Aceleré quemando ruedas, y asfalto, literalmente. No me importaba, lo del compromiso, no me importaba, lo de los medios, no me importaba, nada, en ese momento. Sólo me importaba, recuperar a mi maestro, sano y salvo, y lo haría por todos los medios, aunque tuviera que quemar todo el infierno de arriba abajo para encontrar a mi maestro.

El viento de la noche en ciudad pentagrama, me golpeaba la cara, podía rastrear la esencia de mi maestro, pero antes, debía cerrar el círculo, para encontrarlo más rápidamente, y sé quién estaba metido, y dónde estaba, así que decidí que lo mejor era, meterme de nuevo en el mundo de los vivos, para hacer una "Visita" a cierto personaje del infierno, que tenía su negocio en los vivos. Aquel personaje, iba a lamentar por el resto de su vida, haberse acercado a mi maestro, pero con todas sus fuerzas, oh, sí, que iba a arrepentirse. No saben quién es Evy, la Centinela, la Loba del infierno.

- ¡Vic! - grité. Mi sombra se pegó a mí en mi moto.

- ¡Busca al maestro, y dile, que voy por él! ¡Dile que aguante!

Vic asintió y se fue. Era el momento de viajar al mundo de los vivos, a mi mundo. Pronuncié el hechizo, y me vi, en la carretera de día, las horas en el infierno, pasan distintas, a las horas en el mundo de los vivos.

-Horario comercial, estupendo, vayamos a hacer una señora visita.

Poniendo la moto en caballito, me fui a la ciudad.

-Maestro, voy a encontraros, aguantad, por favor.

En mi mente sólo valía una cosa, encontrarlo vivo, fuera como fuese, me daba igual, a cuántos demonios, pecadores, o lo que mierda fuesen tendría que matar para lograrlo.

Él es mi maestro, estuvo, está, y estará para mí. Y yo, su discípula, estuve, estoy, y estaré a su servicio. Que no le quepa duda a nadie, me da igual, si se casa con Charlie, me da igual, si tengo que verlo teniendo descendencia con ella. Me da igual. Es la persona, que más me importa, porque a pesar de todo, lo sigo queriendo, al igual que él ha demostrado que me sigue queriendo a mí. Es eso, juego de poderes, decidió casarse por el bien de todos con la princesa, y tenerme cerca, para que no me alejara por mi cometido, puede ser, pero no me dijeron todos los detalles por algo, pero lo terminaré sabiendo, tarde o temprano, majestades, tarde o temprano.

Bien, señores, Evy permaneció callada, permaneció en las sombras, pero habéis acabado por despertar a la bestia. Estupendo, ahora, sabréis quien soy yo.

Me acerqué a la puerta de Rosie, derrapé con la moto, y abrí la puerta de golpe.

-¡Evy! ¿Qué manera de entrar es esta?- Se enfadó.

- ¡Todos fuera! - Los clientes me miraron extrañados- ¡NO ME OÍS, FUERA COÑO!- Grité irritada.

Se fueron, y cerré la puerta de una patada.

- ¿Qué demonios haces? ¿Te volviste loca?

-Rosie, esos tres idiotas de las tres Vs. han secuestrado a mi maestro Alastor.

- ¿Qué?- La noticia la pilló desprevenida.

-Así es, esta nota apareció en el hotel- solté la nota, y me giré de espaldas.

- ¿Se sabe si sigue vivo?- Estaba asustada, Alastor era su mejor amigo, se conocían desde que él bajó al infierno. Y su amistad era muy bonita, visto lo visto.

-Sí, sigue vivo. He hablado con él, por unos segundos, pero necesito encontrarlo, ¿Me entiendes? Me da igual quemar todo el puto infierno.

Rosie, se levantó, con la mirada de miedo, pero de decisión, me tomó por los hombros, con firmeza, se puso cara a cara conmigo, se le veía, enojada, asustada, angustiada, pero sobretodo, decidida, a recuperar a su mejor amigo, y yo, quería recuperar a mi maestro.

-Bien, sabes que soy neutral, pero esos tres, han cruzado a la línea. Hay un pacto no escrito de agresión entre los Overlord, y esos tres idiotas, mafiosos de pacotilla, lo han violado. Evelyn, hoy, es tu día, saca, todo el poder, que llevas dentro, no importa, a quién te lleves por delante, hoy, debes dejarle claro a todo el infierno, quién es la discípula de Alastor.

-Eso haré, pero necesito provisiones, ¿Me entiendes? Con mi amigo, corto, rebano, y fileteo- Abrí la chaqueta, mostrando el seax- Pero necesito más, hoy, va a haber fuegos artificiales.

-Te entiendo perfectamente, ven, cariño.

Rosie cerró las cortinas, las persianas, todo, y pulsó un botón oculto en uno de los mostradores.

Entonces las paredes se abrieron en el local, paredes ocultas que se giraban mediante el mecanismo, mostrando todo un arsenal de guerra, explosivos, machetes, armas de asalto, armas cuerpo a cuerpo, oh, sí, ¡Eso era lo que necesitaba!

-Nos vamos entendiendo, Rosie.

Rosie, sonrió, sacó una maleta de tela, y me dio un puro, me lo encendió.

-Querida, coge lo que necesites. Revienta a esos idiotas, recupera a tu maestro, y demuestra quién eres.

-Gracias Rosie.

Empecé a meter todo lo que pude, en la mochila, de todo, para todos.

-Aquí, hay juguetitos para todos, ¡Lamentarán este día!

De repente, una silueta se materializó en la tienda, era Charlie.

-¡Evy, ¡qué haces!- SE asustó al verme cargar con todo.

- ¿Charlie?

-¡Evy para, esos tres son muy peligrosos! Trató de detenerme. Era evidente su miedo, y comprensible, ella siempre trató de evitar peleas.

-majestad, soy el centinela de los Magne. Centinela del infierno, yo, tengo el deber de cuidar y velar por la seguridad de mi familia, y tú, y Alastor sois de mi familia, ¿Cierto?

Charlie cayó, y me miró, me tomó por los hombros.

- ¿No hay otra manera? Piénsalo, Evy, por favor.

-Charlie, quisiera que hubiera otra, pero en el momento, que ellos han puesto la mano encima, sobre Mi Maestro, han decidido el camino de la sangre. Ahora bien, princesa, puedes unirte, o, permanecer a salvo, en cuyo caso, te recomendaría volver al hotel, y no salir de allí. Aunque tu poder, vendría bien, porque eres más de lo que crees, Charlie.

Me incliné a rellenar la mochila, con todo lo que pude.

- ¡Evy, por favor, ten cuidado! ¡No quiero que mueras!

Reí suavemente, y la tomé del hombro.

-Cariño, si muero, ¿A Dónde iré?

-Al infierno…- Dijo pensativa…

-Claro, y eso, ¿No sería delicioso? Iría con los que más quiero.

-Pero Evy…

-Tranquila, cariño, mi factor de viva, es una ventaja, cielo, ahora, debo irme. Rosie, gracias por todo, encanto, eres la mejor.

-No hay de qué, cariño, cuando traigas a Alastor, venid los dos a verme, por favor.

