¡YAHOI! Cada vez más tarde, ains, lo siento mucho. Pero al menos cumplo... ¿no?
Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
¡Espero que os guste!
Prompt de hoy: policíaco.
Lo tenemos
El sonido de una llamada entrante en el teléfono móvil lo hizo gruñir y revolverse en el estrecho sofá de la sala de descanso de la comisaría. Estiró el brazo para contestar y el movimiento hizo que toda su espalda se resintiera.
―¿Diga?―Era su compañero y mejor amigo, Sasuke Uchiha. Bostezó mientras se sentaba y se rascaba la barbilla, notando la barba crecida. Debería afeitarse, Hinata siempre decía que afeitado estaba más guapo…
Sacudió la cabeza y se esforzó en centrarse en la conversación telefónica con Sasuke.
―Dobe, no estás en casa. ¿Has vuelto a dormir en la oficina?―Gruñó y se pasó la mano por el pelo.
―Sí, estuve repasando las líneas de tiempo. Ese cabrón no va a irse de rositas, Sasuke, no mientras yo siga respirando. ―Oyó el suspiro de su amigo al otro lado de la línea.
―No fue culpa tuya, dobe. Solo fue mala suerte. Ya sabes: momento equivocado y lugar equivocado-
―No, no es cierto: yo debería haber estado ahí, con ella. Si no me hubiese retrasado… si no hubiese pospuesto por enésima vez nuestra cita…
―No, Naruto, no. No puedes pensar así.
―¡Y una mierda que no! ¡Ese cabrón sabía a por quién iba! ¡Sabía que Hinata es mi prometida! ¡Sabía que seguramente yo me retrasaría… ―Hundió el rostro en su mano, temblando de ira, de tristeza y de frustración.
―¿Has ido a verla?―Naruto se encogió.
―No desde… desde que la operaron para sacarle… ―Se mareó con solo recordar aquel momento: su novia, su preciosa novia tirada en el suelo, sangrando profusamente, yéndosele la vida mientras yacía inerte en sus brazos, desmayada por el dolor y el desconcierto.
La ambulancia había tardado demasiado, a su parecer, y el viaje al hospital una eternidad, apretando su pequeña mano entre las suyas, aguantando las lágrimas estoicamente para ser la roca que ella necesitaba, para decirle que él estaba ahí y no permitiría que la muerte se la llevara.
No tan pronto. No antes de que a él mismo le llegara la hora.
―Eres un idiota. ―Naruto no se lo rebatió: era el mayor idiota entre los idiotas.
―No creo que su familia me quiera allí, Sasuke. Soy el capullo que la apartó de ellos y que la puso en peligro más veces de las que puedo contar…
―Eso no es tu culpa. Son… gajes del oficio. Tratar con delincuentes chalados tiene sus riesgos.
―¡Para mí sí, pero no debería ser así para ella!
―Sabes que no funciona así…
―¡Lo sé, maldita sea, joder si lo sé!
―Ella lo aceptó, te aceptó. Y te ha aguantado todos estos años, y mira que no es fácil cargar contigo, si lo sabré yo. Se merece que vayas a verla y estés allí con ella. ―Naruto sintió que las lágrimas le anegaban los ojos.
―No puedo, Sasuke… no puedo… no puedo verla tumbada en una cama de hospital, dependiendo de una máquina para respirar… ¿Qué harías tú en mi lugar? ¿Si fuese Sakura…
―Ya. Te entendí. Estás jodido.
―Lo sé.
―Date una ducha al menos, ¿vale? Y come algo. No vaya a ser que acabes tú también en urgencias. Era lo que nos faltaba… ―Naruto sintió que las comisuras de sus labios le tiraban en una leve sonrisa.
―Lo haré, teme. Gracias por llamar. ―Un gruñido de asentimiento fue la despedida de Sasuke. Colgó el móvil y suspiró temblorosamente.
