¡Hola lectores!

Después de un par de días desaparecida he vuelto con mas material para ustedes uwu.

Quiero agradecerles como siempre por sus reviews, esta vez se ha añadido gente nueva, sobre todo en los followers de la historia y las vistas son cada vez mas. Todo esto me tiene muy muuuy contenta.

Espero les agrade :3


'

Capítulo 18 .- Cumpleaños e infinitud de la mano

(Perspectiva de Kagome)

Agosto, 2014

'

Fragmentos del lugar se me hacían conocidos, era mi departamento. De pronto el timbre sonó y al abrir Kouga apareció frente a mi con una sonrisa de oreja a oreja.

¡Feliz cumpleaños Kag!- Me abrazó y yo me sentí feliz.

Lo has recordado – musité cerca de su cuello.

¿Cómo podría olvidar el cumpleaños de mi mejor amiga?

Me mantuve en el abrazo y pronto el pulso de sus vena yugular hizo eco en mis oídos. Sentí mis manos aferrarse a su chaqueta mientras mis ojos ardían. No pude distinguir en qué momento sucedió, pero en la otra escena Kouga se veía pálido, tirado en el suelo y totalmente inerte. Pude verme a mí misma llena de sangre y supe que la muerte de mi amigo había sido mi culpa.

'

Desperté de golpe en la oscuridad de la habitación y al tocar mi pecho sentí mi corazón acelerado. Pude comprender que mi subconsciente no dejaría ir el inconveniente con la pobre chica en el baño del bar. Me sentía terriblemente culpable.

– ¿Estás bien? – Inuyasha se sentó en la cama para tomar mi mentón delicadamente con una de sus manos y mirarme fijamente – Tienes una mirada de pánico.

– He tenido una pesadilla

– ¿Quieres contármela?

– Y-yo… mataba a kouga, después de beber toda su sangre.

– Cariño eso no va a pasar – su voz sonaba calmada mientras acariciaba mis bucles – ¿Te sientes culpable aún por lo de hoy?

– Tengo miedo de hacer daño a gente inocente, ¿Qué tal si me transformo en una psicópata en serie?

– Gatita, aprenderás a controlarlo con mi ayuda, confía en mí.

– Pero… incluso siendo sólo hanyou se me ha escapado de las manos – musité triste – Imagínate que pasará si me transformo.

– Se te ha ido de las manos porque son nuevas sensaciones que no habías experimentado con tal magnitud en tu vida. Todo ello seguirá así de hanyou o de youkai, pero te acostumbras a ello, te acostumbras a no arrugar la nariz con cada olor penetrante que sientes, o a utilizar tu fuerza y velocidad con cautela frente a humanos. Es cosa de práctica. – Besó mi frente y me acunó. La tibieza de su cuerpo me relajó un poco, aunque el miedo seguía ahí. Nos recostamos y él llenó mi cabeza de caricias suaves hasta que volví a caer en el sueño profundo.


Desperté con el primer rayo de luz junto a Inuyasha, que tenía una expresión pacífica en su rostro. Me estiré un poquito para ver la hora en el reloj de la mesita de noche. Eran las siete, en definitiva mi mente estaba tan acostumbrada a levantarse temprano que ni siquiera necesitaba un despertador. Me escapé de sus brazos protectores intentando no despertarlo y entré a la ducha rápidamente. Para cuando salí él seguía durmiendo.

– Amor, tienes que ir a trabajar - susurré cargándome en la cama para alcanzar su oído.

– Cinco minutos maaas.

– Sabemos que esos cinco minutos nunca se cumplen, dúchate y prepararé desayuno ¿bueno?

Inuyasha abrió los ojos de golpe y me asusté, todo fue un borrón hasta que sentí mi espalda apoyada en el colchón con él sobre mí. Mi pelo húmedo se me pegó en el pecho.

– Buenos días gatita – susurró mientras me sonreía y dejaba su rostro a escasos centímetros del mío.

