Estuvimos conduciendo más de 2 horas, Loba iba en el asiento del copiloto, vigilaba todo el camino. Mientras tanto Mara y Matt estaban en la parte de atrás, muy nerviosos.

-¿Tendréis problemas? -pregunté mirando por el retrovisor.

-No lo sé, es la primera vez que el Mentor va en persona.

-¿Quién es ese Mentor? -pregunté-. Tengo una extraña sensación de que lo he visto en algún lado, y Loba también lo piensa.

-Es el jefe de los Assassin's -dijo Matt.

-Es el guardián de los secretos de toda nuestra historia -explicó Mara-. Aunque apenas lleva unos años, se le nombró Mentor después de que muriera Desmond. Realmente él nunca lo quiso, pero necesitábamos que alguien diera las ordenes y él era el mas apropiado, ya que era de los pocos que conocía a Desmond. Pero él nunca quiso serlo.

-Y si él no quería… ¿Por qué no sé eligió a otro? -los dos se miraron-. Dejadlo, creo que no quiero saberlo -seguí conduciendo, siguiendo al coche.

-Ya estamos llegando -dijo Matt.

-¿A dónde? Aquí no hay nada -dije mirando que lo único que había frente a mi era una solitaria carretera que no parecía llevar a ningún sitio.

En ese momento una trampilla se abrió desde el suelo, dejando ver una abertura en el asfalto. El coche que iba delante entró sin dudar ningún momento. Yo hice lo mismo, aunque no con la misma confianza. No me gustaba estar encerrada y mucho menos bajo tierra. Tras entrar la trampilla se cerró dejándonos a oscuras. Las luces de los dos coches se encendieron automáticamente tras quedarnos sin luz. Estábamos dentro de un gran túnel. Las luces de las paredes nos dejaban algo de luz, pero no lo suficiente para saber el final de este túnel. A Loba tampoco le estaba gustando aquella situación. Tras unos minutos más de túnel, se hizo la luz. Llegamos hasta un gran parking, allí había varios coches. Dejé el coche en uno de los pocos sitios que había libres, y el coche Mentor lo aparcaron al lado.

-Bien, síganme -Loba estaba en modo alerta al ver al Mentor.

-Tranquila, veamos lo que quiere -Loba se calmó y les seguimos.

Pasamos por puertas, pasillos, todos con el mismo decorado industrial, nada parecido al edificio en el que trabajaba David.

-¿Dónde estamos?

-Este es nuestro dentro de control principal, por decirlo de alguna manera, ya que no tenemos otro -dijo el Mentor con cierta ironía- en este complejo controlamos todo lo que hacen los templarios, o Abstergo, como ahora se conocen -seguimos andando por los pasillos, sin ventanas ni nada-. Bien, ¿Por qué me habéis traído aquí? -Se paró frente a una puerta.

-La necesitamos aprendiz -dijo sonriendo.

Abrió la puerta, abrió, tras la puerta había un montón de pantallas, ordenadores y muchas mesas. Todo aquello me era muy familiar.

-Esto es… -dije mirando todo.

-Si, es muestro antiguo Centro de control, por desgracia los templarios nos obligaron a irnos hace muchos años. Tras varios años de darles pistas falsas sobre nuestras nuevas instalaciones, volvimos aquí. Hemos conseguido bloquearlos, ahora tenemos el control de todo el complejo – miraba todo, hasta que mis ojos se pararon en cierta mesa. Me acerqué lentamente a ella. Estaba todo hecho un asco, la mesa llena de polvo, el ordenador destrozado sin los discos duros. Cogí la silla y la coloqué en su sitio. Me quedé allí mirando mientras que el Mentor seguía comentando cosas, pero mis oídos dejaron de escuchar-. Pero ahora necesitamos ayuda en 1800 -volví en mí.

-Es la segunda vez que escucho eso de ayudar en el 1800 ¿Cómo lo vais a hacer?, o más bien ¿Para qué necesitáis la ayuda?

Todos los que estaban allí se miraron.

-Vale -Dije-, sé que no entiendo mucho de esto, pero esas miraditas las entiende hasta un niño, decidme que queréis de mí de una vez -dije ya cansada de todo.

-Poned en marcha las pantallas, será mejor que esto lo vea.

