El nuevo capítulo. Ahora estoy un poco liada, y no puedo actualizar todos los días, pero procuraré no tardar demasiado. Este capítulo será un poco triste. No pretendía extenderme tanto en el tema que trata, pero finalmente ha salido así.

Gracias por seguir ahí.

CAPITULO 21

El tiempo transcurre siempre de forma inexorable. No importaba cuánto deseaba Emily que se detuviera, cuánto habría dado porque los minutos se convirtieran en horas, y las horas en días. Allí seguía ella, después de dos semanas, incapaz de tomar una decisión, incapaz de llegar a un acuerdo entre su mente y su corazón.

Mifepristona.

Ese era el fármaco que obraría el milagro de acabar con otro.

Y su única opción de evitar un procedimiento quirúrgico aterrador y traumático por segunda vez en su vida.

Pero debía tomar la decisión en un corto período de tiempo para que funcionara, para que su alternativa no fuera estar tumbada en una camilla en una habitación fría y aséptica. Ocho semanas que justo se cumplirían en un par de días. No. No volvería a pasar por algo así. La interrupción farmacológica era la mejor elección. Y sin embargo, allí estaba ella, sentada frente a la barra de la cocina, contemplando hipnotizada los comprimidos mortales que su ginecóloga le había prescrito.

Habían estado allí durante las dos últimas semanas. Cada mañana al salir de casa, se prometía a sí misma que lo haría al regresar del trabajo, y cada noche, que lo haría al día siguiente. Le pediría unos días a Hotch para sufrir aquel dolor físico y emocional en casa, en la más estricta soledad. Sabía que no haría preguntas. Después de regresar de Chicago, los pocos progresos que había hecho, habían quedado atrás. Casi como si hubiera vuelto al punto de partida. No había habido bromas sobre lo sucedido en el avión. Sólo miradas compasivas y abrazos de consuelo. Asumía que habían cuchicheado a sus espaldas, pero estaba tan deprimida que ni siquiera le importaba.

Después de enterarse de su embarazo, había esperado la llamada de Morgan cada día, pero éste parecía estar decidido a cumplir su promesa de no molestarla; y ella, no se había atrevido a revelarle que aquella noche de sexo imprudente había tenido consecuencias.

¿Cómo hacerlo? Sus vidas habían divergido como las ramas de un árbol que, aunque surgen del mismo tronco, buscan la luz en diferentes puntos del cielo. Tan distantes que ni siquiera son conscientes de que conservan una única raíz.

No podía dilatarlo más. No podía esperar más. Enfrentar la maternidad en aquellas circunstancias, no era algo que ella hubiera previsto. Cuando estaba con Morgan, en su mente cosquilleó la idea de que tal vez fuera posible en un futuro. Pero no en éste.

En el futuro que ella había imaginado, había una casa, una familia, un hogar.

Ella ni siquiera sabía si podría llegar a ser buena madre. Sus propias referencias no eran las mejores. No había podido aprender nada de la suya que le sirviera para dar un niño todo lo que necesitaba. Y si aún hubiera decidido continuar adelante. También había pasado por la experiencia de no crecer junto a su padre. La sensación de vacío, y abandono no eran sentimientos que deseara para ningún niño.

Tenía un nudo en el estómago, desde hacía dos semanas. Tenía una opresión en el pecho, desde hacía dos semanas. Tenía el corazón desolado desde hacía dos semanas.

Su mente le decía que era la decisión correcta, y su mente rara vez se equivocaba. Eran los errores de su corazón los que la habían puesto en aquella situación. Debía hacer lo que su razón le aconsejaba.

Y sin embargo, no podía.

Pero aún así, tenía que hacerlo.

Con la mano temblorosa cogió el primero de los comprimidos. Era una pastilla pequeña, aparentemente inofensiva, que solucionaría todos sus problemas. Sintió las primeras lágrimas brotar de sus ojos en cuanto se la metió en la boca. Su boca estaba más seca que nunca, negándose a tragarla. Emily tomó entonces el vaso de agua que tenía junto a la medicación y bebió el primer sorbo.

