DEVOTO AMOR
Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión.
Chicas esta historia es de mis primeras. No está editada. Agradezco a todas por su lectura. Subiré 5 capítulos diarios. También estará en Wattpad. Allá podré ponerle música.
Saludos!
Moon.
Capítulo 17.
Cuando Candy pudo recomponerse después de unos momentos, notó claramente cómo la miraba. Entonces, acostándose de lado, lo suficientemente cerca para tomar sus labios, lo besó, lento, sin prisa, mordisqueando aquellos labios de tentación. Al terminar, con una sonrisa pícara, pero muy decidida le advirtió.
-Otra vez…
En ese momento Albert volvió a besarla tiernamente. Cuando terminó, con su mano acariciando suavemente la curva de sus caderas le preguntó.
-¿Estás segura hermosa…?. No quisiera que te sientas mal.
-No me has lastimado en lo absoluto amor… -Contestó cerca de su oído y con pequeños besos en su cuello- muero por sentirte de nuevo tan cerca de mi.
Aquellas palabras fueron felicidad pura para el rubio. Entonces, levantándose de la cama y dando la vuelta para estar del lado de ella, la tomó en brazos y se encaminó hasta el cuarto de baño, mientras que Candy colgada de su cuello le comentaba traviesa.
-¿Ahora nos bañaremos juntos señor Andrew?
-Ahora y todos los días de nuestra vida señora Andrew.
-Aún no soy tu esposa Albert… -Contestó con cierta pena-
Él depositándola delicadamente en el azulejo del baño, le respondió mientras levantaba su barbilla y acariciaba sus mejillas.
-Candy… aunque aún no nos casamos, para mi ya eres mi mujer, mi esposa, mi compañera de vida. Tú eres la señora Andrew porque eres tan mía, como yo lo soy de ti. Te amo, pero ahora vamos a preparar la tina. Creo que los dos necesitamos un poco de agua caliente para relajarnos. –Dijo mientras le guiñaba un ojo-
Candy no pudo evitar admirar por el espejo, el reflejo de aquel fuerte hombre que había sido suyo apenas unos momentos antes. Era tan placentero mirarlo, sus fuertes brazos, sus largas piernas y ese abdomen tonificado de tentación, terminarían por volverla loca. Por su parte, Albert se había dado cuenta de la descarada observación por parte de su prometida, pero no dijo nada y siguió en su tarea. La tina se llenó rápidamente y después de verter en ella algunas esencias, le dijo al tiempo en que se acercaba a ella y la abrazaba por la cintura, eliminando cualquier distancia entre ellos, haciendo sentir a Candy las reacciones naturales que provocaba en su cuerpo.
-Creo que tenemos que llegar a un acuerdo, respecto a las esencias que usaremos, pues no creo muy conveniente que tú huelas a lavanda con menta, ni yo a jazmín y rosas.
Pero la pecosa enfermera, apenas y escuchó lo que el rubio le comentaba, porque no hacía otra cosa más que sentirlo junto a su cuerpo. Momentos antes, en la oscuridad, no había tenido la oportunidad de observarlo tan claramente como hasta ese momento, aquello era ante sus ojos impresionante, tanto así que no pudo evitar bajar la mirada, mientras tragaba seco.
El obviamente se dio cuenta de su graciosa reacción, pero no haciendo caso, tomó su mano y la invitó a entrar a la bañera, en donde comenzó a enjabonarla despacio y casi con adoración. Ella le daba la espalda, apoyándose un poco entre sus piernas. Estaban tan juntos, que podía sentir aquella parte de su cuerpo que parecía enloquecerla. Entonces, después de unos minutos, poco le importó lo "imponente que pudiera ser", pues Albert sabía cómo acercarse a ella, haciendo que todo se tornara natural entre los dos. Por momentos, él recorría sus blancas y largas piernas con sus manos enjabonadas, tomaba sus senos y sensualmente los repasaba una y otra vez. Recorría a placer con sus manos su cuerpo, en un erótico juego, hasta llegar a su cuello, bajando por su espalda, su cintura y su entre pierna, contando casi con nulos besos todos los lunares de su cuerpo. Pensaba continuar en su atractiva exploración, cuando sintió como la rubia volteaba su cuerpo y comenzó a lavarlo con la esponja, exactamente parte por parte, como lo hiciera él. Provocando que su creciente excitación se manifestara en todo su esplendor y uno que otro ronco suspiro saliera de sus labios. Entonces, después de que la rubia lo besara en un diminuto ósculo le confesó.
