Ni Love Live! Ni Cincuenta Sombras me pertenece, es de sus respectivos autores.
Por mucho que me gustaría besarte durante todo el día, el desayuno se está enfriando —murmura Eli contra mis labios. Su mirada cae hacia mí, ahora divertida, con excepción de sus ojos que están más oscuros, sensuales. Santo cielo, ha cambiado de nuevo. Mi Sr. Voluble
—Come —me ordena, su voz es suave. Trago duro, una reacción a su mirada ardiente y me arrastro de nuevo a la cama, evitando enganchar mi vía intravenosa. Él empuja la bandeja delante de mí. La avena está fría, pero los panqueques debajo de la cubierta están muy bien... de hecho, están deliciosos.
—Sabes —murmuro entre bocado y bocado—, Blip podría ser una niña.
Eli pasa una mano por su cabello. —Dos mujeres, ¿eh? —La alarma parpadea en su rostro y su mirada oscura se desvanece.
Oh, mierda. —¿Tienes alguna preferencia?
—¿Preferencia?
—Niño o niña.
Frunce el ceño. —Saludable estará bien —dice en voz baja, claramente desconcertado por la pregunta—. Come —espeta y sé que está tratando de evitar el tema.
—Estoy comiendo, estoy comiendo... Por Dios, cálmate, Ayase. —Lo observo con cuidado. Las comisuras de sus ojos se arrugan por la preocupación. Ha dicho que lo va a intentar, pero sé que todavía está asustado por el bebé. Oh, Eli, yo también. Se sienta en el sillón junto a mí, recogiendo el AkihabaraTimes.
—Estás en los periódicos otra vez, Sra. Ayase. —Su tono es amargo.
—¿Otra vez?
—Los periodistas están sólo reproduciendo la historia de ayer, pero parece fidedigna y veraz. ¿Quieres leerla?
Niego con la cabeza. —Léela para mí. Estoy comiendo.
Él sonríe y procede a leer el artículo en voz alta. Se trata de un informe sobre Jack y Elizabeth, representándolos como unos Bonnie y Clyde modernos. Tratan brevemente el secuestro de Honoka, mi participación en el rescate de Honoka y el hecho de que Jack y yo estamos en el mismo hospital.
¿Cómo obtuvo la prensa toda esta información? Debo preguntar a Anju.
Cuando Eli termina, yo digo: —Por favor, lee otra cosa. Me gusta escucharte.
Me complace y lee un informe sobre un negocio de rosquillas en pleno auge y el hecho de que Boeing ha tenido que cancelar el lanzamiento de algún avión.
Eli frunce el ceño mientras lee. Sin embargo, escuchar su voz suave mientras como, con la certeza de que estoy bien, Honoka está a salvo y mi Pequeño Blip seguro, siento un momento precioso de paz a pesar de todo lo que ha sucedido en los últimos días.
Entiendo que Eli tiene miedo por el bebé, pero no entiendo la profundidad de su miedo. Me propongo hablar con él un poco más acerca de esto. Ver si puedo poner su mente en calma. Lo que me intriga es que no ha carecido de modelos de roles positivos como padres. Tanto Kotori-san como Umi-san son padres ejemplares, o al menos eso parece. Tal vez fue la interferencia de la Perra Zorra lo que lo dañado tan gravemente.
Me gustaría pensar que sí. Pero en verdad, creo que se remonta a su madre biológica, aunque estoy segura de que la Sra. Robinson no ayudó para nada. Detengo mis pensamientos cuando estoy a punto de recordar una conversación en susurros. ¡Maldita sea! Se cierne sobre el borde de mi memoria de cuando estaba inconsciente. Eli hablando con Kotori-san. Se funde en las sombras de mi mente. Oh, es tanfrustrante.
Me pregunto si alguna vez Eli voluntariamente me dirá la razón por la que fue a verla o si voy a tener que presionarlo. Estoy a punto de preguntarle cuando tocan a la puerta.
El detective Clark se disculpa al entrar en la habitación. Él tiene razón en disculparse… se me cae el alma cuando lo veo.
—Sr. Ayase, Sra. Ayase. ¿Interrumpo?
—Sí —suelta Eli.
Clark no le hace caso. —Me alegra ver que está despierta, Sra. Ayase. Tengo que hacerle unas cuantas preguntas acerca de la tarde del jueves. Sólo rutina. ¿Es ahora un momento oportuno?
—Claro —murmuro, pero no quiero revivir los acontecimientos del jueves.
—Mi esposa debe estar descansando. —Sisea Eli.
—Seré breve, Sr. Ayase. Y eso significa que estaré fuera de su vista más pronto que tarde.
Eli se levanta y le ofrece su silla a Clark, luego se sienta a mi lado en la cama, toma mi mano y la aprieta para tranquilizarme.
Media hora más tarde, Clark ha terminado.
No he revelado nada nuevo, pero le he contado los acontecimientos del jueves en una voz vacilante, tranquila, viendo palidecer a Eli y respingar en algunas partes.
—Me hubiera gustado que apuntaras más alto —murmura Eli.
—Podría haberle hecho un favor al sexo femenino si la Nozomi-san lo hubiera hecho. —Concuerda Clark.
¿Qué?
—Gracias, Sra. Ayase. Eso es todo por ahora.
—No permitirá que salga de nuevo, ¿verdad?
—No creo que vaya a salir bajo fianza esta vez, señora.
—¿Aún no sabemos quién pagó su fianza? —pregunta Eli.
—No, señor. Es confidencial.
