Capítulo 16

¡Oh Dios!

Necesito hablar contigo, por favor, necesito oír tu voz, saber que estás bien, llámame. Te quiero.

Rachel se desesperaba.

Sentada en uno de los troncos que servían de asiento alrededor de la fogata, observaba su móvil expectante, esperanzada en recibir una respuesta tras aquel mensaje que acababa de enviar a Finn.

Había sido uno de los mejores días. Quinn le había regalado uno de los mejores momentos o, mejor dicho, mágico momento, rodeada de miles de mariposas que sobrevolaron sobre sus cabezas. Y era por culpa de ello que se sentía así. Era la forma en la que había logrado que se sintiera especial, lo que cambió su estado anímico. Porque todo lo bueno que hacía Quinn, le recordaba lo mal que estaba con Finn.

Algo que la rubia no sabía. Por supuesto.

Tras aquella experiencia, ambas volvieron al campamento dónde ya habían empezado a preparar la cena de aquella noche, y la ya tradicional reunión alrededor de la fogata.

Quinn no notó nada extraño en Rachel. Empezaba a ser ella, empezaba a mostrarse como realmente era, hasta que llegó aquel instante. La cena transcurrió con normalidad y las conversaciones se hacían amenas, e incluso más distendidas que el día anterior.

Dave reunía a su alrededor a alguno de sus compañeros mientras tocaba la guitarra, otros hablaban de los dibujos, entre los que se encontraba el profesor. Quinn, atendía interesante en una conversación con algunos de los chicos, sobre consejos para encontrar la dichosa orquídea amarilla que se había convertido en casi una obsesión para ella. Pero sus ojos no sólo prestaban atención a sus compañeros que le mostraban algunas imágenes de plantas que ya habían encontrado, sino que no perdía detalle de ella. De Rachel.

La morena, a diferencia del resto de chicos, permanecía completamente ajena a ellos, de espaldas a la fogata mientras se entretenía con el móvil.

Quinn intuyó que la razón por la que se mostraba de tal manera, era una. La única podría obligarla a distraerse como lo estaba haciendo. Estaba hablando con Finn, o tal vez con Kurt, y no quiso molestarla. Pero no todos parecían comprender la necesidad de la morena por tener algo de privacidad.

Mel, tras recorrer varios de los grupos, no dudó en merodear cerca de ella, y observar curiosa lo que se traía entre manos. Tanto que Quinn se sorprendió al verla como miraba por encima de los hombros de Rachel, sin que ésta se percatara del hecho. No fue hasta que decidió tomar asiento a su lado, cuando al fin reaccionó.

—Me tienes que contar como lo haces —espetó provocando un pequeño susto en la morena.

Rachel ocultó la pantalla de su móvil, tratando de evitar que la chica leyese aquél último mensaje que había escrito y que aún permanecía visible.

—¿Cómo hago qué? —preguntó un tanto incomoda.

—Conseguir el amor como lo consigues.

—No, no te entiendo —la miró confusa.

—Aún muero de envidia por la escena que vi esta mañana en el mirador. Dios Rachel, era hermoso veros juntas. Te juro que parecía una escena de película.

Rachel le mantuvo la mirada recordando la escena.

Casi 30 minutos estuvieron allí arriba, abrazadas, con las manos entrelazadas, y lógicamente sabían que aquello había provocado la curiosidad de todos sus compañeros. Pero ellas no fueron conscientes de eso en aquel instante.

—No hicimos nada raro. Quinn tiene vértigo y no podía estar sola —se excusó.

—Lo sé, me lo dijo Dave. Pero, aun así… No sé. Se os ve tan bien juntas que parece surrealista.

—¿Surrealista?

—Sí. Bueno Rachel, todo el mundo en el instituto sabe cómo os habéis llevado tú y ella…Las peleas que habéis tenido. Además, todo el mundo sabe lo de ese chico, el capitán del equipo…Hudson —musitó y la morena se puso en alerta. Que Mel mencionara a Finn no era la mejor idea para el plan.

—Bueno, las personas a veces no son lo que aparentan.

