-¡Baja de ahí, Björn!- miró al cazador que estaba sentado en una rama -¡Podrías caer, baja!-

La mañana había pasado rápido para esos dos después del desayuno. Ahora, se encontraban en el bosque y él, vigilaba los alrededores como un buen centinela, para que ella no corriera peligro.

-¡No te preocupes por mi!- contestó, sosteniéndose con cuidado -¡Nunca me ha sucedido, así que, tranquilízate!- ella sonrío -¡Si ves mandrágoras, avísame y bajaré!-

-Esta bien-

Los minutos pasaron y la joven, caminaba tranquilamente tarareando la melodía de una canción, sin darse cuenta, que se había alejado bastante de su amigo cazador, pero volvería enseguida.

Estaba cruzando entre unos árboles, muy distraída, hasta que una mano la tomó de la muñeca, apresandola contra uno de ellos y cubriendo su boca. Un par de lascivos ojos negros, la miraban malévolos y un perturbador recuerdo llegó a ella, al reconocerlos.

-¡Que gusto me da volver a verte, Eyra!- arrastraba las palabras y olía mucho alcohol -Siempre tan hermosa...- rozó sus labios en la frente de la muchacha y ella, cerró sus ojos derramando lágrimas -Me gusta ver como lloras por mi...- mencionó sádico, besándole el cuello -Me recuerda a aquella vez... Que me pedías piedad y suplicabas, para que no te hiciera daño- aspiró su ahora, exageradamente -Ahora tu hermana no está aquí para defenderte...-

Estaba agitada y paralizada, tenía mucho miedo, ese hombre, era muy fuerte y lo sabía. Pero no lo dejaría salirse con la suya, no estaba sola y sabía, que ese cazador que tanto la hacía reír, la ayudaría.

Abrió sus ojos con desprecio y le mordió la mano con todas sus fuerzas, hasta hacerla sangrar. Él grito adolorido y ella escapó cuando aflojo su agarre, pero no imaginó, que la perseguiria.

-¡BJÖRN!-

Gritó desesperada antes de que el leñador, la arrojará al suelo y la abofeteara en el rostro.

-¿¡Cómo te atreves a morderme!? ¡Maldita bruja!-

La aprisionaba con fuerza.

-¡Peor es lo que tu intentaste hacerme! ¡Maldito!- gritó histérica -¡Quisiste abusar de mi, Roy! ¡Y no conforme con eso, te burlaste de Ivi!-

Lloraba por la impotencia de no poder apartarlo de ella.

-¡Cállate!- volvió a golpearla -¡No te hagas la mustia conmigo!- rompió la parte delantera de su vestido con sus manos -¡Tu hermana y tu, son unas hermosas prostitutas de guantes blancos!-

Se abalanzó, besándola con violencia. Ella gritaba y lloraba con toda su alma, intentando apartarlo, para evitar revivir la misma pesadilla de hace un año atrás.

Todo parecía perdido, pero en un instante, el tiempo se detuvo y una fuerza desconocida, lo apartó de ella en cuestión de segundos. Fue tan rápido, que lo único que pudo observar después de recuperarse de la impresión, fue a su amigo arriba del leñador, golpeándolo sin piedad.

-¡Fuiste tu! ¡Maldito!- exclamó preso de una irá asesina -¿¡Cómo te atreviste a ponerle las manos encima!?- lo golpeaba en el rostro con todas sus fuerzas -¡Juro que hoy morirás aquí! ¡Por acercarte a ella de nuevo!-

Sus golpes eran mortales, despiadados y muy fuertes, parecía un demonio. Su masa muscular, había incrementado considerablemente, haciéndolo más tonificado y musculoso. Por otro lado, sus ojos, se habían vuelto completamente verdes y brillantes, parecían dos esmeraldas presas de una incontenible furia. Ese era el poder del Alfa, había despertado para proteger a los suyos.

Ella se incorporó, aturdida, cubriendo su pecho con los jirones de sus prendas. No podía creer lo que estaba presenciando. Tenía que intervenir, no quería que él se volviera un asesino por su culpa. Tomó el valor de hacerlo, cuando observó, que extrajo una daga de su cinturón y la colocó en la garganta de su víctima.

