Un pedazo de ti – Cap19

La tenue luz del sol comenzó a filtrarse entre las persianas de la habitación de Pan, molestándole mientras intentaba dormir un poco más.

-Estúpido sol- se quejó abrazando a su almohada, costumbre que tenía al dormir de lado, con una pierna sobre el objeto acolchado.

Para su buena suerte, Arya dormía profundamente, de lo contrario, la tendría saltando sobre ella sin descanso, o exigiéndole algún programa de dibujos animados.

Debía haber despertado casi dos horas antes, pero no lo deseaba, quería continuar descansando. Lo merecía, no acostumbraba desvelarse después de la media noche junto con Arya. Si la noche anterior lo permitió, fue por ver feliz a su niña, jugando con la dulce hija de Elder, en el parque frente a la casa del chef, que contaba con nuevos juegos infantiles y una bella iluminación. Sencillamente, no tuvo el corazón para arruinarle la diversión a su hija, además, la charla con su amigo había sido de lo más amena.

Se giró para no ser molestada por la luz solar, lo que funcionó a la perfección, pues comenzó a quedarse dormida de nuevo, hasta que la insistencia de alguien llamando a la puerta, terminó por despertarla de mal humor, junto con su hija, a quien escuchó quejarse del ruido desde su cama.

El sonido de su teléfono móvil se unió al molesto ruido, rompiendo la armonía que reinaba segundos antes. Sacándola de la cama de un salto, maldiciendo por no tener la oportunidad de ir al baño antes.

Decidió atender primero a quien llamaba a la puerta, ignorando al móvil, que continuaba sonando dentro de su bolso.

-¡YA VOY!- Gritó demostrando su mal humor, no le importaba ser grosera. Su día comenzaba mal y eso la justificaba.

Conforme se acercaba a la puerta, sintió el ki del híbrido de cabellos lilas, ¿quién más arruinaría su siesta? Tomó una gran bocana de aire para reprocharle su atrevimiento.

-¡¿No podías haber esperado?! ¿Acaso piensas que te estaba esperando?

Con el ceño profundamente arrugado, Briefs la observó con atención, pareciéndole hermosa con el cabello despeinado, como aquella mañana que despertó en su cama. Advirtiendo de inmediato que recién despertaba.

-¿Estabas dormida?- Inquirió molesto.

-Es fin de semana, ¿qué esperaba jefe?- Le respondió con sarcasmo.

-¿Puedo pasar?

Pan se hizo a un lado, no discutiría casi en la calle con él.

-¿Y Arya? Vengo por ella-. La observó con disimulo mientras caminaba hacia el recibidor.

La híbrida vestía un diminuto short y camisola de algodón, en color gris con lunares rosas.

-¿Pensabas abrir así la puerta?- La señaló entrecerrando la mirada.

Pan se observó por un breve instante, luego suspiró con fastidio antes de responder. -Se supone que solo respondería asomando la cabeza- se encogió de hombros y se dejó caer en el cómodo sofá, subiendo las piernas con desenfado, tentando sin proponérselo al empresario. -Luego sentí tu ki y decidí abrir la puerta. Después de todo, ya las conoces- apuntó a sus senos, que ya mostraban los estragos del embarazo, debajo de la delgada tela.

Briefs detuvo sus pasos a unos pocos metros, sin atreverse a tomar asiento. La imagen desenfadada y casual de la joven, le recordaba la intimidad vivida hasta hace poco tiempo con ella, lo extrañaba a pesar de su negación.

"Maldición. Tenía que poner sus piernas justo frente a mí. ¿Acaso lo hace a propósito?"

-¿Se puede saber a qué debo tu visita? Hoy no toca cita con el ginecólogo.

El tono arisco de la joven le dolió al guerrero, sintió que no era bienvenido. Ya no había recibimientos con grandes sonrisas, abrazos que le sacaban el aliento, besos que le endulzaban el día. Todo eso formaba parte del pasado, un pasado que insistía en aferrarse a él, por mucho que deseara soltarlo. Muy diferente a cuando terminó con aquella mujer décadas mayor que él, en ese entonces, no le fue difícil soltar todo lo vivido con ella, lo único que le atormentó y seguía atormentándolo, era el sentimiento de haber sido usado desde niño. Sin embargo con Pan, no lograba descifrar su sentir respecto al engaño, el hecho de que no hubiera interés por parte de la joven por obtener algo de él, le confundía. No sabía si era peor, ya que significaba que a Pan, simplemente no le importaba.

"¿De verdad me habrá amado?"

En ocasiones,su corazón lastimado le hacía cuestionarse, sentía que su autoestima estaba por los suelos. La confusión crecía con cada nuevo cuestionamiento, razón por la que evitaba pensar mucho en el asunto.

"Enfócate Trunks. A lo que vienes"

-Ayer fue el cumpleaños de mi madre- cruzó los brazos sobre su pecho, intentando mirar hacia cualquier otro lado que no fuera Pan, con sus tentadoras piernas estiradas sobre el sofá. -Quiere verla… ya que no la llevaste anoche- levantó una ceja, petulante, poniendo la mirada más fría de su repertorio.

-Tu mamá fue la que me dijo que Arya no se divertiría en una fiesta para gente grande, que la llevara a jugar y hacer cosas propias de su edad- alcanzó a decir antes de bostezar.

Trunks iba a alegar sobre lo dicho por su madre, pero el bostezo de Pan le hizo cambiar el rumbo de la conversación.

-¿Acaso te desvelaste?- Inquirió.

Pan rodó los ojos como respuesta, la forma de hablarle, le recordó las pocas ocasiones en que su padre le llegó a llamar la atención en la adolescencia.

-¿Olvidas tu embarazo?- Insistió levantando un poco la voz. -Espero que no hayas tomado alcohol, eso fue muy irresponsable.

-Por supuesto que no bebí alcohol y, no soy irresponsable, a diferencia de ti. Yo sí me puedo divertir sanamente- también cruzó los brazos sobre su pecho, no se dejaría intimidar por el empresario, mucho menos regañar.

-¿A qué demonios te refieres?- respondió indignado, caminando hacia el otro extremo del sillón, olfateando discretamente, buscando algún rastro de alcohol o del sujeto molesto con el que salió. -Estuve en el cumpleaños de mi madre toda la noche.