-Estas matándome Candy… -dijo cerrando sus bellos ojos-
-Entonces ella sin dejar de mirarlo con sus esmeraldas deseosas le contestó.
-No más de lo que tú hiciste conmigo hace unos instantes.
Albert abriendo sus preciosos ojos azules, viendo ese brillo en sus ojos, se levantó y salió con ella en brazos, llevándola directamente hasta su lecho. Mientras una Candy entre risas le decía.
-jaja ¡Albert que haces!. Vamos a empapar las sábanas!.
Él, mirándola con una seductora sonrisa ladeada y sus ojos cargados de pasión, le contestó con su voz enronquecida.
-Que importan las sábanas princesa... Mañana compro hasta una cama si quieres, pero ya no soporto más no tenerte entre mis brazos. –Terminó de decir, mientras la recostaba y la cubría con su cuerpo, comenzando a llenarla de atrevidos besos-
Es por demás decir, todo lo que el par de enamorados hizo durante toda la noche, pues ninguno de los dos parecía quererse regalar tregua alguna hasta ya muy entrada la madrugada, cuando el cansancio –más no el deseo- los venció. Las pocas horas que faltaban para el amanecer pasaron y los rayos del sol despertaron a Albert. Por la claridad que se asomaba por la ventana, imaginó que ninguno de los dos llegaría a trabajar. Entonces, estrechando nuevamente entre sus brazos a su insaciable amor, se acurrucó y a los pocos minutos, volvió a quedarse profundamente dormido, pues en realidad, se encontraba bastante cansado por la "desvelada" de la noche anterior. Al cabo de un par de horas, Candy abrió sus ojos y al bajar la vista y sentir la calidez del abrazo de su príncipe, una amorosa sonrisa envolvió su rostro, pero a los pocos segundos –notando la intensidad del día- se separó de él, sentándose toda nerviosa en la cama. Por obvias razones, Albert se despertó de golpe y completamente espantado por la reacción de la rubia, pero segundos después, imaginando "el por qué" de su comportamiento la saludó sonriente, al tiempo en que se acomodaba de lado en la cama.
-Buen día hermosa.
Ella cubriéndose con las sábanas le contestó.
-Buen día amor…
-¿Qué te pasa princesa…? –Dijo sin despejar sus ojos del hermoso cuerpo que se entre dejaba ver en las delicadas telas-
-Albert es tardísimo. –Dijo enrollándose con una de las sábanas, levantándose mientras tomaba su bata y se la ponía, para que el rubio no notara su desnudez- Tengo que ir al hospital, no quiero que el doctor Leonard me despida.
El alto rubio se levantó naturalmente, tan desnudo como había llegado al mundo, desanudó su bata y al tenerla en igualdad de condiciones, le contestó.
-Es casi medio día Candy... sólo mira el sol y te darás cuenta. Creo que aunque te esfuerces ya no irás a trabajar hoy. No te preocupes por eso, yo me encargaré de mandar una nota al director para que no pierdas tu trabajo. –Comentó ya con ella en brazos-
-Pero… es que yo debo… -Dijo apenas audible-
-Tú lo que debes hacer es descansar bonita. Ayer no paramos casi en toda la noche y ambos merecemos tomarnos el día. Sólo hay algo que me preocupa.
-¿Qué sucede amor…? –Cuestionó preocupada-
-Bueno… me apena un poco, pero no tomé ninguna precaución ayer y en éstos momentos podrías estar embarazada.
Entonces Candy tratando de calmarlo un poco le comentó, mientras acomoda un mechón de su cabello que caía sobre su frente.
