Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


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Capítulo 16

Rosalie y Emmett se marcharon ese mismo día, no importó cuánto intentó Emmett dar una justificación, Carlisle y la abuela se mantuvieron firmes en que se marcharan.

—¿Estás poniendo a Isabella sobre tu propio hijo?

—Te recuerdo que fue Rosalie quien invadió la casa de tu hermano, si no hubiera llegado tu abuela a tiempo, no me quiero imaginar lo que hubiera pasado.

—Hablas como si mi esposa fuera peligrosa.

—A las pruebas me remito, hijo, y hasta que tú y Rosalie no acepten la realidad, es mejor que no vengas más.

—¡Soy tu hijo!

—Y ella mi nieta de seis meses, ¿quién crees que necesita más mi protección?

Esme tampoco dijo nada.

La abuela se marchó una semana después de lo ocurrido dejando en casa un poco de tranquilidad.

Tranquilidad que perduró por las siguientes semanas hasta que Esme comenzó a soltar comentarios sobre independizarse.

Edward se tragó los comentarios y se centró en su trabajo, en Bella y, principalmente, en su hija, quien atravesó su primer resfriado y los tuvo en vela por dos noches seguidas.

...

Bella sonrió ante la imagen de Edward y su hija disfrutando de su mutua compañía, Edward sostenía a su pequeña bebé en el caballito, Aubby solo tenía siete meses, ni siquiera entendía el concepto del juego mecánico, apenas podía mantenerse sentada, pero eso no había evitado que Edward insistiera en subirla aun cuando estuviera sosteniéndola.

Se suponía que solo habían ido a comprar más pañales y la despensa de la semana, se estaban por marchar cuando Edward vio el caballito e insistió en que Aubby disfrutaría el juego.

No sabía quién se divertía más, si Aubby debido a los sonidos y lo colorido del caballito mecánico o Edward quien no dejaba de sonreír. Edward había dicho que solo sería una vez, pero era la tercera vez del caballito andando y ninguno de los dos se veía con intenciones de terminar su tiempo ahí.

Se rio al ver a su niñita agitar los brazos y chillar alegremente cuando el caballito relinchó.

Estaba tan cautivada en observar a sus dos amores que se sobresaltó cuando se sentaron junto a ella, la rubia tenía el cabello más largo de lo habitual, no estaba rizado ni prolijo como era normal, solo lo tenía agarrado en un moño flojo, su ropa tampoco era nada de lo que alguna vez fue, seguía usando las mismas blusas, solo que ahora estaban a punto de explotar.

No había visto a Tanya desde que se la topó en el súper, pero ahí estaba, con una prominente barriga y completamente malhumorada.

—Vamos, dilo —dijo cruzándose de brazos—, lo he estado esperando desde el primer día.

—¿Qué quieres que te diga?

—No te hagas la inocente conmigo, sé que te mueres por echármelo en cara.

—No tengo nada que decir, Tanya, es tu vida.

—¿Qué vida? Desde que me enteré del embarazo he dejado de tener una vida, tú por lo menos tenías a Edward, te llevaste al único bueno, aparentemente.

¿Tenía a Edward? No, no era así, ahora contaba con él y no dudaba del amor que le profesaba a Aubby, pero su embarazo no fue precisamente la cosa más sencilla, sin embargo nunca se victimizó, o por lo menos no como lo estaba haciendo Tanya.

—Es su hija, Tanya, Edward la ama, nadie puede imponer el amor de padre.

—Pura mierda, dime, ¿cuántas mamadas tienes que darle para que no te deje?

—¿Tienes que ser tan vulgar?

—No me vengas a decir que se quedó contigo porque te ama y te jura amor eterno, ni siquiera te hablaba cuando tú estabas teniendo a su bastardita.

Bella quiso abofetearla por atreverse a llamar a su hija de esa manera, pero la rubia estaba embarazada y no se vería muy bien que lo hiciera, por mucho que lo mereciera, no podía hacerlo.

»Vamos, Bella, ¿acaso lo dejaste follarte el culo? ¿O aceptaste hacer un trío?

—Amé a mi hija.

—Bella, no me vengas con esa mierda.

—No es ninguna mierda —dijo levantándose—, a diferencia de ti, amé a mi hija desde el primer momento, si Edward está con nosotras es porque la ama, y me ama, no por cualquier estupidez que tú pienses.

