Bellatrix se incorporó ligeramente y atrajo a Hermione más hacia su cuerpo. Le acarició el hombro y seguidamente bajó la mano a su propia cintura. De ahí extrajo una daga y la lanzó al vacío. Hermione se sintió altamente desconcertada. Entonces escuchó un aullido gutural y un golpe seco. La acromántula a la que había aturdido antes había vuelto con sigilo para acabar con ellas. Pero cayó muerta con la daga clavada entre los ojos. La castaña estaba en contra de matar a cualquier criatura, pero aquella era bastante desagradable. Y les había estropeado la escena romántica. Una muerte merecida. Además, su novio había dedicado horas a explicarle que "las arañas no son animales, son engendros asquerosos". Bellatrix se incorporó y se sacudió el polvo del vestido.

-Vamos, monito, levanta -indicó tendiéndole la mano-. Aún necesito el ingrediente.

La chica aceptó la ayuda y la morena la levantó sin ningún esfuerzo. Tenía bastante más fuerza de la que su frágil figura hacía creer. Con un accio la slytherin recuperó su daga. Almacenó en un pequeño tubo el veneno del animal, muy preciado para algunas pociones y continuaron. Caminaron unos minutos más. Cuando la joven comenzó a protestar porque empezaba a dudar que existiera lo fuera que estuvieran buscando, Bellatrix le tapó la boca. "Ahí está" susurró. Se encontraban en un claro, aunque las frondosas copas de los árboles que lo delimitaban casi tapaban la luz de la luna. Unos metros más allá, en una pequeña laguna, bebía un unicornio de un pelaje blanco purísimo. Hermione nunca había visto uno de cerca: Hagrid jamás había logrado convencer a ninguno para que se dejase estudiar por los alumnos. Era sin duda la criatura más hermosa que había visto jamás; o al menos la criatura no-humana, se corrigió con sorna.

-Son muy temerosos y les cuesta acostumbrarse a la gente -susurró la morena-. Quédate aquí.

Hermione asintió embelesada. Con lentitud y sin hacer ruido pero denotando su presencia, Bellatrix caminó por el claro. El animal enseguida alzó las orejas y levantó la vista asustado. Cuando vio a la mortífaga se calmó y continuó bebiendo. La duelista se quedó quieta observándolo. Él abrevó durante un minuto y finalmente se giró. Observó a la bruja y se acercó a ella. La slytherin no reaccionó hasta que él frotó la cabeza contra su estómago. Entonces empezó a acariciarle la crin y a susurrarle cosas que la chica no alcanzaba a oír. El contraste entre esa criatura de pelaje níveo y la perfecta figura oscura de Bellatrix con su larga melena azabache resultaba hipnótico. La slytherin sonreía mientras acariciaba al animal con veneración. Hermione hubiese pagado un dinero que no tenía por una foto de ese momento. Aunque igual a sus amigos no les habría hecho mucha gracia...

Al rato, la morena le preguntó algo al unicornio. El animal pareció asentir. Hermione supuso que había entendido el tono y había deducido lo que quería, no veía otra forma posible de comunicarse con él. Bellatrix sacó su varita y un pequeño frasco de su falda. Con un ligero movimiento, tres cabellos se desprendieron de la crin del animal y la bruja los guardó con cuidado. Seguidamente, con un gesto le indicó a Hermione que se aproximara.

-Acércale la mano al hocico para que te huela -le indicó a la chica.

La castaña obedeció. El unicornio la esnifó y al poco frotó la cabeza contra su estómago como había hecho con la duelista. Hermione lo tomó como una señal y lo acarició con delicadeza. Era lo más suave que había tocado nunca, resultaba altamente adictivo. Esas criaturas atesoraban tanta magia que por el mero contacto varias chispas se colaron en su ser. Experimentó una especie de euforia contenida muy gratificante.

-Es como una versión sutil de felix felicis -explicó la duelista-. Al acariciarlos comparten su magia contigo y te reconforta.

La castaña lo sabía, lo había estudiado, pero jamás pensó que la sensación fuese tan palpable. Como de costumbre, eso azuzó su curiosidad:

-¿Entonces serviría como atenuante de responsabilidad en tus acciones posteriores?

-Sí, pero ya te digo que el efecto es ligero y dura poco –explicó Bellatrix-, así que en realidad...

