Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a la grandísima JK Rowling, y la trama a WickedlyAwesomeMe. Yo sólo me encargo de traducir.
Capítulo 22: Gringotts
Scorpius aterrizó perfectamente en el suelo alfombrado de Malfoy Manor. Era la primera vez que salía de una chimenea sin hollín. Siempre había envidiado a su padre, que viajaba por la Red Flu sin mancharse. A veces pensaba que era adoptado, pero ese pensamiento estúpido se le iba de la cabeza enseguida, ya que era exactamente igual que su padre.
«Vale, el Felix Felicis continúa en marcha» pensó para sí mismo. Ditzy, su elfo personal, parecía emocionado de verlo.
—¡Joven Amo Scorpius! —chilló. Si no fuse por el decoro, Scorpius estaba seguro de que su elfo doméstico se habría lanzado hacia él y le hubiera dado un abrazo. Sintiéndose particularmente confiado, Scorpius hizo precisamente eso: cogió a Ditzy en sus brazos. El elfo doméstico gritó de sorpresa hasta que el Malfoy lo soltó.
—Hola Ditzy —dijo con una amplia sonrisa—. Hacía mucho tiempo que no te veía.
—Eh, sí, joven Amo Scorpius —dijo Ditzy haciendo una reverencia—. Hace mucho tiempo —luego hizo un gesto hacia fuera del vestíbulo—. La Ama Malfoy y la Ama Bellatrix Lestrange están esperando en los jardines del Ala Este, joven Amo Scorpius.
Él asintió con la cabeza y siguió al elfo doméstico. Scorpius se tomó ese tiempo para estudiar el estado de la Mansión Malfoy. Como era la actual guarida del Señor Oscuro, esperaba que hubiese una gran carga de magia oscura residual. También esperaba algunas manchas de sangre y cuerpos sin vida dispersos por doquier. Pero para su sorpresa, la Mansión estaba impecable: estaba exactamente igual que la última vez que estuvo ahí.
—¿Está el Señor Oscuro? —susurró en voz baja, no fuera que el bastardo estuviese ahí y lo escuchase.
—El Señor Oscuro no está, joven Amo Scorpius —respondió Ditzy—. Sólo están en la Mansión la Ama Malfoy y la Ama Lestrange.
Scorpius levantó una ceja y no pudo creer su suerte. Había estado enormemente nervioso por la posibilidad de encontrarse a Voldemort en la Mansión Malfoy.
—Gracias, Felix Felicis —murmuró en voz baja, con la sonrisa extendiéndose en su rostro.
—¿Sí, joven Amo Scorpius? —preguntó Ditzy, estirando el cuello para mirar a su Amo.
—Nada, Ditzy. Sigue guiando el camino.
Pronto llegaron a los jardines del Ala Este y Scorpius suspiró decepcionado. Lo saludaron unos arbustos de rosas de diferentes colores. Echaba terriblemente de menos la maravillosa variedad de flores de Astoria.
—Scorpius —saludó Narcissa, levantándose de su asiento y saludándole con un suave abrazo—. Qué alegría verte.
—Igualmente, madre —dijo, dándole una palmadita en la espalda—. Veo que estás bien.
Era verdad, para su gran alivio. La miró rápidamente y descubrió que estaba libre de moretones. A menos, por supuesto, que su abuela fuese buena con los hechizos de maquillaje. Aún así, parecía estar bien y eso era todo lo que importaba.
—Ah, Scorpius, hace tiempo que no te veo.
A pesar de la confianza proporcionada por la suerte líquida, Scorpius no pudo evitar estremecerse ante el sonido de la voz de Bellatrix Lestrange. Narcissa lo soltó, pero se quedó frente a él, protegiéndolo de su hermana. Scorpius lo encontró un poco gracioso, la verdad.
—Tía Bella —saludó con un asentimiento.
Vio que su tía abuela se movía lentamente. Sus ojos negros y brillantes nunca lo abandonaron.
Scorpius la recordaba por los retratos de la Mansión Malfoy. En aquel entonces, su versión más joven estaba bien vestida: exudaba la famosa belleza de una Black. Incluso podría rivalizar con la belleza de Narcissa. Pero los libros de historia mostraban un lado diferente de Bellatrix Lestrange. Recordó el brillo maníaco en sus ojos, su pelo negro salvaje y cómo los medios siempre la pintaban como la fanática del Señor Oscuro.
