Capítulo diecisiete: Si fuera diferente
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Ya era el segundo día, así que la fecha límite para el regreso de la Uchiha era hoy, muy poco tiempo ahora que se daba cuenta la joven y también absurdo porque nadie "entrenaba" lo suficiente en un par de días cómo les dijo a todos que iba a ser lo bueno es que nadie noto lo absurdo que sonó el pretexto y en su lugar la apoyaron.
Sin embargo podía no irse ahora, tenía esa opción porque Naruto le dijo que podía tomarse el tiempo que quisiera para entrenar porque entendía lo frustrada que se sentía por su debilidad, él también pasó por lo mismo cuando era un niño por eso decidió irse en su momento con Jiraya, ¿pero eso no levantaría preocupaciones? Llamaría más la atención de sus amigos su larga ausencia y no creía que Boruto se quedaría de brazos cruzados esperándola lo más seguro es que intentaría seguirla , tal vez en el pasado fuera tan hostigoso y le daba su espacio siempre por eso rara vez estaban juntos cada quien con sus amistades pero desde que pasó lo de Mitsuki, Boruto ya casi caía en pánico si la perdía de vista, eso decía Sumire e Inojin porque siempre preguntaba por ella sino la veía por un muy largo rato, según ella porque era la única del equipo que le quedaba e intentaba sobreprotegerla pero ella no necesita que le cuidarán los pasos no era una inútil y por eso se enojaba.
Por esa loca razón no era conveniente desaparecerse tanto tiempo sino Boruto iría en su búsqueda sino sabía su paradero.
Entonces pensaba detenidamente si irse cada cierto tiempo como tenía planeado ¿era una mejor opción?
La verdad no. Irse cada semana o cada dos por unos tres días para ir a revisar el estado de Mitsuki era incluso más raro, se preguntarían todos ¿porque cada cierto tiempo se iba y a dónde?
Un periodo de entrenamiento cada quince días era ilógico, todos sabían que un entrenamiento así era inservible, nunca traía buenos resultados el entrenamiento con interrupciones, si alguien entrenaba debía ser por una temporada seguida sin periodos de descanso.
¡Qué problema!, ninguna de las dos opciones era viable. ¿Bajo qué pretexto vería entonces a Mitsuki?
¿Cómo seguirían en comunicación? – sin darse cuenta se estiro exasperada un poco los cabellos negros de los lados de su cabeza.
— ¿Te pasa algo Sarada? – detrás de ella la voz serena del peliblanco se interpuso en el camino de pensamientos de la morena
— No nada – negó frustrada. Ella estaba pensando en hacer un plan y aquel chico tan frío iba e interrumpía su imaginación.
— ¿Porque siempre dices que nada cuando estás distraída? – Lo preguntó curioso – ¿Es parte del comportamiento de las mujeres? Inojin siempre dice que las mujeres cuando quieren o piensan algo siempre contestan lo contrario, por eso siempre son confusas. Entonces ¿Cómo debo de empezar a entenderte? – sin querer, comenzaba a preocuparse por agradarle aunque fuera un poco a Sarada. Ya suficientes líos le había causado, lo menos que podía hacer por ella es darle tranquilidad.
— ¿A entenderme? – se giró hacía él y arqueo una ceja extrañada – No necesitas entenderme – exigió fastidiada – No necesito que me comprendas cada quien tiene sus propios problemas – comenzaba a irritarse, pero no era culpa de Mitsuki. Estaba molestándose por cualquier cosa porque por cada segundo que pasaba se sentía más y más atrapada en la propia telaraña de conflictos que ella hizo "por tratar de ser buena amiga de Mitsuki" y de la que no podía salir airosa viera como lo viera. Estaba condenada a quedarse ahí enredada entre esos hilos de seda tan letales.
— ¿Y cuáles son tus problemas? – continuó ingenuo del temperamento de ella. O no sabía que podía golpearlo o le gustaba arriesgarse – ¿En esos estoy incluido yo?
Mitsuki siempre encontraba la manera de desestabilizarla y con eso último lo logró acaparando su atención olvidando por un momento un poquito su enfado.
— ¿¡Tu!? – Alzó la voz incrédula – No te sientas tan importante Mitsuki – aseguró arrugando el ceño y enredando con su dedo una hebra de su cabello – Incluso tú tienes tus propios problemas. Todos los tenemos.