– Buenos días – susurré con una sonrisa mientras tomaba los dos mechones plateados que enmarcaban su rostro.

– Cuando me vaya a trabajar que harás, ¿estarás aquí cuando vuelva?

– Tengo que ir a ver que mi departamento siga tal cual como lo dejé. Creo que invitaré a Sango para ir de compras, mi cumpleaños está cerca y quiero regalarme algo. – exclamé.

– ¿Cuándo es tu cumpleaños?

– Este fin de semana, el 3 de agosto.

– Pero gatita, como se supone que busque el regalo perfecto con tan poco tiempo, debiste avisarme antes. – Sus ojos dorados se entrecerraron mientras fingía estar molesto.

– Si puedes envolverte en papel de regalo sería suficiente para mí – me reí y me estiré para besar su nariz – dúchate ¿sí?, no quiero raptarte más, has faltado suficiente al trabajo

Me miró por unos segundos serio, luego antes de poder preverlo, bajó a mi abdomen y me dio besos rápidos mientras me hacía cosquillas. Me retorcí bajo sus brazos.

– ¡basta! Inuyasha – grité entre risas.

– Dime que me amas – gritó de vuelta sin parar sus cosquillas.

– ¡Esto es tortura! – La voz apenas me salió coherente entre las risas que me ahogaban.

– ¡Dilo! – susurró contra mi piel mientras sonreía y seguía en su labor.

– TE AMO TE AMO – dije casi sin aire, sentí mi corazón calmarse cuando alejó sus manos de mi cuerpo.

– Te amo más – susurró para darme un beso lento. Cuando había estado a punto de envolverlo con mis brazos y no dejarlo escapar, se levantó y con su agilidad demoníaca característica se encerró en el baño.

– ¡Oye! – grité enojada. Sólo obtuve una risita de vuelta.


'

Inuyasha se fue con Miroku una hora después. Salí de la habitación después de un rato y me encontré con Sango sentada en la mesa de la cocina, recién tomando desayuno. Me sonrió con una tostada en la boca.

– Hola Kag, ¿Cómo has dormido? ¿Algún signo de resaca?

– Bien, sólo un poco de jaqueca. ¿De verdad ustedes despiertan como si nada?

– Si, yo me siento totalmente descansada. – bebió un sorbo de café - ¿Cuáles son tus planes para hoy?

– Tengo que ir a mi departamento para verificar que esté todo en orden y luego de eso quiero ir de compras, ¿quieres acompañarme? – Me serví un vaso de agua.

– Por supuesto que sí, no tengo otro panorama y quedarme encerrada no es una opción. ¿Vamos en mi coche?

– Planeaba ir en autobús, pero esa es mejor idea que la mía – sonreí y caminé a la habitación para secarme el pelo y ordenar un poco.

Sango se apoyó en el marco de la puerta mientras yo estiraba las sábanas de la cama.

– ¿Cómo han estado las cosas entre Inuyasha y tú? – exclamó.

– ¿A qué te refieres?

– A todo, ¿cómo te sientes con él? Creo que no he tenido oportunidad de hablar de ello contigo en el último tiempo.

– Me siento… feliz, en exceso – sonreí mientras acomodaba los cojines y almohadas sobre la cama.

– Así te veo. – me sonrió – Has tomado bastante bien esto de estar sumergida en un mundo con seres sobrenaturales.

– He intentado hacerme la idea, aunque anoche entré en pánico cuando noté la fuerza y el instinto asesino que despertó en mi… sólo con una mitad demoniaca.

– Aprenderás a controlarlo con el tiempo. Miroku me ha dicho que puedes transformarte en youkai gracias a Inuyasha.

– Algo así me ha dicho, aunque transformarme incluye también una marca permanente.

