Capítulo 19:
Estaba ahí. De pie, en el medio del Atrio, con la hilera de chimeneas que conectaban a la Red Flú a ambos lados. Usando la misma túnica negra con que aparecía en sus pesadillas. Exactamente igual que hace casi un año, en el cementerio de Pequeño Hangleton.
Lily se colocó delante de él, protegiéndolo con su cuerpo. No pudo hacer mucho para oponerse esta vez, porque estaba paralizado del miedo. Tanto por él, como por ella.
"Mi estimada Evans… ha pasado el tiempo desde nuestro último encuentro." Dijo Voldemort con la voz suave.
Su madre no movió ni un solo músculo. Si antes pensaba que se veía imperturbable cuando se enfrentó a Runcorn y Umbridge, ahora parecía una estatua.
"Y, por supuesto, también tenemos al pequeño Harry. Así está completa la visita familiar." Sus burlas no hacían más que aumentar la tensión. ¿Por qué el Atrio estaba tan vacío en ese momento? "¿Debo asumir que el pequeño Potter conoce las relaciones que nos unen?"
A Harry se le encogió al estómago. Era la primera vez que Voldemort hacía una referencia directa a su conexión íntima con James. Esa era la confirmación para aquella terrible revelación que su padre le había hecho hace meses atrás.
Su madre continuó ignorándolo. Harry no podía verle la cara, así que no sabía qué expresión tenía.
"Estuve con nuestro estimado James." Continuó el Señor Oscuro con su provocación. "No quedó muy… compuesto, luego de la reunión. Aunque últimamente ha sido así."
"¿Qué le hiciste a James?" farfulló Lily con frialdad.
Voldemort rió.
"Nada muy grave. Tú sabes que nunca podría hacerle daño… Tanto."
Un escalofrío viajó por su espina dorsal, erizando los cabellos de la nuca. ¡¿Qué rayos le había hecho ese desgraciado a su Papá?!
"¿Qué estás haciendo aquí?" siguió Lily con el interrogatorio, como si no hubiera oído la frase anterior.
Las burlas pararon. Aunque el mago oscuro conservaba esa sonrisa demoníaca.
"Vengo a terminar lo que quedó inconcluso la otra vez." Y Voldemort alzó la varita, preparándose para batirse.
Su madre lo empujó hacia atrás, obligándolo a retroceder unos dos metros de distancia. Harry se sorprendió momentáneamente por su fuerza.
"¡Quédate ahí, Harry!" Le ordenó Lily. Él no hizo nada por desobedecerle.
Nuevamente, el recuerdo de esa conversación lejana con su padre volvió a su cabeza. Cuando su padre le confesó que Voldemort iba a hacer lo imposible para dejarlo solo. Para alejarlo de todos sus seres queridos.
Estaba dispuesto a asesinarlos a ambos.
Lily juntó las palmas de sus manos y comenzó a recitar lo que parecía ser un conjuro en un idioma que él desconocía. Entonces, extendió la mano derecha en su dirección. De su palma corría un chorro de sangre.
"No te salgas de ese perímetro." Le insistió su madre.
"Ese sucio truco no te ayudará a mantenerlo alejado de mí." La molestó Voldemort. Su madre no le respondió, colocándose en posición de ataque. "Tampoco pudiste hacer mucho para proteger a ese engendro que llevabas en el vientre, ¿no?"
Harry se estremeció. Voldemort no tenía misericordia ni piedad con nadie.
Pero apenas si distinguió la sacudida de la varita que realizó el Señor Oscuro, y a esas 5 dagas que cayeron al suelo. Lily no iba a dejarse intimidar por ninguna de las cosas que Voldemort le dijera.
Ahora fue el turno del mago tenebroso de ponerse en posición de ataque.
"Las niñas buenas no desobedecen."
Harry vio a Lily ladear ligeramente la cabeza. Blandía fuertemente la varita con la mano derecha, y en la izquierda tenía 3 dagas pequeñas acomodadas entre los dedos.
"Soy una chica mala de todos modos." Y se encogió de hombros.
