Es una mañana brillante, el sol golpea con fuerza, pero el agua permanece quieta, las condiciones ideales para los pescadores locales. Tal es el caso de Menori y su padre, quienes, con la ayuda de otros tres marineros, llevan a cabo las labores del día.
El barco es grande, un par de redes son recogidas por los costados, cargando un peso abrumador de peces. Todo el cardumen es arrojado a un contenedor sumergido en medio del navío. Se necesita de una gran fuerza para mover la maquinaria, por eso es bueno contar con algo de ayuda, pero, en palabras de la pequeña ave, la mejor ayuda que pudieran tener ahora se encuentra revoloteando por encima de ellos.
Manteniendo siempre una gran altura, Qkarii mantiene sus ojos bien abiertos en busca de bancos de peces asomándose en la superficie. Cuando lo consigue, vuela en círculos para señalar el lugar, pero, nunca se aleja demasiado, pues otra tripulación podría aprovecharse de esto y llegar antes.
Cada vez que mira al cielo, Menori alza una mano con gran emoción para saludar a su amiga, quien corresponde con aleteos coquetos y elegantes, volando más cerca del barco, intentando lucirse un poco.
La desventura del colibrí (parte 2)
Vive
Tras una larga mañana de pesca, el barco se estaciona en el muelle, recibido por mobianos en la orilla que se encargan de asegurar el monstruo metálico y evitar que la marea lo arrastre. Tras horas de libre aleteo, Qkarii aterriza en la nave.
—Menori, Qkarii, los muchachos y yo nos encargaremos del resto, descansen el resto del día.
—¡¿En serio?!
—Claro, solo no le digas a tu madre, ¿de acuerdo?
Con gran emoción, Menori salta del barco, seguida por Qkarii, no sin antes despedirse agitando una mano en alto mientras corre.
—¿No deberíamos comer algo primero?
—¡No! ¡Comes demasiado! ¡No puedo esperar a que termines!
—¡Oye!
—Compraré algunos aperitivos cerca, ¡vamos!
Trabajo, sonrisas y carreras innecesarias. Esta ha sido la vida de Qkarii los últimos dos meses. La felicidad regresó a su rostro, pero, de vez en cuando, dirige su mirada al cielo, esperando no ver lo que tanto teme. El tan solo recordarlo abre paso al miedo, un deseo casi incontrolable por huir lejos la doblega. Sin habilidades para disimular ni un poco, permite que Menori se dé cuenta siempre, es quien le recuerda que "todo estará bien", pues tiene derecho a vivir.
Tras haber pasado por alguna refresquería para recuperar fuerzas, regresan a la costa, pero muy alejadas de los muelles. Se trata de una de las orillas rocosas que tanto le gustan a la saltarina. Ven desde lo alto, una caía larga y mortal, pues las formaciones rocosas luchan inertes contra las pequeñas olas que azotan sin freno. Solo algunas aves marinas se detienen ahí, a veces con alguna presa en el pico. Si se presta atención, se pueden ver otras formas de vida apegadas a las rocas como cangrejos y demás.
—¿Qué deberíamos apostar hoy?
—¿Te queda algo por apostar?
—¡Oye! ¡¿Te burlas de mí?! ¡Tengo muchas cosas para apostar todavía!
—¿Sí? ¿Cómo qué?
—Amm…
—Limpiar la habitación estaría bien.
—¡Oye! ¡Es mi habitación!
—Je, je, entonces, ¿la perdedora limpiará toda la habitación? —habló con énfasis en "toda".
—Te aprovechas de que puedes volar. ¡Esta vez te venceré! —declaró con fuerza para arrojarse de un salto al vacío, siendo seguida de cerca por la inmediata reacción de Qkarii.
Durante la caía, extiende sus manos para jalar las enormes rocas hacia sí, alterando su forma en el proceso. Cuatro brazaletes se forman, rodeando cada brazo y pierna para luego aterrizar sobre una tabla de roca con la que volaría a la par de su rival. Menori no se molestará en explicarlo de nuevo, con su poder, hace volar la falsa tabla mientras se mantiene estable usando los largos y huecos tubos de roca que imitan brazaletes, sin embargo, aún le falta mucho esfuerzo y energía para superar la velocidad y movilidad de una colibrí.
La fuerza con la que avanzan provoca que las aves huyan, golpeadas por el viento, mientras el agua parece abrirse cuando se acercan solo un poco. Aprovechando la sensación que esto último provoca, Qkarii desciende hasta acariciar el océano con sus alas, revoloteando después de felicidad, vuelta en círculos sin perder el trayecto mientras su brillo plateado deja un rastro breve.
—Presumida…
Buscando imitar a Qkarii, la saltarina encuentra su propio estilo al perturbar las aguas mientras imita surfear. En muy poco tiempo, se alejan demasiado de la orilla; la ciudad, los puertos e, incluso, el faro se ven pequeños a esa distancia. El agua se pinta de un azul muy marcado en comparación. Están en mar abierto. Menori se eleva.
—¡Muy bien, Qkarii! ¡Aquí comienza la verdadera carrera! Ya sabes cómo es, ¡la primera en regresar gana!
Ambas dan un giro estremecedor, levantando una pequeña ola en consecuencia. La diferencia en velocidad se vuelve obvia en cuanto la colibrí avanza en línea recta, dejando atrás a su amiga en muy poco tiempo.
—No puede ser —pensaba—, debo ir más rápido, ¡debo ir más rápido! —alzaba sus manos, siempre al frente, extendidas, sin perder nunca el control de su tabla y su cuerpo.
Por primera vez desde muchas oportunidades pasadas, Menori supera su velocidad, se acerca poco a poco. Por su lado, Qkarii disfruta del momento, creyendo en una victoria asegurada más, alza la vista al cielo solo para verse distraída por algo. La figura de una enorme ave consigue atormentar su corazón una vez más, reflejado en el terror momentáneo en sus ojos, pues, no tarda mucho en identificarla solo como un ave marina más, aunque esto bastaría para dejar a Menori tomar la delantera, acabando con su balance al golpearla solo con el viento que genera.
—¡Te veo en la playa, perdedora! —su voz se desvanecía con la distancia.
—¡No puede ser! ¡No!
Olvidándolo todo, acelera con todas sus fuerzas, aumentando sin querer el brillo de todo su cuerpo, en especial sus ojos. Por supuesto, Menori se percataría de esto, por lo que sobrarían sus intentos por impedirle el paso, moviéndose con gracia e intención de burlarse, no importa subir o bajar, tampoco así puede abrirse paso sin tener que empujarla, lo cual está prohibido por las convenientes reglas de la saltarina.
Un último destello extra impresionaría a Menori justo antes de ver a Qkarii moverse en un instante, tomando la delantera al pasar por la derecha. Durante ese diminuto momento, consigue apreciar una leve expresión dolorosa mientras el plumaje pierde su brillo y regresa a aquel rubio dorado. La colibrí llega antes a la playa, elevándose de inmediato para evitar levantar arena y poder aterrizar con delicadeza tras frenar con calma. Por su lado, Menori baja desde antes su velocidad solo para dejar caer las rocas a sus pies y aterrizar de un salto justo donde el agua no moja el suelo.
