02 DE MAYO DE 2013. 4:08 P.M. NUEVA YORK. TORRE STARK. HABITACIÓN DE SOPHIA H.

Steve toca suavemente la puerta de la habitación de la agente. Se remueve un poco en la espera de la chica y balancea una caja de regalo en sus manos. Unas horas antes había decidido entregarle el regalo de cumpleaños antes de la fiesta, puesto que darle un regalo a alguien que supuestamente odiaba sería raro y podría despertar sospechas.

Vuelve a tocar al no oír ninguna respuesta. Sabe que la chica se encuentra ahí porque Tony sugirió que esta noche durmiera en la Torre para no preocuparse de regresar tarde a su departamento. Además, la vio llegar hace un par de horas sosteniendo una pequeña maleta negra.

Finalmente, la puerta se abre revelando a Sophia en pants y cabello despeinado, nada en su atuendo indica que esta lista para la fiesta en su honor. El soldado, sin embargo, lo deja pasar porque la chica no suele preocuparse demasiado de su aspecto, aparte ha sido testigo de su habilidad para cambiarse en un minuto.

– ¿Qué sucede, Rogers? – pregunta Sophia.

Su cara es cubierta por una máscara de indiferencia, pero el movimiento de su pie deja claro, incluso para los ojos no tan hábiles de Steve, lo nerviosa que está.

– ¿Te sientes bien? – pregunta el rubio olvidándose momentáneamente del regalo.

– Perfecta – responde con una sonrisa demasiado tensa.

No convencido, la recorre con la mirada tratando de encontrar alguna explicación. Justo cuando un olor le llega.

– ¿Estas fumando? – sube el tono a uno desaprobatorio, lo que provoca que la chica baje la mirada y oculte más su brazo derecho atrás de ella.

– ¿Sin mí? – agrega el rubio sonando ofendido.

Sophia se atreve a verlo, Steve ya esta mirándola fijamente con completa comprensión en su mirada. Así que ella suspira sonoramente, dejando caer un poco sus barreras internas.

Se aparta de la puerta permitiendo que el soldado pase. Una vez que cierra la puerta detrás de él saca el cigarro que escondía en su espalda y se lo extiende. Él lo agarra con facilidad y le da una calada esperando una explicación, sabe perfectamente que la chica solo fuma cuando está increíblemente estresada.

Aun así, una parte de él se pregunta que diría la rusa si los viera compartiendo un cigarrillo. Probablemente estaría segura de que son pareja y comenzaría a hacer playeras con la cara de Sophia y él en un corazón.

Holmes le hace una seña y ambos se acercan a la ventana abierta. En el camino, Steve deja la caja de regalo sobre la cama de la chica, posponiendo la entrega del regalo hasta que Sophia este relativamente estable.

– Solo estoy nerviosa por la fiesta… supongo – admite la chica después de prender un nuevo cigarrillo y darle una calada.

– Parece un tema interesante, pero que te parece discutirlo en la azotea donde hay más aire fresco – interrumpe demasiado alto el soldado no hablando hacia ningún lugar en particular.

– No hay nadie espiándonos – responde con tranquilidad la castaña – Creé un aparato que bloquea todos los aparatos de trasmisión dentro de mi cuarto. Ni siquiera funcionan los teléfonos o Jarvis. Bueno, excepto tu teléfono analógico –

– Oh – es lo único que alcanza a responde Steve.

Aún esta inseguro de como funcionan muchos aparatos, pero confía en las habilidades de la chica para crear algo que protege su conversación.

Pasan un par de minutos en los que solo dan caladas a sus cigarrillos y miran el movimiento de la ciudad por la ventana. Generalmente eso es suficiente para que la chica se calme un poco, aunque esta vez el soldado puede percibir como sus manos siguen temblando cada vez que las mueve.

– ¿Vas a decirme que sucede? – interrumpe el silencio Steve.

– El trato es acompañarme para fumar, no dijimos nada de hablar – responde Sophia con un tono tan frío como el hielo.

Steve simplemente rueda los ojos, nada va a hacerla hablar si no quiere. Esta vez decide no insistir porque no quiere pasar el cumpleaños de la chica enemistados.

– No se si mi familia va a venir – suelta finalmente la castaña luego de unos minutos. Ni siquiera despega el cigarro de su boca por lo que su voz sale amortiguada.

– ¿Quieres decir tu hermano Michael? – pregunta suavemente.

– El no es mi hermano – interrumpe con una rudeza que hace el soldado cerrar la boca de golpe. El tema sigue siendo sensible para ella – Me refiero a mi padre y mis hermanos –

– Puedes invitarlos, dudo que Pepper tenga problema –

– Es justo eso – la chica deja la vista de la ventana para enfrentarse a los zafiros del soldado – Mi padre y Tony se odian, así que si él hubiera planeado la fiesta estaría segura de que mi padre no está invitado. Pero Pepper, es mucho más política que Tony. Podría haberlos invitado por educación –

– No quieres que vengan – reflexiona Steve dando otra calada.

