Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión .
Capítulo 18. Conociendo nuevas personas.
A la siguiente mañana Candy comenzaba su turno. Se encontraba terminando de revisar a sus pequeños pacientes. Salía del pabellón de pediatría cuando observó que cerca de ahí en la estación de enfermería varias de sus compañeras se encontraban reunidas, así que con la naturalidad curiosa característica en ella se acercó. Cuando llegó hasta donde estaban preguntó:
—¿Sucede algo?, ¿por qué están todas reunidas?
Entonces Charlotte quien era una de sus compañeras más cercana le dijo.
—Ay Candy…¿ es que acaso no lo has visto?
—¿De qué hablas Charlotte?
—Del Doctor Jonathan el nuevo encargado del área de pediatría.
—Ah…sí. Lo conocí ayer por la tarde cuando doble turno.
Entonces Charlotte abriendo expresivamente sus ojos negros le contestó.
—¿Así nada más?. "Lo conocí ayer durante la tarde", ¿Eso es todo?,¿Es que no te diste cuenta de que es terriblemente guapo?. Candy no cabe duda de que te encuentras en tu mundo aparte. Es la noticia que tiene revuelto a todo el hospital. Lo acaban de trasladar a Chicago y todas pensamos que es una gran suerte que nos haya tocado trabajar con él. Es muy atractivo y tiene una voz… es tan masculina que nos derrite cuando nos pide algo, además de que esos ojos… ay Candy esos ojos son hermosos tan grises y transparentes que te desarman y su sonrisa… sabemos que no lo hace a propósito pero esa sonrisa es tan seductora. Además está corriendo el rumor de que solamente trabaja por hacer labor humanitaria porque pertenece a una familia de sociedad. Es el hombre perfecto…
Candy no pudo reprimir una ligera sonrisa.
—Charlotte quien te escuche pensaría que estas enamorada de él. Admito que es muy guapo pero de eso a que sea el "Hombre Perfecto" estas muy lejos, eso no existe.
Entonces Charlotte un poco apenada por su despliegue de sinceridad ante la rubia le contestó.
—Bueno… tanto como decir que estoy enamorada de él pues no, pero es evidente que es todo un caballero y si se fijara en mi o en cualquiera de nosotras sería un sueño hecho realidad.
—jajaja Ay Charlotte que cosas dices. Mejor vamos a seguir trabajando que tenemos varios pendientes que atender.
—Está bien Candy… que te parece si por hoy te cambio el área y tú vas a los cuneros, la verdad es que ya estoy un poco cansada de cambiar pañales y me ha tocado toda la semana.
—Ay Charlotte pero si los bebes son la cosa más hermosa que existe.
—Lo dices tú porque te tocan niños más grandes y no pasas el día entero entre leche y pañales sucios.
—No tienes remedio Charlotte…pero está bien por hoy cambiaremos de lugar.
Candy se dirigió al área de cuneros y procedió con la tarea de atender a cada uno. Los alimentó y cambio a todos, cuando de pronto un pequeñito comenzó a llorar, entonces si dirigió a la cuna de donde provenía el llanto y lo cargó. No pudo evitar sentir una gran opresión en el pecho. Tenía entre sus brazos a una pequeña cosita de cabellos rubios y ojitos azules que la miraban fijamente y no pudo parar de imaginar que quizá de haber seguido con Albert así hubieran sido sus bebes. Entonces lo acunó en su pecho y le devolvió una mirada cargada de nostalgia mientras le acariciaba su tierna carita, preguntándose si algún día Dios le permitiría ser madre.
El Doctor Jonathan Kingsford había entrado a los cuneros para revisar a los pequeños pero se detuvo en la puerta al observar tan tierna escena. La miraba fijamente. A la luz del día la pequeña enfermera se miraba más hermosa que la tarde anterior, ahora notaba que tenía unos delicados rizos que caigan con gracia en esa larga coleta y que sus labios eran de un color rosa exquisito y que cada facción de su cara era muy delicada, además de que se veía preciosa con un bebé entre sus brazos. Miraba la ternura con la que acunaba al pequeño y le parecía más linda aún. Cuando salió de su turbación tuvo que interrumpir tan delicado momento y acercándose lentamente hasta donde estaban le dijo.
—Parece que te llevas muy bien con este pequeñito.
