Tocado por un ángel.

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Capítulo 17

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Coloqué los aretes de esmeralda en mis orejas y revisé por última vez mi atuendo en el espejo.

—Te ves hermosa.

El elogio de mi esposo me hizo sonreír y relajarme por unos segundos.

No aguantaba los nervios, sentía que en cualquier momento caería en el piso, en serio temía que eso llegara a suceder.

Tome una respiración profunda y poniendo mi mejor cara, salimos de la habitación.

La mano de Edward tomó la mía y nuestros dedos se entrelazaron, en este momento mi confianza residía en él y en mi misma.

Debía afrontar a su familia, sin importar como fueran ellos conmigo.

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Caminamos por los amplios pasillos y bajamos las escaleras, Edward me condujo hacia un ventanal de puertas corredizas que se encontraban abiertas y las cortinas se movían al compás de la brisa fresca de Creta.

Al salir al aire libre, pasamos debajo de las pérgolas (1) de madera que se encontraban enredadas en fina tela transparente de cortinas.

—¡Esto es magnífico!

Mi emoción era completamente entendible para Edward, jamás había visto una elegancia y delicadeza en cada detalle, la persona que había dedicado su tiempo a decorar la mansión debía amarla demasiado.

Las macetas contenían arbustos y plantas y estaban colocadas en fila a una distancia de un metro cada una. Seguimos caminando y al llegar al final del pasillo nos detuvimos frente a una sala exterior que era cubierta por pérgola y cortinas blancas, lámparas en forma de esferas iluminaban tenuemente el interior.

A ambos lados de la sala exterior se encontraban dos escaleras que llevaban a una hermosa alberca rodeada de cherlón (2) en el lado derecho al aire libre, mientras que en lado opuesto debajo de una pérgola.

Había más macetas con arbustos y lámparas de suelo en la orilla de la piscina. Al mirar al cielo, me encontré con millones de estrellas iluminando nuestro camino esta noche.

—Bella vamos, todos esperan.

—Si—logré articular apretando su mano.

Intenté no mirar al frente y enfocarme a los alrededores, hasta que llegamos y Edward se detuvo.

—Buenas noches a todos.

La gutural voz aterciopelada de Edward me dejó sin respiración por unos breves segundos, me encontraba frente a toda su familia y a su ex prometida.

—Oficialmente presento a mi esposa Isabella Markopoulou a todos ustedes, espero que puedan aceptarla como la persona que compartirá mi vida hasta mi último aliento.

Rápidamente me compuse y tratando de sonar segura saludé a todos.

—Buenas noches, es un gusto conocerlos a todos—mis palabras fueron lo más audibles que pude, pero el silencio que siguió me incomodo, porque sentía sus miradas en mí, y sabía que algunos se encontraban juzgándome.

—Isabella míranos —dijo una voz que no reconocía —Ustedes dos hacen una hermosa pareja.

No necesite que dijeran algo más, levanté la mirada hacia dónde provenía la voz y al verlo, me encontré con unos ojos tan grisáceos como los míos.

—Así es, quería ver tu rostro, y debo decir que Edward no pudo escoger una mujer más interesante que tú. —él chico alto casi la estatura de Edward se acercó a nosotros, y con una sonrisa coqueta, tomó una de mis manos y la llevó a sus labios dándole un casto e inocente beso en el dorso.

—Mi nombre es Alec Cullen, es un gusto conocer finalmente a la persona que hizo que el solitario Edward contraerá matrimonio.

Sonreí, algo que no esperaba terminó sucediendo, el chico que estaba frente a mí, había hecho que mis nervios se esfumaran y diera paso a la comodidad de su ambiente.

—Gracias—lo dije con el corazón, porque era el primer elogio sincero que recibía de ellos.

Él no era un Markopoulou pero su carisma y aunque pareciera raro un aura de misterio me atraían a saber más de él.

—¿Nos sentamos? —intervino Edward rompiendo la burbuja de mis pensamientos.

—Por supuesto.

—Bella—susurró Rosalie al llegar al gran comedor de madera—Te ves muy linda.

—Gracias—respondí con alegría.

