—Flipkirn, por favor cambie estos aros, sé que le darán una gran cantidad de monedas por ellas —dijo la princesa que se la sacaba de sus brazos, levantándose las mangas de su vestido.

—Su majestad Lo... Marie, no sabía que tuviera aros —le dijo con curiosidad.

—Suelo colocármelas cerca de mi hombro... ya es cosa mía pequeña —respondió sonriente a su amiga.

Flipkirn tomó esos aros grandes y se dirigió a tratar de cambiarlo por monedas. Lolanord miraba como las personas de ese pueblo se dirigían dónde estaba el puente destruido para dar ayuda en lo que se pudiera.

Linkinton se dirigió a tomar una madera de las tantas que formaban un montículo al lado del río. Triptólemo fue con unos tipos a cortar y darle forma a la madera.

Luego algunos habitantes fueron a los bosques cercanos a conseguir más madera. Linkinton fue con ellos a cortar, desde que ha dejado el pueblo no toca alguna herramienta para trabajar.

Mientras ayudaba a talar árboles, los hombres y jóvenes conversaban sobre la mala suerte que tenían, siempre pasaba algo cuando arribaba alguien a sus tierras.

—Dios me perdone, pero... ¡Maldito sea el día cuando ese hombre pisa nuestras tierras! —se notaba demasiado molesto ese hombre.

—Lo sé, siempre tiene que ocurrir algo malo cuando él viene —dijo un muchacho mientras talaba.

Linkinton se llenó de curiosidad por saber a quién esas personas se referían. Realmente era más por parlar con aquellos habitantes, después de tanto viaje, quizás puede tener una conversación amena. Pero por ahora solo le tocaba concentrarse y ayudar a llevar madera al pueblo junto a los otros hombres y muchachos.

Flipkirn buscaba a esos hombres que cambiaban monedas por cosas exóticas y preciosas. Fue por casi todo el pueblo y lo encontró cerca de una taberna.

—¡Sorprendente! Estos aros no se los hacen a cualquier persona, ¿Acaso lo robasteis? —preguntó con cierta curiosidad y sorpresa ese hombre.

—Mientras menos sepáis, es mejor. ¿Cuánto me vais a dar por estas alhajas? —dijo con seriedad.

Sabe que con personas así es mejor guardas distancias... suelen ser muy codiciosas y no se cansaran en saber de dónde obtuviste aquello.

—Bueno... después de años que me traen algo parecido a aquello, solo podré daros unas doscientas monedas —dijo con serenidad.

Era suficiente para tener algo y poder estar en alguna posada por el momento, no podían estar más de tres días en ese pueblo. Flipkirn sabe que los de la Capa Negra no descansaran hasta saber que pasó con sus compañeros que perecieron en su hogar y encontrar a la princesa.

—Dame solo ciento cincuenta piezas y no dirás a nadie de donde obtuviste aquello, ¿Está bien? —le dijo con seriedad.

—Vale amigo —dijo el cambista de nariz grande como cierto vegetal.

Por otro lado, Deméter estaba frente al hombre que venía por hacer cumplir el trato de su señor con ella. Solo quería hacer su trabajo, aunque no iba negar que quería obtener algo de eso también.

—Bien Deméter, mi señor ha cambiado de parecer y necesita que usted os dé el total acordado más un cuarto —leía un pergamino con los nuevos puntos.

—Eso no era parte del trato —dijo muy molesta.

—Aún no he terminado de leeros vuestro nuevo acuerdo, además que si desea quedaros con vuestro retoño deberá cumplir lo anterior leído, además darle los secretos de la buena cosecha —dijo con una sonrisa maliciosa.

Deméter mostraba un gran enojo. Nunca hubiera pensado que aquel hombre que conocía hace años le hiciera aquello. Al comienzo ese tipo no quiso saber nada de su hija, pero ahora solo la usaba como excusa para obtener algo de ella.

—Largaos de aquí, si él no quiere cumplir con su parte del acuerdo, menos yo cumpliré con mi parte, puedes deciros que no le daré a mi hija. La agricultura es un arte que no se transmite a cualquier hombre o mujer —dijo eso mientras daba media vuelta.

El hombre la tomó de su brazo izquierdo e hizo que lo mire. Ella le dio una bofetada con su mano derecha. Esas acciones hicieron que sus rostros estuvieran más cerca.