Candy levantó la mirada para encontrarse con un par de preciosos y grandes ojos grises que la miraban amablemente. Entonces pensó que Charlotte tenía razón. Jonathan era terriblemente atractivo. Ella le agradeció el comentario y con una sonrisa sincera le dijo.
—Comenzó a llorar y como revisé que no fuera por hambre o por que necesitara un cambio decidí cargarlo y se calmó. Creo que es precioso. –Dijo mientras él bebe agarraba con fuerza uno de los dedos de la enfermera—
—Si es precioso y por lo que veo tiene muy buen "Reflejo de Prensión", solamente hay que mirar la fuerza con la que te toma para darse cuenta.
Entonces Candy regresó al bebé a su cuna y se dirigió a Jonathan.
—¿Quieres que te pase el reporte del estado de cada uno de los pequeños?
—Si de hecho a eso venía Candy, así que si me hace el favor…
Cuando terminaron salieron de los cuneros y él le dijo.
—Ya casi es la hora de nuestra comida Candy, ¿te gustaría acompañarme? – Preguntó sin más—
—¿Acompañarte?. Jonathan yo recién te conozco. –Dijo Candy ligeramente apenada—
Jonathan se sintió un poco raro ante ese comentario un tanto a la defensiva. Desde la tarde anterior la pequeña enfermera se había instalado en sus pensamientos y si bien era cierto que aceptaba que le gustaba pensaba ir tanteando que terreno pisaba, por eso se atrevió a decirle que lo acompañara, pero esa ligera reacción le hizo pensar que a lo mejor a ella no le interesaba, de cualquier manera de la forma más natural le contestó.
—Candy no te estoy invitando a una cita, sólo te pedí hacernos compañía para comer porque supongo que tú también lo haces todos los días y en dado caso eso sería aquí en la cafetería del hospital. Y tienes razón en que recién nos conocemos pero eso puede arreglarse, si me acompañas yo puedo platicarte toda mi vida y tú a mi la tuya así ya no seremos un par de extraños. ¿Qué te parece?
Candy por un momento lo dudó, pero se prometió no volver atrás, así que mirando esos ojos que le pedían en silencio que aceptara le contestó con una sonrisa.
—Tienes razón Jonathan no sé por qué te contesté así. Vamos te acompaño.
Mientras estaban sentados las enfermeras que pasaban y miraban a Candy al lado del nuevo y guapo pediatra no podían dejar de sentirse celosas de que ella había sido la elegida por semejante ejemplar.
—Habían terminado de comer sus alimentos. Entonces Jonathan se dirigió a Candy.
—Bien Candy. Soy un libro abierto. Pregunta lo que quieras, te prometo que sea lo que sea de mis labios solo saldrá la verdad.
A Candy le agradó esa espontaneidad y decidió que se daría la oportunidad de tratarlo más.
—Bien Jonathan pues como sabrás eres la sensación del momento en el hospital.
—jajaja Que sincera eres Candy, pero lo dices como si fuera una gran actor o un personaje famoso.
—jaja Pues no lo eres pero todo el mundo habla de ti.
—Pues yo no he escuchado nada. – Dijo con tremenda sonrisa sobre su rostro—
—Por supuesto que no, ni lo escucharás. Las mujeres de éste hospital pueden llegar a ser muy discretas cuando quieren.
—Omitiré mis comentarios al respecto Candy, la verdad es que no estoy interesado en ellas. Pero vamos lanza tu primer disparo y pregúntale a este hombre lo que sea con tal de que se gane tu amistad. –Dijo al tiempo que tomaba un poco de su taza de café—
—mmm creo que mejor prefiero que te describas tú solo.
—Ay por favor Candy haces que me sienta de nueva cuenta como en el colegio.
—Anda será divertido.
Jonathan dio un suspiro y comenzó.