Fue como si la Red Flú hubiera explotado. Llamaradas de fuego verde abandonaron las chimeneas que conectaban la Red, avanzando por los pasillos del Atrio hacia ellos en dos columnas, esquivando hábilmente a Voldemort en el camino.
Lily dibujó un círculo gigante por encima de su cabeza con su varita. El agua de la fuente de los Hermanos Mágicos se levantó para protegerlos a ambos en una esfera acuática. El fuego chisporroteó cuando intentó traspasar la muralla de agua, pero finalmente no lo logró. Una vez que las llamas se replegaron y volvieron hacia las chimeneas, el agua cayó en amplios charcos sobre el piso de madera lustrada del vestíbulo institucional.
Harry sintió que se le mojaban los zapatos.
Sin darle tiempo a Voldemort para su siguiente ataque, su madre levantó ambas manos al aire, con la varita apuntando hacia el techo.
Un trueno resonó por todo el lugar, tan fuerte como si hubiera reventado sobre su cabeza. Harry se cubrió con los brazos, encogiéndose sobre sí mismo pero dejándose espacio suficiente para ver qué era lo que pasaba a continuación.
Un segundo trueno retumbó, y una tormenta se desató al interior del edificio pero no se veía ninguna nube o nada parecido, solo se apagaron las luces. En ese momento el viento comenzó a soplar, cada vez más fuerte. Papeles, volantes, formularios, pergaminos, sillas, mesas, y cualquier objeto suelto empezó a dar vueltas a la velocidad de un tornado.
Su madre estaba controlando la tormenta. Le temblaron los brazos que tenía extendidos en el aire y luego el temblor se fue extendiendo por todo el cuerpo. El pelo le revoloteaba furiosamente hacia todas direcciones, al igual que su capa corta.
Cuando Lily consideró que el tornado había alcanzado suficiente fuerza, se lo lanzó a Voldemort.
"Por Merlín, ¿cómo está haciendo eso?" oyó que gritaba la voz de Ron. Harry volteó el cuello, descubriendo que sus amigos se habían liberado del ojo vigilante de Moody, y estaban agazapados debajo del mostrador donde el mago encargado de seguridad inspeccionaba las varitas. Ahora, evidentemente, no había nadie.
"Debe estar controlando los hechizos de Mantenimiento, específicamente, los del clima." Balbuceó Hermione mientras trataba de afirmarse el cabello para que no le golpeara la cara.
Harry les hizo una sueña para que se quedaran ahí, y volvió a mirar el enfrentamiento entre su madre y Voldemort. El mago oscuro estaba a punto de ser lanzado hacia la pared contraria, pero al parecer había realizado algún tipo de hechizo para que sus pies permanecieran pegados, literalmente, al suelo. Además estaba concentrado en sortear todos los objetos que arrastraba el tornado y trataban de golpearlo.
"¡Mamá!" gritó al devolver la vista hacia su madre. A Lily le temblaban las rodillas y se le veía muy sobrepasada por mantener un hechizo tan grande. Aguantó un par de minutos más hasta que lo terminó. Se tambaleó, retrocediendo un par de pasos, agarrándose el pecho mientras respiraba con irregularidad. "¡Mamá, ¿estás bien?!" e intentó acercarse a ella.
Lily negó con la cabeza.
"No… no salgas… de ese perímetro…" Farfulló ella entre jadeos. Revolvió entre su manga izquierda, sacó un pequeño frasco, lo descorchó y se bebió el contenido de un sorbo.
Entonces se oyó un estremecimiento, pero esta vez, venía desde la tierra. Harry jamás había vivido un terremoto ni nada parecido, pero estaba seguro que debía sentirse así, con ese ruido y el movimiento que apenas podía mantenerlo en pie.
De alguna forma, Voldemort estaba sacudiendo la tierra.
Pocas cosas cayeron desde los pisos superiores, porque ya habían sido arrasadas por el tornado de Lily, pero debido a la constante y estridente vibración, todos los vidrios de las ventanas de las oficinas se reventaron en un estruendo.
"¡Harry, CUIDADO!"
Lo único que Harry sintió fue que su madre lo lanzaba al suelo mojado, y ella se tiraba encima de él, abrazándolo y cubriéndole la cabeza, al mismo tiempo que murmuraba algún hechizo para detener los millones de trozo de vidrio que caían como lluvia.