Eli frunce el ceño, pero creo que tiene sus sospechas. Clark se levanta para irse justo cuando la Dra. Singh y dos internos entran en la habitación.
Después de un minucioso examen, la Dra. Singh declara que puedo volver a casa. Eli se hunde con alivio.
—Sra. Ayase, tendrá que estar pendiente de cualquier desmejora con los dolores de cabeza o visión borrosa. Si esto ocurre, deberá regresar al hospital de inmediato.
Asiento con la cabeza, tratando de contener mi alegría por volver a casa.
Cuando la Dra. Singh se va, Eli le pide unas palabras en el pasillo. Mantiene la puerta entreabierta cuando le hace una pregunta. Ella sonríe.
—Sí, Sr. Ayase, eso está bien.
Él sonríe y vuelve a la habitación como un hombre más feliz.
—¿Qué fue todo eso?
—Sexo —dice, mostrando una sonrisa maliciosa. Oh. Me sonrojo. —¿Y?
—Estás bien para ello. —Sonríe.
¡Oh, Eli!
—Tengo dolor de cabeza. —Le sonrió de vuelta.
—Lo sé. Estarás fuera de los límites por un tiempo. Sólo estaba comprobando.
¿Fuera de los límites? Frunzo el ceño ante la puñalada de decepción momentánea que siento. No estoy segura de que quiero estar fuera de los límites.
La enfermera Nora se une a nosotros para retirarme la vía intravenosa. Ella mira a Eli. Creo que es una de las pocas mujeres que he conocido que es ajena a sus encantos. Le doy las gracias cuando se retira con la línea intravenosa.
—¿Quieres que te lleve a casa? —pregunta Eli.
—Me gustaría ver a Jinta primero.
—Claro.
—¿Sabe acerca del bebé?
—Pensé que te gustaría ser la primera en decírselo. Tampoco le he dicho nada a tu madre.
—Gracias. —Sonrío, agradecida de que no hubiese robado mi estruendo.
—Mi madre lo sabe —añade Eli—. Vio tu carta. Se lo dije a mi padre, pero a nadie más. Mamá dijo que las parejas suelen esperar doce semanas o menos... para estar seguros. —Se encoge de hombros.
—No estoy segura de estar lista para decírselo a Jinta.
—Debo advertirte, está enfadado como el infierno. Dijo que debería azotarte.
¿Qué? Eli se ríe de mi expresión horrorizada.
—Le dije que estaría muy dispuesto a complacerlo.
—¡No lo hiciste! —grito, aunque el eco de una conversación en susurros atormenta mi memoria. Sí, Jinta estuvo aquí mientras estaba inconsciente...
Me guiña el ojo. —Toma, Nico te trajo algo de ropa limpia. Voy a ayudarte a vestirte.
Como Eli predijo, Jinta está furioso. No recuerdo haberlo visto así de enfadado.
Eli decidió sabiamente dejarnos a solas. Para un hombre taciturno, Jinta llena la habitación de hospital con sus acusaciones, reprendiéndome por mi comportamiento irresponsable. Tengo doce años otra vez.
Oh, papá, por favor, cálmate. Tu presión arterial no está para esto.
—Y he tenido que lidiar con tu madre —se queja, agitando sus dos manos con exasperación.
—Papá, lo siento.
—¡Y pobre Eli! Nunca lo he visto así. Ha envejecido. Los dos hemos envejecido años en el último par de días.
—Jinta, lo siento.
—Tu madre está esperando tu llamada —dice en un tono más mesurado. Beso su mejilla y, finalmente, cede de su diatriba.
—Voy a llamarla. Lo siento mucho. Pero gracias por haberme enseñado a disparar.
Por un momento, me recompensa con un mal disimulado orgullo paternal.
—Me alegro de que hayas podido disparar derecho —dice, su voz es ronca—. Ahora vete a casa y descansa un poco.
—Te ves bien, papá. —Trato de cambiar de tema.
—Te ves pálida. —Su temor es de pronto evidente.
Su mirada refleja la de Eli de la noche anterior, por lo que agarro su mano.
—Estoy bien. Te prometo que no haré nada como eso otra vez. Él me aprieta la mano y me tira en un abrazo.
—Si algo te pasara… —susurra con voz ronca y baja. Las lágrimas pinchan mis ojos. No estoy acostumbrada a las muestras de emoción de mi padrastro.
—Papá, estoy bien. Nada que una ducha de agua caliente no vaya a curar.
Salimos por la salida trasera del hospital para evitar a los paparazzi situados en la entrada.
Nico nos lleva hasta una camioneta a la espera.
Eli permanece callado mientras Sawyer nos lleva a casa. Evito la mirada de Sawyer en el espejo retrovisor, avergonzada de que la última vez que lo vi fue en el banco cuando le di esquinazo. Llamo a mi madre, quien solloza y solloza. Me lleva la mayor parte del viaje a casa calmarla, pero tengo éxito con la promesa de que la visitaremos pronto.
A lo largo de mi conversación con ella, Eli sostiene mi mano, rozando su pulgar a través de mis nudillos. Él está nervioso... algo ha sucedido.
—¿Qué pasa? —le pregunto cuando por fin estoy libre de mi madre.
—Welch quiere verme.
—¿Welch? ¿Por qué?
—Ha encontrado algo acerca de ese hijo de puta de Hyde. —El labio de Eli se enrosca en un gruñido y un escalofrío de miedo me recorre—. No quería decírmelo por teléfono.
—Oh.