—Bueno…si eso es lo que quieres así se hará. Mi nombre es Jonathan Kingsford, tengo 26 años, estudié medicina y mi especialidad en pediatría en la Universidad de Harvard. Me gradué con honores tras no dormir prácticamente por 5 años. Después me invitaron a trabajar en la UCLA Medical Center en los Ángeles, California y ahí estuve laborando los últimos 3 años., pero mi familia pertenece a Chicago y como mis padres ya están un poco mayores decidí regresar al hogar para estar más cerca de las personas que amo. Soy el menor de tres hermanos varones. Tengo unos padres amorosos y compresivos que siempre han apoyado cada una de mis decisiones. Sigo soltero aunque no te niego que en mi vida ha existido una que otra mujer pero jamás he estado comprometido. No tengo tendencias obsesivas, compulsivas ni arrastro a ninguna psicópata atrás de mi. No soy perseguido por la autoridad. Soy creyente pero no voy seguido a la iglesia. Me encanta dormir, podría quedarme fácilmente en la cama y no venir a trabajar de no ser porque el despertador me lo recuerda. Me incomodan los lugares llenos de gente, por lo que el aire libre me encanta. Soy alérgico a las nueces. No padezco cualquier otra enfermedad. Soy terriblemente honesto y esto a veces pudiera ser un defecto porque siempre digo lo que siento y lo que pienso casi al momento. A pesar de a haber sido un ratón de biblioteca por dedicarme a la medicina disfruto mucho del campo, me encantan los animales, montar a caballo, lo hago siempre que puedo. Me gustan los picnics aunque termine lleno de pequeñas hormigas, adoro comer, me fascinan los postres pero más todos aquellos que contengan chocolate. No fumo porque a pesar de que admito que me gusta siento que es un hábito terrible aunque la medicina aún no lo demuestre plenamente. No me gusta el "whisky" y aunque casi siempre mis hermanos se burlen de mi no tengo problema en admitir que prefiero mil veces más disfrutar de una buena copa de vino tinto, blanco o rosado. En cuanto al amor espero que la vida tenga destinada para mi a una buena mujer que me acepte como soy y con las responsabilidades que mi profesión contrae. Quiero una compañera de vida pero que también que sea mi amiga. Ahora eso es un poco difícil de encontrar para ser sinceros, porque pertenezco a una familia de la "Alta sociedad de Chicago" y todas las "damas de sociedad" están cortadas por la misma tijera, te dicen lo que quieres escuchar y se moldean a tus necesidades porque así fueron enseñadas y al menos en mi caso no he podido conocer realmente a ninguna de ellas porque no se permiten vivir. No me considero un hombre celoso pero si le faltan al respeto a la mujer que amo no dudo un momento en dar la cara por ella, aunque te confieso que no soy un experto peleando, jamás he sido de un carácter explosivo pero se defenderme cuando la situación lo amerita. A pesar de la insistencia de mi madre por vernos casados a los tres con la excusa de querer vivir para conocer a sus nietos ninguno lo ha hecho todavía y eso que Robert el mayor de todos ya tiene 29 años. No tengo problemas para conciliar el sueño ya que apenas mi cabeza toca la almohada caigo profundamente dormido. Odio las mentiras porque prefiero mil veces una verdad que duela a vivir engañado. No funciono sin café por las mañanas y en honor a la verdad debo confesarte que estoy terriblemente impactado por el verde de tus ojos, imagino que de pequeña has de haber sido una niña preciosa.
Candy no sabía que decir. Por primera vez en su vida se había quedado muda. Aquel hombre no bromeaba cuando dijo que sería un libro abierto. Acababa de describirse ante ella con la naturalidad de una persona que te conoce de toda la vida.
—Parece que hablé demasiado, pero ahora puedes comprobar en efecto que soy muy honesto. Lamento si te asuste pero pediste que me describiera. Ahora es tu turno. ¿Qué hay de ti Candy?, ¿Quién eres?.
Ella seguía impresionada e inusualmente callada.
—O eres muy tímida o presiento que no quieres hablar conmigo…
En eso Candy reaccionó.
—No, no es eso Jonathan es solo que tenía mucho tiempo que no conocía alguien tan peculiar como tú.
—Peculiar…eso es ¿bueno o malo…?
—jaja no como crees que es malo al contrario te agradezco.
—Bien pues es tu turno señorita.