-Por supuesto, sería lo mínimo, que podría hacer por ti. Pediré a nuestro señor Lucifer que te colme de agradecimientos por la ayuda, querida.

Rosie Chasqueó los dedos.

-Es un hechizo protector, nadie verá más que ropa sucia en la mochila, por si te paran.

-Gracias Rosie. No hay nadie que pueda con tu ingenio- La abracé, y me dirigí a la entrada. De repente, apareció delante de mí. Di un paso atrás, y me incliné en reverencia.

- ¡Barón Von Eldritch! ¿A qué debo este honor?

-Evy, he venido aquí, para hacerte ver que estoy de tu lado.

- ¿Qué? - mi mandíbula cayó al suelo.

-Eve, soy de la realeza, como bien sabes, y nunca, he violado ese pacto. Sigo las normas, procuro encajar las derrotas, incluso cuando Charlie me dejó. Pude haber sido inmaduro, pero me instruyeron para seguir las normas, y estos tres, me tienen harto. Una de sus últimas fechorías fue espiarme en una de mis salidas, para intentar colarme una de sus meretrices, por eso, sólo voy al Avernus. El haber secuestrado a tu maestro, ha puesto a Lucifer hecho una furia, y Satanás ahora anda suelto. No quieres ver cómo está. La reina, Lilith, se ha ocultado de su vista. Esto, ha pasado de castaño a oscuro, hay que frenarlos. Y sé, que tú vas a hacerlo, pero no podrás sola.

-Bien, señor, ¿Qué propone, pues?

-Escúchame, sé dónde Valentino, tiene el estudio, pero, no puedo ir solo. Iremos juntos.

- ¡Yo voy también! - Charlie gritó, desde el fondo, y se acercó.

- ¿Majestad? - Harold se sacó el sombrero, y besó su mano- Perdonadme alteza, no os vi, con todo el jaleo.

-Tranquilo, Harold, tan amable como siempre, pero ahora, debemos trazar un plan.

-Tenéis razón, Alteza- Dijo poniéndose el sombrero.

-Bueno, Chicos, escuchadme. Voy a hacerle una visita al señorito de la televisión. Quiero sonsacarle todo lo que pueda, y mientras, id al infierno, cercad ese antro de mala muerte, que nadie entre, ni salga, cercad el hotel, y esperadme a las puertas de donde esté el maestro. Entraremos juntos, si tengo que poner todo patas arriba lo haré.

Tomé la mochila, y me puse en camino, abrí la puerta, para despedirme.

- ¡Ten cuidado Evy! -Charlie parecía preocupada.

-No te preocupes, estaré bien. Que tengan cuidado ellos conmigo.

Me fui, y arranqué la moto, hizo un estruendo infernal, me puse el casco, y me dirigí a cierta tienducha que iba a saber quién soy yo.

Estaba enfadada, realmente enfadada, ¿De verdad creerían que iban a salirse con la suya sin consecuencias? ¿En serio? ¡Me di de golpes con el mismísimo Barón del infierno! ¿Y creen que no lo haré con ellos, porque son las tres Vs.? Menudo trío de imbéciles. Han firmado su sentencia de muerte. Oh, vaya si la firmaron, ¡Satanás todo poderoso, señor del infierno! ¡Apiádate de ellos, porque yo no lo haré!

Aparqué, junto a la puerta. La tienda estaba abierta, y había clientela, mirando, preguntando por aparatos electrónicos.

Esto iba a ser divertido. Muy divertido.

Entré, fumando el puro. Me recibió, amable, como aquella vez.

- ¡Oh, vaya! ¿A quién tenemos aquí? - Sabía a lo que venía, pero se hacía el ingenuo. Si, hazte el tonto, que tengo unas ganas locas por darte de patadas en la boca.

- ¡Espero que mis electrodomésticos le hayan servido! – Se reía con maldad.

-Oh, sí, sí que me han servido, y acabo de ver una noticia: "Arrasan la tienda de Vox en pleno día"- Se dio cuenta de que traía el bate de béisbol de aluminio, y me apoyé en el cual bastón.

-Vamos, ¿Es necesario que se ponga así? Le puedo hacer una devolución.

- ¿Dónde está mi maestro? - Exhalé el humo por la nariz.

- No sé a qué se refiere, querida- Se cruzó de brazos.

-Está bien. - Me quité del apoyo del bastón, lo tomé con las manos, y golpeé con todas mis fuerzas una de las pantallas de plasma, de las más caras, más grande que yo, y muy lujosa, la hice añicos.

-¡PUM!- los cristales, saltaron por todos lados, al igual que las chispas. – LA gente me miró, alarmada.

-Una mala compra, señores y señoras, mejor, vayan a otra tienda- Dije fumando- La gente huyó despavorida.

- ¿Qué haces? ¿Estás loca? ¡No juegues conmigo, niña! - Se enfureció, al ver que no había ya clientes, chasqueó los dedos, sacó su glamour, y pude verlo en su forma demoníaca; un hombre alto, estilizado, con el mismo traje de rayas, pero, en su cabeza, en lugar de la humana, era un televisor de pantalla plana.

-Así que el Overlord de la tecnología se descubre…-fumé tranquilamente

- ¡Vas a pagar lo que acabas de romper o te hago pedazos, niña! - Echaba chispas, y se rodeó de cables.

-Oh, no pienso pagarlo, de hecho, repetiré mi pregunta. ¿Dónde está mi maestro? - Rompí otra pantalla más.

- ¡Suficiente! - Me amarró con los cables, y los apretó con fuerza.

-Oh…dolor…el dolor me hace sentir que sigo viva, ¿Sabes? Pero, ¿Magia demoníaca? Por favor. Con un demonio menor, hazlo, pero hablas de la discípula de Alastor, bastardo. Que la oscuridad venga a mí…

Me transporté junto a él, cosa que no esperaba, y le di el batazo de gracia en plena pantalla, cayó al suelo.

Se retorcía entre chispas, humo, y parpadeos en la pantalla, cayó al suelo de rodillas, con la pantalla hecha pedazos, pero vivo. Eso era lo que me interesaba. Que viviera.

-Bien, querido televisor, ahora dime ¿Dónde está mi maestro? - Tomé el bate de forma amenazadora.

- ¡Para, para! - ¡Me hizo el gesto con la mano, desesperado, respirando agitadamente- ¡Está en el estudio porno que tenemos Val, Velvet y yo!

-Bien. Levanté mi bate, y se cubrió, asustado-golpeé una pantalla más que tenía a su lado.

-Si vuelves, a acercarte a mi maestro, esto, será lo mínimo que te pase. Te dejaré vivo, para que te acuerdes de mí. No vuelvas a pensar siquiera, en acercarte a él, a mí, o a los Magne, porque me pedirás que te mate- El eché el humo en la cara- Me giré, y uno de sus cables, me golpeó en la cara, cortándome.

- ¡Para que te acuerdes de Vox, zorra! -rio maliciosamente, en el suelo.

-Oh, ya lo creo que me acordaré- fui a la caja de fusibles, y la abrí- Pero por esto. La electricidad es algo mágico, ¿Verdad? Pero muy peligroso, se dice, que la carga el demonio- dije sonriéndole y abriendo los ojos, comprendió.