— Yo ya no los tengo – encogió los hombros cínicamente. A Sarada por supuesto la alteró, porque mientras ella a veces no podía dormir pensando en lo que ocurrirá el día de mañana con ellos, Mitsuki muy desvergonzadamente solo observaba. En realidad no estaba haciendo nada por ellos dos. Bien le había dicho antes, a él no le importaba su futuro, no tenía nada que lo atara a quedarse en un lugar por mucho tiempo. No hay que confundir; le importaban sus amigos y haría cualquier cosa por ellos, lo que no le importaba era él mismo.
— ¿Ah no? – Cruzó los brazos y comenzó a tamborilear sus dedos de la mano derecha en el brazo izquierdo – Te recuerdo que tienes el problema con tu padre y con la aldea entera.
— Esos no son mis problemas, son problemas de ellos. A mí no me preocupan
Acertó como muchas veces Sarada. Bien decía que a él no le importaba la situación como a ella. Eso sí que la hizo respingar de cólera, tanto que enderezó la postura como un general.
— Mira que fácil para ti, ¿¡Acaso no te da miedo morir!? Conmigo no intentes hacerte el valiente – escupió furiosa.
— Yo no intento nada – continuó con tono sereno – A mí no me importa la muerte, lo único importante son mis amigos.
— Sí que tú autoestima está por los suelos – articuló mirándolo como un enemigo.
— ¿Qué es eso?
— Creo que llegue a explicarte. Solo piensa que todos tenemos un motivo o varios por el que queremos sobrevivir.
— Pero si somos ninjas – encogió de nuevo los hombros – debemos resignarnos a la muerte. Rara vez un ninja muere por ancianidad. Eso yo lo sé muy bien.
— Mh – refunfuñó incómoda, pero si tenía que darle la razón, la vida de un ninja por lo general era corta pero era un honor morir en cumplimiento de su deber – entonces con mayor ganas debes de disfrutar la vida, comienza por eso Mitsuki para que por lo menos puedas morir feliz
— ¿Morir feliz?
— ¿Acaso no eres feliz? – se inclinó hacia el chico que estaba a metro y medio de ella en el bosque. Le insistía con la mirada filosa una respuesta.
— No sé...
— Bueno con más razón, no puedes morir sin primero ser feliz. Entonces intenta serlo.
— ¿Porque es tan importante ser feliz?
— Porque creo que es la obligación que tiene cada ser vivo, venimos a ser felices. Cuando logré alguien ser completamente feliz, morir ya no será tan importante ni triste.
Así que comienza a serlo.
— Hm no suena tan difícil serlo ¿o sí? ¿Hay reglas para poder ser feliz? – preguntó muy curioso.
— No hay ninguna regla – afirmó severa – Solo piensa en algo que te gustaría mucho que sucediera, y cuando se te cumpla entonces habrás llegado a ser feliz…
— ¿Ser feliz..?
— Claro. ¿Hay algo que tú deseas que sucediera?
— ¿Que piense en algo que yo quiera? ¿Y hacer que se cumpla? – meditó detenidamente posando su mano derecha debajo de su mentón, observando hacia arriba las ramas de los árboles por las que pasaban rayos de luz de sol, pensando en la única cosa que se le cruzó por la cabeza en automático sin haberlo pretendido, simplemente de manera natural una imagen ocupo su lugar, una fantasía. En la que estaba participando Sarada y él abrazados frente a frente. ¿Qué inocente no? Porque de pronto se volvían comunes esas ideas raras y banales que como un virus se propagaban a velocidad por su mente y más cuando ella le había formulado una pregunta súper importante.
¿Qué es lo que el más quería en el mundo que sucediera?
¿Realmente estar un momento con Sarada en una relación de ese tipo era algo que anhelaba hasta hace poco? No era más importante para él, desear mejor arreglar sus problemas de una vez para poder volver a la aldea como un simple ninja bajo las órdenes del Nanadaime.
"Claro. ¿Hay algo que tú deseas que sucediera?" – la pregunta volvió a él como un eco.
La verdad es que ya no le costaba tanto reconocer como al principio que Sarada le importaba mucho de otra forma a la que no podía aún ponerle nombre.
Debido a esos sentimientos nuevos que habían comenzado a sembrarse en su pecho ya podía diferenciar entre lo que sentía por Boruto y lo que sentía por ella. Antes pensaba que los dos le importaban de la misma manera.