-¡PAPI!

El grito alegre de la pequeña interrumpió a Pan, que estaba por recordarle a Trunks, la ocasión en que llegó a su casa oliendo a vino y mujerzuela.

Ambos adultos se limitaron a intercambiar silenciosas miradas recriminatorias.

Arya corrió emocionada hacia su padre, saltando hacia sus brazos abiertos, como ya era costumbre desde que lo reconocía como padre.

Trunks le lleno de besos las mejillas, embelesado por las animadas carcajadas de su hija, amaba verla sonreír. En su lugar, Pan se limitó a morder su mejilla interna derecha. No dejaba de lamentarse por las malas decisiones que tomó en el pasado, sintiéndose miserable cada vez que reflexionaba sobre eso.

-Papi… jubé mucho con Tatis. Comimos patel con ñeve-. Platicó a su padre mientras le abrazaba del cuello.

-¿Tatis?- Le preguntó a la niña.

-Su nueva amiguita- respondió Pan, poniéndose de pie. -La hija de mi amigo Elder-. Se acercó hasta quedar frente al híbrido, estirando los brazos para cargar a su hija.

-El cocinero ese- dijo Trunks de manera despectiva. -¿Sabe de tu embarazo?- Abrazó a la pequeña, haciendo caso omiso de las intenciones de Pan para cargarla.

La joven rodó los ojos de nuevo.

-¡Vamos Trunks! No seas infantil. Necesito quitarle la pijama para que visite a su abuela.

-No soy infantil- cedió entregándole a la niña, la cual aceptó feliz el cambio de brazos.

-¡¿Quieres un lindo vestido de princesa?!- Pan le preguntó a la pequeña, mientras caminaba rumbo hacia la habitación, ignorando el berrinche del guerrero. Antes de desaparecer por el pasillo, se detuvo para hablar. -No es un cocinero, es chef, lo sabes de sobra. Eres horrible cuando haces comentarios despectivos-. Sin darle tiempo a réplica, continuó caminando, dejándolo solo y pensativo.

"¿Pero quién se cree que es, como para juzgarme?" Gruñó como el orgulloso hijo de príncipe que era.

Decidió tomar asiento para esperarlas. Le extrañaba el comportamiento reciente de Pan, no sabía si era debido a su embarazo, lo que podría ser una opción. La joven tímida y dulce ya no estaba, ahora era arisca y respondona. Parecía estar siempre a la defensiva.

Por primera vez, se preguntó si él sería el culpable de los cambios en el carácter de la joven, se cuestionó sobre su actuar, inclusive vio como una posibilidad, el hecho de que ella en verdad hubiese sufrido de angustia, al guardar el secreto de su paternidad todo este tiempo.

Las escuchó caminar hacia él, entonces decidió sacudir sus pensamientos. Sus cuestionamientos no cambiaban el hecho de que ella le hubiese mentido en algo se suma importancia.

-¡PAPI! Mira, mira…- Arya corrió hacia su padre, dando vueltas sobre su eje, presumiendo su vestido largo hasta los tobillos, esponjado gracias a los delicados holanes que conformaban el atuendo con corte de princesa.

Briefs arrugó sus facciones en una graciosa mueca de espanto, lo que le robó una risa a Pan.

-No digas nada, a ella le encanta- sentenció, imaginando que el empresario estaba a punto de criticar la empalagosa vestimenta de la pequeña.

Aun con cara de asco, se atrevió a decir. -Mi hija es una guerrera, no un pastel de bodas. Me sorprende que tú se lo compraras.

-Me atrevo a asegurar que tú, de igual manera se lo hubieses comprado, solo de ver sus ojitos ilusionados frente al aparador.

Suspiró rendido, en eso Pan tenía razón.

-¡Vamos por Tatis, vamos por Tatis!- Exclamó Arya, saltando hacia la puerta.

-Primero debes tomar tu desayuno- dijo Pan, siguiendo a la niña.

-¿Ya viste la hora Pan? ¿Cómo es posible que la niña no haya tomado sus alimentos aun?- Le reclamó siguiéndolas hacia la cocina, deteniéndose en el marco de la entrada, desde donde la observó con brazos cruzados y el ceño arrugado, muy al estilo de su padre cuando se encontraba molesto.

La joven lo ignoró, se dedicó a continuar con su rutina, subiendo a su hija a la silla especial para alcanzar la mesa, no sin antes hacerle uno que otro cariño juguetón, para después ponerle enfrente una hoja de papel, y crayones que tenía a la mano para entretenerla mientras cocinaba.

-Pan…

-Si quieres, puedes tomar asiento. No tardaré- respondió sin voltear a verlo, con toda su atención puesta en los ingredientes que sacaba del refrigerador.

-Ese no es el punto. Es una niña y dejaste que se desvelara, todo por ir con el insecto ese. Creí que eras más responsable- le reprochó de nuevo. -Además, pones en riesgo tu embarazo-. Sabía que exageraba demasiado, pero no tenía otros argumentos por el momento. Le irritaba que saliera con ese hombre, estaba consciente de que eran celos, a pesar de no querer regresar con ella. Eso no significaba que estaba listo para verla al lado de otro, no por el momento y menos, cuando venía otro hijo en camino.

-Estoy embarazada, no enferma- respondió cortante mientras encendía la estufa para calentar el sartén. -No tiene nada de malo que tenga amigos, ni que duerma un poco más tarde de vez en cuando…- se giró hacia él con la mirada severa. -Y te prohíbo que le llames insecto a Elder. Él no te ha hecho nada, es un buen hombre y amigo mío- retornó su atención hacia el sartén caliente.

-Si fuera tu amigo, respetaría tu embarazo- insistió en discutir el tema, sin dejar su pose altanera.

-¡Fin de la discusión!- Volteó hacia su hija, cerciorándose de que continuara entretenida en su dibujo, pues no le gustaba discutir con su padre delante de ella.