-No creo que debamos tener pendiente por eso Albert. Cuando estudié enfermería, nos explicaron cuáles son los días dentro del mes en los que una mujer puede quedar embarazada y cuáles no. Y en éstos momentos no estoy en mis días fértiles, así que no creo que hayas dejado ningún bebé en mi. –Terminó sonriente-
El se quedó unos segundos pensando en las palabras de la rubia. Había dicho aquello, porque si se casaban en tres meses y continuaban al mismo ritmo como la noche anterior, era seguro que encargarían a un pequeñito antes de lo previsto y quizá para el gran día ya se le notaria un poco. Entonces, analizando la situación le respondió con una radiante sonrisa.
-¿Y si nos casamos en un mes?
-¿Un mes? –Repitió ella asombrada?. ¿Está seguro Albert?
Sin poder contener su emoción, soltó una ligera risa y después de tomar sus labios le contestó.
-¿Para qué esperar más mi vida?. Yo no pienso separarme de ti un segundo más. Es más, no quiero volver a dormir sin el calor de tu cuerpo junto al mío. Eso inevitablemente traerá consecuencias y si nos casamos antes de lo planeado, si quedaras en cinta, nadie lo notaria. ¿Qué opinas?. ¿En un mes entonces?.
Ella entregándole un cálido y tierno abrazo.
-En un mes es perfecto amor.
Después separándose de él. Le comentó.
-Debó mandar un carta a la señorita pony y a la hermana María. He sido muy ingrata con ella, pues desde que te fuiste, yo viajé por unos días al hogar pero nunca les comenté a donde iba. Estoy segura que han de estar muy preocupadas por mi. Jamás me había desaparecido tanto tiempo.
-No te preocupes amor. El mismo día que te encontré le pedí a George que les mandara un telegrama explicándoles que estabas bien.
-Aun así debo invitarlas a la boda y también a Emily y Melanie. ¿No te molesta, verdad?
-Claro que no pequeña. Tú puedes invitar a quien desees.
En ese momento, notando cual adjetivo había utilizado se disculpó inmediatamente.
-Perdona amor. No fue mi intención decirte así. Creo que la costumbre me traicionó. –Dijo bastante apenado, pues aquel constante calificativo había sido el causante de muchas confusiones entre los dos-
Ella mirándolo enternecida lo consoló.
-Albert… no me molesta que me digas así. Ahora comprendo que lo hacías porque es lo que salía de tu corazón, no porque me vieras como una "pequeña amiga" o una "pequeña hermanita". Claro que admito que me encanta que me digas: "Princesa", "Bonita" o "Hermosa", pero de vez en cuando "Pequeña" no está mal. –Habló guiñándole un ojo-
El abrazándola protectoramente, beso su frente y le contestó.
-Eres el mejor regalo que me ha dado la vida Candy. Pero ahora al baño. No sé tú, pero yo muero de hambre. Además tenemos cosas que hacer. Hay que cambiar todo el guardarropa y debemos comenzar con la lista de invitados. También debo marcarle a George para que se haga cargo de los pendientes que haya hoy en la empresa y que nos mande por la tarde a varios de los mejores organizadores de eventos, para que comencemos a trabajar en los preparativos de la boda. –Habló resuelto-
La rubia no pudiendo controlar su risa le expresó.
-jaja Ya te parecer a tu tía Elroy.
Él se separó de ella y revolviendo sus cabellos, después se encaminó al cuarto de baño.
-Eso jamás…¿Vienes?. –Dijo ya desde la puerta y extendiendo su mano-
Ella se acercó lentamente y después le preguntó.
-¿Sólo es un baño verdad…?
El con una seductora sonrisa que le dejaba comprender todo lo contrario, le respondió.
-Sólo un sencillo e inocente baño princesa…
Evidentemente comprenderán que la hora del baño se extendió mucho, pero mucho más de lo necesario.