No hubiera sido posible reconocer esto si esas emociones no hubieran interferido con más fuerza cada día de su vida sin su permiso.
Algo interesante le estaba ocurriendo a su cuerpo y con lo curioso que era estaba dispuesto a descubrir la causa y como controlarlo.
— Si...ya tengo algo en mente - contesto con una gran sonrisa.
— Ah eso es genial – mencionó con aburrimiento fingido – ¿y se puede saber qué es?
— ...No...
Genial. Esa respuesta no se la esperaba. Las chispas de la curiosidad salpicaron a Sarada.
— ¿Porque no Mitsuki? – Abrió los ojos de par en par abandonando el fingido aburrimiento anterior – Anda no lo contaré a nadie ¿qué es lo que más quieres hacer en el mundo?
— No tiene caso decirlo, no sé si se cumplirá – confesó quitando su sonrisa alegre de pronto.
— No seas tan negativo y esfuérzate por hacer que se cumpla – intentó darle ánimo en vano para convencerlo a que le contara – No seas tan egoísta y cuéntame qué es lo que quieres, tú ya sabes cuál es mi deseo, ser Hokage no es ningún secreto y voy a lograrlo – afirmó decidida – no creo que tu deseo sea imposible de cumplir, seguramente no es tan difícil como el mío. Anda cuenta, cuenta - siguió poniéndose insistente.
— ¿Pero de qué sirve? – No le hallaba sentido, como si confesarle su deseo fuera a hacer que se cumpliera, él era muy realista, más que ella – Además Boruto dice que si cuentas un deseo esté no se cumple – halló la manera perfecta de justificarse. La verdad es que temía que Sarada pudiera reaccionar mal si le contaba, no quería que se alejara y era lo más probable que haría conociendo el carácter inestable que tenía.
— Boruto se refiere a los deseos en tu cumpleaños pero tú ni siquiera sabes tú fecha de nacimiento así que no cuenta.
— Hm, bueno si lo dices de esa forma…– pareció reconsiderar decirlo.
— ¿Entonces vas a contarme? –preguntó esperanzada que hasta los ojos le brillaron.
— No…
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— Así es como Sarada decidió que podría mejorar su técnica. Eso te dijo también – comenzó a hablar animada Sakura mientras preparaba un pescado en la cocina. Sasuke estaba detrás de ella sentado en una silla del comedor tamborileando los dedos sobre la mesa. Para Sakura la presencia de Sasuke le bastaba para estar contenta en ausencia de su hija.
— Si...pero no creo que sea un método muy eficaz – se sinceró. Él no se distinguía precisamente por ser condescendiente con las palabras. Las cosas como son.
— Yo tampoco. Pero si esa es la manera en que cree que puede ayudarse está bien – tampoco ella era muy buena con las palabras, Naruto estaba de testigo pues siempre le decía de mala manera las cosas en la cara para a ver si así se le quitaba lo bruto.
— Naruto me dijo que la misión del equipo resultó bien.
Sakura se paralizó y abrió los ojos más de la cuenta sorprendida, dejó de menear la cuchara con la que revolvía el arroz blanco en el sartén por la impresión. Es que, a pesar de que era responsabilidad del Hokage hablar con la verdad sobre los asuntos de los hijos con los padres, no había pretendido decir pronto a Sasuke sobre la situación del equipo 7 porque su marido tenía sus propias preocupaciones y deberes y no quería estresarlo más de la cuenta hablándole del nuevo problema. También porque supuso que Naruto se lo había contado cuando fue Sasuke a verlo en el edificio del Hokage pero tal parece que las cosas se las dijo a medias.
— Ese tonto – gimoteo murmurando – es tan cobarde – rechinó sus dientes.
— ¿Dijiste algo? – supuso haber escuchado un susurro.
— eh, no – río totalmente nerviosa medio girando la cabeza hacia su marido – Así que Naruto te comento todo eh – volvió hacia el frente mientras se secaba las manos con un trapo.
Sasuke asintió calmado, la reacción de su esposa no pasó desapercibido para él. Pero prefirió no decir nada.
— Bueno los chicos cada día van adquiriendo más madurez y fuerza. No debería de sorprendernos el día que nos superen. El otro día Sarada llegó emocionada a casa porque había logrado activar un nuevo nivel de su Sharingan.
— No me lo ha mostrado – no estaba rencoroso por ello. Su hija se parecía a él en ese sentido. No les gustaba presumir de manera innecesaria el progreso de sus técnicas a menos que lo ameritara una situación muy importante.