Las dos personas que iban a su lado desde que salimos de casa empezaron a teclear los ordenadores más próximos a las pantallas. Con cierta dificultad se encendieron mostrando de primeras la "V" invertida. Tras eso empezaron a aparecer dos imágenes distintas. En una de ellas David, al verle mis ojos empezaron a humedecerse por las lágrimas, se sentaba en un sofá parecido a los que tienen en las consultas de psicólogos. Una persona le ponía una pantalla transparente frente a los ojos. La pantalla empezaba a aparecer varios diagramas, después. Se quedó profundamente dormido. En la pantalla de al lado apareció un hombre, por las ropas era de finales del siglo XVIII o principios del XIX, el mismo periodo del que habían estado hablando. Iban sucediendo acontecimientos, paseos, inclusos besos con una mujer. Y también momentos de lucha, con el mismo traje que Matt llevó la noche que salvó a Matt.

-No entiendo que queréis mostrar con esto -dije mientras veía todo eso, pero sin entender por que me habían relacionado esos dos videos.

-Cath -empezó Mara-. David está en el Animus. Está dormido, pero su subconsciente está en el año 1800.

-¿Viaje en el tiempo?

-Es algo más complicado que eso -dijo Matt.

-El animus funciona solo de una manera, con el ADN -la cara que puse debí de dar la pista a Mara para continuar-. La persona que ves en la otra pantalla se llama Lukas Connor. David es su descendiente.

-¿Bromeas no?, eso es imposible de saber.

-No, lo siento, pero es verdad. Gracias al animus es posible conocer los ADN iguales.

-A lo mejor debería probarlo ella misma -dijo el Mentor.

-¿A qué se refiere? -él comenzó a andar hacía una puerta al final de la habitación. Allí había una silla, igual que la que salía en el video.

-Siéntate, tú misma lo experimentaras.

-No pienso sentarme ahí.

-Cath, confía en mí, no te pasará nada -dijo Mara para calmarme, pero no lo conseguía, y mucho menos me fiaba, pero la voz de Mara era segura.

-Bien, pero ¿cómo? Habéis dicho que el animus funciona con el ADN, como lo haréis.

-Solo necesitamos un poco de sangre.

-Vale, pero lo que yo quiero saber es como… es decir, me habéis dicho que ese Connor es pariente de David, según he entendido. ¿Cómo sabéis quien es el mío?

-Solo confía en nosotros -dijo el Mentor, pero su tono de voz no era igual, era más familiar, protector. Asentí, sin saber nada de lo que podía pasar.

-¿Y como despertaré?

-Yo estaré controlando tus constantes, si encuentro algo anormal o que tus constantes se alteran te sacaré -dijo una mujer, uno de los que iba con el Mentor.

Me pincharon en el brazo y me colocaron la misma pantalla transparente delante de los ojos, en la cual comenzaron a iluminarse gráficos. Poco a poco fui notando como me dormía, intentaba mantenerme despierta, pero no lo conseguía. Lo último que vi fue al Mentor acercándose a mi y un ligero roce en la mano.

El sol entraba por las ventanas de la habitación, hoy iba a ser un gran día. Me levanté tranquilamente. Como era normal, mi marido ya no estaba en la cama conmigo, tampoco me preocupé. Miré por la ventana, la ciudad ya se había levantado. Los hombres caminaban junto a sus mujeres. Los niños iban a la escuela. Me froté los ojos, necesitaba lavarme la cara. Me acerqué al tocador, allí, la doncella ya había dejado una jarra con agua y una cubeta para ponerla. Eché el agua en ella y me lavé la cara. La toalla colgaba de un gancho justo al lado. La cogí y me sequé la cara. Me miré al espejo y terminé de vestirme para poder ir a desayunar y hacer mis cosas.

Después de desayunar cogí mis libros y salí a la calle, necesitaba ir al mercado a comprar algunas cosas, después a la biblioteca, y después a clase.

El mercado no estaba lejos de la casa, compré algunas cintas y un poco de tela para la clase de costura. Tras eso marché a la Biblioteca. Cuando entré una amigable bibliotecaria me dio la bienvenida con una enorme sonrisa. Dejé los libros que había sacado la semana anterior y caminé entre las estanterías llenas de libros, era mi momento a solas, un mundo para alejarme de todo lo que vivía en casa, era como mi hogar, pero lleno de libros. Tras caminar y decidir entre varios de ellos, cogí uno, siempre el mismo, pues me gustaba demasiado. Una mujer adelantada a su tiempo, de mi tiempo. Con edad para casarse, pero solo con alguien que le merezca y pocos lo hacen, hasta que aparece uno, pero tiene demasiada clase y mucho orgullo para darse cuenta de lo que siente realmente por ella. Y ella enamorada de él, pero igual de orgullosa y prejuiciosa hacia la persona de él. Pero al final se casan. Siempre me gustó ese libro y desde que era pequeña imaginaba que yo sería de esa manera, que me casaría con alguien que realmente quisiera, y no con el que mis padres hubieran elegido por mí cuando apenas tenia 11 años.