Harry escuchaba cómo se estrellaba el vidrio contra el suelo, provocando un ruido ensordecedor, como si miles de copas de cristal se rompieran al mismo tiempo. Su madre se estremecía y reprimía algunos gemidos de dolor. Harry también sentía uno que otro corte que le rasgaba la piel y la ropa. Los grititos de Hermione también retumbaban en sus oídos.
Pasó alrededor de un minuto hasta que el silencio volvió a instalarse en el lugar. Se incorporó en un instante. Su madre tenía rasmillones y cortes en la cara y las manos, además de la ropa rasgada y con salpicaduras de sangre. Su atuendo, antes impoluto y blanco, ahora estaba hecho un desastre.
"¿Harry, estás bien…?"
Pero Lily no alcanzó a terminar la pregunta porque Voldemort se apareció a su espalda y la jaló del cabello, arrastrándola por el suelo.
"¡MAMÁ!" Harry se puso de pie de un salto, sacando la varita y dispuesto a echarle un maleficio encima al mago más tenebroso de los últimos cien años. Antes que terminara de decidirse, Lily rodó sobre sí misma, de cara al suelo, y frenó la intención de Voldermort de arrastrarla quizás hasta dónde.
Se colocó de pie, pero el mago cerró esa mano de largos dedos blancos, como una araña, alrededor de su garganta.
"¡Mamá, no!" pero ella le hizo una seña para que no avanzara. Era obstusa con su orden y Harry rechinó los dientes, pero entendía su razón.
Voldemort sacudió a su madre como si se tratase de una muñeca, mientras la estrangulaba con un poco más de fuerza. Las puntas de los pies de la pelirroja apenas si rozaban el suelo.
"Deberías sentirte… orgullosa… del desplante de magia que has demostrado hoy." La volvió a zarandear. Lily trataba de arañarle el brazo con el cual la estaba estrangulando para liberarse, pero todo su esfuerzo era en vano. "Pero… no es justo que una sangresucia inmunda como tú tenga estas habilidades y esta capacidad." Musitó Voldemort con cara de asco al tenerla tan cerca. Su madre estaba boqueando y haciendo un esfuerzo.
"No mereces ser una bruja."
"Y ciertamente, no mereces estar viva."
Harry cerró los dedos tan fuerte alrededor de la varita, que se enterró las uñas en la palma de la mano. Estaba colérico y enrabiado por lo que estaba viendo. Ya no tenía miedo, y si ese maldito no soltaba a su madre, estaba dispuesto a lanzarle un Cruciatus. Incluso, estaba dispuesto a asesinarlo.
"Ayñ-" Su madre dejó de sacudirse. A Harry se le detuvo un corazón. "Tú sabes que no se trata de eso, Voldy."
Y lo que hizo Lily a continuación fue una de las cosas más increíbles que le vio hacer en el transcurso de esa noche, incluso teniendo en consideración la alucinante batalla de magia que habían librado.
La pelirroja flexionó las rodillas, levantando las piernas, y apoyando las plantas de los pies en los hombros del mago. Ante la mitad estupefacta y mitad aterrorizada mirada de Voldemort, la bruja se dio el impulso estirando las piernas, dando una voltereta sobre sí misma, para caer en el suelo con una rodilla hincada en el piso y la otra flexionada para apoyarse.
Se desapareció, y se apareció en el aire, justo detrás de Voldemort.
Con ambas manos le enterró una daga en el omóplato derecho. Antes de caer al suelo, se volvió a desaparecer y apareció nuevamente delante del mago, viéndolo cómo se le desfiguraba el rostro ante el dolor.
"No me pareces muy inmortal ahora." jadeó la bruja por el esfuerzo. Voldemort estaba iracundo por lo que le había hecho.
"Voy a matarte aquí y ahora, ¿lo has entendido?"
Harry estaba tan ensimismado y asombrado al mismo tiempo, que no se dio cuenta del siseo sibilante hasta que Hermione, quien continuaba debajo del mostrador, le gritó.
"¡Harry, a tu espalda!"