-¡No, ¡No, no! ¡No hagas eso! ¡volaremos por los aires!

-Volarás por los aires- Chasqueé los dedos, y me fui, chispas, y hasta relámpagos, salían de la tienda, que empezó a arder en medio de los estallidos de las pantallas. Vox, salió corriendo, y cayó a mis pies.

-Nos veremos en el infierno, zorra asquerosa.

-Nos veremos.

Me reí con fuerza, arranqué la moto, y rastreé a Charlie, y a Harold, en medio del camino, estaban rodeando el estudio de Valentino. Magnífico.

-Ahora, pongamos en práctica lo aprendido, Maestro Alastor.

Levanté la moto en caballito, e hice lo que mi maestro me ordenó, dejé, que el poder fluyera a través de mí, me transporté en moto, de un lado de la carretera otro, era un subidón de adrenalina, sin duda, como aquella vez cuando acabé haciéndole sexo oral después de la carrera en moto.

-¡Yuujuuuuu!- Esquivaba coches, a punto de estrellarme, pitaban desesperados, y yo me reía. Me daba igual morir, pero tenía cuentas pendientes, en el infierno. Hoy no. Hoy no, señor de Luz y oscuridad, ¡El infierno debe esperar un poco más si quiere tenerme entre sus filas de muertos, mi sangre no regará el infierno esta noche, pero lloverá sangre, y no será la mía!

- ¡Vamos hellraider! ¡Quememos el puto infierno! - La moto, pareció cobrar vida, y rugió al movimiento de mi puño, quemé las ruedas, el asfalto, y desaparecí, para aparecer en el infierno.

Y allí estaban. El barón y la princesa, con el estudio porno de Valentino, cercado. Un edificio, pinta de ser un tugurio de mala muerte, con el neón de un demonio, y "XXX" en grande seguido de un "por Estudios"

- ¡Evy! ¡Estás bien! ¿Qué te ha pasado?- Charlie se asustó al verme herida.

-No es nada, querida, es sólo un rasguño, gajes del oficio, cielo. Barón, ¿Todo acordonado?

-Sí, Eve, hemos tenido que despejar esto, ¿qué tal ha ido por allí arriba?

-Bueno, se podría decir, que la señal de televisión estará cortada por un buen tiempo. No subirá más arriba, creo yo.

-Bien hecho, el problema es como entrar sin que se den cuenta. Podrían matar a Alastor, sabes. - El Barón tenía razón.

-Deja que te cure, Evy. - Charlie, puso sus manos sobre mí, y con uno de sus arcoíris, me sanó.

-Ya sé…Harold, Ven conmigo. Charlie, escúchame, cuando yo te avise por telepatía, transpórtate, y llévate al maestro al hotel. Es sitio seguro, ¿Verdad?

-Sí, mi madre lo protegió con un hechizo sólo nosotros podemos entrar.

-Estupendo. Espere mi señal, majestad. Si es necesario matar, mate. Quien ataca esta noche, no tiene opción de redimirse, majestad- Tomé mi mochila, y me fui con Harold.

Me lo llevé a una de las callejuelas, libres de la visión del estudio.

-Ayúdame, a levantar esta tapa de alcantarilla.

- ¿Qué? ¿Vamos a entrar por allí? - Su mirada asqueada me lo decía todo.

-Vamos, no tenemos que perder el tiempo, señor Barón. - Dije riéndome.

- ¿Estás loca? ¿No puedes abrir un portal de Enoquiano?

-Barón, el Enoquiano es para situaciones extremas, y, además, esto es necesario. Un momento, señor.

Encendí una de las bengalas, y la lancé a la alcantarilla, miré a Harold, que me miró serio.

-Las damas primero- Dijo haciendo el gesto con la mano. No pude evitarlo, y me reí.

- ¡Qué caballeroso! - Dije riéndome.

Bajé por las escaleras. El olor, era repugnante, nauseabundo, pero no nos quedaba otra. Era eso, o dejar que el maestro muriera. Harold, antes de bajar, se quitó la chaqueta, y bajó con cuidado.

-No quiere mancharse su vestido de cocodrilo, ¿Eh? -

- ¡Cállate! ¡Está hecho con piel de Leviatán! - Dijo sacudiéndose la suciedad del traje.

- ¿Por eso el apodo de Seviathán? Creía que era cocodrilo, no serpiente- Dije caminando, abriéndome paso entre las cloacas, con ayuda de la Bengala.

- ¡No entenderías! ¡Son cosas del inferno, no mortales! ¡Qué asco, qué pestazo! ¡El Barón, metido en las alcantarillas, por culpa de una mortal!

-Oh, sí, el infierno se helará, por eso, calma, señor cocodrilo, una duchita con ácido cuando esto termine, y podremos seguir dándonos de ostias en el Avernus. - Dije rodando mis ojos hacia atrás, con resignación.

- ¡Estás loca, Eve! ¡A todo esto! ¿Cómo sabes Enoquiano?

-Eso, es secreto. Si quieres saber, tus señores los reyes pueden decírtelo, pero yo no.

-Entiendo… ¡no se aguanta esta peste! - Casi vomita, le estaban dando arcadas, y a mí casi, era comprensible.

Me acerqué a él, estaba algo sucio, sí, pero su aspecto, era impecable. Olía su perfume, era embriagador, era un caballero, sin duda.

- ¿Qué? - me miró, extrañado.

- ¿estás perfumado, ¿verdad?

-Sí, es pachuli.

-Estupendo, permitidme.

Me acerqué a él, saqué mi seax.

- ¡eh, eh, eh! ¿Qué pretendes, ¿eh?- Se alejó, alarmado, creyó que lo lastimaría.

-señor, no le voy a herir, pero necesitamos cubrirnos la nariz, o echaremos las tripas antes de llegar.

- ¿Y tiene que ser a costa de mi ropa? ¿Por qué no con la tuya, ¿eh?- Se tapaba con vergüenzas, me partía de risa, parecía una damisela descubierta mientras se cambiaba de ropa.

-De acuerdo, ¿Os parece embriagador mi perfume? - Levanté el brazo.

El sudor, mi fuerte olor corporal, producido por el ejercicio, la adrenalina, la pelea con vox, las carreras en moto, le produjo una reacción de asco, que hizo que se echara hacia atrás, dándose aire en la cara.

-¡Qué pestazo! ¿En nombre del infierno, de dónde sale tu peste, Eve?

-Mejor tus ropajes, ¿No?

- ¡Dame eso! – Me quitó el seax, se rajó las mangas de la camisa, y me dio un retazo de tela, acto seguido, se puso otro retazo en la nariz-

-Prefiero oler las alcantarillas, que volver a oler ese pestazo a infierno descomponiéndose de nuevo, golpeándome en la cara, ¡Eve, cuando todo esto termine, o te duchas o te ducho yo a la fuerza, eres una puerca!

Seguí andando, mientras me moría de risa. El Barón era todo un show. Un niño de papá y mamá en las alcantarillas, dispuesto a meterse en la mayor pelea de Overlord jamás vista en el infierno, esto iba a ser todo un show.

