Nota: esto es continuación del One-shot anterior. En esta ocasión romperé el orden solo para publicar esta historia por el cumpleaños de uno de los personajes aquí mostrados.
Sin más que decir los leo luego...
Título: La sirena y chica bajita.
Franquicia: BanG Dream
Pareja: ToukoFutaba (Touko-Futaba)
Normal Pov
Desde que Tsukushi Futaba recuerda nunca ha tenido amigos, siempre siendo una chica reservada y tímida.
Al menos así era hasta ahora…
—¡Dejen a ese gato!— exclamó la chica más baja.
Un grupo de chicos de su edad estaban a punto de tirar a un gato al mar, el pobre minino no podía liberarse de sus captores. Aunque la chica baja llegó justo a tiempo para evitar una desgracia, o al menos eso pensaba ella pues de un momento a otro el minino no dudó en rasguñar a su captor provocando la ira de este, quién en medio de un ataque de enojo arrojo de manera brusca al felino.
—¡Estúpido gato!— exclamó el chico mientras se tocaba aquella herida.
Futaba no tuvo tiempo para pensar en cómo salvar al gato, cuando ella ya había reaccionado su cuerpo se encontraba corriendo a una alta velocidad y dispuesta a saltar al mar a su ayuda.
Tardo un poco en notar que aquella decisión tal vez no había sido la mejor, pues el minino había logrado regresar al muelle y ella estaba en el mar, luchando por no ahogarse mientras los chicos solo veían como luchaba por no morir ahogada.
—¿Deberíamos ayudarla?— pregunto uno de los chicos.
—¡Llama a alguien!— exclamó otro.
—Tal vez si la dejamos y nos vamos nadie nos culpara—. Sugirió otro.
Al final en lo que los chicos debatían sobre ayudar a la más bajita sucedió algo inédito para los chicos…
Una rubia emergió del mar con el pequeño cuerpo de Futaba, al parecer la última solo se había desmayado y los chicos también lo estaban… ¿La razón? Aquella rubia era una sirena.
Futaba se despertó de golpe al recordar lo sucedido, miro a su alrededor y solo pudo observar la luz del sol ocultándose y a una rubia más alta que ella jugando con el gato que Futaba había intentado salvar.
—¡Ah! ¿Dónde están esos idiotas?— pregunto Futaba sumamente molesta.
—¿Hablas de los mocosos que tardaron en salvarte? Si es así debo decirte que huyeron despavoridos al verme—. Comento Touko jugando con aquel felino.
—¿Huyeron al verte pero yo te veo nor…- Futaba se quedó a media preguntar al mirar mejor a su salvadora.
—Antes de que lo digas, si, soy una sirena.
Futaba se desmayó de nueva cuenta, dejándole trabajo extra a Touko quien tuvo que cuidarla de nuevo.
Algunos minutos más tarde…
Futaba despertó nuevamente solo que ahora tenía una cobija cubriéndola y ahora la rubia tenía al felino entre sus "piernas"
—¿Por qué me salvaste?— pregunto Futaba.
—Primero que nada, de nada, segundo ¿Por respeto?— contesto Touko.
—¿Respeto?
—Estoy segura que aquel grupo de chicos no hubiera saltado sin pensarlo para salvar a este pequeño, pero tú, en cambio no dudaste en saltar incluso sino sabías nadar.
Futaba se sonrojo ante aquel elogio.
—¿Puedo saber tu nombre, pequeña?— pregunto Touko.
—No soy pequeña, tengo 16 años aunque no lo parezca—. Se defendió la más bajita.
—Ok, ok te creo ¿Cuál es tu nombre?— pregunto nuevamente Touko a Futaba.
—Tsukushi Futaba.
—¿Te molesta si te digo Fuusuke? Es que tú nombre es raro.
Futaba se había molestado con dicho comentario aunque pensó que sería malo para su imagen si se ponía a pelear con una sirena solo por darle un sobrenombre.
