Lunes a la noche – Nuevo departamento

- ¡HOGAR DULCE HOGAR! – Lauren hacia su entrada al nuevo departamento.

Camila y Valentina venía detrás de ellas con menos entusiasmo por no decir con casi nada. Después de abandonar el viejo departamento fueron a comer algo por ahí para esperar que el equipo de mudanza contratado hiciera su trabajo. No fue hasta tres horas después que le avisaron a Lauren que ya estaba todo listo

– ¡ESTO SI QUE ES VIDA! – agregó la latina recorriendo el lugar con sus brazos abiertos - ¡ESTO SI QUE ES LUJO! – cualquiera que la estuviera viendo o escuchando pensaría que el lugar estaba bañado en oro - ¡ESTE ES EL PALACIO QUE SE MERECE LA GRAN LAUREN JAUREGUI! – sus delirios de grandeza hacían acto de presencia.

- Tampoco es para tanto – Camila hacia que la latina bajara un poco de las nubes.

- ¿Qué no es para tanto dices? ¡POR DIOS CAMZ! ¡MIRA ESTA SALA! - El departamento tenía una enorme sala de estar, las paredes estaban pintadas de un blanco pulcro y del techo colgaba una encantadora lámpara moderna.

- A mí me gustaba la sala del departamento de Juls – dijo Camila.

La latina hizo oído sordos al comentario de la bailarina y siguió inspeccionando -¡WOW! ¡MIRA ESTA DECORACIÓN! – Sobre las lisas paredes habían pinturas que tanto Lauren como Valentina reconocían fácilmente a diferencia de la bailarina. La pelirroja pudo distinguir una copia bastante mal hecha de "El beso" de Gustav Klimt.

- A mí me gustaba la decoración del departamento de Juls – otra vez puntualizó Camila.

Lauren soltó un simpático y fuerte resoplido – Por favor, a eso no se le puede llamar decoración. No se le puede decir decoración a paredes sin revocar, ni pintar y mucho menos a las telas de araña que colgaban de ellas.

- ¡OH DIOS! ¡OH DIOS! ¡MIREN ESTO! ¡MIREN QUE VISTA! – la latina no demoró en apretar un botón de un pequeño control que había sobre una mesita con una pequeña lámpara y las traslucidas cortinas de una enorme ventana se abrieron. En realidad esto era la razón del alto precio del departamento más allá de la ubicación. Una de las paredes era totalmente de vidrio y formaba un enorme ventanal que dejaba ver casi toda la ciudad. Las cortinas que cubrían la vista eran de color crema y de una tela traslucida, al parecer los ventanales estaban equipados con blackout o algo así le habían explicado a Lauren.

- A mí no me gusta – observó Camila – Ya no están los simpáticos chicos del departamento de enfrente, que me gritaban cosas lindas o que jugaban al dígalo con mímica conmigo – dijo con nostalgia.

Lauren la miró enfadada – Esos tipos son unos pajeros Camz, nada de simpáticos – le aclaró – Y las señas no eran mímica ni mucho menos un juego – más de una vez la latinas les había respondido con sus propias señas.

Cuando Camila estaba por protestar de nuevo la latina la interrumpió – Además eso es lo de menos... - ¡POR DIOS! ¡MIRA ESTOS PISOS! ¡MIRA ESTOS MUEBLES! – los pisos del departamento eran todos de fina madera. En el medio de la sala, cerca del enorme ventanal, habían dos gigantes sillones de color marfil, enfrentados uno al otro y solo separados por una no tan pequeña pero si baja, mesita redonda con vidrio al centro, que tenía una adorno bastante raro pero lujoso en su centro, algo así como una caramelera muy parecida al pensadero de Albus Dumbledor si me preguntan. Al costado de uno de los sillones había una alta lámpara y sobre ellos varios almohadones forrados en con un estampado estilo cebra muy interesante.

Camila se cruzó de brazos, estaba negada a ver lo mismo que Lauren – Estos pisos no son como los de Juls...

- Porque les falta todas las cochinadas que la rarita tiraba en el piso – respondió cansada - Le faltan baldosas rotas y le falta la cochina y sucia alfombra donde podría dormir cualquier tipo de perro pulgoso.

- Los muebles no me gustan, extraño el sillón donde yo podía desayunar. Y no están las pesas de Juls tampoco, a mi me gustaba verla hacer pesas – volvió a decir encaprichada.

Este comentario hizo que Valentina mirara a la bailarina, ¿por qué ella nunca había visto a Juliana hacer pesas y Camila si? Generalmente coincidían en los horarios que trabajaban y en el tiempo que pasaban en el departamento, iba a preguntar pero decidió que era mejor cerrar su boca.

- En estos también puedes desayunar Camzi. Y para pesas ve a un gimnasio, nada que ver tienen esas cosas con este nuevo y hermoso lugar – Lauren suspiraba y contaba hasta tres, Camila estaba dispuesta a arruinarle su día de mudanzas – Y el otro no era un sillón como estos, era un rarisillón, un estúpido sillón de cuarta que se hacía cama, daba vergüenza. – explicó.

- Pero era el sillón donde dormía Juls – agregó.

Lauren apretó sus dientes casi lastimándose, buscó ayuda en Valentina, pero la castaña se había quedado absorta en el ventanal, al menos una de sus amigas aprobaba la vista pensó la latina – Al menos está equipado con un digno equipo de entretenimiento – señaló al LCD y todo lo demás que le seguía para que sus domingos de películas sean totalmente cómodos – Ya no tenemos que sufrir cuando aparecen rayas en el televisor o tenemos que prender la tostadora para que ande el equipo de audio.

- A mí me gustaba el televisor de Juls, y el ruido de la tostadora le daba un cierto remixado a la música que me fue muy útil para armar mis coreografías – dijo Camila.

– Mira Cam... - tomó aire. El tanque de su paciencia, que ya de por si era bastante limitado, estaba en rojo – He trabajado muy duro para conseguir este lugar asique...

- Por favor Lauren, yo no soy tu madre, asique ahórrate las mentiras – la silenció en seco – Tu no trabajaste duro para conseguir este lugar, seguramente contrataste a alguna mujer que lo hiciera por ti y que muy seguramente te cogiste en estos mismos sillones después de cerrar el trato con ella – cuentas claras conservan la amistad o en este caso la amistad con derechos que de vez en cuando la bailarina permitía. Lauren estaba colorada y no sólo por la rabia.