—Va a venir esta tarde hasta aquí desde Detroit.
—¿Crees que ha encontrado una conexión?
Eli asiente con la cabeza.
—¿Qué crees que es?
—No tengo ni idea. —La frente de Eli se surca, perplejo.
Nico entra en el garaje del Escala y se detiene al lado del ascensor para dejarnos salir antes de estacionarse.
En el garaje, podemos evitar la atención de los fotógrafos que esperaban. Eli me urge a salir del coche. Manteniendo su brazo alrededor de mi cintura, me lleva a esperar el ascensor.
—¿Contenta de estar en casa? —pregunta.
—Sí —le susurro. Pero cuando estoy de pie en el entorno familiar del ascensor, la enormidad de lo que he pasado se estrella sobre mí y me pongo a temblar.
—Oye… —Eli envuelve sus brazos a mi alrededor y me acerca a él—. Estás en casa. Estás a salvo —dice, besando mi cabello.
—Oh, Eli. —Una presa que ni siquiera sabía que tenía dentro, estalla y me pongo a llorar.
—Tranquila —susurra Eli, acunando mi cabeza contra su pecho.
Pero ya es demasiado tarde. Lloro, abrumada, en su camiseta, recordando el depravado ataque de Jack "¡Esto es por AIPS, maldita perra!" por decirle a Eli que me iba "¿Me vas a dejar?" y por mi miedo, mi desgarrador temor por Honoka, por mí y por Pequeño Blip.
Cuando las puertas del ascensor se abren, Eli me levanta como a un niño y me lleva al vestíbulo. Envuelvo mis brazos alrededor de su cuello y me aferro a él, sollozando en voz baja.
Él me lleva a través de nuestro cuarto de baño y suavemente me deja en la silla. —¿Bañera? —pregunta.
Niego con la cabeza. No... no… no como Mayuri.
—¿Ducha? —Su voz está ahogada por la preocupación.
A través de mis lágrimas, asiento con la cabeza. Quiero lavar la suciedad de los últimos días, lavar la memoria del ataque de Jack. "Puta oportunista". Sollozo en mis manos cuando el sonido del agua cayendo de la ducha se hace eco en las paredes.
—Oye —canturrea Eli. De rodillas frente a mí, saca mis manos lejos de mis mejillas llorosas y acuna mi rostro entre sus manos. Lo miro de frente, parpadeando mis lágrimas.
—Estás a salvo. Los dos lo están —susurra.
Blip y yo. Mis ojos rebosan de lágrimas otra vez.
—Basta, ya. No puedo soportarlo cuando lloras. —Su voz es ronca. Sus pulgares limpian mis mejillas, pero mis lágrimas fluyen todavía.
—Lo siento, Eli. Sólo lo siento por todo. Por hacer que te preocupes, por arriesgar todo… por las cosas que dije.
—Calla, nena, por favor. —Besa mi frente—. Lo siento. Se necesitan dos para pelear, Nozomi. —Él me da una sonrisa torcida—. Bueno, eso es lo que mi madre dice siempre. Dije cosas e hice cosas de las que no estoy orgulloso. —Sus ojos azules lucen sombríos pero penitentes—. Vamos a desvestirte.
Su voz es suave. Me limpio la nariz con el dorso de mi mano y me besa en la frente una vez más.
Rápidamente me quita la ropa, teniendo especial cuidado cuando tira de la camiseta por encima de mi cabeza. Pero mi cabeza ya no está muy dolorida. Guiándome a la ducha, se quita su propia ropa en un tiempo récord antes de entrar en la bienvenida agua caliente conmigo. Me empuja en sus brazos y me abraza, me sostiene mucho tiempo, mientras el agua borbotea sobre nosotros, calmándonos a los dos.
Me deja llorar en su pecho. De vez en cuando besa mi cabello, pero no me deja ir, simplemente me mece suavemente por debajo del agua caliente. Para sentir su piel contra la mía, los vellos de su pecho contra mi mejilla... a este hombre que amo, este desconfiado hombre hermoso, el hombre que podría haber perdido por mi propia imprudencia. Me siento vacía y dolorida ante la idea pero agradecida de que él está aquí, sigue aquí… a pesar de todo lo que pasó.
Tiene algunas explicaciones que dar, pero ahora quiero disfrutar del contacto de sus brazos consoladores, protectores a mí alrededor. Y en ese momento se me ocurre; las explicaciones de su parte tienen que venir de él. No puedo obligarlo, tiene que querer decirme. No voy a ser catalogada como la esposa gruñona, constantemente tratando de sonsacar información de su marido. Es simplemente agotador. Sé que me ama. Sé que me ama más de lo que ha amado a nadie, y por ahora, eso es suficiente.
La realización es liberadora. Dejo de llorar y doy un paso atrás.
—¿Mejor? —pregunta. Asiento con la cabeza.
—Bien. Deja que te mire —dice, y por un momento no sé lo que quiere decir. Pero toma mi mano y examina el brazo sobre el que caí cuando Jack me golpeó. Hay golpes en mi hombro y raspones en mi codo y muñeca. Besa cada uno de ellos. Agarra un paño y gel de ducha de la repisa y el dulce aroma familiar del jazmín llena mis fosas nasales.
—Date la vuelta. —Suavemente, procede a lavar mi brazo lesionado, después mi cuello, mis hombros, espalda y mi otro brazo. Me vuelve hacia los lados y desliza sus largos dedos por mi costado. Me estremezco cuando pasan sobre la gran contusión en mi cadera. La mirada de Eli se endurece y sus labios forman una delgada línea. Su ira es palpable mientras silba a través de sus dientes.
