El día anterior a la primera visita a Hogsmeade (a mediados de noviembre), Ginny fue a ver a Moody a su despacho.
—¿Cómo está Potter?—le preguntó Moody mientras servía té a Ginny (las hojas las cosechaba él personalmente).
—Mal—respondió Ginny, entre sorbo y sorbo de té. —El idiota de mi hermano Ron no le habla porque tiene celos, los de Hufflepuff le miran mal porque creen que está intentando robarle la gloria a Cedric Diggory, los de Ravenclaw le miran mal porque creen que es un vanidoso y un arrogante que nunca tiene suficiente, y los de Slytherin están distribuyendo por Hogwarts chapas que están encantadas para que aparezcan en ellas las palabras "POTTER APESTA"—dijo Ginny en tono sombrío.
—Sí, ya, ya las he visto—replicó Moody. —Por lo visto son idea de Malfoy junior, de tal palo tal astilla, su padre es un gusano y él también.
Ginny estaba un poco sorprendida de por qué Moody insistía tanto en lo mala persona que era Lucius Malfoy. Ella, por supuesto, estaba de acuerdo, pero no lo sacaba a colación constantemente. Su intuición femenina le decía que ahí había algo personal, pero no quiso preguntar sino que siguió hablando.
—Y eso no es lo peor. Lo peor fue lo que pasó hace unos día en la clase de Pociones. Malfoy, después de exhibir esas putas chapas ante Harry, insultó a mi amiga Hermione, Harry le lanzó un hechizo y Malfoy también, el hechizo de Malfoy le dio accidentalmente a Hermione y le causó que le crecieran los dientes, y Snape, en vez de castigar a Malfoy, se burló de ella y castigó a Harry y a mi hermano.
—Sí, sí, típico de Snape—suspiró Moody. —Se supone que abandonó a Quien ya sabes y se reformó, pero al parecer el desprecio de Quien ya sabes por los hijos de muggles se le quedó adherido. Como ya he dicho más de una vez, mortífago una vez, mortífago siempre.
—He estado pensando…¿y si fue Snape quien puso el nombre de Harry en el Cáliz de Fuego? —preguntó Ginny, que había estado considerando esa idea en más de una ocasión (pero sólo para sí misma, porque Hermione no quería aceptar que Dumbledore pudiera estar equivocado al confiar en Snape).
—Yo también lo he pensado. Ciertamente, Snape tiene conocimientos mágicos suficientes para hacer eso y es muy amigo de Lucius Malfoy. Si fue él, quizá fue Malfoy quien le incitó a hacerlo, posiblemente como represalia por lo que le hice a su mocoso, o tal vez para hacer méritos ante Quien ya sabes, que obviamente no estará contento después de que Malfoy padre huyera como un conejo al aparecer la Marca Tenebrosa la noche de la final de quidditch. Pero Dumbledore nunca aceptará esta posibilidad. Él confía ciegamente en Snape, ignoro por qué. Sabiendo lo que yo sé sobre por qué Snape desertó del lado de Quien ya sabes, entiendo aún menos el porqué de esa confianza.
—¿Y por qué desertó Snape, señor?
—Esa, me temo, es información confidencial. Pero volvamos a Potter. ¿Cómo lo está llevando?
—Está tenso, no tiene ni idea de cuál es la primera prueba y Malfoy a menudo le provoca diciendo que no durará ni diez minutos y cosas así, seguro que él sí sabe en qué consistirá. Y luego está ese artículo de Rita Skeeter que salió hace unos días, que sólo ha hecho que le miren peor y encima se burlen de él. Y ahora también se burlan de mí, porque ese artículo dice que Harry está enamorado de mi amiga Hermione y que yo ya no le intereso.