– ¿Inuyasha puede marcarte? – Su cara era de sorpresa total, yo asentí. - ¡Eso es bueno!, Miroku aún no me ha marcado. – exclamó mirando su café como si fuera interesante – Supongo que aún no quiere amarrarse por la eternidad – rió y yo le seguí. – ¿Cómo funciona lo de la transformación?

– Cada mordida de Inu me hace más youkai y menos humana.

– ¿Te das cuenta de lo extraña que es nuestra raza? Yo no tenía idea de esto, siempre termino sorprendiéndome con cosas nuevas.

– Creo que Inuyasha tampoco lo sabía, sólo su padre de mil y tantos años – exclamé. Aún no me acostumbraba a las edades tan grandes.

– Entonces… ¿dejarás que te marque?

– Necesito consejos con respecto a eso. Resulta que mi mejor amigo es hombre y además es completamente humano, así que no es como que pueda hablar de estos temas con él sin que huya antes de terminar la conversación… ayúdame.

– ¿Tienes dudas respecto a tu relación con Inuyasha? – preguntó preocupada.

– No no, no es eso, me siento más segura que nunca. Pero no sé si es una decisión apresurada, después de todo sólo tengo 23 años.

– Kag… a pesar de que vivimos más que los humanos en general ellos tardan bastante en tomar decisiones así y supongo que estás acostumbrada a ello, pero cariño, si estás segura de que lo amas nada te detiene, arriésgate y ve por ello. ¿Hay algo que suene mejor para ti que una eternidad a su lado?

Medité la pregunta, la verdad sonaba a perfección. Era tiempo ilimitado de vivencias, de amor infinito.

– Los youkais somos seres de palabra. Si inuyasha te ha dicho que te ama entonces así es y así será sin importar que obstáculos haya en el camino. Según Miroku tú y sólo tú lo trajiste de vuelta a la vida, contigo sonríe y se siente en paz, es por eso que ambos también te tenemos mucho cariño… Conozco a Inuyasha el mismo tiempo que tú, pero sé que bajo esa mirada arrogante y segura sólo hay un tipo con miedo de no ser amado lo suficiente, sabes lo traumado que lo dejó Kikyo, me alegro de que no la marcara a ella.

– Lo sé… Yo no sería capaz de hacerle daño, nunca.

– Y son tus ojos los que me lo confirman, eres un libro abierto. – me sonrió y tomó mis manos – La decisión está en tus manos y yo sé que tu corazón ya tiene la respuesta. Decidas lo que decidas, siempre nos tendrás a los tres.

Sonreí de vuelta y le agradecí internamente, esta chica sabía dar consejos y sentía que su amistad era tan honesta como la que tenía con Kouga, Yuka en definitiva ni a los talones le llegaba.

– Siguiendo con el plan… ¿Qué necesitas del centro comercial?

– Estaré de cumpleaños este fin de semana y quiero regalarme algo por mis 24.

– Wow, eres tan joven… y yo que tengo 500 años, acostúmbrate a las edades de más de 2 números – exclamó riendo.

– Aún no deja de sorprenderme…

– Déjamelo a mí, me encargaré de que este cumpleaños sea inolvidable para ti – exclamó y me tomó del brazo – busca tu bolso y nos vamos, también quiero comprar algunas cosas.


'

Ya en el centro comercial luego de comprobar que mi departamento seguía intacto, recorrimos todas las tiendas. Sango pasó por una tienda de pasteles personalizados y había dado todas las indicaciones para mi torta de cumpleaños, encargándola para el día exacto. Compramos montones de ropa y agradecí tener por fin una amiga real para hacer esta clase de cosas. Cuando pasamos por la tienda de lencería Sango me detuvo.

– Necesito pasar aquí, quiero comprar ropa nueva para sorprender a Miroku… ¿Qué tal si revisas las prendas también? No hay nada mejor que sexo desenfrenado como regalo de cumpleaños. – exclamó moviendo sus cejas de modo insinuante.