— Supongo que no le parece suficiente progreso. Esa niña siempre se está exigiendo más de lo que ahora puede. Eh intentado hacerla entender que está bien que quiera superarse pero todo a su tiempo. Pienso que ahora está más avanzada de lo que yo estaba a su edad, excepto que va un poco atrasada en las técnicas médicas pero estoy segura que pronto las dominará – confió orgullosa de su primogénita – Aunque me preocupa algo; que se sienta presionada porque sus amigos tengan expectativas demasiado altas para el nivel que ahora tiene que no está nada mal.
— ¿Expectativas? – ¿a qué se refería Sakura?, se daba una ligera idea. Tal vez su apellido, el que por muchos años consideraron maldito, un dolor de cabeza para los Hokages. ¿Será que el oscuro pasado de los Uchiha perseguía ahora a la última descendiente del clan?, si es así, se sentía muy culpable por ello ya que él también colaboró para seguir alimentando la mala fama del clan con sus malévolas acciones.
— Si... – suspiró desconsolada cabizbaja hablándole de espaldas a su marido, más eso no era suficiente para ocultarle su estado de ánimo a quien mejor la conocía de años – no me lo quiere decir pero eh escuchado que Boruto y otros amigos suyos de vez en cuando hacen comentarios cuando me ven sin intención de incomodarla pero sé que lo logran.
— ¿Qué tipo de comentarios? – raro que mostrara inquietud el hombre más frío de la aldea.
— Creen que por ser mi hija es una experta en mis técnicas como yo lo soy. Ejercen presión sobre ella sin quererlo porque también es la única descendiente Uchiha y no de cualquiera sino del máximo rival del Hokage quien se supone es uno de los hombres más poderosos de Konoha. Estoy convencida que por eso se sobre esforzó en los últimos años hasta llegar a enfermarse de agotamiento pero yo quiero que crezca a su ritmo, más vale hacerlo por pasión que aprender por la fuerza. Eso no trae nada bueno Sasuke – se giró preocupada a mirarlo a él, algo había querido decirle con esa mirada como de reproche – Quiero que Sarada haga las cosas porque ya encontró su voluntad de fuego.
Y se lo decía a él, al hombre que le costó encontrar su propia voluntad. Sakura de hecho lo decía por él aunque intentó no sonar tan dura. Que por estar actuando por las razones incorrectas terminó confundiéndose y lastimándose.
— Ah. Entonces no es la única que así se siente.
— ¿A qué te refieres? – se recargó en la cocineta.
— También Boruto se siente como ella por ser hijo de quién es
— ¿Eso te dijo él?
— Eso me dijo a mí hace muchos años y eso es algo que Naruto me contó en su momento. Por eso la relación que tenían era mala.
— Si...alguna vez Sarada me lo comentó. Como Sarada admira a Naruto le preocupaba verlo discutir mucho con Boruto.
— Era un pequeño imán para los problemas como su padre. Pero me alegra de alguna manera que haya madurado como dices que ocurre con Sarada. Ahora apenas que me vio en la aldea Boruto me pidió que retomáramos los entrenamientos y que me pusiera más exigente porque necesitaba hacerse más fuerte. No sé porque de pronto esa ansiedad nunca había pasado.
Pues ella si sabía la razón. No necesitaba ser un genio para darse cuenta que ambos jóvenes tenían en mente ir pronto a rescatar a Mitsuki.
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— ¿Estás enojada? — dijo cauteloso tentando el terreno.
— ¿Por no contarme tú deseo? – Siguió caminando delante de él, muy adelante como si quisiera evitar su contacto – Para nada. Ya hasta lo había olvidado.
— Qué bien. Pensé que te irías enojada – sonrió tranquilo.
— Tampoco es tan importante lo que digas.
— ¿Te herí el orgullo?
— Mitsuki sino tienes nada bueno que decir permanece callado a menos que quieres tener tu cabeza enterrada bajo tierra de un golpe.
— Bien bien — se dio por vencido por su propia seguridad física.
— Tengo que irme ya – paró abruptamente el paso.
Mitsuki también paro a un metro y medio de ella.
— ¿Cuándo volverás? – su tono de voz era neutro.
— En una semana – confirmó
— Siete días… Es mucho tiempo
— ¿Y qué? ¿Me vas a extrañar? – Se burló la chica con sarcasmo. Pues ella sabía bien que Mitsuki no la iba a echar de menos cuando por lo menos la mitad del día se la pasaban peleando.
