La historia que dejamos pasar


Capítulo 16

—Es lindo ver a Kin-chan realmente enamorado.

Kotoko y Jinko asintieron a las palabras de Satomi. Las tres habían estado observando a su amigo y su novia durante varios minutos, mientras él prodigaba atenciones a la inglesa. Kin-chan sonreía con amabilidad y cariño a Chris, de una manera que no hizo en las pocas citas que ellos tuvieron juntos.

Era obvio el amor que le tenía a la rubia, ni siquiera era exagerado como acostumbraba; hasta lucía maduro.

—Me sorprende que guardara silencio por tanto tiempo —comentó Jinko cuando apartaron la mirada de la pareja, que se separó con el llamado de las obligaciones de su amigo y la partida de ella.

—Es una extranjera, tenía que pensarlo —replicó Satomi. —Yo tendría miedo de que se arrepintiera de vivir en este país y me dejara con el corazón roto.

—Otro país no suena mal si te rompen el corazón —dijo Kotoko jugando con su servilleta. —Pero supongo que solo soy yo quien tiene la mala suerte de trabajar en el mismo lugar, ¿no?

Se rió y sus amigas apoyaron sus manos sobre la suya.

—Puedo pedir a Ryo-kun que use alguna de sus influencias para encontrarte un espacio en otro hospital.

Negó. —Gracias, Satomi. Estoy bien. Ya hasta le pedí perdón. Aunque no me hizo mucho caso, no seguiré pensando en eso; si lo hago, arruinará mi vida. Ya terminó ese capítulo.

Habló demasiado rápido por la ansiedad y no sonó creíble, pero confiaba en que entendieran el mensaje. No había más que explotar de esa historia vieja, ni porque el amor por él permaneciera latente.

Sus amigas aplaudieron.

—¿Qué celebran sin mí? —interrumpió la voz de Kin-chan. —Dijeron que entregarían los chocolates por San Valentín y me olvidaron.

Las tres soltaron una carcajada.

—Solo es algo que Kotoko declaró —manifestó Satomi, inclinándose hacia la silla donde habían dejado sus chocolates de amistad para darle espacio al pelinegro.

No era catorce de febrero todavía, pero por las actividades sociales, laborales y de pareja de sus amigos, reunirse la siguiente semana sería imposible.

Reprimió un suspiro; ella no tenía un enamorado para San Valentín. Incluso si tendría libre la mitad del día, no podía robar ese tiempo de las parejas de sus mejores amigos.

—Ya estoy saboreando el dulce casero que nos darás en un mes —expresó Jinko con deleite.

Kotoko asintió salivando. El año anterior Kin-chan le había llevado unos a Akita y fueron maravillosos; se moría por más de las proezas culinarias de su amigo.

—Cuidado en compararlo con el mío —advirtió Satomi ceñuda. —O ya no haré chocolates caseros.

—No lo haces tan mal, al menos eres mejor que Kotoko y que yo. Si Jyunpei no cocinara, moriríamos envenenados.

—Mi tía me enseñó un poco en Akita, pero el hospital no me deja —se disculpó ella y entregó sus paquetes comerciales a cada quien.

Sus amigas procedieron a ofrecer los suyos.

—No te preocupes, Kotoko-chan —le dijo su amigo con una sonrisa—. Ni tú, Jinko. O Satomi. Gracias a todas. Les daré unos deliciosos dulces japoneses e ingleses en un mes.

—Ingleses, eh.

Kin-chan se sonrojó con las palabras de Jinko.

—Nos encantarán —aseguró Kotoko emocionada.

No habían citas ni enamorados en su agenda, pero estaba contenta con lo que su vida actual le ofrecía.

{…}

A ritmo calmo, Kotoko acomodó los recipientes donde había llevado su cena, disfrutando de no tener que correr para regresar a su turno. Había comido rápido y le sobraba bastante tiempo hasta que concluyera su descanso y se incorporara a las actividades de su área, asegurándose de los preparativos para las operaciones matutinas.

Una pequeña caja de chocolates fue colocada al centro de la mesa y levantó la mirada para ver a quién pertenecía.

—Nishigaki-sensei.

El pelinegro le saludó con una sonrisa ansiosa.

—¿Te han dado chocolates por adelantado? —preguntó en lo que él se sentaba. —¿Son de ella? —inquirió apoyándose sobre la mesa para hablarle de cerca, sonriendo de emoción.

Él rió y negó, levantando la tapa dorada de la caja.