—¿Estás bien? —cuestionó con clara preocupación mientras la chica terminaba de aterrizar, recuperando el aliento y sin poder ponerse firme.
—Yo… lo estaré… cuando termines de limpiar la habitación.
—¡Ah, por favor!
Cabe mencionar que, sin importar todo lo que sucedió después, nunca dejó de recordárselo.
La noche cayó con calma, pero, Menori haría difícil el relajarse al no parar con las quejas, pues Qkarii permanece sentada, de lado, en aquella enorme ventana que le brinda esa vista perfecta de la ciudad. En cierto punto, parece no escuchar.
—Pero verás lo que te obligaré a hacer en cuanto pueda vencerte… ¿Qkarii?… ¡Qkarii!
—¿Oh? ¿Qué sucede?
—No puedes solo ignorarme así. ¿En qué piensas?
—Oh, en nada, en nada, solo estaba un poco distraía.
—No estabas solo divagando, conozco ese rostro, ¿en qué piensas?
—Bueno —giró su rostro de vuelta a la nada, mirando abajo mientras busca la manera…
—¿Qkarii?
—Creo que debería irme pronto…
—Oh, era eso… ¿Cuándo…? ¿Cuándo saldrás?
—Quizá… pasado mañana.
—Ya veo… ¡Entonces debemos aprovechar al máximo mañana!
—¿Menori?
—Si ese será tu último día aquí, ¡debemos hacer algo especial! ¡Iremos de compras para llenarte de provisiones para tu viaje y uno que otro recuerdito!
—No tienes que hacerlo —reía, conmovida, pero agobiada.
—¡Claro que sí! No sé en cuánto tiempo podré hacer mi propio viaje, ¡así que te obligaré a recordarme hasta entonces! Le pediremos permiso a papá en la mañana, ya verás, encontré algunas cosas que se verán hermosas en ti…
Puede que no pare de hablar en mucho tiempo, agobiando todavía más a Qkarii. Sin querer, deja de prestar atención por un momento, pues, su mente recuerda la imagen de aquella ave, como la sombra de un depredador al que ha olvidado que debe temer.
Esa noche, el insomnio de Qkarii volvió.
Descansados o no, todos en la casa madrugan, pues una familia pescadora no puede permitir que la corriente se los lleve. Un padre delfín se prepara mientras una madre saltarina hace el desayuno y almuerzo para llevar. Como cada mañana, Qkarii recuerda la calidez de un hogar, una sensación que, hasta unos meses atrás, creyó ser una mentira. La melancolía debe ocultarse, pues odiaría preocupar de más a estas personas que nunca imaginarían tener la oportunidad de brindarle sentimientos tan bellos a quien más lo necesita y cuando más son necesarios. En el fondo, desea no irse jamás, pero, las razones que lo impiden ya se han narrado de sobra.
A lo largo del día, el rostro de Qkarii lucía un poco triste, aunque, siempre intenta imitar la sonrisa de Menori. Durante la mañana de pesca, hasta las meriendas entre el medio día y la tarde, pero, sobre todo, cuando la saltarina lleva a cabo sus planes.
Con la compañía de su madre, las chicas visitaron numerosas tiendas donde elegirían algunas maletas, comida, ropa, entre muchos tipos de recuerdos. En cada lugar, Qkarii les recuerda lo mismo con una sonrisa nerviosa, lo más probable es que vuele por su cuenta a donde quiera que vaya, entonces, no podrá cargar con todo.
Al final, lo único indispensable sería una mochila, comida para el camino y, por supuesto, algún recuerdo.
El sol comenzaba a ocultarse, mientras una ocupada madre se prepara para hacer la cena, las chicas deben ir en busca del padre. En el camino, Qkarii observa por última vez la ciudad, desde las bellas casas hasta el despejado cielo. No puede evitar sentir que extrañará todo sobre este lugar: la pesca, las aves mobianas, la brisa marina, pero, sobre todas las cosas, la familia que pudo tener durante un tiempo, en especial a la chica que la toma de un ala sin pensarlo en cada oportunidad para salir.
—Qkarii —se detuvo de golpe, a menos de un kilómetro de la costa.
—¿Ah? ¿Qué pasa?
—Sé porque debes irte, pero, vamos, ¿acaso no amas lo suficiente este lugar?
—¿Menori?
—Quiero decir —en alguna sílaba, su voz se cortó, recuperándose al instante, pero, la colibrí pudo notarlo—… Sé que sería mucho pedir que te quedes un tiempo más, pero… al menos… ¿consideraste esperarme?
—¿Ah?
—Ya lo sabes, planeo salir de viaje algún día y conocer todo Mobius, eso nunca cambiará, pero, ¿no consideraste… tal vez… esperar para salir juntas?
—Menori…
—Lo sé, lo sé. No son solo unos cuantos meses, tendrías que esperar años, pero, ¿lo consideraste?
—Yo… Lo siento.
—Entiendo… ¡Bien! No hagamos esperar más a papá, ¿te parece? —se dispuso a seguir su camino.
—Menori.
—¿Ahora qué? Vamos…
—Menori, yo… De verdad quiero quedarme aquí.
—Oh, vamos, no necesitas…
—¡Escúchame!
—E…Está bien, está bien, tranquila…
—Yo ¡amo este lugar! Desearía poder quedarme todo el tiempo que necesite, salir contigo cuando estés lista y explorar todo el mundo, ¡juntas!
—Oww…
—¡Calla! Necesito decirlo: nunca en mi vida me había sentido como ahora. Me siento… libre. No solo eso. Tu familia me hace recordar a mis padres todo el tiempo.
—Qkarii…
—De verdad los extraño. Tú y tus padres me hicieron recordar el amor con el que me criaron, a pesar de, pues, todo. Es por eso que debo irme ya, Menori, lo último que quiero es que me encuentren y tu hogar sea destruido, como el mío.
Han pasado unos segundos desde que la sonrisa de Menori desapareció. Una vez más, la colibrí parece querer llorar, pero, todo este tiempo, lo ha contenido con fuerza, pero nunca esperó recibir un abrazo tan fuerte como el de ahora.
—Menori, ¿qué…?
—Gracias por ser tan genial.
—¿"Genial"? ¿Yo? ¿Ah? —so voz se cortó, los ojos se mojan.
—Por favor, no finjas ser ruda frente a mí. Sé que eres fuerte, pero, incluso los más fuertes necesitan llorar a veces. Por favor, por favor, no finjas conmigo.
—Menori…
Una vez más, la pequeña saltarina está ahí para acompañarla en su llanto, solo que, esta vez, es tan pacifico como la marea de hoy. Es probable que este fuera su último momento a solas, debía ser aprovechado al máximo.
El resto del camino siguió de lo más normal, ya se encontraban en el puerto en busca del viejo delfín.
—No se te vaya a olvidar tomarte una foto en cada lugar que visites. Y más vale que lleves puesto lo que te compré.
—Je, je, seguro.
—Estoy ansiosa por ver hasta donde vuelas, y estoy segura que te verás todavía más hermosa de lo que eres ahora.