- Sea como sea que lo haya conseguido... – habló en un tono que decía que todo estaba a punto de irse al demonio - sino te gusta, te hubieras quedado con la rarita disfrutando de su estúpido y cochino lugar - le dijo.

- Si vine aquí, no lo hice por ti, lo hice por Valentina – le aclaró la castaña haciendo que una de sus amigas se sorprendiera y a la otra le diera aún más rabia que la que tenía acumulada.

Lauren volvió a respirar hondo, tenía que volver a lo importante – Como sea... - dijo – Vayamos a ver los cuartos y la cocina – Para los cuartos había que subir una escalera interna que estaba muy bien ambientada con la decoración y para la cocina había que cruzar una fina puerta con vaivén ubicada en la pared contraria al enorme ventanal.

- Déjame adivinar – la interrumpió Camila nuevamente – Estoy casi segura que las habitaciones son enormes, y tienen aún más enormes y cómodas camas en ellas para poderse revolcar con cuanta tipa se cruce ¿Cierto? Y no nos olvidemos del gigante armario donde la gran Lauren Jauregui va a meter toda su costosa ropa y que seguro tiene un espejo de dos metros para que su ego aumente cada día – Camila estaba dejando que todo lo acumulado en ella hablara – Y la cocina – soltó una risa sarcástica – seguro que está altamente equipada con los más costosos utensilios que seguramente ninguna de nosotras tres va a usar, porque apenas si sabemos usar un microondas – aseguró con razón. Raras veces las chicas cocinaban algo y generalmente era cuando lo hacía Valentina y lo hacía para alimentar a Juliana – NO ME GUSTA – finalizó subiendo las escaleras rápidamente.

Cuando Camila era así, ella podía llevar una discusión con sus dos amigas, en eso no tenía problema, el problema estaba en que si bien, tanto Valentina como Lauren, no demostraban tener secuelas de las peleas y seguían con un gesto frió y de superioridad aunque la batalla se hubiera perdido, a la bailarina le pasaba lo contrario, a Camila le saltaban las lágrimas de forma inmediata y no aguantaba tener la mirada fría de ellas encima, tenía que ir para el lado contrario.

El humo salía de la cabeza – Carajo – protestó mirando la corrida de la castaña. Cuando Camila no estuvo más a la vista, Lauren miró a su socia. Valentina seguía en la misma posición en frente de la ventana.

La latina caminó hasta ella – No me digas que a ti no te gusta tampoco por favor – ya no quedaban barrearas que Camila no hubiera tirado, asique lo mejor era ser sincera – Es el último piso como a ti te gusta – agregó sentándose en su nuevo sillón.

- Me di cuenta – no se le había escapado a la castaña. Valentina giró para enfrentar a su amiga – El lugar es espectacular Lo – No lo iba a negar, era su lugar soñado apenas pisó New York.

- Pero no es el departamento de la rarita... – Dijo la latina con un suspiro. A Valentina le pareció sentir una percepción propia salir de ese comentario, pero eligió no decir nada.

- Lo... - Por el tono de Valentina, Lauren sabía que se venía una pregunta seria.

- Solo dilo Val – alentó.

Valentina sentó en el sillón de enfrente - ¿Cuánto tiene que ver tu madre en esto? – preguntó de repente.

En el viaje desde el viejo al nuevo departamento, cuando apoyó su cara en el vidrio del auto de Lauren, una idea se le había puesto en la cabeza y no podía dejar de darle vueltas. Para Valentina, Clara Morgado algo tenía que ver en el repentino e intenso interés de Lauren en cambiar de departamento.

Lauren bajó su mirada y Valentina lo supo inmediatamente - ¿Está por venir a New York o te amenazó o sobornó con algo? – le preguntó la castaña deduciendo posibles razones.

- Viene – confesó - Pero no sé cuándo. Puede ser a fin de esta semana, o la otra o quizás solo me está asustando y no venga nunca – confesó – Después de nuestro conflictivo viaje a Los Ángeles me dijo que quería controlar como estaba viviendo y que esperaba que ya hubiéramos salido de nuestra situación precaria y no tuviéramos que compartir con...

- Con Juliana– finalizó su socia por ella. Lauren asintió apenada.

- Valentina yo...

- Deja Lauren, yo entiendo, vengo viviendo esto junto a ti por años – calmo a su amiga pero no pudo evitar que saliera en forma de reproche. Sinceramente ya quería que Lauren se fuera de su vista.

Lauren se quedó mirando un rato más a Valentina hasta que se puso de pie – Imagino que no quieres ir a tomar algo por ahí ¿Cierto? – Imaginó bien, la castaña simplemente se negó y la latina salió del nuevo departamento con la energía opuesta a la que había entrado.

Valentina no se levantó del sillón. La castaña puso sus codos en sus rodillas y su cabeza entre sus manos. No podía evitar sentirse como una verdadera mierda, no podía evitar sentirse como una estúpida por haber dejado que Clara Morgado, una mujer digna de ser quemada en la hoguera por ser confundida con una bruja, la hubiera manipulado de esa forma y hubiera logrado su cometido, Valentina lo tendría que haber sabido.

La empresaria sacudió sus pelos con sus manos, suspiró y se puso de pie para quedarse nuevamente impactada por la vista del lugar. Enterarse de las verdaderas razones de la mudanza, o más bien aceptarlas, la había llevado a su quinta muerte y al quinto error que afrontaba, que admitía en menos de cuarenta y ocho horas. Por supuesto que la castaña no estaba muerta en el sentido médico de la palabra. Al contrario, si hablamos de su salud, ella estaba vivita y coleando, pero ella sintió que su corazón se estrujaba y se destrozaba por haber dado este paso tan equivocado

- Me equivoqué – murmuró. Y ese había sido su quinto error, Valentina se había equivocado en seguir a Lauren, en seguir los deseos de Clara Morgado.