—Me gusta la tradición occidental donde la mujer no es la única que se limita a dar chocolates —contestó el médico con buenos ánimos. —Me recomendaron estos en la tienda y no pude probarlos, ¿cómo regalar algo de lo que no conoces su sabor? Pero… no soy fanático de lo dulce y puede no gustarme… y a ti sí.

Él cogió uno de los envoltorios de celofán rojo y se lo tendió.

—¿Podrías ayudarme? —Ella lo aceptó en su palma con una sonrisa, conmovida por lo detallista que era ese hombre.

A continuación, Nishigaki tomó uno para él, desenvolviéndolo y llevándoselo a la boca.

Viendo su estremecimiento, ella dejó escapar una risa y le quitó la envoltura al suyo. Cuando lo probó, le pareció muy bueno; era dulce, con pedacitos de cacahuate. Se le escapó un gemido de apreciación.

—¿Es ella alérgica al maní? ¿Intolerante a la lactosa? —Se le ocurrió al terminar de masticar.

—No. ¿Y qué tal? ¿Es bueno? A mí no me gustó, es muy dulce. Sin embargo, sé que a ella le encanta eso.

—Es muy rico. —Elevó su mano con el pulgar e índice juntos y los demás dedos arriba. —Mucho.

Nishigaki soltó un largo suspiro de alivio.

—Excelente, no sabes cuánto me alegra. El miércoles está a dos días.

—Debes apurarte, las tiendas estarán llenas.

—Lo sé. Gracias por tu ayuda, no sabes cuánto aprecio tu contribución a mi causa.

—Es un placer, Nishigaki-sensei.

Él tronó los dedos.

—¿Y ahora qué hago con…? Te regalo los restantes, Kotoko-chan; yo no me los comeré y no quiero desperdiciarlos.

Por un instante le pareció que era una excusa para darle unos chocolates por San Valentín, pero era una idea loca.

—Gracias, Nishigaki-sensei.

Él saltó y se puso en pie. —Oh, Irie-sensei. Justo a ti quería verte, debo hablar contigo.

Ella giró para ver que Irie-kun mordía un bocadillo y miraba con inquina al pelinegro, seguramente de interrumpir sus planes; por donde estaba detenido, iba de salida de la cafetería, quizá hasta apurado, ya que comía algo frugal sin sentarse.

—Debo irme, Kotoko-chan.

Nishigaki se apresuró al castaño.

—¡Ah! ¡Disfruta de tus chocolates, qué bueno que te gustó mi elección! —exclamó desde lejos.

Asintió y se frotó las manos antes de coger otro cubito.

—¡Ey! ¡No camines tan rápido, Irie-sensei!

Con el chocolate a medio camino de su boca, rió. Sabía cómo se sentía su amigo de lentes.

{…}

Al llegar al último tramo de escaleras hasta su piso, Kotoko odió haber olvidado que le darían mantenimiento al elevador del edificio, porque no habría comprado cosas en el supermercado de saber que subiría cuatro pisos con ellas. Era una tortura someterse a tantos escalones y aun con el aire frío en ellas sentía unas pequeñas gotas de transpiración en su espalda.

Pero el dolor fue olvidado al llegar a su piso y encontrar a una pareja en medio de un beso.

Su bolso personal y la bolsa de tela se le resbalaron de las manos, causando un ruido seco que separó a los adolescentes.

Boquiabierta, solo pudo contemplar los rostros carmesíes de su vecina y ex cuñado.

Estaban besándose.

Los dos.

Konomi.

Yuuki.

Besos.

Juntos.

Lanzó un chillido y corrió hacia ambos. —¡Están saliendo! —gritó abrazándolos, haciendo una imitación digna de Noriko-san. —¡Sabía que lo harían!

Risas y risas abandonaron su boca, apretando sus brazos alrededor de los torsos de ellos, que permanecían inmóviles ante su reacción histérica.

Los soltó. —¡Oh! Lamento haber interrumpido. ¿Desde cuándo son novios?

Yuuki desvió la mirada con un tinte rojo en las mejillas y Konomi bajó la cabeza. No le pasó desapercibido que estaban cogidos de las manos como al besarse.

—Una semana —musitó la pelinegra casi inaudible.

—Yo… me estaba despidiendo.

—Eh, no te vas a escapar, Yuuki. Primero tengo que advertirte; cuida bien de Konomi-chan o te las verás conmigo.

—Oye, baka, no sé qué tonterías estás pensando. Yo nunca la lastimaría.

Yuuki se sonrojó tan pronto terminó, pues con sus palabras había reafirmado lo buen novio que sería. Era un gran chico.