No pudo terminar porque Hermione la besó. La sensación de los labios mullidos de la bruja le generó un cosquilleo de placer que no recordaba haber sentido antes. No abusó de su suerte y no profundizó ni se recreó. Ni siquiera la tocó por mucho que lo deseaba. Cuando se separó, Bellatrix la miraba con los ojos muy abiertos. Le costó procesar lo que acababa de suceder. Pero como ya estaba hecho... Optó por seguir. La mortífaga la besó con bastante más energía y menos delicadeza, pero no le importó en absoluto. Cuando le mordió el labio inferior para que abriera la boca, obedeció. Retiró la mano que seguía en el lomo del unicornio y la colocó en la cintura de la slytherin. A pesar de estar ocupada recorriendo su cálida boca con la lengua, dio un respingo.

El flujo de magia que se coló en su cuerpo al acariciar al unicornio se detuvo, sin embargo, experimentó una sensación similar, solo que más oscura y penetrante. Bellatrix era tan poderosa que su magia era palpable. La rodeó con ambas manos por la cintura para atraerla más hacia sí. La slytherin le pasó los brazos por el cuello mientras ambas se esforzaban por camuflar sus gemidos. Cuando finalmente se separaron, se miraron y estuvieron de acuerdo. No hicieron falta palabras.

-Salvio hexia -empezó Hermione agitando su varita.

Siguió pronunciando conjuros protectores mientras la bruja se quitaba la capa. La extendió en el suelo y ejecutó un hechizo para duplicar su tamaño. Seguidamente utilizó otro para que el suelo resultara más mullido y uno para generar calor. Estaba pensando si faltaba alguno, pero Hermione había terminado con la seguridad y volvió a besarla con deseo. Así que lo dejó. Cayeron sobre la capa sin dejar de recorrer sus cuerpos con curiosidad. La castaña miró a su alrededor nerviosa una última vez. Bellatrix cogió su varita y con un gesto la niebla se intensificó y las envolvió aislándolas del paisaje. No necesitó más. La mortífaga ya se había desabrochado el corsé, Hermione la ayudó a quitarse el vestido y las botas. Con un gesto de la varita de la morena la joven quedó también en ropa interior. Se miraron y ambas asintieron. Cuando Bellatrix se tumbó sobre ella y empezó a mordisquear su cuello, Hermione susurró algo nerviosa:

-Yo nunca he hecho esto con una mujer...

-Hasta hace tres meses yo tampoco. Pero he practicado mucho y aprendo rápido.

La gryffindor asintió sin pensarlo más. Cerró los ojos y disfrutó del éxtasis más absoluto que jamás había experimentado. No era comparable a absolutamente nada. Ella también aprendía rápido y se esforzó más que en ninguna clase. Así que cuando le tocó el turno su compañera quedó igual de satisfecha. Aún así lo repitió un par de veces para afianzar conceptos.

Terminaron una hora después, empapadas en sudor y jadeando como en el más reñido de los duelos. Aunque el hechizo que las protegía del frío de diciembre se había esfumado, ninguna se percató. Hermione asió su varita y empleó un conjuro para eliminar el sudor de sus cuerpos. La mortífaga ejecutó otro y ambas estaban vestidas sin mover un dedo; principalmente porque no eran capaces de moverlo. Aún así, la slytherin le avisó que era casi media noche y debían regresar.

-Espera a que se disipe la niebla -pidió la sabelotodo intentando reunir fuerzas.

Bellatrix asintió. La pantalla de bruma que las rodeaba fruto del conjuro se iba desvaneciendo poco a poco, pero el paisaje seguía sin distinguirse. El cielo se dibujaba con claridad sobre ellas con una media luna y una docena de estrellas titubeantes. La slytherin le comentó que había estado muy bien para ser su primera vez con una mujer. La castaña le dio las gracias profundamente aliviada de haberlo hecho correctamente. Observó que la morena jugaba distraída con la calavera de plata que colgaba de su cuello. Le preguntó por qué llevaba siempre ese colgante.

-Me lo regaló el único hombre al que he amado de verdad -respondió ella.

Hermione cerró los ojos al darse cuenta de que hablaba de Voldemort. Le resultó muy antierótico a la par que inquietante. Vio la necesidad de hacer el comentario obvio:

-Pero si le mataste tú...