Entonces cada parte de su ser le gritó que no podía hacer aquello. Que amaba a ese pequeño milagro que crecía en su interior pese a toda su amargura, pese a todas las traiciones, y pese a todo el dolor.

Su garganta se cerró y las náuseas se apoderaron de ella.

Corrió hasta el baño y se agachó de rodillas frente al retrete, escupiendo primero la píldora que no había ni siquiera llegado a deshacerse, y luego todo su almuerzo.

Cuando no quedaba ya nada en su estómago, se arrinconó junto a la pared, y comenzó a sollozar con una desesperación tal que creyó que jamás podría detener sus lágrimas.

Nunca se había sentido tan sola como en aquel momento. Cuando había abortado a los quince años, había tenido a Matthew, pero ahora, era Derek quien debía estar con ella para tomar aquella decisión imposible. Lo echó tanto de menos que por un momento el daño que le había causado no fue nada en comparación con aquella desesperanza agónica que la consumía.

Después de casi una hora allí sentada, se levantó y se arrastró hasta la cama. Se dejó caer en ella, consciente de que de nuevo estaba en el punto de partida. Con las lágrimas deslizándose ahora suavemente por sus mejillas, como si fueran gotas de rocío, se volvió hacia su mesita de noche, y vio su teléfono allí.

Su mente y su corazón lucharon durante unos segundos para tomar el control de sus actos.

¿Debería llamarlo? ¿Debería contárselo? ¿Qué le diría? ¿Que había tratado de matar a su hijo pero no había sido capaz? ¿Qué pensaría de ella? Mil dudas se sucedieron sin que tuviera ninguna respuesta para ellas.

De algún modo ajeno a su propia voluntad se percató de que tenía el teléfono en la mano y de que sin ser consciente de ello, había deslizado su lista de contactos hasta Morgan.

"No lo pienses"- Se dijo- "Si lo piensas, no lo harás"

Escuchó el tono de llamada, una, dos, tres veces… Y así hasta que saltó el contestador automático. Dejarle un mensaje de voz no era lo que había previsto. En realidad no había previsto nada. De lo que Emily sí estaba segura era que si no lo hacía en ese momento, no volvería a reunir el valor de nuevo. Al menos, a tiempo.

- Soy yo…- Hizo una pausa sin saber cómo continuar. Respiró hondo, cerró los ojos y simplemente dejó que su corazón la guiara- Tenía que hablar contigo… Yo… No sé cómo decirte esto... Ni siquiera quería llamarte….- Se le hizo un nudo en la garganta, y por un momento se sintió como una estúpida hablándole a un contestador automática- No debí llamarte…- El arrepentimiento fue creciendo a medida que sus emociones la consumían. ¿Qué estaba haciendo? Su voz comenzó a quebrarse y notó la humedad recorriendo su rostro- Sólo que no podía hacerlo… Lo he intentado…. Y no puedo tomar esta decisión…. Y siento que nada tiene sentido…- Las palabras comenzaron a agolparse en sus labios de forma desordenada. No podía pensar con coherencia. Todo lo que podía era sentir. Y sentir la estaba destrozando- Tengo esa medicación que me han prescrito… Y llevo días retrasándolo… Y ahora he vomitado todo en el retrete… Y no puedo parar de llorar porque esto no tenía que ocurrir así… Y sé que es mi elección… Una vez me lo dijiste…¿Te acuerdas? Me dijiste que no querías que tuviera que tomar una decisión así…- Continuó entre sollozos- Pero Derek.., esta decisión es imposible… Tengo el corazón roto y aunque sé qué debo hacer… No puedo… Y no sé por qué no puedo… Y creo que, tal vez, si no estoy sola…. Tal vez pueda hacerlo… Tal vez podamos hacer lo mejor para los dos… No quiero traer al mundo a un niño si no puedo darle lo que necesita… Y yo no creo que pueda dárselo… Siento que te hayas enterado así… Siento todo esto…Yo sólo… - Suspiró profundamente- No lo sé… Sólo llámame cuando oigas esto…

Cuando cortó la llamada estaba sin aliento. Tal vez al día siguiente se arrepentiría, pero por el momento, le bastó con aferrarse al pequeño alivio que sintió en su corazón. Cerró los ojos, y con el teléfono junto a la almohada, esperando por una llamada, se durmió hasta el día siguiente.