—Está bien… Pues como sabes mi nombre es Candice White pero mis amigos me dicen Candy. Tengo 20 años. Estudié enfermería en la escuela de Mary Jane a los 15 y ahora tengo una especialidad quirúrgica. No tengo padres. Soy huérfana y me criaron dos amorosas mujeres que hasta la fecha sigo considerando como mis madres en un orfanato que se llama "Hogar de Pony". Cuando pequeña fui adoptada por una familia de la "Alta sociedad de Chicago" pero recientemente renuncié al apellido aunque acepté la protección de la "Tía Abuela". Siempre he estado rodeada de amor y buenos amigos. Yo al contrario de ti no soy alérgica a nada, de hecho como mucho porque siempre tengo hambre. Me encantan los postres y mi favorito es el pastel de chocolate. Soy muy dormilona, antes no lograba llegar a tiempo a ningún lado, pero eso cambio con el tiempo, tampoco sabía cocinar porque se me quemaba hasta el agua, pero gracias a la paciencia de una de mis madres ahora lo hago muy bien. A veces sigo siendo un poco distraída. Cuando era más chica me encantaba subir a los árboles y observar el atardecer, ya no lo hago pero siempre que regreso al "Hogar de Pony" no puedo evitarlo. También soy muy sincera y como tú odio las mentiras. He tenido personas importantes en mi vida pero justo ahora me encuentro soltera porque rompí mi compromiso apenas unos días atrás. Amo la naturaleza, el campo, las montañas de Illinois en donde crecí y mi profesión sobre todas las cosas. Creo que eso es todo. Bueno tienes razón en que fui una niña bonita o al menos eso me decían mis madres, pero la verdad también fui tremendamente inquieta, demasiado traviesa, me gustaba jugar con el lazo y siempre estaba trepada en algún árbol, a diario llegaba con raspones y moretones.
Una sonrisa se dibujaba en el rostro de Jonathan cuando la escuchaba. Tenía en frente a una mujer igual de sincera que él, una mujer que denotaba fuerza porque su vida al parecer no había sido tan fácil pero al mismo tiempo era delicada e irradiaba feminidad. Sin embargo no podía creer una parte de lo que acababa de escuchar, ¿cómo era posible que un hombre hubiera perdido a una mujer así como ella…?. Candy le gustaba y mucho pero sabía que necesitaba tiempo para olvidar y darle la oportunidad de conocerlo, así que decidió ser paciente, no presionaría en el terreno amoroso y que todo marchara al ritmo que ella necesitara. Entonces habló.
—Mira nada más…quien hubiera imaginado que fuiste tan tremenda Candy. Jajaja Me parece maravilloso. Se escucha que disfrutaste mucho tu niñez.
—jaja No te burles Jonathan.
Entonces mirándola encantado con esos expresivos ojos le dijo.
—Perdóname Candy no me estoy burlando, estoy fascinado eso es todo. Generalmente no me cuentan cosas como esas.
—mmm… está bien te perdono.
—Bueno que dices… Al menos yo ya me di cuenta de que no eres peligrosa y espero que tengas la misma impresión de mi. ¿Ya podemos ser amigos?
—Está bien Jonathan. Podemos ser amigos. – Le sonrió—
—Pues ya está. No te librarás de mi tan fácilmente. – Guiñando un ojo y mostrando su arrebatadora sonrisa—
—Bueno Jonathan ya debo irme. De hecho mi turno acabó hace un rato justo a la hora de la comida.
—El mío también Candy sólo quería conocerte más, pero te acompaño a la salida, ¿sabes? me queda de camino mi automóvil está estacionado a unos metros del hospital.
—Bueno vamos.
Caminaron por el largo corredor y pronto estuvieron en la puerta del mismo.
—Bueno pues nos vemos mañana Jonathan.
—¿Podría llevarte a tu casa Candy? No quisiera que camines mientras yo me voy en el auto.
—Perdón Jonathan pero no me parece prudente.
—Tienes razón te ofrezco una disculpa.
—No te preocupes. Nos vemos mañana. Descansa.
Entonces Jonathan tomó su mano delicadamente y le dio un beso para despedirse de ella.
—Hasta mañana Candy. Tú también descansa y no andes trepando árboles.
Ella sólo sonrió retirando discretamente su mano de él y se fue caminando en dirección contraria.
A lo lejos en un automóvil que se encontraba estacionado en la acera de enfrente, un rubio se llevó la sorpresa de su vida al observar aquella escena en donde "su Candy" estaba platicando muy amablemente con un perfecto desconocido para él. En ese momento sintió que toda la sangre de su cuerpo le hervía y unos arrebatadores celos le carcomieron el alma cuando los vio despedirse con un beso en la mano de ella. Había ido a buscarla para pedirle unos minutos y hablar con ella pero se marchó sin notar si quiera su presencia, lo había ignorado, ni se dio por enterada de que se encontraba al otro lado de la calle por estar platicando con "él". Apretó los puños de impotencia pero decidió esperar a que llegara a su departamento para buscarla y en cuanto a ese desconocido inmediatamente averiguaría quien era, necesitaba saber contra quien se estaba enfrentando.
Continuará…