—Apuesto a que si lo dejo follarme las tetas, te dejará en un parpadeo y se quedará conmigo.

—Inténtalo —se encogió de hombros—, inténtalo todo lo que quieras, pero Aubby siempre será su hija y eso... —apuntó a Aubby, quien reía mientras Edward la veía con su cara de bobo papi enamorado— no lo va a cambiar ni todas las mamadas que puedas ofrecerle, nada va a evitar que Edward la ponga primero.

—Es un hombre, Bella, piensa con la cabeza entre sus piernas, tienen sus prioridades.

—Quizás tú debas de darle prioridad a tu bebé.

—¿Me vas a dar lecciones de moral?

—No pierdo mi tiempo en cosas sin sentido —se puso de pie tomando sus bolsas de la compra—, no te voy a dar clases de moral ni estupideces así, ni siquiera voy a sentir pena por ti, ¿te embarazaste en tu primer año en la universidad? Yo lo hice en la preparatoria, Tanya, te burlaste de mí a mis espaldas y en mi cara, no esperes que tenga compasión o que me comporte de la misma manera que tú lo hiciste conmigo, soy mucho mejor que eso.

—Claro, la perfecta Bella como siempre.

—Y tú la envidiosa de siempre —contratacó tocando el punto sensible de la que, hasta hacía poco, fue su mejor amiga, y no es que fuera precisamente un secreto que Tanya la envidió la mayor parte de su vida, regodeándose cuando quedó embarazada y dejó de ser la preferida de los profesores y del alumnado—. Mira, Tanya, tengo suficientes cosas de que preocuparme, cosas que realmente tienen importancia para mí como para que tú todavía vengas e intentes que cargue con tu irresponsabilidad.

Bella le sonrió cortésmente y se giró para dirigirse junto a Edward y Aubby, quien golpeaba el caballito que ya se había detenido.

—Es hora de ir a casa, se está haciendo tarde —dijo Bella parándose junto a ellos.

Aubby no estuvo muy contenta de dejar el caballito, pero solo bastó que Edward le besara la barriga y le pusiera el chupete para que volviera a estar contenta.

—¿Qué quería Tanya? Parecía que te estaba molestando.

—Solo estaba fastidiando. —Se encogió de hombros—. Vámonos, tenemos que darle el baño a una preciosa niñita.

Aubrey se rio cuando la tomó en brazos.

—¿Así que me toca llevar las bolsas?

—Claro, mientras yo llevo a mi pequeño tesoro.

Escuchó la risa de Edward detrás de ella.

Las palabras de Tanya no le interesaban, estaba segura de la relación entre Edward y ella y de la familia que juntos estaban formando.

Edward intentó recobrar la respiración después de tremendo orgasmo.

Hacer el amor antes era placentero, la adrenalina de ser descubiertos en cualquier momento era un afrodisiaco que los ponía cachondos, el sexo era bueno entre ambos, pero ahora, saber que no tenían necesidad de vestirse o arreglar la cama era simplemente más, no tenía palabras para describirlo.

Había cierto erotismo en saber que podrían pasar la noche completamente desnudos sin temor a ser descubiertos, porque aun cuando Esme o Carlisle los buscaran a primera hora, Edward no tendría vergüenza en abrir la puerta usando solo su bóxer.

—Mañana tenemos que estar temprano en La Push y tú nos estás desvelando —protestó Bella acurrucándose junto a él.

—No te escuché quejarte hace cinco minutos —respondió buscando los labios de ella.

Se besaron de manera suave y largamente, simplemente disfrutando del contacto de sus labios.

Podían pasar toda la noche haciéndose arrumacos y disfrutando de la libertad que tenían al vivir solos.

Aunque cierta personita también demandaba atención, una atención que ninguno podía ignorar.

Edward se levantó de la cama, se envolvió la sábana en las caderas, ya que no sabía a dónde había ido a parar su bóxer después de que se lo quitara, y fue por su pequeña niña que lo esperaba ansiosa, después se la entregó a Bella que ya se había limpiado los pechos y estaba lista para amamantarla.

—Fue una buena niña y esperó hasta que nosotros terminamos.

—Edward, no digas eso, se escucha tan mal, somos unos exhibicionistas —se quejó Bella recargándose contra la cabecera de la cama mientras la niña succionaba el pezón.

—La nena tiene siete meses, ni siquiera sabe qué estábamos haciendo o lo que vamos a continuar haciendo cuando ella duerma.