– Agg. Si vienen estaré toda la fiesta estresada, las locuras de Tony no tienen comparación. Dudo que hagan un escándalo público, pero definitivamente me lo reclamarán a mi en privado. O peor, lo usaran como sus malditas reuniones para acercarse a gente poderosa de su conveniencia y va a venir gente de SHIELD. No puedo permitir que mi padre tenga control sobre SHIELD – chilla empezando a hiperventilarse, ni siquiera el cigarrillo puede calmar sus nervios.

Steve toma delicadamente su mano libre y la aprieta afectivamente. Las últimas veces que han fumado se da cuenta que el toque de su mano le permite mantenerse centrada cuando entra en pánico, o un par de veces provocó que se quitara de golpe y le gritara por tocarla. De igual manera, la ayuda a regresar a la realidad.

– ¿Por qué no le dices a Pepper que cancele sus invitaciones? – pregunta con amabilidad.

– Eso es peor. Usaran eso para reclamarme que no me importa la familia u otra estupidez – gruñe.

Dejan unos minutos en los que continúan fumando, de alguna manera la presencia reconfortante del rubio le permite enfriar un poco su cabeza. Ni siquiera hace afán de soltar sus manos.

– Honestamente dudo que mi padre venga, incluso si está invitado. No es muy fan de las fiestas ni de Tony. Tampoco mi hermano – murmura mucho más tranquila – Pero Elena podría venir sólo para presumir con sus amigas que estuvo en una fiesta de Tony Stark –agrega pasando a un tono más irritado que preocupado.

– ¿Entonces Charlie va a venir con ella? – pregunta casualmente Steve.

Los ojos verdes se abren con una oleada de nueva alarma.

– Oh por Dios, ¿Y si viene Charlie? Todas las locuras que seguramente Tony tiene planeadas a espaldas de Pepper no pueden ser buenas para una niña, o peor y si no viene y se entera que tuve una fiesta y me odia – empieza a entrar en pánico de nuevo.

El rubio se maldice internamente viendo como arruinó la poca tranquilidad que Holmes había recuperado con una sola frase.

– Creo que estas exagerando un poco. Ella te quiere demasiado para si quiera pensar en odiarte – dice apretando suavemente su mano.

Eso la hace regresar a la realidad.

– Lo sé, es estúpido – finalmente se suelta del agarre en la mano para tallarse la cara – He sobrevivido a la escuela de medicina, a ser torturada por la mafia, a desactivar una bomba, a negociar con terroristas. Y aquí estoy… volviéndome un manojo de nervios por mi familia. Estupendo – gruñe dando una calada a su casi extinto cigarro.

– No sé, parece un poco tierno –

La chica le dedica una mirada de muerte.

– Es decir, te hace parecer alguien casi normal – declara atropelladamente.

– Ahora soy normal, yupi – responde con sarcasmo.

– Puedo hablarle a Pepper para preguntarle – sugiere Steve.

– ¿Preguntarle qué? – pregunta sin mucho entusiasmo.

– Dijiste que es casi seguro que no viene tu padre ni hermano, así que le preguntaré por Charlie, lo que indicará si viene tu hermana – explica después de pensarlo un poco – Diré que una vez me hablaste de ella y pregunto para alejarla de las locuras de Tony, que en parte es cierto – agrega formulando un plan en su mente.

– Vaya, a veces olvido que en verdad eres inteligente –

– No tienes porque ser grosera – rueda los ojos el rubio mientras saca el teléfono de su bolsillo.

– Lo siento, intentaba dar un cumplido – le dedica una sonrisa en disculpa.

Ante la mirada nerviosa de la chica, Steve hace la llamada. Gracias a lo viejo de su teléfono no puede ponerlo en altavoz. Pero después de cerrar la ventana, la habitación esta lo suficiente silenciosa para oír la conversación.

– Capitán, ¿en que puedo ayudarle? – responde la directora de Stark Industries al cabo de un par de tonos.

– ¿Qué tal, Pepper? Sólo llamo por una duda acerca de esta noche – saluda Steve con tranquilidad, ignorando a la chica que toquetea compulsivamente su collar.

– Claro, ¿Qué sucede? – dice la pelirroja con entusiasmo.

– Me preguntaba si va a venir la sobrina de Holmes, tengo entendido que son cercanas, pero me preocupa un poco que cosas puedan llegar de sorpresa gracias a Tony – dice adoptando su tono serio.

– Bueno, envíe invitaciones a las oficinas de la familia de Sophie – la respiración de la castaña se detiene un momento – Pero, no te preocupes. La familia de Sophie y Tony no tienen muy buenas relaciones. Todos se disculparon por no poder asistir, supongo que le harán una fiesta en privado –

Al instante la cara de la chica parece recuperar color. Una fiesta en privado, aunque sabe que no va a ser pequeña, una fiesta de los amigos de su padre es algo que puede controlar.

– Perfecto, muchas gracias Pepper – responde tranquilamente el soldado.