-Oye Eve, ¿Cómo sabes cuál es el camino correcto? -

-Porque noto la presencia del maestro, por aquí, ya queda poco.

-Oye, ¿Es verdad lo que dicen? ¿Estabas con él en una relación seria?

-Ajá- Dije sin voltearme.

-Joder. Debió sentarte fatal lo del compromiso.

-Cierto, al igual que usted, Barón, ya casi estamos.

-Bueno, ella y yo, terminamos hace tiempo, pero, aun así, ¿Por una mortal y luego por un mortal? ¡Venga ya! ¡Ella no sabe ni lo que quiere!

Me giré, extrañada. Arqueé la ceja, sonreí divertida.

-La verdad, no sé ni lo que quiero yo, Señor Harold, pero lo que quería, se me escapó de las manos, sabe.

-Cierto, sabes, estamos igual de jodidos, por todos lados.

-Tiene razón, señor Von Eldritch. Ya llegamos, es aquí arriba.

-No hace falta que me trates tan cortés. Llámame Barón, o Harold, a secas- Me sonrió.

-Estupendo, Evy, para los amigos- Le estreché la mano-

Me estrechó la mano, y me abrazó, tiernamente, el abrazó me dejó descolocada.

- ¿Qué? ¿Barón?

-Permítame, que la abrace, Evy, hacía tiempo que no abrazaba a nadie.

-Llámame Evy, a secas- Terminé de abrazarlo.

-Bien, no noto a nadie, arriba, podremos salir, sin piedad, Harold.

-Sin piedad, Evy.

Abrió la tapa, con su fuerza, y pude ver sus brazos, bien marcados, sin duda, era todo un portento, y creo saber cuál era la causa de que Charlie lo dejara: era un niñato inmaduro, y posesivo, por suerte estaba cambiando, y eso era bueno. Me pilló de llenó mirándolo.

- ¿Qué miras?

-Nada, vamos arriba…-Subí, con cuidado.

-Anda que como se entere tu maestro…-

- ¡Cállate, no seas cabrón! - Dije toda avergonzada.

Lo ayudé a salir, pero en cuanto entramos, noté algo.

-Mierda. La cagamos.

Un gruñido gutural nos puso sobre aviso. Los veía; en la oscuridad, su silueta, y sus ojos brillantes.

- ¡Perros del infierno! ¡Los odio! - Harold sacó sus garras.

-Calla…no te alteres…ponte espalda, con espalda conmigo- Saqué el seax. Esto pintaba mal, pero muy mal.

-No alces la voz…Evy…estos bichos tienen un punto débil, si atacas al líder, se desorientan…-Dijo en voz baja.

- ¿Y quién no? Debemos localizar al líder… ¿Pero ¿cómo?

-suelen ser los más grandes…creo que lo veo…yo iré a por él…pero tú, has de señuelo, distrae a los demás…

-Qué bien…no hemos empezado y me usas de cebo…creo que sé cómo…

- ¿Cómo? -Se pegó con mi espalda más aún.

-Tengo bengalas aún, los atraeré a mí…tu ve a por el grandote…-Dije con mucho cuidado, sacando una de las bengalas de mi chaqueta.

-Está bien…ten cuidado…

En ese momento, se encendió la tele. Estaba en la esquina superior de la habitación.

- ¡Hola, mis queridos invitados! ¿Cómo están?

-Valentino…maldito asqueroso…-Dijo Harold con repugnancia.

-Debido a las visitas inesperadas, hemos tenido que soltar a las mascotas, en el primer piso, queridos míos, espero que os sean divertidos, son muy juguetones, eso sí, cuidado con sus mordisquitos, ¡Hacen daño! ¡Ja, ¡Ja, ja! - El monitor se apagó, al instante.

-Valiente hijo de puta…Bien, Harold, ¿Preparado?

-Adelante-

Abrí la bengala, y el sonido, el olor, y el brillo que desprendió, iluminó la habitación, y pude ver que al menos, había diez de esos, el grande se veía venir. Joder. Me destrozarían. Tenía que usar magia negra sí, o sí.

-¡Vamos, chuchos asquerosos, mugrientos, venid a mí! – caminé unos metros lejos de Harold, aprovechando que se despistaron por el fogonazo, aproveché para clavar el seax en un par de ellos, que cayeron, en medio de gritos, y aullidos, pero cuando se les pasó el efecto, se abalanzaron sobre mí.

- ¡Vamos, hijos de perra! - Dije en medio de la pelea, no paraba de dar cuchillazos al aire, el comentario, hizo reír a Harold, que sostuvo al grande, con una mano, mientras que, con la otra, lo desgarraba de arriba abajo, con sus garras, hasta atravesarlo por la quijada.

- ¡Te lo estás pasando en grande! ¿Verdad? - Dijo mientras remataba al enorme chucho.

- ¡Si no fuera porque estos chuchos de mierda me estuvieran mordiendo la chaqueta! -

Atravesaron el cuero, y clavaron sus dientes en mi carne, eso, fue el colmo, me enojé, invoqué a las sombras, para transportarme, lo hice, rematé a dos más, y vino Vic para ayudarme.

- ¡Vic! ¡Vamos a cazar! - Dije sosteniendo a uno de ellos por el cuello, mientras Vic, fue a por otro, y lo mató, a zarpazo.

Bien, ahora sólo quedaban la mitad.

- ¡Harold, échame un mano, no seas flojo, no vas a despeinarte! - dije esquivando el mordisco de uno, que iba derecho a mi cuello.

- ¿Alguien me llama? - Llegó justo a tiempo, pues uno me tenía enganchado de la manga, tiraba, y otro saltó sobre mí, Harold, con su magia, lo ensartó con un tentáculo verde. Aproveché ese momento, para clavar mi seax, y rajar de arriba abajo, al que me tenía enganchada. El dolor de esos dientes filosos, picudos, era espantoso, desgarraban y cortaban todo a su paso.

- ¡Cómo duele! - Dije poniéndome en pie, con la ayuda de Harold.

-Gracias, Barón.

-No hay de que, Evy.

-Ahora sólo, quedan 3. Uno para cada uno. ¿Tú que dices, Vic? - mi sombra sonrió con complicidad.

-Bien, señores, ¡Terminemos con esto!

Nos lanzamos con locura a rematar a esos tres asquerosos perros infernales que quedaban, respondieron, a nuestro ataque, pero nosotros, atacamos, espalda con espalda, los tres, en equipo, Vic, revoloteó, aturdiéndolos, Harold, literalmente troceó a uno, y yo me lancé, a por el otro, me tiré a su cuello, clavándole el seax, quedaba uno, que me miró, gruñéndome, le respondí, con un gruñido, gutural, enseñándole los dientes, me incliné.

- ¡Vamos, perro asqueroso!

El chucho no esperó y se lanzó a mí, paré su mordisco con el Seax.

- ¡Ahora Harold!, te cubro el cuello! - Dije, mientras el asqueroso bicho, babeaba sobre mí. No hizo falta más, Harold hizo su cometido, y lo ensartó, como quien ensarta una fruta con un puñal. El perro cayó sobre mí, babeándome toda.

