviré.

—De cualquier forma, intenta presionarlo —insistió—. Solo… me siento mal diciendo todo esto, yo también soy una esposa, así que no me imagino lo que se siente, pero si ella realmente lo dejó no veo por qué no cerrar la etapa. Solo tienes que mencionarlo y esperar a ver qué es lo que él dice, quizá eso te diga que estás equivocándote y tienes que detenerte.

—Pero… yo lo amo.

—A veces el amor no es suficiente.

Había sido una plática difícil, pero después de aquello Sakura se despidió de su amiga. Ino tenía opiniones que eran importantes, ella era externa a su relación, así que podía ser un poco cruda, pero había algo de razón en lo que le decía, ¿cierto? Así que no se negaba completamente a sus palabras, decidió escucharla y analizar la situación, pues era cierto que ella tenía un matrimonio. Al cabo de un rato, él llegó justo para la hora de la cena y los dos pudieron sentarse a charlar, mientras discutían cómo había sido su día y de las cosas que se habían enterado. A ella le gustaba mucho parlotear sobre el hermoso sobrino, hijo de Itachi e Izumi, del que siempre recibía fotografías o videos para inmortalizar sus nuevas gracias. El nene tenía apenas unos meses de nacido y era la sensación para la familia, incluyéndola a ella. Además, tenía que recordarle que en estos días iría a comer con sus padres, quienes no estaban del todo cómodos con la idea de visitarlos en su casa. Ella sabía que ellos se sentían inconformes con su decisión de vivir con un hombre, no entendiendo el trasfondo de aquello, así que le restaba importancia. Quería que él viniera, pero entendía que nadie estaría feliz con eso. Al final, los dos decidieron tomar el postre en la habitación, donde no estarían bajo la constante atención de su personal.

—Pronto será tu cumpleaños —wow, el tiempo había volado. Ya eran dos meses jugando a los novios, pero no se había percatado de eso—. Estaba pensando en que deberíamos hacer una gran fiesta e invitar a tus clientes, ¿no crees?

—Tendremos una cena en la mansión —la corrigió, revisando la agenda de su teléfono—. No soy fanático de las fiestas, Sakura. Hace dos años lo hicimos, pero es algo que solo permito cada cinco años. Cumpliré veintisiete, así que creo que puedes esperar a que tenga treinta, ¿no? —una ligera sonrisa se dibujó en los labios de ella.

—De acuerdo, yo organizaré tu fiesta dentro de tres años —afirmó, orgullosa. Él notó aquello, así que no pudo evitar mirarla con una pequeña mueca de satisfacción.

—Es una promesa —pero, cuando él atrajo su taza de té a su boca, el aro en su dedo anular atrapó toda la atención de Sakura.

—Ah —suspiró, decidiendo sacarlo a relucir—, hay algo que quería preguntarte…

—Claro —apartó la pieza de cerámica de su rostro, poniéndola en la mesita—, ¿qué pasa?

—Tú… ¿es realmente necesario que sigas usando tu anillo? —lo dudó por un momento, si debía decirlo, pero al final salió. Él pareció caer en cuenta de lo que estaba diciéndole, así que la miró con atención y sin perturbación aparente. Al final, su vista bajó paulatinamente, hasta que encontró el metal en su mano—. No quiero presionarte, pero… nosotros tenemos una relación, ¿cierto?

—La palabra "novia" es la que decidí usar —confesó, intentando no evidenciar que eso era un poco vergonzoso, pero estaba pensando más en el tema de la conversación que en eso.

—Eso me hace feliz —aseguró, con una débil sonrisa—, pero… cada que vez que veo la alianza en tu dedo, yo…

—Intenté explicártelo antes, no es tan simple —suspiró—. Creí que lo entendías, incluso te prometí que sin importar qué, yo terminaré con mi matrimonio —volvió a mirarla. Pensaba que aquello iba a molestarlo, pero podía entender lo que ella sentía. Se sintió así de frustrado en el pasado, por ella.

—Lo sé, pero… ¿de verdad tienes que esperar a que ella aparezca y firme los documentos?

—Escuchaste la historia, ¿crees que no querrá hacerlo? —volvió a suspirar, un poco cansado—. Tú sabes que la obligué a hacer esto, en primer lugar. Si ella firmara por su cuenta, estaría tomando su libertad por sí misma. Creo que se lo debo.

—¿Y si ella decide no hacerlo?

—No lo hará.