Ginny había intentado mostrarse tranquila mientras le decía eso a Moody, pero lo cierto es que cuando días atrás leyó tales afirmaciones en el artículo de Rita Skeeter, sintió un fortísimo deseo de torturar a Hermione del modo más horrible que pudiera. Sólo cuando Hagrid (que actuaba como su confidente en su relación con Harry) le recordó que Rita Skeeter era una mentirosa patológica y que no había que creer nada de lo que escribiese, se calmó (y aún más cuando Harry se quejó ante ella de las exageraciones e invenciones del artículo). Y es que Harry le seguía confiando a ella sus sentimientos, lo solo que se sentía sin Ron, el miedo y la tensión que crecían en su interiora medida que se acercaba la primera prueba, la irritación que le causaban los ataques y malas miradas que recibía, cosas así.
—Sí, sí—dijo Moody en tono comprensivo. —Ya he tenido mis más y mis menos con esa tal Skeeter, dijo cosas muy "agradables" sobre mí cuando me retiré. No le hagas ni caso. ¿Algo nuevo sobre Karkaroff?
—No, señor. Pero sí tengo algo sobre Krum, que es su ojito derecho.
—Cuenta, cuenta.
—Le veo a menudo por la biblioteca, y…bueno, llámelo intuición femenina si quiere, pero tengo la sensación de que está muy interesado en mi amiga Hermione.
—Continúa—Moody mostró un gran interés.
—Ella no parece muy interesada, pero no sé, no sé, también es cierto que Krum ni siquiera le ha hablado aún.
—Interesante. Puede que Karkaroff le haya dicho a Krum que trate de seducir a tu amiga con el fin de sonsacarle cosas sobre Potter. No les pierdas de vista, y cuéntame cómo van las cosas entre ellos.
—¿Krum seducir a mi amiga para sonsacarle información? ¿No le parece un poco forzado?—preguntó Ginny, que sabía de la fama de paranoico que tenía Moody.
—¡Oh, no, oh, no! Te parecerá raro viéndome como estoy ahora, con la cara destrozada, sin un ojo, sin una pierna y sin media nariz, pero hubo un tiempo en que yo era guapo y seducía a mujeres para sacarles información sobre magos oscuros. ¿Has oído hablar de James Bond?
—Nunca, señor.
—Es un personaje de ficción muggle, de libros y películas, que actúa como espía y asesino a sueldo del gobierno muggle británico, y que seduce a mujeres para llegar hasta los malos a los que tiene que cazar. Muchos aurores desprecian la cultura muggle, pero yo no, esa fue una lección que aprendí de Dumbledore. He procurado familiarizarme con la cultura muggle porque puede serte muy útil para camuflarte como un muggle y así pasar desapercibido, habilidad que es muy útil en mi antigua profesión.
Ginny escuchaba fascinada. De pronto, la profesión de Auror le parecía romántica y excitante. ¡Quizá era eso a lo que debía dedicarse! Es verdad que los Aurores eran sobre todo hombres, pero ya había bastantes mujeres entre ellos y la cifra estaba aumentando poco a poco. Anotó mentalmente que cuando el torneo acabara, le pediría consejo a Moody sobre cómo llegar a ser Auror.
—Pero no hablemos de mí. Hablemos de Potter. Legalmente, no puedo ayudarle en ninguna de las tres pruebas, pero bueno, creo que nada impide que deje caer alguna indicación sibilina y que entre tú y tu amiga Granger trabajéis para averiguar de qué se trata y cómo puede Potter superarla. Veamos…
Ginny aguzó el oído. Había llegado el momento de la verdad.
—Primero: si Potter juega con sus puntos fuertes, podrá superarla. Pensad bien en cuáles son esos puntos fuertes.
—Puntos…fuertes—repitió Ginny, sin tener muy claro a qué se refería Moody. Harry no era un estudiante especialmente notable así que ¿cuáles podrían ser esos puntos fuertes?
—Y segundo: el profesor Flitwick se alegrará mucho si Harry aplica durante la prueba algo de las lecciones que este año le está impartiendo.
Ginny no tenía ni idea de cuáles eran los contenidos de la asignatura de Encantamientos de cuarto año, pero al menos esta vez estaba claro lo que quería decir: Harry tenía que usar algún encantamiento que Flitwick les estuviera explicando ese año.