Era desconcertante, por decir algo, verla en persona. Cada vez se acercaba más a él, evaluándolo como si fuera una presa y ella fuese la depredadora. Scorpius contuvo el aliento hasta que estuvo apenas unos centímetros delante de Narcissa.
—Estás más alto que la última vez que te vi —ronroneó ella, girando uno de sus rizos con la punta de su varita—. Cada día te pareces más a Lucius —se burló.
Scorpius se negó a creer que se parecía a ese monstruo. La persona a la que creía parecerse era su padre. A nadie más.
—Creo que es mejor que vayamos ya a Gringotts —interrumpió Narcissa con un destello de advertencia en sus ojos—. Es fin de semana y estoy segura de que Scorpius estará ocupado con sus trabajos escolares.
Bellatrix siseó y acercó su rostro a su hermana menor. Scorpius se maravilló de cómo Narcissa ni siquiera pestañeó.
—Sus prioridades consisten en arreglar el Armario Evanescente y matar a ese director amante de sangre sucias, querida hermana. Ambos debéis recodarlo.
—Por supuesto, tía Bella —contestó tranquilamente Scorpius, alejando discretamente a Narcissa de los dientes de su hermana.
La bruja loca entrecerró los ojos y dio un paso atrás.
—Vamos —espetó antes de Aparecerse.
Narcissa soltó un suspiro enorme antes de volverse a mirar a su hijo.
—¿Estás seguro de esto, Scorpius? —preguntó, preocupada—. ¿No hay otra manera de conseguirlo?
Scorpius sacudió tristemente la cabeza.
—Esta es la única manera, madre —respondió—. Tengo que hacer esto.
Parecía querer indagar más en el tema, pero finalmente, Narcissa volvió a suspirar y realizó la Aparición Conjunta sin avisarle.
Cuando se Aparecieron en el Callejón Diagon, Scorpius frunció el ceño.
—Madre, sabes que puedo Aparecerme solo, ¿no? —preguntó con un suspiro.
Como respuesta, Narcissa le dirigió una mirada fulminante y Scorpius no tuvo más remedio que caminar silenciosamente detrás de ella y su impaciente tía.
Scorpius tuvo la tentación de inspeccionar todos los rincones del Callejón Diagon de 1997 y espiar las tiendas que no estaban presentes durante su tiempo. Vio brevemente la famosa tienda de varitas Ollivander. Aunque todavía estaba vivo durante su línea temporal, el fabricante de varitas se había retirado tras la Segunda Guerra Mágica. Un fabricante de varitas diferente era quien fabricaba las varitas para las nuevas brujas y magos. Sus padres solían decirle que Ollivander era el mejor y Scorpius tenía curiosidad por conocerlo.
—¡Venga! —gruñó Bellatrix, sacando a Scorpius de sus reflexiones.
Suspirando, Scorpius se lamentó por la oportunidad desperdiciada, pero siguió a las dos brujas obedientemente.
A pesar de los cambios en el Callejón Diagon, Gringotts parecía seguir prácticamente igual. Los duendes seguían atendiendo las necesidades financieras de las personas mágicas. Afortunadamente no había nadie, excepto los duendes. Bellatrix caminó hacia el duende sentado en la parte frontal del banco.
»Me gustaría visitar mi Bóveda —ordenó con brusquedad.
El viejo duende la miró a través de sus gafas redondas y sonrió burlonamente.
—Señora Lestrange, qué agradable sorpresa —saludó.
Miró a sus otros compañeros y también los saludó. Luego saltó de la pequeña tarima en la que estaba subido e indicó a los tres que lo siguieran. Les ordenó que se subieran a un carrito y, a pesar de los efectos de Felix Felicis, Scorpius se sintió terriblemente mal. Odiaba subir en ese carrito. La última vez que había ido a Gringotts fue cuando su padre lo llevó para mostrarle las riquezas de la familia. Sin embargo, olvidó el viaje desagradable cuando sus ojos contemplaron la fortuna de la familia Malfoy (joder, era inmensa). Pero ahora que volvía a estar ahí, el recuerdo volvió con fuerza.
»Agárrense fuerte —ordenó el duende.
Scorpius se aferró al carrito cuando comenzó a moverse y a caer. No pudo evitar soltar un fuerte grito mientras Bellatrix se reía deliciosamente a su lado. Narcissa estaba increíblemente silenciosa, aunque sus nudillos blancos hablaban del nerviosismo que sentía.