—No duele —murmuro para tranquilizarlo.
Sus radiantes ojos azules se encuentran con los míos. —Quiero matarlo. Casi lo hago —susurra misteriosamente.
Frunzo el ceño y luego tiemblo ante su expresión sombría. Él escurre más gel de ducha en el paño y con ternura, dolorosamente gentil, enjuaga mi costado y mi trasero y luego, de rodillas, se mueve por mis piernas. Se detiene para examinar mi rodilla. Sus labios rozan el moretón antes de regresar a enjuagar mis piernas y mis pies. Inclinándome, acaricio su cabeza, pasando mis dedos por su cabello mojado. Se pone de pie y sus dedos trazan el contorno de la contusión en mis costillas donde Jack me dio una patada.
—Oh, nena —se queja, su voz llena de angustia, sus ojos oscuros con furia.
—Estoy bien. —Halo su cabeza hacia abajo a la mía y beso sus labios. Está reacio a devolverlo, pero a medida que mi lengua se encuentra con la suya, su cuerpo se mueve en mi contra.
—No —susurra contra mis labios, y se retira—. Vamos a limpiarte.
Su rostro está serio. Maldita sea... Lo dice en serio. Pongo mala cara y el ambiente entre nosotros se ilumina en un instante. Él sonríe y me besa brevemente.
—Limpiar —enfatiza—. No ensuciar.
—Me gusta sucio.
—A mí también, Sra. Ayase. Pero no ahora, no aquí.
Agarra el champú y antes de que pueda persuadirlo de lo contrario, está lavando mi cabello.
También me encanta lo limpio. Me siento renovada y revitalizada y no sé si se trata de la ducha, el llanto, o mi decisión de dejar de presionar a Eli por todo. Me envuelve en una toalla grande y enrolla una alrededor de sus caderas, mientras que con cautela seco mi cabello. Me duele la cabeza, pero es un dolor sordo persistente más manejable. Tengo algunos analgésicos de la Dra. Singh, pero ella me pidió que no los usara a no ser que tuviera que hacerlo.
A medida que seco mi cabello, pienso en Elizabeth.
—Todavía no entiendo por qué Elizabeth estaba involucrada con Jack.
—Yo sí —murmura Eli oscuramente.
Esto es nuevo. Le frunzo el ceño, pero estoy distraída.
Se está secando el cabello con una toalla, su pecho y hombros están húmedos, con gotas de agua que brillan bajo las luces halógenas. Hace una pausa y sonríe.
—¿Disfrutas de la vista?
—¿Cómo lo sabes? —pregunto, tratando de ignorar que he sido sorprendida mirando a mi propio marido.
—¿Que estás disfrutando de la vista? —bromea.
—No —lo regaño—. Acerca de Elizabeth.
—El detective Clark dio a entender eso.
Le doy mi expresión de "dime más", y otro recuerdo persistente de cuando estaba inconsciente resurge. Clark estaba en mi habitación. Me gustaría poder recordar lo que dijo.
—Hyde tenía videos. Videos de todos ellos. En varias unidades de memoria USB.
¿Qué? Frunzo el ceño, mi piel estirándose a través de mi frente.
—Videos de él follando con ella y todas sus APs.
¡Oh!
—Exactamente. Material de chantaje. A él le gusta rudo. —Eli frunce el ceño y veo la confusión seguida por el disgusto cruzar su rostro. Palidece cuando su disgusto se convierte en coche odio. Por supuesto… a Eli también le gusta rudo.
—No. —La palabra sale de mi boca antes de que pueda detenerla.
Su entrecejo se profundiza aún más. —¿No qué? —Permanece quieto y me observa con aprensión.
—No eres para nada como él.
Los ojos de Eli se endurecen, pero no dice nada, lo que confirma que era exactamente lo que estaba pensando.
—No lo eres. —Mi voz es firme.
—Estamos cortados por la misma tijera.
—No, no es así —suelto, aunque entiendo por qué puede pensar lo contrario. "Su padre murió en una trifulca en un bar. Su madre se bebió en el olvido. Él entraba y salía de orfanatos cuando niño, dentro y fuera de problemas, también… sobre todo robando autos. Pasó un tiempo en el reformatorio." Recuerdo la información que Eli reveló en el avión a Aspen.
—Los dos tienen un pasado conflictivo. Eso es todo, Eli. —Empuño mis manos en mis caderas.
—Nozomi, tu fe en mí es conmovedora, especialmente a la luz de los últimos días. Sabremos más cuando Welch esté aquí. —Está desestimando el tema.
—Eli…
Me detiene con un beso. —Basta —suspira y recuerdo la promesa que me hice a mí misma de no acosarlo para obtener información.
—Y no pongas mala cara —añade—. Ven. Déjame secar tu cabello. Y sé que el tema está cerrado.
Después de vestirme con pantalones de chándal y una camiseta, me siento entre las piernas de Eli mientras él seca mi cabello.
—Así que, ¿Clark te dijo otra cosa, mientras estaba inconsciente?
—No que yo recuerde.
—Escuché algunas conversaciones. El cepillo se detiene en mi cabello.
—¿En serio? —pregunta, su tono es indiferente.
—Sí. Mi padre, tu padre, el detective Clark... tu madre.
—¿Y Anju?
—¿Anju estaba allí?
—Por poco tiempo, sí. También está enfadada contigo.