— Sí. ¿Porque no?
Sorpresivamente respondió con seguridad todo lo opuesto muy rápido.
— Cierto… Soy la única amiga cercana que te queda. Ya que te empeñas mucho en rechazar a los demás.
— Ya no los desprecio.
— Yo sé que no. Pero apartar a la gente es tu extraña manera de demostrarles a los demás que los aprecias y por eso no quieres perjudicarlos.
— Exactamente. Comienzas a entenderme – dijo sorprendido.
— Sí. Esa es la ventaja de discutir mucho contigo.
— Pero eso tú no lo entiendes.
— Otra vez con lo mismo. No voy a dejarte solo por dos motivos:
Porque eres parte del equipo 7 y porqué es un reto para mí salir airosa de esta situación. Espero que no vuelvas a tocar el tema, o te repito: enterraré tu cabeza en el suelo.
— De acuerdo. No lo diré de nuevo, pero se te olvidó un tercer motivo.
— ¿Así? ¿Cuál es?
— Que te gustó
Tocó fibras sensibles.
— No me gustas solo me preocupas – retomó el paso para dejarlo atrás y que la dejara en paz.
— ¿Y por eso me besas a cada rato? – cuestionó, pero no era reproche aunque pareció que sí.
La chica volteó de manera violenta.
— ¡Yo no te eh besado nunca primero! – Eso sí que fue como una patada en el hígado que le dolió mucho – ¡eres tú quien no sabe controlarse!
— Pero tú te dejas – refutó
— Es en serio Mitsuki que quieres quedarte con la cabeza bajo la tierra – de una vez que zanjara el tema, imploraba, aceleró su paso.
— No tiene nada de malo hablar de la verdad – él no avanzó
— Son cosas que no me interesa tocar ¿porque insistes?
— Porque no me estás explicando que es lo que sucede – por primera vez en muchos días se desesperó.
— ¿Qué rayos? – volteó brusca y una venita rebelde resaltó a un costado de su frente. Mitsuki juró haber visto un reflejo del Sharingan al fondo de sus ojos negros, pero no supo si fue una ilusión porque este desapareció en medio segundo – ¡Se supone que los hombres son quienes deben de hacer las cosas no uno! ¡Tú tomas la iniciativa cada que te acercas! – Redujo la distancia entre los dos en un segundo, colocó una mano en la cadera retadora y con la otra lo apuntó con el dedo – ¡Deja de hacerlo sino quieres ponerle una etiqueta! – por fin lo había dicho, se desahogó. Por fin tuvo las agallas de confesar lo que más le molestaba. Que Mitsuki se atreviera a sobrepasarse con ella sin tomárselo en serio como si fuera una cualquiera. ¡Nadie podía tomarla de su juguete!
— Yo no soy ningún muñeco. No puedes utilizarme para que experimentes los sentimientos que vas conociendo recientemente.
— Yo no pretendía eso – retrocediendo un paso se justificó intimidado y se puso por primera vez nervioso Mitsuki.
— Por eso mismo porque no sabes lo que puedas provocar no debes de tomarte la confianza de hacer con los demás lo que tú quieras ¡sin preguntar! – sentenció.
¿Eso pensaba ella de él? Fue un golpe bajo a su ánimo.
— Lo siento – musitó muy apenado por lo que le había hecho a Sarada porque después de todo tenía razón la pelinegra. Que cruel sonaron sus palabras pero no había como defenderse de una verdad absoluta.
Se dio cuenta de la peor manera que nunca le tuvo la más mínima empatía a Sarada cuando se sobrepasaba ya que únicamente le importaba lo que él quería, que era satisfacer su propia curiosidad y necesidad cuando se acercaba a la muchacha sin importarle ni un poco como se sentía ella.
Era evidente que no le causó ninguna sensación nueva; seguramente se sentía mal, usada o asqueada cuando le robaba un ósculo y a él nada le interesó porque estaba sumergido internamente en sus propios intereses. Mínimo podía ofrecerle una sincera disculpa y algo más a la chica que estaba endemoniadamente ofendida y furiosa con él. Más estaba convencido que no sería suficiente así que se propuso hacer algo más por ella.
— Te prometo que de ahora en adelante no volverá a suceder
— Hm – bufo molesta sin relajar la postura – eso espero aunque no te creo.