Rebuscó en su chaqueta de traje barata hasta dar con la cartera y sacarla del bolsillo. La abrió y sacó una pequeña fotografía en la que aparecía el rostro femenino más hermoso que él conocía.
Orbes perlados, cabello negro azulado liso y largo, negras pestañas, piel blanca―y suave―y labios rosados y carnosos, sensuales, que dibujaban la sonrisa más bonita del mundo.
Se llevó aquella fotografía a los labios, imaginándose que besaba directamente su frente y no una simple imagen plasmada en papel.
Guardó la instantánea de nuevo en la cartera y luego se puso en pie, decisión mostrándose en toda su cara.
Iba a encontrar al malnacido que había puesto a la mujer que amaba en el limbo entre la vida y la muerte.
Un asesino en serie al que perseguía desde hacía seis meses, un bastardo que disfrutaba con el sufrimiento de sus víctimas y de los familiares, especialmente de estos últimos.
Se lavó la cara en el lavabo y se alisó la camisa y los pantalones arrugados. Luego se hizo un café y se lo bebió a sorbos mientras se dejaba caer como un fardo sobre su silla. Algunos de sus compañeros empezaban a llegar al trabajo, y lo saludaron con un movimiento de cabeza. Agradeció que ninguno le diera sus condolencias o quisiera hablar de lo sucedido. Todos comprendían que necesitaba su espacio, tener la mente clara para poder cazar al desgraciado que había puesto toda su vida patas arriba.
Repasó los testimonios de los testigos, las fotos de las cámaras del lugar, las de los móviles de los turistas que pululaban por la zona… Nada, el muy maldito debía conocer muy bien la zona, debía haber estado vigilando, esperando el momento oportuno. No era un secreto que él y su prometida solían ir a comer al mismo sitio casi todos los días.
Tenía que pensar diferente a cómo solía, debía encontrar una fisura en el caso…
Puso todas las carpetas del caso en orden cronológico, desde el primer crimen hasta el último, hasta el de… Hinata. Tragó saliva y empezó a leer los informes, una y otra y otra vez. Tenía que haber algo… algún detalle que se le debía haber escapado en su momento.
¡Maldita sea, si tan solo hubiese podido atrapar antes a ese canalla sin escrúpulos…
Se frotó los ojos, cansado. Se levantó y fue a prepararse otro café. Tal vez iría a darse una vuelta por los lugares de los crímenes, a ver si encontraba la pieza que faltaba…
―Uzumaki―se giró hacia uno de sus compañeros detectives, que le tendía un informe―, es de balística. Al parecer, en un segundo análisis dieron con una huella parcial de un nudillo en la parte trasera de la bala. ―Naruto le arrancó los papeles de las manos y leyó las palabras como sin creérselo.
Se apresuró hacia su mesa y escaneó la fotografía de esa huella, metiéndola posteriormente en el programa de reconocimiento de huellas.
―Vamos, vamos, venga… ―Le dio tres resultados posibles y anotó los nombres en su libreta. Hizo una búsqueda rápida en la base de datos de la policía nacional, el cuerpo al que él pertenecía.
El corazón le bombeaba en el pecho a toda velocidad. El primer tipo estaba en la cárcel desde hacía un año, ahora mismo se encontraba pendiente de la libertad condicional; el segundo estaba en una clínica de cuidados paliativos, así que también estaba descartado.
Pero el tercero… el tercero estaba vivito y coleando, y libre para cometer cualquier fechoría que se le antojara.
―Te tengo, hijo de puta. ―Cogió el teléfono y marcó el número de Sasuke―. ¿Sasuke? Tengo un nombre y una dirección, apunta. Nos veremos allí'dattebayo. ―Se levantó, se puso la chaqueta, comprobó que llevase su arma a punto y avisó a su superior inmediato, un aguerrido policía de la vieja escuela llamado Kakashi Hatake, que tenía al posible sospechoso en la mira.
