De pláticas secretas
Shion se encontraba en su despacho revisando unos viejos y empolvados libros. Tenía una buena idea del por qué la ilusión de Alfa la había representado como a una Saintia y no como a un Santo como el que se supone estaba entrenando para llegar a ser. Pero tampoco quería hacerse ideas. No tenía ninguna prueba más que una corazonada y la ilusión.
En esos antiguos libros se encontraban las historias de las Saintias que desde tiempos inmemoriales estaban al servicio de Atenea. En general tendían a llamarlas simplemente "doncellas", pero no estaban ahí nada más para servirle la comida o ayudarla a cambiarse ropajes. Estaban o, al menos deberían estar ahí, para ser la escolta más cercana a la diosa. Aquellas chicas que no se separarían de ella por ningún motivo.
Lo cierto es que toda la revuelta de Saga había dejado a la mayoría de las Saintias muertas, aquellas que se interpusieron entre la diosa y el Santo cuando intentó asesinarla, vestido como el Patriarca. Por suerte Mitsumasa se había encargado de, no sólo encontrarle Santos fuera del Santuario a su nieta, si no también de buscarle Saintias. Les creó su propia academia, y ahí las mandó a estudiar y entrenar, a pesar de que no tenía mucho conocimiento sobre ellas.
Pero esas niñas aún eran jóvenes y no conocían toda la historia de las mujeres a las que representaban. Casi toda la información se había quedado en el Santuario, aún así Kiddo hizo lo mejor que pudo con los recursos que tenía. Esas chicas ahora tenían acceso a la biblioteca del Santuario, y gracias a ello estaban aprendiendo mucho.
Dio la vuelta a otra página. Esos libros contaban leyendas y creencias que eran reservadas sólo para las Saintias y no estaba muy seguro de qué es lo que esperaba encontrar ahí. Él mismo había conocido a una gran cantidad de Saintias, las había entrenado también, y en aquellos volúmenes se encontró con varios nombres conocidos. Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus pensamientos.
—Adelante —dijo al tiempo que cerraba el libro y lo dejaba sobre su escritorio.
Por la puerta se asomó Dohko quien sonrió y entró cerrando la puerta tras de sí.
—¿Querías verme?
—Sí. Siéntate. Te quería hacer algunas preguntas.
—Tú dirás.
—Es sobre Alfa.
El Antiguo Maestro tomó asiento frente a Shion y enarcó una ceja, curioso.
—Lo diré sin rodeos, ¿No notas algo extrañamente familiar en ella?
Dohko lo miró sin ninguna expresión por algunos segundos, luego se pasó las manos por el cabello y volvió a ver a su amigo.
—O sea que no soy sólo yo el que lo ha pensado.
Shion se mantuvo en silencio, instándolo a continuar, aunque se sentía un poco mejor al saber que no eran nada más imaginaciones suyas.
—Sí, sí encuentro algo extrañamente familiar en ella. No sé exactamente qué es. Su presencia se siente…. conocida. Y mientras más desarrolla su cosmo, más familiar me resulta.
—Saga vino hace unos días a reportarme los progresos que ha logrado en el desarrollo de su nueva técnica. Va muy bien, según me dice. Ya lograron el objetivo principal y con resultados que quizá no le hayan gustado mucho a Saga. Pero eso no fue lo que más me llamó la atención. Me dijo un detalle al que, creo, ninguno de los dos le tomó mucha importancia, pero no he dejado de pensar en ello. Dice que en la ilusión ambos vieron a Alfa como una Saintia.
—¿Crees que el destino de Alfa esté en ser una Saintia y no un Santo como todos esperan?
—No. No lo sé. No sería inaudito, y no tiene nada de malo que una Saintia esté estudiando con un Santo Dorado y no por separado como usualmente se hacía, al menos hasta la revuelta de Saga, pero no estoy muy seguro de que eso sea lo que me mantiene ocupado. Eso y la familiaridad que siento con ella. No sé.
—Ah, estás pensando en una reencarnación. Crees que Alfa es una Saintia que conocimos en el pasado y que ha regresado al Santuario.
—¿Suena muy descabellado?
—No. Es decir, tampoco es algo inaudito, en especial por ya sabes quiénes. Extraño quizá. ¿Has hablado con ella?
—¿Sobre esto?, no. Probablemente ella no tenga ni la más remota idea, y si es así, tampoco le veo caso, así como no he hablado con ninguno de los demás, pero me intriga. Quisiera saber quién es ella, o al menos quién fue, pero tampoco logro recordar a ninguna Saintia que yo haya conocido que tenga los poderes que ella tiene, o que haya mostrado inclinación para hacer lo que puede hacer ahora. ¿Crees que debería preguntarle a Atenea?
—No. Al menos no por el momento. Fuera de que pueda ser una posible reencarnación de alguien que conocimos en el pasado, por el momento no ha sucedido nada que requiera que esta idea se sepa. Podemos mantener cierta vigilancia sobre ella, pero por lo que he visto es nada más una chica que, hasta hace no mucho, era una mujer normal viviendo en el mundo de fuera. Si es la reencarnación de alguien, entonces me da gusto que haya regresado a su hogar, pero si no lo sabe, no veo por qué tendríamos que decirle. ¿Crees que algo vaya a pasar?
—Usualmente te diría que no, pero con esta generación todo puede suceder, como ya nos hemos dado cuenta. Creo que le preguntaré a las estrellas sobre ella. De cualquier manera no pasará mucho antes de que tengamos que asignarle alguna armadura, y si en realidad la suya es la de una Saintia, me gustaría saberlo de antemano.
—Creo que eso es lo mejor que puedes hacer por el momento.
Ambos amigos se quedaron viendo, luego al libro que Shion había dejado sobre el escritorio. Sí, esta generación de Santos había traído consigo a más de una cara familiar para los dos ancianos amigos, pero por el momento ninguno de los reencarnados lo sabía y no tenían intención de informarles a menos de que ellos preguntaran, o algo sucediera que requiriera que ellos conocieran esa información. Era mejor así, en particular para un par de ellos.
—¿Qué es lo que no le gustó a Saga sobre la experiencia de la ilusión?
—Lo que Alfa le mostró de sí mismo. No me dio demasiados detalles, pero básicamente lo vieron masacrar al Santuario y a la diosa. Sin ayuda de Ares.
Dohko volvió a revolverse el cabello con las manos y suspiró.
—¿Y cómo está?
—Más callado que de costumbre. Si sigue así va a empezar a preocuparme. Quizá debería hablar con él y sacarle más detalles.
—No te va a decir nada si no quiere hablar. Lo sabes.
Shion suspiró también.
—Al menos me parece que ha hablado con Alfa. Quizá ella pueda ayudarlo de una manera que nosotros no.
Dohko sonrió y negó con la cabeza. Definitivamente se tomaría el tiempo para conocer un poco más a esa chica. La verdad es que, si bien la había observado, pocas veces había hablado con ella. Quizá era momento de empezar a hacerlo.