—¿De nuevo?

—¿Alguna queja?

—Ninguna.

Ambos miraron a su pequeña succionar, sus enormes y redondos ojos mirándolos a ambos.

—No puedo creer lo mucho que ha crecido —dijo Edward tomando la diminuta manita.

—Es una niña muy sana.

—Y feliz.

—Sobre todo eso.

—Gracias a ti.

—A nosotros.

Edward estaba seguro de que no cambiaría su vida por nada ni nadie.

Bella entró a la cafetería, le había dicho a Edward que no era necesario acudir con su madre, debería estar trabajando con él, no en una cafetería, aun cuando Renée aseguró que ella invitaría, Bella no creía que fuera lo mejor.

Llevaba dos meses en Port Angeles y no había llamado ni una sola vez, que ahora quisiera verlas no era muy alentador.

Al caminar por la cafetería notó como solo unos cuantos comensales se le quedaban viendo, recordaba las miradas de antes, en donde solo por entrar a ese lugar sería motivo de murmullos y malas caras, en donde la idea de verla con el vientre abultado era simplemente indignante.

Vio la cabellera recién teñida de su madre en una de las últimas mesas de la cafetería, caminó hacia ella al mismo tiempo que la camarera acercaba el asiento de bebé.

—Gracias.

—No es nada —le restó importancia ayudándola a acomodar a Aubby en la sillita—. En un momento les traeré su comida.

—He ordenado por ti —dijo Renée—, no pensé que te molestara.

—No lo hace, está bien.

Abrió la pañalera y sacó un babero para colocárselo a Aubrey seguido de su biberón y chupete.

—No creo que sea bueno que sigas permitiendo que use el chupón —dijo Renée mirando de forma despectiva la cajita en donde lo tenía guardado.

—Lo dejará cuando tenga que dejarlo —respondió encogiéndose de hombros y sirviendo un poco de agua en el biberón, para después acercarlo a la boquita de la beba, quien chupó animadamente.

—¿No puede sostener su propio biberón? Tú lo hacías, tomabas tu biberón prácticamente sola.

—Edward y yo siempre estamos para dárselo.

—¿Y cuando estás trabajando?

—La cuida Leah y también lo hace, solo cuida de Aubby así que no tiene problemas.

—Pienso que…

Renée no pudo terminar de hablar pues la camarera regresó con los platos de comida, le dio a Renée la ensalada y a Bella la hamburguesa vegetariana para después dejar palitos de pan, Aubrey estiró la mano abriendo y cerrando su palma, demandando uno.

—La abuela de Edward estuvo en casa y le dio trocitos de pan, ahora le encantan, son su delirio.

Tomó un trozo y se lo entregó en la manita, al llevárselo a la boquita la frunció un poco debido a lo salado, pero siguió comiendo sin problema.

Bella comenzó a comer sin saber de qué hablar con su madre, realmente no tenía mucho que decir, ni siquiera sabía por qué había decidido que quería verla.

Su madre habló sobre su nueva casa y sobre el club de lectura al que se había unido recientemente, así como lo maravilloso que era vivir en un lugar más grande.

Aubrey protestó cuando se terminó sus palitos de pan y Bella no le dio más, ya que temía que tanta sal le hiciera daño, en su lugar había ordenado un tazón de fruta con yogur.

—Vamos, cariño, te gusta el yogur de fresa, lo comes todos los días con papi.

La niña se siguió negando, empujando la mano de Bella lejos.

—Eres demasiado condescendiente con la niña, de esa manera nunca le enseñarás a comer adecuadamente, déjame.

Renée se dispuso a sacarla del asiento, Aubrey no estaba preparada para su acercamiento así que gritó al verse tomada en brazos bruscamente, ocasionando que tirara el platito con el yogur y fruta, causando un desastre en la mesita de bebé.

Los comensales se giraron para ver el escándalo, la camarera se acercó para limpiar el desastre, Bella miraba avergonzada la escena, se suponía que tendría que ayudar a la camarera, pero el llanto de Aubrey, así como sus manitas estiradas pidiendo por ella, ganó.

La tomó en brazos y comenzó a limpiarla, disculpándose con la camarera.

—No se preocupe, los niños son así.

Aubrey comenzó a calmarse al estar en los brazos de Bella, pero seguía viendo con recelo a Renée quien no estaba nada contenta con lo sucedido.

Bella quiso bufar, su madre había causado todo, pero al parecer ella no lo creía así.