El viaje parecía eterno y Scorpius quería que se detuviera. Afortunadamente, pasaron ilesos por la Caída del Ladrón. Había expresado su nerviosismo por tener que pasar por una de las medidas de seguridad de Gringotts, pero Hermione le había asegurado que el Felix Felicis no contaba como un encantamiento.
Todavía se sentía mareado y confiado en el momento en que el carrito frenó en seco. Saltaron del carrito y siguieron las órdenes del duende para detenerse detrás de él.
Scorpius observó con los ojos muy abiertos mientras un Ironbelly Ucraniano enseñaba los dientes a los recién llegados. El duende hizo sonar los cachivaches que tenía en la mano y el dragón se estremeció y gimió, escondiéndose detrás de sus alas heridas y encadenadas.
Al Slytherin le entraron ganas de vomitar y pensó que era completamente bárbaro que los duendes hubiesen condicionado a un dragón a esperar dolor con el sonido de los cachivaches. En su época ya no había dragones que vigilaran ninguna de las Bóvedas en Gringotts debido a la inhumanidad asociada a ello. La Ministra Granger-Weasley se había asegurado de ello.
Recordó que uno de sus libros relataba cómo el Trío Dorado había allanado la Bóveda de los Lestrange. Recordó que uno de los pasajes citaba que habían liberado al dragón y se lo llevaron para escapar de sus captores. Era una de sus aventuras favoritas y pensó que era una pena que eso no fuese a ocurrir.
Narcissa le cogió el brazo para obligarlo a comenzar a caminar. El duende los condujo hasta una imponente puerta dorada. Luego levantó su pequeña mano y colocó toda su palma contra la puerta. Al instante, la puerta se derritió para revelar una abertura en forma de cueva que albergaba miles de artilugios de oro y plata, armaduras y espadas, viales y pociones y seda y telas increíblemente suaves, todas precariamente amontonadas hasta tocar el techo de la Bóveda. Admitió que la cantidad de riquezas era tremenda, pero la Bóveda de los Malfoy seguía siendo superior.
Bellatrix de repente lo apartó de Narcissa y lo empujó bruscamente hacia adentro.
—La Pluma Dorada se encuentra en el extremo derecho de esta Bóveda. La verás fácilmente ya que está encerrada en una caja de plata junto a una calavera con una corona.
Scorpius asintió rígidamente y caminó con cuidado por el camino despejado en el medio.
»No intentes tocar nada más —dijo Bellatrix cuando estaba a mitad de camino de su destino—. Todo está maldito por la maldición Geminio. Ten cuidado si no quieres que el oro y la plata te entierren vivo, joven Malfoy.
Frunció el ceño pero no respondió nada.
Scorpius se acercaba al lugar donde se encontraba la Pluma de Oro. Lanzó una rápida mirada a su madre y su tía y se sintió aliviado al ver que estaban ocupadas inspeccionando un collar de esmeralda. El duende miraba nerviosamente al enorme dragón que custodiaba la Bóveda, constantemente haciendo sonar los cachivaches para mantener a la criatura a raya.
Agradecido por su distracción, Scorpius buscó la familiar Copa de Hufflepuff. Tardó un minuto localizarla: estaba en la parte más alejada de la Bóveda, colocada en un estrado que la hacía parecer importante y valiosa.
«La has liado, tía Bella» se burló Al La Voz Interior, lo que hizo que Scorpius sonriera.
Inmediatamente agarró la Pluma de Oro y se dirigió hacia la Copa.
»¡Date prisa, Scorpius! —gritó Bellatrix—. ¿Por qué estás tardando tanto?
—Ya voy, tía Bella —le respondió.
Sus ojos luego se centraron en la Copa de Hufflepuff. La sangre corrió a sus oídos y su respiración se volvió irregular. ¡Era el quinto horrocrux y no podía joderla!
Tal era su concentración que fue incapaz de ver una espada bloqueando su camino. Fue demasiado tarde cuando se dio cuenta. Scorpius se tropezó y, en un intento de evitar su caída, cogió el objeto más cercano, un gran jarrón. Sus ojos se abrieron, dándose cuenta de su error cuando el jarrón comenzó a duplicarse exponencialmente.
Scorpius dio un paso atrás y sin querer tocó otros tesoros, activando la maldición Geminio. Por encima del alboroto, escuchó el grito de ira de Bellatrix, pero Scorpius ya no podía verla, ni a ella ni a su madre.
»¡Mierda! —gritó, maldiciendo su mala suerte. Tal vez, la Caída del Ladrón había borrado la magia del Felix Felicis.