Miré las maniquíes de la vitrina y lo medité por un segundo, Hace un año atrás en definitiva ni siquiera me habría detenido frente a una tienda así, lo insegura que era de mi cuerpo después de que Hojo había dicho que no lo provocaba lo suficiente el día que decidió dejarme me lo prohibía. Pero luego de meses de rutinas de ejercicio, podía decir que estaba conforme con mi cuerpo y lencería era justo lo que necesitaba… ya podía imaginar a Inuyasha y su mirada libidinosa y coqueta.

Entramos y el aroma a rosas de la tienda me envolvió. Sango no tardó en encontrar conjuntos y entró al probador mientras yo paseaba por la tienda buscando algo que me gustara. De pronto apareció ante mis ojos el conjunto perfecto: Era azul marino, mi color favorito. El encaje floreado combinaba perfecto con las transparencias en el mismo tono, donde pequeñas hojas bordadas sobresalían. La parte de abajo incluía unas bragas a juego y un portaligas que era el toque perfecto de erotismo.

– ¿Has encontrado algo? – preguntó Sango que ya estaba pagando.

– Me ha gustado ese de ahí – señalé.

– Guau, está de infarto, pruébatelo mientras escojo otro como regalo de cumpleaños mío. Te lo probarás, pero si te gusta no podrás abrirlo… ¡hasta el fin de semana!. – exclamó.

Entre al probador y para cuando estuve lista me miré al espejo y me sorprendí de lo mucho que me agradaba la Kagome del espejo. Una Kagome segura de sí misma, una Kagome feliz de mostrar un poco más de piel, en definitiva el azul del conjunto que había escogido combinaba a la perfección con mi piel.

Sango tocó mi puerta y me pasó otro conjunto, este era mucho más atrevido, pero de todas formas me gustó. Era un body en negro con encaje y transparencias en la zona del busto, los broches comenzaban justo por debajo de éste, lo que era bueno, mucho más fácil de poner… y sacar.

– Esto te quedará perfecto. – exclamó y guiñó un ojo antes de cerrar la puerta – te ves hermosa en el conjunto azul – gritó desde afuera.

El body resaltaba aún más mi cintura, sin mencionar lo mucho que levantaba mi busto, en definitiva esto volvería loco a Inuyasha. Soñé un rato con las posibilidades y salí para pagar mis elecciones.

– Tú pagas el azul, yo pago el negro, es mi regalo así que tienes que fingir sorpresa ¿sí? – Me reí y asentí.


'

Para cuando volvíamos a casa eran cerca de las seis de la tarde, habíamos hecho tiempo para que los chicos llegaran y nos abrieran la puerta. Al tocar el timbre quien abrió fue Miroku, me saludó cortésmente y se abalanzó sobre Sango, aproveché el momento para entrar a la casa. Inuyasha no estaba en la sala de estar.

– ¿Inuyasha llegó contigo?

– Si, está duchándose.

Caminé a la pieza y abrí la puerta con delicadeza. Para cuando entré me di cuenta de que Inuyasha había dejado la puerta del baño abierta y el cuarto estaba lleno de vapor. Entré al baño sin pensarlo mucho.

– Hola, he vuelto. ¿me has extrañado? – pregunté con una sonrisa juguetona en el rostro.

– Gatita, ¿cómo ha estado tu día? – preguntó Inuyasha mientras se enjuagaba el cabello. Pude mirarlo con detenimiento a través de las puertas de vidrio de la ducha. El agua escurriendo por su espalda, siguiendo el camino trazado por sus músculos me encendió y sólo pude pensar en meterme en la ducha en ese mismo instante.

– Ahm, bien, ha estado perfecto, he comprado algunas cosas que creo que te gustarán – exclamé.

– ¿Qué clase de cosas? – preguntó aún de espaldas a mí.

– Sorpresa. – Exclamé. Se giró más rápido de lo que esperaba y no pude evitar llevar mi vista a su entrepierna, dios, me estaba volviendo ninfómana.