Horas más tarde, el par de rubios –Con lista de invitados en mano- ya se encontraba reunido con los tres mejores planeadores de eventos de todo chicago y aunque en un principio ninguno quería compartir el crédito de organizar la boda del más joven magnate de todo Norteamérica, terminaron por comprender que ante la premura del tiempo, era más conveniente unir sus habilidades. Así que después de que Albert les explicara claramente, que deseaba una boda prácticamente de ensueño, los tres caballeros, abrieron grandemente sus ojos, pues podrían hacer gala de su buen gusto, puesto que contaban con un presupuesto ilimitado, planeando desde ese instante cada uno en su cabeza, cómo decorar el gran salón de la mansión, en donde se llevaría a cabo la recepción.
Después de un par de horas –las cuales para la pareja de enamorados pasaron rápidamente- tuvieron todo lo básico completamente cubierto, como la mantelería, el tipo de arreglos florales, el arreglo del jardín, el menú, el gran y elaborado pastel de bodas, la música, en fin, todos los detalles que se necesitan atender en un evento tan importante como un enlace. Cuando los caballeros se despidieron con la promesa de regresar al día siguiente a la misma hora por la tarde, el par de rubios tuvo un pequeño momento a solas, antes de que llegara la modista para mostrarle a la pecosa el catálogo de vestidos de novia dentro del cual podría escoger, así que tomando su mano, Albert la encaminó hasta una de las blancas bancas del jardín. Una vez sentados, entrelazó su mano a la de ella y le dijo con su amble voz.
-Perdona que todo sea tan abrumador princesa… pero sólo tenemos un mes.
Ella mirando la preocupación en sus ojos lo tranquilizó, mientras recargaba su cabeza sobre su hombro.
-Lo sé Albert. Todo es como debe ser. Aunque te confieso que no sé nada del manejo de una casa. Creo que eso es lo que más me preocupa.
-No tienes por qué. Ya he dado instrucciones al personal para que te consulten todo lo que sea necesario. Además pienso mandar a traer a Dorothy para que te atienda y te ayude en lo correspondiente al manejo de la casa en lo que aprendes. Ella tiene años con nosotros y sé que se llevaban muy bien. –Dijo dando un pequeño beso en su mano-
Con evidente alegría le contestó.
-¡Gracias amor!. Ella fue mi primera amiga cuando llegue a trabajar en aquella casa. –Dijo sin mencionar a la familia que tanto dolor le causó- Sé que me apoyará en todo.
El rubio estaba por robarle un beso, cuando escucharon unos pasos acercarse. Se trataba del mayordomo que les traía un aviso.
-Disculpe la interrupción señor Andrew, pero la modista ha llegado. La hice pasar al cuarto de costura junto con la señorita Britter quien también acaba de llegar.
-Gracias, puede retirarse. –Contestó amable el rubio-
En ese momento los ojos de Candy se iluminaron.
-¡Anne está aquí Albert!. Vamos a verla. –Dijo tomando su mano para que la acompañara-
El se levantó, pero la detuvo un momento.
-Amor… comprenderás que no puedo acompañarte. No creo que deba ver tu vestido antes de la boda.
-Ay Albert… sólo voy a escoger un modelo. No verás nada. Además, por el tiempo, no va a ser un vestido muy elaborado, no te preocupes. –Dijo haciendo el intento porque fuera con ella, pero él se resistió-
-Eso no importa bonita. Así sea el más sencillo te verás hermosa en él y no quiero verte hasta el día en que nos casemos. Concédeme ese capricho. ¿Quieres?. Además, supongo que querrás estar a solas con Anne para que platiquen en confianza. Yo mientras estaré en el despacho. Tengo algunos pendientes que arreglar con George.
-Bueno… creo que tienes razón. –Contestó casi en un tierno puchero-
-Anda mi vida… ve y escoge algo precioso. Más tarde tendremos todo el tiempo para nosotros solos. –Le dijo mientras guiñaba un ojo y le sonreía-
Ella después de ponerse de mil colores, suponiendo a lo que hacía referencia le dijo.
-Voy… voy… nos vemos luego amor.
El al mirarla alejarse, sólo sonrió y se dijo mientras se dirigía al despacho.
-Ay Candy… No tienes idea, pero eres la combinación perfecta entre inocencia y sensualidad.