—¿Algo más, señor?
—Sí: mañana en la visita a Hogsmeade, id a las Tres Escobas y no os olvidéis de saludar a Hagrid.
Ginny se sentía un poco decepcionada: no tenía muy claro para qué iba a servir todo eso. Pero quizá Hermione sí lo sabría. Entonces, recordó que unos días atrás había recibido una carta de Sirius citando a Harry para la madrugada del mismo día de la visita a Hogsmeade. ¿Debía hablarle a Moody de Sirius? Por si acaso, decidió tantear un poco el terreno.
—Señor, ¿qué opina de Sirius Black?
—¿Black? ¿Es que quieres contarme algo sobre él?
—Yo…no—mintió Ginny, pero, cosa rara en ella, sin mucha convicción.
—No debes hacerlo. Si tienes información nueva sobre él, guárdatela y no se la cuentes a nadie, ni siquiera a mí. Recuerda, nunca confíes en nadie plenamente.
—Ya…ya me dijo eso antes, pero no me ha contestado…señor.
—Lo que yo opine no importa ya, puesto que no soy Auror. Insisto: si sabes algo sobre el paradero de Black, no debes decírselo a nadie. Es un secreto, y ese secreto puede serte muy útil y darte poder. No le debes nada al Ministerio, que ha relegado a un tipo honrado y trabajador como tu padre a un puesto menor mientras tiene en un pedestal a esa cucaracha repugnante de Lucius Malfoy sólo porque es rico y les da mucho dinero. ¿Queda claro?
—Clarísimo, señor.
—Hale, vete, que seguro que estás más a gusto con Potter que no con este viejo loco y paranoico al que da miedo mirar a la cara—dijo Moody en tono afectuoso.
Ginny salió del despacho. Estaba un poco decepcionada porque las pistas que había dado Moody acerca del Torneo de los Tres Magos no parecían ser de mucha utilidad, en contra de lo que tanto esperaba. Pero también estaba un poco extrañada por el hecho de que Moody hubiera sido tan poco concreto sobre Sirius Black. Moody había sido el que supervisó la captura de Black años atrás. ¿Ni una mención a si le creía inocente o culpable? Si Dumbledore le había contado lo ocurrido al final del curso anterior como era esperable, ¿por qué Moody ni siquiera había aludido a eso? ¿O es que Dumbledore, haciendo honor a su máxima de "no poner todas las manzanas en el mismo cesto" no le había contado nada? Como no sacaba nada en limpio, decidió hacer caso a Moody y volver con Harry.
La visita a Hogsmeade fue más bien decepcionante. Hermione se empeñó en ir con ella y Harry, algo que volvió a despertar sus celos (una consecuencia de ello fue que no le dijo nada acerca de las pistas que le había dado Moody). Y Harry se empeñó en ir vestido con la Capa de Invisibilidad, porque no quería que le viera nadie y menos Ron (cosa que desesperó a Hermione, que contaba con reunir a los dos ex amigos). De modo que entraron en las Tres Escobas y allí se tomaron una cerveza de mantequilla. Estaba muy rica pero eso no alegró a Ginny, que no podía hablar con Harry si no le veía. Miró hacia la mesa en la que estaban Ron, Fred y George y sintió deseos de estrangular a Ron. Por sus estúpidos celos, le había arruinado una visita que esperaba con gran ilusión. Vieron a Hagrid y a Moody en otra mesa, que parecía que iban a irse, pero luego cambiaron de idea y se dirigieron a su mesa. Moody se agachó hacia el sillón aparentemente vacío en el que Ginny sabía que estaba Harry y le susurró algo. Ginny, entonces, recordó que Moody le había dicho que su ojo mágico podía ver bajo capas de invisibilidad. Hagrid hizo lo mismo que Moody. Después de esto, Hagrid y Moody salieron, y entonces se oyó la voz de Harry saliendo de la nada:
—¿Por qué querrá Hagrid que me reúna con él a media noche?