—Sí Rachel, pero hace unas semanas todo el mundo sabía que habíais perdido esa competición de coros porque tú y Hudson os besasteis en el escenario. Y ahora resulta que tú estás con ella, que también es su ex. No me puedes negar que es realmente extraño.

Demasiado, pensó Rachel, tanto que no entendía como la chica había creído por completo aquella mentira, si realmente conocía la historia entre Quinn, Finn y ella misma.

—Bueno, ya sabes que a la gente le gusta hablar, inventan cosas que no son verdad y… Ya te he dicho que no todo el mundo es como aparenta ser.

—Cierto. La verdad, me alegro muchísimo que estés así de feliz con ella —lanzó una mirada hacia Quinn. Rachel imitó su gesto y también buscó a la rubia que, casualmente, permanecía observándolas con el gesto preocupado.

Una preocupación que aumentó cuando descubrió la mirada de Rachel.

Era tristeza, apatía y desilusión lo que mostraban sus ojos.

—Quinn es una gran persona, es especial y…Es imposible no enamorarse de ella —murmuró volviendo a recuperar la postura que mantenía, de espaldas a la fogata.

—Debe serlo si has decidido jugarte por ella, y dejar a un lado a Hudson.

Rachel tensó su mandíbula. Definitivamente, aquel no era el mejor momento para hablar de Finn, ni de sus supuestos sentimientos hacia Quinn.

—¿Sabes qué? Después de la desilusión que me he llevado con Dave, creo que igual este curso, voy a intentar a acercarme a Hudson —añadió y la palidez en el rostro de la morena, se hizo evidente incluso estando en penumbra— ¿No te importa verdad?

—Creo que Finn tiene a alguien en mente —masculló fingiendo no darle importancia. Lo cierto es que si la tenía. Tanta que por primera vez desde que empezaron el dicho plan de venganza, tuvo dudas certeras sobre si seguir fingiendo, o acabar con ello. Una broma divertida, un juego para pasar el verano y tener algo de lo que reírse. Todo eso era la venganza sobre Dave. Pero que aquella chica metiese de lleno a Finn, ya rompía todas las reglas. No iba a arriesgar su relación por un estúpido rumor que ellas mismas había infundado.

—¿Y? Quien no juega no gana. No me dan miedo las otras.

—¿Tan segura estás? ¿Creía que sentías algo por Dave? —le replicó molesta.

—Dave es gay… ¿No? —preguntó con algo de sarcasmo, y Rachel lo entendió. Supo que Mel empezaba a sospechar que el chico no tenía nada que ocultar y mucho menos su condición sexual.

—¿Desde cuándo te gusta Finn?

—Es el capitán del equipo, a todas las chicas les gusta —respondió sonriente.

—Hey… ¿de qué habláis? —fue Dave quien interrumpía la conversación, y Rachel lo agradeció.

—De chicos —soltó Mel sorprendiéndolo.

—¿Qué hacéis? —esa vez fue Quinn quien tras ver como Dave no dudaba en tomar asiento junto a ellas, decidía interesarse por lo que estaba sucediendo.

—Estas dos hablan de chicos —Dave respondió desganado mientras Quinn tomaba asiento frente a los tres.

—¿Chicos?

—Sí, más concretamente de Hudson, Finn Hudson —apuntilló Mel sin perder detalle de su reacción. Una reacción que apareció en Quinn a modo de sorpresa, y lanzándole una mirada a Rachel que, cabizbaja, ni siquiera percibió.

—¿Y qué hablabais de Finn? —preguntó curiosa al no recibir respuesta alguna.

—Nada, sólo le comentaba que es extraño que vosotras os llevéis tan bien sabiendo que las dos habéis estado con el mismo chico.

Dave se sorprendió, al igual que Quinn. El chico era consciente de la piadosa mentira que le había dicho a Mel acerca de la relación que mantenían Rachel y Quinn, y que estuviera hablando de aquél supuesto ex, no era lo mejor para él tampoco.

La situación se tensó demasiado. Todos escondían algo, guardaban un secreto que no debían liberar, y Finn parecía ser la clave para destramar toda la historia. Hablar del chico en aquellas circunstancias sólo podría traer problemas, pero Melanie parecía no ser consciente de ello. Su única intención era descubrir por qué Rachel le escribía aquel mensaje al chico, a escondidas de Quinn.

