Amor y Venganza (Zootopia)
Capítulo 17:
Judy lo hizo pasar a su pequeño departamento.
Apenas entraron, le indicó donde se encontraba el baño.
-Gracias Pelusa. -
-Nick, no tienes nada que agradecer. -regañó con cariño la coneja. –Anda, báñate y sácate esa ropa mojada o te enfermarás. -ordenó la coneja.
-Oficial Hopps. -dijo llevándose la pata al pecho, con dramatismo - ¿Acaso me está pidiendo que me desvista? -
El rostro de la coneja se ruborizó completamente.
Observó la burla en los ojos del zorro y le lanzó una toalla directo a su cara.
Se dirigió a la cocina para preparar algo.
Nick aún continuaba riéndose cuando ingresó al baño.
Amaba molestar a Pelusa.
Encendió la ducha y espero a que el agua se calentara mientras comenzaba a sacarse la ropa mojada. La dejó en un montículo en el suelo y entró a la ducha.
No pudo evitar que un ligero gruñido saliera cuanto su pelaje tocó el agua.
Cerró los ojos para disfrutar la sensación.
"El agua sí que está deliciosa" pensó. Empezó por enjabonar su cola, y luego siguió con sus piernas y su pecho.
Giro con cuidado. Lo único que separaba a la ducha del resto del diminuto baño era un cristal transparente. Para él el tamaño de la ducha le quedaba un poco pequeño.
"La ducha es del tamaño perfecto para ella" Pensó. No pudo evitar imaginar a una desnuda Judy enjabonándose el cuerpo.
Nervioso, sintió como el jabón se le resbalaba de las patas.
"Maldita sea". En un intento por recogerlo, se dio de lleno contra el mueble donde se encontraban distintos productos para el pelaje.
El golpe fue tan fuerte que todos los productos cayeron estrepitosamente.
Nick intentó atraparlos en el aire, pero con tanta mala suerte que pisó el jabón y resbaló.
Se sujetó a tiempo del mueble, pero este no resistió su peso y terminó por ceder, cayéndole encima.
Judy escuchó el estruendo desde la cocina y se acercó rápidamente al baño.
-Ey Nick, ¿está todo bien? - No recibió respuesta.
Preocupada, abrió un poco la puerta y miró dentro.
Su mente quedo en blanco.
Frente a ella, se encontraba un mojado, desnudo y sensual zorro. Nick aún peleaba con el jabón que tenía en los ojos por lo que no notó su presencia.
"No mires hacia abajo, no mires hacia abajo" Se repitió mentalmente.
Pero su curiosidad le ganó y sonrojada bajó la mirada.
"Vaya, sí que hace ejercicio después de todo" pensó distraídamente, su mirada pasó por los pectorales del zorro, su firme y duro abdomen mojado. Siguió desciendo hasta llegar a su…
Se sonrojó violentamente.
"Mierda."
Por fin se le había ocurrido la grandiosa idea de frotarse los ojos con abundante agua para quitarse el jabón de los ojos.
Creyó escuchar algo.
Pero no vio nada.
Terminó de ducharse, y en el cuarto encontró una bata blanca sobre la cama. Sonrío y se encaminó a la cocina. Olfateó un poco el aire.
¡Pastel de moras!
-Vaya, ¡eso sí que tiene buena pinta! –dijo, para luego devorarse un pedazo del pastel.
Judy se sentó frente a él, intentando evitar el contacto visual con el zorro.
-Está riquísimo Judy. ¡Gracias! Y gracias por la bata. -señalándose a sí mismo.
Judy asistió pasándole una taza de café y tomando para ella un pedazo de pastel.
Intentó buscar algún tema de conversación para no pensar en la deslumbrante vista del cuerpo de Nick en una pequeña bata. -Así que… ¿desde cuándo nadas? –
-Eh…pues tomé unas clases, nada más. –No podía decirle que parte del entrenamiento de Garra de Hierro requería que fuera un nadador nato.
Ella no quedó convencida con su respuesta y parecía querer preguntas más.
-Y… ¿cómo conociste a Finnick? -
Nick se sumergió en sus recuerdos.
Un pequeño zorro huía del cuartel con una mochila colgada al hombro.
"No pienso volver". Pensó.
Estaba harto de los entrenamientos, que su padre lo presionará de más. De tener que estar haciendo esto.
Extraña Bunnyburrow. Sólo quería volver. No quería estar más ahí.
Le había planteado la idea a su padre, de vivir con tía Sarah. Sólo sirvió para que lo reprendiera y le aplicara un doloroso castigo.
Apretó los puños con fuerza y lanzó un golpe a la pared cercana.
Su estómago rugió, alejándolo de sus pensamientos.
"Tengo que buscar algo de comer"-Pensó.
Divisó una pequeña feria a lo lejos.
"¡Si!" Festejó encontrando un puesto de moras. La dueña, una joven leona, se encontraba leyendo una revista demasiado concentrada para darse cuenta de su presencia.
Esa era su oportunidad. Se acercó tomo un puñado y salió corriendo.
- ¡Oye zorro! ¡Ven aquí! - rugió la leona. –¡Policía, me robaron!
Nick corría lo más rápido que podía. Escuchó que un búfalo iba detrás de él.
- ¡Detente en nombre de la ley! - vociferó.
Justo en el momento que doblaba en la esquina, una pata cubrió su boca y lo metió a un callejón.
Luchó con todas sus fuerzas, pero no pudo zafarse.
-Cállate chico. - ordenó quien lo tenía capturado. Observó cómo el búfalo se detuvo en la entrada del callejón.
-Soy el oficial Bogo. Tenemos un delincuente en la feria. Zorro macho, no más de 12 años, pelaje rojo. - Escuchó como lo describía, para luego continuar buscándolo.
Suspiró. Su captor lo soltó.
- ¿Por qué me ayudaste? -dijo mirando al pequeño zorro fennec. Lo había reconocido como uno de los reclutas de su padre.
-Me recuerdas a mi chico. -le acarició la cabeza. –Veo que no soy el único de la organización que decidió salir a tomar un paseo. - Le guiñó un ojo. -Eres valiente tengo que admitirlo. –
Nick continuaba mirándolo con desconfianza, hasta que el zorro sacó de su bolsillo un puñado de moras. Nick se lanzó a comerlas.
Desde ese momento, siempre trataba de escaparse un día o dos.
Con su nuevo amigo Finnick.
-Pues, un amigo de mi padre que…se podría decir que siempre estuvo ahí para mí. Finnick más que un amigo … es como un padre para mí. -confesó un poco avergonzado.
No era como si John Wilde hubiera ejercido la paternidad con él, más que reclutándolo y permitiéndole vivir en el cuartel.
- ¡Oh Nick! -Judy se limpió las lágrimas que soltó al escuchar tan enternecedora declaración.
-Vamos Zanahorias, no llores. -intentó, pero Judy sólo siguió lagrimeando. –Dulces moras, ¿por qué los de su especie son tan sentimentales? -
Judy lo golpeó en el hombro.
-Zorro tonto. - Nick se sobó el hombro. Judy sí que tenía fuerza.
Por lo menos había logrado que dejara de llorar.