La empresaria caminó hasta la nueva cocina y abrió la heladera, no se detuvo a observar ningún detalle, la verdad que poco le importaba si la cocina tenía uno o dos hornos, si la mesada era de acero inoxidable o de mármol, poco tiempo pasaba en esa parte de la casa como para que le importara. Ni siquiera cuando era chica o adolescente le prestaba atención, simplemente dejaba de su madre o las empleadas se encargaron de lo que se hacía en la cocina. De hecho había una sola persona que había logrado que la castaña se encontrara pasando ratos cortos en esa habitación, Juliana. Valentina agitó su cabeza en desaprobación a ella misma. Sacó una cerveza fría y la dejó en la isla muy útilmente diseñada mientras aprovechaba para sentarse en ella y así después volver a agarrar su bebida. La cocina, pensar que la primera muerte de la castaña había sido en una cocina, y no solo eso, en una cocina, Valentina también había cometido su primer error.

Dos días atrás – en la cocina del departamento de Juliana

- ¿Y agitan pompones como en las películas? - Apenas las chicas y las niñas habían vuelto del parque, Juliana, sorprendiendo a las otras tres adultas se largó a la cocina a preparar el almuerzo. El resto se hubiera quedado tonteando en la sala, si no hubiera sido porque Tay insistió en que la latina la llevara a la cocina y convenciera a Juliana que le diera de probar todo lo que estaba preparando. Por consiguiente estaban las seis en ese lugar, mientras Juliana cocinaba con Tay parada en una banqueta haciendo de su asistente, el temeroso trio entretenía a Liah con sus épicas historias de la preparatoria.

- Por supuesto – contestó Valentina a la pregunta de Liah – Pompones, cintas, cañones de confeti, a veces bastones y hasta llegamos a usar aros con fuego – contó sonriendo por la cara de asombro de la pequeña rubiecita.

- ¿Y yo puedo hacel... hacel... - Valentina miró rápidamente a sus amigas para que no apuraran a Liah.

Desde que conocía a la niña se había dado cuenta de la dificultad que tenía para pronunciar la letra R, y siempre que había una de esas letras en una palabra la pequeña usaba la L para reemplazarla. La misma hermana Ana se había encargado de contarle que había una estudiante que generosamente colaboraba con el hogar y que estaba tratando a Liah con ese tema notando una enorme progresión. También fue la monja la que le dijo cuando fueron a buscar a las niñas al hogar, que la colaboradora les había recomendado que dejaran que la pequeña se esforzara y se tomara su tiempo para decir bien la palabra, por eso cada vez que veía como la niña tratara miraba a todo a su alrededor lanzando miradas de fuego a quien si quiera se atreviese a interrumpir a Liah.

Mientras esperaba que la pequeña terminara con su idea, Valentina miraba de reojo a Juliana. Curiosamente, a la morena era a la única persona a la cual no parecía importarle la forma de decir las palabras que tenía Liah, parecía como si estuviera conforme aunque en vez de hablar, la niña rugiera o piara.

- ¿Puedo hacel... puedo hacellllo? – la pequeña se había cansado de tratar y la palabra le salió como pudo, igualmente Valentina la premió dejando un beso en su cabeza.

- ¿Quieres ser porrista? – le preguntó Valentina siguiéndole el juego. La pequeña asintió.

- Y también tatudora como Jul – agregó con un leve error y señalando a sus espaldas a la morena que actualmente estaba soplando una cuchara que iba a ir a la boca de Tay.

- ¡WOW! Porrista y tatuadora – saltó Lauren – Esta niña va a patear traseros en la preparatoria Val – dijo.

- Yo quiero ser cocinera – dijo Tay entusiasmada desde su silla – Y voy a patearle el trasero a todos los niños estúpidos del colegio que dicen que voy a ser una ramera como mi madre – sin quererlo el comentario de la pequeña diablillo había provocado un enorme silencio en la cocina.

Sin dejar pasar mucho tiempo, Lauren caminó hasta la mini latina y la agarró de sorpresa – Ven aquí pequeña patea traseros – la pasó de la silla al desayunador, Tay miró a Lauren sin hacer comentario – Tú vas a ser la mejor cocinera del mundo – le aseguró – Así tenga que hacer quebrar a todos los restaurantes de New York, te juro que vas a ser la mejor y apuesto mis pechos por eso - agregó.

La niña asintió – Es cierto – dijo – Una vez empujé a Carlitos porque quiso sacarme mi pan de desayuno y se cayó de la silla – contó – Se quebró el brazo y se puso a llorar, se lo llevaron y yo me quedé con su pan- dijo recordando entusiasmada – Y otra vez, cuando las niñas grandes le estaban tratando de quitar sus caramelos a Liah, le di un puñetazo como Jul me enseño a hacerlo y le quebré la nariz a una, Liah me regaló la mitad de sus caramelo... Quebrar a alguien es bueno – la pequeña había interpretado otra cosa distinta para lo que Lauren había empleado la palabra "quebrar" pero aun así había entendido un poco de lo que la chica quiso decir.

Durante la pequeña charla de Tay y Lauren, Valentina había notado dos cosas, el silencio de Juliana que cada vez era más profundo desde la conversación que tuvieron en el parque y que Liah, que llevaba rato sentada en sus rodillas, se había acurrucado de tal manera a ella que estaba recostada sobre su pecho mirando de costado a su compañera de hogar.

- Yo no se qué hace mi mamá ¿Y tú? – La castaña pensó que era Tay la que había hablado, pero cuando bajó la vista vio dos pequeños ojos azulinos torcidos mirándola y una boca entre abierta. Liah era la que le había hablado y Valentina aguantó las ganas terribles que tenía de caminar hasta Juliana con Liah en sus brazos y apretar a la pequeña entre medio de dos pares de brazos unidos, se aguantó las ganas.

Por un lado la ex rubia sintió tristeza por la pequeña y por otro pensó en su propia madre y le dieron ganas de sonreír – Mi mamá decora – contó y alargó su explicación – Eso quiere decir que trabaja haciendo que las cosas que se ponen feas o viejas o que no le gustan a la gente por alguna razón mejoren, o las cambia por cosas nuevas y más lindas o tal vez modernas – dijo.

- Podrías decirle a la madre de Valentina que te decore la cara – Tay volvía a la normalidad con Lauren – a ver si se te van las arrugas – Lauren abrió los ojos gigantes y miró inmediatamente a Camila.

- No tienes arrugas Lolo – dijo automáticamente la bailarina – Tay Tay es de mala educación resaltar la edad de la gente vieja – Ese comentario fue peor que el de la niña.