—Tres días desde hoy para que tomes vuestra decisión, no es tan difícil. Pensadlo bien Deméter, solo debéis pensar con calma. Yo cumplo las órdenes de vuestro señor, lo sabes muy bien bella agricultora, vamos Hermes. Os doy la ventaja de que apareceré poco antes del anochecer —dijo Hades yéndose para realizar algunas cosas más.

Deméter se quedó pensando en cómo termino amando a ese hombre, tan solo fueron unos cinco años de conocerlo y enamorarse perdidamente de él por unas noches.

—¡Oh, Dios mío! No creo que llegue a la cantidad del acuerdo... ¡Maldito sea! —dijo muy enojada, sin querer asustó a su hija.

Fue donde ella para calmarla en sus brazos, la petisa criatura no tenía la culpa de que su padre fuera un hombre que sacaba provecho de las personas para ser un señor poderoso.

Lolanord fue a pedir posada en una gran morada. Pero le dijeron que no tenían aposentos libres hasta dentro de dos o tres días, casi lo que duraría construir el puente.

—El camino se torna más difícil —dijo la princesa Lolanord mientras salía de la morada con su pequeña amiga.

—Ánimo condesa, sería mejor esperar al señor Flipkirn —hablaba mientras desataba a su yegua.

—Tienes razón pequeña, mejor busquemos una sombra, este sol está empezando a molestarme —dijo con resignación.

Tiraron de Meredith y Benjamin para ir cerca de un árbol que estaba al lado de ese lugar. Lolanord estaba adolorida, la tela de los zuecos estaba desgastándose y dejándole adolorido sus pies.

Flipkirn divisó a lo lejos a Lilythod y a la princesa. Al llegar le dijo que le dieron ciento cincuenta monedas.

—Era lo menos que esperaba, no importa alquimista. Solo hay una cosa que debemos hacer en estos momentos, buscar una posada —dijo mientras montaba a Meredith.

Lilythod montó a Benjamin y Flipkirn montó a su mula llamada Persa. Fueron a buscar posada en cualquier lugar que hubiera.

—Muy bien, necesitamos alguien con conocimientos de herrería para poder forjar láminas de hierro y reforzar el nuevo puente, sé que el herrero vive en el próximo pueblo, pero alguien de vosotros debe tener algo de conocimiento, necesito que ayude en ello —se notaba que no había previsto aquello.

—Yo soy herrero —dijo Linkinton y alguien más.

Era un hombre que se acercaba al otoño de su vida y con un porte de gran tipo, definitivamente no era de ese pueblo como él. Eso dejó con asombro, era muy difícil saber de herreros porque usualmente vivían en las ciudades aledañas a los castillos y eran usualmente gente que estrechamente vinculada a la nobleza.

—Muy bien hombres, os dejo la labor de que forjar la capa de metal que llevará ahora el puente —lo dijo aquel hombre de gran bigote.

Luego de reunir la madera necesaria, todos estaban reunidos al lado del puente destruido. Fue en ese momento que necesitaban un hombre con conocimiento en la herrería, la fortuna les dispuso a Linkinton y a ese vetusto hombre.

—Disculpe señor, me presento, mi nombre es Link, es agradable conocer a un herrero —lo dijo con mucha cortesía.

—Se nota mucho que no pertenecéis a este país, muchacho. Perdonadme aquello, pero es extraño, rara vez veo personas que no son del país del Bosque Encantado. Me llamo Hephais y el placer es mío, chico —le respondió aquel hombre con porte de soldado y apariencia provecta.

El medio día ya había pasado y las labores para construir el nuevo puente no tenían un descanso, se habían propuesto a terminarlo en menos de tres días.

Linkinton y Hephais tuvieron que improvisar moldes tomando las medidas de las maderas y comenzaron a calentar varias láminas de hierro en una estructura parecida a una forja. Les tomó algo de tiempo, pero llegaron a calcular el tiempo y al sacarlo Hephais que era más experimentado comenzó a darle forma como si cincelara una piedra.

—Necesito disponer de comida, por lo menos cuando caminábamos por los bosques, pequeña Lily, tú conseguías bayas —no era la única que tenía hambre.