Se giró, para encontrarse de bruces con una enorme serpiente que iba reptando hacia él. Estaba seguro que era la misma serpiente que había estado en el cementerio.
Nagini.
"Detente." Le dijo en pársel. La serpiente parpadeó un segundo, al parecer sorprendida de que el humano pudiera hablar su idioma, pero continuó avanzando.
"Tú no eres él. No tengo por qué seguir tus órdenes."
Harry trastrabilló mientras retrocedía. Siguió ordenándole a la serpiente que se detuviera, pese a su negativa anterior. Tampoco sabía exactamente cómo domar una serpiente mágica para que le hiciera caso.
"¡Harry!" bramó su madre al ver que Nagini intentaba atacarlo. Ese medio segundo de distracción fue fatal para Lily.
"Expelliarmus." Gritó Voldemort, y la bruja pelirroja fue lanzada contra la fuente de los Hermanos Mágicos. Voldemort hechizó a la estatua dorada del mago para que se moviera y enroscara sus brazos de metal alrededor del cuerpo de su madre. Aprovechó el instante para quitarle la varita.
"Bien, bien… Parece que aquí se acaba el juego." Empezó el mago oscuro, más que satisfecho. "Así es como debieras estar siempre. Sujeta por un hombre que te controle."
Lily iba a gritar pero Voldemort le lanzó un Silencius.
Por su lado, Harry tenía sus propios problemas, porque Nagini estaba empezando a rodearlo.
"Basta."
Nagini alzó la cabeza. Harry miró para todos lados, porque Voldemort estaba demasiado ocupado con su madre como para hablarle a la serpiente. No, no había sido él.
James Potter apareció caminando por un pasillo lateral. Su aspecto era alarmante; estaba muy pálido, con la ropa húmeda. Unas gruesas vendas, manchadas de sangre, le rodeaban el pecho.
Pero pese a su aspecto, Harry se sintió increíblemente protegido de solo verlo llegar.
Estaba tan aliviado y sorprendido que no reparó en el hecho que era la primera vez que escuchaba a su padre hablar en pársel.
Acababa de aterrizar junto al faro. Continuaba lloviendo como si tiraran baldes de agua, y el caos estaba empezando a aminorar. Ante la huida del Innombrable –aún no podía llamarlo por su nombre, qué ridícula– la mayoría de los mortífagos lo siguieron. Los que permanecían eran aquellos mortífagos que se habían quedado enfrascados en alguna batalla con los Aurores o los miembros de la Orden, pero no tardarían en ser capturados.
La playa era un hervidero de magos y brujas caídos, siendo auxiliados por sanadores de San Mungo. Alguien gritó que el Innombrable –rayos, otra vez– estaba atacando el Ministerio, y reclutó a quienes permanecían en pie para continuar la pelea, pero pocos respondieron el llamado.
Tonks sentía que el ataque de pánico se iba a desatar en su pecho en cualquier momento. Estaba tan mojada como si hubiera salido de la ducha, y a donde sea que mirara veía compañeros y conocidos heridos, e incluso muertos. Logró ver a Dawlish aturdiendo a Rabastan Lestrange, el que estaba pálido como un papel tras haber caído al mar gélido. Sorprendentemente, el demacrado mortífago seguía vivo después de esa caída mortal desde la Sección de Alta Seguridad.
Alejado del gentío, Lupin estaba arrodillado junto a un también pálido Sirius. Estaba completamente empapado, con el cabello pegado a la cara, y empezando a temblar. La escoba tirada a su lado era la prueba irrefutable de que se había metido al agua para sacar a Sirius. No podía procesar cómo es que Lupin lo había encontrado entre las olas bravas.
Tonks jamás había visto esa expresión de terror absoluto en Lupin. Recorría el cuerpo de Sirius con una mano, mientras con la otra sostenía la varita, tratando de tirar algo de aire caliente sobre el cuerpo gélido. Entonces, sus manos se detuvieron en su corazón. Colocó una sobre la otra, mientras le hacía un masaje cardíaco, a un ritmo firme y constante.
Ella misma llevó la cuenta.
1, 2, 3, 4... Hasta llegar a 30.
