—¡Qué bien que volvamos a encontrarnos! —dijo Hanji a Annie y Bertholdt. Ellos, asumiendo su papel de parejita feliz, asintieron con una sonrisa.
—Sí. Hacía unos días que nos sabíamos de ti —contestó Annie. Hanji bebió de su margarita y tomó la palabra.
—Tenía tantas ganas de que nos conociéramos más, ¿qué hay de vosotros?
—La verdad es que también —sonrió Annie—. Por fin encontramos nuevas amistades.
Mentiras, mentiras fueron lo único pronunciado en todo ese tiempo. Mentiras sobre el pasado, sobre planes futuros. La profesión de ellos tres consistía en eso ¿no? Ser unos embusteros con la gente para alcanzar ciertos objetivos. Y los tres iban con un mismo objetivo. Hanji junto con Erwin —el cual escuchaba en su coche toda la conversación por radio— atrapar a Annie y Bertholdt. Y estos dos, librarse de Hanji y Erwin de una vez por todas. Uno porque estaba siendo engañado y la otra por beneficio propio, ya que a partir de ahora no volvería a trabajar con Eren.
—Chicos, ¿podríamos salir un momento? —preguntó Hanji. Iba a poner fin a eso ya.
Erwin, cuándo escuchó eso y después escucho a Annie y Bertholdt asentir, se salió del coche y se puso en marcha. Él estaba en la calle enfrente del bar donde estaban Hanji y los otros. Quedándose apoyado en el portal del edificio al lado de su coche aguardó hasta que vio al trío en movimiento.
Hanji reía con los otros dos mientras que se metía en un callejón con ellos. Pero de repente cambió su expresión y puso sus manos en las dos pistolas que llevaba bajo el abrigo.
—Ahora escuchad este chiste
Dentro de Annie y Bertholdt sonó una alarma a todo volumen. Se giraron rápidamente para coincidir cada uno con uno de los cañones de las pistolas de Hanji.
—Creo que sería mejor que acabásemos con esto ya, ¿no?
—¡No serás capaz! —exclamó Bertholdt. Hanji esbozó una corta risa.
—Oh. ¿De veras pensabas que hablaba contigo? No, señorito Hoover —bajó la pistola con la que apuntaba a Bertholdt y miró a Annie—. Hablo con tu amiguita aquí presente, o debería decir: ¿La Camarada Boucher?
Bertholdt pasó de mirar a Hanji a mirar a Annie, la cual ahora estaba acorralada por dos personas en vez de una.
—... ¿Annie? ¿De qué está hablando?
—Bertholdt... Puedo explicarlo...
—Ah, ¿no te lo había contado? —dijo Hanji, con sarcasmo—. Ella les ha estado pasando información a los Jeaguer desde hace tres meses bajo el nombre de "Boucher". Elaboró una lista ahora perdida donde se encontraban las identidades, datos personales y afiliaciones de todos los agentes que los gobiernos envían clandestinamente a Berlín. Ósea que en esa lista estamos tú, yo y otros más. ¿Sabes el lío que has causado, muchacha? —preguntó a Annie.
—¡LO HICE POR REINER! ¡Eren me prometió que le soltaría si yo le ayudaba! —Annie en un último esfuerzo intentó defenderse. Hanji rió, captando las miradas de los otros dos.
—¿En serio creías que Eren Jeaguer haría eso? Eso es de género tonto. Leonhardt, eso no se lo cree nadie.
—Pero no evitó que todo este tiempo me enterase de tus planes Zoe —contraatacó Annie-. Además, me enteré de eso y de más cosas. Dónde está tu novio ahora, ¿eh? ¿dónde está Erwin Smith?
—Aquí mismo —Erwin se acercó al grupo apuntando a Leonhardt con otra Beretta 92 que se acababa de sacar de la pistolera que llevaba puesta bajo la axila, y colocándose al lado de Hanji—. Ahora mismo no tenemos tiempo que perder, así que acabemos con esto cuanto antes.