– Interesante… ¿Ven a darme un beso sí?, te he extrañado. – me acerqué sin hacerme de rogar, estaba esperando por su invitación. Cuando abrí levemente la puerta de vidrio y me acerqué para darle un beso, me abrazó y apoyó su cabeza en mi cuello. Sentí el agua de su cuerpo mojar mi ropa.

– ¿Qué tal Sango como compañera de compras?

– Mejor de lo que esperaba, siento como si la conociera de toda la vida.

– Me alegro gatita. ¿Te parece si termino de ducharme y preparamos algo para comer?

– Me leíste la mente.


'

(Perspectiva de Inuyasha)

Para cuando llegó el fin de semana y el día del cumpleaños de Kag, ella y yo dormimos hasta tarde enredados en las sábanas… Besé su frente con delicadeza intentando no despertarla y empecé con la preparación de mi plan. Salí de la habitación para pedirle ayuda a Miroku.

– ¿Han llegado las flores y los globos? – pregunté.

– Sip.

Entramos sigilosos en la habitación para llenar la cama con peonías y el resto de la habitación con globos. Kagome se removió inquieta en la cama y antes de que se lo pidiera Miroku salió rápido de la habitación. La vi entreabrir sus ojos con pereza y me derretí en amor.

– ¡Feliz cumpleaños gatita!– exclamé mientras ponía una cajita de terciopelo larga en sus manos. – He encargado todo esto durante la noche, Miroku me ha ayudado con la decoración mientras dormías profundamente.

– Que bueno que esta vez dormí con pijama – exclamó mientras miraba su pequeño cuerpo.

Cuando abrió la cajita una pulsera delgada de oro rosado con pequeños cristales colgando brilló ante su mirada impresionada.

– ¡Oh Inu!, es preciosa, me encanta. – la miró con amor unos instantes en su mano y luego me la entregó para que la abrochara en torno a su muñeca. Al moverla sonó un pequeño cascabel.

– Sé que mi empresa es de joyas, pero me ha tomado bastante tiempo elegir una que fuera perfecta para ti. Esta es única en su diseño, nadie en este mundo tendrá la misma pulsera que tu – exclamé para luego depositar un beso en sus labios. Cuando me abrazó por el cuello el diminuto cascabel volvió a emitir el encantador sonido.

– Amo el cascabel – susurró junto a mi cuello.

– ¿De verdad te gusta?, pensé en agregar algo que cada vez que escucharas te recordara a mí, estemos cerca o lejos. – exclamé… ¿En qué momento me había enamorado tanto como para decir esta clase de cosas?, ella tomó mi rostro entre sus manos.

– Te amo, es el mejor regalo de cumpleaños. – le sonreí y ella me sonrió de vuelta.

– Te amo más. – dije bajando mi cabeza a su cuello. Justo antes de besarle divisé unas marcas violáceas más notorias que las anteriores. – Hmm ¿gatita? ¿La zona donde te he mordido sigue sin doler?

– Si, no la siento para nada.

– Se ve más intensa. – musité mientras la hundía con mis dedos. La sentí gemir en el mismo instante – ¿Te ha dolido?

– No, todo lo contrario, he sentido una corriente placentera cuando la has tocado. – me miró sin comprender.

– Te daré un poco de mi sangre Kag, para que sane más rápido, ¿sí? – ella asintió y yo mordí mi lengua para luego darle un beso profundo, cuando volví a mirar la marca seguía ahí. – Sigue ahí, pero un poco más difuminada. ¿Vamos por tu pastel?, Sango debe estar ansiosa por mostrártelo.


'

Comenzamos la celebración cerca de las tres de la tarde. El padre de Kag llamó para desearle un feliz cumpleaños y excusarse por no poder viajar, estaba con muchos dolores de espalda.

Mi padre y mi madre habían marcado a mi teléfono e hicimos una videollamada con ellos; le desearon feliz cumpleaños y aseguraron que nos veríamos para la fiesta de gala de las empresas Taisho.