Momentos después la rubia pecosa entraba al cuarto de costura. Enfocando su mirada en Annie antes que en la modista.
-¡Anne! –Dijo abrazándola fuertemente-
-¡Candy!. ¡Candy!. Hasta que puedo verte. Te he extrañado mucho. ¿Cómo pudiste irte sin despedirte?. Archie ya me contó todo.
-Es una larga historia Anne.
-Me lo puedo imaginar. Después me lo cuentas –Contestó haciendo referencia a la modista-. Ahora vamos a ver cuál vestido escogerás. No puedo creerlo Candy. ¡Vas a ser la señora Andrew! –Dijo emocionada-
-Ay Anne… me voy a casar con el hombre más maravilloso que existe.
-Lo sé amiga y te comprendo perfectamente porque yo siento lo mismo por Archie. –Dijo con ojitos soñadores-
Candy al darse cuenta, que al estar ensimismadas con su plática estaban ignorando a la dama ahí presente, inmediatamente se dirigió a la modista.
-Usted disculpe señora, pero tenía mucho tiempo de no encontrarme con mi mejor amiga.
-No se preocupe. Si gusta puedo enseñarle el catálogo que traje para usted
-Claro. Con gusto.
Así fue como después de solicitar un servició de té, las tres mujeres comenzaron a platicar sobre telas, accesorios y zapatos para tan memorable ocasión.
-Lamentablemente debido al corto tiempo que tenemos para confeccionar su vestido señorita White. No podremos elaborar uno como el que quisiera el señor Andrew. –Dijo disculpándose- Pero le prometo que aunque sea un atuendo sencillo será con realizado con las mejores telas.
-La entiendo perfectamente. No tiene por qué apenarse. –Comentó lo más empática que pudo-
Entonces, después de repasar varios modelos, encontraron uno muy lindo, elegante y sencillo. Con un escote en su espalda bastante atrevido para la época, pero que –según decía- era la última moda en París, así que en un lenguaje que Candy prácticamente no entendía, la modista comenzó a explicarle el tipo de tela que utilizaría, la botonería, así como la forma del velo. Gracias al cielo, al cabo de una hora, la mujer se despedía, dejando a solas a las dos viejas amigas.
-Candy… te verás hermosa con tu vestido de novia. –Dijo la morena tomando ambas manos de la rubia-
-Yo no entendí casi nada Anne, a mi lo que interesa es casarme con Albert. –Dijo enamorada-
-Bueno… ya irás aprendiendo. Pero tienes muy buen gusto, pues aun no sabiendo de telas escogiste un vestido muy lindo. –Comentó sonriente- Ahora solamente falta que compremos tu lencería-
Gracias al cielo la rubia se encontraba sentada, pues la sugerencia de su amiga la descolocó por completo y aunque trató de disimular lo mejor que pudo, Anne se percató de su reacción. Entonces sin mayor problema le comentó bastante asombrada.
-Candy… ¿No me dirás que tú y Albert ya han estado juntos?
La enfermera no dijo nada, sólo se puso roja cual manzana.
-No puede ser cierto. Por eso te casas tan pronto. ¡Candy estás embarazada! -Dijo llevándose las manos a la boca-
Entonces no aguantando tal suposición por parte de la morena, le dijo un poco avergonzada y en voz baja.
-No estoy embarazada Anne… pero te pido total discreción en esto. No quiero que nadie lo sepa.
La morena dio un suspiro y luego le dijo.
-Por mi no te preocupes Candy. Yo no diré nada. Es más, te confieso que aunque yo me caso dentro de seis meses, Archie y yo también…también lo hemos estado haciendo. –Dijo entre nerviosa y apenada-
Ahora fue el turno de Candy para sorprenderse, pues jamás se imaginó que su tímida amiga, fuera capaz de hacer algo como eso, que iba tan en contra de las buenas costumbres de la sociedad.
-¡Anne!. Pero… ¿Desde cuándo Archie y tú…?