—No entiendo por qué ha llorado de ese modo, soy su abuela.

—No te ha visto en dos meses, mamá.

—Si le hablaras de mí quizás no lloraría.

—Si vinieras más seguido a verlas quizás no lloraría.

—He estado ocupada —dijo malhumorada—, tu padre trabaja mucho y me ha dejado toda la responsabilidad de la casa a mí sola, acomodar todas nuestras pertenencias no es tarea fácil.

Bella pensó en las cajas que su madre debió desempacar y acomodar, eso definitivamente era mucho más sencillo que acomodar las baldosas del piso y cambiar peldaños dañados para poder hacer habitable la cabaña, pero no sé lo iba a decir.

Sabía que ni siquiera lo entendería.

—¿Qué te parece si después de terminar aquí vamos al salón? Te hace falta arreglarte las uñas.

—No puedo tener las uñas largas, mamá.

—La niña ya está lo suficientemente grande para que no la rasguñes.

—No solo es por Aubby, también está mi trabajo.

—No me digas que sigues haciendo todo ese trabajo sucio.

—Es trabajo, mamá, y me gusta, a mí y a Edward nos gusta, es realmente gratificante ver cómo podemos tomar una casa en mal estado y...

—Estás desperdiciando tu potencial.

—No veo que lo esté desperdiciando, estoy haciendo lo que me gusta.

—Podrías estar salvando vidas.

—Salvo vidas a mi manera.

—No veo de qué manera podrías hacerlo.

—Al poder hacer que una casa sea segura para habitar, quizás no esté liberando a inocentes de condenas injustas, tal vez no seré la siguiente jueza suprema, pero me gusta lo que hago.

—No tenías necesidad de experimentar esta vida.

—Pero es la vida que tengo y me agrada.

—Podrías tener otra si aceptaras marcharte con la Nana.

—¿Qué?

—He estado hablando con tu padre, está dispuesto a vender la casa de aquí de Forks y pagar la matrícula de la universidad con ese dinero.

—Mamá…

—Sabemos que no vas a dejar a la niña, le dije que debía contarla y lo ha hecho, pero debes dejar a Edward.

—Debes estar bromeando. —Comenzó a guardar las cosas de Aubrey en la pañalera.

—Solo escúchanos...

—No voy a escucharte, tú no sabes nada.

—Sé lo que es mejor para ti, soy tu madre.

—He pasado los últimos diez meses, diecinueve si contamos mi embarazo, valiéndome por mí misma, ¿ahora pretendes que te crea que sabes qué es lo mejor para mí? Ni siquiera me has llamado para saber cómo hemos estado desde que te marchaste a Port Angeles, ¿crees en serio que sabes qué es lo mejor para mí?

—Esa no es la manera de hablarme, Esme tenía razón, tú y Edward…

—¿Esme? ¿Has hablado con Esme y no conmigo? —Terminó de guardar las cosas en la pañalera—. Realmente no me sorprende.

—Ambas queremos lo mejor…

—Ambas solo quieren manejar nuestra vida, sabes, Renée, ¿por qué mejor no te mantienes alejada igual que Charlie y me dejas vivir mi vida en paz?

Escuchó los gritos indignados de su madre detrás de ella, pero no se detuvo, solo siguió avanzando hasta salir de la cafetería.

Acomodó a Aubrey en su asiento y se subió al auto, sacó su teléfono móvil y le mandó un rápido mensaje a Leah preguntando si podía recibir a la niña en ese momento. Vio a su madre salir de la cafetería y mirar en su dirección, Bella le ignoró y se centró en su teléfono.

Había terminado con su madre y, al parecer, con toda su familia.

Edward dejó a Aubrey en su cuna, por fin había logrado dormirla después de que estuvo de malas por la última hora. Después de todo, pasar una hora varada a un lado del camino con Bella había sido suficiente para que su humor no fuera el mejor.

Aubrey era una niña realmente tranquila, pero cuando su pañal no era cambiado rápido o no la alimentaban a tiempo, era una bomba de tiempo.

Pero por fin estaba dormida, dándoles a ellos un poco de tiempo de adultos.

Le encantaría decir que harían travesuras placenteras, pero ahora solo quería tirarse en la cama y dormir hasta que la niña volviera a pedir de comer.

—Aún no me dices por qué fuiste a Port Angeles, no creo que fueras a casa de tu madre después de la escena en la cafetería.