La sala de estar estaba llena de globos con helio en el techo. El pastel que Sango había encargado era de panqueque naranja y frambuesas. Justo arriba había una figurita de fondant de Kagome con un traje de veterinaria y un perrito al lado. Para cuando sopló las velas y pidió sus deseos la vi mirarme con amor justo antes de apagarlas.

– ¡Hora de abrir los regalos! – gritó Sango y corrió a buscar tres bolsas de la pieza de Miroku. Le entregó una de ellas a Kag.

Ella la abrió y apareció un abrigo largo en color negro.

– Sango me ha ayudado a escoger tu regalo, soy pésimo en estas cosas. – Exclamó Miroku mientras sonreía.

– Muchas gracias, me encanta. – Kag sonrió y para mi fue la imagen más adorable existente.

– Te vi mirarlo con deseo en la tienda, hasta que tomaste la etiqueta – Sango la miró y le sonrió.

Tomó otra bolsa de regalo, sacó de ella un conjunto de lencería oscuro y yo me atoré con el whisky, en definitiva ella usaría ese conjunto hoy. Todos me miraron extrañados cuando me escucharon toser.

– Oh, este regalo me ha encantado, ya puedo imaginarlo sobre tu piel. – exclamé besándola en la mejilla, ella me sonrió coqueta.

– Muchas gracias Sango.

– De nada, es un regalo para los dos. – exclamó mirándonos – Abre el último.

La última bolsa plateada relucía con fuerza, era pequeña. Al abrirla encontré un collar muy fino con un pequeño diamante como colgante.

– Ese regalo lo han enviado mis padres. Mi familia suele regalar joyas. – exclamé y la pegué más a mí.

– Es precioso… ¿esto es plata? – preguntó.

– Oro blanco, recuerda que la plata nos hace daño como especie.

– Cierto. Apenas los vea les agradeceré, ha sido un gesto muy lindo.

– Eso es porque te adoran. – besé su frente y acaricié su cabeza.


'

(Perspectiva de Kagome)

Cerca de las diez de la noche después de conversar y beber, Sango y Miroku se excusaron y se fueron a su habitación, lo que fue perfecto… quería un rato a solas con Inuyasha. Trasladamos la fiesta a su habitación y ambos nos recostamos abrazados.

– ¿Sabes? Opino que deberías probarte tu nuevo conjunto de lencería. – exclamó sonriéndome juguetón - ¿Por favor?

– Dame un segundo. – Corrí al baño con la bolsa de regalo. Al salir con el body ciñéndose desde mi busto hasta las caderas Inuyasha me miró de la cabeza a los pies. Pude notar sus ojos pasar a anaranjados – ¿Te gusta?

Me acerqué a la cama y él me tomó entre sus brazos para recostarme bajo su cuerpo.

– Me encanta. – susurró dando besos cercanos a mi clavícula, yo sonreí con cada caricia. Sentí su mano amasar uno de mis pechos suavemente.

– Inuyasha – exclamé enredando su cabello entre mis manos.

– Dime gatita.

– He estado pensando las cosas… sobre nosotros y sobre el futuro, he pensado en la marca youkai de la que me hablaste.

– No es necesario que pienses en eso, tenemos tiempo cariño. – continuó con sus besos.

– Quiero hacerlo, ahora.

– ¿Qué? - jadeó y levantó su cabeza para mirarme.

– Nada va a provocar que cambie de opinión sobre querer pasar una eternidad junto a ti. He sentido a tu lado más de lo que había sentido en cuatro años en mi relación anterior. No me importa el tiempo si estoy contigo.

– ¿Estás segura?

– Si. Aunque necesito que me prometas que no me dejarás matar a nadie; es lo único que me aterra, no podría vivir con esa culpa. – la tristeza me invadió.

– Estaré contigo sin importar que pase, lo prometo. Serás la mejor youkai. – acarició mi mejilla con cariño.