Una risita abandonó a Konomi, que se cubrió la boca.

—Entonces, ¿una semana? Estabas esperando a los exámenes de final de año, ¿no? —bromeó. —Detente, ¿qué día es hoy? ¡No dieron los resultados del examen de Todai ayer?

—¡Él lo logró, Kotoko-san!

Al escucharlo, ella soltó un grito y le dio otro abrazo a Yuuki.

—¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Felicidades, Yuuki-kun! ¡Tú podías hacerlo! Konomi-chan, tu novio es muy listo.

Se separó con un gimoteo.

—Oh, Yuuki-kun, ya vas a la universidad. Apenas hace poco eras un niño de primaria engreído. ¿Cómo creciste tan rápido?

—Esa es mi señal para irme. Nos vemos mañana, Konomi.

—Hasta mañana, Yuuki-kun.

¡Se llamaban por sus nombres!

—Adiós, Kotoko.

El menor de los Irie se dirigió a las escaleras y pasados unos minutos Kotoko fue a tomar sus bolsas, asomándose para espiar.

—Ya se fue. ¡Ah! —Dejó caer las bolsas junto a la puerta—. ¡Konomi-chan, te corresponde! ¡Yuuki está enamorado de ti! ¡Es tu novio!

Su vecina puso sus manos sobre su boca y chilló. Se abrazaron dando vueltas, compartiendo la alegría por ese amor correspondido. El chico del que había estado enamorada sentía lo mismo que ella y ahora estaban juntos, aun cuando Konomi se había conformado con su amistad.

—Estoy muy feliz por ti.

—Todavía no lo creo, Kotoko-san. —La adolescente rió risueña y se apartaron. —Me dijo que era especial para él y pensé que era mi imaginación.

—Cuéntame cómo fue. Vamos, te invito a mi casa, compré frituras y galletas; estarán rotas ahora, pero no importa.

Konomi soltó una carcajada y asintió con el entusiasmo de cualquier persona que tenía un romance.

Así como ella se sintió un día.

{…}

Moto-chan interrumpió bruscamente lo que estaba diciendo cuando Noriko-san se detuvo frente a ellas ahí en medio del patio del hospital.

—¡Oba-sama! —exclamó con alarma Kotoko. —¿Está enferma? ¿Oji-san está bien? ¿Yuuki-kun?

—Kotoko-chan, ya no puedo más, necesito hablar contigo. Me está matando la duda.

La única mujer Irie se cubrió la frente con el dorso de su mano de forma muy dramática.

—¿Eh? ¿Qué pasa? —Le asió del codo con preocupación, percatándose de las bolsas violáceas en su rostro. —No entiendo.

—Creo que la he visto antes por aquí —comentó Moto-chan con ojos entrecerrados—. Mas les dejaré a solas para que puedan hablar. Si pregunta por ti, le diré a Shimizu-san que estás ocupada con una paciente.

—Gracias.

Su amiga se retiró analizando con la mirada a la madre de Irie-kun, quien murmuraba cosas que no lograba entender.

—¿Quiere sentarse, oba-sama?

La aludida asintió al ver la banca que señalaba, bajo uno de los árboles en el patio. Vio cruzar a Keita con una jovencita en silla de ruedas y notó su atención a ambas antes de alejarse.

Noriko-san se sentó con un suspiro que consternó a Kotoko. Recordó que no le había preguntado cómo se encontraba por el desacuerdo entre sus dos hijos, porque mencionar a Irie-kun era peligroso.

—Me está asustando, ¿se siente bien? ¿En qué puedo ayudar?

—Ay, Kotoko-chan, ¿tú tienes libre el viernes por la tarde? Nunca pensé que… aunque debí imaginarlo… No he dormido bien por semanas pensando y averiguando, y sufriendo por la brecha entre mis hijos. Y traté de no molestarte y no pude cumplirlo.

Los nervios y la falta de descanso debían hacer que Noriko-san tuviera un pensamiento incoherente. Comprobaría si Nishigaki-sensei estaba libre para que le revisara y le recetara un medicamento para dormir o para la ansiedad; él había mencionado que su primer y segundo interés eran la Neurología y la Psiquiatría.

—Oba-sama, no comprendo qué dice. Sí tengo libre la tarde del viernes; de hecho, planeaba celebrar con Yuuki —y Konomi— que pasó su examen de la Universidad de Tokio.

—¡Entonces no me equivoqué! ¡Naoki y Yuuki nunca van a contentarse! ¡Él no soportará que esté enamorado!