-Pues desde hace poco más de un mes, pero es lo más maravilloso que he vivido Candy .-Contestó volviendo a tomar sus manos-
Pero la rubia, quien estaba más preocupada, porque la embarazada resultara su amiga, le preguntó directamente.
-Y… ¿No has tenido ningún retraso…?.
-No. Nada. Todo está bien. Mis días acaban de pasar.
Entonces después de respirar con mayor tranquilidad, Candy comenzó a explicarle a Anne cómo debía cuidarse, que días sí y cuales definitivamente no podía estar con Archie, pues podría quedar en cinta. Cabe decir, que ante todo lo que escuchaba, a la morena le subían y le bajaban los colores en el rostro, pero cuando terminó, de igual forma muy amable le dijo.
-En verdad te agradezco Candy. Yo no sabía nada de esto e imagino que Archie tampoco y faltando tanto para la boda, seguramente no tardaríamos en encargar un bebé y todavía no es tiempo, pero no pudimos esperar más.
-Te comprendo Anne. A nosotros nos pasó lo mismo. –Dijo sin pena-
-Por cierto, quería pedirte una disculpa por todo lo que sucedió aquel fin de semana en Lakewood.
-Tú no tienes culpa de nada Annie. –Dijo consolándola-
-Es que si no hubiéramos accedido a ir para allá… ustedes no se hubieran peleado. Además yo fui muy imprudente al suponer que tu sonrojo era por amor a Nathan. –Dijo preocupada-
-Eso ya pasó Anne. No te lamentes más. Lo importantes es que ahora Albert y yo estamos juntos. Prométeme que no vas a volver a reprocharte eso. ¿Está bien?.
-Está bien Candy. Pero quiero que sepas que en verdad estoy muy feliz por ti.
-Y yo por ti Anne. Espero que seas muy feliz con Archie. Sé cuánto lo amas.
En ese momento llamaron a la puerta, avisando que el chofer de la familia Britter recién llegaba por la morena.
-Creo que ya me tengo que ir Candy, pero vendré tan seguido como pueda para ayudarte. –Habló sonriente-
-Esta es tu casa Anne, puedes venir cuando quieras y si nos ayudas con la planeación y preparativos, pues que mejor. –Contestó devolviéndole la sonrisa- Cuídate mucho.
-Igual tu Candy. Te veo pronto.
Mientras tanto en el convento de Santa María.
Una mujer insistentemente llamaba a la puerta de la rectoría y la madre superiora al notar la urgencia, se levantó de su asiento y atendió de inmediato, pero al observar de quién se trataba, exclamó, mientras llevaba su mano al crucifijo de su pecho.
-¡Por Dios Emily!. Casi me matas del susto, pensé que era algo importante.
-¡Oye Melanie, ésto es importante!. ¿Es que acaso no quieres ver los avances? –Dijo con sus brazos en jarra-
-Sí, sí. Claro. Vamos te acompaño.
-¡Ah por cierto!. Estaré gorda pero no fea, así que yo no asusto. ¿Entendiste?. –Dijo regañando a la superiora en lo que caminaban por los largos pasillos-
-jaja Ay Emily… eres tan respondona que a veces me pregunto, cómo fue que lograste ordenarte.
-Pues porque tengo vocación y de eso no me arrepentiré jamás. Además, tú ni digas nada, que eres igual o peor que yo. ¿Ya se te olvidó de quien fue ésta idea?.
-Mía… ya lo sé… pero…
-Pero nada. –Siguió molestándola al caminar- Podríamos a ver llegado con cualquier cosa normal, como todo el mundo. Claro… si es que llegamos, porque aún no nos dicen nada. Pero no… tenía que iluminarte una de tus magnificas visiones para cambiarlo todo.
-¡Dios mío dame paciencia…! –Exclamo sin recato la superiora-
-¡Paciencia me ha dado a mi que soy la que más se ha metido en todo este lío!. Está bien que la quiero mucho, pero te repito que yo de ésto casi no sé.
-jaja Pero has aprendido cosas nuevas. No te quejes Emily. –Dijo divertida-
-Si… en éso tienes algo de razón, pero tú deberías involucrarte más, porque no mentiré por ti cuando me pregunten.