– La marca que has dejado en mi ayer aún está sobre mi piel, lo que me hace pensar que quizás no necesitemos más de una mordida para la marca definitiva. Me provocó sensaciones que las anteriores no, ésta es distinta.

– Si eso es lo que quieres gatita, y estás completamente consciente de tu decisión… Yo he sido tuyo desde el primer momento en que te ví. – Esa frase me derritió el alma.

– Y yo siempre seré tuya. - susurré justo antes de cerrar el espacio entre sus labios y los míos.

Con deliberada lentitud Inuyasha desabrochó los broches del body y depositó pequeños besos sobre mi abdomen, sobre mis clavículas y sobre mi busto. Yo sólo pude arquearme hacia él cada vez que sentía sus tibios labios sobre mi piel. De pronto sentí un dolor punzante en mi pecho izquierdo y luego un inmenso calor que me invadió, gemí ante la sensación. Inuyasha me había mordido.

– Te morderé unas pocas veces más, según yo hacen falta algunas antes de poder marcarte definitivamente. – susurró contra mi piel.

No pude contestar de inmediato, el calor excitante me desconcentraba.

– Más – fue el único monosílabo que salió de mi boca.

– Quédate quieta.

Sentí otra vez sus colmillos esta vez sobre mi abdomen y mi muslo izquierdo. Cada succión que dio aumentó más las corrientes eléctricas dentro de mí y con ello los gemidos, que a estas alturas eran casi gritos.

Se concentró en lamer los montes formados por mis pechos, justo en aquellos pezones que ya estaban demandando atención. Los masajeó con una de sus manos mientras las mías se agarraron de su cabello, impulsándolo a seguir mientras lo acercaba a mi piel.

Sentí mis ojos arder ante sus caricias y para cuando él levantó la cabeza pude ver al demonio aparecer en gloria y majestad. Sus ojos color rojo sangre me miraron fijo mientras su colmillos amenazaban con perforar sus propios labios. Pude notar justo en ese instante, que era indudablemente perfecto, con el dorado o el rojo mirándome fijamente, sólo podía sentir su amor.

Tomé impulso para alcanzarlo y atraerlo hacia mí, lo besé con vehemencia y lo sentí gemir cuando enredó su lengua con la mía. Se deshizo de sus pantalones y de los míos, pronto la ropa interior también desapareció y lo sentí acomodarse en mi entrada.

– Los latidos de tu corazón están haciendo eco en mis oídos. – susurró cerca de mi rostro – Alguien está impaciente – pude divisar una sonrisa traviesa formarse en sus labios.

– Te necesito, ahora. – jadeé.

– Eso es bueno, porque me tendrás justo aquí en el medio de tus piernas para siempre gatita. – apenas terminó de decir la frase lo sentí entrar con deliberada lentitud en mí. Mi interior se acomodó a su tamaño y yo sentí como la lujuria me quemaba. Se sentía tan bien. Gemí cuando Inuyasha se movió rítmicamente y dejé de pensar. – Agh… estás tan apretada. – gruñó y me tomó de las caderas para moverme a su antojo, yo no tenía intenciones de reclamar por ello.

Me di impulso para sentarme a horcajadas sobre él en la cama, él me sujetó por la espalda, manteniendo pegado su pecho al mío, sentado sin apoyar su torso en las sábanas.

– Más rápido. – susurré entre jadeos. Uní sus labios a los míos y me apreté más contra él, comencé a moverme para ayudarlo en las embestidas. No sé si fue la pasión del beso o sus dedos anclados a mis caderas lo que me hizo gritar su nombre cuando sentí el clímax aproximarse. – Me voy ahora, córrete conmigo – ronroneé. Por mi mente pasó un flashback del sueño erótico que había tenido la noche en la que lo conocí, dónde había dicho la misma frase. Mi imaginación había creado lo que conocía hasta ese momento como placer, pero lo que sentía ahora lo superaba con creces.