– No hay problema, Capitán – dice con simpatía – Nos vemos en la noche –

– Hasta luego – cuelga el teléfono.

Ambos dejan sacar un sonoro suspiro mientras el alivio consume a Sophia.

– Te debo una enorme – dice con una brillante sonrisa que instintivamente hace sonreír al Capitán.

– No hay problema. Feliz cumpleaños. Creo que debería haber dicho eso antes – agrega mirando la caja olvidada en la cama de la chica.

– Oh, ¿es para mí? – él asiente.

Con la mano aún un poco temblorosa Sophia apaga su cigarro a lado de la ventana para luego dirigirse al regalo. Steve no tarda en apagar su propio cigarro y seguirla.

La chica toma el regalo del tamaño de una caja de zapatos y envuelto en papel azul marino. Pasa unos segundos analizando que podría contener basado en su peso y su conocimiento del soldado. Se rinde rápidamente, con cuidado rompe el envoltorio y abre la caja.

– ¿Cómo las conseguiste? No sabias de mi cumpleaños hasta la semana pasada – exclama Sophia revelando un par de cuchillas, lo suficiente pequeñas para lanzarlas o ocultarlas en la ropa, pero lo suficiente fuertes y filosas para cortar huesos como mantequilla – Incluso tienen grabado Holmes – agrega tocando el grabado en cursiva en el borde del mango.

Luego de pasar un día entero reflexionando que regalarle, el soldado había pedido un par de favores para encontrar un arma digna de uno de los agentes más habilidosos de SHIELD. Sabía que la chica iba a apreciar algo que pudiera usar, aunque darle solo las cuchillas le parecía impersonal. Así que decidió hacerle un grabado, primero se le ocurrió grabar SH por sus iniciales, pero se decidió por "Holmes" para que recordara quien se las regalaba.

– Ser un héroe mundial a veces tiene sus ventajas – se escusa con una sonrisa que no le llega a los ojos.

– Sabes, la mayoría de las personas regala flores o joyerías a una mujer. Tal vez libros – dice la chica medio en broma.

– No sé cuales ya has leído y no te veo usar más joyería que tu collar. Respecto a las flores, ¿de verdad te gustan? – responde el rubio siguiendo el juego.

Sophia se encoge de hombros sin dejar de admirar las cuchillas.

– Me gustan las rosas azules. Son antinatural y todo, pero me parecen hermosas – dice con voz queda – Al igual que esto, gracias – agrega apretando el regalo contra su pecho.

– No hay problema – le sonríe con ternura – Feliz cumpleaños, Holmes –

Un brillo, parecido a los que el rubio había visto cuando ella bailaba, se hace presente en la mirada de la ojiverde cuando por fin saca las cuchillas de su caja.

La rusa había ayudado a Steve a elegirlas ya que ella sabe más sobre armas, esto supuso un riesgo si llegaba a enterarse para quien eran destinadas. Sin embargo, por la forma en que Holmes sonríe mientras las mueve, probando su balance, ligereza y movilidad, el soldado concluye que fue una buena opción.

No pasa mucho para que el soldado decida retirarse para dejarla arreglarse. Cuando salé de la habitación, la chica aún tiene una sonrisa en el rostro.

02 DE MAYO DE 2013. 8:02 P.M. NUEVA YORK. ÚLTIMO PISO DE LA TORRE STARK.

Me planto frente a un espejo como última revisión antes de entrar al salón de la fiesta. A pesar de lo distinta que me veo no me siento como una persona completamente diferente. Mi cabello cae como cortinas oscuras y lacias alrededor de mí, mi cara está discretamente maquillada, pero es más de lo que usualmente me pongo. Un jumper formal negro sencillo, pero elegante y sobretodo cómodo, completa mi vestuario.

Miro la hora en mi teléfono por última vez, aunque se perfectamente que ya debería de entrar. A las fiestas de Tony suelo llegar un par de horas luego de iniciadas, cuando todos están más alegres por el alcohol consumido y no me prestan mucha atención. Pero al ser la invitada de honor, solo puedo permitirme llegar media hora tarde.

Suelto un suspiro y entro finalmente. Lo primero que me sorprende es la falta de la música estridente, reemplazada por música instrumental tranquila. Luego, noto un buffet bastante grande en el fondo de la sala, y me doy cuenta de que conozco a casi todos los asistentes, gente de SHIELD, personas que me agradan de la empresa de Stark, un par de compañeras de danza que saben que Tony es mi padrino.

Estoy segura de que mis compañeros de SHIELD tienen bastante consiente el mantener su profesión en secreto, así que no me preocupa la variedad de personas.

Me acerco a un pequeño grupo en el que distingo a Pepper y Happy. El último me envuelve en un gran abraza y murmura felicitaciones apenas me acerco.

– De verdad te luciste – le digo a Pepper luego de aceptar las felicitaciones de todos.

– ¿Esperabas los desastres que hace Tony? – pregunta con una sonrisa ladeada.

– De hecho, sí – admito.