Remus se inclinó sobre su nariz, atento, esperando escuchar algo. Pero parecía que Sirius no emitía ningún sonido. Entonces lo vio apretarle la nariz y cogerle la barbilla, mientras colocaba sus labios sobre los de Sirius.
Un estremecimiento recorrió al licántropo, tal vez al percatarse de lo helado que estaba su amigo. Pero lo que más la colocaba a ella en shock, en conjunto con la escena, era la delicadeza y la naturalidad con la que Lupin juntaba sus labios con los de Sirius para darle respiración boca a boca. Como si lo hubiera hecho antes...
"Por favor, Sirius..." Susurró con los ojos bañados en lágrimas, mientras volvía a ejercer la presión sobre su esternón. "Por favor, despierta, Sirius..." 30 veces más, y de nuevo le daba respiración boca a boca. Nada pasaba.
El corazón de Tonks, que no había dejado de estar apretado desde que lo vio caer de la torre, se resquebrajó ante lo que veían sus ojos.
"Por favor, Sirius, despierta, no me dejes... Por favor…"
Sin darse cuenta, sus pasos la habían acercado junto a los dos amigos. Se arrodilló al otro lado de Sirius, y le tomó una mano. Helado. Sus dedos índice y del corazón buscaron el pulso en su muñeca… sin encontrar ningún signo vital.
Remus no había reparado en su presencia. Las lágrimas se deslizaban por sus mejillas curtidas, y con restos de suciedad por la pelea. Era demasiado doloroso mirarlo.
Devolvió la vista a su primo. La expresión de calma en su rostro era una pequeñísima recompensa ante… ante…
Sirius siempre había sido guapo. Tenía la nariz fina y alargada. Los pómulos ligeramente marcados, mucho menos marcados que cuando lo había conocido. Los labios delgados. Los ojos grises, salvajes, divertidos, bravos, insolentes, valientes.
Valiente. Siempre lo recordaría con esa palabra.
Le quitó un par de mechones de largo cabello azulado de la cara.
Alzó la mirada hacia Lupin. La figura del antiguo profesor de Hogwarts estaba borrosa y empañada. Recién ahí se percató que estaba llorando.
"Remus, él…"
"No."
"Remus…"
"No digas nada."
"Remus, por favor…" se le escapó un sollozo desde lo más hondo de la garganta. Pero tampoco necesitó decir nada más, porque Lupin lo tenía tan claro como ella, pese a sus negativas.
Cogió a Sirius entre sus brazos, recostándolo sobre su regazo, acomodándole la cabeza mojada en el hueco entre su cuello y su hombro. Remus le peinó el cabello largo hacia atrás, y le dio un beso casto en la frente. Acto seguido, comenzó a llorar.
Tonks no pudo hacer nada más que quedarse ahí, sentada sobre sus talones en la arena negra de la playa, observando el cuadro que completaban ambos hombres.
Llorando por la muerte de Sirius Black.
"Detente ahora, voltea y aléjate del chico." Mandató James. La serpiente se levantó, contoneándose hacia los lados.
"Otro hombre blanco. Tú tampoco eres mi amo."
Ante toda respuesta, su padre sacudió la varita y lanzó un chorro de fuego. Golpeó a la serpiente, quien se dobló en dos, pero se alzó de nuevo iracunda, dispuesta a atacarlos.
"¡No!"
Nagini fue encerrada en una especie de burbuja, la cual flotó hasta posicionarse detrás de Voldemort.
"Reducto." Murmuró James en dirección a la estatua del mago, la cual se hizo trizas saltando pedazos en todas direcciones. Su madre aterrizó en el piso, y se desapareció, para aparacer al lado de James. Sus dos padres le dieron la espalda, en una indudable postura de protección.
"Tomaste tu tiempo." Fue lo único que murmuró Lily a James, sin despegar los ojos de Voldemort. Lo miró de reojo para verificar su estado, dado que las vendas no le habían pasado inadvertidas.
Su padre cuadró los hombros.
"Tenía cosas de las que ocuparme."
Entonces ambos, uno al lado del otro, se colocaron en posición de ataque, de una manera tal que parecían tener cubiertos todos los flancos.
Voldemort no se veía tan contento ahora. Es más, parecía que ese ataque a Nagini lo había encolerizado más que nada.