- ¡Qué asco! ¡Sácame a este asqueroso bicho de encima! - Dije sacudiendo los brazos. Harold se moría de risa.

-¡Vamos, vamos, Evy! No creo que huela peor que tú- De una patada, me lo sacó de encima. Era asqueroso oía fatal, y estaba baboseada. Vic se reía.

- ¡Ya te vale, Vic! ¡Siempre a tiempo, Vic! - Mi sombra revoloteó alrededor de mí.

-Bueno, vamos un piso, quedan dos más- Harold subió las escaleras.

-Un momento, por favor- Abrí la mochila, y me fui a un rincón.

- ¿Qué haces? - Harold me esperaba al pie de las escaleras- ¡Vamos!

-Ya voy, estaba preparándome. Bien, con cuidado, Vic, ¿puedes mirar primero?

Vic asintió, y estuvimos esperando.

-No he tenido tiempo de preguntar, ¿Y esa sombra?

-Se llama Vic, como viste, Alastor me la otorgó el primer día, que nos conocimos- Respiré hondo, apoyándome en las escaleras.

-Vaya, te aprecia mucho, por lo que veo.

-Sí, pero no ha sido suficiente, Harold. Ahora, estamos en la misma zanja. Sin pareja, y sin futuro de tenerla- Dije preparando el seax, con la mochila a cuestas.

-Qué asco de vida, eh- Dijo arreglándose el sombrero.

-Vic vuelve, parece ser que todo está despejado, sabes.

Fuimos escaleras arriba, y nos preparamos.

-No bajéis la guardia- Les dije a ambos.

Conforme entramos, la sala se llenó de demonios, todos, vestidos al estilo de la mafia en época de ley seca, armados hasta los dientes.

-Mierda- Harold me miró, mientras me comentaba- Estos son los secuaces de valentino, son el hampa, del infierno, ten cuidado, son sanguinarios.

-Ya lo veo, están preparados para la guerra, oye…este decorado porno barato…En el bolsillo, trasero de mi pantalón, en la pistolera, llevo una granada cegadora, cógela con cuidado, y cuando la tires, corramos detrás de la barra de la cocina, ¿Sí?

-Vale, ¿Pero por qué no usas magia? -

-Voy a usarla, pero necesito unos segundos de margen, no seas idiota, Harold.

- ¿Enoquiano?

-Ajá. Bajo nivel, pero valdrá.

Se encendió la tele de nuevo.

- ¡Veo que habéis sobrevivido a mis mascotas! ¡Qué lástima! ¡Eran tan adorables! ¡Por cierto, estos son mis secuaces, darían la vida, por mí, así que, espero que os diviertan! ¡Por cierto, aquí tengo a tu maestro, querida! ¡Di hola, Demonio Radio! -

Valentino sujetaba a un Alastor, demacrado, golpeado y sangrante, amarrado a una silla, la visión me turbó.

- ¿No tienes nada que decirle a tu alumna, querido? – Lo sujetó de la cara.

-Evy, no tengas piedad.

Valentino rio, y apagó la televisión.

-Sigue vivo…Evy…

Estaba en shock. La ira, me encendió, el enfado, la rabia, la cólera, más grande que había sentido, se apoderaron de mí. Ese putero de Valentino, iba a sentirlo, durante el resto de su miserable existencia, pero antes, debía deshacerme de esta gentuza. Eran un estorbo, y no quería perder el tiempo con ellos, no tenía más ganas de jugar con los secuaces de Valentino y su pandilla de degenerados, estaba harta, del infierno, de los demonios y de todo este rollo de los Overlord, pero estaba metida hasta el cuello, era, soy, y seré el centinela del infierno, yo, vigilo, huelo, noto, y oigo todo, yo, soy la protectora de los Magne, la protectora de mi linaje, extinto, casi, pero que vuelve a la vida, soy la Nefilim. La caída, la proscrita, la muerta, la resucitada por Lucifer, soy la Arcana centinela, la única, la guardiana, la protectora, la que ve, la que oye, la que nota, la que siente, la que mata. Soy, Eve Magne, a su servicio, maestro.

-Harold, tira la granada cegadora. ¿La tienes?

-Sí, la tengo. -Noté su mano buscando.

-Bien, a la de tres…ataquemos sin piedad esta vez…

-Uno…-Conté.

-Dos…-Harold me siguió.

-Tres...

- ¡Bum! La granada los dejó ciegos, y sordos, el tiempo necesario, para que Harold y yo nos moviéramos, y ahí empezó la carnicería.

Corté, cuellos, amputé miembros, seccioné extremidades, a medida que me movía entre los esbirros, que estaban cegados por el flashazo de la granada, Harold, era muy poderoso, con su magia, los ensartaba a todos, en un abrir y cerrar de ojos, me valí para transportarme, y así ir más rápido, para acabar primero con los armados, nadie quiere llevarse un balazo, nadie quiere morir antes de tiempo, y menos en ese antro, de mala muerte. Iba a llevarme un balazo, pero Harold, lo detuvo a tiempo, con la magia, mató al esbirro.

- ¡Te debo una! - dije asestando un machetazo a otro de ellos.

- ¡Descuida! -Dijo seccionando la garganta de uno de ellos, el chorro de sangre fue tan brutal, que me regó la cara. Uno de los secuaces sacó la ametralladora, tenía una "typewriter". Mierda, si eso nos cogía de lleno, tendríamos problemas, con un gesto rápido, le corté el brazo de un tajo, y lo rematé degollándolo.

Era todo un festín de sangre, En uno de los movimientos, Harold le sacó el arma a uno de ellos.

- ¡Al suelo Evy!

Me tiré al suelo, y Harold empezó a disparar sin miramientos, al pelotón de secuaces, no pudo piedad ninguna, los acribilló a balazos, alguno logró dispararle, y le dio, pero él seguía a balazo limpio, yo, me tapé con el cadáver de uno de ellos, y sólo podía oír las ráfagas de disparo, Harold se estaba empleando a fondo, sin dudarlo, era una ayuda estupenda, y su poder era enorme, agradecí eternamente, el haberse ofrecido para esta misión suicida, prácticamente.

-¡Aaaaaaaah!- Exclamó, y se hizo el silencio más absoluto, sólo oía su respiración agitada.

- ¡Evy, ya puedes salir! ¡No hay moros en la costa!

Me quité el cadáver de encima, y pude respirar hondo, ¡Madre mía, qué carnicería! Todo lleno de agujeros de bala, de sangre, de cuerpos desmembrados, extremidades cercenadas, y olor a pólvora.

- ¡Ufff…! Harold soltó el arma, y me miró.

- Buen trabajo, camarada- me levanté del suelo, pero uno se movía, Harold iba a rematarlo, pero lo frené.

- ¡Espera, espera! ¡Éste se parece mucho a Angel Dust!

- ¿Dijiste Angel Dust? - Dijo el pecador, incorporándose.

-Ajá, así es-

-Es mi hermano-Dijo con seriedad.

- ¿Qué haces aquí, en medio de toda esta mierda? - Dije enfadada. Deberías estar en el hotel.