Armaron un grupo de asalto y él se puso el primero de la fila.
No iba a permitir que se les escapase.
Esta vez no.
―Nee-sama, tienes que despertar. Naruto-nii-sama no es el mismo. Se culpa, ¿sabes? Te necesita. Tienes que decirle que no ha sido culpa suya. Y padre también te necesita de vuelta. Está enfadado y la ha tomado con tu prometido. Va diciendo por ahí que no permitirá que te cases con un hombre que no sabe cuidarte y protegerte, que él tenía razón. Pero tú y yo sabemos la verdad: que él se cambiaría por ti de mil amores si pudiera. Te ama y…
―Hanabi. ―La aludida calló y suspiró. Apretó la mano de su hermana mayor por última vez antes de levantarse e ir hacia el hombre serio y recto que la esperaba en la entrada de la habitación del hospital.
―Papá.
―Se ha acabado la hora de visita. Volvamos a- ―El hombre se interrumpió al girarse y ver allí, ante él, al que iba a ser su futuro yerno, presentando un estado más que lamentable.
Se irguió en toda su altura y clavó una mirada de disgusto en el policía rubio de ojos azules con barba de varios días.
―Uzumaki.
―Señor Hyūga. ―Hanabi sintió la tensión rodearlos. Suspiró, se pegó a su progenitor y le agarró del brazo, haciendo presión con sus dedos.
―¡Naruto-nii-sama! ¡Qué alegría! ¿Has venido a ver a nee-sama?―Miró un segundo de reojo para la joven castaña y asintió brevemente con la cabeza―. ¡Genial! Papá y yo ya nos íbamos. Nee-sama se alegrará de verte. ―Arrastró al Hyūga mayor hacia la salida, dejando a su futuro cuñado a solas con su hermana.
Ella sabía que, de todos, Naruto era el que más sufría con toda aquella situación. Él se culpaba, a pesar de que no había sido culpa suya.
A veces, las cosas simplemente pasaban y ya.
Naruto los vio irse y solo entonces anduvo hasta la puerta de la habitación donde su prometida se recuperaba. Al menos físicamente. Se paró en el umbral, sintiendo un doloroso nudo apretarle la garganta.
Verla allí tumbada, quieta, rodeada por tubos y máquinas que la ayudaban a respirar y a que su corazón siguiese latiendo.
Tragó saliva y se armó de valor para sentarse a su lado. Temblando, le cogió una mano entre las suyas se la apretó, tratando de calentarla.
―Mi amor… ―Bajó la cabeza hasta tocar con la frente su pequeña mano―. Lo tenemos. ―Sintió las lágrimas ardiendo bajo sus párpados y se esforzó por retenerlas un poco más―. Lo tenemos, Hina. Lo… lo tenemos. ―Repitió, como un disco rayado.
Cerró los ojos, sintiendo la desesperación invadirlo. ¿Qué había creído? ¿Que al decírselo ella abriría los ojos y le diría que lo perdonaba y que todo estaría bien y que serían felices y comerían perdices?
Su cuerpo empezó a temblar y a convulsionarse en sollozos.
No supo cuánto tiempo estuvo así, sumido en su propia desesperación.
Solo que, de pronto, sintió un pequeño tironcito en los dedos que lo hizo levantar la vista de golpe.
―Na-Naruto-kun… ―Él abrió los ojos como platos.
―¿Hi-Hinata…?
―Sa-sabía que lo co-conseguirías…
Y Naruto rompió a llorar, abrazado al cuerpo ahora rebosante de vida de Hinata. De su preciosa Hinata.
Y pensaba pasarse el resto de su vida compensándole todos los disgustos que le había dado.
Empezando por decirle todos los días, a cada segundo, lo mucho que la amaba.
Para siempre.
Fin Lo tenemos
Bueno, pues uno más. Ojalá os haya gustado y... buenas noches a todos. Que estoy que me caigo...
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Acosadores no.
Gracias.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