-¡Es una bruja!- murmuró con la cara hecha pedazos y desfigurada, casi inconsciente -¡Ella se lo merecía!-

-¡Espero... Que esas no sean tus últimas palabras, estúpido!- apretó la daga contra él -¡Porque te conviene irte de este mundo diciendo otra cosa!- le hizo un pequeño corte en esa zona. Gimió de dolor -¡Quiero verte sufrir como lo hiciste con ella!- mencionó diabólico -¡Quiero que ruegues por piedad...como ella te rogó a ti y tu la golpeaste, la humillaste, en este mismo lugar!- el corte se hacía más grande y profundo -¡Porque era una bruja blanca!-

Estaba ciego, iba a matarlo en ese momento.

-¡Björn! ¡No!- le tomó la muñeca con su mano libre -¡Mírame!- estaba agitado, mirando con odio al sujeto inconsciente debajo de él -¡Mírame! ¡Por favor!- rogó conteniendo el llanto -¡Tu no eres un asesino!- tragó saliva. No sabía que decir -Por favor, mírame... Estoy bien... Tu me salvaste-

Él volteo a verla despacio y suspiró, volviendo a la realidad. Ella tenía razón, estaba bien, había llegado a tiempo para salvarla.

-Estas bien- se separó de su víctima y se acercó a ella -Estas bien-

Era lo único que decía, parecía en shock.

-Si, estoy bien- le tocó el rostro para tranquilizarlo -Gracias a ti- lo abrazó y lloró, limpiando todo el mal en su interior -Muchas gracias-

Lo besó en la mejilla y él la tomó del rostro, acariciando los golpes que tenía en sus pómulos.

-Vine aquí para salvarte- la besó en la frente secándose las lágrimas -Te prometí, que nunca más te lastimarian y así será, bonita... Te lo juro- la ayudó a ponerse de pie -Volvamos-

Voltearon, alejándose del leñador todavía inconsciente. Pero él, aún inconforme, regreso y lo pateó con todo el odio que sentía en ese momento.

-¡Björn!-

Reclamó riendo, golpeando su frente. No podía creer lo infantil que era su amigo. Él levantó sus manos fingiendo inocencia.

-No pensaba retirarme de esta pelea sin un último golpe- se excusó en el mismo tono -Ahora si, vámonos-

Lo pateó una vez más y se acercó corriendo a ella, abrazándola.

En la casa de las brujas blancas, una pequeña discusión entre unos recientes amantes, se estaba desatando dentro.

-¿¡Por qué no te vas!?- reclamó ella, ingresando a la casa con él detrás -¡Quiero estar sola! ¡En mi casa!- abrió sus brazos para mostrar donde estaba -¡Desaparece!-

La observó burlón, de arriba a abajo. Estaba vestida con una camisa de él, que le cubria todo el cuerpo y un par de botas largas, que le llegaban hasta las rodillas.

-No iba a permitir, que caminaras sola por la calle vestida así- explicó tranquilo, señalándola, apoyado en el marco de la puerta -Cualquier depravado podría aprovecharse de ti-

Se acercó seductor, pero lo esquivo.

-¡No estaría vestida así, si tú...!- lo apuntó -¡No hubieras escondido mi ropa!- exclamó molesta -Prácticamente, tuve que escaparme de ti y lo peor de todo, es que, no pude rescatar a Leire, porque me encontraste- caminaba de un lado a otro, frustrada -Mi mejor amiga, se encuentra prisionera en un barco pirata, convertida, en el hermoso botín rubio de su capitán- ironizó.

-Calmate, Ivi- tiró de ella y la sentó en su regazo -No puedes quejarte de la hospitalidad pirata...- le apartó el cabello del cuello para besarla -Estas últimas horas, te he tratado muy bien-

Suspiró derrotada, removiendose incomoda.

-Basta Aren, si vas a poner intenso...- frotó sus ojos, nerviosa -Prefiero que te vayas-

-Nunca me iré - confesó divertido, abrazandola -Yo me quedaré aquí, contigo-

-Te recuerdo, que eres un pirata...- él sonrío hipnotizado - Algún día te irás y yo viviré, tranquilamente, como lo venía haciendo... Hasta ayer- lo miró a los ojos riendo. Pero al instante, su cara cambio, una angustia horrible la había invadido -Eyra-

Murmuró poniéndose de pie y salió disparada hacía el bosque con él detrás.