El pequeño demonio miró a Lauren con una sonrisa y la latina le correspondió con otra, acto seguido aplastó a la pequeña entre sus brazos – Eres terrible, eres una espinilla en el cu... en el trasero... estoy orgullosa de ti – la pequeña luchaba por salir de entre los brazos de Lauren pero la latina la apretaba aún más. Valentina y Camila se miraba cómplices, les encantaba ver a la latina demostrando afecto por algo que no era dinero.

- Llévame a probar lo que Jul está sirviendo – ordenó Tay en los brazos de Lauren, como buena dominada la latina obedeció – Dame Jul, dame... - pedía entusiasmada mientras Juliana servía en una linda fuente los ravioles relleno de pollo y tocino con salsa de queso, jamón y nuez.

- Ahora no – le negó Lauren esquivando malvadamente la cuchara que Juliana había estirado para convidarle de forma adelantada a la pequeña.

- NOOOOO MI RAVIOL ¡VUELVE! ¡VUELVE! – protestó Tay arriba de los hombros de la mayor latina

- Vamos a lavarte las manos y volvemos para comer – el rol de madre a la perfección. La pequeña se rindió dejándose caer como plomo en los brazos de quien la llevaba y mirando con nostalgia su raviol perdido.

- Juls, esto tiene una pinta genial, y huele delicioso ¿No sabía que podías cocinar? – Camila fue el portavoz de lo que las tres llevaban tiempo en esa cocina queriendo decir.

La morena terminó de poner todo en la mesa y se encogió de hombros, siguió su caminó hasta la heladera de la casa para sacar la medicina de su monito.

- Jul siempre cocina en el hogar – contó Liah sorprendiendo a Valentina y Camila al mismo tiempo. La exrubia siguió mirando a la morena para seguir sus reacciones.

- Vamos Lili, hora de tu medicina – Juliana intentó agarrar a Liah de los brazos de Valentina pero la niña se aferró más a la ex rubia – La tatuadora fingió enojo - ¿Cómo quieres que te ponga tu medicamento si no me dejas? – le preguntó.

- Quierrrr... quierrrlo quedarme aquí – Juliana frunció el ceño pensante, Valentina le dio una solución antes, giró a Liah y la sentó sobre sus piernas mirando a la morena, la pequeña se recostó sobre el pecho de la empresaria.

- ¿Puedes hacerlo con ella sentada sobre mí? – le preguntó suavemente. No sabía cómo estaban las cosas entre ellas e iba con cuidado.

La morena asintió sin mirarla y se arrodilló para quedar a la altura de Liah, agarró suavemente su bracito como si estuviera tratando con cristal y le arremangó su remerita con cuidado. Para Valentina no pasaba desapercibido la suavidad con que Juliana trataba a la pequeña. La morena le dio un besito en la zona que iba a pinchar y siguió con el procedimiento que le sacó un par de lágrimas de cocodrilo a la niña.

Valentina limpió esas pequeñas gotitas y dejó que Camila se la llevara a lavarse las manos.

Las siguientes palabras de Juliana fueron el primer disparo que la hizo morir – Deberías... deberías... tú tienes que aprender a hacerlo – le dijo mirándola con su usual pose.

Valentina estaba desconcertada, no estaba segura de lo que le estaba hablando - ¿Aprender a hacer que cosa? – le preguntó.

La tatuadora rascó su cabeza pensando de qué forma podría ser más clara – Aprender a inyectar a Lili... a Liah – más claro échale agua – Digo... cuando... cuando... Por las dudas, cuando vaya a tu casa, deberías... - ya no sabía que más agregar.

- ¡RAVIOLES! ¡RAVIOLES! – Tay volvía a entrar a la cocina arriba del hombro de la latina.

- Por dios, denle de comer a esta niña antes de que corte las calles de New York por una huelga de hambre – dijo Lauren - ¿Todo bien? – la cara de su socia no le gustaba y la de Juliana.. bueno la de Juliana estaba rara como siempre.

Si Lauren hubiera sabido que el comentario de Juliana la estaba destrozando por dentro, no hubiera hecho esa pregunta y hubiera agarrado a la castaña para llevársela a otro cuarto, porque lo siguiente fue el primer error que Valentina cometió – No pasa nada – dijo – Juliana y yo estamos hablando de que va a pasar con Liah cuando no vivamos más aquí – Valentina corrió la cara avergonzada, no quería mirara a la morena. Valentina se fijó en la tatuadora – ¿Tu entiendes que vas a tener que volver a ver a Liah solo en el hogar cierto? – Valentina no iba en buena dirección, pero poco le importó el codazo sutil que le dio Lauren. A si como a la morena no le importaba que Valentina se fuera, eso estaba claro para la castaña. Juliana no iba a hacer nada para que se quedara, eso también lo tenía claro, al contrario, la morena ya había decidido no estar junto a ella cuando Liah las visitara.

- Eee... yo... - Juliana la miraba confundida y nerviosa.

- Pues claro – la interrumpió Valentina – SI ya no vivimos juntas, no creo que ningún juez deje que Liah venga aquí – agregó viendo como la cabeza de la morena se agachaba – ¿ya te lo habían negado cierto? – Juliana asintió – Exacto, sin la ayuda de mi padre y sin nosotras aquí no creo que vuelva a pasar...

- Val... - Lauren no entendía a su amiga.

- TENGO HAMBRE – se sintió a Tay gritar desde la mesa - ¿DONDE ESTAN MIS HERMOSOS RAVIOLES? - exigió

- Calma tu lombriz solitaria quieres – Lauren se unía a Camila y Liah que caminaban hacia la mesa ya listas.

Usualmente era Juliana la que huía, pero esta vez fue Valentina la que no aguantó la mirada de la morena y se alejó de ella en forma fantasmal.

Presente – En el nuevo departamento

Valentina agitó la cabeza en reproche por lo que la memoria de ese día le había traído, se sentía una total y completa estúpida. ¿Cómo podía haberle hecho eso a Juliana? ¿Cómo podía haberle dicho que prácticamente no tenía chances de volver a tener a Liah en su casa? – Soy una idiota – se dijo a sí misma para después bajar de la mesada, dejar la botella vacía de cerveza y agarrarse otra nueva. La castaña salió de la cocina inmediatamente.

- Hey – la sorprendió Camila desde la escalera interna - ¿No vienes a dormir? – preguntó. Valentina pudo ver los ojos rojos resaltando del rostro de la bailarina.