Entrecerró la mirada al notarla atenta al dibujo, pero al mismo tiempo escuchando. Así que caminó hasta quedar a un par de pasos del híbrido para decirle con calma, no sin mostrarse severa. -Ya no soy la jovencita tonta que tomó decisiones erróneas. Si no quieres creer que aprendí de mis errores es tú problema- tomó una gran bocanada de aire. El empresario intimidaba y lo sabía, pero ella no era cualquier persona, Pan era la hija de aquel niño que derrotó a Cell, la nieta del que derrotó al terrible emperador Freezer, la nieta del terrícola común y corriente que ayudó a derrotar a kid Buu, la hija de la joven que derrotaba criminales sin el uso de armas de fuego. Sabía de sobra sus errores y los reconocía, así como también reconocía que sus últimas acciones no estaban tan erradas.

Briefs levantó una ceja, estaba pensando en qué palabras utilizar para terminar como ganador, sin embargo enmudeció ante la imagen retadora de la joven. No pudo evitar encontrarla encantadora. El problema era que había otros, a quienes parecía no importarles los errores pasados de ella. Era cuestión de tiempo para que uno de ellos se ganara el corazón de la mujer.

"No. Es muy pronto" Pensó de manera egoísta, dejando esta vez, que su torpe lengua hablara de nuevo.

-Por lo que veo, no aprendiste mucho de tus errores- sonrió socarronamente para agregar en voz baja, aparentando una amable charla ante los ojos de la pequeña, quien continuaba absorta en su colorida obra. -A menos que sea de tu agrado recibir las atenciones de ese tipo. ¿Sabes lo que busca?

-No más que tú. Ya deja los celos, no somos nada- finalizó casi en un susurro, regresando hacia la estufa en un rápido movimiento. -¡Papá esperará en la sala mientras comes!- Comenzó a revolver unos huevos sobre un tazón. -¿Verdad Trunks?... Qué lindo, muchas gracias- se adelantó a decir antes de recibir cualquier respuesta, enviándole con la mirada, el mensaje de que el asunto estaba saldado.

-No te hagas ilusiones, no son celos- dijo antes de retirarse a esperarlas en la sala. Le irritaba quedarse con la palabra en la boca, pero entendía que no podían continuar con esa discusión frente a la niña.

Ser paciente no era lo suyo, nunca lo fue. No solía quedarse con las ganas de actuar cuando no estaba contento con algo, en todos los ámbitos de su vida. Tal vez por eso le embargaba un sentimiento de impotencia, en cada ocasión que Pan salía a pasear con su nuevo mejor amigo, al menos le reconfortaba que Arya los acompañara junto con la hija del sujeto, lo que reducía las posibilidades de que intimaran. Solo que el chef no tenía intenciones de una amistad, eso lo podía asegurar, ya que en las pocas ocasiones que lo llegó a ver, pudo percatarse de la enorme atracción que sentía hacia la joven. Ese hombre jugaba bien sus cartas, lo admitía.

Le invadían unas enormes ganas de irrumpir en la ridícula cita con cualquier pretexto, únicamente para hacer mal tercio; a veces le parecía buena idea ir por Arya, argumentando que su padre casi no la veía. Pero siempre desistía, Pan no era tonta, probablemente ya sospechaba que le provocaba celos, de irrumpir en alguna cita con ese sujeto, le confirmaría que en efecto eran celos, unos terribles celos.

Tenía ya dos semanas desde que Pan y el chef se veían con frecuencia. A veces se preguntaba si ella lo hacía para molestarlo, o realmente le importaba una mierda su opinión y el insecto le comenzaba a gustar. Se encontraba más confundido que nunca

"¿Qué estarás haciendo?"

Se concentró en el ki de la joven, como solía hacerlo en las tardes, cuando se encontraba solo en su terraza, sin hacer nada que no fuera beber unas pocas copas de vino, después del entrenamiento con su padre. No recordaba haber sido tan asiduo a la bebida fermentada, al menos no tan seguido, a excepción de la época en su joven adultez, después del rompimiento con Mai. Cuando solía salir a los bares con Goten, o con cualquier nueva conquista del momento, noches en las que terminaba enredado entre piernas femeninas. Pero esos días habían quedado atrás, desde su atropellada cita con Mirely, no volvió a intentar tener un revolcón con nadie más, ni siquiera tenía ganas. Estaba convencido de que no era la forma correcta de sacar a alguien de la cabeza, menos a alguien como Pan. Comenzaba a resignarse al hecho de que la tendría tatuada en su corazón por mucho tiempo.

Entrecerró la mirada al detectarla, estaba lejos, bastante lejos de la capital del oeste, en un lugar que él conocía a la perfección.

-¡¿Acaso está entrenando?!- Dejó caer la copa que sostenía en la mano derecha, quebrándose sobre las baldosas color gris marmoleado de la terraza de su habitación.

Sin pensarlo dos veces, se elevó hasta quedar a la altura de las nubes, fijando la vista hacia donde se encontraba la testaruda saiyajin. Gruño endureciendo sus facciones y emprendió el vuelo a toda velocidad. Estaba decidido a hacerse escuchar.

No tardó mucho en llegar, gracias a que utilizó su transformación de súper saiyajin para incrementar su velocidad, lo que en raras veces hacía al transportarse, pues prefería disfrutar de la placentera sensación que le brindaba volar, aunado a la belleza del paisaje debajo de él.

Detuvo su vuelo abruptamente, después de volar por un lapso de pocos minutos. Sintió los labios resecos, debido al frío viento de las alturas, los relamió para humectarlos, mientras regulaba su respiración, hipnotizado por el aura dorada que cubría a la híbrida.

-¡Hola Trunks!- El alegre saludo de Goku lo despertó de su trance. -¿Quieres unirte al entrenamiento?- Inquirió con la algarabía que lo caracterizaba.

-Ahh…- verla convertida en súper saiyajin por primera vez, le robó el aliento, hasta el punto de hacerlo balbucear. Apenas alcanzó a ocultar el suspiro que se le escapó, en un extraño carraspeo.

-¿Pasa algo?- Pan inquirió, extrañada por la prisa con la que llegó el empresario de cabellos lilas.

