El mexicano y el estadounidense se encontraban sentados en unas sillas propias de una pequeña mesa redonda en el jardín de la casa de España, pues el español quería saber que había hecho el angloparlante para quedarse con su querido chamaco Nueva España.

—Y esa es la historia de como nos hicimos novios— finalizó el mexicano.

—Veamos si entendí, ¿todo esto comenzó a base de una burla por parte de Rusia y China?—dijo el español, dejando sobre la mesa una paella.

—Sí— dijeron ambos americanos al mismo tiempo.

—Supongo que es una historia de amor... curiosa. Pero mientras él te proteja, todo estará perfecto, lo importante es la seguridad de todos mis críos, eso te incluye a ti— le dio una cuchara a su hijo— Bien Nueva España, a comer.

—Pero jefe, ya estoy lleno, me dejarás como piñata— se quejó México— Y ya ye dije un chingo de veces que dejes de llamarme "Nueva España"

—Nueva España, estás muy delgado, más delgado desde la última vez que te vi, come más— España se estaba poniendo en modo "padre sobreprotector"

Estados Unidos se rió un poco por ello.

—Y tú, Trece Colonias, no creais que te libras.

--¿Me acaba de llamar "Trece Colonias"?

—Sí— sacó su celular y le mostró al estadounidense una conversación— Como podeis ver, Inglaterra me pidió que a ti también te diera de comer, así que vete preparando que vuestra comida ya casi esta lista.

Ahora México era quien se reía.

Y mientras pasaba aquel momento, en otra parte del mundo, un ruso y un chino estaban conversando con alguien.

—Entonces, ¿si estarás dispuesto a seguir nuestros planes y aportar para obtener a México?— preguntó seriamente Rusia.

El otro asintió.

—Perfecto, bienvenido al equipo— China extendió su mano a manera de sellar el contrato. El otro aceptó.

—Les juro que seré un buen aliado.