Edward tomó el asiento en la cabecera opuesta al de su madre, ambos podían verse uno frente al otro. Yo me senté a su lado izquierdo, mientras que Tanya tomó el lado derecho junto a él.

Todos tomaron sus respectivos asientos, a mi lado se encontraba Alec, mientras que frente a él estaba Ethan.

—Es un honor estar nuevamente reunidos un año más en familia.

Esme inició un pequeño discurso de agradecimiento y alegría, las palabras lastimosamente no armonizaban con sus expresiones.

Todos saludaron a la matriarca de los Markopoulou al contrario, yo no lo hice, preferí mantenerme en silencio y solo observar para no meterme en problemas.

Cuando ella terminó, los sirvientes sirvieron el primer plato: la entrada.

—La cena de esta noche está organizada por nuestro querido Alec, ¿Qué es lo que nos has preparado? —Esme preguntó con amabilidad.

—Decidí que esta noche fuera algo elegante y apasionado como la hermosa Francia, y en honor a nuestra más reciente llegada a la familia: Isabella.

—"La entrada es Crème d'endive aux Noix de St Jacques (3), acompañada de uno de los más finos vinos.

Tome la copa de vino tinto y antes de llevarla a mis labios, deje que su aroma me trajera viejos recuerdos. Sin pensarlo y solo dejándome llevar por la imagen de mi padre cuando tomaba éste tipo de bebida, dije:

—Domaine de la Romanée-Conti, fue, es y será el mejor vino de toda la Borgoña.

—¿Cómo lo sabes? —la pregunta de Edward me trajo de mi ensoñación y al ver a todos me di cuenta que había hablado en voz alta.

—Mi padre solía tomarlo cada año para celebrar su aniversario de bodas.

—¡oh! Eso es interesante. —exclamó Alec complacido—¿No lo crees tía Esme?

Ella me miró un instante para luego retirar su mirada con desdén.

—No importa, sigamos con la cena.

El segundo plato llegó, y con ello una voz tan clara y armoniosa habló interrumpiendo el silencio.

—Tanya, me contaron que fuiste a Mykonos. ¿Lo disfrutaste?

La hermanita de Edward dirigió toda su atención a su ex cuñada y está aludida, sonrió.

—No como hubiera querido en su momento, había planeado que ese fuera uno de los destinos de mi luna de miel, lastimosamente tendré que postergarlo.

¿Acaso estaba pintada? ¿Podría ser peor?

—¿Tanya cómo van las cosas en los diseños de los buques y barcos de la naviera? —en esta ocasión era Esme la que formulaba la pregunta.

—Ella está haciendo un espléndido trabajo, como siempre, no se puede esperar menos de Tanya—exclamó Emmett con emoción.

—Creo que exageras Emmett, pero el trabajo marcha muy bien, mis planos han sido aprobados por Edward. ¿No es así?

La mano de Tanya tocó la de Edward y mi cuerpo se inmutó. La familiaridad con la que ella pronunciaba su nombre me molestaba, la manera en cómo osaba tocar, aunque fuera sus manos me hizo sentir rechazo de estar en esta cena.

No es algo que deba molestarme, me repetí, pero verlo frente a mí era muy diferente a sólo ignorarlo. ¡Era su ex maldita sea!, sí Edward no hubiera llegado a Nueva York, si yo no lo hubiera conocido, él estaría casado con ella en este momento. Eso es lo que me incomoda.

—Si mi madre desea conocer la manera en como mis empleados trabajan, puedo recibirla en la oficina temprano el lunes—Edward retiró su mano de la de ella y tomando su copa bebió un trago de vino.

Esme lo fulminó con sus ojos verdes tan intensos como los de su hijo.

—Estás faltando el respeto a Tanya respondiendo de manera tan cínica Edward.

—Eres tú, quien está haciendo preguntas irrelevantes madre.

La mandíbula de Edward se apretó como señal de que intentaba mantenerse en control.

Su madre cerró sus ojos y cuando volvió a abrirlos lo miró.

—¿Te atreves a contestarme así? ¿Tanto has cambiado?

La copa que Edward sostenía en su mano volvió a la mesa.