– No te preocupes pequeña, te tengo cubierta – me guiña un ojo – Feliz cumpleaños, Sophie –

No puedo evitar sonreír.

Los siguientes cuarenta minutos me la paso dando vueltas por la habitación saludando a todos y agradeciendo su presencia, generalmente esto supone un calvario, pero dado que en verdad me agradan estas personas, lo disfruto. Incluso me entregan regalos de cumpleaños, la mayoría puedo determinar basándome en la persona. Joyas de gente de Stark Industries, cartuchos y pistolas de gente de SHIELD, leotardos de la gente de danza.

Joey me encuentra en el gentío, me alegro mucho de verlo completamente recuperado y lo abrazo por un minuto entero. Como no tiene mi rápida recuperación lleva poco que le dieron alta médica. Aún así se ve carismático como siempre y me regala un vale de regalo de 100 dólares en una librería y 20 dólares en donas. Este se convierte en el segundo mejor regalo de la noche, luego de las cuchillas de Steve.

Encuentro al soldado en una esquina charlando con Romanoff, como no los he saludado decido acercarme.

– Feliz cumpleaños, Holmes – dice Steve, un pequeño asentimiento de cabeza acompaña la felicitación, y le respondo con uno igual.

Sonríe amablemente, como si fuera la primera vez que me felicita y teniendo en cuenta a quien tenemos a lado, es mejor fingir que es así.

– Feliz cumpleaños, Hayle – felicita la rusa abrazándome brevemente. Luego me entrega una pequeña caja rectangular.

– Oh, gracias por la funda de pistola para la pierna – respondo analizando automáticamente la envoltura.

Me mira con el ceño fruncido y me doy cuenta de mi error. He tratado toda la noche no agradecer sabiendo que contiene el regalo. Lamentablemente, he fallado muchas veces.

– Yo… lo sien – intento avergonzada, pero me interrumpe soltando una carcajada.

– No te preocupes, no esperaba menos de ti. De todos modos, lo ibas a abrir – me conforta.

Le doy una sonrisa avergonzada, agradezco una última vez y me encamino a dejar el regalo junto con los otros en una mesa apartada. Además de la vergüenza, me voy más para alejarme de convivir con Steve bajo los perspicaces ojos de Romanoff.

Media hora más tarde, la música cambia a una más animada y la mayoría ignora el delicioso buffet para unirse a la pista de baile. Por supuesto yo estoy en esa multitud en la que descubro más caras familiares conforme llegan.

Incluso Fury y Hill hacen acto de presencia, el director no se queda mucho tiempo, pero sí el suficiente para que me abrace y felicite. Luego que se vaya, Hill me lleva al tejado con discreción y me entrega su teléfono para hablar con Coulson. Por la forma nerviosa que lo hace me indica que comunicarme con Coulson es a espaldas de Fury, aunque lo agradezco profundamente.

– Felicidades Sophie – dice con afecto, pero al oír su voz me pongo nerviosa porque la última vez que hablamos el termino enojado por no decirle que era lo de Tahití.

– Coulson, muchas gracias – respondo fingiendo tranquilidad.

– Lamento no estar ahí, pero ya sabes… piensan que estoy muerto – agrega con humor que me hace sonreír.

– No te preocupes, ¿cómo te sientes? – pregunto.

– Mejor. Si quieres luego podemos hablar, la próxima vez que este en Nueva York – con esa promesa, sé que me esta dando otra oportunidad para hablar con el y decirle la verdad.

Aunque ambos sabemos que debemos tener cuidado porque todo lo que digamos por esta línea va a llegar a oídos de Fury tarde o temprano.

– Me encantaría – respondo con una sonrisa genuina.

No tarda mucho en colgar y le paso el teléfono a Hill agradeciendo este pequeño regalo.

Cerca de la medianoche Tony llega con un regalo para mi, un shot de tequila por cada año de vida y la promesa que comprará el libro que decida por cada shot que tome. Así que, con la vista de 24 vasos pequeños llenos de mi tequila favorito y 24 posibles libros nuevos, decido que puedo permitirme beber más de lo usual porque es mi cumpleaños.

Por supuesto todo se va al demonio, si sumamos mi pequeña estatura y complexión con el hecho que no suelo tomar mucho, mi resistencia no es la mejor. Así que cuando llego al shot número 12 ya estoy arrastrando las palabras y riéndome de incoherencias. Lo único que me alegra es que Joey está igual.

Sin embargo, cerca de las 4 de la mañana, cuando varios de los invitados ya se han ido a dormir, Joey decide que es su hora de irse. Reniego por 15 minutos hasta que por fin me convence que tiene trabajo en la mañana y necesita irse. Me deja junto a Tony y Clint en la barra y se va luego de darme un beso en la frente y poner un vaso de agua fría en mi mano.

Mi padrino, quizás más borracho que yo, se la pasa contándonos chistes y anécdotas del último año. Barton y yo estamos demasiado borrachos para entender completamente. Aunque no evita que demos risotadas tan altas que llaman la atención de los pocos presentes, al cabo de un rato el soldado se acerca a asegurarse que estemos bien.