—Finn es un buen amigo —respondió la rubia tratando de acabar con la tensión—. Que sea nuestro ex no significa que no podamos llevarnos bien.

—Cierto. Se nota que es buen chico —espetó con sarcasmo.

—Lo es sin duda. Y por eso…

—Chicos, lo siento, pero yo me voy a dormir —interrumpió Rachel cortando radicalmente la conversación. De hecho, ni siquiera aguardó para dar más explicación.

El tono utilizado por Mel y la frustración por no recibir el mensaje de respuesta de Finn, estaban acabando con su paciencia.

No dijo nada más. Rachel lanzó una mirada de soslayo a Quinn, y abandonó su asiento dispuesta a dirigir sus pasos hacia la tienda de campaña. Quinn no permitió que se alejara demasiado.

—Hey, Rach… Espera.

—Quinn, no...

—¿Estás bien? —le preguntó ignorando su primer intento de excusarse.

—Me duele un poco la cabeza. Estoy cansada —mintió.

—¿Seguro que te vas por eso?

—Sí, claro —insistió—. Ha sido un día muy largo, y te recuerdo que yo aún no estoy acostumbrada a esta vida campestre —añadió forzando una tímida sonrisa—. Dejaré la tienda de campaña abierta para que puedas entrar cuando quieras. ¿Ok?

Quinn asintió, pero lo hizo por inercia, para evitar preguntarle delante de Mel y Dave que ya hablaban entre ellos. Rachel no le había mirado a los ojos mientras le hablaba, sólo se limitó a excusarse y apartarse de ella, directa hacia la zona de las tiendas de campaña.

Esperó pacientemente. Dave y Mel ya regresaban a la periferia de la fogata, dónde los demás chicos entablaban conversaciones. Quinn decidió quedarse en el lugar que minutos antes ocupaba la morena.

Algo se removía en su interior. Sabía que Rachel se encontraba mal, que probablemente era por Finn, ya que la conversación con Mel le dejó claro que ambas hablaban del chico. Y sabía que una buena amiga acudiría a intentar hablar con ella, a tratar de ayudarla o apoyarla si lo necesitaba. Pero una terrible confusión la hacía dudar.

Quería estar con ella, quería estar a su lado, pero no ser su paño de lágrimas cuando era Finn el culpable de su malestar. Porque de ser así, sabía que no sería completamente racional.

—Hey Quinn —Miller se acercaba a la chica al verla apartada del resto—. ¿Qué haces aquí? Ven, estamos planificando la ruta de mañana. Vamos a montar a caballo.

—No, no profesor. De hecho, creo que me voy ya a la carpa. Estoy cansada —se excusó.

—Vaya, pero es pronto aún.

—Lo sé, pero si quiero estar bien mañana, será mejor que me vaya a descansar — volvía a responder mientras se levantaba del asiento—. Además, Rachel también está ya allí y no quiero molestarla más tarde.

—Si, la acabo de ver y me ha dicho que estaba muy cansada, y que le dolía un poco la cabeza. Se nota que no está acostumbrada a esta vida.

—Sí, es justo lo que me ha dicho a mí. Ha sido un día muy largo.

—Ok, dejaré que vayas a descansar. Hoy, después de la sorpresa que ha supuesto verte en el mirador del pánico, lo tienes más que merecido —le dijo agradeciéndole de nuevo que tomase la decisión de enfrentarse al vértigo—. Pero mañana a las 8 hay que estar preparada. Y no me valen excusas como que te has quedado dormida.

—A las 8 estaré perfecta, lo prometo —le afirmó con rotundidad

—Eso espero. Vamos, ve a descansar, Quinn.

—Buenas noches, profesor.

—Buenas noches —le respondió cuando la rubia ya se dirigía hacia la tienda de campaña. Un trayecto que apenas duró unos minutos mientras sorteaba el resto de carpas. Pero fueron unos minutos realmente largos para ella. Porque mientras caminaba, las dudas volvieron a atizarla con fuerza.