- No tengo mucho sueño – contestó la rubia tirándose en el sillón. Camila la miró con preocupación y Valentina agitó rápido su cabeza – No digas nada Mila por favor – la bailarina solo se sentó a su lado.

De repente la bailarina largó una carcajada contagiosa - ¿De qué te ríes? – le preguntó la otra castaña sonriendo.

Camila terminó de reírse y contestó – Me divertí mucho en la terraza de juegos que armó Juls, entre la academia de baile, los problemas con Lo y sus negocios hacía rato que no nos divertíamos así – dijo con nostalgia.

Valentina asintió con su cabeza. Sin querer su amiga, la había llevado al segundo momento en que ella consideraba haber muerto y por ende donde la castaña había cometido su segundo e importante error.

Dos días atrás – En la terraza del antiguo departamento

- ¿Tu hiciste esto? – Valentina se había olvidado de la tensa relación que reinaba con la morena cuando hizo esta pregunta. Estaban paradas en la terraza y las tres amigas se habían quedado mudas ante la plaza de juegos que había armado Juliana allí. Había de todo, una mini cancha de futbol inflable, un tobogán, una cama elástica, entre otras cosas. La cara de las pequeñas era impagable.

- Dios rari, primero me haces engordar miles de kilos con esa deliciosa pasta y hubieran sido más si mi endemoniada hija no fuera un barrilito sin fondo...

- ¡Oye! La hermana Ana dice que estoy en crecimiento – se defendió la niña

- Pues dile a la hermana Ana que ya has comido como para crecer hasta los cien años más o menos – remató la latina – Y además no puedes interrumpir a tus mayores cuando...

- ¡A JUGAR! – Lauren se quedó sola hablando porque el resto ya estaba sacándose sus zapatos para subirse al gran metegol inflable que había puesto Juliana.

- De acuerdo – Valentina se paró en medio de la cancha con la pelota en sus brazos – Vamos a armar dos equipos – ella y su necesidad de competir - A ver... - A penas giró la cabeza y vio a Liah y Juliana de la mano con el mismo gesto supo que no las podía separar – Lili, Juliana y yo contra ustedes tres...

- CLARO... a mí me toca con la pechugona quejona que apenas se puede subir en el inflable – protestó Tay.

- ¡OYE! – Lauren se defendía desde la entrada al juguete, se había quedado enredada –yo que tu cierro la bocota o te quedas sin media tarde – advirtió tocando la fibra débil de la niña.

La pequeña casi se larga a llorar y miró a Camila inmediatamente – No es cierto cariño – la consoló la bailarina – Aquí siempre vas a tener para comer – le dijo calmándola.

- ¿Están listas para que rompamos sus traseros? – Las provocó Valentina sin mirar a su equipo - ¡Perdedoras! – agregó.

- Tal vez sea al revés Valen – jugó Camila – Aunque tienes un trasero muy lindo para romperlo – agregó la bailarina.

- No lo van a poder ni intentar – les advirtió Valentina mientras estiraba sus piernas.

- Por favor Carvajal, voy a trapear este lugar con tu enorme trasero y después voy a agarrar tu estirados pechos y voy a construir nuestra bandera con ellos – compitió Lauren.

Valentina se rió a carcajadas sin ninguna inocencia – La última vez que me ganaste a algo Jauregui, fue porque yo misma me dejé – dijo con total mala intención.

- Pues ya lo veremos tierra de feria – siempre se metía con su color de cabello.

- Lo veremos pechugas de pollo lleno de hormonas – replicó la empresaria.

Lauren y Camila le hicieron una seña combinada sin que Tay las viera, una levantaba el dedo del medio y la otra formaba una O con dos de sus dedos.

- Además estamos en desventaja, porque con el rarón ustedes son cuatro – protestó la chica.

- ¿Quién es el rarón? – preguntó Tay

- Es el enorme pe...

- LERN – la interrumpió Camila – Porque no nos reunimos para ver cómo ganarle a Val, me molesta cuando gana y se pone odiosa – Valentina era irritante cuando ganaba, más aun cuando perdía.

Valentina volvió a reír mientras veía como Lauren, Camila y Tay armaban estrategias - ¿Dónde está mi equipo? Vamos a... - cuando se dio vuelta sufrió, esta vez no fue una bala, ni una muerte dolorosa, al contrario fue dulce, muy dulce. Ajenas a las provocaciones y competencias estaban las otras dos integrantes de su equipo. Juliana estaba acostada en el inflable mientras que Liah saltaba ida y vuelta sobre ella, de vez en cuando la pequeña rubiecita le pifiaba al salto y caía en el estómago de la morena haciendo que ambas se destartalaran de la risa. Valentina murió de amor con la risa de la rubiecita cada vez que era amenazada por las cosquillas de Juliana. Y fue exactamente esa risa la que le había hecho ver su error. Allí enfrente de ella, había dos almas totalmente infantiles, dos personitas que estaban libres de todo mal, que no tenían sed de competencia, ni mucho menos de victoria. Enfrente de ella había una niña y una adulta que habían sufrido tanto en la vida, que disfrutaban de simples cosquillas y ahí estaba ella pensando la forma de humillar a Lauren y demostrarle que después de tanto tiempo seguía físicamente mejor que ella. Ahí estaba Valentina, pensando que Juliana era capaz de hacerla sentir mal a propósito, pensando que la morena se alejaba de ella a propósito. Pero era todo lo contrario, simplemente la morena se estaba protegiendo de la gente contaminada por la maldad y ambición de este mundo como ella, como Lauren y de vez en cuando como Camila. El error de Valentina había sido pensar que Juliana sabía de lo que se perdía cuando ella se alejara, cuando en realidad, la morena no lo podía saber, porque nunca lo había tenido.

En el presente – Sala del nuevo departamento

- Menos mal que no jugamos en contra ni nada eso, porque siempre terminamos mal, estuvo más divertido los juegos que propusiste después – al parecer Valentina había frenado la competencia.

Valentina compartió la opinión de su amiga – Fue divertido – agregó mientras las risas de Liah y Juliana le rebotaban en la cabeza.

- ¿Vas a extrañar a Juls? – preguntó cambiando de tema rotundamente.

- Mucho – contestó sin pensarlo.

Camila apretó sus labios y se apiadó de su amiga – Buenas noches Valen – Beso su mejilla y volvió a subir las escaleras rumbo a su cuarto.