Me giro en su regazo. —Detente con la basura de todo el mundo está enfadado con Nozomi, ¿de acuerdo?
—Sólo te digo la verdad —dice Eli, desconcertado por mi arrebato.
—Sí, fue imprudente, pero lo sabes, tu hermana estaba en peligro.
Su cara decae. —Sí. Lo estaba. —Apagando el secador de pelo, lo pone en la cama junto a él. Agarra mi barbilla.
—Gracias —dice, sorprendiéndome—, pero no más imprudencias. Porque la próxima vez, voy a azotarte hasta que me canse.
Jadeo.
—¡No lo harías!
—Lo haría. —Está serio. Santo cielo. Muy en serio—. Tengo el permiso de tu padrastro.
Él sonríe. ¡Me está tomando el pelo! ¿O no? Me lanzo hacia él y se retuerce para que yo caiga en la cama y en sus brazos. Mientras aterrizo, el dolor de mis costillas brota a través de mí y doy un respingón.
Eli palidece.
—¡Compórtate! —me amonesta y por un momento está enfadado.
—Lo siento —murmuro y acaricio su mejilla. Me acaricia la mano y la besa con cuidado.
—Honestamente, Nozomi, de verdad no tienes ningún respeto por tu propia seguridad. —Levanta el dobladillo de mi remera y apoya sus dedos en mi vientre. Dejo de respirar—. Ya no eres sólo tú —susurra, arrastrando la yema de sus dedos alrededor de la línea de mi cintura, acariciando mi piel.
El deseo explota inesperado, caliente y pesado en mi sangre. Jadeo y Eli se tensa, deteniendo sus dedos y mirándome. Mueve su mano hacia arriba y coloca un mechón de pelo detrás de mi oreja.
—No —susurra.
¿Qué?
—No me mires así. He visto los moretones. Y la respuesta es no. —Su voz es firme y besa mi frente.
Me retuerzo.
—Eli —lloriqueo.
—No. Métete en la cama. —Se sienta.
—¿Cama?
—Necesitas descansar.
—Te necesito a ti.
Cierra sus ojos y sacude su cabeza como si fuera un gran esfuerzo resistirse. Cuando los abre de nuevo, brillan con resolución.
—Sólo haz lo que se te dice, Nozomi.
Me tienta sacarme toda la ropa, pero entonces recuerdo todos mis moretones y sé que no ganaré de esa manera.
De mala forma, asiento.
—Está bien. —Deliberadamente le doy un puchero exagerado. Sonríe, divertido.
—Te traeré algo para almorzar.
—¿Vas a cocinar? —casi me desplomo. Él tiene la gracia de reír.
—Voy a calentar algo. Okimura-san ha estado ocupada.
—Eli, yo lo haré. Estoy bien. Demonios, quiero sexo... ciertamente puedo cocinar. —Me siento torpemente, tratando de esconder el estremecimiento por mis costillas resentidas.
—¡Cama! —Los ojos de Eli destellan y señala la almohada.
—Ven conmigo —murmuro, deseando estar usando algo un poco más atractivo que pantalones deportivos y una remera.
—Nozomi, métete en la cama. Ahora.
Frunzo el ceño, me pongo de pie y dejo que mis pantalones se caigan al piso sin ceremonias, mirándolo todo el tiempo. Su boca se tuerce con humor mientras tira de vuelta el edredón.
—Oíste a la Dra. Singh. Ella dijo reposo. —Su voz es apacible. Me deslizo en la cama y cruzo mis brazos con frustración—. Quieta —dice, claramente disfrutando.
Mi ceño se profundiza.
La sopa de pollo de la Okimura-san es, sin duda, uno de mis platos favoritos. Eli come conmigo, sentado en el medio de la cama con las piernas cruzadas.
—Eso estaba muy caliente. —Sonrío y él sonríe. Estoy llena y soñolienta.
¿Ese era su plan?
—Pareces cansada. —Recoge mi bandeja.
—Lo estoy.
—Bien. Duerme. —Me besa—. Tengo un poco de trabajo que necesito hacer. Lo haré aquí si eso está bien para ti.
Asiento... luchando una batalla perdida con mis párpados. No sabía que el caldo de pollo podía ser tan agotador.
Es el crepúsculo cuando me despierto. Luces rosa pálido inundan el cuarto. Eli está sentado en el sillón, mirándome, sus ojos azules luminosos en la luz natural. Tiene unos papeles. Su cara está blanca.
¡Mierda!
—¿Qué está mal? —pregunto inmediatamente, sentándome e ignorando las protestas de mis costillas.
—Welch acaba de irse.
Oh, mierda.
—¿Y?
—Viví con el maldito —susurra.
—¿Viviste? ¿Con Jack?
Él asiente, sus ojos grandes.
—¿Están relacionados?
—No, por Dios, no.
Me arrastro y aparto el edredón, invitándolo a la cama a mi lado y para mi sorpresa no duda. Patea lejos sus zapatos y se desliza a mi lado. Envolviendo un brazo a mi alrededor, se enrosca, descansando su cabeza en mi pecho. Estoy atónita. ¿Qué es esto?
—No entiendo —murmuro, deslizando mis dedos por su cabello y mirándolo. Eli cierra sus ojos y frunce el ceño como si se esforzara por recordar.
—Después de que me encontraran con la puta drogadicta, antes de ir a vivir con Umi y Kotori, estuve al cuidado del Estado. Viví en una casa de acogida. Pero no puedo recordar nada sobre aquel tiempo.
Mi mente se tambalea. ¿Una casa de acogida? Esto es nuevo para nosotros.