"Ustedes dos juntos son una abominación."
James bufó.
"Ya te he escuchado suficiente por una noche, ahora cállate y pelea." Le provocó. El mago oscuro sonrió ligeramente.
"Nunca serán capaces de derrotarme."
"No, pero siempre lo vamos a intentar." Masculló Lily. "Hasta que lo logremos."
Voldemort lanzó una risotada fría y sin gracia. Reverberó por todo el Atrio destruido. A Harry se le erizaron todos los vellos del cuerpo, y casi saltó cuando una mano lo agarró del hombro. Se dio vuelta, descubriendo que Ron y Hermione habían salido de su refugio y estaban agazapados junto a él.
"Ya lo veremos." Y sin más, el Señor Tenebroso se desapareció junto a la serpiente.
Los cinco se quedaron en sus posiciones por unos minutos, sin moverse. Hasta que comenzó a oírse el murmullo general de gente que estaba llegando al Ministerio, entre ellos, el director de Hogwarts en persona.
Pero Harry no le pudo haber dado menos atención a Dumbledore, porque en ese instante vio el cuerpo de su padre estremecerse y caer de rodillas.
"¿Qué demonios te hizo ese malnacido?" farfulló su madre, arrodillada junto a James. Éste se llevó una mano al pecho. Las vendas estaban teñidas de rojo.
"Ya sabes, un pequeño escarmiento…" dijo, quitándole importancia. Pero estaba más pálido que antes, si eso era posible, y sus manos bañadas de sangre no tranquilizaban a nadie.
"Deben ir a San Mungo ahora, rápido."
Harry alzó la cabeza ante la orden de Dumbledore. Tenía una expresión indescifrable en el rostro. Quizás porque se habían librado dos batallas grandes en frentes importantes, y no había sido partícipe de ninguno.
"Ya iremos. A propósito, Fudge y Umbridge…" empezó su madre, tratando de colocar a James de pie. Harry atinó, y se colocó por el otro lado, acomodando el brazo derecho de su padre encima de los hombros.
"Estoy enterado de la situación, tranquila. Voy a ocuparme de eso ahora mismo." Masculló Dumbledore. "Creo que será mejor que el señor Weasley y la señorita Granger se queden conmigo, para que podamos volver a Hogwarts cuanto antes."
Harry miró a sus amigos, quienes asintieron sin chistar.
"Cuídate, Harry." Se despidió Hermione.
"Ustedes también."
"Vamos, Harry, tenemos que ir andando." Le apremió su madre, y él obedeció sin chistar.
"¿Azkaban?" les preguntó una sanadora regordeta, cuyo grueso cabello estaba recogido en un tomate apresurado.
Asintieron ambas al mismo tiempo.
"Por aquí, rápido, rápido." La sanadora las guió por unos amplios pasillos de la cuarta planta del Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. Sanadores corrían de un lado hacia el otro atendiendo a los heridos de la Batalla de Azkaban, haciendo espacio a los que venían llegando, y conjurando camas y camillas para dejarlos.
Tonks asintió apenas. Estaba cargando a Desdémona arriba de la espalda y empezaba a faltarle el aire. La sanadora las condujo hacia una camilla vacía, en la cual Tonks depositó cuidadosamente a su compañera.
"¿Qué es lo que tiene?" preguntó la sanadora una vez que hubo acomodado a la auror.
"Fractura de tobillo." Contestó Desdémona. La sanadora asintió, tomando como una buena señal el hecho de que la afectada respondiera por su propia cuenta.
"Ok. ¿Y tú?" añadió la medimaga, dirigiéndose hacia Tonks. Ésta negó con la cabeza.
"Por mí no se preocupe." La sanadora arqueó una ceja ante su terrible aspecto, pero no dijo nada, marchándose a buscar la poción Crecehuesos.
"Gracias por traerme, Tonks." Musitó su compañera con la voz queda, una vez que quedaron solas.
"No hay de qué. ¿Te duele mucho?" cuestionó, mirando de forma ausente hacia todos lados esperando ver aparecer a la sanadora que acababa de irse. El estado de alerta no se le bajaba.