—A veces, me preocupas, Menori… ¿Ah?
—Es papá, ¡démonos prisa, estamos un poco atrasadas!
Las niñas se echan a correr, pero el semblante de Qkarii cambió desde antes, pues alcanza a distinguir una alta figura que lo acompaña, una enorme ave de gabardina y sombrero que muy pronto identificaría como… un cóndor.
La colibrí toma la mano de su amiga y frena de golpe. Confundida, no para de cuestionar hasta reconocer terror en su rostro.
—Debo… salir… de aquí…
—Sí, ha sido una gran temporada, pero dudo mucho haber podido pescar tanto de no ser por la pequeña guiándonos hacia los peces, ¡ja, ja!
—¿En serio? Es alentador saber que les ha traído bien y no fue solo una molestia.
—Para nada… Oh, ahí están ellas.
—¿Hm?
Los ojos del cazador se abren con gran entusiasmo al reconocer a Qkarii, quien no duda un segundo en echarse a volar, soltando la mano de su amiga.
—No esperaba esa reacción…
—Descuide, suele hacer eso —extendió sus alas para emprender el vuelo también, liberando una terrible presión al despegar.
—¿Qué está sucediendo? ¿Menori?
—¡Papá! Tienes que saber algo…
—¿Ah?
En el camino, Qkarii consigue ver la casa que pudo llamar "hogar". Intacta, todo luce en orden, pero, es imposible no pensar en todo lo que conlleva la llegada de Yoku. No es posible siquiera considerar en hacer una última parada, es momento de huir. Su mala fortuna sigue, pues un delgado rayo atómico la golpea justo en un ala, obligándola a caer en picada.
Antes de acercarse a los edificios, otro cazador la toma en sus garras, aterrizando con fuerza para herirla.
—No lo hagas más difícil, Qkarii, no hay a dónde huir ahora.
—¡Ien! ¡S…Suéltame!
—Por supuesto, como quieras.
Es liberada del agarre. Luce confundida, pero no es tiempo de cuestionarse nada, debe aprovechar. Tan pronto se eleva unos cinco metros, es golpeada de lleno por Orago, quien aterriza para dar paso quien la atraparía de nuevo.
—Debes dejar de ser tan ingenua, o los golpes que te dará la vida serán más dolorosos.
—Kory… Agh…
Como si esto no fuera suficiente, un aterrizaje más hace temblar el suelo. Con pasos atronadores, Yoku se acerca.
Alrededor, el resto de aves se ocultan en confusión y miedo. El cóndor se hace consciente de obvias llamas a la policía y, tal vez, el Equipo Especial.
—Te arrancaría el corazón de un zarpazo, pero la operación para dividir tu energía vital a los cuatro es delicada… ¡Nos vamos de aquí!
—¡Maestro!
—¿Eh? ¡Argh!
Una gran roca se deshace en su espalda. El impacto consiguió doblegarlo, haciéndolo caer inclinado. Detrás, Menori hace una maniobra para aterrizar. La cantidad de rocas flotando sobre ella con tanta facilidad, como si el peso o la gravedad no existieran, ponen nerviosos a los cazadores.
—¡Déjenla ir! ¡Ahora!
—Menori… No…
—¿Maestro?
—Que esta sea una lección para ti, Qkarii. Mátenla.
—Pero, Maestro…
—¡Ahora, Kory!
—¡No! —con ese grito, Qkarii regresa a su estado activo, liberando una onda expansiva de energía plateada que, aunque no hiere a nadie, consigue liberarla del agarre.
—¡No dejen que escape! ¡¿Ah?!
—¡Tú no irás a ningún lado! —levantó cuatro muros y un techo, formando un cuarto sólido alrededor de Yoku— ¡Qkarii, huye!
—Menori…
—¡Huye!
Las tres aves se abalanzan sobre la colibrí, quien consigue escapar gracias a su velocidad. Una persecución comienza.
En tierra, un rayo atómico consigue hacer pedazos uno de los muros, fallando por muy poco en herir a una saltarina que nunca hubiera reaccionado al ataque. Cuando recupera los estribos, no tarda en recuperar los restos para formar una roca nueva.
Yoku sale de su prisión volando solo para reconocer la situación, pero, recuerda las rocas y se gira a tiempo para ver y esquivar un par de ataques.
—Oh, ouh…
—No tengo tiempo para esto —dijo con desprecio para alzarse y unirse a la persecución, cosa a la que Menori respondería arrojando sus rocas sin conseguir nada.
—Debo…
—¡Menori! ¡¿Qué crees que haces?! —gritó con jadeos entre líneas, luce exhausto por la segura carrera que debió hacer.
—Padre… ¡Debo ayudarla!
—Si lo que me contaste es verdad, deben ser demasiado poderosos, ¡no lo permitiré!
—¡Acabarán con ella si no la ayudo! ¡Debo ir!
—¡Son cuatro contra dos! ¡Acabarán con ambas si vas! Ella es más rápida, podrá escapar.
Luces verdes comienzan a iluminar el cielo que debería ser naranja por el atardecer. Las cuatro aves consiguen cortarle el paso a la colibrí con distintos ataques, posicionándose en diferentes ángulos. La velocidad de Qkarii es lo único que la ha salvado de ser golpeada hasta el momento.
—No podrá… Padre, debo ayudarla…
—Menori… Ay, hija… Bien, buscaré mi arma e intentaré cubrirlos.
—Padre… ¡Gracias! ¡Dile a mamá que salga de aquí! —declaró, haciendo que el suelo a sus pies se levante con ella para formar una nueva tabla. Bastaría con un poco de roca para formar los brazaletes de antes.
El delfín observa con gran asombro a su hija elevarse, rodeada de enormes rocas puntiagudas que deberían estar en el agua.
Qkarii vuela entre múltiples rayos que no dejan de ser disparados. En medio del caos, Yoku se mueve sin desperdiciar energía, buscando una posición y la oportunidad para embestir y capturar a su presa. En desesperación, la colibrí se envuelve en su energía, adoptando una forma similar a un brillante cometa al moverse. Orago la esquiva por poco. Parece que es libre para huir, pero un rayo consigue golpearla por detrás.
Su energía la protegió un poco, pues no muestra heridas y consigue mantenerse estable en el aire, pero los cazadores se acercan con fiereza.
Con un rápido movimiento de ala frente su pecho, Qkarii crea cinco esferas de energía que desprenden luz como si fueran delgados picos, disparándolas al instante. Estos proyectiles lucen como pequeñas estrellas fugaces que persiguen a sus objetivos más cercanos, obligándolos a desviarse. El único al que parece no importarle es a Yoku, quien carga contra las estrellas, revelando a sus seguidores que tienen la resistencia de sobra para tomar el impacto.
Ver esto sirve como advertencia a Qkarii, pero ve también el enorme grupo de rocas aproximarse. El tamaño de estas formaciones hace lucir pequeño a Yoku. Éste reacciona a la mirada de la colibrí y descubre una de ellas justo antes de recibir un impacto que pudo enviarlo devuelta al suelo, aplastándolo en el proceso. Lo esquiva por poco.