Aquello daba bastante mal rollo, oír la voz de Harry pero no verle. Ginny se sintió tentada de quitarle la capa ahí mismo, pero se contuvo. Sobre todo porque entonces Hermione recordó que Harry tenía cita con Sirius a la una de la madrugada y que si se veía con Hagrid quizá llegaría tarde a su cita.
—No te preocupes—intervino Ginny. —Yo me quedaré vigilando, y si no llegas a tiempo yo hablaré con Sirius.
—Gracias, Ginny—susurró la voz de Harry.
Al anochecer, Harry salió de la Sala Común de Gryffindor oculto bajo la capa, con la ayuda de Hermione, que abrió desde fuera la entrada a la torre de Gryffindor. Mientras Harry estaba fuera, las dos chicas se quedarían vigilando, y si había extraños a la hora de la cita, buscarían modos de ahuyentarlos, hasta tirando bombas fétidas si era preciso (Fred y George habían provisto a Ginny de un buen lote a tal efecto). Claro que Ginny, tras la publicación del artículo de Skeeter, tenía una idea distinta: sólo ella se quedaría vigilando. No quería ver a Hermione cerca de Harry. Eran buenas amigas, pero Harry era suyo, y sólo suyo, y además, así tendría una oportunidad de hablar personalmente con Sirius. Hermione, llamativamente, no protestó, y cuando las dos chicas se quedaron solas, Hermione le dio buenas noches y se fue a la cama.
Cuando casi era la hora de la cita (Ginny estaba muy nerviosa por la tardanza de Harry), el agujero del retrato se abrió, y poco después Harry apareció de la nada, evidentemente acababa de quitarse la Capa. Ginny lo interrogó con la mirada.
—Dragones—dijo.
—¿Qué?
—En eso va a consistir la primera prueba: en esquivar dragones. Hagrid me los ha mostrado—dijo Harry, visiblemente tenso.
Ginny visualizó en su mente una imagen pesadillesca de un dragón gigantesco agarrando a Harry y comiéndoselo de un bocado. Ella había visto dragones personalmente aquella Navidad que Charlie les llevó a visitar la reserva en la que trabajaba, y no le gustó, se había asustado mucho al ver lo fieros y violentos que eran. Sintió que el terror y la angustia la invadían. No obstante, no tuvo tiempo de preguntar nada, porque justo entonces, una voz les llamó desde el fuego.
—Psss, chicos.
Se volvieron hacia el fuego. Ginny vio la cara de Sirius en medio de las llamas. No la sorprendió: como hija de magos que era, estaba acostumbrada al uso de la red Flú y aquello no le llamaba la atención. Aunque a Harry, a juzgar por su cara, sí, al parecer.
—Siento interrumpir un posible momento romántico, pero tengo que hablar con Harry y no tengo mucho tiempo.
Ginny, entonces, se apartó un poco, y Harry se agachó junto al fuego y le contó lo que había ocurrido durante los días anteriores. Finalmente, remató su relato con los dragones.
—Estoy perdido, Sirius—dijo con voz trágica.
—Puede que no—saltó Ginny. —Ayer Moody me dio una pista, pero no estoy seguro de qué significa.
—Adelante—dijo Sirius, visiblemente interesado.
—Me dijo que Harry podría superar la prueba si jugaba con sus puntos fuertes.
—¡No tengo ningún punto fuerte, soy un mago normalito!—protestó Harry.
—¿No?—Sirius sonrió traviesamente. —Desde luego, no fue eso lo que vi yo el año pasado mientras te veía en los entrenamientos y partidos de quidditch.
—¡Escoba!—exclamó Ginny, sumando dos y dos. —¡Ese es el punto fuerte de Harry, es muy bueno volando en escoba!
—Correcto—dijo Sirius, sonriendo de nuevo.
—¡Pero da igual!¡No podré llevar una escoba a la primera prueba!—objetó Harry.