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— Ahh – un grito adolorido se escuchó por fuera de una enorme cueva en medio de una selva tropical.
— Por última vez…. ¿Cómo era ese chico que viste rondando la cascada?
El dueño de esos alaridos permanecía hincado de rodillas sobre el suelo polvoso de la cueva. Sus brazos eran sostenidos con fuerza por detrás por un hombre de complexión poco robusta pero con una determinación que compensaba cualquier aspecto físico. Al sujeto se le hizo fácil tratar de chantajear a uno de los mejores rastreadores de todo el país. A Sai.
— Te dije que no te iba a decir nada a menos que me pagaras – respingó todavía con el orgullo intacto – Maldito abusivo – espetó el castaño.
El agarre en su brazo se endureció haciéndolo gritar de nuevo de infernal dolor.
— Deja de torcerme el brazo, idiota.
— Te preguntaré de nuevo. ¿Cómo era ese chico de cabello y kimono blanco con azul que viste hace tiempo rondando por aquí cerca?
— Está bien, está bien, me rindo – cedió al ver que su plan de obtener unas cuantas monedas por información tan simple que al hombre pareció importarle mucho no valía la pena a cambio de un brazo roto.
Sai al saber la sumisión del extraño joven aldeano, fue soltando de a poco sus brazos hasta dejarlo libre. El muchacho que andaba en la veintena y que tenía aspecto sencillo pero con una cara que denotaba ser demasiado listo y arrogante. Tanto así que intentó sacar provecho de lo que sabía para pedir dinero. Lo que no contaba es que Sai no era cualquier aldeano que se resignaba a no obtener la información que quería si le era de gran ayuda y no tenía muchas alternativas de donde conseguirla. Si tuviera el poder de su esposa, Ino Yamanaka no tendría la necesidad de usar la fuerza bruta para intimidar a los hombres a cambio de información que era su especialidad como ninja; pues su esposa fácilmente podía entrar en la mente de las personas sin batallar y robar toda la información que quería.
Pero él no era Ino, era una especie de detective moderno al servicio únicamente del Hokage. Un ex integrante de raíz ambú nada acostumbrado a pedir las cosas dos veces seguidas por las buenas.
El joven aldeano de espaldas a Sai, de mala gana refunfuñando se estiró los brazos que estaban tensos por las estiradas y torceduras que Sai le había hecho.
— Que pocos modales para pedir las cosas – espetó enojado.
Sai no respondió, indiferente como siempre.
— Bueno, bribón – se giró hacia él – fue hace un tiempo.
— ¿Hace cuánto?
— ¡No lo sé! – Respingó exasperado frunciendo más el ceño – Yo no vivo aquí, soy de la aldea más cercana de por aquí a dos kilómetros. Vengo a dos veces por semana a comprar arroz a la otra aldea porque es más barato y a eso se dedica mi familia al comercio de arroz. Así que es tan monótono mis actividades que no tomo nota del tiempo transcurrido.
— De acuerdo…- no pediría más – ¿cómo era ese sujeto?
— Muy joven, parecía un chiquillo – agregó
— ¿Qué tan joven?
— No tanto como un niño pero no era tampoco un adulto – explicó
— ¿De kimono azul y la otra mitad blanco?
— Sin duda alguna. No son kimonos con diseños tan comunes. Parecía el kimono de un bufón, mitad de un color, mitad de otro.
Con esa información relevante, Sai comenzaba a atar cabos, era casi seguro que si se tratara de Mitsuki por el estilo de su traje.
— ¿Y su cabello?
— ¿Su cabello?… Bueno yo lo vi en la noche. Cuando iba de camino a mi aldea con el costal de arroz que había comprado desgraciadamente me agarró la lluvia en medio del camino, y era tan oscura la selva y era una lluvia tan torrencial que casi no podía ver el camino enlodado. Pero el sujeto me pasó demasiado cerca, a unos tres metros, pude verle los colores de su uniforme cuando un relámpago enorme y un trueno gutural hizo presencia en ese momento. Los colores de su ropa fue lo primero que vi. Pero la luz del relámpago no duró mucho tiempo, volvió la oscuridad. Pero me espantó su presencia porque creí ir solo en el camino, fue repentina su aparición casi frente a mis ojos, el escalaba los arboles con prisa, quizás buscando un refugio para esconderse de la lluvia helada.