—Si ese es el caso, vosotras tenéis que entrar conmigo a la taberna, suelen preparar manjares que sorprenderán a vuestros paladares —les dijo el alquimista.

Siguieron a Flipkirn en dirección a una taberna donde se veía muchas personas, donde la mayoría eran hombres que llegaban de tierras del mismo país.

Se sentaron en una mesa algo cerca a las ventanas del lugar. Unos hombres contemplaron a la princesa por unos instantes. Era algo inusual ver a personas de un porte así en una taberna. Se notaba a leguas que era de la nobleza.

—Hoy hay pato, pavo y cerdo cocinados al horno junto con hogaza —dijo una mujer que se acercó a ellos con cortesía.

—Justo lo que necesitamos por el pesado día, tráiganos lo mejor, pero no exageréis, mi señora no puede dejar de verse esbelta —le dijo el alquimista a la mujer.

Eso la hizo reír, les dijo que se los traería enseguida. Además, que les iba a ofrecer vino de cortesía.

—No debéis actuar extrañas, se le nota más a usted y en el rostro condesa —Flipkirn le dio algo parecido a un regaño.

—Entiendo alquimista —después de todo sigue sorprendiéndose por el mundo.

Lilythod se daba cuenta que la princesa aún se sorprendía por ver el estilo de vida de las personas de pueblo. Tiene sentido, pues a pesar de que aprendió con los aldeanos, se da cuenta que no es todo y la vida es más que Woodsham junto con las fronteras del reino.

La comida que le trajeron no era la gran cosa, pero se notaba que le daban amor porque Lolanord no dejó de comer tales alimentos. Al salir de allí se fueron contentos. Tenían que esperar a Linkinton.

Comienza a anochecer y Lolanord junto a la niña y el alquimista están varados en medio de la plaza central de ese pequeño pueblo, al lado del pozo. No saben en qué sitio pasar la noche.

A lo lejos se ve a Linkinton caminando junto a Triptólemo. Se notaban algo cansados, pero satisfechos por los avances del nuevo puente.

—Buenas noches condesa, pequeña Lily y anciano Flips —lo dijo mientras tiraba de una carreta.

—Noble condesa, hermanita y Flips, buenas noches —dijo con una sonrisa el herrero.

Después de devolverles el saludo, les dijo que no habían encontrado posada, pero recordó donde pasaron la noche. Le iba a proponer algo al aprendiz de Deméter.

—Joven Triptólemo, como habrá visto no hemos conseguido un lugar donde pasar los días, podría usted decirle a su maestra si nos puede dar posada en su establo nuevamente, le pagaremos lo de una posada normal —se lo dijo con mucha educación y esperando convencerlo.

—No os preocupéis, ya me temía que esto os sucediera por lo del puente. Seguidme en el camino que voy a tomar para ir donde mi maestra Deméter —dijo eso mientras tiraba de su carreta.

—¿No desea que mi mula Persa tire de su carreta? —le ofreció por su amabilidad.

—Si no es mucha molestia —dijo mientras procedía a colocar a la mulita en su lugar, estaba agotado junto a Linkinton.

Y así todos tomaron un camino con algunos desniveles, pero que valía la pena porque en menos tiempo llegaron por la parte trasera del feudo de la agricultora Deméter.

Se veía que su maestra había prendido una fogata en su pequeña chimenea para calentar el frío ambiente nocturno que había en estos momentos en el pueblo de Agrum. Ella estaba sentada en el exterior, como si los esperara.

—Tenga muy buenas noches maestra, os traigo a los viajeros que acogió vuestra sabia persona, por favor ellos quieren que les acoja nuevamente, pero que esta vez os pagarán la posada, ¿Qué dice maestra? —lo dijo con sumo respeto.

Agregó que han estado buscando posada desde que se fueron de su feudo y agregó que el herrero estaba ayudando en la construcción del

Deméter lo pensó un poco, pero dio su veredicto, respondiendo a lo pedido por aquellos viajeros, pero les pidió algo a cambio.

—Requiero de la ayuda de todos vosotros excepto de Linkin por obvias razones, necesito recolectar mis granos y frutas. Solo necesito eso, sería como mi pago, ¿Estáis de acuerdo? Aunque usted, condesa, puede abstenerse de mi pedido y solo sus súbditos —dijo con seriedad y amabilidad—. Se quedarán lo que se restaure el puente y un poco más si es que lo desean, esto será casi tres días.