—¿Por cuánto tiempo? —susurro.
—Dos meses más o menos. No tengo recuerdos.
—¿Has hablado de ello con tu madre y tu padre?
—No.
—Quizás deberías. Tal vez ellos puedan llenar los espacios en blanco. Me abraza fuerte.
—Toma. —Me entrega los papeles, que resultan ser dos fotografías. Me estiro y enciendo la luz de al lado para poder examinarlas en detalle. La primera es de una casa en mal estado con una puerta amarilla y una gran ventana en la azotea. Tiene un pórtico y un pequeño jardín delantero. Es una casa mediocre.
La segunda foto es de una familia, a primera vista, una familia ordinaria de clase obrera, un hombre, su esposa, creo, y sus hijos. Los dos adultos están vestidos con desaliñadas y desteñidas remeras azules. Deben estar por sus cuarenta. La mujer tiene pelo largo y rubio con una raya y el hombre el pelo rapado, pero los dos están sonriendo cálidamente a la cámara. El hombre tiene su mano sobre una malhumorada adolescente. Miro a cada uno de los chicos: dos chicos, mellizos idénticos de alrededor de 12 años, los dos con el cabello color arena, sonriendo a la cámara; hay otro chico, que es más pequeño, con cabello rojizo, frunciendo el ceño; y oculto detrás de él, un pequeño chico con cabello rubio y ojos azules. Ojos grandes y asustados, vestido en ropas sin combinar y agarrando una manta sucia.
Maldición.
—Éste eres tú —susurro, mi corazón sacudiéndose en mi garganta. Sé que Eli tenía cuatro años cuando su madre murió. Pero este chico lucía mucho más joven. Debe haber estado severamente desnutrido. Reprimo un sollozo mientras las lágrimas surgen en mis ojos.
Oh, mi dulce Cincuenta.
Eli asiente.
—Ese soy yo.
—¿Welch trajo estas fotos?
—Sí, no recuerdo nada de esto. —Su voz es neutra y sin vida.
—¿No recuerdas haber estado con padres adoptivos? ¿Por qué deberías? Eli, fue hace mucho tiempo. ¿Es esto lo que te está preocupando?
—Recuerdo otras cosas, antes y después. Cuando conocí a mi madre y mi madre. Pero esto... Es como si hubiera un gran abismo.
Mi corazón se retuerce y nace la comprensión. A mi querido loco del control le gusta tenerlo todo en su lugar y ahora ha descubierto que le falta parte del rompecabezas.
—¿Está Jack en esta foto?
—Sí, el chico mayor. —Los ojos de Eli todavía están cerrados con fuerza y se aferra a mí como si fuera una balsa salvavidas. Deslicé mis dedos a través de su cabello mientras observaba al chico mayor que está mirando, desafiante y arrogante, a la cámara. Puedo ver que es Jack. Pero sólo es un chico, un triste chico de ocho o nueve años, escondiendo su miedo detrás de su hostilidad. Un pensamiento se me ocurre.
—Cuando Jack me llamó para decirme que tenía a Honoka, dijo que si las cosas hubieran sido diferentes, podría haber sido él.
Eli cierra sus ojos y se encoge.
—¡Ese maldito!
—¿Crees que hizo todo esto porque los Ayase te adoptaron a ti en vez de a él?
—¿Quién sabe? —El tono de Eli es amargo—. No doy una mierda por él.
—Quizá sabía que nos estábamos viendo cuando fui a esa entrevista de trabajo. Tal vez planeó seducirme todo el tiempo. —La bilis sube por mi garganta.
—No lo creo —murmura Eli, sus ojos ahora abiertos—, las investigaciones que hizo sobre mi familia no empezaron sino como una semana después de que empezaras a trabajar en AIPS. Barney sabe las fechas exactas. Y, Nozomi, él tuvo relaciones sexuales con todas sus ayudantes y las grabó. —Eli cierra sus ojos y aprieta su agarre una vez más.
Suprimiendo el temblor que me recorría, traté de recordar mis muchas conversaciones con Jack cuando empecé en AIPS. En el fondo sabía que él era malo, aún ignorando todos mis instintos. Eli tiene razón, no tengo consideración por mi propia seguridad. Recuerdo la discusión que tuvimos sobre ir a Nueva york con Jack. Diablos... podría haber terminado en algún vergonzoso video sexual. El pensamiento es nauseabundo. Y en ese momento es cuando recuerdo las fotografías que Eli tenía de sus sumisas.
Oh, mierda. Estamos cortados con la misma tijera. No, Eli, no lo estás, no eres nada como él. Todavía está enroscado a mi alrededor como un niño pequeño.
—Eli, creo que deberías hablar con tus padres. —Me niego a moverlo, me muevo y me giro en la cama hasta que estamos cara a cara.
Una mirada azul desconcertada se encuentra con la mía, recordándome al chico en la fotografía.
—Déjame llamarlos —susurro. Él sacude su cabeza—. Por favor. —ruego. Eli me mira, el dolor y la duda reflejados en sus ojos cuando considera mi pedido. Oh, Eli, ¡por favor!
—Yo los llamaré —susurra.
—Bien. Podemos ir y verlos juntos o puedes ir tú. Lo que prefieras.
—No. Ellos pueden venir aquí.
—¿Por qué?
—No quiero que tú vayas a ningún lado.
—Eli, es sólo un viaje en coche.
—No. —Su voz es firme pero me da una sonrisa irónica—. De todas maneras, es sábado por la noche, probablemente están en alguna función.