—¡No le hagáis nada, por favor! —Bertholdt levantó las manos y se puso delante de Annie, protegiéndola. La miró, sonrió seguro y miró a Erwin y Hanji—. Estoy seguro de que ella está arrepentida, nunca se olvidó de Reiner, ella quería liberarle fuese como fuese. Y estoy convencido de que ahora hará lo que sea para ayudaros, ¿verdad Annie? —volvió a mirarla.
—Sé lo de vuestros compañeros secuestrados —dijo la rubia, poniéndose al lado de Bertholdt—, y me avergüenza decir que yo colaboré en ello. Sé dónde están, puedo guiaros hasta allí.
Erwin y Hanji bajaron sus armas. Era una apuesta arriesgada, pero ¿para qué no estaban preparados, después de todo? Se miraron mutuamente.
—Está bien —habló Hanji— Vendréis con nosotros —ahora miró a Annie—, nos enseñarás dónde están y asumirás las consecuencias de la que has hecho.
Qué te lo has creído abuela. Vas a someterte a un interrogatorio en Rusia tú, pensaba Leonhardt. Lo peor que podría pasarle ahora es que sus superiores se enterasen de lo que había hecho. Podrían condenarla incluso a la muerte por traición, y obviamente no quería eso.
—Vamos a mi coche, ahí nos dirás dónde están —ordenó Erwin. Annie y Bertholdt asintieron con la cabeza y se pusieron en marcha con el dúo.
—Están en una nave en un polígono industrial de las afueras, para ser más concretos es la número 26. Tardaremos quizá diez o veinte minutos en llegar —dijo Annie en el asiento de atrás mientras que Erwin arrancaba en coche—. Está en el este, para ser concretos.
Erwin frotó su sien y trató de recordar si por esa zona había algún polígono industrial—: El este... el este... —pensaba en voz baja y entonces se sobresaltó— ¡Ya sé dónde están!
(Erwin A.K.A. "El Google más humano" Lmao)
Llegaron a la nave abandonada en la que Annie Leonhardt había dicho que estaban sus compañeros y Reiner Braun. Los cuatro bajaron del coche con sigilo. Erwin y Hanji iban delante, cada uno con una pistola en sus manos, y Annie y Bertholdt detrás. Bertholdt agarró de la mano a Annie, ella sorprendida alzó su rostro para encontrarse con una leve sonrisa de Bertholdt. La mirada de Annie lo decía todo: "¿No estás enfadado conmigo?"
—Sé que no lo hiciste con intención, por eso no estoy enfadado. Saldremos de esta, te lo prometo.
Ese íntimo momento fue interrumpió cuando oyeron un estruendo y se giraron para ver que ocurría. El del estruendo fue Erwin, había tirado abajo la puerta de una patada. Él y Hanji entraron primeros, apuntando al frente con sus respectivas armas. Aunque Hanji se giró y habló al rubio.
—Que vaya ella primero —obviamente se refería a Annie—. Ella es la que sabe dónde están, ¿no?
Annie se soltó del agarre de Bertholdt y se puso en frente de los agentes. Avanzó sin más hacia una puerta que para sorpresa de los cuatro no presentaba ningún seguro. La abrió y quedaron al descubierto unas escaleras. Tuvo que encender la linterna de su teléfono para poder ver entre toda esa oscuridad. Primero bajó ella, Luego Hanji y finalmente Erwin seguido de Bertholdt.
Mientras tanto, Levi, Mikasa y Reiner aguardaban a que Eren despertase. Mikasa definitivamente le había dejado más atontado. Levi aún sostenía la escopeta en sus manos, Mikasa vendaba sus puños y Reiner acababa de encontrar una pistola en un cajón del escritorio. Realmente estaban casi igual de aburridos que cuando estaban secuestrados. Mientras tanto Gabi y los hermanos estaban medio dormidos. Pero se desvelaron cuando comenzaron a oír pasos afuera. Levi se levantó de su sitio y Reiner y Mikasa se pusieron a su lado, Mikasa alzando los puños y Reiner la pistola. Asimismo, Levi apuntó a la puerta con su escopeta.