Aumentó la velocidad de sus embestidas y con ello mis gemidos y sus gruñidos profundos. Cada roce aumentaba mi delirio. Sentí el fuego encenderse dentro de mí y exploté en placer con un audible grito que intenté acallar en su boca, besándolo con hambre. Los espasmos me recorrieron y el siguió moviéndose a un ritmo bestial.

– Déjame mirarte – exclamó entre jadeos con una voz profunda. Levanté mi cabeza y me hundí en el rojo de sus ojos – Eres mía Kagome, para siempre.

Lo ví hundir su cabeza en el espacio de mi cuello. Sentí un pequeño beso tibio en el lugar y lo siguió un pinchazo agudo tan fuerte que nublo mi mente. Gruñí y mis ojos ardieron a un grado insoportable. Enterré mis uñas en su espalda y a lo lejos pude escuchar gritos desgarradores sin poder distinguir de donde provenían. Los siguientes segundos mi cuerpo se movió en espasmos que no pude controlar y actuó por sí solo.

Tomé a Inuyasha de su cabello con rudeza, intentando exponer su cuello para mí y sentí mis encías doler justo antes de enterrar mis colmillos en su carne que cedió más rápido de lo que recordaba. La sangre llenó mi boca y arqueé mi espalda con el placer que me provocó su sabor. El gruñido que salió de la garganta de Inuyasha me provocó escalofríos y fue tan intenso que me hizo recobrar el conocimiento y volver en mí, sólo en ese momento comprendí que los gritos habían sido míos. Nos quedamos ahí por unos minutos mientras nuestra respiración se acompasaba.

– Gatita… ¿Estás bien? – sus ojos me miraban preocupados, esta vez el dorado relucía de vuelta en ellos.

– S-Si… sólo muy agotada, – susurré.

Inuyasha revisó mi cuello y lo besó. Yo sentí una corriente eléctrica otra vez. Me sujeté con fuerza a sus brazos.

– Justo donde he besado está mi marca. – exclamó – la marca que nos une.

Miré su cuello y noté una marca violeta oscuro, muy similar a la impresión que dejaban mis colmillos al morder

– Tú también tienes una marca… justo aquí. – exclamé mientras cargaba con mis dedos. Los ojos de Inuyasha resplandecieron en rojo por un segundo y sentí su piel tensarse bajo mi tacto.

Me miró sorprendido por unos instantes y juntó energías para levantarse de la cama e ir al baño a mirarse en el espejo… yo aproveché de tenderme en la cama, me sentía exhausta. Cuando volvió una sonrisa sincera sobresalía en su rostro.

– No contaba con que sucediera esto tan luego… pero has dejado una marca youkai en mí también, justo después de transformarte, lo que me confirma que tu lado humano ya no existe. – exclamó.

Se lanzó a la cama con rapidez y me besó, yo entrecerré mis ojos, mi cuerpo ya no daba más.

– Es incluso poético que justo el día de tu cumpleaños comiences una nueva etapa. – sonrió y yo lo escuché cada vez más lejos en mi mente, pude sentir su mano acariciar mi mejilla. – Este es el primer día de la infinidad para ti gatita… y estaré a tu lado en ella.

– ¿Lo prometes? – Mi voz salió apenas como un murmullo.

– Lo prometo.

Sonreí con mi último esfuerzo y ya no pude moverme por el cansancio. Sentí los brazos de Inuyasha envolverme y caí profundamente dormida.


'

Y eso ha sido todo. Cada vez que subo los capítulos me dedico a releerlos para ver que no tengan fallas en ortografía y esas cosas, y cada vez que leo a Inuyasha mas lo amo :( sjdfdjs siento que mi obsesión con su personaje no ha hecho mas que empeorar desde que vi el animé por primera vez.

Muchas gracias por seguir aquí, acompañándome en esta historia. Prometo actualizar luego.

Frani.