Capítulo 22

Los rayos del sol se filtraban por las ramas de los árboles, Inuyasha miraba el paisaje pero no podía dejar de observar a su bella esposa, tenía la cabeza recargada en sus piernas, sus ojos estaban cerrados y eso despertó su curiosidad ¿Estaría pensando lo que había pasado la noche anterior? Esbozó una sonrisa traviesa ya que él lo recordaba a la perfección, incluso esa misma mañana ante de salir de día de campo.

Cerró los ojos y lo recordó, él se había despertado primero y la contempló unos minutos, era tan hermosa, dulce, tierna y frágil, cuando ella abrió los ojos, le regaló una sonrisa, se acercó a ella la besó y ambos terminaron haciendo el amor.

― ¿En qué piensas?

La voz de su esposa lo hizo regresar de su ensoñación, le dio un beso en la punta de la nariz.

―En que nunca pensé que me pudieras a llegar amar tanto como yo te amo a ti

Kagome esbozó una sonrisa, se reincorporó solo para estar a la altura de Inuyasha, entrelazó sus brazos alrededor del cuello y lo miró fijamente a los ojos.

―Hagamos una promesa – dijo en un susurró – Apartar de hoy, olvidemos el pasado y vivamos el presente

―Me parece una propuesta interesante – respondió él con una sonrisa y enredando sus dedos en la hermosa melena de Kagome

Pero poco le duro el gusto de tenerla cerca de él pues la joven se levantó para mirar el paisaje, era un hermoso prado, los árboles se alzaban a lo alto, había flores de distintos colores y los pajarillos pasaban de un lado a otro, cerca de ahí había un pequeño manantial.

Temeroso por no tenerla, se levantó, se acercó a ella y la abrazó por la espalda, pero Kagome e lo impidió.

―Cierra los ojos – dijo ella con una sonrisa traviesa al ver cómo la obedecía – Manos atrás

― ¿Kagome que te propones? – preguntó Inuyasha obedeciéndola

―Sólo quiero darte un beso – respondió acercándose a él, pero le hizo la finta de querer besarlo y solo le susurró al oído – Adiós – se dio la vuelta y corrió

Cuando Inuyasha abrió los ojos ella ya le sacaba poca distancia.

―Muy bien, te doy veinte minutos para que corras todo lo que puedas

―Que generoso milord – hizo una reverencia y comenzó a reír

―Diez…veinte – y corrió hacia ella

Kagome lanzó un grito de protesta al ver como la abrazaba por la espalda y la hacía girar solo para encontrarse con un par de ojos dorados.

―Dijiste que me ibas a dar veinte minutos

―Y te los di, pero nunca especifique como los iba a contar

―Eres un….

Pero antes de que pudiera protestar él ya la había besado, obligándola a callar, así que mejor se dejó llevar por ese momento, pero se alarmó cuando sintió los fríos dedos Inuyasha desabrochándole el vestido.

―Inuyasha, aquí no – susurró

―No te preocupes, a este lugar no viene nadie…

La tomó entre sus brazos y la recostó entre la yerba en donde le hizo el amor una vez más.

Esa mañana se había despertado temprano solo con la intención de ir a buscar a Inuyasha y retarlo a duelo, pero cuando la puerta se abrió lo recibió Sango, él entró y miró a ambos lados como buscando algo.

― ¿Se le ofrece algo, señor Taisho?

― ¿Dónde está ese demonio?

― ¿De quién habla?

― ¿En dónde está Inuyasha?

―Él y la soñara salieron temprano esta mañana – respondió la joven

Esa respuesta le había dolido en el alma, no quería verla cerca de él y para eso se la arrebataría si era preciso, ahora que sabía que Kagome lo amaba no iba a permitir que ambos siguieran con ese absurdo matrimonio que nada bueno le iba a dejar, ella merecía algo mejor, y no a un vil traidor como lo era Inuyasha, por eso, una vez que acabara con él, no iba a existir ningún impedimento para tener a Kagome.

―Escúchame – le dijo a Sango – Cuando llegue tu patrón, le dices que quiero hablar con él – avanzó hacia la puerta y antes de salir – Y que lleve una pistola consigo – concluyó y cerró la puerta tras de si

Irasue estaba en su habitación, tenía entre sus manos un rosario y una biblia, era como si le estuviera pidiéndole a dios perdón por todos los pecados que hubiera cometido o que estuviera a punto de cometer.