Luego de confirmar que solo somos un trio de borrachos riendo por estupideces rellena nuestros vasos con agua y se empieza a alejar.

– Espera, Rogers. Vuelve – lo llama el billonario antes de guiñarme el ojo – ¿Quién besa mejor? ¿Sophia o yo? – pregunta completamente serio.

Escucho como Clint se ahoga con su bebida.

– ¿Qué? – chilla Steve sonrojándose levemente.

Hay algo más en sus ojos cuando me mira, pero estoy demasiado borracha para poder determinarlo. Lo único que percibo son las risas del arquero en mi oído izquierdo.

– Vamos chico, te hicieron una pregunta – agrego fingiendo un tono serio, pero por la forma en que alargo las palabras inconscientemente, no da mucho efecto.

– Creo que ya tuvieron suficiente alcohol – sentencia quitando los 5 shots de tequila restantes.

–Te atreves a usar mis hechizos contra mi, Potter – grito indignada lo que despierta unas cuantas miradas de las pocas personas aún presentes.

– Eso ni siquiera tiene sentido – suelta Clint antes de dar una risotada.

– Aparte el Cap no tiene idea quien es Harry Potter – agrega mi padrino.

– ¡Claro que sí, lo hice ver las películas! – digo muy orgullosa.

Unos ojos zafiros me lanzan una advertencia, aunque no entiendo muy bien por qué. ¿Qué tiene de malo que les diga que vimos Harry Potter?

Miro a mi padrino y lo encuentro frunciendo el ceño hacia Rogers, como si intentara entender algo. Sin embargo, la vista a su espalda me distrae.

– ¡Miren el amanecer! – chillo emocionada viendo como empiezan a verse los primeros rayos de Sol a través de los edificios.

Intento llegar a la terraza, pero mis pies se tropiezan con ellos mismos y los tacones que uso para no sentirme tan pequeña a lado de mis invitados no ayudan. Doy unos cuantos tumbos hasta que no puedo detenerme y caigo al piso con las carcajadas de Tony como música de fondo.

Gruño intentando incorporarme hasta que unos fuertes brazos me cargan. Al instante me embriaga un olor de menta y jabón, una parte de mi cerebro se reconforta al saber quien me esta cargando.

– Creo que es suficiente por una noche – dice una voz profunda.

Gruño refunfuñando, pero empiezo a sentir el cansancio de la noche así que decido dejarme llevar.

– Bien, llévame a mi cuarto – grito señalando el elevador con entusiasmo renovado.

Steve suspira exasperado, pero me mueve hacia este. Rápidamente, la candencia de sus pasos me arrulla y antes que el elevador se cierre ya estoy profundamente dormida.

15 DE MAYO DE 2013. 12:42 P.M. NUEVA YORK. TORRE STARK, PENTHOUSE. PASILLO PRINCIPAL.

Pasan rápidamente las primeras semanas de mayo llenas de celebraciones, pero con pocos inconvenientes. Incluso la fiesta de mi familia pasa sin mayores problemas para mi gran alivio y eterna gratitud. La fiesta estuvo decente, la compañía pasable y aunque la mayoría de esos extravagantes regalos terminaron como donaciones para distintos orfanatos, por lo menos la comida estaba buena.

Las otras 5 fiestas de Tony son más animadas y mucho más desastrosas que la de mi cumpleaños, pero nunca aburridas. La creatividad parece estar de su lado este año pues todas las fiestas son distintas, nos vuela a todos a Malibu y tenemos una fiesta en la playa, otra en un club nocturno, otra en un casino, incluso un brunch con excelente comida y mucho alcohol.

Sin embargo, luego que me dijeron que vomité encima de Rogers camino a mi cuarto y el hecho que no puedo acordarme las últimas dos horas de mi fiesta de cumpleaños, decidí no volver a consumir tanto alcohol. Así que consigo videos de los vengadores (aka Tony y Clint que son los que toman más) haciendo locuras, borrachos.

Hoy he terminado mi trabajo en SHIELD, no estoy precisamente enojada pero sí quiero quemar un poco de energía. Se supone que iba a tener una misión para recuperar unos objetos de aspecto peligroso, pero al último momento fui reemplazada por Rumlow bajo la escusa que tiene que ver con una misión suya, cosa que entiendo porque he quitado varias misiones a otras personas. Sin embargo, tengo un montón de energía nerviosa y ninguna misión en que usarla.

Me acomodo en el gimnasio decidida a tranquilizarme con ejercicio. Le hago un asentimiento de cabeza Steve a quien veo ocupado golpeando su saco y comienzo a calentar no muy lejos de él. Pasan un par de horas de ejercicios relativamente sencillo, a pesar de no consumir alcohol en las últimas fiestas, pasar tanto tiempo desvelándome esta comenzando a pagar factura. Natasha y Clint llegan media hora después y comienzan a entrenar juntos.