Estaba lejos de ser la primera vez que veía a una mujer súper saiyajin, de hecho, su hermana ya dominaba dicha transformación desde hacía años, además de ser testigo del enorme poder que poseían las amigas de Kiabe, en las ocasiones que llegó a acompañar a su padre al planeta de los saiyajines del universo 6. Se suponía que la transformación de la hija de Gohan, no tendría por qué causarle tal impacto, pero cuando se trataba Pan, todo se intensificaba.

Tomó una gran bocanada de aire antes de dirigirse a la joven.

-¡¿Qué se supone que haces?!- Se felicitó mentalmente por haber articulado correctamente cada palabra, sin titubear.

-Estamos entrenando- se adelantó Goku. No era tan ingenuo como para ignorar que Trunks estaba molesto, su ki lo delataba. Lo que no entendía, era el motivo del enfado.

-Sabes de antemano que los golpes ponen en riesgo al bebé. ¿Qué mierda tienes en la cabeza? ¿¡Acaso quieres matarlo?!- Reclamó acercándose a Pan, e ignorando al saiyajin mayor.

-No corre ningún peligro- le respondió indignada, con las manos sobre las caderas.

-¡No me digas! Si te estorba para tus nuevos planes, solo dímelo- escupió tomándola de los hombros.

Un rodillazo entre las piernas tuvo como respuesta. Estuvo a punto de tirarse a la tierra a esperar que el dolor menguara, pero terco y orgulloso como su padre, se limitó a tapar la adolorida zona con ambas manos, encorvándose sin dejar de levitar, aunque le costara trabajo.

-¡Oye Pan! ¡Eso fue trampa!- Dijo Goku, buscando la manera de bajar la tensión entre ambos híbridos.

-Se lo merece abuelito- respondió sin dejar de observarlo fingir que le dolía menos. Lo conocía lo suficiente como para saber que realmente estaba retorciéndose de dolor por dentro, cosa que le causó un poco de remordimiento, debido a que no intentó bajar la intensidad de su poder. Aun no lograba controlarlo del todo, precisamente por eso le ayudaba su abuelo.

-Creo que te excediste- opinó el mayor, compadeciéndose de Briefs. También había notado que fingía sentir menos dolor.

-Que no se te vuelva a ocurrir pensar semejante estupidez. ¡El único que estorba en mi vida eres tú! ¡A mis hijos no los vuelvas a meter!- Espetó alzando un puño, para luego volar a toda velocidad hacia casa de sus abuelos, sin siquiera despedirse del guerrero de sangre pura.

Trunks suspiró aliviado una vez que se disipó el dolor en sus partes íntimas, dolor que fue reemplazado por otro más intenso en su corazón, causado por las duras palabras de la joven.

-Yo no hubiera podido sostenerme volando. Ya estaría entre la tierra sobándome- dijo Goku mientras rascaba su cabeza. -Sí que eres fuerte- fue lo único que se le ocurrió para levantarle el ánimo al hijo del príncipe. Su nieta había sido muy dura al responderle con esas frías palabras, sintió pena por él. Podía ver que aun la amaba con locura, igual que ella a él. Sin embargo, decidió no tomar ninguna acción, no era bueno para esos asuntos y no deseaba empeorarlo. Por lo que se limitó a permanecer neutral.

-Discúlpeme señor Goku- finalmente pudo hablar Trunks. -Sé que los entrenamientos son sagrados, pero le ruego que no la ayude con eso. Un golpe en su estado podría lastimar al bebé y…

-No te preocupes Trunks- cambió su rostro siempre alegre a uno más serio. -Estamos enfocándonos en el manejo del ki y en su velocidad. Yo no la golpeaba, era ella la que me golpeaba y yo me limitaba a esquivar-. Luego regresó a su forma desenfadada y alegre que lo caracterizaba. -No sé mucho de esas cosas, pero Milk sí. Y ella dice que las presiones afectan al bebé, Pan ha estado bajo mucha presión aunque intente ocultarlo. Por eso la ayudaba a distraerse- rascó su barbilla pensativo.

Trunks regresó a su estado normal, apenado por su comportamiento. Agachó la cabeza impotente ante una situación que ya lo rebasaba. -Lamento haber irrumpido de esa manera. Creí que…

-¿Quieres entrenar? Siempre ayuda- dijo Goku, con una gran sonrisa en los labios.

Briefs no pudo negarse, el ex rival de su padre tenía un talento innato para ver más allá de lo aparente. Sabía que ese ofrecimiento, no solo era para entrenar, él quería ayudarle.

-No es mala idea- le respondió sonriendo, dispuesto a dejarse influir por la extraña sabiduría del saiyajin de corazón puro.

Afortunadamente vestía una pantalonera y playera ajustadas, como la mayoría de su ropa deportiva le quedaba, debido a que su trabajada musculatura, hacía que las telas se ciñeran al cuerpo.

El hijo del príncipe adoptó la pose de pelea característica de su padre, siendo el primero en arremeter contra el saiyajin de clase baja. La lucha se llevó a cabo en el cielo la mayoría del tiempo, para no afectar a la fauna del hermoso paisaje, costumbre que ya era común cuando la familia de Goku entrenaba en dicho lugar, costumbre de la que Trunks tenía conocimiento.

Gracias a la pelea con Goku dos meses atrás, Trunks logró canalizar su frustración a través del entrenamiento, utilizando sus tardes libres para dicho fin. Ya fuera con su padre, o con el señor Goku. Inclusive, antes de comenzar el calentamiento, presenciaba en silencio a la híbrida de cabellos negros entrenar con su abuelo, siempre vigilante de los movimientos ejercidos durante la sesión. Admirándola en secreto, embelesado cada vez que ella se transformaba, sin poder ocultar la media sonrisa de orgullo que coronaba su varonil rostro. No lograba dejar de amarla, y la curvatura en su vientre ayudaba menos, le recordaba constantemente los hermosos momentos que compartieron juntos.

Suspiró por tercera vez con desgano, echado en la cama con su traje de combate recién puesto, sin ganas de entrenar, pensando en cancelar la cita con su padre, a sabiendas de que el príncipe no tomaba bien que lo dejaran plantado en los entrenamientos. Rutina sagrada para los saiyajines de raza pura que quedaban con vida.