-Exacto. Ahora que está muerto, estamos en paz. Sé que nunca me quiso y me traicionó, pero prefiero quedarme con lo bueno. Tenía que matarle para poder perdonarle.

De alguna forma retorcida tenía sentido. Lo importante era que Voldemort fue derrotado, tendría que obviar que guardara sus regalos. Además eso respondía -más o menos- a la cuestión de por qué acabó con él. En algún momento aceptaría que era mestizo, que no la quería o cualquier cosa similar. Solo quedaba la pregunta de cómo había sobrevivido al ataque de Molly. Esa idea unida a lo anterior le dio una horrible idea: Voldemort le enseñó magia oscura a Bellatrix. ¿Y si le explicó cómo crear un horrocrux? ¿Y si el colgante era su horrocrux y por eso sobrevivió? De repente se sintió insegura y violenta. Se incorporó y observó que la niebla se había disipado casi por completo. Entonces la realidad la golpeó con fuerza.

-Dios mío... Dios mío, ¡¿qué he hecho?! -exclamó horrorizada.

Había engañado a su novio, a Ron. Le había sido infiel, ella, que jamás creyó posible caer en semejante traición. Hermione no era así. Era leal, fiel hasta el final, reverenciaba las normas, adoraba a sus amigos y a su familia... Pero le había engañado y le había fallado. Y no solo a él. El sexo más catártico y placentero de su vida había sido con la asesina de Sirius y Tonks, con la mujer que torturó a los Longbottom y a tantos otros... No solo le había fallado a Ron. También a Harry, a Neville e incluso al pequeño Teddy. Había fallado a toda la gente que la quería y se preocupaba por ella simplemente por pasar un buen rato y olvidarse de todo. Porque obviamente amor no había, solo sexo y una extraña fascinación mutua; ambas lo sabían. No tenía perdón ni justificación.

-Dios mío... -repitió intentando no llorar mientras se levantaba- Me odiaran para siempre, me...

-Eh, tranquila -la interrumpió Bellatrix-. Ha sido solo sexo, no espero que mañana me mandes flores.

-¡¿Cómo voy a estar tranquila?! ¡Esto ha sido un error tremendo! -le espetó la castaña.

-Bueno, pero ha pasado -respondió la bruja-. No se lo cuentes y ya está, nadie lo sabrá.

-¡Yo lo sabré! Algunas tenemos conciencia, ¿sabes? -replicó con cierta rabia porque la morena no parecía afectada ni molesta- ¿Es que te da igual haberle sido infiel a Mirelle?

-No lo he sido, tenemos una relación abierta. Lo establecimos desde el primer momento: somos alérgicas al compromiso y nos da pavor el amor y esas cosas. Disfrutamos mucho juntas, pero sin exclusividad. No le des tanta importancia, el sexo es un impulso como comer o dormir. Cuando tienes ganas lo haces y ya está. Ha estado muy bien.

Esa explicación no calmó en absoluto a la gryffindor, más bien todo lo contrario. Creyó que si había hundido su relación, al menos la de Bellatrix también. Pero no. Decía la verdad: Mirelle se fue de París porque se negaba a casarse como correspondía a su estatus, ella misma le contó que aborrecía tener pareja estable. Apretó los puños. Deseaba llorar y gritar de rabia, eso no podía estar pasándole a ella. La bruja oscura la contemplaba con el ceño ligeramente fruncido como si no entendiera a qué venía el drama. Hermione se desquició por completo. ¿¡Por qué todas las desgracias le ocurrían a ella!?

-¡Entiendo que te dé igual, estarás acostumbrada a acostarte con alguien diferente cada noche, pero yo no soy así! Soy muy inteligente y esto lo más estúpido que he hecho en mi vida. Deberías haberme frenado. ¡Literalmente no hubiera podido elegir a nadie peor! Esto no va a ninguna parte, ojalá aún tuviera el giratiempo y...

Se detuvo para intentar controlar la respiración que su rabia había alterado. Sin decir nada, Bellatrix se puso la capa y se alejó con rapidez. Hermione la miró con horror, no tenía ni idea de dónde estaban: la necesitaba para volver. Corrió tras ella y la agarró del brazo exigiéndole que la esperara. La morena se liberó con brusquedad. Hermione solo había visto semejante ira en sus ojos cuando escaparon de sus garras en la Mansión Malfoy.