-No necesito esas estupideces de redención. Mi hermano es un fracaso-Dijo encendiéndose un pitillo.

-No lo creo, él está a salvo, y tú herido, en medio de una batalla. Creo, que él es más listo que tú, deberías aprender.

El ser no dijo nada, sólo se incorporó, me miró y soltó unas pocas palabras.

-Puede ser. Decidle, que se cuide. Adiós.

-Adiós, mantente alejado de todo esto, por favor- Dije en tono suave.

Se alejó, y me pude detener, a ver a Harold.

- ¡Oh mierda! ¡te dieron! ¡Tú brazo, Harold!

- ¿Esto? No es nada, regenero solo, ¿Recuerdas?

-Ya, pero voy a sacarte esa bala, para que no te incomode. Aguanta un momento, ¿vale?

Tomé su brazo, con fuerza, y clavé el seax, para sacarle la bala. Aguantó, entre dientes.

-Esto debe parecerte divertido, ¿Eh?

-Últimamente me parecen divertidas muchas cosas, aunque no son graciosas- Dije mirándolo con sorna. Bueno, ya está.

-Menos mal, bueno, el último piso- dijo ajustándose el sombrero.

-Bien, Evy. ¿Vamos?

-Un segundo, espera- Me dirigí a uno de los rincones, saqué aquello de la mochila, y lo coloqué, con cuidado.

- ¿Qué demonios haces? ¡Vamos!

-Ya voy, Barón, no se impaciente, las prisas son malas consejeras.

Me encendí el puro, especial de Mimzy. Harold me miró.

- ¿Crees que es buen momento para fumar? - Dijo impaciente, con los brazos en jarras.

-Estos, son puros especiales. Si te vas a cargar a alguien, fúmate uno, si te vas a follar a alguien fúmate uno. ¿Quieres?

-Dame uno, pero no para ahora.

- ¡Ja! Cuando estés en plena faena, acuérdate de mí, ¿Sí?

-Estás loca, Evy, bien, entremos.

-Vic, vuelve abajo, cuida a Charlie, dile que vamos de camino.

Vic se fue, y subimos al último piso.

Y allí estaba.

Atado a la silla, con clavos puestos en las muñecas, para más inri.

La persona, que me había hecho tal como soy ahora.

Mi maestro.

Mi mentor.

Mi amante.

Mi Alfa.

Mi Omega.

Mi venerado.

Mi apóstata.

-¡Maestro!- Iba a por él, pero Harold, me sujetó, firmemente.

-No te muevas…es una trampa, mira.

Sonaron unas palmadas, y la silueta de Valentino, salió de las sombras.

- ¡Bravo, bravo! ¡No esperaba menos de vosotros! ¡Esperaba a su alumna, pero al Barón, ha sido una sorpresa! ¿Verdad Velvet?

-Desde luego, todo está siendo retransmitido, en Street. ¡Sonríe para el infierno, querida!

Esto me estaba hartando, estos juegos, esta sangre, estaba hecha un desastre, llena de sangre, de mordiscos, de tajos, arañazos, y cansada de toda esta mierda, mi maestro estaba clavado literalmente a una silla, con signos de ser haber sido torturado, durante a saber cuánto tiempo, veía símbolos en el suelo, y en la silla, posiblemente, para que no se acercara nadie, ni siquiera Harold.

-Te avisé, aquella noche, de que debiste aceptar mi oferta, querida niña. ¡Habrías estado como una reina trabajando para mí! - Reía de una manera que me producía asco.

- ¿Yo, trabajar y vivir como una de sus putas? No gracias. Fumé un poco, Harold, me mantenía a raya.

- ¡Vamos, mira a Velvet! ¡Ella se libró del exterminio junto a mí y a Vox! ¡A todo esto! ¿Dónde está?

Velvet llamó a Vox.

- ¿Dónde te metiste? ¿Cómo? ¿Enserio?

Velvet colgó, y sonreí, maliciosamente. Eso fue un golpe bajo, duro, no lo vieron venir, se les rompió el plan de los tres contra mí y Harold.

- ¿Qué, todo bien? - Dije riéndome.

- ¡Eres una zorra! ¡Ha atacado a Vox en el mundo de los vivos, Val!

- ¿Qué? ¿Cómo te atreves? - Val se irritaba.

-Parece ser que no son tan fáciles las cosas, ¿Verdad? Sonríe querida, esa cara tuya se está emitiendo en directo por todo el infierno- Señalé con el puro.

- ¡Vas a arrepentirte de esto, y todo el infierno lo verá! -

Con un chasquido de dedos, Harold destruyó su teléfono, y las cámaras, que rodeaban a Alastor, y las que estaban en la pared ancladas.

-Se acabó. No más jueguecitos. Dadnos a Alastor.

- ¿Qué? ¡Ja! Ahora que todo acaba de empezar, ¡ni hablar, además, habéis caído en la trampa!

Valentino, chocó sus palmas, y atrapó a Harold, con un conjuro pintado en el suelo, que no habíamos visto.

- ¡Uno menos, craso error el de venir aquí, Barón!

- ¡Voy a partirte en dos, Valentino! - Harold estaba realmente furioso.

- ¡Velvet, querida, tu turno, diviértete con la muñequita rellenita! - Reía creyéndose que ganaría.

- ¡Por fin algo de diversión! - Manejando sus dedos, como si estuviera manejando una marioneta, me aprisionó con los hilos, apretándolos, para impedirme moverme.

-Vamos a jugar un poco, ¿Qué te parece?

-Con la poca movilidad, que tenían mis brazos, aspiré el humo de mi puro, y la miré.

- ¿Seguro que quieres jugar conmigo, muñequita del infierno? Los lobos no juegan a las muñecas.

- ¡Loba, dice! ¡Ja! ¡No eres más que una perra, y me servirás de puta, para mis noches de aburrimiento, ya que ese idiota de Angel Dust no está!

Alastor, atontado, pero vivo, me habló.

-Deja a Eve…tómame a mí…-

-No se preocupe maestro, lo sacaré de aquí, después de partirle la cara a estos dos idiotas, no hable, no se fuerce, he venido aquí, para cuidar de usted, al igual que usted lo hice conmigo.

- ¡Oh, que tierno, juntos de nuevo por última vez! - Valentino se reía mucho, creía que esto era un juego.

- ¡Dejémonos de tenerías, y juguemos un poco- Velvet estaba impaciente!

- ¿Así que la muñequita quiere juego? Bien, pues, ¿A qué jugamos, entonces? - Guiñé un ojo a Harold, que me miró con cara de complicidad.

- A ver, quiero jugar… ¡A cuanto aguantas sin pedir clemencia!

Y así vino el primer golpe. En la base del estómago.

No os dejéis engañar, por su aspecto infantil de muñequita, esa hija de puta tiene una fuerza tremenda, y es una psicópata, por eso es una de las Overlord.

Pero yo, soy Eve.

La loba del infierno.

- ¿Qué tal? ¿Empezamos bien? - se reía ante mi dolor.