«Espera» pensó mientras permanecía quieto por un momento a pesar de la loca duplicación que estaba sucediendo a su alrededor.
Estiró su cuello y vio que los tesoros duplicados lo estaban ocultando de su tía y su madre. Eso significaba que podía coger la Copa de Hufflepuff sin que nadie lo viese.
Su boca se ensanchó en una sonrisa aturdida mientras caminaba lentamente hacia la Copa resplandeciente, silbando una alegre melodía al mismo tiempo. Scorpius tocó algunos tesoros más y esperó a que se duplicaran lo suficiente para que pudieran levantarlo y así poder llegar a la Copa.
Scorpius sacó un pañuelo de su bolsillo y cogió la Copa de Hufflepuff, que afortunadamente no se duplicó cuando la tocó. Luego rebuscó en el bolsillo de su túnica y sacó el bolsito de Granger, hechizado con un encantamiento de extensión indetectable. Metió la Copa dentro, cerró la bolsa y la colocó en silencio dentro de su túnica una vez más.
Entonces, Scorpius vio el desastre que había provocado y sonrió. Sacó su varita y gritó:
»¡Finite Incantatem!
Al instante, la duplicación cesó. Scorpius despejó cuidadosamente un camino para caminar por él y cuando llegó a la entrada de la Bóveda, vio que Bellatrix estaba furiosa y Narcissa estaba angustiada. El duende estaba sacudiendo furiosamente la cabeza y empujó a Scorpius a un lado mientras sacaba su propia varita y hacía desaparecer las duplicaciones.
»¿Ups? —preguntó con un encogimiento de hombros indiferente. Esto pareció hacer enfurecer a Bellatrix, por lo que le lanzó la Maldición Cruciatus. Para deleite de Scorpius, la varita de su tía se partió en dos debido al alboroto. Su hechizo tomó una dirección diferente, golpeó un brazalete y volvió a desencadenar la maldición Geminio.
Bellatrix, furiosa, pisoteó e intentó abofetear a Scorpius, pero Narcissa cogió su muñeca con fuerza y la miró.
—Toca a mi hijo y te arrepentirás, Bella —escupió.
Scorpius quedó impresionado con el veneno que Narcissa Malfoy mostró. Hasta ese momento, ella no había sido más que dulce y dócil. Al parecer, su abuela también tenía el infame temperamento de los Black.
Su hermana mayor gruñó y le arrebató la muñeca, alejándose de la madre y el hijo.
»¿Estás bien, Scorpius? —preguntó Narcissa mientras ponía sus manos en sus mejillas e inspeccionaba si había alguna herida.
—Estoy bien, madre —dijo con una pequeña sonrisa—. Todo está bien. Maravillosamente bien.
Afortunadamente, Voldemort no estaba en la Mansión Malfoy cuando regresaron.
—Espero progresos para la próxima semana, Scorpius —ordenó Bellatrix arrogantemente antes de darse la vuelta y salir del vestíbulo.
Scorpius hizo una mueca, que no se molestó en esconder a pesar de que su madre le estaba mirando.
En lugar de regañarlo, Narcissa frunció el ceño con preocupación.
—Scorpius —susurró—, ¿lo de hoy era sólo para coger la Pluma de Oro? Porque he investigado sus propiedades y he descubierto que es... inútil. Soy tu madre y tengo la sensación de que has cogido algo más.
Esbozó una pequeña sonrisa, sorprendido de que su abuela se hubiese dado cuenta. Scorpius decidió no negar su afirmación, pero tampoco quiso revelar toda la verdad.
—No debes preocuparte, madre —aseguró—. Todo terminará pronto: el estúpido reinado tiránico de Voldemort, nuestro miedo...
Los ojos de Narcissa se llenaron de miedo y preocupación, pero, sin decir nada, lo envolvió en un gran abrazo que duró unos minutos.
—Por favor, quédate a cenar, mi amor —le pidió a ella, pero Scorpius ya estaba sacudiendo la cabeza.
—Me necesitan de vuelta en Hogwarts, madre, disculpa.
Narcissa suspiró decepcionada pero no discutió más. Luego lo envolvió en otro gran abrazo y murmuró:
—Escríbeme, Scorpius.
Él le dio un suave beso en la cabeza y le dijo adiós.
Scorpius se sorprendió al ver que los miembros del núcleo del ED estaban reunidos en el despacho de Dumbledore cuando regresó de su misión.
—Ah, señor Malfoy, veo que ha regresado ileso —fue el cálido saludo de Dumbledore.