Se encontraba cansado mentalmente, por más que intentaba ignorarlo, no dejaban de irritarle las constantes salidas de Pan con el estúpido chef, hasta el punto de preguntarle si ya tenían una relación, o inclusive, de insinuarle sutilmente, que ya parecía ser el padre del crío que crecía en su vientre. Comentario que le ganó una dolorosa bofetada que le creó un zumbido en el oído por más de media hora. Desde ese incidente, hace casi una semana, evitó encontrarse con ella. Pero la próxima cita con el ginecólogo estaba cerca, en dos días más, por lo que debía hablar con ella, limar asperezas para estar en paz durante la revisión, en la cual, finalmente podrían saber el sexo del bebé, se encontraba más que emocionado, no deseaba ensombrecer la ocasión y mucho menos, generarle estrés a ella, no olvidaba las palabras de Goku.

La limonada con cerezas y el pay de queso, receta de Elder, habían estado deliciosos. Pan limpió la comisura izquierda de su boca con gracia, ignorando que sus movimientos eran admirados por su amigo, quien no perdía la esperanza de conquistarla. Por el contrario que a la mayoría de los hombres, a Elder no le incomodaba la idea de cortejar a una mujer embarazada de otro, después de todo, no existía ninguna relación entre ella y el padre de sus hijos. Admiraba la tenacidad de la mujer, la ternura con la que trataba a su hija, lo responsable que se desempeñaba en el ámbito profesional, su sencillez a pesar de ser nieta de Mister Satán, su belleza natural y la nobleza de su corazón.

La mano derecha de Elder alcanzó la muñeca izquierda de Pan. -Ya es hora de irnos, el vuelo sale en un par de horas. Apenas tengo tiempo para recoger el equipaje- suspiró acongojado. -La voy a extrañar mucho- dijo con pesar.

La joven le miró con ternura. -Pronto volverá a visitarte-. Intentó liberar su mano con delicadeza, pero el chef apretó su agarre.

-Gracias Pan- se levantó de la silla y jaló a Pan hacia su pecho, abrazándola con fervor. A pesar de que salían con frecuencia, no se había atrevido a declarársele, no lo consideraba apropiado, debido al reciente rompimiento de Pan con Trunks, ya que todas las energías de la joven, estaban enfocadas en su hija y en el que venía en camino. Tenía claro que por el momento, no quedaba espacio para otro hombre en el corazón de la nieta de Satán.

Quería decirle que le gustaba, que le encantaba, que estaba dispuesto a esperarla el tiempo que fuese necesario, que solo le diera la oportunidad de acompañarla y ayudarle a sanar el pasado. Tal vez si ella supiera lo que le hacía sentir.

El bulto prominente en el vientre de Pan se interponía entre ellos, impidiendo que pegara por completo su cuerpo al de ella. Recordatorio constante de su pasada relación.

-Pan…- titubeó, tomando con delicadeza la barbilla de la joven para verla a los ojos. -Yo quisiera…

Advirtiendo hacia donde iban las intenciones de su amigo, Pan carraspeó incómoda. Elder le agradaba mucho, como amigo, no deseaba lastimarlo, pero tampoco alejarse de él, valoraba su amistad, valoraba sus sentimientos, sin embargo, no tenía intenciones de corresponderle, por muy buen padre que fuera, por muy dulce y comprensivo que fuera, ella seguía amando a otro.

-Elder- lo empujo sutilmente por el pecho, -se hace tarde… tu vuelo- le recordó.

Pan tenía razón, debía abordar el avión junto a su pequeña hija, para llevarla de regreso a casa de su madre en la fecha pactada, no podía darse el lujo de llegar tarde, su volátil ex mujer lo tomaría de pretexto para negarle las visitas de nuevo, su prioridad debía ser su hija. En cuanto a Pan, debía esperar un poco más antes de confesarle lo que tenía en su pecho.

-Es verdad-. Con reticencia la soltó, resignado de que no era el momento para al menos, decirle que le atraía, con todo y su embarazo.

-Voy por las niñas- dijo Pan caminando hacia la estancia, en donde Arya y su nueva amiguita jugaban, entre una pila de juguetes que ambas sacaron con júbilo de la habitación de la menor.

La joven se agachó a la altura de su hija para hablarle con ternura. -Arya, despídete de Tatis, ya se va con mami.

-¡No! Tatis es hermanita- la abrazó frunciendo el ceño, muy al estilo de su padre.

-Arya…

El timbre de la puerta sonó un par de veces.

-¿Esperas a alguien?- Preguntó el invitado, tomando una muñeca que su hija llevaba cargando toda la semana.

El timbre volvió a sonar, fue entonces cuando Pan supo quién llamaba a la puerta con insistencia, no pudo evitar bufar con fastidio.

-No lo esperaba- musitó dirigiéndose hacia la puerta, extrañada por la repentina visita del híbrido, pues ya tenía semanas que no se presentaba de improvisto.

-¿Pasa algo?- Pan preguntó al abrir la puerta, despertando molestia en Trunks.

-Hola, buenas tardes- Briefs saludó con sarcasmo. -No, no pasa nada- agregó observando hacia el interior de la casa con disimulo. Podía detectar a la perfección la débil energía del chef dentro de la propiedad, lo que hacía que le hirviera la sangre.

-¿Entonces?

Briefs entrecerró la mirada, pareciéndole sospechoso que no lo invitara a pasar. Casi al llegar a casa de la mujer, fue que detectó la molesta presencia del intruso, por un instante pensó regresar, pero optó por continuar su camino, intrigado, ya que era la primera vez que los sentía dentro de la casa de Pan.

-¿Entonces qué?- Le respondió extrañamente tranquilo.

-¿A qué debo tu visita?...

-¡PAPI!- Arya apareció de pronto, feliz de ver a su padre en casa, distrayendo la atención de ambos adultos. Y como ya era costumbre, le estiró los brazos para ser cargada por él, algo a lo que el híbrido no podía ni quería negarse.

Elder se acercó, tomando de la mano a su hija y con la otra, la nueva muñeca de la menor. -Ya nos vamos Pan, tenemos el tiempo contado.

Briefs levantó una ceja, fingiendo que no había notado la presencia del hombre. -Aaah… hola…- dijo en un forzado saludo, que no pasó desapercibido.

-Buenas tardes- le respondió Elder sonriendo, igualmente forzado, pero mejor actuado.