-Bueno, he de decir, que Harold da mucho más fuerte, él me puso más cachonda, la verdad- Sonreí, y acto seguido, un bofetón me golpeó en la cara, no arrojé el puro, porque lo tenía mordido, pero la muy asquerosa se dio cuenta.

- ¿Oh, te gusta fumar, ¿no? ¿No te dijeron que es un mal vicio?

Me sacó el puro de la boca, y lo sostuvo, juguetona entre sus manos.

-Creo, que lo voy a apagar, ¿Pero ¿dónde? Ah, veo un buen sitio aquí.

La muy desgraciada, me apagó el puro, en el pecho, junto a la "A" de mi maestro.

- ¡Mira tú qué bien te ha quedado! -

- ¡aaaaarrgg…!

- ¿Ya no eres tan valiente, ¿Eh? - era una jodida psicópata.

Me sacó el seax de la chaqueta.

- ¡Mira Val, que cuchillo tan bonito! ¡Creo que puedo jugar un rato, con la muñequita… ¿Dónde puedo cortarte un rato para divertirme…- ¿Fue a mi espalda, pero al subir la ropa, me vio las marcas?

- ¡Esta zorra está marcada, como su maestro, Val!

- ¿Enserio? ¡Qué bonito! ¡Pero no le veo marcas en los brazos ni en el pecho, Velvet! - Gritó sentado en su sillón de lujo.

- ¡Tienes razón, Val! ¡Vamos a tatuarla un poquito!

Se acercó a mí, con el seax en la mano, con esa mirada de psicópata, esto, tenía mala pinta, pero debía aguantar.

- ¿Qué vas a hacer? ¡Dejadla en paz!- Harold se desesperaba. Lo calmé.

-Tranquilo, Barón.

Me sacó la chaqueta, y me vio los brazos.

-Bien, vayamos al grano, en qué brazo… ¿Cual prefieres, querida? - Esgrimió el seax ante mi cara.

-vete al derecho- dije seria.

El primer corte, ardió, muchísimo. Mordí mis labios, para ahogar el grito.

- ¡Vamos, no desesperes, además, no son cortes profundos, si no, no tendría gracia!

Siguiente corte, ¿Te parece?

Estaba como una puta cabra.

-¡Mmmmmm!- Aguanté los gritos, no iba a darles el placer de oírme gritar.

- ¡mira, te queda bien! ¡Voy a dejarte como una obra de arte! - Se reía al ver mis gestos de dolor.

Me cortó unas cuantas veces, hasta que vio que mi brazo, se parecía al de mi maestro.

- ¿ves? ¡Te queda de lujo!

Tuve que respirar, el brazo derecho, era un reguero de cortes, y sangre, y mi pulso se aceleraba, procuré calmarme, porque si no, sangraría más.

-A que…no eres capaz de hacerme eso en el brazo izquierdo…-Dije riéndome, mientras el dolor me punzaba la cabeza.

- ¿ESTAS LOCA EVE? ¡PARA!- Harold se asustó, pero le hablé.

-Calma, Harold, calma. Sé lo que me hago.

- ¡Eso, calma, Harold! - Velvet soltó un bofetón, a Harold, que, si no llega a ser por ese hechizo, la habría despezado allí mismo.

-Bueno, ¿crees que no soy capaz? - Me rajó el brazo que tenía negro, el izquierdo.

-ah… ¡Sí! - dije girando la cara.

Me hizo unos cuantos cortes más, disfrutando de mi dolor, y de la sangre que caía. Bien, me di cuenta de que había sangre sobre el cuchillo, sobre el suelo, y sobre los hilos.

-Tienes mucho aguante, ¿Sabes? Te pareces a tu maestro.

Alastor miraba en silencio, pero no decía nada.

- ¡No intentes hablar por telepatía con él, cariño! ¡Un poderoso hechizo, hecho por mí, bloquea todo! – Gritó Valentino, con soberbia desde la otra punta de la habitación.

-Eso lo explica todo, maestro Alastor, no se preocupe, voy a sacarlo de aquí, sano y salvo. Confíe en mí.

- ¡Ja, ja, ja! ¡Qué graciosa eres, querida! – Velvet reía en mi cara.

-Vamos, muñequita, eres fuerte con objetos, pero y esas manitas de marioneta ¿Sirven para algo? ¿Eres capaz de abofetearme más fuerte? ¿o sólo para hacerle pajas a Vox y al putero de Valentino?

En ese momento, me abofeteó con su mano, tan fuerte, que me hizo sangrar, mi cabeza, me dio vueltas, unos segundos, y escupí, a los pies de Harold, sobre el suelo.

Se dio cuenta.

Mi plan iba funcionando.

Mis brazos marcados de cortes.

La sangre derramada sobre el suelo.

Sobre el seax, sobre mí, mi dolor aumentando mi poder por momentos.

Ya era hora, de rescatar a mi maestro, y salir de allí.

-Ja, ja, ja…ay…esto es bueno…ja, ja, ja…

- ¿De qué te ríes, imbécil? - Velvet se hartaba de mí.

-De los estúpidos que sois. Habéis dejado entrar a la loba, en la madriguera…el zorro no caza nunca donde la loba duerme…-Acerqué su cara a la mía.

- ¿De qué mierdas hablas? Creo que tendré que cortarte la lengua- Acercó mi seax a mi cara, y me la sujetó.

- Antes de dejarme sin lengua, dime: ¿Qué crees que soy? ¿un demonio, una pecadora, o ambos?

Velvet me miró, y respondió.

-Eso da igual, no eres nada, además, vas a quedarte sin lengua-

Puse mis brazos, delante de la hoja de mi seax, y corté sus hilos, con la hoja, le da un golpe en le cara, y se lo arrebaté, aprovechando la sorpresa, Harold me siguió, y pudo moverse, atrapó a Valentino, con su poderosa magia.

-¡HABÉIS INSULTADO A UN SER DE LUZ Y OSCURIDAD! ¡HABÉIS DERRAMADO SANGRE DE UN MAGNE! – junté mis brazos por delante de mi cara, con mi sangre cayendo, luego junté mis nudillos, y puse los brazos en paralelo uno sobre otro, recitando el hechizo:

- "ADRPAN -(ah-dah-rah-pah-noo), DOALYM -(doh-ah-loh-mah), DOOAYN -(doh-oh-ah-ee-noo) DOBIS -(doh-bee-etz) "(Castiga a los pecadores, en nombre del caído)

Ambos pecadores, asustados, retrocedieron, Velvet se alejó de mí, y Valentino se retorció atrapado por Harold.

- ¿Enoquiano? ¡No es posible! ¡ningún ángel puede bajar aquí!

Seguí con mi ritual, de invocación al poder de los Nefilim. Clavé el seax en el suelo.

"¡Voice of an aeon

Angelus satani

Ora pro nobis Lucifer¡"

Con mi poder desplegado, golpeé a Velvet con mis fuerzas, con la rabia, y la tumbé.

-Te avisé, muñequita- La tomé, del brazo, y se lo retorcí con fuerza.

-Ahora bien, ¿quién clavó a mi maestro, en la silla? - recuperé mi puro, que estaba justito a mis pies.

- ¡Fue él! - señaló a Valentino.