—Sigo siendo el mismo madre, eres tú la que no lo entiende—el tono de su voz era bajo pero todos podíamos escucharlo, lo que me sorprendió fue la manera fría en la que lo dijo.

Había ocasiones que yo lo había retado y él había usado un tono de voz similar, pero en esta ocasión era diferente, porque iban cargadas de rencor.

—Creo que es suficiente, Isabella no ha venido hasta aquí a conocer el lado oscuro de su carácter, los dos pueden tranquilizarse y dejar que esta cena termine en paz.

Alec interrumpió con autoridad, no entendía qué papel jugaba este chico en esta familia, pero lo que sí era evidente que ni la misma Esme podía refutar sus comentarios.

—Lo siento, Isabella, a veces suelen ser un poco descortés—él se dirigió hacia mí.

—No importa. Está bien.

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Al momento que la cena terminó, todos se dispersaron, yo tomé mi propio camino dentro de la casa, seguí el camino que Edward me había mostrado anteriormente y cuando vi las escaleras subí hacía el segundo piso.

Caminé por el pasillo y abrí la puerta de la habitación de mis hermanos.

Matt se encontraba dormido profundamente al igual que Fernando. Ellos eran completamente inconscientes de todo lo que estaba pasando entre los adultos. Y era mejor para todos, no quería que Fernando sintiera el odio que las personas podían llegar a tenerme por haberme atravesado en su camino.

Les di un beso a cada uno, y me acerqué al ventanal para cerrar las cortinas que aún se mantenían abiertas.

Al mirar al exterior pude ver a Edward junto a Alec, ¿Qué tanto hablarán esos dos?

Iba deslizando la cortina despacio cuando finalmente iba a cubrir la habitación con la oscuridad de la noche, una imagen de Tanya acercándose a Edward y Alec marchándose, llamó mi atención.

Miré fijamente la escena y había una parte de mí, que era impulsada por mi curiosidad, por saber que podían estar hablando ellos en este momento.

—¿Insegura?

La pregunta me sorprendió haciendo que me apartará de la ventana rápidamente.

—No sé de qué hablas. —respondí cortante a Alice.

Me disponía a salir de allí, cuando ella me detuvo agarrando mi hombro con un poco de fuerza.

—No sabías que Tanya trabajaba con Edward, ¿verdad?

No contesté, no iba a caer en sus juegos.

—Ellos siempre se llevaron bien, en realidad se complementaban el uno al otro, hasta que tú interrumpiste en su vida.

Me solté de su agarre jalando mi brazo y mirándola fijamente, contesté:

—¿Terminaste con tus juegos infantiles?

—Crees ser fuerte pero no lo eres.

—¿A ti te consta? —inquirí cortante—Tus prejuicios hacen que quieras ser superior a los demás, pero en realidad solo eres una adolescente infantil que juega a intimidar a los demás.

—No intentes querer parecer más madura que yo, porque no…

—Lo soy—corte sus palabras —Por lo menos yo no malgasto mi tiempo en tonterías como tú. Tengo cosas mucho más importantes como encargarme de mi esposo y mi hijo.

—¡Cállate! —exclamó ella empezando a enojarse.

—No grites, los niños no tienen por qué aguantar tus berrinches.

La tomé del brazo y la empujé hacia afuera, no iba a permitir que hiciera un escándalo dentro de la habitación.

—¡Suéltame!

Lo hice y ella frunció su ceño al mismo tiempo que me dedicó una mirada de desdén.

—Eres una…

—Mide tus palabras Alice—dijo Edward acercándose.

—¡Pero ella me ha agarrado del brazo, Edward! —ella se defendió con indignación.

—No estoy de humor para tus ataques infantiles, mejor vuelve a tu habitación y duerme ya, lo necesitas.

Edward tomó mi mano alejándome de Alice y llevándonos a la habitación.

Cerré la puerta detrás de mí, y lo observé mientras se desvestía. Desnudo era un hombre que exudaba poder y belleza; su carácter imponente, controlador de su alrededor y él mismo, a la vez que posesivo lo hacían tener una forma de ser dominante. Pero también tenía su lado protector y amable.