La castaña vio subir escalón por escalón a su amiga y después volvió a mirar por la ventana, la ciudad ya estaba enteramente de noche. Inmediatamente se acordó de Liah y anotó mentalmente que tenía que comprar una de esas pequeñas luces que venían como divertidas formas que cuando se apagaba la luz de la habitación, se encendía y las formas se reflejaban en la pared, había visto un par de esas cosas cuando acompañó a Juliana a comprar la cama de princesa para la niña. Cama de princesa que nunca fue usada porque lo que menos hizo Liah fue dormir en ella – Y ahí está – murmuró Valentina para el vació – Esa noche morí por tercera vez – dijo en el mismo tono.

Dos días atrás – A la noche en el departamento de Juliana

- ¡NO! – se negaba Tay

- ¡SI! – contestaba Lauren

- ¡NO! – otra vez la negativa de la niña

- ¡SI! ¡Y NO HAY NO QUE VALGA! – Frenó la próxima interrupción de la pequeña - ¡ES HORA DE DORMIR Y PUNTO! – le dijo la latina

- Pero aún no hemos visto todas las películas de monstruos que compró Jul y... y... todavía queda un pote de helado y... y...- la pequeña iba a pelear hasta el último aliento.

- Has visto cuatro películas ya – contó Lauren – Y no vas a comer más helado. Dios ni siquiera se cómo es que no te descompones con todo lo que tragas...

- ¡OYE! La hermana...

- Si, si, ya se que la hermana Ana dice que estás creciendo, pero la hermana Ana también nos dijo que no podían acostarse tan tarde asique a dor... mir – un buen punto para la latina.

- ¡NO QUIERO IR A DORMIR! ESTAS SON MIS VACACIONES – la niña se paró en el sillón cama de Juliana a protestar.

- TAY – Camila entraba a la sala llamando a la niña – Vamos a ponerte el pijama y a que te de tu beso de buenas noches, tienes que dormir – le dijo a la niña.

- SIIII A DORMIR – la pequeña saltó del sillón a Camila y se fue echada en sus brazos.

- Dios esa niña es más gay y dominada que...

- LERN TE ESTAMOS ESPERANDO – otra vez Camila

- ¡VOY! – sin quedarse a las burlas de Valentina la latina siguió a las otras dos.

- Listo – Juliana entraba a la sala con Liah envuelta en una toalla.

Valentina sonrió al ver asomar la carita de su monito por la toalla, estiró sus brazos para recibir a la niña que Juliana le pasaba - ¿En serio no quieres dormir en tu cama de princesa? – preguntó.

La pequeña torció su rostro y miró a Valentina - ¿Dónde vas a dolmir tu? – le preguntó a Valentina mientras Juliana se encargaba de ponerle el pijama. La castaña se quedó pensativa – Duerrrr... duerlme con nosotras. Jul dile que duelma aquí con nosotras – insistió la pequeña

Juliana se quedó quieta pensativa y después agitó su cabeza en negativa, Valentina entristeció pero no le duró mucho porque Juliana agregó – Las dos princesas deberían dormir en la cama de princesa, en un castillo enorme y protegido por muchos pero muchos soldados – después de esto terminó de ponerle a Liah la parte de arriba de su pijama mientras Valentina terminaba de cepillarle el cabello.

Liah se rió - ¿Pol que nos tiene que plo...prrrooteger muchos soldados? – le preguntó.

- Los soldados tienen que proteger a las dos hermosas princesas de la malvada bruja Lau... - la mirada de Valentina en reproche le hizo cambiar el nombre – Lauslavia que quiere adueñarse del castillo – contó.

- ¿Y tu eres un soldado? – le preguntó la pequeña.

Juliana agitó la cabeza – Yo... yo soy... - se demoró un poco en pensar su personaje – Yo soy el monstruo de debajo de la cama de princesa y... y... soy la última que puede defenderlas de la bruja – agregó.

Liah ser rió nuevamente y Valentina no pudo evitar que una mueca le saliera de su cara - ¿De que colol eres? ¿Cuántos ojos tienes? – Liah quería cada detalle.

- Mmmm... soy rosa como tu pijama – Juliana vio la cara de la niña iluminarse, sabía que ese era su color preferido – Y tengo cuatro ojos, dos para cada princesa – Valentina pudo ver como la mirada de Juliana se posó sobre ella durante unos segundos. Una vez que terminó de peinar a Liah se fue a su propio cuarto para ponerse su ropa de dormir, desde su habitación seguía escuchando y riendo ante la historia armada por Juliana. Cuando volvió Liah ya estaba entre las sábanas y la morena...

- ¿Qué haces? – Valentina pudo ver el trasero de Juliana nada más, porque su cabeza estaba metida debajo de la cama

- Está hablando con su amigo mosntluo para que no vengan a asurrltarme de noche – fue Liah quien le explicó.

- BUENO HASTA LUEGO GEORGE, CUALQUIER COSA ME MANDAS UN MAIL A MONSTRUODEBAJODELACAMA GRACIAS POR NO PASARSE ESTA NOCHE POR LE MANDA SALUDOS – La morena exageraba la voz para que Liah la escuchara.

Cuando volvió a la parte de arriba de la cama Valentina la miraba con la ceja levantada ya metida en la cama – George les manda saludos – dijo mirando la ceja divertida

- Sigue contando Jul – Liah quería más historia - ¿Cómo hiciste para que la bruja se dulmiera? – preguntó curiosa por la forma en que el monstruo rosa había derrotado a Lauslavia.

Juliana se metió en la cama con ellas sin apagar la luz, cuando Valentina quiso hacerlo por ella, Juliana agitó su cabeza frenándola, al parecer Liah le tenía miedo a la oscuridad – La bruja se durmió porque le canté una canción – continuó con la historia.

- Cántamela – insistió Liah. La niña ya estaba pegada en el costado de Valentina. La castaña se había quedado embobada mirando a la pequeña y acariciando su cabecita, cuando sintió que moría por tercera vez en el día, la voz de Juliana era angelical. Enseguida los ojos de Juliana y Valentina se cruzaron mientras la melodía salía de los labios de la morena. La empresaria no supo quién cerró los ojos primero, si ella o Liah.