—Llámalos. Estas noticias obviamente te han disgustado. Tal vez ellos sean capaces de darte alguna luz. —Miro la alarma. Son casi las siete de la tarde. Me mira sin inmutarse por un momento.
—Está bien —dice como si le hubiera propuesto un reto. Sentándose, agarra el teléfono de al lado de la cama.
Envuelvo mi brazo a su alrededor y descanso mi cabeza en su espalda mientras hace la llamada.
—¿Papá? —Registro su sorpresa de que Umi-san contestara el teléfono—. Nozomi está bien. Estamos en casa. Welch acaba de irse. Encontró la conexión... la casa de acogida en Detroit... no recuerdo nada de eso. —La voz de Eli es casi inaudible cuando murmura la última oración. Mi corazón se contrae una vez más. Lo abrazo y él aprieta mi brazo.
—Sí... ¿Lo harán?... Genial. —Cuelga—. Están en camino. —Suena sorprendido y me doy cuenta de que probablemente nunca les ha pedido ayuda.
—Bien. Debería vestirme.
El brazo de Eli se aprieta a mi alrededor.
—No vayas.
—Está bien. —Me acurruco otra vez a su lado, atontada por el hecho de que me hubiera contado un montón de cosas sobre él... completamente por su voluntad.
Cuando estamos en el umbral de la gran sala, Kotori-san me envuelve con cuidado entre sus brazos.
—Nozomi, Nozomi, Nozomi querida —susurra—. Salvando a dos de mis hijos. ¿Cómo puedo agradecértelo alguna vez?
Me sonrojo, tocada y avergonzada en igual medida por sus palabras. Umi-san también me abraza, besando mi frente.
Luego Honoka-chan me agarra, aplastando mis costillas. Me estremezco y jadeo, pero ella no lo nota.
—Gracias por salvarme de aquel idiota. Eli le frunce el ceño.
—¡Honoka! ¡Cuidado! Está adolorida.
—¡Oh! Lo siento.
—Estoy bien —murmuro, aliviada cuando me libera.
Ella luce bien. Vestida impecablemente en unos jeans apretados y una blusa rosa pálida con volados. Me alegro de estar usando mi cómodo vestido de envolvente y sandalias planas. Al menos luzco razonablemente presentable.
Corriendo hacia Eli, Honoka envuelve su brazo alrededor de su cintura.
Sin decir nada, él le da la foto a Kotori-san. Ella jadea, su mano vuela a su boca para contener la emoción cuando reconoce instantáneamente a Eli. Umi-san envuelve su brazo alrededor de los hombros de ella mientras él también la examina.
—Oh, querido. —Kotori-san acaricia la mejilla de Eli. Nico aparece.
—¿Sr. Ayase? Yuuki-san, el hermano de ella y su hermano están llegando, señor.
Eli frunce el ceño.
—Gracias, Nico —murmura, perplejo.
—Llame a Eren y le dije que veníamos —sonríe Honoka—, es una fiesta de bienvenida.
Le echo un vistazo comprensivo a mi marido cuando Kotori-san y Umi-san miran a Honoka con exasperación.
—Mejor consigamos algo para comer—declaro—. Honoka ¿me echarías una mano?
—Oh, me encantaría.
La llevo a la cocina mientras Eli guía a sus padres a su estudio.
Anju está enfurecida con justificada indignación dirigida hacia mí, hacia Eli pero sobre todo hacia Jack y Elizabeth.
—¿En qué estabas pensando, Nozomi? —grita cuando me confronta en la cocina, causando que todos los ojos en el cuarto se giren y miren.
—Anju, por favor. ¡He recibido el mismo discurso de todos! —replico. Ella me mira y por un momento creo que voy a ser objeto de un sermón sobre cómo-no-sucumbir-ante-secuestradores de Yuuki Anju, pero en cambio me abraza.
—Mierda... a veces no tienes el cerebro con el que naciste, Toujo — susurra. Y besa mi mejilla, hay lágrimas en sus ojos. ¡Anju!—. He estado tan preocupada por ti.
—No llores. Me harás llorar.
Se aparta y seca sus ojos, avergonzada, luego respira hondo y se compone.
—Por un lado más positivo, hemos puesto fecha para nuestra boda. Pensamos en el próximo mayo. Y por supuesto quiero que tú seas mi madrina de honor.
—Oh... Anju... Wow. ¡Felicidades! —Mierda... Pequeño Blip... ¡Junior!
—¿Qué es? —pregunta, malinterpretando mi alarma.
—Um... sólo estoy tan feliz por ti. Algunas buenas noticias para variar.
La envuelvo en mis brazos y la abrazo. Mierda, mierda, mierda. ¿Para cuándo está previsto que nazca Blip? Calculo mentalmente la fecha. La
Dra. Menma dijo que estaba de cuatro o cinco semanas. Entonces... ¿en algún momento en mayo? Mierda.
Eren me da una copa de champagne.
Oh. Mierda.
Eli emerge del estudio, luciendo pálido y siguiendo a sus padres al salón. Sus ojos se abren cuando ve la copa en mi mano.
—Anju —la saluda fríamente.
—Eli. —Ella es igual de fría. Suspiro.
—Sus medicinas, Sra., Ayase. —Sus ojos en la copa en mi mano.
Estrecho mis ojos. Caray. Quiero una bebida. Kotori-san sonríe mientras se une a mí en la cocina, tomando una copa de Eren por el camino.