Tras coger un par de libros. Salí de la biblioteca y caminé tranquilamente hasta la clase de costura. Caminando por las calles me choqué con un hombre, se me cayeron todas las cosas que llevaba.

-Disculpe, ha sido culpa mía -dijo él agachándose a coger mis cosas. Yo me agaché también, cogí el libro y algunas telas que habían querido echar el vuelo.

-Gracias, ha sido muy… -me le quedé mirando. Era un hombre de pelo negro, ojos verdes guapo y con una sonrisa encantadora.

Abrí los ojos rápidamente, el corazón me iba a mil por hora. Había visto demasiadas cosas pero todas ellas me sonaban de los sueños que había ido teniendo durante estos años.

-Cath ¿Estás bien? -preguntó Mara ayudándome a levantarme de aquella silla.

- ¿Qué ha pasado? -dije alterada-. ¿Cómo es posible?

-Tranquila, es normal la primera vez siempre es desagradable.

-No, no es eso. La chica… esa mujer, ese chico, la biblioteca, el mercado. Cada sitio que acabo de ver es con los que llevo soñando desde que David murió -dije agobiada, y sin entender nada-. ¿Qué está pasando? ¿Cómo es que sueño con la misma persona que estaba en la pantalla y con la que acabo de ver? ¿Es una broma? -Dije mirando a todos.

-¿Sueños? -dijo la chica que aún seguía frente al ordenador.

-Si, no sé como explicarlos, hace tiempo que tengo sueños.

-Cuéntanoslos.

-No sé. En uno de ellos había una especie de baile, en él vi a ese chico por primera vez. En otro iba a una biblioteca exactamente igual a la que he visto ahora, y sacaba y metía libros. También con una niña pequeña, pero no parecía tener nada que ver. Y después una boda, aunque más que una boda parecía un ritual satánico.

Volvimos a la habitación anterior. Empezaron a teclear hasta que salió una imagen. Era un hombre de buena clase social, bien vestido.

-¿Es él?

-Si, lo es, ¿Cómo…? -dije sin entender nada, siguieron tecleando hasta que salió una mujer-. Y ella…

-Se llama Elena Stone, es de buena cuna, sus padres eran Templarios, ella fue criada como ellos. La casaron con Riley Stone cuando cumplieron la edad apropiada. Se casaron, y en el mismo momento fueron reclutados para los templarios. Después se marcharon de la ciudad estuvieron años fuera de la ciudad. Cuando murió el padre de Riley este se ocupó del control de la ciudad.

-¿Como sabéis todo esto?

-Monitorizamos a todos los que entrar en el animus. Cuando David entró en esta época supimos la historia de todos con los que Lukas Connor se junta. Lukas se juntó en varias ocasiones con los Stone, así que desde ese momento hemos sabido todo, también que ellos tuvieron el Fruto del Edén en algún momento durante los años 1800 y 1840, después desapareció. No sabemos que ha sido de él.

-Por eso David entró -dijo el Mentor-. Pero cuando estaba a punto de encontrarlo… -no hacían falta más palabras para saber que era.

-Lo mataron por ese dichoso chisme. Cross lo mató -dije.

La cara de todos era de sorpresa, les conté lo mismo que a Matt.

-Vale, esto es demasiada información para absorberla tan rápido -dijo el Mentor.

-Dígamelo a mí.

-Será mejor que acabemos esta instalación cuanto antes, las cosas han cambiado y Abstergo intentará entrar para recuperar el Fruto.

-Entonces tenemos que darnos prisa -dije intentando entender todo-. Yo puedo crear varios programas para que los Templarios no puedan acceder a nuestros datos.

-Sé que eres buena, pero no eres un Assassin's no puedo permitir que corras peligro.