La puerta se abrió de golpe mostrando a Hanji, la cual ahora apuntaba a donde estaba el trío con la pistola, luego los demás entraron también. Iban todos impulsados, pero bajaron sus armas cuando vieron que quienes tenían enfrente no eran enemigos. Aun así, Reiner no bajó su pistola hasta que vio a sus compañeros junto con los desconocidos que acababan de entrar.
—¡Chicos! —exclamó Hanji yendo a abrazar a Levi y Mikasa.
—Al fin estás aquí cuatro ojos —dijo Levi, y luego miró a Erwin—, ¿y quién es él?
—Es Erwin, mi... compañero —respondió Hanji. El nombrado se puso al lado de Hanji y se cruzó de brazos.
—Zackly nos mandó a por vosotros.
—Ya veo —dijo Levi.
—Chicos... estáis aquí —decía Reiner abrazando a sus dos compañeros después de tanto tiempo. De repente Levi y Mikasa vieron a Annie y fueron a ella, la habían reconocido. Annie se sobresaltó al verlos e intentó huir del marrón.
—¿Nos conocemos? —preguntó Levi. La habían pillado. Reiner miró extrañado.
—¿Ocurre algo? Es mi compañera -Respondió Reiner por Annie.
—Tú... ¡tú nos atrajiste hasta donde estaban Eren y Zeke y te marchaste como si nada! —acusó Mikasa. Annie bajó su cabeza, sólo quería que la Tierra la tragase.
—Yo... lo siento, ¿vale? ¡No quiero volver a dar explicaciones de por qué lo hice y.…! —se detuvo al ver a Eren inconsciente y atado— no me jodas... ¿os lo habéis cargado?
—El bastardo está dormido, nada más. Pero ahora mismo nos va a contestar —dijo Levi, agarrando un cubo lleno de agua de fregar sucia.
Todos se pusieron delante del castaño y Levi tuvo el honor de echarle el agua en toda la cara. El castaño de repente y nervioso despertó.
—¡Ah! ¡¿Pero que...?! —exclamó. Entonces miró a su alrededor— ¿Hola?
—Buenos días, princesita. Creo que ya es hora de que hables ¿no? —Levi comenzó el interrogatorio.
—¡Annie! ¡Sácame de aquí! —exclamó Eren al ver a la nombrada, la cual intentaba esconderse detrás de Erwin.
—Ella no te va ayudar —dijo el rubio, serio—, el que nos va a ayudar eres tú.
—¿Ayudaros a qué? ¿Ya lo sabéis todo, ¿no? No tengo la lista, mi hermano ha muerto y nadie sabe nada joder. Todo fue culpa del puto Mike Zacharias...
—¡¿Mike?! —exclamó Hanji—, ¿qué tiene que ver él con esto?
—¡Nos ofreció ayuda a cambio de que te matásemos, por eso te siguió hasta el bar central, pareces ciega joder! ¿Por qué te crees que pedí a Annie que os siguiese a ti y a tu noviecito? ¡Todo este tiempo lo hicimos junto con Mike Zacharias!, ¡es más, él era el puto cerebro de la operación!
—¡Ya estás contando todo lo que sabes Jeaguer! —ordenó Hanji.
—¡Ya está! Si quieres pregúntale a su querida amiga Nanaba, seguro que ella sabe más. Ya no hay nada que decir.
—Pues entonces ya no sirves de nada —dijo Hanji, apretando el gatillo de su pistola y disparando a Eren en la cabeza.
Todos se quedaron boquiabiertos, en shock. Hanji acababa de matar a Eren Jeaguer.
—¡Hanji! ¡¿De qué coño vas!? -exclamó Erwin, enfadado.
—¿Es que acaso he hecho algo malo?
—¡Has matado a alguien que podría habernos dado información! —Erwin quedó enfrente de Hanji. Se miraron mutuamente, Erwin se sentía decepcionado— ¡Y, además, deberíamos de haberlo llevado a la justicia como se nos mandó!