"Es soportable." Añadió la chica, y Tonks se detuvo un segundo para contemplarla. Por supuesto que eso no era todo. Su amiga tenía las señales inequívocas de que había estado en una batalla infernal. Tenía la ropa mojada, como todos los que venían desde el mar del Norte, y expresión de shock.
A Tonks le dolía la espalda y empezaba a sentirse muy cansada. También estaba mojada, casi estilando la ropa, y pesaba. Sentía que iba a apagarse en cualquier momento, desvaneciéndose.
"Será mejor que tomes uno de estos…" sacó su saquito de terciopelo, lo abrió y cogió uno de los pequeños caramelos. Se lo alcanzó a Desdémona, quien se lo tragó sin preguntar.
Alrededor, los heridos continuaban llegando a montones. Vio a su amiga sucumbir ante el efecto relajante del caramelo, aflojando su postura.
"Tú también deberías tomar uno." Le dijo ella con el rostro adormilado.
Tonks se negó. No quería estar relajada, ni mucho menos dopada. Sirius merecía que se mantuviera alerta todavía…
"Deberías ir a ver cómo está Swire. Oí que está en la sala contigua."
"¿Estás segura?"
"Sí, sí. No te preocupes por mí. Ahora estaré bien." Le guiñó un ojo. "Me quedaré aquí tranquila esperando que regrese la sanadora con la poción Crecehuesos. Ve, anda sin cuidado."
No necesitó más presiones. Caminó entre ese horror vívido, entre magos y brujas que sufrían por sus heridas, emitiendo alaridos y gemidos de dolor. Divisó a Michael Swire recostado en una camilla. Se le veía un poco pálido, pero por lo demás estaba bien. O físicamente parecía verse bien.
"Hey." Lo llamó al llegar a su lado. El rostro de su compañero se iluminó súbitamente al verla.
"¡Tonks! Por Merlín, ¿estás bien? ¿Y los demás? ¿Quién se quedó en Azkaban—"
"Shh, tranquilo Swire. Estamos…" No podía pronunciar la palabra 'bien'. Eso porque, definitivamente, ella no estaba bien. No después de lo que acababa de presenciar en la playa. "No me ha pasado nada." Mentira. "Traje a Desdémona que se ha quebrado el tobillo. Está en la otra sala."
Se calló. Su voz sonaba extraña, como si no fuera suya.
Al oír que ambas estaban bien y sin grandes heridas, el jover auror se relajó, pero continuó estando alerta. Tonks se percató que se movía muy poco y estaba muy tieso, con el torso rígido. La maldición de Lucius Malfoy lo había golpeado directamente en el pecho; era un milagro que estuviera despierto, y aparentemente bien, o al menos consciente.
"Trajeron a Mills. Le quitaron todos los huesos de una pierna." Le comentó Michael. Hizo un gesto de desagrado. Pobre Mills, iba a sufrir un infierno mientras le crecían los huesos.
Pero al menos está vivo, se cruzó el pensamiento por su cabeza.
Oh.
"… y me dijo que te vio pelear y eras, simplemente increíble, Tonks. Mencionó que hacías unos movimientos… ¿dónde aprendiste a hacer todo eso?"
Tonks sólo suspiró. Estaba demasiado agotada, y no tenía ninguna ganas de hablar.
"Me alegra que estés bien, Swire. Ahora voy… Iré a buscar…"
Pero no necesitó inventar ninguna excusa, porque en ese momento hubo un revuelo en el pasillo afuera de la sala. Los pacientes que estaban despiertos comenzaron a murmurar.
Le bastó oír el nombre "Potter" entre el barullo para moverse hacia la fuente del caos.
En una sala aislada, Lily y Harry cargaban a un muy mal herido James. Un sanador de mediana edad, quien no parecía estar impresionado ni mucho menos emocionado por estar atendiendo a semejantes figuras, les indicaba que lo recostaran en una camilla para examinarlo.
Los tres tenían muy mal aspecto, pero le llamó la atención que Harry estuviera ahí, ni más ni menos que con el uniforme de Hogwarts incluido. ¿Qué rayos había pasado en el Ministerio?
"¿Qué clase de maldición usaron?"