Hermione se puso de pie al instante, lo que le hizo sonreír.
—Estoy ileso —reiteró mientras sacaba el atroz bolsito del bolsillo de la túnica.
Luego usó su pañuelo para sacar la Copa de Hufflepuff. Al instante, la atmósfera se volvió espesa y pesada. La Copa exudaba un mal que definitivamente era el de Voldemort.
—Me gustaría destruirla —se ofreció Neville, pero Scorpius sacudió la cabeza en respuesta.
—No, no, Longbottom —dijo—. En mi época, te conocen como el Destructor de Serpientes. Solo debes destruir la querida mascota de Voldemort. Así que tendrás suerte la próxima vez, pero esta Copa debe ser destruida por otra persona.
—Yo lo hare —se ofreció Hermione.
Neville frunció el ceño. Todavía no parecía convencido, pero afortunadamente cedió y le pasó el colmillo de basilisco a Hermione.
La castaña respiró hondo antes de lanzarse con fuerza sobre la Copa. Se abrió por el medio cuando la niebla oscura del alma de Voldemort salió de ella. Scorpius descubrió que el Felix Felicis era un buen antídoto para la insoportable oscuridad y la desesperación que desprendía un horrocrux.
Predeciblemente, la cicatriz de Harry comenzó a doler una vez más.
—Está más enfadado esta vez —dijo Harry—. Y creo... creo que detecto algo de… pánico.
Scorpius frunció el ceño cuando su Marca Oscura también comenzó a picar. Lanzó una mirada de pánico a Dumbledore, quien instantáneamente perdió el brillo en sus ojos.
—Me temo que debe irse, señor Malfoy.
El Slytherin suspiró profundamente.
—Supongo que se está acabando mi suerte —bromeó, pero ninguno de sus compañeros se rio.
La mirada de Scorpius se posó en Hermione y su corazón dio un vuelco extraño al ver la preocupación en sus ojos. Todavía no podía creer que la había invitado a salir el fin de semana de Hogsmeade. No había dicho específicamente que era una "cita" per se, pero por supuesto sabía que eso estaba implícito. Lo que más le sorprendió fue que ella aceptase.
»Volveré —dijo, tanto para calmar su preocupación como para tranquilizarse a sí mismo.
Hermione asintió sin decir una palabra mientras Scorpius salía corriendo del despacho de Dumbledore para atender la llamada de Voldemort.
Reapareció en uno de los escondites de los Mortífagos en algún lugar de Inglaterra.
Voldemort estaba sentado en un trono de mármol encima de un estrado. Sus ojos rojos escrutaban silenciosamente a Scorpius mientras se acercaba al Señor Oscuro.
Dio las gracias a los cielos porque la suerte líquida aún no había perdido su efecto. De alguna manera, le ayudó a calmar sus nervios.
Mientras Scorpius se acercaba, trató de descifrar la mirada de Voldemort. Era indudable que sabía que uno de sus horrocrux había sido destruido y Potter había dicho que estaba más enfadado y en pánico. Sin embargo, su rostro no lo mostraba, por lo que Scorpius se sintió más nervioso.
—¿Me ha llamado, mi señor? —saludó con una reverencia respetuosa.
—Confío en que tu pequeña excursión a la Bóveda de los Lestrange haya sido exitosa.
El miedo floreció en su corazón y Scorpius hizo todo lo posible por no fruncir el ceño. Deseaba fervientemente que Voldemort no se hubiese enterado de la excursión, pero estaban hablando de Bellatrix. Scorpius sabía que aprovecharía la oportunidad para presumir de su lealtad hacia Voldemort tanto como pudiera.
—Ha sido exitosa, mi señor —contestó finalmente Scorpius, intentando que sus ojos no se apartasen de los ojos rojos y calculadores de Voldemort.
—¿Y el Armario Evanescente?
—Con la ayuda del artefacto que he recuperado de la Bóveda de los Lestrange, podré arreglarlo en poco tiempo, mi señor.
Voldemort se quedó en silencio después de su respuesta. Luego, lentamente, se levantó de su trono y caminó por el estrado. Sus ojos nunca abandonaron los de Scorpius. El joven mago sintió el signo revelador de la Legeremancia e instantáneamente proyectó sus recuerdos de la recuperación de la Pluma de Oro y bloqueó el hecho de que también había cogido la Copa de Hufflepuff de la Bóveda.