—El mismo acababa de decir que ya no nos servía. Yo sólo le he dado lo que merecía, una bala, ¿de que serviría meterle en la cárcel si Grisha Jeaguer está aún escondido en algún lado? Y, además, la que va a contestar ahora a todas nuestras dudas es Nanaba, al parecer sabe más de lo que esperábamos.
—Yo seré el que hable con Nanaba. Tu irás a donde coños esté Mike y terminaremos con esto de una jodida vez.
—¡Calmaos, joder! —dijo Reiner, separándolos—. Mirad, no sé de qué cojones estaréis hablando, pero ya no podemos cambiar lo que ha pasado con Eren. Sí, se merecía un disparo, y lo hecho, hecho está; pero aun así debemos de acatar órdenes, por algo somos espías. Pelearos no tiene sentido ahora, lo que hay que hacer es acabar con esta mierda de una vez. Sois compañeros, ¿no? ¡pues intentad llevaros como tal!
Hanji y Erwin bufaron y luego se volvieron a mirar:
—Está bien, acabemos ya con esto —dijo Hanji, Erwin asintió con la cabeza.
—Nosotros nos vamos —dijo Reiner, refiriéndose a él, Annie y Bertholdt—. Mañana volveremos a Rusia espero...
—Levi, Mikasa... —preguntó Gabi con un hilo de voz, a su lado estaban los hermanos Grice- ¿Al final que pasa con nosotros?
Mikasa se arrodilló enfrente de Gabi y la revolvió el pelo sonriente-: Habéis sido muy valientes ayudándonos. Decidido, vendréis a Estados Unidos con nosotros.
Una sonrisa se formó en los tres chicos. Erwin y Hanji miraban la escena mientras que Mikasa y Levi hablaban con los más jóvenes. Hanji habló a Erwin ahora con un tono más calmado.
—Erwin... sé que no sirve de nada, pero perdona mi impulsividad.
—Ya no hay nada que hacer. Ahora hay que seguir adelante. Y Hanji —ella giró su cabeza—, cuando te encuentres con Mike... ya sabes que hacer —dijo, levantando su pistola. Hanji, sorprendida por lo que la quería decir Erwin, asintió.
Más tarde, ya eran las diez de la noche. Nanaba, delante del espejo de su baño, se arrancó una vez más la tirita que unos minutos antes se había colocado en su ceja derecha. El corte aún sangraba. Mojó un bastoncillo de algodón en Betadine y se lo puso en la herida. Su ojo y otras partes de su delgado cuerpo comenzaban a ponerse de un tono violáceo, y tenía el labio partido. Se tocó con los dedos y notó el dolor. Mike Zacharias la había pegado fuerte. Se retiró su jersey y palpó su pecho, tenía magulladuras en las costillas y el hombro, y en uno de sus pechos notaba un dolor punzante.
Abrió el armario-botiquín que tenía en el mismo baño y revolvió hasta que encontró la pomada, se la aplicó sobre las partes doloridas. Después, se puso de nuevo el jersey, a pesar del dolor. Su ojo morado era lo que más la preocupaba. Todos (entre ellos Erwin y Hanji) le preguntarían y tendría que inventarse algo ridículo como una caída en la bañera o similares; y encima debería de ponerse gafas oscuras todo el rato.
—¡Chucho sarnoso! —exclamó frente al espejo.
Miró su reloj y salió de su cuarto de baño para ir a la habitación donde revelaba las fotos. Encendió la luz y agarró las fotografías que tomó de Mike y Zeke el día anterior, y a continuación las metió, junto con otras fotografías de los encuentros entre Mike y los Jeaguer en un sobre en el que escribió con un rotulador grueso "Hanji".
Posteriormente se lio un poco de tabaco con maría y con su mechero lo prendió. Tomó una calada y tras echar la neblina de humo lo dejó reposar un momento en el cenicero. Vio su teléfono fijo al lado del cenicero, dudo un momento hasta que se decidió y con el mismo encendedor marcó el número de Zacharias.