—No se preocupe Deméter, solo dígame como hacer aquello y la ayudaré —no quería quedar como alguien que solo da órdenes.

—De acuerdo, ¿Podríais pasar la noche estos días en el establo Triptólemo, para que la condesa pueda dormir en un aposento de mi morada? —se lo dijo con gentileza.

Le dijo que no se preocupe y que lo haría. Lolanord acompaño a sus súbditos a dejar sus equinos en el establo. Lolanord quería que Lilythod estuviera con ella, pero la pequeña le dijo que Deméter había hecho mucho. Le dio un abrazo y le dijo que se fuera a descansar porque atender una parcela no es fácil. Lo decía por experiencia propia.

Linkinton antes de descansar decidió darse un baño en un río que estaba tras el feudo. Necesitaba refrescarse y dormir bien para continuar con la labor en la que se comprometió de corazón.

Al estar en aquel lecho, no pudo evitar ver a Deméter actuar de manera cariñosa con su hija, le recordó a su madre cuando la mimaba junto a Alana. Pero de un momento a otro Deméter comenzó a sollozar con su bebé en brazos. Era algo repentino.

La mañana comenzaba de la mejor manera, Deméter antes de que los gallos canten ya alistaba todo para que le ayuden en sus parcelas. La parcela especial lo haría con Lolanord ya que necesitaba que solo se especialice en recolectar esas semillas y frutos. A los demás los mando a recolectar de su gran parcela zanahorias, patatas, coles y más vegetales.

Les dio hogazas hechas con las semillas de su feudo para no empezar con el estómago vacío ese arduo trabajo.

—Es necesario que aprendáis a tomar esta rama y cortar desde el tallo de donde salió para recién extraer las semillas —le indicaba mientras tomaba un cuchillo.

—Entendido maestra Deméter —dijo mientras lo hacía con cuidado.

—Con la práctica lo harás mucho más rápido, pero ahora quiero que atendáis como sacar el fruto de esta planta —dijo mostrándole otra de sus tantas plantas—. Tenéis que sacarla de raíz para luego extraer el fruto, porque si lo hace sin sacarlo, el fruto segrega antes de ser extraído del todo una sustancia que va hasta la raíz que arruina la tierra de cultivo

Le dio explicaciones más detalladas sobre como extraer la aquella planta. Se notaba que era una planta muy delicada. También sobre el cómo colocar las semillas y frutas en el mismo saco.

La princesa se dio cuenta que esa parcela alejada del resto era enorme para estar solitaria, también se miró las manos, pero era necesario por ser corteses y agradecidos.

Y comenzó con una parte de las semillas, Deméter estaba comenzando desde temprano con los frutos. No podías hacerlo muy rápido porque un mal cálculo y se arruinaban muchas semillas.

Linkinton fue al pueblo montado en Meredith, allí ya había hombres llevando y trayendo madera del bosque. Saludo cordialmente a los señores que le correspondieron esa acción.

Le pidieron que por ahora la trajera madera tallada del bosque como lo hizo el día anterior. Linkinton con una sonrisa se dirigió al bosque.

Al ir a recoger unos troncos se cruza con un hombre de armadura negra y porte alto, pero con un casco del mismo color. Pensó en primer lugar que era uno de los hombres de la Capa Negra, pero sin sentir temor. Se dio cuenta que aquel hombre no usaba capucha y capa, también de que iba con otro, pero de armadura plateada.

—Disculpe buen hombre —pidió permiso y se alejó con las maderas.

Hades le cedió el paso, sin embargo, lo dejó asombrado porque no tuvo reacción alguna al notar su presencia... como si no lo conociera, pero eso era absurdo se decía él.

Así fue hasta el mediodía donde iban a descansar para comer frutas y hogazas, tanto en el pueblo como en el feudo de Deméter.

Lilythod aprovecho ese momento para acicalar la crin de sus equinos y de la pequeña Persa, allí mismo charlaba con el alquimista.

—Señor Flipkirn, ¿Usted aún recuerda lo que dice en sus libros? —preguntó con curiosidad.