—¡Kory, Ien! ¡Encárguense de ella!
Obedecen de inmediato. Nunca lo hubiera imaginado; tal vez pasó por su mente un par de ocasiones, ¿cómo podría no hacerlo? Después de todo, los poderes siempre son relacionados al combate, pero, ¿quién se imaginaría a sí mismo en una situación como esta?
Antes de darse cuenta, dos enormes cazadores están a pocos metros sobre ella. Por primera vez, Menori comprende lo que sienten las presas. El miedo entorpece un poco su vuelo, la gaviota y el azor arremeten contra ella, siendo esquivados por muy poco. Entonces lo comprende, no es momento de acobardarse, hoy debe concentrarse más que nunca, romper su marca.
Todas las rocas que orbitan a su alrededor aumentan su velocidad, protegiéndola en un espacio de cinco metros a la redonda, es casi imposible acercarse ahora. Algunas de estas formaciones se fragmentan solo un poco para formar más elementos en el campo. Sin dudarlo, arroja algunas a sus atacantes sin perder control de nada en ningún momento. No da en el blanco, pues sus ataques son anticipados en cada ocasión.
Conociendo ahora la naturaleza del enemigo, las aves se disponen a disparar rayos de energía delgados y breves, consiguiendo pulverizar algunos objetos. Al ver esto, Menori entiende que no puede quedarse estática en el aire, es tiempo de usar su velocidad.
Mientras lucha por no ser atrapada, Qkarii observa a la saltarina. Apenas puede creerlo, Kory e Ien son atrapados en medio de la tormenta rocosa sin poder esquivar más los ataques. Intentan pulverizar con rayos, incluso con ondas expansivas, pero son golpeados antes de conseguir concentrar cualquier cantidad de energía.
—Rrrrh, ¡Orago!
—¿Por qué siempre debo salvarles el trasero? ¡Ahh!
—¡Menori, no! ¡Ah!
Yoku se interpone antes que Qkarii intente seguir al gavilán. Su garra casi la atrapa, rozó su plumaje, pero su presa se escabulle y retrocede ante el miedo.
—No podrás salvarla. Ríndete y entrégate, o morirá también.
—Tsk… Menori… ¡Ahh!
Otro intento por atraparla. Las alas del cóndor generan una fuerte corriente y presión a su alrededor, poniendo nervioso a cualquiera que se atreva a considerarse un rival. Tal es el caso de la saltarina, pues, a pesar de la distancia y las rocas a su alrededor, puede sentirlo a la perfección.
Un cuerpo afilado consigue golpear a Kory por la espada, arrastrándola consigo hasta aterrizar con enorme fuerza, agrietando el suelo a metros alrededor.
Un rayo se aproxima, una vez más, Menori tuvo la suerte de esquivarlo por muy poco. Pudo sentir por un instante la fuerza del ataque. Mientras recupera los estribos, gira su rostro para ver dónde impactó, pues un gran estruendo pudo ser escuchado. Se horroriza al ver una gran casa destruida, brillando un poco de verde por la energía residual. La onda expansiva destruyó, en parte, edificios cercanos, mientras los escombros se encargaron de dañar los más lejanos.
—Tú… ¡Este es mi hogar! ¡Yo ayudé a construir esas casas! ¡¿Cómo se atreven?!
Furiosa, evita un tacleada de Ien, logrando golpear su rostro con la tabla y rematar con un par de rocas que golpean una después de la otra, dejándolo inconsciente.
—Esos inútiles…
El cuerpo de Orago comienza a acumular energía, visible a través del brillo en sus plumas y el aura verde que se revela por todo su ser. Menori alza la mirada para encontrarlo y acelera. Su velocidad resulta abrumadora para el gavilán, que debe hacer un esfuerzo especial para esquivar cada enorme roca que busca atropellarlo.
La batalla entre Yoku y Qkarii es diferente. El cazador se reúsa a usar su energía, viéndose obligado a usar su velocidad para intentar herir a la colibrí, lo cual resulta imposible, pues se trata de un objetivo pequeño y demasiado rápido.
—En cuanto consiga ponerte las garras encima…
Por fin dispara un rayo, obligando a Qkarii a frenar y retroceder de golpe. Al verse distraída, es atrapada por una de las garras descubiertas de Yoku, quien captó victoria demasiado pronto, pues la pequeña se liberaría con una pequeña explosión de energía que obliga al cóndor a ser quien retroceda ahora.
Cinco estrellas dos creadas de un aleteo, disparadas al rostro de Yoku. Poco o nulo daño provocan, pero es la molestia y el humo de la explosión lo que le siega los segundos suficientes para permitir que Qkarii vuele para ayudar a su amiga. Tan pronto se da cuenta, acelera en su captura.
Orago mantiene su energía concentrada, no dispara nada, mantiene las maniobras evasivas al 100. Bastas son las ocasiones en que una roca estuvo por golpearlo, una de gran tamaño le roza, el tiempo parece alentarse un poco cuando la misma pasa tan cerca de su rostro, que pudo sentirla en el pico. Una más casi consigue el objetivo, pero la evita con un fuerte aleteo que lo eleva un metro, viendo el cuerpo afilado pasar por debajo. Esto no deja de repetirse.
—¡Orago!
—¿Ah?
Por la advertencia de su maestro, el gavilán ve a Qkarii acercándose con prisa, entrando en la tormenta casi al instante. Menori se asegura de mantener un espacio vacío alrededor de su amiga, lo cual hace más difícil concentrarse en todas las rocas, pero ahora son dos contra uno, pues Yoku se detiene a pocos metros, esperando una oportunidad.
—¡Ya basta!
Al fin, la energía es liberada en la forma de una explosión, un pulso que consigue arrojar lejos todas las rocas a su alrededor, solo Menori y Qkarii consiguen poner un poco de resistencia, la primera, concentrando toda su fuerza en la tabla.
El aura verde se queda presente un par de segundos antes de esfumarse, excepto en los cuerpos de ambas aves.
—¿Qué es esto?
—No… ¡Menori!
—¿Ah? —vio con terror al gavilán sobre ella, pero es mayor su sorpresa al escuchar un disparo cuyo proyectil atravesaría su cabeza.
Orago cae en picada, el resto de voladores buscan al tirador. Se trata de aquel viejo delfín, quien, furioso, apunta a Yoku.
La ira del mamífero no se compara a la que el cóndor demuestra en su rostro. Extiende sus alas y se dispone a cargar contra su nuevo agresor.
—¡Papá!
—Qkarii acelera y alcanza a Yoku en un par de segundos, a metros antes de su objetivo. Consigue desviar su trayectoria un poco al embestirlo, pero caen a solo pocos metros del pescador. Menori baja con él.
—Hija, ¿qué es esto? —tomó una de sus alas, bañada en un poco de energía verde.
—Yo… No lo sé, pero, comienzo a sentirme un poco rara.
—¡Ahh!
Un rayo plateado es disparado, enviando lejos a Yoku. La energía cósmica de Qkarii consiguió expulsar la poca aura verdosa en su cuerpo, pero, este ataque fue solo resultado de su enojo, frustración y tristeza, visibles en su semblante. El cóndor se reincorpora en el aire.