La joven se giró para dirigirse a su amigo, evitando mostrar su incomodidad. -Gracias por el postre y la limonada, estuvieron deliciosos.

Briefs blanqueó los ojos por una fracción de segundos, acción que pasó desapercibida por los demás.

-Cuando regrese con gus…

-¡Tatis tatis!- Exclamó Arya, moviéndose para bajarse de los brazos de su padre.

Confundido, Briefs intentó sujetarla, evitando que cayera, sin embargo, no le quedó otra opción que bajarla, ya que se movía con insistencia y su fuerza no era la misma de una niña normal de su edad.

-¡Papi, papi! ¡Tatis es mi hermanita!- Exclamó Arya, señalando a la niña que llamaba de cariño con el diminutivo de su nombre.

Briefs retuvo el aire en sus pulmones, intentando no exteriorizar sus pensamientos.

"¿Acaso dijo hermanita?"

Un fino carraspeó de Pan lo regresó a la realidad. Levantó la mirada hacia ella, no sin antes detenerse un par de segundos en el abultado vientre en donde se formaba su segundo hijo, hasta llegar a toparse con el par de ojos negros que lo observaban impávidos, sin confirmar o negarle nada.

-Aaah… sí mi amor-. Le respondió a su hija, preguntándose si acaso Pan y el mentado chef habían formalizado algo. Porque si Arya llamaba hermana a la hija de ese sujeto, debiera ser porque ellos estaban en una relación. O tal vez estaba siendo paranoico. De cualquier manera, no permitiría ser humillado, por lo que se vistió con la máscara de la indiferencia.

-Vine para confirmar la cita de tu próxima consulta. Y de pasada ver a mi hija, ya que ayer no tuve la oportunidad- sonrió cordial. Felicitándose mentalmente por haberse escuchado convincente.

-Ehh…- la híbrida titubeó. Se preguntó si Briefs hubiese mal interpretado el comentario de Arya. Tal vez no, tal vez entendió que la niña le llamaba así a su amiga de cariño, lo que para ella era más que obvio, no tenía caso explicarlo, ni justificarlo, podría dar el mensaje incorrecto.

Incómodo por la situación, Elder tomó en brazos a su hija, dirigiéndose hacia su amiga. -Se hace tarde- se acercó a Pan, inclinándose para abrazarla, haciendo un gran esfuerzo para no parecer intimidado por el empresario. Al ver que su abrazo de despedida era correspondido con beneplácito, se animó a besarla en la mejilla, pero los nervios le traicionaron, volviendo sus movimientos torpes, besándola accidentalmente muy cerca de la comisura de los labios.

Podía sentir en su espalda, los ojos del empresario como si fuesen dos dagas azules, eso no le incomodó en absoluto, su preocupación radicaba en la opinión de Pan, en cómo lo tomaría ella, si sería capaz de reclamarle frente al hombre de cabellos lilas, o lo dejaría pasar.

Relamió sus labios antes de pronunciar una caballerosa disculpa, siendo interrumpido por las palabras del recién llegado.

-Te llamo para confirmar la cita. No tengo nada más que hacer aquí-. Dijo cortante, antes de emprender el vuelo, dejando grietas en los azulejos donde había estado parado.

-¡¿Pero cómo?!- El amigo de Pan reaccionó sorprendido, viendo alejarse al híbrido volando, dejando una estela de energía que se esfumó en segundos.

La joven meneó la cabeza en señal de negación, sin dar crédito al berrinche del mayor, el cual se marchaba sin despedirse de su hija por primera vez, dejándola sola para dar alguna explicación sobre el vuelo del empresario. Lo único que se le ocurrió, fue que se trataba de un nuevo invento de la corporación, que se encontraba en etapa de pruebas.

Las representaciones artísticas del parto, plasmadas en óleo y enmarcadas con madera de caoba, resultaban lo más entretenido para el híbrido de cabellos lilas, sentado frente al escritorio del ginecólogo, al lado de Pan. Aparentemente paciente, esperaban a que el galeno regresara de atender una llamada urgente a su teléfono móvil.

De soslayo observo brevemente a la mujer sentada a su lado, en silencio, al igual que él, con la vista perdida en un cuadro en específico, uno en donde la madre se encontraba haciendo esfuerzo, mientras que un hombre le sujetaba una mano y le acaricia la frente. Se preguntó cómo sería el momento, él ya había expresado su decisión de estar presente durante el nacimiento de su segundo bebé, pero no había reparado en el papel que tomaría en la sala de partos. ¿Se limitaría a observar, o participaría dándole ánimos a ella?, a mimarla y hacerla sentir que no estaba sola en eso.

Confundido frotó su frente. Desde el día en que fue a casa de Pan, no volvió a visitarla ni hablarle por teléfono, ya que ella misma se encargó de enviarle un mensaje escrito, confirmándome la fecha y hora de la cita. Como ya era costumbre, Briefs arribó diez minutos antes, con el semblante más serio de lo común, saludando por cortesía, sin mostrar emoción alguna.

En ningún momento hizo comentario alguno sobre lo que vio aquella vez. Desde su ángulo visual, el chef la había besado en los labios delante de él, lo que le confirmaba sus sospechas. Estaban en una relación.

Se preguntaba si el coqueteo entre ellos se fue dando desde que Pan fue su novia, si acaso había una mínima probabilidad de que el bebé no fuese suyo. Luego desechó esa idea, no existía ninguna razón para dudar de la paternidad, inclusive, de los sentimientos de Pan, al menos de cierto porcentaje de cariño hacia él. Respecto a eso, tenía la certeza de que en realidad la había conquistado, al menos en la atracción física no le quedaban dudas, respecto a los sentimientos, no lograba llegar a una conclusión lógica.

-Disculpen la tardanza- entró el médico apenado. -Debo salir a atender un parto de última hora- los vio levantar las cejas, decepcionados por tener que esperar hasta otra cita, por lo que se adelantó a decir. -No se preocupen, en lo que preparan a la paciente, alcanzo a realizar la revisión del día de hoy. ¿Gusta pasar?- Invitó a Pan a recostarse en donde se hacían los ultrasonidos.