En el gimnasio se comparte un aura de tranquilidad que rara vez se aprecia en la Torre, supongo que es contribuido a que es uno de los pocos momentos en los que nadie se esta gritando. Sin embargo, tanta tranquilar comienza a aburrirme, así que cuando empiezo a considerar terminar mi ejercicio e ir a leer un libro o buscar otra cosa para entretenerme, los dos agentes se acercan.

– ¿Quieren pelear? – llama la rusa atrayendo nuestra atención.

– Él, siempre – me burlo señalando con la cabeza al soldado.

Esto me gana una mirada de muerte del rubio mientras continúa pegando a su saco.

– Vamos, es como entrenar – anima Clint.

Me encojo de hombros como respuesta, no es raro que decidamos pelear como entrenamiento. De hecho, eso lo hacemos constantemente Steve y yo, a veces hasta apostamos que el perdedor paga el café.

– De acuerdo, ¿Va a ser 1 v.s. 1? – pregunta el rubio comenzando a quitarse las vendas de sus manos.

Los agentes intercambian una mirada. Eso sola mirada solo puede significar problemas, pero por alguna razón me da curiosidad ver que se traen entre manos.

– Estábamos pensando 2 v.s. 2 – explica con una sonrisa traviesa Romanoff.

– Okay, ¿Chicos contra chicas o Rogers y tu contra Clint y yo? – pregunto tratando de ignorar la pequeña voz de mi cabeza que me dice que algo no va a terminar bien para mi.

– ¿Por qué no Rogers y tu juntos? – me mira con una sonrisa inocente como si propusiera salir todos a comer helado.

[Ahí esta. Te lo dije], se burla la voz de mi cabeza por ignorar sus advertencias.

Mis ojos buscan automáticamente los zafiros del soldado. Trato de tragarme el miedo y poner una sencilla máscara de indiferencia. Estoy segura de que si nos ven luchar juntos se van a dar cuenta que nos llevamos bien, llevamos entrenando juntos demasiado tiempo y creo que podemos luchar juntos.

– No creo que sea buena idea – empiezo.

– Vamos, ¿qué es lo peor que puede pasar? – me anima el arquero.

Nos quedamos callados unos segundos. Veo al rubio y tratamos de mantener una conversación con los ojos buscando una escusa, pero no se nos ocurre nada.

– De acuerdo – acepto luego de recibir un pequeño asentimiento de Steve.

Y justo como si lo invocara, pasa lo peor que puede pasar.

Maldita Ley de Murphy.

He de admitir que iniciamos bien y que eliminamos cualquier sospecha que nos llevamos bien. Los primeros 5 minutos de la pelea fueron bastante reñidos, pero eso fue porque yo me enfrente a Clint mientras Rogers se enfrentaba a Romanoff individualmente. Cuando los dos agentes decidieron unirse para atacarnos juntos, no tuvimos ni la menor oportunidad.

Podría culpar todo a que nunca hemos peleado juntos realmente. Al parecer sé como vencer a Steve en 10 movimientos, pero no tengo ni idea como luchar a su lado. Las misiones no cuentan porque solemos ir en equipos diferentes o dividirnos los enemigos. Además, estoy segura de que perder fue culpa del rubio porque en lugar de dejarme enfrentarme a ellos, me trató como novata y se interpuso en el peligro.

Siendo honesta, nos destrozaron tan rápido que dudo se pueda considerar una pelea. Steve estaba demasiado ocupado quitándome del camino de la pelirroja que ni siquiera vio el ataque de Barton y yo me harté demasiado rápido de que me protegiera como princesa que comencé a ser descuidada con tal de salirme del alcance de Steve y terminé directo en las garras de Natasha.

En menos de 20 minutos ya nos tenían en el piso a su completa merced.

– Tienen razón, no son tan compatibles como pensaba – murmura burlonamente Natasha ayudando a levantarme.

Aunque no puedo evitar notar un deje de decepción en su tono. Antes de que pueda preguntarle al respecto su cara se transforma en una máscara impasible y se aleja contoneando las caderas.

Podría seguirla para preguntarle que se refiere con eso. Aunque, después de las horas que me he ejercitado y el hecho que me humillaron en entrenamiento, decido que he terminado de convivir con otras personas por el día.

Camino a la cocina por agua tratando de mantener mi mal humor a raya. Pero como siempre el destino me odia, y me pego con la esquina del un mueble justo en un nervio del pie. Así que me quedo maldiciendo como marinero tratando de ahogar mi enojo.

– ¿Estas molesta por que perdimos? – pregunta con tranquilidad una voz grave a mi espalda.

Me doy la vuelta encontrando al soldado cruzado de brazos y estudiando mis movimientos.

– Me golpeé el pie – gruño con sequedad.

Camino el resto del camino a la cocina, lo siento siguiéndome a poca distancia.

– ¿Qué? – demando al sentir sus ojos examinándome.

– Si estas molesta por que perdimos – afirma.

– Estoy molesta porque somos increíbles luchadores y ahí parecíamos nuevos – respondo bruscamente sacando una botella de agua del refrigerador – Feliz – agrego sarcásticamente.