-¡Ivette!- gritó tras ella. No podía alcanzarla -¡Ivette! ¡Detente!-

No lo escuchaba.

-¡Eyra!- gritaba muerta de miedo -¡No por favor! ¡Otra vez no!- corría entre los árboles con agilidad -¡Eyra! ¡Hermanita!-

Estaba histérica, no sabía donde ir. Tropezó con una raíz y estuvo a punto de caer, pero unos fuertes brazos en su cintura, impidieron su caída.

-¡Estas loca!- gritó, sosteniendola con fuerza -¿¡Cómo se te ocurre venir a un bosque vestida así!?-

Ella intentó zafarse de su agarre, pero era inútil, era muy fuerte.

-¡Sueltame, Aren!- luchaba contra él -¡Eyra esta en peligro! ¡Me necesita! ¡Suéltame!-

-¿¡De qué estas hablando, Ivi!?- no entendía nada -¡Por favor, calmate!-

-¡Déjame en paz! ¡Y largate de una vez!-

Él la giro en sus brazos y la sostuvo con fuerza, para mirarla a la cara.

-¡Deja de decir eso!- reclamó furioso -¡Estas corriendome de tu vida, desde esta mañana y si no lo hago, intentas escaparte de mi! ¿¡Qué es lo que pasa contigo!?- preguntó en el mismo tono -¡Es porque soy un pirata! ¿¡No es así!?-

Lo miró atónita, simplemente huía, porque no quería enamorarse. Aunque ese hombre le encantaba, no quería eso.

-No es eso, Aren- respondió con simpleza -Que seas un pirata, es lo que más me gusta ti-

-¿Y entonces?- la tomó de la nuca acariciandole el cuello -¿Por qué huyes de mi?-

-Por autoprotección... No quiero enamorarme de ti- La angustia que sentía, había pasado -Volvamos a casa-

Lo tomó de la mano, pero él no la acompañó, estaba perturbado por lo que dijo.

-Espera un momento- la detuvo, pero ella, no volteó -Explícame, ¿Qué quieres decir con eso?- bajó la mirada, tomando su frente -¿Qué soy algo muy similar a un pasatiempo en tu vida? ¿Es eso?-

-Aren...- suspiró cansada -Nos conocemos hace menos de veinticuatro horas y tu eres un pirata- habló con él a sus espaldas -Tú, algún día, te irás - explicó sincera -Quizás no hoy, no mañana... Pero, te irás y yo me quedaré aquí- volteó a verlo -No puedo y no quiero enamorarme de ti- declaró sin titubear -Y si crees que eres un pasatiempo, entonces si, lo eres...- su sinceridad era abrumadora -Un hermoso pasatiempo... Pero lo eres, lo siento- suspiró por última vez.

-Comprendo- tenía razón -Es cierto, me iré, pero porque yo quiero irme y no porque tu quieras que me aleje a pesar de ser un pasatiempo- la apuntó acercándose a ella -Eres tan hermosa, que por el momento, no quiero alejarme de ti- La abrazó por la cintura, mirándola -Tu me hechizaste con tus ojos, ¿Verdad?-

Rió, abrazandolo por el cuello.

-Ojalá, Eyra no me deja usar magia-

-Tu hermana, es una opresora de libertades-

La besó en la mejilla.

-No digas eso, las cuatro estamos de acuerdo en esto- caminaban juntos hacía la casa -Nadie puede saber lo que hacemos... Tu viajas mucho, pero hemos visto a chicas inocentes, ser colgadas o peor aún, ser quemadas en la hoguera, por el simple hecho de intoxicarse con hongos y alucinar producto de eso-

-Tienes razón, pero no te preocupes, preciosa- apretó los hombros de ella -Mientras yo este aquí, cuidaré de ti y nadie sabrá tu secreto-

A lo lejos, observaron que sus amigas y su hermana, ingresaban a la casa, acompañadas por sus respectivos pretendientes.

-Gracias a los dioses estas bien-

Murmuró, tomando entre sus manos un pequeño dije de dragon, que él le había regalado la noche anterior.