A la mañana siguiente fue cuando Valentina sintió que se había equivocado nuevamente. Apenas abrió los ojos pudo notar que no estaba en el rarisillón, pero tampoco estaba en su propia cama, estaba en una cama distinta, estaba en la cama de princesa de Liah. Una niña rubia dormía tranquilamente a su lado y cuando quiso bajar los pies para confirmar el paradero de Juliana, su respuesta llegó antes de lo pensado, Juliana dormía al piso de la cama sobre una colcha doblada en varios pliegos. El error de Valentina fue no despertar a Juliana, y explicarle que ella no se quería ir del departamento, que no era cierto que había hecho todo su esfuerzo, que muy pero muy había enterrado la verdad de su decisión, y esa verdad era que Valentia se había asustado. Se había asustado por la responsabilidad que le había dado Ana y Jane, se había asustado por haberse dado cuenta de que estaba enamorada y por sobre todo, se había asustado porque no quería sufrir. El tercer error de Valentina fue esquivar a la morena e ir a preparar sus maletas.

En el presente

El sonido del celular de Valentina hacia que la castaña se despertara, sin querer se había quedado dormida en el sillón, más bien lo había hecho queriendo y recordando la voz de la morena al cantarle a Liah. Miró la pantalla y se dio cuenta que era su madre, simplemente lo dejó sonar, no tenía ganas de explicarle donde estaba y mucho menos la decisión que había tomado. Lo iba a enfrentar en otro momento, asique le mando un mensaje que decía "ocupada, te llamo luego" así lograba que se quedara tranquila y que no insistiera llamándola.

Su madre le había dicho que necesitaba paciencia y lo primero que hace ella es no tenerla, ni siquiera fue capaz de mirar a la hermana Ana cuando fueron a llevar a las niñas, ocupó su tiempo despidiéndose de Liah y de arreglando el papeleo burocrático. Pero lo peor de todo paso después de que salió del hogar, esa fue su cuarta muerte.

Tarde noche del día anterior – En el hogar de la hermana Ana

Valentina salía del hogar con Lauren a su lado.

- ¿Les diste la nueva dirección Val? No quiero que si Tay o la mini rarita necesitan algo no nos puedan ubicar – a Lauren le estaba costando más que nunca despegarse de su hija no reconocida.

- Tranquila Lo, hice todo lo que tenía que hacer, ¿Alguna vez lo dud... - la castaña se frenó justo en el escalón que le seguía a la puerta de entrada. Juliana estaba apoyada en el auto de Valentina, con su cabeza agachada y rascando su cuello mientras la hermana Ana y Jane le hablaban.

- ¡Oh Dios! Me tomé una copa a escondidas, pero no pensé que me pegara tan fuerte como para ver doble, y encima veo a una monja y a otra en su versión ramera – Comentó Lauren mirando a Ana y a su hermana.

- Esa es Jane, la hermana melliza de la madre superiora – explicó Valentina

- ¿La hermana melliza? – Valentina calculó que ella debía haber puesto la misma cara de asombro que tenía su amiga. Camila se acercó a ellas mientras ambas socias le prestaban atención al atuendo de Jane, esta vez llevaba una falda de cuero negra ajustada, unos tacones rojos y una remera del mismo color.

- Llevan tiempo hablando con ella, creo que la están regañando. Al parecer la hermana Ana llamó a su doble para que la viniera a ayudar cuando ella se cansara de regañar a Juls – informó la bailarina

- No es su doble Camila, es su hermana melliza. No tengo idea que hace en el convento, su trabajo nada tiene que ver con esto, creo que se encarga de una discográfica de bajo pelo o algo así. Me dio su tarjeta, pero la verdad nunca le presté atención – le aclaró la castaña.

Las tres se quedaron viendo disimuladamente al otro trio, Juliana permanecía cabeza abajo todo el tiempo – Ups, al parecer alguien la hizo enfadar – comentó Lauren ante la reacción de la morena por algo que seguramente le habían dicho alguna de las otras dos.

- Me parece que fue la hermana divertida – dijo Camila. Valentina pensó que la bailarina estaba en lo cierto, la mirada de la tatuadora estaba sobre Jane y era de una furia absoluta.

- Vamos – Apenas vio que Juliana apretaba los puños a su costado, Valentina decidió intervenir.

- No creo que sea conveniente Val– la frenó Lauren, Juliana estaba apuntando con su dedo índice a Jane y con el mismo dedo le daba pequeños golpes en el pecho, parecía estar acusándola de algo.

Lo que ninguna de las tres chicas vio venir fue la cachetada que Jane le estampó a la morena, y ya no hubo nadie que frenara a Valentina de ir a ver qué estaba pasando.

- Juliana tranquilízate por Dios – Oyó decir a la hermana Ana mientras la monja misma hacia fuerza para sostener a Juliana y que no se abalanzara sobre su hermana.

- Aprende a comportarte de una vez por todas – Las mismas palabras que le había dicho Valentina, las repetía Jane.

- Como me porte no es tu problema – le respondió Juliana mordiéndose la lengua.

- Es mi problema desde el día que te di mi apellido – Para Valentina esto era una sorpresa, si bien la hermana Ana trataba a Juliana con respeto y dulzura, Jane era todo lo contrario. La melliza divertida, como le decía Camila, enfrentaba a la morena sin miedo alguno.

- Cuando quieras te lo devuelvo, no necesité uno durante dieciséis años, tampoco lo necesito ahora – contestó indiferente la tatuadora.

- Cierra la boca antes de que decida acomodarte de nuevo la cara Juliana. Y respétame, que soy mayor que tu por muchos años – ordenó.

Juliana iba a seguir contestando hasta que se dio cuenta de que el temerario trio estaba observando. Frenó el forcejeo con la monja y, aun con los puños apretados, se quedó quieta en su lugar con la mirada fija en el piso.

- Disculpen – dijo Valentina– ¿Está todo bien? – preguntó

- No es porque nos preocupe, la cachetada estuvo bastante bien para ser principiantes, pero están al lado de un mercedes de cien mil dólares y...

- LAUREN– la calló Valentina

- wow,wow,wow – esta fue Jane – Hola, soy Jane ¿Andan buscando trabajo? – Rápidamente la mujer sacó un par de tarjetas para dárselas a Camila y Lauren. Valentina no sacó su vista de la morena.