Ni siquiera estaba cansada, ni mucho menos tenía ganas de dormir. Y por supuesto, tampoco quería estar en medio de otro de sus dramas con Finn. Pero no lo podía evitar. Tenía que ir, tenía que volver a estar a su lado, aunque ya hubiera caído vencida al sueño.

Era más un deseo que una realidad. Lógicamente, Rachel no iba a estar dormida apenas 15 minutos después de haberse metido en la tienda. Y lo pudo descubrir tras decidirse a abrir la pequeña cortina que hacía de puerta, y verla allí, de espaldas a la entrada y con la cabeza apoyada sobre sus rodillas.

—Creo que esta noche voy a dormir como un bebé —susurró tratando de no molestarla demasiado, pero Rachel ni siquiera se preocupó en preguntar por qué—. Pensaba que ya te habrías dormido —añadió colándose en el interior. Y de nuevo el silencio como respuesta. Un silencio que no iba a tardar en destruir con un nuevo intento —Rach… ¿Estás bien? —preguntó y fue justo entonces cuando decidió responderle, aunque no lo hizo como ella esperaba. Rachel se limitó a negar con la cabeza, y dejar escapar un suspiro entrecortado que la puso en alerta— ¿Qué sucede, Rachel?

—Me quiero morir, Quinn —balbuceó, y Quinn supo rápidamente que estaba llorando. No lo dudó, se acercó a ella, y con dulzura, tiró de su hombro para obligarla a que la mirase.

Se había acostumbrado a vivir con un nudo en su garganta. Quinn había aprendido a mantener sus sentimientos bien guardados, y a no mostrar ningún atisbo de preocupación por nadie, y menos aún por ella. Pero ver como caían las lágrimas por sus mejillas, hizo que ese nudo se anclase con más fuerza a su garganta, y un extraño lamento se apoderase de ella.

—¿Qué ocurre, Rachel? ¿Por qué lloras? —preguntó dulcemente.

No respondió. Con un rápido gesto se abalanzó sobre Quinn, abrazándola con fuerza, y hundiendo el rostro en su pecho mientras dejaba escapar varios sollozos—Hey, Berry —sonó aún más dulce permitiéndole que permaneciera entre sus brazos, mientras sus manos no dudaron en acariciarla, en tratar de confortarla y transmitirle el consuelo que parecía necesitar.

—Quinn, no…no me quiere. Le he, le he perdido…—balbuceó sin deshacer el abrazo.

—¿Hablas de Finn? ¿Por qué dices eso?

—Le he escrito. Le he escrito varias veces y ni siquiera me responde. No quiere saber nada de mí, no me ha perdonado…

—Hey…hey…—la interrumpió— Calma, Rachel. ¿Cómo dices que no te quiere?

—Porque no me responde.

—Eso no es excusa. Vamos, está de vacaciones. Apuesto a que estará haciendo algo y ni siquiera ha leído los mensajes. No seas trágica.

—¿Tú crees? —preguntó alzando la vista.

—Seguro —respondía tratando de sonreír, aunque en su interior algo empezaba a revolverse. El simple hecho de imaginar que Finn estuviera castigándola de aquella manera, estando a miles de kilómetros, le ponía de mal humor. Pero en ese instante, su único propósito era que Rachel dejase de llorar, que recuperase la calma y pudiera disfrutar de las vacaciones. Nada más—. No te agobies. ¿Ok? Finn está loco por ti. Siempre lo ha estado, el muy idiota me dejó por ti —trató de bromear, pero Rachel ni siquiera le dio valor —. No tienes que preocuparte ahora de eso. Finn es tan cabezota como despistado, y estoy segura de que ni siquiera habrá visto esos mensajes. Cuando os veáis, todo volverá a la normalidad.

—Pero no, no sé si él me va a perdonar lo que le dije. Kurt, Kurt me dice que no le habla de mí.

—Finn no es muy dado a expresar sus sentimientos con nadie. Lo conozco, y es cabezota, orgulloso y, como ya te he dicho, muy idiota por dejarme… Pero te quiere. Eso es algo que todo el que lo conoce, sabe —volvía a sonreír al tiempo que, sin dudarlo, comenzó a eliminar los restos de lágrimas que inundaban las mejillas de la morena.

—¿Y qué pasa con Mel?