Con esos pensamientos me acosté en la cama e intenté conciliar el sueño, cuando creí que por fin lo había logrado unos brazos fuertes rodearon mi cintura y me acomodaron a su cuerpo.

—Buenas noches, Bella.

Mi cuerpo se relajó y con una sonrisa de suficiencia en mi rostro, respondí:

—Que descanses, Edward.

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Al despertarme me di cuenta que Edward no se encontraba a mi lado, busqué en la habitación, pero por lo que se veía, él ya había bajado.

Era raro que no me esperara.

Tomé una rápida ducha y me dispuse a bajar a desayunar vistiendo lo primero que encontré. Iba descendiendo los últimos escalones cuando escuché como unas voces se alzaron con furia.

—¡No permito que insultes a mi esposa de esa manera, Emmett!

¿Qué estaba pasando? ¿Porque Edward se encontraba tan enojado?

—Esme, no puedes suponer cosas que no son así, esa noticia es mal intencionada.

Esta vez era Ethan quién discutía con Esme.

—¿Entonces admites que esto es real? —inquirió la madre de Edward con sorna—Tú y esa niña estuvieron en tu yate.

¿Yate? ¿Fotos? ¿Noticia?

¿De qué se trataba todo esto?

Llegué al comedor interior de la mansión y vi como todos se encontraban incómodos con la situación, bueno, había ciertas personas que disfrutaban con el show, como lo era Tanya, su sonrisa lobuna era tan notoria, todo esto le divertía.

—No puedes darte cuenta Edward que defiendes a una mujer que te ha sido infiel con Ethan, ¡Estás tan ciego por ella! — dijo Esme con dureza.

Y allí es donde lograba entender todo este alboroto, el problema era yo, era la que se encontraba en medio de una discusión sin estar presente.

Nadie había notado mi presencia hasta que mis labios se abrieron y con sarcasmo exclamé:

—Tanto es su odio hacia mí que, ¿quiere obligar a su hijo que crea en una mentira que es tan obvia?

Todos dirigieron sus miradas a mí, algunos sorprendidos otros expectantes.

—Sabía que no era de su agrado, que me desataba, pero, ¿Caer tan bajo Esmeralda Markopoulou?

Mi pregunta le ofendió y con desagrado tiró el periódico frente a mí.

¿Una infidelidad que se veía venir?

Decía el titular del periódico en primera plana.

La misteriosa esposa del presidente de la naviera Markopoulou, ha sido descubierta en brazos del famoso fotógrafo londinense Ethan Hale.

¿Será que la edad fue el causante de tan pronta ruptura en el distorsionado matrimonio?

Las fotos eran tomadas en ángulos en donde podían ser mal interpretadas, ya que, se habían asegurado de solo tomarnos a ambos y no a los niños.

Tiré el periódico a la mesa restándole importancia. Me giré para ver el rostro distorsionado de Edward por la furia que amenazaba con explotar, y con tranquilidad pregunté:

—¿Tú crees en esta basura?

No me importaba que el vocabulario ofendiera a los demás, en realidad no me importaba lo que ellos pensarán, lo único que deseaba saber en ese momento era lo que él pensaba de mí.

Edward sabía la realidad de las cosas, sabía que nada de eso era cierto, ahora quería cerciorarme si el me apoyaría.

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~Armazón formado por dos hileras paralelas de columnas o pilares que soportan un techo de vigas y correas transversales o un enrejado, sobre el que se entrelazan plantas trepadoras.

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(2) ~La cómoda silla reclinable que permanece inamovible junto a la piscina o a la orilla de la playa se llama popularmente "cherlón" o "cheilón", términos que provienen de las voces inglesa y francesa "chair long" o "chaise longue", que significan silla larga.

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(3) Crème d'endive aux Noix de St Jacques (Crema de endivias con vieiras)

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Otro capítulo más, y no he tardado nada en actualizar.

Mmm, esto se ha puesto interesante. ¿Qué sucederá en el siguiente?

Gracias por sus reviews, cada vez que los leo me hacen muy feliz.

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La próxima semana empieza TRYING TO CATCH A STAR.