Fingiendo ser una pareja feliz, ambos obedecieron en silencio, muy diferente a las citas anteriores, en donde el médico no dejaba de aclarar todas las dudas del padre primerizo, pero esa cita en especial, le pareció extrañamente silenciosa. La tensión entre la pareja no pasó desapercibida.

Entre más crecía su vientre, más le crecía la fatiga al atardecer, hasta el punto de desear no tener que trabajar por algunos meses. No recordaba haberse dado unas largas vacaciones en mucho tiempo, inclusive cuando nació Arya, trabajó desde el momento que se recuperó. En ese tiempo se encontraba muy avergonzada por su tropiezo, hasta el punto de rechazar del ofrecimiento de su abuelo Satán, de vivir en su mansión y disfrutar de la enorme herencia que le regalaba en vida. Pan siempre fue así, sencilla y trabajadora, gracias a la influencia de su padre y abuelo materno, quienes trabajaban sin descanso en lo que les apasionaba, a pesar de no necesitarlo tanto. También estaba la gran influencia de Bulma, que a diferencia de otras herederas millonarias, ella siempre estaba aportando a la sociedad con sus ingeniosos inventos, a la par que tenía grandes aventuras, dignas de ser plasmadas en algún exitoso libro. Sin olvidar a Trunks, no podía negar que el heredero trabajaba sin descanso, ya fuese en la empresa familiar o ayudando a mantener la paz en la patrulla galáctica.

-Estoy muy cansada para pensar- bostezó hablando el voz alta, acariciando la curvatura de su vientre.

Cerró los ojos al terminar de enviar el último reporte del día. El sueño pesado estaba a punto de ganarle, sabía que el embarazo era el causante, igualmente lo experimentó en su primer embarazo.

Estaba cerca su próxima cita de cada mes, apenas había visto a Trunks en esos días, solo en las pocas ocasiones que fue a recoger a su hija, en las demás, fueron Bulma o Bra, quienes siempre se mostraban amables con ella, sin rastros de rencor por haberles mentido, en cambio Trunks, apenas la saludaba escuetamente, apenas la miraba a los ojos, siempre fijaba su vista en el vientre, en su bebé, inclusive lo palpaba con incomodidad, emocionándose al sentirlo moverse bajo su toque y retirando la mano después, como si le quemara su piel. Era evidente que no deseaba verla, de hecho, su comportamiento en general era diferente, más frío, más lejano.

Sospechaba que lo celos eran la causa del exceso de frialdad en el híbrido. No era casualidad que desde aquella improvista visita, Trunks comenzó a comportarse como un cachorrito herido, el cual no dejaba que el causante de sus heridas, pudiese acercarse a él. Se le oprimió el pecho al saberse la ejecutora de dichas heridas, opresión que ignoró al recordar lo rápido que él se fue a consolar entre las piernas de Mirely.

-No estoy en posición de juzgarlo. No después de que yo hice lo mismo, cuando me consolé en los brazos de él, al poco tiempo de haber terminado con Omaru- sobó su sien, angustiada por la presión mental. Le dolía que Trunks no pudiera disfrutar al máximo de su segundo bebé, en gran parte por obstinado, pero lo entendía. Deseaba darle eso que le negó al ocultarle que sería padre la primera vez, y ahora se lo daba a cuenta gotas.

El sonido de su teléfono móvil se hizo presente dentro de su bolso. Con pereza atendió la llamada, sin sorprenderle quien era el remitente, debido a que ya era común que la buscara a esa hora.

-Hola Elder- respondió fingiendo ánimos.

-Hola Pan. Imagino que saliste con hambre de tu jornada laboral.

-En estos momentos tengo más sueño que hambre- recargó una de sus mejillas sobre la palma de su mano derecha, mientras que con pereza, sostenía su móvil sobre la otra mejilla.

-¿Quieres cenar algo antes de ir a descansar a tu casa? A la pequeña Arya le encantará el nuevo menú para niños- dijo emocionado, como siempre que tenía un nuevo platillo que mostrar.

-No lo dudo, pero hoy se fue desde temprano con su abuelita Bulma- se mordió los labios, debatiéndose entre acudir a la cita o tomar una siesta en su casa.

-Sabes que me gusta consentirte. Podrás dormir mejor con el apetito satisfecho.

-No sería mala idea- sonrió analizando sus opciones. Una buena comida antes de dormir.

-Anda… lo necesitas- intentó convencerla con su voz varonil, lo que le recordó a Briefs cuando solía coquetear con ella.

La reacción inmediata de Pan, fue menear la cabeza hacia los lados, declinando con determinación. -Discúlpame pero no, en esta ocasión no puedo aceptar.

Un corto silencio se escuchó, evidentemente su amigo esperaba otra respuesta, se sintió culpable por haberlo mal acostumbrado.

-Podrías aprovechar para descansar y no tener que ensuciar la vajilla de tu casa- insistió lanzando un convincente anzuelo. La idea de recalentar comida y limpiar el tiradero, no le seducía en absoluto, sin embargo, decidió dar por terminada esa charla, ante una idea que recién le llegaba a la mente.

-De verdad te lo agradezco, pero tengo otras cosas que hacer. Que tengas un lindo día, te llamo después- colgó con un sentimiento de culpabilidad, no le había dado la oportunidad de insistir o despedirse, simplemente le colgó lo más amable posible que pudo.

Suspiró aliviada, una cosa menos con qué lidiar por el resto de la tarde. Elder le simpatizaba mucho, inclusive le tenía cariño, era un gran amigo, nada más. El problema radicaba en que él daba señales de querer algo más, inclusive, en algunas ocasiones cuando se encontraban solos, lo notaba ansioso, como si deseara decir algo, se relamía los labios con insistencia, buscaba cualquier pretexto para tomarle la mano o abrazarla. No se necesitaba ser un sabio, para reconocer que no tardaba en declarársele.

Ya lo hubiese hecho, de no ser porque Pan logró distraer sus intenciones, en las escasas ocasiones que se dio la oportunidad. Pero ella sabía que era cuestión de tiempo. Hasta ahora fingía no tener conocimiento de sus intenciones, en parte, porque presentía que no eran malintencionadas, lo que no tenía claro, eran los verdaderos sentimientos del chef, amor o atracción.