—¿Con Mel? ¿Qué pasa con Mel?

—Ella, ella va a intentar acercase a Finn durante este curso. Quiere conquistarlo.

—¿Qué dices? ¿Cómo sabes eso?

—Me lo ha dicho. Y créeme Quinn, me he controlado por ti, por no fastidiar la venganza, pero te juro que me han entrado ganas de gritarle…

—Para, para… ¿Mel te ha dicho eso antes? ¿Cuándo estabais hablando?

—Sí. Primero, primero me empezó a hablar de nosotras, de que nos veía muy enamoradas y esas cosas…Y luego me habló de Finn.

—¿Le has escrito a Finn delante de ella?

—Eh no, le escribí varios minutos antes de que ella se sentase a mi lado.

—No me lo puedo creer —interrumpió—. Te estaba espiando.

—¿Qué? ¿De, de qué hablas Quinn? —preguntó tratando de calmar los sollozos que aún le interrumpían al hablar.

—Mel ha visto que le has escrito a Finn, yo la estaba observando. Vi que estaba merodeando detrás de ti, y ahora lo entiendo. Seguro que te ha visto escribirle, y por eso te ha dicho eso, para ver como reaccionas.

—Pero… ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene eso?

—Rachel, si se supone que tú y yo somos pareja, ¿por qué le ibas a estar escribiendo a Finn?

—Pero…Pero ella me ha dicho que va a ir a por él. ¿Por qué me hace eso?

—Porque intuye o empieza a sospechar que lo nuestro no es verdad. Quizás Dave le haya confesado que le mintió o, que se yo. Pero es evidente que ha querido ponerte a prueba. Y casi consigue lo que quería.

—Idiota… ¿Cómo me va a decir eso solo porque sospeche?

—No creo que haya querido hacerte daño Rachel, pero si sospecha es lógico que quiera probarnos…

—Pues te juro que cuando ha empezado a hablarme de nosotras, de que le daba envidia y esas cosas, he sentido remordimientos por mentirle. Pero ahora…

—¿Qué te ha dicho exactamente? —musitó curiosa, permitiéndole algo de espacio tras ver como el llanto ya había cedido.

—Pues que nos veía muy bien. Que se emocionó al vernos en el mirador… —Rachel hablaba sin mirar a Quinn. La morena aún continuaba eliminando las lágrimas de sus ojos y secando sus mejillas con la manga de su pijama.

—¿Se emocionó?

—Sí, dice que la imagen que dimos ahí arriba fue de película, y que ojalá ella algún día pueda vivir algo así.

—Vaya…Es curioso —espetó al tiempo que comenzaba a desvestirse para colocarse el pijama ella también.

—¿Qué es curioso? —preguntó alzando por primera vez la vista.

—Pues que diga eso justo del único momento en el que no estábamos disimulando —sonrió divertida.

—Es cierto —balbuceó recreando la escena en su mente —. Yo ni siquiera me di cuenta de que nos miraban. No pensé en nada.

—Yo tampoco. Mi única preocupación era no mirar al acantilado —respondió divertida—. Bueno, también pensé en lo poco que me ibas a proteger tú si me caía desde ese mirador.

—Pues te protegería con mi cuerpo —respondió contagiándose de la sonrisa.

—Ya, con tu cuerpo…

—Hey… ¿Tienes algo contra mi cuerpo?

—En absoluto. Pero eres… pequeña. Y seamos honestas, poco me ibas a proteger.

—No importa que sea pequeña, yo te protegería con todo mi cuerpo y mi alma. Y eso supone un plus de protección importante.

—Vaya…—musitó sorprendida— Eso suena importante, Berry —añadió dejándose caer ya sobre su saco de dormir tras haberse colocado el pijama ante la curiosa mirada de Rachel, que parecía haber olvidado del llanto.

—Eres importante —respondió con total y absoluta firmeza—. No dudes de que te protegería con todo lo que fuese posible.

Quinn volvía a mirar a Rachel. Aquella última frase de la chica no hizo más que provocar como una gran bocanada de aire llenaba sus pulmones, y dejaba escapar un sonoro suspiro, sin ser capaz de controlarlo.