—¿Y que hace una criatura mítica como tú en un pueblo pesquero como éste?— pregunto Futaba.
—Estoy en busca de mi hermana mayor que escapó de casa.
—Te deseo suerte con eso, este pueblo es mediano y gente va y viene.
Futaba estaba por irse al menos hasta que un brazo la detuvo, era aquella sirena rubia de estatura un poco más alta (según Futaba).
—¡Espera! No conozco este lugar y estoy segura que asustare gente si intento hablar con alguien, además que ustedes tienen la costumbre de capturar lo que no conocen para diseccionarlo—. Comento Touko asustada.
—Primero, yo no tengo la culpa de eso, segundo, es probable y tercero, deberías dejar de mirar la televisión—. Contesto Futaba.
—¿Podrías ayudarme?
Futaba quería evitar problemas y seguir su tranquila/complicada vida, aunque también estaba el hecho de que la rubia la había salvado de morir ahogada.
Mientras la más bajita pensaba, la rubia seguía mimando al pequeño felino que por alguna razón no se despegaba de la rubia.
—¡Ahhh! ¡De acuerdo! Te ayudaré.
—Muchas gracias Fuusuke.
Y así comenzó la búsqueda por la hermana mayor de Touko Hanazono, Tae. Durante los primeros días Futaba solo llegaba con información vaga y con algo de comida para la rubia, pues ésta se negaba a comer a los de su especie (los pescados y las criaturas marinas).
Así progresaron los días y entre varias cosas fue que ambas comenzaron una extraña amistad, una donde Futaba le aconsejaba y ayudaba a Touko a esconderse de humanos, o para cuidar al pequeño minino que ya había sido nombrado por ambas.
Yukki era el nombre de aquel minino que había iniciado aquel extraño viaje y aquella extraña amistad.
Los días se veían muy alegres para ambas al menos hasta que la desgracia sucedió…
Fue en una tarde ya casi anocheciendo Futaba estaba a punto de irse a su hogar cuando una luz irrumpió su alegre plática rutinaria…
—Como decía escuché información de que en otro pequeño pueblo pesquero una sirena se casó con una pianista, no sé si se pueda tratar de tu hermana mayor…
—Lo más seguro, mi hermana siempre estuvo atraída por las mujeres aunque papá nunca entendió eso…
—Eso debe ser duro tu también debes conseguir prometido para acceder al trono ¿verdad?— pregunto Futaba.
—Desafortunadamente, aunque si consigo alguna pareja antes puede que papá no se niegue…— dijo la rubia con una sonrisa traviesa.
—¿Ah? ¿De qué hablas?— pregunto la pequeña.
Touko solo suspiro algo decepcionada.
—De nada.
—Entonces ¿irás en la mañana en su búsqueda?— pregunto Futaba.
—Lo mas seguro—. Contesto Touko.
Futaba se veía algo feliz aunque por dentro la tristeza la invadía, por alguna razón no quería decirle adiós a Touko. Fue ella la que la ayudo a ser menos tímida, la que se tomó la molestia de escucharla en sus días felices y en los tristes, la que la aconsejo y la que la hizo feliz.
—Antes de irme quisiera preguntarte algo Fuusuke—. La interrumpió Touko.
—¿Si?
—¿Tu qué piensas de mí?
Aquella pregunta era sencilla pero su respuesta era algo complejo para la pequeña, ¿Era su amiga, su confidente o tal vez…?
—Una gran amiga, que me ayudó a ser la mejor versión de mí.
Touko sonrió ante lo dicho por la más bajita, aunque de alguna manera ella esperaba más.
—¡Cielos mira la hora! Debo irme, ¿Mañana te veo?— pregunto Futaba.
—Si llegas temprano tal vez podríamos tener una última plática—. Sugirió Touko.
—¡Bien! Entonces te veo mañana—. Futaba procedió a ir con Touko antes de retirarse.
Una vez con ella saco una pequeña bolsa y se la dio a la sirena.
