CARIÑO DEJA DE GRITARME
Viktor, como es costumbre debe regresar en busca de trabajo, por ello, sabe que Vlad y sus compinches, tal vez puedan ofrecerle más trabajo.
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En la eterna oscuridad que fragua la esencia del anochecer, Vlad está llorando y reprochándole a sus hombres, un castigo, que un simple mortal consideraría como algo tonto.
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Vlad caminando de lado a lado, cuestiona a un hombre caucásico y de pelo castaño, con una contextura física y similar a la de Viktor, pero con un bigote pronunciado – ¿Nunca has tenido el valor o qué Ryder?–.
Flynnigan Ryder, el intrépido, un hombre astuto hasta entonces, que cuenta con sus propias bases morales, responde conmocionado – ¡No lo sabía!–.
Quedándose corto, Flynnigan, solo observa confundido a Vlad, el cual señala a su compañero – ¿y tú? He visto tipos con mucho mas valor y mucho más coraje–.
– No nos dijiste que tu mujer iría– responde algo sorprendido y excusándose, el hombre robusto y enorme, con algo de cabello castaño en su reluciente cabeza, conocido como Bocón el rudo.
Ante la respuesta de Bocón, Vlad, lo calla y le confiesa sus temores – Cierra la boca, soquete. ¡Es mi mujer! Y la quiero mucho. No puedo creer que me hayas hecho esto. ¡La dejaste allí a su suerte!–.
Ambos hombres, patean y se jalan el cuello de sus prendas, se sienten avergonzados por haber dejado a su suerte a la mujer de Vlad.
En los instantes delicados, hace acto de presencia, Viktor, quien lo llama al pelinegro, de forma alegre – Vlad, ¿Qué hay?–.
– Estoy a punto de ser viudo...– confiesa en un tono un tanto entremezclado con temor y locura.
– Joder, amigo... Lo siento. ¿Qué ha ocurrido? – Viktor pregunta al ver como Vlad lo toma de las ropas, casi rogándole.
– Aún no ha ocurrido, Bathory, su esposa, ha ido al mercado– aclara Flynnigan a Viktor, mientras se acerca, con los brazos cruzados.
– ¿Y por qué tanto llanto?– pregunta con simpleza, el trigueño.
– Hemos visto a unos vándalos que andaban allí en diligencias– informa Bocón, mientras aleja a Vlad de Viktor.
El trigueño alzando una ceja, cuestiona a ambos – ¿Y por qué no va nadie a recogerla?– le responde Flynnigan, apretando los dientes, mientras mira con cara de culpabilidad al chupa sangre – Es lo que le hemos dicho a Vlad. Pero ha perdido el control–.
– Pues tienen que ir a buscarla...– contesta y sugiere Viktor, el cometido de ir a recogerla.
Al escuchar eso, Vlad, al instante se altera y toma del brazo a Viktor, para luego encaminarlo a la salida – ¡No! ¡Ni hablar, Vik! No hagas que estos dos incompetentes recojan a mi mujer... Es un dama de verdad. La vergüenza la mataría– Viktor con recelo, le sugiere que el sea el ofrecido – Bueno, pues ve tú–.
– No puedo... ¡Estoy hecho un desastre!– se excusa el vampiro señalando su ropa y removiendo el imperceptible polvo que su saco trae.
Vik suspira profundamente y dice fastidiado – Está bien. Dios, dame fuerzas... Iré a recogerla. Pero me debes una– señala, mientras se retira.
Mientras se retira, se fija en como Vlad regresa al recinto, en sentido de alivio.
Viktor se siente como si nunca hubiera descanso.
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Rápido, el trigueño monta a su equino y se dirige al mercado a recoger a la mujer del chupa sangre.
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Llegando, baja instantáneamente del caballo; mira para todas direcciones, en busca de la mujer, hasta que la ve a la despampanante mujer, la cual busca a algún individuo o amigo de su marido, que la recoja.
El aspecto de la mujer es de contextura delgada y de cabellera negra, que se oculta a través de una ropa de campesina, para evitar llamar la atención.
Viktor se acerca y la saluda con gentileza – Hola… ¿Señora Bathory? Su esposo me envía a que la recoja–.