—¡Mi móvil! —exclamó rompiendo el juego de miradas que mantenían las dos— Se ha iluminado.

—Puede que sea Finn —susurró Quinn sintiendo como de nuevo, el malestar se apoderaba de ella. Había logrado que Rachel no solo dejase de llorar, sino que le confesara que estaría dispuesta a protegerla por encima de su propio bienestar. Y aunque era consciente de que simplemente eran palabras, le hacían bien escucharlas en su voz. Que Finn volviera a escena, rompía por completo de nuevo la complicidad.

—Es él —murmuró Rachel observando la pantalla—. No, no quiero leer el mensaje.

—¿Qué? Pero si estabas desesperada porque no te respondía.

—Pero, ¿y si es algo malo? ¿Y si…? ¿Puedes, puedes leerlo tú? —preguntó entregándole el móvil.

—¿Yo?

—Sí tú, yo…Si es algo malo no me digas nada, y si es bueno…Si es bueno sí, pero…

—Dame —le arrebató el teléfono de las manos tratando de evitar alargar más la tensión.

Acabo de llegar al hotel y ahora voy a prepararme para cenar, ya hablamos mañana.

—¿Y bien? —cuestionó al ver que Quinn leía el mensaje y guardaba silencio mientras lo hacía.

—Acabo de llegar al hotel y ahora voy a prepararme para cenar. Ya hablamos mañana. Te quiero —soltó provocando la sorpresa en Rachel.

—¿Me quiere?

—Ajam…Ouch, mierda, creo que no lo guardé — se excusó. Evidentemente lo hizo queriendo. Quinn había añadido un "te quiero" que Finn no se había dignado a escribir, solo para tranquilizarla. Y la única excusa para que no viese que era mentira, fue eliminar el mensaje antes de ser guardado.

—¿Se borró? —preguntó tomando el móvil entre sus manos, dispuesta a encontrar aquel mensaje.

—No…No lo sé —mintió— Creo que me confundí de tecla, y le di a eliminar. Pero da igual. Ya sabes que sí, que te quiere, aunque esté enfadado.

—Es verdad, da igual. Lo importante es eso… ¿Verdad? —sonreía emocionada.

—Claro, eso es lo único que importa —respondió volviendo a retomar su lugar sobre el saco de dormir, y procurando que no se le notase demasiado la pequeña mentira. A pesar de que, en su rostro, ya había tímidas muestras de un incipiente malestar— Ok. Va siendo hora de dormir. Miller me ha avisado de que mañana tenemos que estar despiertas a las 8.

—Sí, sí, a mí también me lo ha dicho. Vamos, vamos a dormir…— respondía acomodándose ella también en su lado mientras observaba ilusionada el móvil.

—Apaga la luz, Rachel. Y el móvil también —le ordenó divertida—. No hagas que te lo requise —añadió. Algo que Rachel no dudó en hacer con rapidez. Apagó la pequeña linterna y desconectó el teléfono

—Hey Quinn —susurró cuando la oscuridad ya las inundaba.

—Sí…

—Tenemos que pensar algo para vengarnos de Mel también.

—Ok. Mañana pensamos en algo.

—Genial.

—Buenas noches, Rachel.

—Buenas noches, mi chica.

Suficiente para acabar el día, y marcharte a dormir con una sonrisa, pensó Quinn, que no tardó en conciliarlo a pesar de ni siquiera necesitarlo. Rachel lo tuvo más difícil. La falta de costumbre y el tener que adaptarse a la oscuridad total de la tienda, eran un hándicap para ella. Sin embargo, ese último mensaje que había recibido de Finn, y el cariño que le había regalado Quinn, lograron apaciguar su estado de ánimo. Que, junto al cansancio tras el agotador día, terminaron por provocarle el ansiado sueño cuando apenas había alcanzado el 60 en su cuenta regresiva.

Un sueño que fue interrumpido 4 horas más tarde, cuando una intensa y urgente necesidad la hizo despertar.

Todo en el exterior estaba en silencio, completamente solitario. La noche inundaba el campamento con su pertinente oscuridad sólo destruida por las luces que guiaban hacia las cabañas de servicios, su principal objetivo tras despertarse.

