Disclaimer: Los personajes son de Rumiko. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.

Advertencias: Este fanfic contiene lemon y temática incesto. Kikyō aparece y no es la hermana de InuYasha. Si esto afecta su integridad ¡por favor! No lea y evite postear comentarios ofensivos hacia los personajes que utilizo y cómo lo hago. Recuerde que esto es parte del IC.


[FCC]

Capitulo 22.


—¿No es hermoso?

—Claro que sí.—Sonrió, pero era obvio que su mente estaba en otro lado.

Kagome tenía los ojos pegados a la nada. A su alrededor, Kikyō y Sango parloteaban acerca de un montón de detalles que a ella la ponían de malas. Bueno, al menos no lloraba. El regreso de InuYasha y Kikyō había tomado a todos por sorpresa. Y más a ella, que pensaba que no volverían hasta que «esa mujer» —por la que inicialmente terminaron—, despareciera. Y no, ella no había desaparecido, aún está ahí.

Aún estaba ahí.

¿Verdad, InuYasha?

Su cuñada no sabía hacer otra cosa más que hacerla opinar sobre su vestido de bodas y a ella aún le quemaban las caricias de InuYasha en la piel. No podía dejar de pensar en cada gemido y en cada embestida de su hermano, en su cuerpo masculino sobre ella. Aún se sonrojaba y no era solo por el recuerdo… le causaba algo de repugnancia el hecho de sentirse tan atraída por su propio hermano mayor. No tenía vergüenza, le daba asco de sí misma.

Ella sabía que Sango entendía el motivo de su distracción y constante desgano, pero obviamente no lo haría notar. Su amiga la miraba a veces de reojo, mientras, con una sonrisa, alentaba a Kikyō a que se cambiara.

La asistente y modista se retiraron un momento dejando a Hishā vestida con el último modelo que le habían mostrado; se veía hermosísima y elegante, como solo ella. Kagome la observó embobada. Vaya, de alguna manera entendía que su hermano pudiera enamorarse de una mujer tan bella como Kikyō. Si se compraban, ella no era nada. O al menos así se sentía.

Escuchó el tronar de los dedos de su cuñada y salió del trance.

—¿Qué sucede?

Sango y Miroku se mantenían en silencio, solo las observaban.

—Yo…

—Es por mi primo, ¿verdad? También estás nerviosa por ustedes y por mi boda. —Kikyō pareció adivinar de qué se trataba todo, pero solo la vio mirar a Sango, con cara de asombro.

—¿Cómo de que tu primo?

—Ay, Kagome, no trates de ocultarlo, ya sé que tú y mi primo tienen algo.

Kagome solo suspiró. Luego del problema, no habían hablado nada acerca de qué hacía ella junto con Kōga en su departamento, supuso que su amiga había asumido las cosas y ahora no sabía si era prudente dejarla con esa idea. Sango suspiró, dando a entender que ella apoyaría cualquier decisión que tomara.

—Sí, sí, estoy nerviosa por que vuelva a la oficina y que todos sepan de nosotros. —Sonrió falsamente, esperando haber sonado creíble.

—Pues, felicidades.

La voz rasposa y nada contenta de InuYasha, les llamó la atención. Kagome sintió un escalofrío, Sango se levantó inmediatamente a tapar a Kikyō, que, alterada, intentó esconderse diciendo que era de mala suerte ver el vestido. Miroku solo sintió la tensión del momento y no supo ni para dónde mirar.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó bajito, mientas se levantaba para darle un abrazo casual.

—Vine a ver mi novia, ¿algún problema? —Respondió, en el mismo tono.

—Amor, creo que es de mala suerte que me hayas visto con el vestido… —Era tan raro ver a Kikyō irradiar tanta felicidad, e incluso decir cosas que jamás habría dicho. Había cambiado mucho y estaba segura de que se debía a InuYasha.