-Escuche, hace años estuve en esta misma habitación, os he ayudado a coger a muchos templarios escondidos por todo el mundo, y eso sin saber nada de lo que hacíais realmente -dije enfadada por tanta protección falsa- pero ahora todo se ha vuelto personal, quiero atrapar a la persona que mató a David y a mi bebé, en esta vida o en cualquiera. -le miré fijamente, y él no me desvió la mirada-. Voy a acabar con ese hombre y con Abstergo con vuestra ayuda o sin ella. Pero prefiero que sean con vosotros, sé que podéis hacer cualquier cosa, sé que lo lleváis haciendo desde hace muchos años, sé todo lo que hay que saber.

Todo se quedó en silencio

-Señor. La necesitamos y lo sabe. Muchos de nuestros informáticos han muerto o han sido capturado. No podemos dejar que nos controlen de nuevo, tenemos que coger ese fruto o el mundo se irá a la mierda, señor -dijo Mara.

-Bien, acepto -dijo el Mentor-. Pero te aseguro que no será un proceso agradable -dijo muy serio.

-¿Por qué? ¿Qué va a pasar?

-Primero a recoger, después hablamos.

Estuvimos horas reparando y limpiando todo lo que pudimos, el problema eran los ordenadores, no todos estaban destrozados, pero seguro que muchos de ellos estaban hackeados y no era fácil hacer el camino contrario. Cogí todos los ordenadores y los inutilicé. El tiempo empezaba a echarse encima, llevábamos demasiado tiempo allí. Cuando salimos ya era demasiado de noche y la pobre Loba ya estaba aburrida. Así que marché al parking para coger el coche e irme a casa.

-Catherine -dijo una voz tras de mi. Era el Mentor. Me giré-. Se me ha olvidado darte esto -me dio una bolsa opaca. Al abrirla vi en ella un arma y una placa, junto a esta un cargo nuevo, muy distinto.

-¿FBI? -pregunté.

-Si. Es una tapadera, es nuestra manera de infiltrarnos en esta época. No podemos ir a hurtadillas como hace años, ahora hay cámaras de seguridad.

-Si, entiendo, aún así he visto a Matt entrenar en el sigilo, al igual que él me ha dado algunas técnicas para ello.

-Soy consciente de eso. Pero aquí no serán útiles. Pero con este pase podrás entrar sin problemas en las investigaciones de la policía, pero ten cuidado, muchos Templarios dudaran de ti. Y toma, el mando para abrir la puerta.

-Gracias -metí las cosas en el coche y me dispuse a entrar yo.

-Catherine, espera. No nos conocemos, y sé la impresión que puedo dar de primeras. Pero no quiero que muera nadie más bajo mi mando. Desmond Milles dio su vida por el libre albedrio y por los assassin's. Quiero proteger a todos lo que estén aquí, incluida a ti.

Entré al coche y me marché a casa, ya era de noche, no hacía calor, la brisa era agradable. Llegamos a casa. Loba se puso como loca y empezó a corretear por el jardín. Tenía muchas cosas en las que pensar. Cogí las zapatillas y nos marchamos a correr. Al llegar a casa nada había cambiado, salvo que ahora estaba de nuevo en la policía y sin saber que decirle a mi madre.

Al día siguiente me levanté temprano, sin dormir. Me preparé iba a trabajar como todos los días. Llegué a la pastelería. Preparé la tienda y me puse en la zona de atrás a revisar las cuentas y poder dejar todo preparado para cuando volviera al centro de control.

-¿Qué te pasa? Llevas varios días distraída -dijo mi madre sentándose frente a mí.

-Ya, hace tiempo que me pregunto si esta es la vida que quiero realmente.

-Hija, nunca has sido de las que se quedan quietecitas -dijo sonriendo.

-Ya. Me ha llamado un agente del FBI, Beckett me ha recomendado.

-Ella te conoce muy bien.

-He aceptado la oferta -la dije tranquilamente.

-Bien, así dejaré de ver esa cara de mustia que tienes. Y no te preocupes, la pasteleria seguirá abierta y sin problemas.

-Vendré a ayudarte siempre que pueda, lo prometo.

-Tú vive tu vida, yo siempre estaré aquí -dijo mi madre abrazándome con fuerza.

Tras terminar mi jornada volví a casa, Loba me estaba esperando, animada. Abrí el buzón y allí había una pequeña nota, invisible, pero con un relieve casi imperceptible, con el símbolo de los Assassin's. las dos nos subimos al coche. Conduje por la misma carretera que el día anterior. Al llegar al sitio abrí la trampilla y nos metimos en ella. Se cerró a nuestro paso. Cuando llegamos estaban los mismos coches que la noche pasada.