—Un hombre como yo tiene todo su conocimiento en su cabeza, jamás perdería mi conocimiento, aunque estuviera delirando —lo decía de forma altanera, pero decidió serle sincero a la niña—. Sabéis niña... todo lo que sé ha sido gracias a que no solo fueron momentos de puro aprendizaje, fueron momentos donde pasé buen tiempo con unas personas muy especiales, es por eso que nunca se me iría el conocimiento porque está ligado a unos sucesos muy agradables —se notaba muy sincero.

—Eso también me pasa a mí, aprender con la princesa Lolanord es alegre y se me queda en mi mente por mucho más tiempo —respondió de manera alegre al alquimista—. Yo también no olvidaré todo lo que aprendo para no olvidar a mi amiga princesa cuando nos separemos. Tampoco lo olvidaré a usted señor Flipkirn.

Eso le llegó al corazón del alquimista, le recordó a su hijo que había dicho algo similar en el pasado cuando se adentró en el mundo de él.

—Hay que disfrutar estos momentos, niña. Aprovecha en descansar que tenemos que volver a recolectar —dijo eso mientras se acostaba sobre el heno para comer la hogaza que les dio Deméter a ellos.

Deméter se sentó en un tronco que había en la entrada de su morada. Estaba con su bebé en brazos tratando de calmarla porque desde hace buen tiempo estaba llorando.

Lolanord estaba muy cansada, pensó que solo sería algo que solo le afectaría en sus manos, pero no era así... le dolía todo su cuerpo. Tener que sacar con cuidado las plantas y cortar con precisión las ramas... era agotador.

No toda cosecha salía buena debido a plagas o lluvias casuales o cualquier cosa que pusiera en peligro el producto de las cosechas, eso ya estaba fuera de las manos, así fuera la mejor agricultora.

—Disculpadme por estas molestias condesa Marie, pero es que necesito de vuestra ayuda en eso, las monedas no son tan necesarias en mi vida, vivo de lo que producen mis parcelas —no quería que sienta que la estaba forzando.

—D-Descuide... uno... se... debe acostumbrar —hablaba con cansancio y dolor.

—Os hubiese pedido que hagáis otra cosa, pero esto es muy necesario para estos días —agregó aquello para que comprenda un poco más.

Lolanord no estaba contenta por hacer aquello, pero era por la cortesía de aquella campesina que la motivaba y no darles más trabajo a sus amigos acompañantes.

Los trabajos del puente seguían su curso, al cruzar al otro lado del río fue un poco difícil porque la corriente era fuerte, se podía llevar a alguien enorme y pesado.

La distancia no era tan corta, se tenía que ser un buen nadador. Sin pensarlo Linkinton se propuso a ir con la cuerda para atarla al otro extremo.

Fueron horas para que alguien llegue, pero al final Linkinton pudo ya que la experiencia previa en rescatar a la princesa le hizo tener una noción sobre como afrontar la corriente sin que esta se lo pudiera llevar del todo. Claro que varios hombres sostenían la cuerda para que la corriente no se lo llevara del todo.

El herrero ató la cuerda al tronco de un árbol que estaba cerca del río y gracias a ello los demás hombres pasaron hacia el otro lado y comenzaron las construcciones de esa parte del puente.

Después de ello fue con Hephais a esa herrería que habían hecho para que ellos trabajen.

En ambos lados todos ponían su esfuerzo por hacer algo en el menor tiempo posible. Las personas del pueblo de Agrum eran corteses y algo amables.

Ya había anochecido en todo en el pueblo de Agrum, las estrellas se podían ver por muy joven que era la noche.

—El vendedor de hierbas queda en la siguiente casa —dijo una mujer a una muchacha joven.

—Grazie signorina —dijo la muchacha de cabello rubio oscuro eso con una sonrisa extraña.

El herrero de casualidad vio que la muchacha se fue riéndose mientras se llevaba algo que parecía no ser de ella.

Iba a decirle a la señora si se le había perdido algo, pero fue interrumpido por Triptólemo que le dijo para ir juntos al feudo de Deméter. Se olvidó por esos momentos lo que pasó.

Al llegar vio a su hermana atendiendo a las enseñanzas de la princesa, les dio el saludo respectivo a todos allí. Deméter estaba dentro de su morada atendiendo a su bebé. Flipkirn terminaba de observar una planta rara de esas parcelas.