– Gracias, señor... Pero llega tarde...– agradece la pelinegra, pero le informa su mal sabor de boca o su malestar – ¿Sabe? Tengo un restaurante, no puedo retrasarme en abrir mi restaurante, en una centena de años, nunca lo he abierto tarde–.
Viktor sabiendo la impaciencia y los nervios que poco a poco la carcomen, logra tranquilizarla y le confirma que irán rápido en una diligencia, para que puedan cargar los productos que la pelinegra trae – Tranquilícese, señora. No hay problema– relajada un poco, sube su mercancía a la diligencia y se dirige adentro de la misma, mientras Viktor toma las cuerdas de los caballos para empezar a moverse en dirección al restaurante.
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En el recorrido, la banda de vándalos custodian y rodean todo tipos de caminos, con el fin de encontrar a cualquier inepto que trabaje o preste sus servicios al chupa sangre, en especial, buscan a Viktor.
Durante el viaje, el trigueño logra evadir puestos de custodia de los rivales, pero su forma de hacerlo es particular: pasando cerca de lugares muy empedrados o con ligeras llanuras de piedras en el camino.
Al estar cubierta la diligencia con cortinas por dentro, en esos instantes, la mujer comienza y yace algo alterada, comienza a tener y ganar algo de estrés – No me siento bien...– confiesa.
– ¡Cuidado!– grita cuando siente que la diligencia rebota mientras avanza.
Viktor logra escuchar sollozos de la pelinegra, está pide que conduzca con precaución – ¡Oh, oooh!–.
Mientras avanza, Viktor logra fijarse en unas cuantas piedras atravesadas en el camino, en esos instantes baja del vehículo y se dirige a quitar los obstáculos, por su parte, la pelinegra al sentir que no avanza el vehículo, se asoma desde adentro de la cabina de la diligencia y le ruega que regrese, comienza a impacientarse – ¡Vuelva al carruaje!– el trigueño acata la orden y logra quitar las piedras del camino, vuelve a la diligencia y continúa el viaje, por un lugar algo empinado.
Ante los bruscos movimientos del vehículo, la pelinegra, clama gentileza para llegar a su destino – ¡Suave! ¡Dios! ¡Por favor! ¡No sea brusco con las cuerdas de los caballos!–.
Pasando por el lugar, logran llegar al restaurante.
Ahí, una vez que se detiene la diligencia; la mujer baja del vehículo con prisa.
Saca la pelinegra su reloj de bolsillo para cerciorarse de la hora y exclama asombrada, el que por fin haya llegado – Fiu... Estas prisas... Estos nervios ya no los tengo tan afinados como antes–.
Una vez que Viktor la ve entrar al restaurante, suspira de que por fin logro llegar sin ningún problema fuerte, aunque la mujer en el momento en que llegaron al restaurante, está no le dio ninguna muestra de agradecimiento.
Algo cansado, baja de la diligencia y se dirige caminando hasta su casa. Pensando en otro día más de tareas inútiles.
Terminando así este capítulo.
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Notas del autor:
Se introdujo a 3 personajes los cuales son:
Bathory: la esposa de Drácula (en la vida real era la condesa Elizabeth Bathory, y no era esposa del el empalador)
Flynnigan Ryder, el héroe del que se inspira Eugene (No recuerdo una descripción clara de como es verdaderamente este héroe, sin embargo, introducirlo es como un equivalente a Eugene)
Bocón el rudo, personaje de la película Como entrenar a tu dragón. Cuando lo ví más de cerca, sentí que este personaje era y podía ser el equivalente a Hiccup y Astrid.
Está historia es probable que termine cuanto antes, debido a que es corta y no tan larga, no hay desarrollo total de personajes principalmente porque los capítulos son como dije anteriormente, son como misiones, tareas y labores.
Hay algunas historias que preparo a parte de los capítulos de Poder femenino, Tácticas Destructivas y Stories, de esas historias que preparo son algunas historias jamás pensadas y jamás hechas, de la cual solo hay una persona que sabe de que tratan. Fragmentos de libros del RDR2, hay muchos fragmentos de libro, no diré de que tratan, pero me gustaría compartirlos.
.Seguro. Tengo un plan.