—Qkarii…
—¡Menori! ¡Deben huir, ahora!
—¿Qué dices? ¡No te dejaré!
—¡La energía atómica te matará si no encuentras alguien que te cure! ¡Vete!
—¿Energía… "atómica"? ¿Estoy infectada por algo?
—Hija, debemos irnos… ¡Argh!
Su voz es interrumpida. A la par de su último quejido, un delgado y breve rayo se escucha y hace presente atravesando su pecho. Los ojos de Menori pierden su brillo, los oídos ensordecen, ni siquiera el desesperado grito de Qkarii es audible para ella mientras ve a su padre caer al suelo.
—Pa…Papá…
—Me…nori… Corre…
—Qué… Papá… No…
Cae de rodillas, no hay manera de controlar sus lágrimas. Con el dolor creciendo desde su corazón hasta la cabeza, gira para reconocer al responsable: un furioso y poco satisfecho Orago.
—Im…posible… No… ¡No! ¡No!
Con un largo grito, hace que escombros, la calle y edificios cercanos comiencen a desprenderse en una nueva y más agresiva tormenta. Todas las aves son obligadas a elevarse muchísimo para evitarla. El aura verde cubriendo su cuerpo avanza sin detenerse siquiera por esto. Entonces, siente la mano de su padre.
—Menori… Sé… una buena niña… Huye y… protege a tu madre… Te espera en… el barco… Menori…
—Padre, ¡padre! ¡No! ¡No te rindas! ¡Puedes salvarte! ¡Te llevaré a que te curen!
—Menori… Vive… por mí…
—Papá… por favor… no me dejes…
—Te amo, hija… fuiste… la mejor —habló con su último aliento hasta desvanecerse, cerrando los ojos como último acto.
—Papá… ¡Papá! ¡Háblame! ¡Papá!…
Con el cuerpo cortado, abraza a su padre con lentitud para dejar salir toda la fuerza de su llanto. Una vez más, tierra y rocas son arrancadas del suelo para endurecer la tormenta sobre ella.
—¡Esto es lo que le espera a todos los que involucres en tu vida, Qkarii! —declaró el cóndor.
—No… Esto no puede ser —su rostro está empapado ya, su visión se muestra borrosa a casusa de las lágrimas y su aleteo es torpe.
—¡Lo es! ¡¿Piensas dejar que más tragedias así ocurran?! ¡Detén toda esta serie de dolor y ven a mí! Cumple el propósito por el que naciste. Deja que termine mi trabajo y nadie más tendrá que pagar por él.
Kory e Ien se presentan de nuevo, cerrando un círculo en el que acorralan a Qkarii, cubriendo los cuatro vientos.
—¡Mientes! ¡Toda mi vida fue una mentira gracias a ti! Si me dejo atrapar, ¡usarás el poder para causar más muerte y dolor a otros!
—Si así lo quieres… ¡Destruyan la ciudad!
—Pero —Kory, con demasiadas dudas en su voz—, maestro…
—¡Muévete, Kory! —ordenó Orago.
—¡Basta! —un terrible gritó se escuchó desde el suelo, todo elemento aéreo se detiene por un momento.
Poco a poco, Menori se levanta, abandonando a su padre en el suelo con lo último de su calma. Con el rostro mojado y la nariz escurriendo un poco, muestra un semblante lleno de ira. La tormenta comienza a reanudarse poco a poco.
—¡Jamás los perdonaré! ¡No dejaré que dañen más mi hogar!
—¡Muévanse, ahora! —ordenó Yoku.
—Menori…
La fuerza y velocidad con la que el ave, rocas y tierra se elevan es amenazante incluso para Yoku, pues debe ordenar.
—¡No se contengan para nada! ¡Aunque sientan que sus cuerpos no pueden más!
Alarmados, los tres cazadores comienzan disparando rayos y manteniéndolos el tiempo que pueden para evaporar todos los cuerpos posibles, pero poco basta, pues se ven obligados a cancelar sus ataques y retroceder para evitar ser golpeados, aplastados e, incluso, atravesados por las rocas más afiladas. Incluso Yoku debe retirarse.
Cada rayo atómico disparado golpea la ciudad, generando más y más destrucción e incendios. Todos los habitantes huyeron desde el inicio, pero cometieron el error de mantenerse a distancias donde las cámaras captaran bien. Algunos escombros y ataques consiguen herirlos, cabe la posibilidad de bajas. Es apenas que la verdadera evacuación inicia.
—Esto… es mi culpa…
—¡No lo es!
—Menori…
—¡No tienes la culpa de nada! ¡No eres culpable del lugar o condiciones en las que naciste! ¡No eres culpable de ser perseguida por ellos!
—Pero…
—¡Pero nada! Además, fui yo quien te convenció de quedarte, ¿recuerdas?
—Eso…
—¿Qué puedo decir? Tampoco eres culpable de haberte enamorado de este lugar, de nuestra familia.
—Menori…
—Los verdaderos culpables, ¡son esos monstruos! ¡Tú no elegiste que esto pasara! ¡Son solo ellos! Ahora, ¡deja de repetir mi nombre y acabemos con ellos! ¡Protejamos nuestro hogar!
—S…Sí…
Así, la batalla final comienza.
Se mantienen siempre unidas, cubriendo sus espaldas. La tormenta hace imposible acercarse siquiera un poco, pues no son solo rocas ahora, también pequeñas tormentas de arena cortan la visibilidad. Rayos atómicos son disparados desde tres ángulos distintos, pero, con sus ojos siempre bien abiertos, las chicas consiguen esquivar sin mucho problema, incluso las rocas se salvan, pues Menori mantiene un control casi perfecto de las mismas.
Por su lado, Qkarii crea todas las estrellas que puede, disparándolas para que sigan y entorpezcan la defensa de las aves, que poco pueden hacer para lidiar con todos los ataques juntos. Por si no fuera suficiente, cuando una roca es destruida, sus fragmentos siguen en juego mientras otra es arrancada del suelo.
Surge una idea, usar todos los elementos a su alrededor para formar enormes y afiladas armas que los cazadores deben evitar a toda costa. Es un espectáculo como ninguno, gigantescas lanzas y espadas, cañones innecesarios, mazos, falsos asteroides cuyo fuego es simulado con arena, todo lo que a Menori se le ocurre.
—¡Váyanse de aquí! ¡Largo de mi hogar! ¡Ahhh!
—Tsk…
Solo Qkarii se da cuenta, la energía atómica en Menori se sigue expandiendo en su cuerpo. Si la batalla continua, poco tiempo tendrá para curarse.
—Debo esforzarme… ¡Por todo lo que debo vengar y proteger!
Por primera vez, la colibrí consigue disparar un brillante rayo que ilumina toda la ciudad y, por unos instantes, hace olvidar que es de noche ya. No golpea ningún objetivo, pero deja una clara advertencia.
—¡Acaben con ellas!