—No...pero sí una varita—dijo Sirius misteriosamente.
—¿Y de qué me serviría?¡No tengo ni idea de qué hechizo usar contra un dragón!
Entonces, Ginny recordó la segunda pista de Moody. Que entre los hechizos que ese año Harry estudiaba en la asignatura de Encantamientos, habría uno que le sería útil. Se lo dijo a Harry. Harry, entonces, empezó a enumerar los hechizos que Flitwick les había explicado ese curso hasta entonces. Y cuando llegó al encantamiento Convocador, se detuvo de golpe.
—Creo que ya has dado con ello, Harry—sonrió Sirius.
—¡Eso es!—Harry se golpeó la palma con el puño. —¡Dejaré mi escoba en un sitio apropiado lejos del sitio donde tenga lugar la prueba, y la Convocaré mágicamente!
—Tendrás que practicar mucho, no es fácil Convocar mágicamente un objeto al que no ves—le avisó Sirius. —No obstante, es perfectamente posible, de hecho, James lo hacía muy bien. No era eso lo que yo te iba a proponer, pero creo que si consigues dominar ese encantamiento, será incluso mejor.
—Mañana se lo contaremos a Hermione y juntos lo practicaremos—dijo Ginny.
—Parece que este problema está solucionado. Pasemos a otra cosa. Debo advertirte contra Igor Karkaroff. Fue un Mortífago.
—Eso ya lo sé—interrumpió Ginny. —Moody me contó lo de que delató a mortífagos y me ha advertido contra él, y me ha dicho que vigile a Viktor Krum, su campeón.
—Yo iba a proponer lo mismo—observó Sirius. —Durmstrang es famosa por su tolerancia con las Artes Oscuras y me da que Karkaroff puede haberle enseñado algo a Krum. Tened cuidado con ellos. Y manteneos en guardia, este año están pasando demasiadas cosas inquietantes, primero los mortífagos en la Copa del Mundo, luego la Marca Tenebrosa, también está lo de Bertha Jorkins, esa bruja del Ministerio que desapareció…
—Sí, papá nos habló de ella—recordó Ginny.
—Y naturalmente, está lo del nombre de Harry saliendo del Cáliz de Fuego. Está claro que quien lo hizo no le desea precisamente una vida larga y feliz, a la vista de lo peligrosa que es la primera prueba. Además, ocurre que…
Pero entonces, oyeron alguien que bajaba por la escalera del dormitorio de chicos. Sirius, alentado por Harry, desapareció, y por la puerta del dormitorio de chicos apareció Ron.
—¿Tú eres gilipollas o qué te pasa?—preguntó Ginny, mirando con severidad a Ron.
—¿A qué ha venido eso? He visto que Harry no estaba en su cama y he oído ruidos aquí abajo, así que he bajado a ver si pasaba algo. Pero tranquilos, que no quiero cortaros el rollo—respondió Ron en tono irritado.
Ginny estaba tan furiosa con Ron por haber interrumpido la conversación con Sirius que consideró la posibilidad de decirle que ella y Harry estaban haciendo algo muy marranete, porque sabía que eso pondría muy nervioso a su hermano. Pero en vez de eso, le escupió la verdad a la cara.
—Pues para que lo sepas, imbécil, era Sirius, que estaba dándole consejos a Harry sobre cómo salir con vida del Torneo de los Tres Magos, y tú le has interrumpido, así que puede ser que Harry muera y será por tu culpa—mientras decía eso, en un tono muy furioso, le golpeaba varias veces en el pecho con el dedo.
Y dicho esto, sin esperar a la reacción de su hermano, subió corriendo a su dormitorio, se dejó caer en la cama y, cosa rara en ella, se echó a llorar.
¡Hola! Espero que os haya gustado. Estoy considerando la posibilidad de poner en el próximo capítulo el primer beso entre Harry y Ginny, justo antes de la primera prueba. ¿Opiniones?