Su novio le sonrió de manera tierna, como casi nunca y Kagome solo sintió su mundo venirse abajo. InuYasha tal vez amaba a Kikyō y lo peor es que entendía que era inevitable que no la amara. Tenía que hacer algo, cada momento allí era una tortura.

—No te preocupes, no…

—Oh, mira la hora. Debo volver a la editorial a por mi auto, chicos. —Kagome interrumpió la conversación y, en un segundo, ya estaba tomando sus cosas para irse.

Las cosas pasaron rápido, no escuchó a ninguno de los tres mientras le preguntaban por qué se iba así, sonrió fugazmente y salió de la tienda lo más rápido que pudo. En 2 minutos estaba tomando un taxi y aguantando las lágrimas durante todo el camino. Ignoró las llamadas de sus amigas y lo que más le dolía, era que InuYasha no se preocupaba nada en escribirle, ¿si se iba a casar entonces? ¿Ya no sentía nada por ella?

Pero en qué tonterías estaba pensando…

Mientras bajaba del taxi estaba pensando seriamente en que tenía que alejarse de ahí, pero Kōga era lo único que la detenía. ¿Y si mejor simplemente se quedaba con él y ya? ¿Y si dejaba ser feliz a su hermano y ella tomaba el rumbo que estaba marcado? ¿Por qué resistirse si obligada o no, tenía que estar con él, así no quisiera?

Caminando hacia el garaje de la editorial, de pronto dos mujeres extrañas llamaron su atención: a una la conocía, estaba segura, pero a la otra no. Se detuvo y las observó de lejos, un momento. Las veía hablar de algo y apuntar al edificio, mientras la más alta sostenía una cámara. Al cabo de unos segundos, recordó que tenía prisa por ir a su departamento y seguramente serían turistas.

Aunque no se quedó muy tranquila jurando que reconocía a una de las chicas, sin embargo, estaban de espalda.


A Kagura a veces en verdad le irritaba la manera en la que Yura la trataba. Suspiró, mentalizando el dinero extra que se ganaría.

—Quédate entre esos arbustos, del otro lado de la calle. —La oyó decir.

La aludida únicamente asintió y caminó lejos de ahí, hasta esconderse cerca de unos árboles que había al cruzar la calle. Se quedó en silencio, ahí, esperando a que su amiga procediera, con la cámara preparada y los sentidos atentos.

La chica de cabello corto comenzó a caminar un poco más hacia la entrada de la editorial y de repente se detuvo y llamó por celular.


Estaba demasiado extasiado mirando el vestido de Kikyō, era como un sueño poder admirar a una mujer con tal prenda, aunque al ver ahí a su amiga, lo único que podía imaginar era a su dulce Sango. Ojalá pudiera pedirle matrimonio muy pronto.

—Miroku, ¿por qué tan callado?

El llamado de su novia lo trajo de nuevo a tierra y solo sonrió.

—Imagino lo hermosa que te verías en un vestido así.

Sango se puso roja como una manzana, Kikyō hizo un gesto, enternecida e InuYasha soltó una carcajada, distrayéndose un rato del recuerdo de su hermana.

—Eres un ridículo, Miroku. —Burlón, InuYasha le hizo una señal obscena con su dedo medio.

Entre las risas y abucheos de sus amigos, sintió su celular vibrar en su bolsillo. Hizo una señal para disculparse con los chicos, mientras se alejaba un poco para contestar el desconocido número.


¿Hola? Habla con Miroku.

—Hola, habla Yura. —Contestó, con una sonrisa.

¡Hola! —se oyó reír, nervioso, mientras parecía carraspear—. ¡Qué sorpresa!

—Quería hablar sobre la oportunidad de trabajo que me ofreciste, ¿podemos salir a tomar algo y conversamos? La verdad que me urge un poco. —Sabía que lo persuadiría si le decía que le urgía y así fue

La línea se quedó en silencio por unos momentos. Ella se mordió el labio, desesperada… si aceptaba, estaba del otro lado.

Claro, supongo, ¿en dónde estás?

Casi saltó de alegría, mientras trataba de ocultarlo. Guardó compostura y volvió a hablar.