Debía poner en orden su situación, sentía que en vez de avanzar, retrocedía. Ya era hora de avanzar.

Al entrar a su habitación, Trunks lanzó los zapatos con descuido y se dejó caer boca arriba en su cama. Sus intestinos gruñeron de inmediato, sacándole un bufido de fastidio.

-No ahorita- se quejó, sin ánimos de levantarse para buscar algo de comer.

Durante todo el día se mantuvo ocupado, igual que el resto de la semana y las semanas pasadas. Era la primera vez que se exigía demasiado en la empresa, que trabajaba horas extras sin huir de ninguna responsabilidad, aunado a sus entrenamientos casi diarios y, lo más importante, tiempo de calidad con su hija.

Su mente se encontraba cansada, justo lo que esperaba, justo lo que provocaba para no pensar en ella. Se preguntaba si ella pensaba aun en él, aunque fuera un poco, si ya lo odiaba o le era irrelevante.

-No… no de nuevo- llevó la palma de su mano derecha hacia su frente, cansado de cuestionarse lo mismo. Solo quería continuar con su vida.

El sonido de su teléfono móvil llamando lo regresó al mundo real. Contestó sin observar de dónde provenía la llamada, probablemente sería su madre, después de todo, Arya se encontraba en su casa.

-Dame una hora- dijo sin ánimos.

-¿Perdón?

Sin duda, no era la voz de su madre. Se inclinó hasta quedar sentado, sentía que reconocía la voz, pero no recordaba quien podría ser.

-¿Quién habla?- Inquirió.

-¿Acaso no me recuerdas?- Respondió, utilizando una voz melosa.

Briefs pensó por unos segundos, hasta que logró recordar a la mujer.

-Mirely- dijo con voz sombría. -Creo haber sido claro.

-No me cuelgues, por favor. Pensé mucho en mis acciones, quiero disculparme.

-Bien… gracias, no hacía falta- respondió más que nada por cortesía, deseando colgar.

-¿Qué dices si vienes a comer? Preparé un platillo delicioso. Para hacer las paces.

-¿Sabes…? Yo…- su estómago gruñó de nuevo. Tal vez una breve comida antes de ir a casa de su madre no sería tan mala idea, se ahorraría cocinar algo y luego limpiar. Además, volar hasta ciudad Satán le despejaría la mente, necesitaba sacarla de su cabeza.

Titubeó un par de segundos antes de responder, meditando sus pasadas acciones.

-Agradezco tus disculpas, pero no deberían ser para mí- se relamió los labios para continuar. -Te suplico que no vuelvas a llamarme, no me interesa nada que venga de ti, es por eso no respondí ninguna de tus llamadas. Ten un poco de dignidad y ya no me busques- colgó.

Exhaló una gran bocanada de aire, recostándose de nuevo.

-Fui un imbécil al haberlo dudado- musitó enfadado consigo mismo. Se encontraba arrepentido de haberla visitado aquella vez, inclusive, de haber permitido que Pan creyera que se había revolcado con esa mujer. No obstante, encontraba absurdo aclarar ese asunto a estas alturas. Deseaba dar vuelta a la hoja, pero en paz con Pan.

La última cita con el ginecólogo no fue lo que soñó, se suponía que saber el sexo del bebé, debía ser un acontecimiento hermoso, pero no lo que fue. No disfrutó ese momento como lo anhelaba, amaba a su hijo, ahora sería padre de un varoncito, y en vez de festejarlo juntos, se limitó a despedirse de ella, con la misma frialdad que la saludó al ingresar en la sala de espera. No podía quitarse la sensación agridulce que le dejó esa ocasión, le irritaba hasta el punto de tener deseos de salir a cazar de noche, luego sentía culpabilidad, se suponía que esa etapa de su vida estaba sepultada, aunque no tanto, estaba muy reciente la muerte de los dos individuos que tuvieron la mala suerte de toparse con él, tan reciente, que aun circulaban avances de las investigaciones que no llevaban a nada. Se había vuelto una noticia común en los periódicos, gracias a que pertenecían familias importantes.

El móvil sonó de nuevo; una, dos, tres veces. El sonido comenzaba a fastidiarlo y apenas llevaba unos pocos segundos haciendo eco en su habitación.

-¡Maldición!- De nuevo contestó, pero ahora de mala gana.

-¿No fui claro?- Escupió, importándole una mierda sonar grosero.

-¿Perdón?

Trunks enmudeció, la voz no era la misma, definitivamente era ella, la culpable de su mal estado emocional.

-Pan… creí que eras otra persona- de nuevo se sentó. -¿Pasa algo con el bebé?- Inquirió preocupado, Pan solo le hablaba cuando era realmente importante.

-El bebé está bien, estamos bien- respondió, pareciéndole a Trunks que su voz se escuchaba como un dulce canto.

-¿Entonces?- Inquirió neutral, sin intención de escucharse severo. No supo por qué.

-Compré ramen del que te gusta mucho. Te hablaba para invitarte a cenar…- lo escuchó respirar, tal vez buscando las palabras para rechazarla, si lo hacía, no lo intentaría de nuevo. -Solo quiero que estemos en paz, ahora que se acerca el nacimiento, quiero que nuestro bebé nazca en un ambiente alegre, no en uno que es una mierda- agregó con la voz entrecortada en las últimas palabras. Le dolía mucho que sus hijos se vieran afectados por las actitudes de sus padres.

-¿No se molesta tu novio?

-No tengo ningún novio, el último fuiste tú- tragó saliva antes de responder casi en un susurro. -No pienso tener otro mientras te siga amando, sería injusto.


Fin del capítulo.

Sé que me he tardado mucho más de lo que planee cuando comencé a escribir esta historia, no contaba con lo complicado que sería llevarla a la par con otra y darles la misma importancia al mismo tiempo.

Se me complicará actualizar tan pronto, pues han comenzado las clases virtuales y debo estar con mi niña, enfocada en eso. Si me tardo, es por eso.

Muchas gracias por su comprensión y no dejen de poner su comentario, es muy valioso para mí, así me entero si todos mis desvelos valen la pena.

Cuídense mucho y nos leemos pronto.