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La mañana llegó sin sobresaltos. Todo estaba igual. Nada había cambiado. Su teléfono había permanecido en silencio durante toda la noche. Comprobó los mensajes. No había nada. El arrepentimiento llegó poco a poco. ¿Qué esperaba? Si Derek había llegado a escuchar su mensaje, estaría en shock.

Por supuesto sabía que él terminaría contactando con ella. Morgan no huía de sus responsabilidades. Al menos eso era lo que ella había creído hasta que se había trasladado a otro Estado.

Ahora no estaba segura de si lo conocía tan bien como había creído.

Se reprendió a sí misma. No. Pese a todo. Derek no haría algo así. Seguramente estaría en impactado con la noticia. Tal vez necesitaría algunos días para asimilarlo, pero al final respondería.

Sólo que ella no tenía unos días.

Como hacía cada mañana, se duchó, se cambió de ropa y se fue al trabajo. Esta vez no desayunó. Su estómago se negaba a desayunar desde hacía días. Los síntomas del embarazo se estaban acentuando y si no actuaba ya, si no era capaz de encontrar una solución, el equipo se daría cuenta. Especialmente J.J. se daría cuenta. Últimamente la vigilaba como un halcón. Todos lo hacían. Pero fingir delante de J.J era más difícil porque era la única que, por propia experiencia, podía interpretar certeramente las señales de que algo había cambiado en ella.

Las horas de la mañana transcurrieron entre montañas de papeles. A mediodía, se obligó a almorzar frugalmente sabiendo que de otro modo no resistiría la reunión de coordinación que Hotch había convocado para la tarde.

Soportó las miradas preocupadas de todos, mientras tomaba asiento en la mesa redonda. Sabía el motivo. Estaba más pálida de lo normal. Sus ojeras volvían a enmarcar su rostro dándole un aspecto enfermizo. Afortunadamente llevaba tanto tiempo con aspecto demacrado que no podían achacarlo más que a su propio estado de ánimo.

Ahora sólo era un poco más evidente.

- Emily, deberías descansar…

La reunión había transcurrido sin que Emily apenas mediara palabra. Ahora su jefe, que no le había quitado la vista de encima, le aconsejaba lo que era una necesidad más que una recomendación. Se la veía tan agotada que comenzaba a resultar alarmante.

Ella tuvo que luchar consigo misma para no aceptar su propuesta.

- Estoy bien- Dijo esbozando una sonrisa.

Notó los cruces de mirada entre los agentes. Evidentemente nadie se creía ni sus palabras ni su sonrisa. Sin embargo, simplemente se levantó y se centró en recoger los informes que estaban frente a ella.

- No hagas que te lo ordene...- Añadió Hotch en un tono inesperadamente conciliador en contraste con la determinación en su voz- Por favor…

Aquella forma de dirigirse a ella, genuinamente inquieta, fue peor que si le hubiera gritado. Alzó la vista y suspiró. Todos parecían haberse aliado con Hotch. Tal vez, después de todo, no sería una mala idea.

La puerta se abrió sin que tuviera tiempo de aceptar su proposición.

Y el tiempo finalmente se detuvo.

¿Cómo no lo había previsto? ¿Cómo no había previsto que Morgan se presentaría sin avisar? Al igual que ya había hecho en el avión, había ido a buscarla sin importarle lo que nadie pudiera opinar al respecto. Sólo que ahora no parecía enfadado. Unicamente profundamente preocupado.