— O tal vez lo estaban persiguiendo – murmuró concentrado en su tema.
— No me extrañaría – interrumpió el joven su reflexión – Es cuando da la noche que los ladrones de comerciantes se aparecen en los lugares como este que es paso común de compradores para robar sus mercancías.
— Una sola cosa más
— ¿Y con eso me dejaras en paz? – preguntó dudoso a la defensiva.
Sai asintió.
— ¿Qué es? – presionó al ninja experto.
— ¿Iba solo?
— Solo… – pensó unos instantes en total silencio, Sai esperaba pronto una respuesta certera para empezar a sacar posibles conclusiones y añadirlas a lo que llevaba tiempo investigando – pues…te digo que la selva estaba oscura y el caos del río y la lluvia empañándome la vista no me dejó ver bien. ¿Eso es todo? – ya estaba impaciente.
Sai no estaba muy conforme con lo poco que había sacado de aquel hombre pero si eran datos relevantes. Fue una fortuna que al ir preguntando a algunos cuantos comerciantes en el camino sobre cierto chico se topara con uno que de inmediato intentó sacar provecho monetario por la información. Pensó en un principio que eran puras tretas suyas con tal de sacar dinero más no perdía nada con averiguarlo; e intentó conseguir lo que sabía por las buenas pero el muchacho se opuso e intentó agredirlo físicamente cuando no lo dejó escapar hasta saciar su curiosidad. Y el resultado fue ese, un chico inmediatamente de rodillas, sumiso y con los brazos torcidos en la espalda.
Fue una verdadera suerte que casualmente entre miles de comerciantes si encontrara a alguien que supiera lo que buscaba.
¿Qué por qué había decidido optar por el ineficaz método de preguntar a ciegas a la gente?
Porque seguía muy cerca aún del escondite de Orochimaru, el ir y venir de la gente que rodeaba al Sannin por este camino era algo común, todos los que necesitaban llegar al escondite en que lo visitó él, necesitaba pasar por esa pequeña selva como atajo, a no ser que quisieran tardar en llegar e irse por el inmenso bosque transitado de ninjas ladrones.
Por supuesto que no le había creído totalmente a Orochimaru el cuento de que llevaba mucho tiempo sin ver al peliblanco. Era excelente actor el Sannin pero Sai estaba entrenado para ver la verdad a través de los gestos de la gente. Podía traducir el significado de cada uno de los movimientos corporales o facciones de casi cualquier persona. Y en Orochimaru detectó cierta ansiedad, no nervios, no miedo ni enojo, simplemente ansiedad. Como si quisiera sacarle mejor a Sai información sobre Mitsuki en lugar de ser al revés. Había que tener cuidado con sujetos tan astutos como ese.
Por ahora, estaba listo para comenzar a seguir la pista de Mitsuki con más precisión, ahora que sabía que había estado ahí cerca hace poco tiempo. Tenía la ventaja de poder rastrearlo con sus monstruos caricaturescos, no podría estar demasiado lejos.
Estaba Sai, ¡dispuesto a descubrir la verdad!
¢σηтιηυαяá...
UFF...ahora si que disculpen los meses de demora T.T, pero el año pasado no pude actualizar los últimos meses del año porque me tenía muy ocupada unos asuntos de la escuela , este año a principios no fue la excepción, hasta que inició el asunto de la cuarentena por el COVID me sentí aburrida por tener ahora si mucho tiempo libre porque solo me encargan trabajos en línea, y pensé que sería un buen momento para intentar retomar la historia que NO pensaba bajo ningún motivo dejarla abandonada para siempre.
Así que no se preocupen la voy a continuar hasta terminarla, no se cuando prefiero no dar fechas, pero siento que voy a mas de la mitad de la historia. Yo no soy una persona que planea los capítulos con anticipación, eso JAMÁS. Todas las ideas son espontaneas, en el momento en que estoy escribiendo se me ocurren y las plasmo en mi celular o en donde sea con texto. Las corrigo un poco y las subo aquí en FF, así para los que siguen este fic, que es en el que más me he esmerado hasta ahora, pueden esperar cualquier situación en mi fic que los agarre de sorpresa, así que no crean que es tan predecible como creen.
Nuevamente les pido una disculpa a los que quizás se asomaban a cada rato esperando una actualización de este fic y no la veían.
Sé que me tardé muchísimo, pero espero que no vuelva a suceder tanto así.
¡Hasta la próxima!