Por fuerte que sea la voz de Orago, poco más pueden hacer. En poco tiempo, la ciudad se encuentra en llamas por debajo de todos. El fuego se extiende poco a poco. La primera en caer en Kory, aplastada por dos enormes rocas. Nadie puede hacer nada para atraparla. El siguiente, para variar, es Orago, atravesado con gran violencia por una lanza rocosa. Como venganza, Menori abusa y hace que otras cinco lanzas lo atraviesen, formándolas en el proceso; cada impacto con mayor fuerza e ira que el anterior hasta que le gavilán se desploma.
—Argh, ¡pagarán por eso! —declaró Ien.
—No, ¡ustedes pagarán!
El azor intenta atravesar la tormenta, un error que costará muy caro. Es difícil avanzar, pues ahora toda la fuerza de las pequeñas es dirigida a él. Yoku sabe que es cuestión de tiempo, Qkarii no parece agotarse y el veneno en Menori es lento.
Ahora es él quien debe reunir energía, correr el riesgo, pues, si falla, quedará muy vulnerable. A diferencia de las tres aves, junto con el aura que emana, estática se mueve por su cuerpo mientras sus ojos juntan brillo.
No se toma su tiempo, arremete contra la tormenta. Las chicas lo perciben, parte de la ofensiva es dirigida a él, pero, de su cuerpo, se disparan poderosos rayos que desvían las rocas más grandes y destruyen las más pequeñas, volviendo las insignificantes rocas; esto incluye las armas falsas.
—¡Detrás de mí, Qkarii!
Se mantienen juntas mientras se retiran. Cada formación rocosa regresa a ellas, algo comienza a tomar forma a su alrededor, cubriéndolas. Ien no se contiene y dispara sus rayos, agotándose cada vez más para frenar el armado de esa nueva defensa. Junto a los relámpagos de Yoku, resulta ser efectivo.
—Debo ser, ¡más rápida!
En segundos, una enorme ave de piedra se forma con ambas dentro.
—Es la primera vez que hago esto… Cielos… es… doloroso…
—Menori…
El aura verde ya alcanza todo su cuerpo, aunque no la cubre del todo. Se esfuerza para dar mayor tamaño a su tabla hasta convertirla en una plataforma que, de extremo a extremo, se une al gigante rocoso.
—Bien, bien, ¡puedo hacerlo!
Entonces, el titán comienza a imitar los movimientos de la saltarina. Desde los pies hasta la cabeza con exactitud.
—Maestro…
—Es solo roca, Ien, ¡eres más fuerte que eso!
—Sí…
Este monstruo no es tan rápido como los objetos en la tormenta, intenta arremeter contra los cazadores, pero nunca dará en el blanco, requiere demasiado esfuerzo, Qkarii puede verlo. Pone un ala sobre el hombro de Menori.
—¿Ah?
—Debemos huir.
—Pero…
—Nos seguirán, solo salvaremos lo que queda de nuestro hogar si nos vamos.
—Tsk…
A través del único hueco que dejó en los ojos, puede percibir la luz roja emitida por los incendios, también el humo junto con algo de cenizas volando.
—Nunca imaginé… que mi viaje comenzaría de esta forma… ¡Bien!
No necesita imitar los movimientos de un ave, el titán se desplaza con facilidad.
—¡Ien!
—No huirá…
Desde el inicio, intentan esquivar rayos y relámpagos, recibiendo impactos de éstos últimos. En el camino, Menori reconoce un edificio en llamas: su casa.
—No…
—No puede ser…
—Mamá… ¡Mamá!
—¡Seguro nos espera en el bote! ¡No hay nada que podamos hacer! ¡Debemos irnos!
Pero un rayo atravesaría por fin al gigante, partiéndolo a la mitad.
—¿Qué…?
—No…
Es Yoku quien se adelanta y, sin dudarlo, corta con su garra el pecho de Menori, abriendo dos heridas profundas y, a su vez, empeorando la infección.
—No… ¡Meno…! ¡Agh!
Ien atrapa a Qkarii. Con ambas presas capturadas, caen en picada, superando la velocidad de las rocas al desplomarse. Aterrizan con una fuerza terrible, liberando una explosión de luz plateada que pronto se extinguiría. El único sonido más fuerte es el del resto de formaciones cayendo, agregando un grano de arena al desastre.
—¡Hasta aquí llegaste, Weschenfeller! Antes de llevarte ¡verás morir a tu amiga!
—No… por favor… déjenla… Ya me tienen, ¡dé…jenla!
—¡Ahhrg!
—¡No!
—Tú pudiste evitar esto —apretaba poco a poco el pequeño cuerpo de Menori—, te lo pedí, tuviste la oportunidad, pero decidiste pelear, involucrar a otros, dime: ¡¿yo soy el monstruo?!
—Yo… Por favor… basta…
—Lo eres —una débil y rota voz.
—¿Eh?
—Qkarii… no dejes que te engañe, ¡ahh!… Eres… la chica más hermosa que conocí en mi vida, ¡ellos son los mons…! ¡Ah!
—Tu tiempo terminó.
—¡Menori!
—No… aún…
No lo vieron, pero, con sus últimas fuerzas, Menori formó un par de lanzas para atravesar a cada ave. Ien cae al suelo, liberando a Qkarii, pero Yoku permanece firme, aunque incapaz de aplicar más fuerza. Intenta arrancarse el arma lo más rápido posible.
—¡Menori!…
Tiene intenciones de salvarla, pero, cuando el agarre deja de ser tan fuerte, se da cuenta que la infección avanzó demasiado. Sus hombros perdieron plumaje, también se nota en la nuca. Su pecho está empapado en un charco de sangre que no había notado hasta el momento.
—No…
—Qkarii, escucha…
—¡Argh! —el arma comienza a salir, liberando un poco de sangre a consecuencia, pero, el dolor lo detiene.
—¡No!
—Escucha, por favor… Qkarii… Debes irte… ahora.
—¡No puedo dejarte! —una vez más, aparecen lágrimas.
—Debes cumplir nuestra promesa.
—¿Qué?…
—Debes… ¡Argh! —Yoku volvió a apretar, encajando una garra; más energía verde se desprende, acelerando la descomposición de su cuerpo— Debes… ser libre…
—No, eso no ahora, por favor…
—Sé libre… vive, por nosotras… por nuestra familia… vive… Explora el mundo… por mí… Vi…ve…
Su último aliento es liberado, una lágrima final se desprende de sus ojos, que permanecen abiertos. El cuerpo comienza a descomponerse hasta volverse polvo, iluminado por unos instantes por la energía atómica hasta volverse parte de las cenizas. Poco a poco, hasta que su rostro desaparece.
—Menori… Perdóname… Menori…
—¡Argh! —el arma por fin sale de su cuerpo.
Sin más, Qkarii despega, tambaleando por su dolor, no solo el físico, también el que exprime las lágrimas hasta, eventualmente, secar los ojos y la garganta.
Yoku se dispone a perseguirla, pero sangre se desprende de la herida abierta, no tendrá fuerzas para volar hasta poco después de regenerarse.
—Maestro…
—Ien. Fuiste débil, la dejaste escapar.
—Por favor, perdóneme.
Desatando su frustración, Yoku saca el arma de su cuerpo sin ninguna delicadeza. El azor se desploma por el dolor.