Sus ojos se encontraron apenas un par de segundos, antes de que García se abalanzara hacia él, abrazándolo. No era de extrañar. Era la que llevaba más tiempo sin verlo.

- ¡Derek!- Exclamo emocionada- ¿Cuándo has llegado?...¿Por qué no nos has avisado?

Las preguntas se sucedieron sin que Morgan tuviera tiempo de contestar a ninguna de ellas, así que se limitó a responder a su abrazo entre sonrisas. Por primera vez Emily se dio cuenta de que la distancia no debía haber sido fácil para él. Al fin y al cabo, aquella también era su familia. Tal vez por eso había elegido Chicago. Su familia biológica servía de contrapunto a la pérdida de su otra familia.

Emily se mantuvo allí, sin apenas moverse, presenciando cómo lo iban saludando con efusividad todos y cada uno de los miembros del equipo. Ella por su parte, no se sentía capaz de acercarse a él, recordando el mensaje que le había dejado la noche anterior. El arrepentimiento comenzaba a hacer efecto. ¿Qué habría pensado Morgan? No se le veía enfadado, pero tampoco podía identificar ninguna otra emoción en concreto. Nerviosa, se aferró al respaldo de la silla, esperando a que todo el bullicio terminara y sus amigos se percataran de que ella también estaba allí, y que las cosas seguían siendo difíciles entre Morgan y ella.

Aún Morgan le dirigió un par de breves miradas indescifrables antes de que todo eso sucediera.

El silencio se instaló en la habitación una vez que el entusiasmo inicial se atenuó.

Con ello, Emily volvió de nuevo a convertirse en el centro de atención. Una atención que ahora compartía con Morgan.

Estupendo

Y aun dentro de aquella incomodidad, Derek y ella mantuvieron sus ojos el uno en el otro, en la comprensión mutua de que el destino había jugado con ellos.

- Escuché tu mensaje…

Se dirigió a ella sin reproches. Con aquella calidez y suavidad que tanto había echado de menos. Detrás de ellas, percibió también un atisbo de incertidumbre.

Emily, de reojo, comprobó que efectivamente, todos parecían tan sorprendidos como era de suponer.

- Sí… No fue mi mejor monólogo.

Había pretendido hacer una broma, pero por alguna razón sólo sentía ganas de llorar. ¿Por qué? Morgan había ido a buscarla tal y como había deseado en el fondo de su corazón. Debería estar aliviada, y sin embargo, se sentía desfallecer, como si estuviera a punto de desmoronarse. Sus manos se cerraron con más fuerza sobre el respaldo de la silla.

Gimió sin darse cuenta cuando sintió que las emociones se quedaban atrapadas en su garganta y bajó la vista al suelo cuando notó las primeras lágrimas asomar a sus ojos.

Morgan la observó con más detalle. Pensar que él tenía gran parte de la responsabilidad de su estado emocional, lo hacía sentir bastante miserable. ¿Cómo le podía haber hecho aquello? Sintió el impulso de acercarse a ella y abrazarla, pero no quería desviar más la atención sobre ellos de lo que ya lo estaban haciendo. Podía leer en los rostros de todos la frustración de no poder ayudarla.

- Necesito hablar con Emily…- Dijo al fin dirigiéndose al resto- ¿Podéis dejarnos a solas un momento?

Los cruces de miradas debatiéndose en si era una buena idea, se sucedieron.

- Emily, ¿Te parece bien?- La interrogó J.J.

Pese a que Morgan era para ella como un hermano, estaba realmente cansada de ver sufrir a su amiga durante meses. A Morgan le dolió leer la desconfianza en sus ojos, pero al fin y al cabo, se lo tenía merecido.

- Sí, está bien… - Susurró Emily sin apenas fuerzas.

Ya con su permiso, los agentes salieron de la sala de conferencias, dejándolos a solas.

Solos y con la responsabilidad de no poder permitirse más errores.

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