"Un Diffindo" El sanador frunció el ceño. Un Diffindo normal no provocaría ese nivel de daño. A menos que…
"Fue Voldemort." Dijo Lily sin consideraciones. El sanador hizo esa pequeña mueca de dolor que hacían todos los que oían el nombre del Innombrable, y comenzó a trabajar rápidamente. Le quitaron toda la ropa empapada, de sangre y por la lluvia, y el medimago conjuró un par de hechizos sobre James.
Éste soportaba el tratamiento sin mover un músculo, y Lily compartía su estoicismo. Pero Harry, quien permanecía al lado de su madre pero ligeramente apartado, tenía la preocupación y el miedo grabados en su rostro.
"Hay algo…" dijo el sanador luego de un par de minutos. "No me deja cerrar la herida con magia."
"Pff. No sé por qué no me sorprende." Dijo James con hastío, mientras Harry hacía un movimiento involuntario.
"Tendrá que ser de la otra forma. Iré a buscar un ungüento y pociones para desinfectar."
Y el sanador se fue trotando. En ese momento, Tonks quedó al descubierto.
Lily suavizó su expresión al verla.
"Hey, Tonks…"
Pero James pareció haberlo recordado todo.
"Tonks, ¿dónde está Sirius?"
Se quedó de una pieza. No supo qué responder.
Harry avanzó, desviando la mirada entre ella y su padre.
"¿Le pasó algo a Sirius?" preguntó. La súbita amabilidad de Lily mutó a una intensa preocupación.
"James, ¿qué le pasó a Sirius?"
Pero James sólo tenía ojos para ella. Esa mirada abrumadora que siempre la hacía sentir un poco ahogada, ante la desolación que solían transmitir.
¿Por qué le tocaba a ella esa tarea?
Se le cerró la garganta, no pudiendo decir una palabra. Lo único que pudo hacer fue negar con la cabeza, escondiendo el mentón hacia abajo para que no la vieran derramar esas nuevas lágrimas.
"Tengo que ir a verlo." Dictaminó James, e hizo el ademán de levantarse de la camilla.
Lily y Harry saltaron de inmediato.
"¡Papá, No!"
"¡Detente, James! ¿Dónde crees que vas?" Lily lo agarró de los hombros y lo presionó contra la camilla. "¿Qué le pasó a Sirius, James? ¿James?" había una pizca de desesperación en la voz de la pelirroja.
Mientras su prometido sólo peleaba para salir de la camilla.
"¡Suéltame, Lily! ¡Tengo que ir! ¡Tengo que ver cómo está Sirius!"
"¡No te vayas, Papá! ¡Por favor!" ante la súplica del muchacho, James pareció reaccionar. Harry estaba muy asustado, y la enajenación de su padre no ayudaba a tranquilizarlo.
"Tonks… ¿qué le pasó a Sirius?" musitó Lily una vez, al darse cuenta que James no iba a contarle nada.
Alzó la vista, y vio la figura blanca coronada de rojo emborronada por las lágrimas. De nuevo no pudo decir nada.
Pero para su fortuna, como una aparición divina, en ese momento Remus entró por la puerta.
"¡Remus, hermano mío!" exclamó James al verlo. "¿Dónde está Sirius?"
El rostro de Lupin estaba tan roto como antes.
"Intenté… hacer todo lo posible. Lo siento."
Ese fue el minuto de silencio más desgarrador que sintió en su vida.
Comentarios:
Hola, ¿cómo están? Ha pasado el tiempo, pero obvio que nunca me olvido. Ya tenemos capítulo 19, y la historia continúa. Creo que aquí confirmé algo que muchos no querían que pasara, pero lo lamento, esto estaba previsto desde hace tiempo Tenía que ser así para que siguiera desarrollándose la historia.
A pesar de eso, espero que les guste el capítulo. En cuanto al capítulo 20, ya lo empecé a escribir, así que una vez más, espero que salga pronto. Pero uno siempre espera muchas cosas buenas y de ahí a que pasen…
En fin. Cuenten ustedes cómo siguen con este tema de la pandemia, que ha durado bastante.
Un abrazo para todos.
Saludos!
Nr.-