La religiosa más grande dio un gran suspiro.
-Tienes toda la razón Emily. He estado muy ocupada, pero prometo hacer un espacio diario. No pudo dejarles todo a ustedes. Finalmente fue mi idea y quiero hacerlo.
-¡Milagro!. –Expresó exagerada Emily- Mira ya llegamos. Ve por ti misma.
Entonces los ojos miel de la dama de mediana edad de abrieron en sorpresa.
-Esto es en verdad muy bello…
-Y eso que apenas comenzamos… -Contestó orgullosa Emily-
De regreso a Chicago.
Albert terminaba de hablar con George.
-Sí George así tienen que ser las cosas.
-Muchacho… ¿Estás seguro de que quieres hacer esto ahora?. Estás por contraer matrimonio y madame debería estar presente. –Dijo apelando a su indulgencia sólo por ésta ocasión-
-Lo sé George… -Dijo respirando pesadamente- pero ella se lo buscó. Tú más que nadie sabe cuántas veces le pedí que recapacitara. Lo lamento en verdad. Tendremos que excusarla diciendo que por motivos de salud, el doctor le recomendó aire puro y ella decidió ir a Escocia. No sé… podría ser otra situación. Ya se nos ocurrirá algo amigo.
-¿Era en serio eso de dejarla permanentemente allá…?
-Mira George… sé que finalmente te preocupas por ella, porque estará sola, pero si mi tía no cambia, va a perderse del nacimiento de cada uno de mis hijos, pues no pienso dejar que vuelva a atentar en contra de Candy. Tendrá que aprender a quererla o al menos respetarla y tratarla bien o jamás pondrá un pie en ésta casa.
-Disculpa que haya abogado por ella pero…
-Lo sé George. Yo también por un segundo llegué a pensar en posponer su viaje y que se fuera después de mi casamiento, pero eso sería solo empoderarla y hacer que mi Candy pasara unos días terribles a su lado y prefiero verla feliz. Ahora te dejo. Te veo mañana temprano en la oficina. Estoy casi seguro que escuche salir a la modista y quiero buscar a Candy.
-Muy bien William.
-Lo olvidaba.
-Dime.
-¿Hablaste al convento?.
-No tuve tiempo muchacho, pero mañana temprano me encargaré de eso.
-Excelente. Bueno. Ahora si me despido. Nos vemos mañana y gracias por todo George. –Fin de la llamada-
Después de colgar, caminó directo a la puerta y cuando la abrió, ambos enamorados casi chocan al encontrarse.
-Hermosa justo iba a buscarte. ¿Ya se fue la modista, verdad?
-Sí. También Anne.
-¿Quieres cenar en el jardín …? –dijo ofreciéndole su brazo-
-Me da un poco de pena que tú te encargues de todo Albert…
El tomando su mano, después de besarla le dijo.
-Ya te expliqué que poco a poco aprenderás. Por ahora no te preocupes y mejor vamos a cenar.
-Tienes razón y te prometo que voy a poner todo de mi parte.
Así fue que salieron al jardín. Albert había pedido con anticipación que la cena fuera servida ahí, así que con un cielo bellamente despejado y una luna resplandeciente, tomaron sus alimentos. Después de un poco de sobre mesa. La rubia le dijo.
-Creo que ya estoy un poco cansada. ¿Me acompañas a mi habitación?
El la miró un poco consternado, pues al parecer por un momento ella olvidó, que a partir de aquel día dormirían juntos, pero no haciendo caso a su comentario le respondió.
-Claro preciosa te acompaño.
Candy por un momento –realmente- por la costumbre y el cansancio, olvidó la promesa que se habían hecho en la mañana. Así que tomó su mano, y lo siguió por las escaleras, pero cuando subieron al tercer piso, le preguntó recordando que pasaría la noche en la habitación de él.
-Albert… ¿Qué hacemos aquí?. Tú cuarto está en el segundo piso.
Justo en ése momento se detenían frente a una amplia puerta. Inmediatamente al abrirla Candy quedó asombrada.