– ¿Tan herido está tu orgullo? – una media sonrisa burlona aparece en su cara.

Gruño en advertencia.

– No debiste de haberme protegido de esa manera. Si puedo patear tu trasero en el entrenamiento también puedo patear en el de ellos – explico fulminándolo con la mirada.

Camino al otro extremo de la cocina y le doy un trago a mi agua. Sin embargo, Steve ignora mi claro intento de poner distancia entre nosotros y me sigue quedando a menos de un metro de mí.

– ¿Me estas culpando? – pregunta ofendido – Tu eres la que quería responder cada uno de sus movimientos. El hecho que puedas prever que van a hacer no significa que te debas adelantar a cada una de sus acciones, y para tu información he luchado el suficiente tiempo para poder prever algunas cosas –

– ¿También prevés que eres un idiota? Si no me hubieras detenido tanto hubiéramos ganado la pelea –

– Perdón por intentar que Romanoff no te moliera a golpes – se defiende al instante.

– ¿Sabes por qué me molesta? Por que es justo lo que haces en misiones – digo de golpe notando como el acento británico comienza a acompañar mis palabras.

La tensión de la habitación ha crecido de golpe, y como Tony nos amenazó con vetarnos de la Torre si volvemos a destrozar algo en una pelea, decido darme unos segundos para recomponerme.

– No se que clase de enclenque crees que soy, pero no necesitas protegerme – anuncio seriamente, aunque esta vez no subo mi volumen – Cuando haces cosas como estas solo te pones en peligro a ti y me causas problemas. No necesito a un caballero de brillante armadura para rescatarme, necesito un soldado que luche a mi lado –

Nuestros ojos se encuentran. Sus ojos parecen un azul tormentoso, incluso siento el esfuerzo físico que hace para no gritarme.

– Que puedas hacer las cosas por ti misma no significa que debas hacerlo. Sobretodo si tienes a alguien a tu lado que puede protegerte – responde mirándome con la misma seriedad.

– Fui entrenada para no necesitar nadie en batalla –

– Pues que pena, ahora me tienes a mí – dice con una rudeza poco característica de él.

Parpadear es el único deje de mi desconcierto que me atrevo a mostrar. ¿Qué es lo que quiere decir con eso?

– ¿Quieres ser mi compañero? – pregunto confundida.

– Tomando en cuenta la investigación en la que estamos, ya lo somos – sonríe irónicamente. Al ver mi ceño fruncido continua – Además, alguien necesita cuidarte. Ambos sabemos que puedes ser un genio, pero cuidas tanto de ti como un bebé –

– ¿Qué ganas con esto? – cuestiono al instante.

Suspira exasperadamente y en su mirada encuentro mi respuesta.

Nada.

Siempre olvido que este soldado hace cosas desinteresadas sin ninguna intensión oculta. Como ir a mi presentación, como aceptar mis demonios, como dejarme comida para asegurarse que coma algo, como fumar conmigo cuando pierdo los nervios. Hay tantos ejemplos de las cosas en las que ya me apoya.

Quizás sea mi turno de devolverle el favor. Este soldado pasa mucho tiempo solo y aunque no quiera admitirlo, también necesita alguien que lo respalde en el campo de batalla y alguien que le diga que esta bien tener demonios, que eso no lo hace mala persona, sino más humano.

Por fin entiendo porque trata de ser compañero con alguien tan extraño como yo. No es porque necesita alguien letal y habilidoso como compañero, sino, necesita alguien lo vea como un ser humano y no como la mítica creatura que se convertido por ser un superhéroe.

– De acuerdo. Vamos a entrenar juntos – anuncio.

Suelta un suspiro. Aunque, parece ligeramente sorprendido que haya aceptado sin casi pelear, casi parece que la mayoría de nuestras conversaciones son peleas.

– Pero no hoy, estoy demasiada cansada –

– De acuerdo. Otro día – sonríe con un pequeño brillo en su mirada que dejo pasar.

17 DE MAYO DE 2013. 05:12 P.M. NUEVA YORK. GIMNASIO PRIVADO DE LA TORRE STARK.

Cuando mantuvimos esa conversación supuse que sería otro día como "otro día la semana siguiente" no como "otro día dos días después". Pero si alguien es tan terco para enlistarse 5 veces al ejército y para decirme Holmes, aunque sabe perfectamente que ese no es mi verdadero nombre, supongo que ninguna de mis escusas servirá para zafarme de esto.

Tropiezo con mis propios pies, lo único que evita mi caída es aferrarme al brazo de Rogers que se encuentra a mi lado. Le dedico una sonrisa de disculpa mientras me estabilizo.

– ¿En serio debemos entrenar tan temprano? – pregunto para luego bostezar por 3º vez en los últimos minutos.

Miro mi reloj que marca las 5 de la mañana. Saco un sonoro bufido para dejarle claro mi indignación, como si no fuera suficiente haber renegado todo el camino.