-¿Ocurre algo? -pregunté al llegar a la sala central. Allí estaban todos, algunos con la misma ropa, otros recién salidos de la ducha. Todos estaban mirando hacía las pantallas grandes.

-Si, creo que han entrado de nuevo en nuestro sistema.

-Eso no puede ser.

Me puse a trabajar, nadie nos había hackeado. Simplemente de tanto montar y desmontar y de estar en un sitio que no tenía muy buena cobertura fallaba demasiado.

-Pues no tenemos otro sitio, este es el lugar mas seguro para nosotros ahora. Siempre hemos permanecido en las sombras.

-Pues creo que es hora de que salgamos a la luz -todos se miraron sin entender.

-Entiendo que en la antigüedad todo quedará en los bajos mundos, pero en esta época, cuanto más pongas algo a la vista, más oculto está -se quedaron callados -debemos ponernos en el lugar que menos se esperen los Templarios que estamos. En la "Biblioteca"

-Imposible, eso sería una trampa mortal. Tú mas que nadie sabes que los túneles para entrar a Abstergo están bajo su discoteca.

-Por eso mismo. ¿Qué mejor sitio?

-No, es imposible -dijo el Mentor-. No puedo permitir que nos expongamos tan deliberadamente. Además, no tenemos fondos para una restructuración, y unas obras de repente llamarían mucho la atención -pensé.

-Vale -dije-. Pero tenemos que hacer algo, si los templarios os encontraron en este sitió nos volverán a encontrar.

-Cath tiene razón -empezó Mara-. Necesitamos encontrar otro sitio. Este está demasiado a la vista. Si los templarios estuvieron aquí una vez, Pueden estar de nuevo. No me extrañaría que lo volvieran a intentar, o que hubieran dejado algún dispositivo de búsqueda.

-Registramos todo antes de volver.

-Yo misma he visto la ciencia de los Templarios -dije-. He entrado en el animus, es muy grande, pero los Templarios ahora son capaces de crear un animus con solo ponerte las gafas.

-¿A qué te refieres?

-Pues que ahora en vez de las gafas en 3D, serán las gafas animus. Les conceden el placer de viajar al pasado, y seguramente no será barato, aunque no creo que les paguen con dinero.

-Pues eso es un problema. Los Templarios se están adelantando demasiado. Si continúan así controlarán a todos con esas gafas.

-Tenemos que hacer algo, y lejos de aquí. Estoy viendo que no ha sido un fallo nuestro, tenemos inhibidores, y por lo que estoy viendo, bastante potentes.

-Bien, pero hay que apresurarse y encontrar algo cuanto antes.

Empezamos a recoger de inmediato, los papeles que se habían puesto el día anterior y todo lo que se había instalado lo borré y destruí los discos duros.

-Bien, estaremos en contacto todos, pero ahora tenemos que desaparecer. Todo lo que se habla aquí es secreto. No podemos fiarnos de nadie -dijo el Mentor antes de salir del Parking.

Salimos de allí cada coche se marchó a un lado distinto. Yo me marché a casa. Al llegar dejé el coche en el garaje. Loba no dudó en salir corriendo por el jardín. Entonces, antes de entrar en casa, vi un coche aparcado justo enfrente y apoyado en él, un hombre, alto de pelo corto, y tez morena, alguien en quien fijarse. Me acerqué a el. no dudo e hizo lo mismo.

-¿Qué haces aquí? -pregunté con sorpresa.

-Tenía unos días libres y me pareció justo ir a verte a la comisaría, pero me dijeron que ya no estabas allí. Que te habías jubilado de la policía. Entonces empecé a buscarte hasta que te he encontrado aquí. ¿No te alegras?

-No, no es eso. Es que después de que te fueses sin decir nada he intentado hablar contigo sobre el caso, pero no me cogías el teléfono.

-Ya, bueno. Han pasado muchas desde que volví y no he podido hablar con nadie, he estado infiltrado y dejé todo.

-Eso tiene sentido -dije entendiendo.

-Oye no tienes buena cara, si quieres podemos quedar en otro momento, pareces cansada.

-Si, si no te importa… -dije.

-Toma, te dejo mi número, cuando quieras nos vemos y nos tomamos algo.

-Gracias Josh -dije con una medía sonrisa.

Él se subió a su coche y se marchó.