Noriko-san hizo amago de desvanecerse sobre la banca de la misma manera falsa que en las series televisivas, mientras Kotoko seguía sin captar la idea que quería transmitir. ¿Quién estaba enamorado?

Sintió un escozor al pensar que era Irie-kun; quizá había encontrado a alguien en Medicina Interna por quien sí desarrollara los sentimientos que no tuvo con ella.

Su tía abrió un ojo y la miró a través de él.

—¿No lo sabes, verdad, Kotoko-chan? —preguntó irguiéndose.

Ella agitó la cabeza.

—Umm. ¿Qué debo saber, oba-sama?

—Yo… no quisiera traicionar la confianza de Yuuki-kun. Por supuesto, pero, debes haberte dado cuenta de la forma en que su actitud ha cambiado últimamente. Sí sabes a qué me refiero. De enamorado.

Hizo un asentimiento leve, aliviada porque no era Irie-kun. Asimismo, apuntó mentalmente avisar al chico de la sospecha de su madre.

—Y cuando accedió a una celebración el viernes por su pase a la universidad, dijo que llevaría a alguien muy importante para él y que me comportara.

Pestañeó sorprendida y excitada. ¡Yuuki les presentaría a Konomi! ¡Él era así de serio!

—Ya… veo —expresó con toda la calma que pudo reunir para disimular.

Sin embargo, ¿por qué Irie-kun no soportaría que su hermano se enamorara? ¿La universidad? ¿Celos?

Noriko-san suspiró.

—Sabía que Yuuki-kun es quien se siente así. De todas maneras, ¿vendrás el viernes a la pequeña celebración, a las seis?

—Eh, Irie-kun…

—No estará.

¿Cómo?

—El jueves y viernes asistirá a unas importantes conferencias fuera la ciudad. Ese hijo mío, no puede hacer una excepción por su querido hermano. A pesar de que Yuuki-kun aseguró que no era gran cosa y a onii-chan nunca le han gustado todas esas tonterías, sé que en el fondo le duele.

Pobre de él. En ese momento sentía inmensas ganas de reprender a Irie-kun por su desconsideración a su hermano; en lugar de hacer las cosas mejor, las empeoraba. Pero ella apoyaría a Yuuki.

—Estaré ahí. ¿Cómo lo convenció para hacerle una celebración?

—Podía pedirme una cosa que él quisiera y yo se la daría. Es muy dulce, incluso si no le gusta, quiere que yo me distraiga… ay, Kotoko-chan, mis dos hijos me ponen muy tristes, los dos están sufriendo.

—Lo siento, oba-sama, sé que tengo parte de la culpa.

Noriko-san cogió sus manos entre las suyas. —No digas eso. Gracias por apoyar a Yuuki-kun, con tu ayuda ha estado animado desde que peleó con onii-chan, que es solo un terco y orgulloso. Yo no lo eduqué así. —Hizo una pausa. —En fin, no hablaré más de mi hijo mayor, ni te robaré más tiempo de tu trabajo. Eres tan buena por lidiar con esta mujer mayor y sus preocupaciones.

—No pasa nada, oba-sama.

Se abrazaron.

—¿Podrías no decirle a Yuuki-kun que yo te invité, una vez que te lo pida? —preguntó Noriko-san al apartarse.

Extrañada, asintió.

—Ahora me siento más tranquila.

Kotoko acalló su sugerencia de visitar al médico; lo haría si el viernes parecía que continuaba con dificultades para dormir.

—Bueno, me daré una vuelta para darle a onii-chan la caja de almuerzo que no tomó por mi reclamo de ayer de no asistir a la celebración.

Después de que la matriarca Irie se fue, Kotoko pensó que había sido un momento de lo más raro, pero no era el primero que tenía con ella.


NA: Madre e hijo tienen mucha imaginación.

Naoki se puso furioso de esos chocolates que recibió Kotoko, pero está bien que tenga eso de ejemplo. En la historia me molestó mucho cuando Kotoko declaró que Irie-kun nunca le había regalado nada y el desinterés de él por su cumpleaños hasta que ella lo comentó, me habría gustado que hubiese planeado con la mamá Irie que ignoraran por completo que cumplía años para ver si él daba alguna señal de eso, pero Noriko no es tonta porque sabía que Kotoko se habría dado cuenta de cosas. (Aunque igual me habría decepcionado que si pasaba algo así ella lo justificara). Quédense sintonizadas, haré un fic con eso (ojo, no sé cuándo con exactitud).

¡Celebremos porque Yuuki sí es un buen partido!

Hasta la próxima.

Besos, Karo.