– Esto de entrenar juntos fue tu idea – contrataca Steve completamente fresco, luciendo anormalmente bien para estar levantado tan temprano – Aparte solemos entrenar como a esta hora –

– Sip, pero mi idea no era hacerlo cuando no había dormido – murmuro.

– Holmes – se pausa adoptando un tono serio – ¿a que hora te fuiste a dormir? –

Me callo tratando de crear cualquier respuesta que no le diga que me fui a dormir 20 minutos antes de que me despertará y me arrastrara hasta la Torre. Pudimos habernos quedado en SHIELD, pero decidimos irnos para que podamos entrenar juntos sin despertar más rumores.

– Bueno vinimos a entrenar, ¿no? Vamos – digo con entusiasmo en un intento de desviar la atención.

– Eso no puede ser bueno para tus riñones – murmura con desaprobación.

No cree mi mentira, pero agradezco el hecho que no insiste.

– ¿Quieres aprender a usar el escudo? – pregunta casualmente luego que calentamos un poco.

Así que por eso lo traía, honestamente me he acostumbrado tanto a ver el escudo en el cuarto que compartimos que ni siquiera me pregunté porque lo traía a entrenamiento. Nunca lo usa cuando entrena conmigo porque concordamos que usar un escudo del material más poderoso del mundo, es hacer trampa.

– ¿Qué te hace pensar que no lo sé usar? – decido responder con arrogancia.

– ¿Sabes usar? ¿Este? ¿El único escudo de Vibranio del mundo? – inquiere levantando una ceja.

– Si, bueno. Tampoco es como que cuando lo dejas en el cuarto de SHIELD mientras vas a correr o estas entrenando, lo tomo y hago poses mientras me veo en el espejo – digo tratando de sonar casual.

– Eso fue extrañamente específico –

No lo he hecho, o por lo menos no hay pruebas que lo he hecho. El truco está en siempre quemar la evidencia, digo yo nunca lo haría.

– Yo puedo enseñarte a lanzar cuchillos – me encojo de hombros sacando las cuchillas. Vamos distráelo con objetos filosos.

Como ejemplo tomo una de ellas y la lanzo, gracias a mi destreza aterriza en la pared a un par de centímetros de su cara. Debo reconocer que el rubio apenas se inmuta mientras despega la cuchilla y me la entrega.

– Me alegro de que las uses – dice reconociendo las cuchillas como las que me regaló en mi cumpleaños.

– Por supuesto – respondo – Son preciosas y letales – agrego con una sonrisa diabólica que lo hace rodar los ojos.

Comenzamos a entrenar para darnos cuenta de que luchar juntos es mucho más complicado que luchar en contra. Su estilo de usar la fuerza difiere mucho de mi estilo de usar mi agilidad, y no ayuda el hecho que ninguno esta precisamente acostumbrado a tener un compañero.

Nos peleamos constantemente para hacer una estrategia de ataque para los muñecos de prueba que usamos como hipotéticos enemigos. Ni siquiera intentamos enseñarle algo al otro, si luchar usando nuestras propias habilidades es un desastre, tratar de aprender y usar las del otro va a ser imposible.

Una de nuestras peleas se pone tan mal que Jarvis nos llama y pide que nos tranquilicemos porque lo estamos poniendo nervioso. Cuando pones nerviosa a una Inteligencia Artificial, te hace reflexionar sobre tus decisiones en la vida.

Así que optamos por hacer pequeños ejercicios de dos personas en lugar de tratar de luchar juntos. Si estresamos tanto a Jarvis que lo descomponemos, Tony nos lo va a querer cobrar y honestamente no sé si tengo tanto dinero como para reparar una Inteligencia Artificial. Aparte quiero a Jarvis y no quiero ser la causante de su muerte.

Empezamos con ejercicios de principiantes, poco a poco subimos el nivel y pronto podemos lanzar pelotas medicinales sin casi darle al otro en la cara, o podemos impulsarnos del otro sin patearnos en las costillas. Caemos en un ritmo cómodo, justo como cuando comenzamos a llevarnos mejor y pudimos entrenar en un mismo cuarto sin intentar matarnos. Cerca de las 8 de la mañana decidimos que es suficiente.

Consideramos entrenar la próxima vez en otro lado, para no causarle un corto circuito a Jarvis y no tener que inventar una escusa si alguien entre y nos ve entrenando juntos. Sin embargo, ambos estamos cansados así que decidimos dejarlo para la próxima reunión de avances que tengamos.

Todo lo decimos con palabras clave por si alguien nos escucha, porque ese es nuestro nivel de paranoia y tomando en cuenta dónde estamos, nada es demasiado.

– Bueno, hasta la próxima Holmes – se despide el soldado cuando comenzamos a salir del gimnasio.

– Adiós, Rogers – respondo.

– Holmes, hazme un favor – dice solemnemente.

– ¿Qué pasa? –

– Por favor duerme un poco – pide sonriendo.

Le respondo la sonrisa y me voy. De hecho, dormir no parece una mala idea.