—Si quieres cambiar algo, debes ser más fuerte, jamás lograrás tu objetivo siendo tan débil.
—Lo sé…
—Debemos irnos de aquí, encontremos a Orago y Kory. ¡Levántate!
Un porcentaje de la ciudad en llamas, una noche sangrienta, un poblado costero que jamás volvería a ser el mismo. Esta herida no sería olvidada jamás por la región de las aves, fue entonces que el Equipo Especial tomaría en serio esta cacería, dificultando las cosas para cazadores y presa.
El oscuro y rojo cielo de aquella noche se volvería gris y verde al regresar a la realidad.
—Le prometí que viviría —secó sus lágrimas—, pero siento que no he vivido desde entonces. Estuve evitando hacer amigos durante más de un año, pero, aparecieron ustedes. Me hicieron recordar un poco todo sobre ese lugar, sobre ella… Es por eso que no deseo que peleen.
—Qkarii…
—¡No deseo ver a nadie más morir, Blue!
Un momento silencioso, el erizo le permite desahogarse. Entonces, toma con fuerza su mano.
—¿Eh?
—Qkarii, te prometo que no moriré —habló con gran determinación, reflejada en su semblante—, y, mientras yo viva, no permitiré que nadie más muera. No tendrás que pasar por ello de nuevo.
—No puedes… No puedes prometer eso. ¿Cómo sabes que no fallarás?
—Porque utilizaré todo mi poder en la batalla, no me contendré, cruzaré mis límites si lo necesito, correré el riesgo. Confía en mí.
—Blue —conmovida por sus palabras, el brillo en sus ojos regresa por un instante, pero, retira su mano de golpe—… ¿Cómo puedo confiar en ti? Ya he escuchado muchas palabras de aliento, la situación no deja de empeorar.
—Qkarii…
—Te lo agradezco, pero, no puedo evitar sentir que son solo palabras vacías.
—Yo… Lo siento…
—Si no puedo evitar que peleen, al menos prométeme una cosa.
—Lo que sea.
—Si parece que perderán, por favor, huyan, ríndanse. Yo seguiré huyendo y, si no, me entregaré.
—¡Qkarii!
—Acabaré con todo el sufrimiento que Yoku genera.
—¿Sabes lo que podría hacer con tu poder?
—Hasta ahora, ha luchado solo por conseguirlo. No sé lo que hará con mi poder, solo… no puedo saber si seguirá luchando luego de conseguirlo, ¿cierto? Lo que quiere ¿no es solo probar que puede crear Seres Especiales? ¿Mejorar a nuestra raza? Si existe la posibilidad de que se detenga si me entrego, entonces lo haré.
—Qkarii, no, escucha…
—Déjame sola.
—Pero…
—Déjame… ¡sola! —extendió sus alas y despegó, alejándose del campamento entre la arboleda.
Todos lo vieron, ahora dirigen la mirada a un nervioso erizo que debe saludar, para variar.
Al bajar de la nave, es interceptado por Azuri y Zomi.
—¿Qué fue lo que hiciste, vago?
—Es… complicado.
—¿Qué harás ahora?
—Debo hablar… con alguien.
—¿Oh?
—¿Chao?
Sobre una colina, Genevil y las primas descansan, observando entrenar a los chicos y agentes. También prestan atención a los soldados que se detienen para atender pequeñas reuniones.
La primera en escuchar los pasos del erizo es Rebeca, pues voltea al instante. Blue alza y muestra las palmas en señal de paz, pues carga consigo su espada. Zomi lo acompaña, en silencio, pues le pone nervioso interactuar con quien, se supone, debería ser el enemigo.
—Ah, claro. ¿Quieres sentarte?
—Sí…
—Blue, je, je, ¿nos contarás cómo ahuyentaste a Weschenfeller? Ja, ja. Igusu ya tiene a un equipo buscándola.
—No es gracioso, Genevil.
—¡Sí lo es! —declaró Ashley, burlándose.
—Ash, como sea.
Se sienta a un lado de Rebeca, manteniendo cierta distancia, pues ninguna se aparta ni un poco del halcón. Aunque el chico parece un poco nervioso, al jaguar parece no importarle.
—La batalla comienza esta noche, ¿qué tal tu día, Blue? ¿Te estás preparando bien?
—Hoy… me enteré de algunas cosas.
—Sí, yo igual.
—Ah, ¿sí?
—Zenoka habló conmigo, cambió de opinión sobre el plan que le ofrecí. Acordamos un intercambio.
—¿Qué clase de…?
—Dividiremos lo que nos resta de anillos atómicos, compartiremos nuestra defensa. A cambio, cabe la "posibilidad" de hacernos con la custodia de Yoku.
—¿De verdad? Suena muy repentino, ¿por qué aceptaría eso así nada más?
—Rebeca escuchó algunos agentes mencionar que perdieron todo rastro de comunicación con la base. Zenoka no quiere hablar al respecto, algo pasó en Begin. Puede que la situación sea peor de lo que imaginamos.
—¿Qué tan… "peor"?
—No tengo forma de saberlo, es por eso que debemos estar listos. Noté una cosa más: ¿te diste cuenta? No hemos recibido refuerzos.
—Lo noté…
—Igusu es un ave de polémicas dentro del Equipo Especial. Gracias a Rebeca, me enteré que nunca recibiremos apoyo, a pesar de haber una infinidad de agentes solo en Begin.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Porque existen agentes de alto y bajo rango que desean ver a Igusu fallar. Anhelan un motivo para demeritarlo, quitarle privilegios.
—Eso… ¿cómo puede ser?
—No existe una sola organización perfecta en ningún mundo. La envidia, incluso la codicia, pueden profanar el corazón de cualquiera. Dime, Blue, ¿crees que el Equipo Especial puede hacer algo para cambiar el mundo? ¿De verdad puede, una organización con esos defectos, mantener a todos a salvo?
—Yo… No lo sé…
—Pues yo no lo creo así. Es por eso que estoy listo, no tengo una sola pisca de duda en mí. ¿Tú estás listo, Blue?
—Este, verás… Quería hablar contigo sobre algo.
—Lo imaginaba… Ashley, Rebeca, dennos algo de espacio.
—Sí, señor.
—Ey, quiero escucharlo… Está bien…
Ambos esperan a que las primas se retiren. Por su lado, Zomi se acurruca en las piernas del erizo, esperando y siendo acariciado por Blue en un intento por tranquilizarlo.
—Te escucho.
—Albert, por favor, mírame a la cara y dime, ¿de verdad peleas para crear un mundo mejor? ¿Buscas erradicar el mal de este mundo?
—Oh…
Parece un poco sorprendido por la manera de preguntar, pero, no duda en consentir la petición. Con una mirada firme, responde:
—Así es. La única forma de cambiar el mundo, es tomarlo. Acabaré con todo el mal desde la raíz. No permitiré que otra tragedia ocurra. No puedo prometerte que verás el cambio de un momento para otro, requerirá tiempo, pero, tienes mi palabra. Busco hacer un mundo mejor.
—Ya veo… ¿Qué hay de Yoku Kagawa?