—Un sorbo estará bien —susurra con un guiño de complicidad hacia mí y levanta su copa para chocarla con la mía.
Umi-san se nos une, poniendo sus brazos alrededor de nosotras y Kotori-san besa su mejilla antes de unirse a Honoka en el sofá.
—¿Cómo está él? —Le susurro a Umi-san cuando nos quedamos solos en la cocina mirando a la familia en el sofá. Noto con sorpresa que Honoka-chan y Maki-kun están tomados de las manos.
—Conmocionado —murmura Umi-san hacia mí, su frente arrugada, su cara seria—. Recuerda muchas cosas de su vida con su madre biológica, cosas que desearía que no recordara. Pero esto... —Se detiene—. Espero que lo hayamos ayudado. Me alegro que nos haya llamado. Él dijo que tú le dijiste que lo hiciera. —La mirada de Umi-san se suaviza. Me encojo y tomo un sorbo de champagne—. Eres muy buena para él. No escucha a nadie más.
Frunzo el ceño. No creo que eso sea verdad. El espectro inoportuno de la Perra Zorra aparece en mi mente. Sé que Eli también habla con Kotori-san. Lo escuché. De nuevo siento un momento de frustración cuando trato de comprender la conversación de ellos en el hospital, pero todavía me elude.
—Vamos a que te sientes, Nozomi. Pareces cansada. Estoy seguro de que no estabas esperándonos a todos aquí esta tarde.
—Es genial verlos a todos. —Sonrío. Porque es verdad, es genial. Sólo soy una niña que se ha emparentado con una familia grande y sociable y lo amo. Me acurruco al lado de Eli.
—Un trago —sisea y toma la copa de mi mano.
—Sí, señor —pestañeo, desarmándolo completamente.
—Mis padres creen que caminas sobre el agua —murmura Eli cuando se quita la remera.
Yo estoy enroscada en la cama mirando el espectáculo.
—Qué bueno que pienses diferente —resoplo.
—Oh, no lo sé. —Se quita los jeans.
—¿Llenaron tus espacios en blanco?
—Algunos.
—¿Cómo te sientes con eso? —susurro. Frunce el ceño.
—¿Sobre no tener parientes vivos? Que se jodan. Si fueran como la puta adicta al crack... —Sacude su cabeza con disgusto.
¡Oh, Eli! Eras un niño y amabas a tu mamá.
Se desliza en su pijama, trepa a la cama y con cuidado me hala hacia sus brazos.
—Está regresando a mí. Recuerdo la comida. La Sra. Collier sabía cocinar. Y al menos ahora sabemos por qué el maldito está tan traumado con mi familia. —Desliza su mano libre por su cabello—. ¡Mierda! —dice de repente girándose para mirarme boquiabierto.
—¿Qué?
—¡Tiene sentido ahora! —Sus ojos están llenos de reconocimiento.
—¿Qué?
—Pajarito. La Sra. Collier solía llamarme Pajarito. Frunzo el ceño.
—¿Eso tiene sentido?
—La nota —dice mirándome—. La nota de rescate que dejó ese maldito. Decía algo como "¿Sabes quién soy? Porque yo sé quién eres, Pajarito".
Eso no tenía nada de sentido para mí.
—Eso es de un libro infantil. Cristo. Los Colliers lo tenían. Se llamaba... "¿Eres mi madre?" Mierda. —Sus ojos se abren—. Amaba ese libro.
Oh. Conozco ese libro. Mi corazón se sacude... ¡Cincuenta!
—La Sra. Collier solía leérmelo. Estoy perpleja y no sé qué decir.
—Cristo. Él sabía... el maldito sabía.
—¿Se lo dirás a la policía?
—Sí. Lo haré. Dios sabe que hará Clark con esa información. —Eli sacude la cabeza como tratando de aclarar sus pensamientos—. De cualquier manera, gracias por esta tarde.
Wow. Cambio de velocidad.
—¿Por qué?
—Ofrecerles comida a mi familia en un momento inesperado.
—No me lo agradezcas a mí, agradécele a Honoka y a la Sra. Jones. Ella mantiene bien abastecidas las despensas.
Él sacude su cabeza con exasperación. ¿A mí? ¿Por qué?
—¿Cómo se está sintiendo, Sra. Ayase?
—Bien. ¿Cómo se está sintiendo usted?
—Estoy bien. —Frunce el ceño... sin entender mi preocupación.
Oh... en ese caso. Arrastro mis dedos hacia abajo por su estómago hacia su sendero feliz.
Él se ríe y agarra mi mano.
—Oh, no. No tengas ideas. Hago un puchero y él suspira.
—Nozomi, Nozomi, Nozomi ¿qué voy a hacer contigo? —Besa mi cabello.
—Tengo algunas ideas. —Me retuerzo a su lado y me estremezco cuando el dolor irradia a través de la parte superior de mi cuerpo desde mis costillas magulladas.
—Nena, has pasado por demasiado. Además, tengo una historia para ti.
¿Oh?
—Tú querías saber... —Él se calma, cierra sus ojos y traga. Todo el pelo de mi cuerpo se eriza. Mierda.
Comienza con voz suave.
—Imagínate esto: un adolescente buscando ganar un poco de dinero adicional para poder continuar con su hábito secreto de beber. —Se mueve sobre su lado para estar acostados uno frente a otro mientras mira fijamente a mis ojos.
—Entonces estaba en el patio trasero en Lincolns limpiando algunos escombros y basura de la ampliación que el Sr. Lincoln acababa de hacer a su casa.
Mierda... está hablando.