―Perdón por lo que voy hacer – dijo besando el Rosario – Pero ella sólo le ha causado daño a mi hijo y debe pagar de una vez

La puerta se abrió y entró un hombre alto, de pecho ancho y ojos negros.

― ¿Me mandó a llamar, señora?

Irasue hizo a un lado la biblia y dejo el Rosario junto con ésta, se levantó de su sofá, se acomodó su vestido y avanzó hacia ese hombre.

―Así es Renkotsu – respondió – Te tengo un nuevo trabajo y no es precisamente deshacerte del Demonio blanco

― ¿De qué se trata señora?

―Quiero que elimines a Kikyo

― ¡¿A la esposa de su hijo? – Preguntó sorprendido – Si su hijo se…

―Mi hijo no tiene por qué enterarse – lo interrumpió – Se le ha caído la venda de los ojos, para él, ella ya no importa. ¿Así que lo vas hacer o no? Sino para contratar a alguien mejor

―Lo haré, por usted y su familia

Irasue esbozó una sonrisa, giró sobre sus talones y regresó al sofá donde volvió a tomar su biblia y el Rosario.

―Una última cosa – dijo antes de que Renkotsu se fuera – Haz que parezca que fue un accidente

―Si señora – asintió – Con permiso – hizo una reverencia y salió de la habitación dejando sola a la madre de Sesshomaru

Pero bien sabía que no sólo con eliminar a Kikyo del camino iba a lograr que su hijo fuera feliz, sino también era borrando a Inuyasha, estaba preocupada por él que el solo hecho de imaginar a Sesshomaru enfrentándose a duelo con ese bastardo la hacían poner los nervios de punta.

―Tú Bastardo, serás el segundo

Kagome e Inuyasha regresaron felices de su día de capo, pero esa sonrisa se les borró de los labios al escuchar lo que Sango le decía.

―Debo ir a verlo – dijo Inuyasha avanzando hacia la puerta

―No vayas – Kagome lo tomó del brazo, no quería que fuera, sentía que algo malo estaba a punto de pasar

―Tengo que hacerlo Kagome – la atrajo hacia sí y la abrazó – Él y yo debemos aclarar varias cosas, si quiero comenzar una nueva vida contigo, debo comenzar por borrar los fantasmas del pasado

―Pero ¿Y si a sebe que pasó algo entre tú y mi hermana? ¿Y si te quiere retar a duelo?

―Si me reta a duelo ten por seguro que no lo haré, a ya que a fin de cuentas, es mi hermano

La besó en los labios y ella solo pudo ver como se alejaba para ir en busca de su hermano.

No supo porque salió esa noche a dar un paseo, pero el estar encerrada en esa habitación, sin poder platicar con alguien, la sofocaban, Sesshomaru no le dirigía la palabra, tampoco su "querida" suegra y mucho menos los criados, era como si para ellos fuera invisible , la noche era fresca y lo único que llevaba con era un chal en color azul, sentía que alguien la seguía pero cuando volteaba a ver nadie la seguía.

Se detuvo ante una cabaña abandonada, abrió la puerta y esta crujió, en el interior sólo se encontraba una mesa, todo estaba lleno de polvo y tomó asiento en la única silla que había, por primera vez comenzaba a sentir lo que era la soledad, a ella vinieron los recuerdos de Inuyasha y ella besándose, haciendo el amor, jurándose amor, todos y cada uno de los errores que había cometido ahora le estaban cayendo en peso.

Sobresaltada el escuchar como la puerta se cerraba, se limpió las lágrimas, se levantó y avanzó para hacia la puerta, pero no puedo abrirla alguien la había cerrado por fuera.

―Quien quiera que sea, abra esa puerta – exigió con ese tono altanero

Pero no tuvo respuesta, a cambio de eso comenzó a oler que se estaba quemando, alzó la cabeza hacia arriba, era el techo que se estaba incendiando, si no salía rápido las llamaradas de fuego iban a consumir toda la cabaña junto con ella.

Trato de abrir la puerta pero era inútil

―Auxilio!