Lo dudó tras asomarse por la cortina. Quinn permanecía profundamente dormida, y Rachel tramaba la forma de salir de la carpa y llegar hasta los servicios a la mayor brevedad posible. Pero le resultaba imposible poner un pie en el exterior y llegar hasta su objetivo sin morir de miedo.

Lo reconocía, le daba terror.

—Mmm.

Un leve murmullo proveniente de la rubia la distrajo mientras volvía a observar el exterior tras la cortina. Rachel no dudó en encender la linterna y señalarla directamente para averiguar si se había despertado. Algo que, a juzgar por el movimiento y ruido que ella misma había provocado al desplazarse hasta la entrada, podría haber conseguido.

Pero no. Quinn no estaba despierta, o al menos eso pudo intuir hasta que un nuevo susurro salió de ella, y un leve movimiento de su cuerpo la puso en alerta.

Quinn permanecía sobre uno de sus costados, dándole la espalda, y con el saco de dormir hecho un rollo entre sus brazos y piernas, abrazándolo con fuerzas.

—Quinn…—susurró tratando de no molestar demasiado, pero la respuesta que esperaba volvía a sorprenderla.

No despertó, sino que volvió a dejar otro de aquellos suspiros, o susurros, que fueron sucediéndose poco a poco, provocando el desconcierto en la morena, que no dudó en acercarse a ella para observarla con mayor nitidez. No imaginaba lo que estaba por suceder.

Esa vez no fue un suspiro.

Quinn se giró hacia ella justo cuando pretendía volver a llamarla, y tras un breve movimiento de su cadera, entreabrió los labios y lo dejó escapar.

Un gemido.

Ni un suspiro, ni un susurro, ni cualquier otro gesto parecido. Lo que salió de los labios de Quinn, fue un sonoro y enloquecedor gemido que la llevó a retroceder por inercia, mientras trataba de entender lo que estaba sucediendo.

No lo pudo evitar. Rachel, aun con la linterna en la mano, no pudo evitar iluminarla, y algo en su interior se detuvo cuando la vislumbró al completo.

Quinn había apartado el embrollo en el que se había convertido su saco de dormir, y quedó completamente expuesta ante ella. Con su camiseta de pijama hecha un remolino sobre la barriga, y sus caderas asomando vertiginosamente por encima del pequeño pantalón, que luchaba por mantenerse fijo.

Y el segundo de los gemidos llegó en ese instante, tras hacer un escaneo completo sobre su cuerpo, provocándole un nuevo sobre salto.

—Oh dios…—susurró al ser consciente de lo que parecía estar sucediendo en el subconsciente de Quinn, cuando pudo percibir un apenas casi imperceptible "vamos, salir de sus labios.

Y a punto estuvo de hacerle caso.

Rachel, más allá de sorprenderse, se veía cada vez más hipnotizada por el comportamiento de Quinn en aquél interesante sueño que debía estar viviendo, y por un momento quiso poder contemplarlo hasta el final, esperando curiosa la reacción de Quinn ante lo que se suponía que estaba disfrutando. Pero debía cortarlo. Por pudor, por respeto, y porque su vejiga no daba más.

—Quinn —volvía susurrar esta vez con un poco más de intensidad. La suficiente para que la rubia hiciese un extraño movimiento, y terminase despertando, completamente confundida—. Quinn, ¿estás despierta?

—¿Qué? —musitó con apenas un quejido en su voz— ¿Qué ocurre?

—Necesito un favor, Quinn…—acertó a responder una vez que la rubia logró focalizar su mirada en ella. Algo que no hizo más que alterar su estado.

—¿Qué te pasa? ¿Qué horas es? ¿Ya ha amanecido? —volvía a preguntar reincorporándose un tanto y tomando mejor posición.

—Son las 3 de la madrugada.

—¿Qué? ¿Y qué sucede?

—Necesito ir al baño.

—¿Y por qué no vas?

—Me da miedo ir sola —confesó—. Quinn, no te habría despertado si no fuese urgente. Te juro que no aguanto más.

—Pero… ¿Qué te pasa?