Agarró el auricular y el teléfono y mientras este comunicaba se fue a su habitación, no sin antes agarrar el revólver corto que tenía en la estantería de su salón. Justo cuando se sentó en el borde de la cama y puso bajo uno de los cojines el arma Mike contestó.
—¿Diga?
—Buenas noches, Mike. ¿Cómo te encuentro? ¿Preparando las maletas o ya has huido con el rabo entre las piernas a Londres?
—Pues ahora mismo me marchaba y Nanaba, cariño, si lo que quieres es verme no hace falta ser tan grosera...
—Hijo de puta... la golpiza me va a durar hasta una semana.
—Mira Nanaba, puedes ser guapa y muy buena en la cama, pero si veo que intentas jugar a mí mismo juego te vas a arrepentir.
—Qué sepas que no te vas a salir con la tuya Mike. Estoy segura... —y Nanaba colgó.
En el otro lado de la línea Mike también colgó y puso los ojos en blanco agarrando una mochila.
—Está buena, pero es más pesada... típico de las mujeres, ¿no? —se dijo a sí mismo, y se rió.
Nanaba colgó el teléfono, lo volvió a dejar en su sitio y ya en su habitación comenzó a meter su ropa en una bolsa de viaje, definitivamente esa noche se iba a ir de Berlín de una condenada vez. Tras un tiempo sonó el timbre de su casa y en un movimiento automático giró su cabeza. Con la preocupación de si era Mike, agarró el revólver, lo cargó, y con este tras la espalda, se acercó a la puerta y miró por la mirilla. Era Erwin, lo que también la preocupaba levemente. Dejó la pistola en la mesita de la entrada, se tapó su ojo morado con un grueso mechón de su pelo y abrió.
—Es curioso que Hanji no esté contigo, ¿eh?
—He decidido venir yo sólo. Tengo que preguntarte algunas cosas.
—¡Oh, vaya! Pasa, entonces.
Se dirigieron al salón del piso y Nanaba sacó una botella de whisky y se echó un poco en un vaso con hielo.
—¿Quieres? —preguntó mostrando la botella a Erwin.
—No hace falta, gracias. Voy a intentar ser breve.
—Bien entonces —contestó sentándose en una de las dos butacas de su salón con las piernas cruzadas. Con la mano que tenía apoyada en el reposa-brazos, con disimulo, se tapaba el ojo dañado-, ¿para qué has venido entonces? —preguntó bebiendo un poco de whisky. Erwin se sentó en la butaca de enfrente.
—Verás, Hanji y yo conseguimos llegar a donde estaba Eren Jeaguer. Supongo que sabrás que asesinaron a su hermano ayer...
—Sí. He oído algo.
—Cuando llegamos conseguimos hablar con Eren y nos mencionó a alguien...
—¿Quién?
—Mike Zacharias... También nos habló de que tenía una muy buena amiga, ¿sabes de quien te hablo?
La rubia entonces se quedó petrificada, cubrirse ya no servía de nada. Nanaba dejó de cubrir su ojo morado y Erwin lo pudo ver con más detalle, le sorprendió y lo primero que pensó fue en que quizá Mike se lo había hecho.
—¿Nunca dije que nos conocíamos? —preguntó Nanaba, sin defensa alguna, Erwin negó con la cabeza.
—Para nada.
—Erwin, tenéis que detenerle cuanto antes. Él tiene la lista y se la va a llevar a Londres para venderla.
—No me jodas —dijo Erwin levantándose.
—¡Aún hay tiempo, aún no se ha ido de Berlín! ¡Y tengo que darte una cosa! —dijo Nanaba, levantándose y yendo a la habitación. Erwin impaciente esperaba hasta que la rubia apareció con el sobre de las fotos.
—Dáselo a Hanji, lo necesitará cuando hable con vuestros superiores. No lo pierdas por favor... —rogó.
Erwin agarró el sobre y se resistió a abrirlo. Asintió y se despidió de Nanaba. Cuando ella cerró la puerta de su casa miró el revólver que dejó en el mueble al lado suyo y lo agarró. Lo miró un momento y luego volvió a su habitación a empacar sus cosas.