—En frente de la editorial, ¿y tú?


Miroku regresó la vista hacia su novia, que, de reojo, lo miraba con recelo. Se sentía un poco incómodo, pero a la vez le agradaba poder ayudar a Yura, aunque sabía que, de todas maneras, a Sango no le encantaría la idea. No lo estaba haciendo con ninguna segunda intención, de verdad que no, pero a veces su Sango era tan testaruda.

—Estoy en una tienda… ¿Podrías esperarme 15 minutos? Ya salgo para allá.

¡Magnífico, aquí estaré!

Cerró la llamada y volvió hacia sus amigos. Su novia comentó de manera casi venenosa que quién sabe con quién habría estado hablando.

—Se trata de un asunto de trabajo, mi amor. —Sostuvo, intentando no ponerse nervioso.

—Ah, ¿sí? —Acotó InuYasha, con ese tonito pícaro que definitivamente no iba bien en ese momento.

—¿Regresarás a la editorial? —Inquirió Kikyō, con el ceño fruncido—. Así podrías aprovechar y hablar con Kagome acerca de su salida tan repentina.

Taishō sintió escalofríos, pero no dijo absolutamente nada.

—Serán solo unos minutos, es una pequeña reunión. —Asintió, mientras tomaba su portafolio.

—Puedo ir contigo. —Sango se puso a la defensiva, sospechando seriamente de algo.

Su novio paró en seco, con su cara poniéndose pálida de a poco.

—Amor, Kagome acaba de irse, dejando sola a Kikyō, creo que no es apropiado que la dejes también.

Auch, golpe bajo, pensó su novia. Asintió suavemente, mientras escuchaba decir a Kikyō que no importaba, ella solo dijo que Miroku tenía razón y, con muchas dudas, lo vio salir del almacén de vestidos de novia. La pareja de nuevos prometidos solo se miró, sabiendo que algo raro pasaba y que lastimosamente no podían hacer nada para arreglarlo.

«No me falles, Miroku. Si muero, quiero tenerte aún en mi vida».

Continuará…


NOTA DE AUTOR:

Importante leer.

Quiero agradecer especialmente a mis lectores, uno por uno, quienes se han pronunciado en el capítulo anterior y quienes han vuelto a leer esto desde el principio, quizás, porque no recordaban la historia. Sé que pasará lo mismo con La culpa es de la cama, ya que es una historia bastante compleja y llena de enredos que seguramente les costará entender después de años, hace mucho que no actualizo, pero espero reconstruirla de a poco.

He tomado la responsabilidad de terminar primero con esta gran historia, que actualmente tiene más capítulos que la anterior mencionada, pero, que representa mucho para mí. Ha sido mencionada en una página de Facebook que la promocionó y eso es algo que me hace muy feliz, en serio muchas gracias por hacer de este fanfic una gran aventura.

Gracias a:

Aida Koizumi, sé que tremenda escena me mandé, es justo la impresión que les quería dar y es hermoso saber que cumplí mi objetivo (L). Créeme que InuYasha se va a casar hahahahha. ¡Kōga pronto tendrá su merecido! Lo de Sango me apena mucho en verdad, es un personaje que amo.

Airot, aquí estoy, aún ficker y orgullosa de serlo hahaha, muchas gracias por haber leído mi fic, por supuesto que le daré fin, comentarios como los tuyos me animan a seguir cada día. Gracias por tu hermoso review y llamarle a esto obra de arte, eres un ser hermoso u.u

dav. herreras, en serio gracias por haber leído todo mi fic y comentado en cada capítulo, los leí todos y me hicieron muy feliz, de verdad. Espero sigas disfrutando.

Lau, he de reconocer que los capítulos están escritos y no sabes la pereza que me da abrir mi laptop y corregirlos, perdón Xd pero tu review me animó, hace días quería subir este capítulo y nada, LOL, gracias, ml veces gracias.

Muchas gracias a todos, nuevamente.