—Ella se fue sin decirte nada, te abandonó y no ha vuelto a dar la cara. Estás convencido de que te odia, ¿qué te hace creer que no querrá amarrarte para vengarse? —niña tonta—. Yo, solo estoy diciendo que…

—Incluso si ella me odia, si es caprichosa y quiere hacerme daño, no va a renunciar a la única cosa que yo tomé de ella por la fuerza y que siempre quiso recuperar —la interrumpió—. Estás pensando demasiado las cosas, ya habíamos hablado de esto. Es un compromiso que no puedo olvidar, y por más que lo repetí para ti tú insististe. Ahora estoy contigo, ¿por qué no es suficiente?

—Porque se siente como si no fueras mío —murmuró, desviando la mirada.

—Excepto que lo soy —ante eso, su gesto no duró nada distante, pues volvió a él—. Esta argolla no tiene más valor que el que yo le di, ¿cierto? Y está muriendo, pero déjame aceptar las consecuencias de mis actos. No tomaré el divorcio por mi cuenta, y tampoco voy a quitarme la alianza hasta que eso suceda. No tienes que preocuparte por eso, ¿entiendes? Va a suceder.

—Lo sé —susurró—, pero… no se siente bien.

—Me disculpo —se rindió, por completo—. No siempre podré complacerte, y eso es algo con lo que aprenderemos a vivir, porque tú tampoco podrás satisfacerme todo el tiempo.

—Bien —le sonrió un poco—, pero, sobre tu cumpleaños…

—No habrá una fiesta —repitió, alzando una ceja.

—Hagamos algo especial —ahí estaba, otra vez. Intentaba ocultar su desesperación con eso, porque no quería alejarlo más—. ¿Una velada romántica? Solo tú y yo… te daré un obsequio de cumpleaños, ¿sí? Y nos divertiremos mucho.

—¿Cuándo quieres hacer eso? Tenemos una cena con mi familia el día de mi cumpleaños, así que no es muy factible.

—La noche previa —se encogió de hombros—. Velas, postre, vino… ¿qué dices?

—Mientras respetemos nuestras reglas —su expresión se suavizó—, está bien, hagámoslo, Sakura.

No se daba cuenta, pero los sentimientos de ella pasaban por una montaña rusa total. Era claro que se había alegrado un poco con la idea de que cumpliera un poco sus caprichos, así que su ánimo mejoraba poco a poco. Parecía tan fácil de influenciar que se estaba tornando preocupante a los ojos de Sasuke, así que tomó su teléfono y comenzó a escribirle a su hermano, con una solicitud que resultaba más complicada de lo que planeaba. Su futuro sería complicado, eso estaba claro, pero había cosas que no podía dejar pasar.

Sasuke: Que nadie se entere.

Itachi: Me queda claro, pero no puedo entenderlo.

Itachi: ¿Qué quieres hacer, Sasuke?

Sasuke: Lo sabrás cuando suceda.

Itachi: Estás arriesgándote demasiado.

Sasuke: No importa.

Sasuke: Es la única alternativa y, para ser honesto, creo que es lo correcto.

[…]

Transcurridos unos días, Sakura se reunió en un bonito restaurante para comer con sus padres, quienes parecían felices de verla tan alegre. Ella decidió no revelar la causa de su sonrisa, porque era consciente de que ellos jamás lo aprobarían. Así, pasó una bonita tarde en su compañía, aprovechó para ir de compras con Mebuki, aunque no se atrevió a escoger un obsequio para que no pudiera descubrirla o, en todo caso, ofenderse. Al caer la tarde, ella volvió a su casa, suponiendo que su pareja seguiría en el trabajo. Sin embargo, apenas se abrió la puerta de su hogar, una cálida sensación se apoderó del ambiente, rodeándole por complejo con un sentimiento familiar que encontró un poco acogedor. Se sorprendió a sí misma a causa de ello, así que hizo una pausa en su sitio. Era como si alguien estuviera abrazándola, era agradable, pero le daba la sensación de que podría asfixiarse si pasaba demasiado tiempo expuesta a eso. Por un segundo consideró que hubiera un fuego, una fuga de gas, o cualquier cosa ocasionando esta extraña presión en su pecho, pero la voz de Itachi y Sasuke en la sala le hizo entrar, en lugar de escaparse corriendo del lugar o de alertar al resto. Todos estaban tan tranquilos que se sorprendió de ser la única sintiéndolo.

—¿Sasuke-kun? —él reaccionó, volviéndose hacia ella. Tal parecía que ellos se habían encontrado a mitad del camino, pues estaban de pie entre la sala de estar y el jardín interior, como si uno viniera de la cocina y el otro del pasillo que daba a las escaleras.

—Bienvenida, Sakura —respondió el aludido, volviéndose de nuevo hacia su hermano—. Encárgate por un momento, ¿quieres?