-¿Y ésto…? Esta habitación es aún más grande que la tuya.
Caminó algunos pasos y se dio cuenta que la decoración en tonos beige no era ni masculina ni tampoco femenina. También observó una puerta anexa y se encontró con un pequeño estudio.
-Aquí hay un estudio Albert. No entiendo…
El abrazándola por detrás, le dijo suavemente al oído.
-Esta es la recámara principal. He pedido que trajeran nuestro guardarropa y en ese pequeño despacho que observaste, trabajaré los días en que sea necesario sin alejarme de ti.
-¿Toda nuestra ropa está aquí? –Dijo admirada-
-Así es amor. De hecho es hora de tomar un baño y dormir, porque mañana nos levantaremos muy temprano. Desde ahora yo me encargaré de llevarte al hospital.
Ella se separó un poco y le dijo al mirarlo.
Si quieres te preparo un el baño en lo que tú buscas tu ropa.
-Me parece perfecto. Gracias amor.
Candy rápidamente abrió el grifo del agua caliente y comenzó a preparar todo para la ducha de su príncipe. Cuando salió, Albert se encontraba solamente cubierto con una toalla en su cintura. Pero tratando de controlarse se dijo para si misma.
-Tranquila… Él dijo: "un baño y a dormir". Mañana hay que madrugar.
Así que fingiendo que no la alteraba en lo absoluto el tener frente a ella a semejante ejemplar, le dijo lo más dulce y modosa que pudo.
-Ya está todo listo. Puedes pasar amor.
El rubio así lo hizo. Parecía en verdad estar cansado. No duró mucho en la ducha, pues sabía que la rubia también quería relajarse. Así que haciendo igual que ella, cuando salió vestido con su pijama, le dijo.
-Te deje el baño listo bonita, puedes entrar.
Ella respiró profundo y después entro al cuarto de baño. Una vez en la tina, pensó que quizá él tenía razón, había responsabilidades y no todos los días podían estar pensando en hacer "esas tipo de cosas", además también estaba cansada y aunque moría por que la besara hasta perder el aliento y otras cosas más… se acostaría y disfrutaría de tenerlo a su lado y sentir su calor.
Cuando salió del baño, el atractivo rubio ya se encontraba acostado. Al parecer, ella se había tardado más de lo normal y cansado de esperarla, se quedó profundamente dormido. Entonces, apagó las luces, se quitó su bata y se metió a la cama. Recién acababa de cerrar los ojos, cuando sintió como tomaban sus labios, en un beso suave, mientras una juguetona mano, levantaba su camisón y recorría inquieta sus caderas. Ella sólo suspiró. Anhelaba ese contacto nuevamente. Iba a decir algo, cuando escuchó la voz de él.
-Tus labios aún están inflamados por mis besos… -Dijo ahora tomando su cuello, mientras su mano acariciaba placenteramente sus muslos-
Ella sólo atinó a decir entre un suspiro.
-Pero dijiste que mañana hay que levantarnos temprano.
-Sólo pídemelo Candy… y te haré el amor toda la noche. –Dijo después de morder delicadamente su lóbulo izquierdo, con esa voz enloquecedoramente grave y sensual –
Pero ella no decía nada, pues sólo sentía sus manos desprendiéndola de su delicada prenda íntima.
Entonces, volvió a besarla, pero ahora de una forma exquisita y desesperadamente lenta, torturante, en donde podía sentir cada roce, cada milímetro de piel sobre la suya, mientras que su mano acariciaba su intimidad, sintiéndola cálida, lista y tan deseosa como lo expresaba la rubia con cada suspiro y su respiración agitada. Fue entonces que torturándola, volvió a repetir en el mismo tono junto a su oído.
-Dime…¿Qué es lo que quieres Candy?
Ella que ya no aguantaba un segundo más el calor que sentía claramente quemar su cuerpo, mientras arqueaba su espalda por las sensaciones que el rubio estaba provocando en ella, le contestó entre suspiros.
-Quiero ser tuya Albert… Quiero sentirte dentro de mi.
Continuará…