—Me hago pis. No puedo aguantar más, acompáñame, por favor —le suplicó—. Llevo un rato tratando de ser valiente, pero ahí fuera está todo muy oscuro —añadió, y Quinn se llevó las manos a la cara, completamente incrédula por la situación.

—¿Te da miedo?

—Sí. Mucho. Vamos Quinn, por favor, acompáñame —insistió mostrando síntomas de urgencia—. Me estoy empezando a sentir mal.

—Está bien, está bien… —balbuceo con los ojos entrecerrados—. No quiero arriesgarme a que te lo hagas encima.

—Es probable que me suceda si no me acompañas…

—Ok. Ok, vamos. Pero rápido, no quiero desvelarme. Estaba muy dormida, y quiero volver a soñar…

—Sí, sí, claro —balbuceó interrumpiéndola, siendo consciente de cómo no iba a ser capaz de mirarla a la cara, si le hablaba del supuesto sueño que estaba teniendo.

No lo dudó. La morena salió en completo silencio de la tienda de campaña y Quinn la siguió.

El silencio que inundaba el lugar, y la oscuridad del bosque alrededor de ellas era realmente sobrecogedora, tanto que Quinn fue consciente de que el miedo que sentía Rachel para caminar por allí a aquella hora, era completamente razonable. Ella probablemente habría hecho lo mismo.

Apenas les separaba unos 100 más de las cabañas dónde se encontraban los servicios, y apenas tardaron en recorrerlos, con Rachel dando pequeños saltos debido a su urgente necesidad, y Quinn completamente adormilada, siguiendo sus pasos y tratando de recomponer que había sucedido en su cuerpo y mente hasta llegar a ese instante.

—¿Cómo te da miedo venir ahora y no por la mañana, cuando aún no ha salido el sol? —preguntó al entrar en los baños.

—Por la mañana hay más gente fuera. De hecho, hay varios chicos de mantenimiento y algunas limpiadoras, no es como ahora —se excusó colándose en la primera de las cabinas que aparecían frente a ellas. Algo que Quinn, a pesar de no sentir la necesidad, también iba a hacer. Cualquier cosa con tal de evitar que volvieran a interrumpir su sueño. Y fue justo allí, cuando decidió hacer uso de una de las cabinas, cuando realmente empezó a ser consciente de lo que había sucediendo en su cuerpo durante el sueño.

Las imágenes que habían rondado por su mente mientras permanecía dormida, volvían a aparecer en aquel instante en el que descubría que algo sucedía lo más íntimo de su cuerpo, dónde algo aún seguía palpitando e inundando su ropa interior.

Unas imágenes que no terminaba de creer, y que comenzaron a provocarle una gran preocupación. No entendía el cómo ni el por qué, pero Rachel había aparecido en ese maravilloso sueño que acababa de tener, y no quería ni imaginar que la morena se hubiese percatado de ello.

—Joder, Quinn —susurró de forma inaudible—. Un sueño erótico con Berry, ¿estás loca? —se lamentó mientras volvía a recomponer su ropa— ¿Y si te ha escuchado? ¿y si has dicho su nombre? Oh dios mio, ¿cómo salgo ahí ahora? —se preguntaba tras ser consciente de todo lo que había soñado y de que Rachel estaba despierta cuándo eso sucedió.

Vergüenza, pudor, e incluso algo de miedo. No sabía explicar lo que sentía al estar a punto de abrir la puerta y salir de aquella cabina, sabiendo que Rachel estaba allí, al lado, y que iba a poder mirarla a los ojos con la suficiente luz como para poder leer su mirada repleta de vergüenza. Lo que no sabía es que la morena permanecía completamente petrificada en el interior de su baño, y seguía sin dar señales de vida por una razón más que particular.

Creía haber olvidado incluso como respirar tras descubrir lo que jamás pensó que podría descubrir en su cuerpo.

Sus braguitas no mentían, y pudo comprobarlo tras acabar con aquella necesidad que la hizo llegar al servicio.

La escena de Quinn aferrada a su saco de dormir, y dejando escapar los gemidos, había provocado la reacción en su cuerpo, y una huella que la delataba por completo en su ropa interior.

—Oh dios —susurró llevándose las manos a la cara—. Oh… Dios… mio.