—Por supuesto —suspiró. Luego, miró a Sakura y la saludó con una leve inclinación de su cabeza antes de retirarse escaleras arriba y, por lo que pudo percibir, en dirección al estudio de su hermano menor.

—¿Qué sucede? —cuestionó, acercándose a él—. Es temprano, deberías estar en la oficina.

—Está bien, teníamos cosas que ver aquí, asuntos más importantes —se encogió de hombros—. No te preocupes. ¿Cómo te fue con tus padres?

—Fue agradable —aseguró, sonriéndole un poco—. Ah, pero… cuando entré sentí calor, y hay un olor particular, ¿no crees? —él la miró, confundido, por sus palabras—. No lo sé, creí que quizá había una fuga de gas o algo así. ¿Está todo en orden?

—Deben estar haciendo pan en la cocina —mintió—. Invité a una persona, así que le serviremos la cena. Itachi también se quedará.

—¿En serio? —se mostró un poco sorprendida al escuchar aquello—. Es raro… no sueles traer a alguien a casa, creí que yo te avergonzaba —bromeó un poco—. Suena divertido, ¿debo pedir que le preparen una habitación?

—Insistí en que se quedara, pero se negó —explicó—. Como sea, está esperándonos arriba. Vamos, ven conmigo.

—¿Yo? ¿En tus negocios?

—No fui claro, no es un asunto de negocios —se corrigió—. Sakura, llamé a un especialista… ya la conocías, en el pasado. Sinceramente está retirada y entiendo que no puedas recordarla, pero creo que es la única persona que podrá ayudarte a recuperar la memoria.

—Oh… Sasuke-kun, te lo dije. No me importa.

—Hicimos promesas —la corrigió, llevando sus manos a sostener las de ella, lo que resultó un poco increíble, pues lo hizo sin reparo y frente al mayordomo—, acordé no tener más aventuras, te juré que me divorciaré sin importar lo que suceda, y tú dijiste que seguirías intentándolo.

—Sí, es cierto —admitió, un poco desinteresada. Al final, emitió un suspiro de resignación—. Está bien, yo lo prometí, así que… de acuerdo, hagámoslo.

—Gracias —dijo, y le señaló el camino, para andar juntos.

—Ah, dijiste que la conocía antes, pero no sé por qué tendría que haber tratado con un especialista en la pérdida de memoria —soltó, confundida, mientras subían las escaleras.

—Tenían una buena relación, ella era una mentora para ti, o algo así —seguía mintiendo—. Lo que hace ahora no tiene nada que ver con su carrera, y quizá pueda no parecer importante que ella sea médica, pero te aseguro que es buena.

—¿En serio?

—No hagas tantas preguntas, solo sé cooperativa, ¿quieres? —ella sonrió, divertida al notar que él insistía tanto, y lo siguió hasta la oficina, dejando que él le abriera la puerta.

—Me vas a deber algo después de eso, tenía intenciones de mostrarte lo que había comprado y ahora no tendremos tiempo —se quejó, entrando primero.

—A mí me gustaría ver lo que compraste —una vez femenina se escuchó, frente al escritorio.

—Oh, claro —respondió, sorprendida de su familiaridad.

—No te asustes tanto, linda. Nosotras ya nos conocíamos —la mujer, rubia de larga cabellera, se levantó rápidamente y rodeó a Sakura con sus dos brazos—. Vaya… no pensé que fuera a verte de nuevo —murmuró, mientras la estrujaba en sus brazos—. Estás tan distinta, Sakura.

—Di… disculpe —ahí estaba, esa sensación de calor parecía venir de ella. Sasuke sabía cómo era, pues era el distintivo de Deméter en su interior.

—Ella es Tsunade —prosiguió, Sasuke—. Senju, Tsunade. Ustedes eran muy cercanas en el pasado.

—Como madre e hija —complementó, la aludida, para soltarla con cuidado. Aquél comentario no pareció ser de total agrado para ninguno de los hombres—. Lo lamento, debo haberte tomado por sorpresa. Me emocioné en cuanto te vi.

—Está bien, no se preocupe —respondió, tímida—. Es un placer conocerla… es decir, otra vez.

—Conozco bien tu condición —dijo, apartándose un poco—. Los señores Uchiha y yo creemos que soy la única que puede ayudarte, así que estaré aquí hasta que podamos revertir lo que te sucedió.

—¿De verdad cree que podrá hacer eso?

—Sé que no tenemos una relación sanguínea, pero para mí eres una persona importante —afirmó, cruzándose de brazos—, y no hay cosa que una mujer como yo no haría por aquella persona a la que considera como su hija.

—Yo… tengo una madre.

—Está bien, ya lo recordarás —sonrió—. Y, cuando eso suceda, todo se aclarará.

[Continuará…]