—¿Y esto?— pregunto Touko.
—Un regalo para ti, para en caso de no llegar que me recuerdes y que siempre me lleves contigo.
Touko se sonrojo ante eso y solo pudo quedarse en silencio.
El día siguiente había llegado y la pequeña Futaba había terminado sus clases, aunque para su mala suerte en medio de su camino se cruzaron cuatro figuras.
Eran los chicos que habían provocado su casi muerte, uno de ellos llevaba un parche por causa del gato.
—¡Al fin dimos contigo! Ahora si me las pagarás por dejarme así.
Futaba trato de pasar de ellos pero al intentarlo fue empujada de una manera agresiva.
—¡No puedo perder tiempo con ustedes!— exclamó Futaba.
—No te preocupes no tardaré tanto—. Comento uno de los chicos con una navaja mariposa.
—Viejo creo que eso es ir lejos—. Comento otro de los chicos que lo acompañaba.
—¡Silencio! ¡Esta perra pagará caro mi rostro! Para eso le dejaré una marca o tal vez más…
Poco a poco aquel chico se acercaba a Futaba, amenazándola con aquella navaja mariposa. Aunque para su suerte Futaba tenía un silbato y un gas pimienta listos para cualquier situación.
Futaba espero un poco antes de hacer sonar aquel silbato, lo que hizo enojar al chico del parche.
—¡Maldita mocosa!— exclamó para ir a paso rápido sobre la pequeña Futaba.
Para suerte de Futaba aquel chico no noto el gas pimienta preparándose para ir sobre sus ojos, bueno su ojo. Una vez tuvo cerca al joven fue cuando accionó aquel spray, dejando al chico fuera de sí.
Una vez notó que aquel joven se retorcía de dolor fue cuando Futaba aprovecho y decidió escapar, aunque para su mala suerte otro de los amigos del chico alcanzo a noquearla con un leve golpe en la cabeza.
Futaba podía escuchar las risas de los chicos que solo duraron poco pues al rato se escucharon sirenas y gente acercándose. Después de eso todo se volvió oscuro para Futaba Tsukushi.
Poco después volvió a despertar con un dolor intenso de cabeza y en una camilla, al parecer había sido noqueada y había dormido por 6 horas.
En cuanto la bajita supo eso decidió salir de la sala médica y dirigirse hacia el puerto con la esperanza de encontrar a la rubia sirena.
Esperanza que se esfumó cuando no pudo visualizarla.
—Se fue—. Dijo para si misma.
—Se fue y no pude contestar correctamente su pregunta. Para mí no eres mi amiga, eres mi mejor amiga pero también eres la persona que me enseñó a ser mejor que yo pero sobretodo la persona que me enseñó lo bonito que es el amor—. Comento entre lágrimas Futaba.
Mientras ella lloraba una sirena veía a la chica con una sonrisa y algunas lágrimas escapando de sus ojos.
—Y esa era la respuesta que yo necesitaba.
Al escuchar la voz de Touko Futaba no dudó en saltar al mar para caer en los brazos de su amada. Ya luego se enojaría con ella por jugarle una broma tan cruel.
Tiempo después…
Touko y Futaba siguieron la búsqueda de Tae, dando con esta en un pueblo cercano al de Futaba. Ambas hermanas se reunieron para hablar y honrar al padre de ambas.
Por su parte después de eso Futaba y Touko siguieron su rutina normal…
—Sigo preguntando ¿Cómo dejaste de ser una sirena?— pregunto Futaba a Touko.
—La gente de mi pueblo acostumbra venir a su pueblo, por lo que algo como esto es tan sencillo como preparar limonada.
—Son raros los tritones y las sirenas.
—Pero aún así lograste entablar relación con una de ellas—. Comento entre risas Touko.
—Tienes razón y es lo mejor que he hecho en mi vida.
Dicho eso Futaba y Touko unieron sus labios en un tierno beso.
Fin.