Scorpius lo alimentó con recuerdos más mundanos y benignos que nunca lo implicarían en el robo de la Copa. Para su disgusto, Voldemort fue más persistente esta vez, investigó y sondeó hasta que se dio por vencido al no encontrar nada.
Cuando el Señor Oscuro salió de su mente, Scorpius sintió la ira que emanaba de él. Los nervios comenzaron a obstruir su garganta, pero se mantuvo firme. Hizo todo lo posible para no parecer culpable.
—Dime, Scorpius —comenzó, con su voz peligrosamente sedosa y con ira contenida—, ¿has recuperado otros tesoros de la Bóveda de Bellatrix?
«Así que tiene sospechas» pensó.
—No, mi señor. Sólo he cogido la Pluma de Oro.
—Entonces dime —Voldemort de repente gruñó. Mostró los dientes y acercó su rostro hacia Scorpius, y el Slytherin se felicitó a sí mismo por no haberse inmutado—, ¿por qué uno de mis tesoros ha sido destruido el mismo día que has entrado en la Bóveda de los Lestrange?
—Mi señor, no entiendo de qué me está hablando —susurró en respuesta.
Scorpius esperaba sinceramente que lo abofetease o le lanzase un Cruciatus por su insolente respuesta. Pero para su sorpresa, Voldemort simplemente se alejó de Scorpius y regresó a su trono.
Los ojos rojos de Voldemort le miraban calculadores mientras se sentaba en su trono.
—Si, y solo si, Scorpius —continuó, con su voz ahora más nivelada y extrañamente calmada—, me entero de cualquier acto de traición, quiero que sepas que no dudaré en castigarte.
Tragó discretamente el nudo en su garganta y respondió:
—Por supuesto, mi señor.
Voldemort agitó su mano con desdén y cuando Scorpius estuvo fuera de la habitación no perdió más tiempo y se Apareció en Hogwarts.
Estaba jadeando cuando llegó al despacho de Dumbledore. Los miembros del núcleo del ED aún estaban ahí, pero esta vez Scorpius no estaba sorprendido.
La adrenalina de la misión y el haber visto a Voldemort, le habían pasado factura. Ahora que los efectos del Felix Felicis se habían disipado, se derrumbó sin ceremonias en el suelo alfombrado y tomó profundas bocanadas de aire con terror.
Todos se pusieron en pie al instante, pero Scorpius simplemente levantó la mano para evitar que empezasen a bombardearle a preguntas.
—Dadme... dadme un minuto —jadeó mientras se llevaba las manos al pecho para tratar de calmarse.
Por supuesto, Granger desafió su solicitud, poniéndose de inmediato a su lado y ayudándole a beber una poción.
—Es una Poción Calmante —respondió al ver que la miraba inquisitivamente—. Parecía que la necesitabas.
Él asintió y Hermione lo ayudó a ponerse de pie. Afortunadamente, la poción comenzó a surtir efecto y el pánico que sentía finalmente cesó. Cuando estuvo sentado frente a Dumbledore, no sintió nada más que una calma engañosa.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Dumbledore con preocupación.
—Creo que Voldemort está empezando a sospechar —respondió Scorpius—. Me preguntó por mi visita a la Bóveda para recuperar la Pluma de Oro. Pero luego me preguntó por qué uno de sus preciados tesoros había sido destruido el mismo día.
Dumbledore parecía preocupado, mientras que Potter de repente palideció de miedo.
»Discúlpeme por ser pesimista, pero creo que se avecina la Batalla de Hogwarts —confesó.
—Pero todavía quedan dos horrocruxes —intervino Hermione—. ¡Debemos destruirlos pronto!
Scorpius miró a los ojos de Dumbledore y él sacudió levemente la cabeza.
—Lo sabemos, señorita Granger —comenzó el viejo mago—, pero creo que el señor Malfoy ha tenido suficiente... emoción por hoy. Creo que será mejor que lo dejemos de momento y acumulemos todo el descanso que podamos.
El núcleo del ED quiso protestar, pero Scorpius estaba realmente cansado. Cedieron de mala gana y salieron juntos del despacho de Dumbledore.
¿Qué os ha parecido este capítulo? ¿A que Scorpius bajo los efectos del Felix Felicis ha sido genial? ¿Y qué me decís de la cita que le ha pedido a Hermione? Ah, ¡y Voldemort sospecha de Scorpius! ¿Qué creéis que pasará a continuación? ¡Contádnoslo con reviews, que nos hacen muchísima ilusión!
Con cariño,
WickedlyAwesomeMe y Pabel Moonlight.