Lolanord tuvo dificultades para levantarse por el agotamiento, pero procuró hacerlo sola. Lilythod se dio cuenta de eso.

Esa noche fue ligera porque todos se acostaron apenas llegaron y no hubo tanto de que charlar. Salvo Lilythod que le preguntaba todo a su hermano, eso le daba gracia a Flipkirn. Esta vez Triptólemo fue a su pequeña choza, donde vivía solo. Había ido donde su maestra para llevarle algo de ramas secas.

Lolanord escuchó a Deméter sollozar mientras trataba de hacer dormir a su bebé. Esos sollozos eran tan parecidos, pero ajenos.

La mañana llegó de imprevisto, un leve pestañeo fue algo que hizo pasar el tiempo tan rápido como un águila dirigiéndose donde su presa.

Linkinton despertó al mismo tiempo que Deméter y la ayudó a sacar sacos de su establo y granero.

—No se lo había dicho frente a frente, pero muchas gracias señora Deméter por acogernos en estos momentos, espero no ser una molestia —se lo dijo con mucha gratitud.

—También debo agradeceros por dar vuestra ayuda y también al pueblo en la construcción del nuevo puente, joven herrero —le respondió con el mismo tono.

Dejaron los sacos cerca de las parcelas y Linkinton fue al pueblo montado en su yegua que lo no ocultaba su alegría por ser escogida por su dueño y triste por dejar a su amigo de color oscuro allí en el establo.

La mañana fue la misma para todos. Todos se esforzaban por menguar el tiempo en sus respectivas actividades esforzándose mucho más.

En el feudo, esta vez Triptólemo ayudó a su maestra y a la condesa a recolectar las frutas y semillas.

Se notaba que Lolanord se esforzaba mucho, pero se tardaba mucho, pareciera que no tenía tantos motivos... era cierto.

Solo lo hacía por ser cortés, aunque era una buena acción no era lo suficiente como para que lo haga muy bien y a un ritmo constante.

Antes de que llegara el medio día, Lolanord terminó de sacar las semillas de toda una linea de las parcelas. Se sentía muy agotada. Un llanto le llamó la atención.

Deméter estaba llorando desconsolada de rodillas y removiendo la tierra con sus manos de impotencia.

Lolanord ya no podía ocultar su curiosidad por ello, necesitaba saber sobre esos llantos que le impedían dormir temprano.

—Condesa Marie... ¿Es usted de confianza? —le preguntó con tristeza.

Linkinton se fue al bosque a recoger ramas secas porque Hephais se encargaría de cincelar los pequeños moldes.

Al adentrarse en el bosque, comenzó a tomar las ramas que estaban en su camino y meterlas en un saco. Sin darse cuenta terminó en un lago.

—Muchacho, necesito hablaros sobre algo que me inquietó desde ayer —dijo el hombre de armadura oscura mientras acariciaba a sus tres canes.

Linkinton no entendía nada, pero se notaba algo extraño que un hombre que solo había visto quisiera hablar con él sobre... algo.

En lo que fue la morada de Flipkirn, los hombres de la Capa Negra que habían sobrevivido, no se habían tratado aún todas sus heridas y quemaduras. Se notaban muy iracundos.

La reina Lorian estaba rodeando el reino de las Amatistas con sus hombres, pero fue interceptada por guardias y jinetes de búsqueda que servían a la reina Lyndseyth.

Sir Dominick ya había partido con sus hombres con rumbo a las tierras de la reina Lynnser II, pero el camino no era nada fácil, aunque la reina Luaned le había proporcionado hombres para su resguardo.

—Mi padre no puede hacerle eso a mi esposo, no puedo permitir más esto, no puedo venir solo por visita y ver como acusan al rey de Fixin —le dijo con algo de enojo a su madre.

—Tú padre hace lo que un rey debe hacer —respondió sin prestarle la mínima atención.

Alana ya estaba en su límite, no iba a soportar que por habladurías de hombres de su padre acusen a su rey y al príncipe de Royalton.

Los jinetes del reino de Westerock se fueron con el permiso del rey Lynnser, pero ellos ya tenían planeado algo que causaría más peleas internas entre los reinos aliados...