- Debería ser yo la que te pregunte eso a ti – contestó Lauren rechazando la tarjeta.

Jane miró a Ana con una sonrisa – Tenías razón Ani, esta latina es muy divertida y definitivamente no será bienvenida en tu reino pero si en el mío – Lauren miró a la hermana Ana quien a su vez se hizo la distraída.

- ¿Qué? Oiga , si le habla a Dios de mi, asegúrese de decirle buenas cosas porque...

- Hija mia, Dios lo ve todo, no puedo mentirle – aclaró la monja divertida.

- ¿Qué quiere decir? – presionó la latina.

Jane contestó – Quiere decir que tu destino ya está decidido y tu y yo, nos vamos a ver bien abajo querida amiga.

Lauren abrió los ojos preocupada hasta que Ana y Jane soltaron una enorme carcajada – Dios, como disfruto hacer eso – dijo Jane que miró a Valentina- ¿Pensaste mi oferta? Sigo insistiendo que tu y yo ganaríamos mucho dinero juntas – repitió lo que le había dicho aquél día en la oficina.

La visión de Valentina se vio nublada por un pelo moreno que se puso delante de ella – Valentina no va a tener nada que ver con tus negocios – habló Juliana con seguridad.

- No te quejaste de mi negocio cuando te lleve – le dijo Jane.

- Deja a Valentina tranquila – insistió Juliana sin prestarle atención

- Tengo una idea mejor, porque no arreglamos esto a tu forma – provocó la mujer – Porque no huimos como haces tu siempre y... - Jane cerró los ojos porque vio el puño levantado de Juliana, pero el golpe nunca llegó. Cuando volvió a ver, vio que Valentina era la que la había frenado esta vez.

- Jane – su hermana habló – Déjala tranquila por favor – suplicó a su hermana.

- Pero Ani, ella tiene que reaccionar de una vez por todas – protestó.

- NO ES TU PROBLEMA – repitió la morena – Y HAZLE CASO A TU HERMANA. DEJAME TRANQUILA – Juliana estaba harta.

- Es mejor que nos vayamos – Valentina agarró la mano de Juliana, pero lejos de tener el efecto deseado, sintió como la morena se soltaba rápidamente de ella. Por dentro Valentina sintió que algo se desgarraba.

Lauren se puso al volante y las cuatro chicas volvieron a su última noche en el departamento. Apenas entraron Juliana se refugió en su cuarto y Valentina no la volvió a ver. Por eso ahora estaba parada en la puerta preguntándose si debía golpear o si aún podría pasar como si nada. Eligió golpear.

- Queríamos despedirnos – le dijo Valentina apenas la morena abrió la puerta.

Juliana asintió y siguió a la castaña hasta la sala donde Camila se abalanzó sobre ella como la primera vez que la había visto.

- Gracias por recibirnos Juls, te voy a extrañar mucho – dejó un beso enorme en la mejilla de la morena y se separó de ella lagrimeando – Cuando vaya a ver a Shawn nos vamos a ver – Este comentario hizo sufrir a Lauren.

La morena sacudía su mano saludándola con entusiasmo – A mi... yo... a... yo también – ninguna supo a cual de todas las cosas que había dicho Camila Juliana se sumaba.

- Rari – era el turno de Lauren– Conocer el rarón fue una de las mejores cosas que me pasó en mi vida, nunca voy a olvidarlo y siempre me voy a quedar con las ganas de conocerlo aun más. Dedícame un par de paj...

- LAUREN– Últimamente Valentina era el freno de la latina.

- Como sea – Lauren le dio unas palmaditas en la espalda a Juliana– Cuídate – dicho esto ella y Camila salieron con sus cosas. Sabían que esto se iba a poner incómodo.

Juliana estaba nerviosa y con su cabeza agachada.

- ¿Te puedo hacer una pregunta? – Valentina rompió el hielo.

La tatuadora levantó su cabeza, enfocó su mirada en Valentina y torciendo su cabeza asintió.

- ¿Por qué buscabas compañeras de cuarto? Quiero decir, la agente inmobiliario nos dijo que andabas necesitando compañeros de cuarto y la hermana Ana me habló de tu psicóloga asi que... - A decir verdad era una curiosidad que tenía desde hace tiempo. Aunque no albergaba muchas esperanza de que Juliana le contestara se sorprendió cuando sintió la voz de la chica.

- Susan... ella es mi... - con su mano giró su dedo sobre su cabeza haciendo la señal de loco – mi psicóloga, me dijo que sería bueno que... que... consiguiera compañeros de cuarto para aprender a... - no sabía cómo explicarlo – Al parecer ella piensa o pensaba que así iba a ser más fácil para mi estar con gente – finalizó.

Valentina sonrió cuando imaginó a Juliana contándole todo sobre ellas tres a su psicóloga – Espero que hayamos sido útiles – le dijo acercándose a ella mientras veía como la morena asentía.

La castaña se paró y dejó un beso en la frente de la morena, beso que trató de prolongar lo más que pudo – Cuídate mucho por favor – le dijo y se dio media vuelta.

Antes de cruzar la puerta sintió que una mano la agarraba del brazo. Se dio vuelta y enfrentó a Juliana. Con una oración la morena consiguió que el desgarró interno que se había formado hace rato se extendiera y provocara su cuarta muerte en el día – Lamento no haber sabido comportarme – sintió decir.

Valentina abrió su boca para contestar, pero en vez de eso su cuerpo reaccionó solo y la llevó a equivocarse por cuarta vez, la pelirroja salió del departamento y cerró la puerta, lo último que vio fue un destello de la mirada de la tatuadora. Debería haber vuelto, pero en lugar de eso siguió caminando.

Presente

La mirada de Juliana estaba grabada en su retina, no podía sacársela de la cabeza. La castaña apoyó su frente contra el ventanal y cerrando los ojos suspiró de tal manera que logró empañar el vidrio. Las cuentas le daban a la perfección: 5 muertes + 5 errores = 1 arrepentimiento. El cálculo era correcto, Valentina Carvajal se había arrepentido de haber dejado el anterior departamento, Valentina Carvajal se había arrepentido de haber salido de la vida de Juliana Valdez.

(...)

Heeeeey por primera vez me hago presente en el fic uwu, me encanta que les este encantando la historia, de verdad es increíblemente hermosa, se que ahorita hay drama pero ya se viene lo bueno osi osi 3