—No, no fui con ella, necesitaba algunas cosas —dijo Bella sin dejar de darle la espalda.

—¿Y no las encontrabas aquí?

—Sí, pero... bueno...

Bella apagó la estufa y se giró para verlo, Edward estaba realmente intrigado.

—¿Qué ocurre?

Bella miró a todos lados, parecía nerviosa.

—Se me ha retrasado el periodo, tengo casi doce días de retraso.

—¿Qué? —dijo sintiendo un nudo en el estómago.

—He ido a Por Angeles a comprar una prueba de embarazo.

Edward sintió como si alguien lo hubiera golpeado en el estómago y ahora se estuviera riendo de él.

Podía escuchar la suave respiración de Aubrey detrás de él, apenas estaban acoplándose a tener a la niña con ellos y ahora la simple posibilidad de que viniera otro en camino lo hacía querer llorar.

Escuchó un sollozo, su primer pensamiento fue que venía de la bebé, pero al levantar la vista vio a Bella cubriéndose el rostro.

—¿Bells?

—Lo siento tanto, Edward, no sé qué pasó ahora, te juro que no olvide ninguna pastilla y... y…

Edward se acercó y la abrazó, Bella se aferró a su cuello.

—Lo resolveremos, cariño.

—Pero apenas si podemos con Aubrey y con lo que acaba de pasar con Emmett y Rosalie, no sé cómo podré con esto.

Edward sintió un balde de agua fría caer sobre su cabeza, separó a Bella de su cuerpo.

—Sabes que me tienes, ¿verdad? No te voy a dejar, Bella.

—Edward…

—Me equivoqué, Bella, lo sé, pero estoy aquí, estoy contigo, no te dejaría, no lo haría.

—Lo sé.

—¿Pero aún dudas?

—No.

—¿Segura? Porque acabo de escucharte decir que no sabes cómo podrás con esto.

—No me refería a eso, Edward, puede que me apoyes, no dudo de ti, pero tú no serás la estúpida que se embarazó de nuevo.

—No creo que seas estúpida.

—Eso es porque a ti te ven como un súper papá —bufó limpiándose la cara—, cámbiale una vez el pañal a Aubby y eres un dios, mientras que yo soy una adolescente más que no pudo mantener las piernas cerradas.

—Pero yo sé la magnífica madre que eres, sé lo mucho que amas a nuestra hija y lo dedicada que eres a ella, Aubby te ama.

—No como a ti —le medio sonrió

—Porque yo soy su papi consentidor, pero tú eres la razón de su vivir, eres lo que ella necesita para estar feliz, y si hay un nuevo bebé... bueno, lo resolveremos.

Se volvieron a abrazar.

—Aún puede salir negativa la prueba —murmuró Bella.

—Ruego porque sea negativa —confesó—. Anda, ve a hacerla.

—¿No me vas a acompañar al baño? —cuestionó burlona, intentando aligerar el ambiente.

—Puedo servirte un vaso con agua para ayudarte.

Bella asintió mientras se dirigía al baño, Edward se dejó caer en la cama.

¿Qué iba a hacer si la prueba era positiva?

...

Edward estaba arrojando los escombros a la camioneta cuando la parte delantera de la choza se vino abajo.

La parte delantera que Bella había insistido en que estaba demasiado débil.

La misma que Carlisle y Billy se negaron a darle mayor importancia diciendo que solo necesitaba mantenimiento.

La misma en la que tan solo un segundo atrás Bella y Tyler estaban parados.

Arrojó la carretilla y corrió hacia la casa siendo detenido por su padre.

—¡Bella está ahí!

—Espera, Edward, solo…

Edward se soltó del agarre de su padre y corrió al desastre, escuchó a alguien hablando por teléfono para pedir una ambulancia mientras que la nube de polvo se iba disipando.

Con ayuda de los demás trabajadores, movieron los escombros, intentando encontrarlos, las ansias de todos eran muchas, pero fueron cuidadosos, levantado cada escombro con sumo cuidado.

Los encontraron a ambos medio inconscientes.

—No la muevas, Edward, espera a que los paramédicos lleguen.

Aun cuando sus manos picaban por tomarla en brazos, se contuvo, no queriendo lastimarla más de lo que ya estaba.


Yanina, muchas gracias por la revisión del capítulo y por acompañarme en esta nueva historia, eres la mejor, te quiero y adoro.

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