- ¿Qué? ¡Fuiste tú, zorra! - Gritó desesperado.

- ¡Pero la idea, fue tuya Valentino! - Gritó, lloriqueando. Esto era divertido, muy divertido.

-Si no me decís, quien ha sido, os meto fuego a los dos ahora mismo- Tenía sus poderes bloqueados, y los míos estaban desatados.

-Ante la negativa, de ambos, me harté, y agarré el seax. Clavé el seax con todas mis fuerzas en la mano de Velvet. Gritó de dolor, se retorcía.

-¡Aaaaaaaah!

-Bien, eso te enseñará a no tocar a mi maestro. Me dirigí a Valentino, sujeto por Harold.

-Barón, ¿Podrías, ponerlo en el suelo, por favor?

-Como gustes. - La sonrisa de Harold lo decía todo.

-Clavé mi seax en la mano contraria de la que se lo clavé a Velvet. Este gritó aún más.

-¡Estás loca, maldita zorra! ¡voy a matarte!

Velvet quiso escapar, pero Harold los sujetó.

Corrí a Alastor.

-Mi maestro, mi señor, ¡Hábleme, por favor, maestro Alastor, mi señor!

Sin el hechizo, Alastor, pareció reaccionar, pero seguía atontado. Necesitaba un revulsivo. Acerqué uno de mis brazos, todo sangrante, a su boca. Dejé que el olor a sangre caliente de Nefilim, le golpeara la nariz, y vaya si lo hizo, me lamió la sangre del brazo, de manera salvaje, animal, y pareció reactivarse.

-Querida mía... ¡Pensé que no volvería a verte más! Me besó, y me dejé. Qué demonios, no era el momento de remilgos, ya se hablaría luego.

-Bien, maestro Alastor, voy a sacarlo que aquí, espere.

-Miré debajo del asidero de la silla. El clavo no estaba del todo sujeto, y podía sacarlo.

-Maestro, confíe en mí.

-Siempre lo hice, querida mía. Adelante.

Con un movimiento, saqué la cabeza del clavo, y luego, con otro más rápido, lo saqué de cuajo.

- ¡Ay!, ¡ah, vamos, querida, el otro.

-Entendido.

Hice lo mismo, sólo que este le dolió, al estar más adentro.

-¡Arg! ¡Demonios!

Iba a caer al suelo, pero lo sujeté, lo abracé, con todo el cariño, el amor, y el aprecio que pude darle, al fin y al cabo, era mi maestro, y nunca dejó de pensar en mí.

-Maestro…ya terminó todo… estoy aquí…si…

-Pensé que no te volvería a ver…-Lloraba. ¿El demonio radio llorando, enserio?

-No, Señor, no, eso nunca, le dije que lo encontraría. Ya pasó, ya. - le sequé las lágrimas, lo tomé en mis hombros.

- ¿Puede caminar, Mr. Alastor?

-Sí, cariño. Puedo caminar.

-Harold, ata aquí a estos pedazos de mierda. Sus almas sobran en el infierno.

-Eso sería bueno, estupendo, Evy, espera que los amarro con un conjuro- Después de dejarlos inmóviles, y amordazados para que estuvieran en silencio Se dirigía, a transportarse, pero lo frené.

-Un momentito, Harold-

- ¿Sí?

-Me dirigí a Valentino. Le saqué la mordaza.

-La muñequita ya la tiene, ¿pero tú? ¿Por-qué- tan- serio?

Le grabé la sonrisa con el seax, mientras Harold lo sujetaba, y se retorcía.

- ¡Me las pagarás, perra! ¡puta asquerosa!

-Shht…-Volví a callarlo, con la mordaza, y un hechizo Enoquiano, para que no se movieran.

-Con esto, no os moveréis, ni, aunque quisierais.

-Mi maestro, aquí presente, te manda a los más profundo del infierno- Hice una reverencia- Harold, gracias por todo. Eres digno Barón del infierno. - Me incliné ante él.

-No hay de qué. Alastor, nos vemos-

-Gracias por cuidarla, Sr. Von Eldritch.

Desapareció, y nos quedamos solos, Alastor me abrazó, con ansia.

- ¡Mi querida niña! ¡Mi vida, viniste a mí! - Lo abracé, tomándolo de la cara.

-Evy, cariño perdóname, sé que debí hablarte de eso, pero no pude…quiero decirte algo, sobre la boda.

-Maestro, no tiene que darme explicaciones ahora, vayámonos, quiero sacarlo de aquí, curarlo, y que sus heridas sanen, para hablar con usted, como debe ser, estamos en shock.

-Sí, pero cariño, no puedo transportarme.

Fui al rincón, a por mí mochila, me la puse al hombro, y me encendí el puro de Mimzy.

-Usted no, pero yo sí, Maestro. Venga aquí, lo sacaré sano y salvo.

Se acercó a mí, lo abracé, aspirando su aroma, y él me besó en el cuello. Con su corazón latiendo al mismo tiempo que el mío, apreté sus manos contra las mías, y puse mi cabeza reposando en el pecho.

Lo transporté, afuera, Donde Charlie, y una multitud, nos esperaba.

-¡Alastor, por favor! ¿Qué te han hecho?- Charlie corrió espantada. Tomó a Alastor en sus brazos.

-Charlie, querida, ¿puede su alteza llevar a Alastor al hotel y curarlo?

-Claro, querida, ¡Mírate, estás llena de cortes!

-Oh, no te preocupes, estaré bien, ahora, iros, antes de que vengan tus padres.

Charlie se llevó a Alastor, a la limusina, y yo me quedé a unos metros, de la estancia, caminé deprisa, saqué el interruptor, y pulsé el botón.

Una vez, y no funcionaba.

-Vamos, vamos.

A la tercera, funcionó, y explotó, todo el maldito edificio, gracias a las cargas, que había colocado, estratégicamente.

Fue grandioso.

Espectacular.

Un clímax.

El estruendo hizo temblar la ciudad pentagrama, hasta sus cimientos, y una enorme, columna de fuego se alzaba. Fumé el puro, de la victoria. No me di cuenta, cuando tenía frente a frente, a los reyes.

Reí como una auténtica psicópata, ante mi plan maestro.

Encendí el mechero de Mimzy. Lo lancé tras de mí, y un reguero de fuego, formó la estrella invertida, y el 666, en el suelo.

-Majestades.

-Veo que te tomas enserio, tu cometido, querida- Lilith se acercó.

-Para eso estoy, mi señora. Para cumplir mi juramento. Y lo haré hasta las últimas consecuencias- Me incliné-

El rey vino, el corazón me latía. Era Satanás, no Lucifer.

-Excelencia- me incliné.

-Esto es, exquisito. ¿Lo has hecho tú solita, pequeña fierecilla?

-Así es, mi señor, con ayuda del Barón.

-Oh, Harold, ¿Te ha ayudado? Estupendo. Bueno, esto es, bueno, que cumplas tu cometido, pequeña. Ya que eres tan devota de los Magne te haré una confesión, querida mía.

- Majestad.

-La boda es sólo una fachada, ve al hotel, con tu maestro, querida- Se giró riéndose, y se fue.