N/A: Si gustas, puedes acompañar la lectura con la canción Hay Amores, de Shakira.
Ay mi bien, no te olvides del mar que en las noches me ha visto llorar, tantos recuerdos de ti.
Camus~
Aprovechando que Aioria se había ido a platicar con Fleur sobre la cena, Camus abrió el paquete que le había traído Shaka; en él descubrió un lienzo a blanco y negro con una pequeña nota al pie que decía:
"Los recuerdos no se compran pero recordar es volver a vivir, y yo viviría mil vidas junto a ti."
Era tan extraño, Milo no paraba de hablar, pero al escribir lograba robarle el corazón con tan pocas palabras. Mientras él casi no hablaba pero, al escribirle cientos de hojas, le parecía que nunca alcanzaba a decir lo que en realidad sentía.
Apartó sus ojos de la nota que estaba al lado de su firma y se enfocó en la imagen. Era un hermoso boceto, hecho a grafito, de una costa de Grecia: la playa que solía visitar con Milo cuando eran niños para ser más precisos.
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— Milo —lo llamó Camus para que saliera del agua— Milo.
— ¿Qué? —le contestó a lo lejos y su alegre sonrisa y el brillo en sus enormes ojos de mar lo dejaron sin habla.
De repente Milo salió corriendo y lo jaló al grito de que ya se les había hecho tarde para la siguiente sesión de entrenamiento. Al terminar el día, recordó algo que había estado meditando por mucho tiempo y se lo susurró a Milo mientras intentaban conciliar el sueño en la cama de Escorpio.
— No podemos ser familia Milo.
— ¿Qué, por qué no? Ya habías aceptado. No es de caballeros retractarse.
— Lo sé, pero no compartimos lazos de sangre, jamás podríamos ser hermanos —fue la conclusión a la que llegó el acuariano después de leer sobre el ADN.
— Pero, tú eres mi familia —insistió Milo.
— No, no lo soy —suspiró triste.
— Entonces, encontraré una forma de que lo seas —aseguró Milo y su convicción volvió a llenar a Camus de esperanza.
A los pocos días, mientras estudiaba, llegó ante él y le dijo que se casaran.
— Cuando dos extraños se casan se vuelven familia, es muy sencillo —le había afirmado.
Ese día le pidió a Calandra que les hiciera las galletas que iban a simbolizar su unión como familia y Milo no se cansaba de pedirlas… hasta que Camus se negó rotundamente a que se las hicieran porque una unión entre caballeros estaba prohibida.
Milo le dejó de hablar por una semana, tiempo en que Acuario no se apartó de esa costa y fue su amigo el que lo encontró con los pies metidos en la arena.
— No importa.
Camus se le quedó viendo, asustado de qué otra idea se le ocurriría.
— Aunque seamos amigos tu eres mío, ya estamos casados. Siempre serás mío.
— Milo —dijo con compasión y se acercó al escorpión que intentaba alzar el pecho— sólo podemos ser amigos.
— Entonces seremos los mejores amigos.
— Sí.
— Por siempre.
Camus volvió a asentir mientras lo abrazaba y, para calmarlo, lo acercó a la playa.
— Seremos inseparables. Como la playa, seremos mar y arena. Tú serás mi océano.
— Y tú mi orilla, mi puerto seguro.
— Sí.
Los ojos de Milo se volvieron a llenar de vida y no dejó de abrazarlo hasta que el sol se perdió en el horizonte.
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¿Cómo lo había olvidado? Y para colmo le había mandado hacer las mismas galletas que él mismo había rechazado.
Tomó el boceto entre las manos y tuvo ganas de llorar pero las lágrimas lo habían abandonado, ya casi no podía sentir nada, ni dolor, ni alegría, ni nada. Milo siempre estaba intentando alimentar su esperanza, llenaba de colores su vida y ¿él?
Volvió a leer la nota y se quedó pensando que al paisaje le faltaba algo, algo como un faro, un faro que alumbrara la playa cuando todo se perdiera en la oscuridad de la noche, en la espesura de la neblina, en los días de tormentas.
Fue entonces hasta su biblioteca, cubrió el boceto con laca y lo colocó en el cuadro de otra pintura; deseando por siempre recordar lo que era importante y no sólo el sinfín de datos que lo hacían naufragar.
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Apostilla:
Este es mi capitulo favorito porque nació solito y yo sólo tuve que acomodarlo. Va dedicado a Lesath Al Niyat.