—Él pagará por lo que ha hecho. No solo es personal, de tenerlo en nuestro poder, podré dar un salto enorme en mi trabajo principal, el que me permitirá controlar todo Mobius. Haré que todo el sufrimiento que generó haya significado algo. La familia Weschenfeller y todos los que murieron por su ambición, serán vengados.
—Y no habrá más tragedias así, ¿cierto?
—Así es.
—Tendrás el poder para prevenirlo, evitar que surja otro Yoku, ¿verdad?
—Eventualmente, así será, pero, primero, debo borrar el mal que ya existe. Con los años, veremos un mundo ideal. La paciencia es primordial.
—Entiendo. Albert, ¿iniciaste esto solo? ¿No tienes familia?
—Fui hijo único, mi padre fue asesinado, nunca se hizo justicia. Mi madre debe estar en algún lugar de Sozeniti, me pregunto… ¿qué pensará de mí? Tuve que dejarla, sabe lo que hago, lo supo desde el momento en que abandoné el nido, incluso antes, intentó convencerme y detenerme en tantas ocasiones, pero… aquí estoy. No he sabido nada de ella en años, décadas… Pero no puedo voltear atrás. Yo dejé mi vida en el pasado para iniciar esto, Ashley y Rebeca perdieron a sus respectivas familias, esta es nuestra vida ahora, y la dedicaremos para que nadie más deba perder la suya de manera injusta.
—Siento… que no quieres contarme algo.
—Sabrás todo sobre mí, nosotros, a su debido tiempo —se puso de pie—, la puerta permanecerá abierta, puedes elegir el camino que quieras, respetaré tu decisión. Puedes venir conmigo o vernos de nuevo en el campo de batalla. Por el momento, acabemos con este hilo de dolor, derrotemos por fin a Yoku Kagawa.
—Sí, cuenta conmigo.
—Piénsalo, y… no te agobies, descansa un poco. Nos vemos después.
—Claro… ¡Albert!
—¿Sí?
—Gracias.
—Hm…
Ofrece una pequeña sonrisa antes de girarse de nuevo y marcharse.
—¿Chao, chao?
—No lo sé, Zomi… Debo pensarlo… muy bien.
—Chao…
—Gracias, amigo.
Pasa su mano por Zafait, observándola con detenimiento. "¿Qué debo hacer? ¿Cuál es el camino correcto?"
La toma con fuerza para clavarla en el suelo frente a sí. Sobre esa colina, no solo puede verse todo el campamento y un poco de la arboleda, un solitario Begin se asoma también.
Blue pasaría el resto del día de esta manera, observando su hogar, a sus amigos, pero, también, a sus antiguos enemigos, el Equipo Especial. De vez en cuando, recuerda acariciar la cabeza de Zomi, agregando algo más a su laguna de pensamientos.
Todos debajo lucen una radiante determinación, entrenando al lado de los agentes, tomándose en serio incluso los descansos. Las risas entre pláticas consiguen ponerlo un poco melancólico. Si alguien lo ha notado ahí sentado, observando, poco le importa. Mantiene una mano sobre la empuñadora mayor parte del tiempo, como si su espada lo ayudara a pensar.
El cielo se oscurece. Igusu ha anunciado la primera llamada. Agentes y chicos comienzan los preparativos finales. Las naves vuelven a armarse, instrumentos se preparan, Albert y las chicas interceptan al escuadrón Zenoka para últimos recordatorios y preparativos. Ninguna de estas cosas llamaría tanto su atención como la presencia que siente acercarse.
—Chao…
—Lo sé —susurró…
—Hola, Blue…
—Hola, Katly —respondió con un tono apagado, sin girarse o soltar su espada.
—Eh, ¿todo bien?
—Todo en orden. Solo… descanso un poco antes de…
—Ya… veo. Igusu dio la primera llamada y… los chicos me enviaron a buscarte. ¡No es que no lo fuera a hacer de todos modos! ¡Yo me ofrecí! Je, je, pero… sí, eh, vine a buscarte.
—Sí, entiendo, gracias, bajaré en un momento.
—Aunque, ¿sabes? No creo que Igusu dé la segunda llamada pronto, y… no hemos podido charlar desde que regresaste.
—¿Ah?
—Quiero decir… ya sabes… a solas, je… je…
—Kat…
—¡Entiendo si no quieres! Sé que debes estar algo… nervioso, ya sabes, la misión, esta podría ser la batalla final, Genevil, etcétera, pero, la cosa es que… amm…
—¿Sí?
—Yo… te extrañé… y… mucho…
Blue no puede verlo, pero sí percibirlo, todo: el rubor, los nervios, la voz cortada, manos temblorosas.
—Katly…
—Pero, ¡ya te lo dije! No es necesario que charlemos ahora, tendremos mucho tiempo cuando todo esto termine y, bueno, volvamos a la normalidad. Al menos, hasta que Genevil ataque de nuevo, je, je.
—Katly…
—¿S…Sí?
—Katly, tengo miedo.
—¿Miedo?… ¿Sucede algo?
—Puedes sentirlo, ¿no? Estoy aterrado, no sé qué hacer. Hago promesas sin pensar, no quiero que nadie salga herido, pero, ¿y si las cosas se me salen de las manos? ¿Y si no puedo vencer a Yoku? ¿Puedo protegerlos a todos? Qkarii, Qkidna, las Kokoda… sufrieron, en parte, porque no fui más fuerte antes, porque no pude pelear con mi verdadera fuerza cuando debí. Ahora, estoy confundido, no sé qué camino elegir o si podré pelear. Yo… Yo… ¿Ah?
Tantas palabras lo hicieron distraerse, no percibió a Katly acercarse, aunque sus pasos fueran lentos, pausados, indecisos, hasta que decidió abalanzarse sobre él, abrazarlo con todas sus fuerzas. Su cabello acaricia con suavidad el rostro del sorprendido erizo. Una conexión acogedora, como si la energía de ambos fluyera junta, consolando el malestar que comparten, hasta que consiguen sentir los latidos del otro.
—Yo también tengo miedo, pero, no solo ahora. A pesar de que soy un Ser de las Sombras, vivo con miedo. No sé si serviré de algo en la pelea, no sé lo que ocurrirá hoy o mañana, pensar en esas cosas es… horrible. Mi único consuelo es tenerlos a todos ustedes. Cuando estamos juntos, me siento más fuerte, segura. Si no puedo ayudarte a aclarar tu mente, al menos, déjame compartir esa calidez contigo.
—Katly —tomó su mano, con la que antes sostenía a Zafait, entrelazando sus dedos.
Por debajo, Zomi permanece en silencio, acurrucándose como otra forma de abrazo.
—Gracias, gracias por venir… Gracias por estar conmigo.
Por primera vez, este contacto, esta cercanía genera un tipo de rubor distinto, uno generado por esa calidez mencionada, uno que pueden compartir.
Cuando Igusu grita la segunda llamada, ambos permanecen sentados al lado del otro. Katly acurruca su cabeza en el hombro de Blue. Observan a Zafait, pero sus oídos están abajo.
—¿Deberíamos ir ya?
—Soy rápido, puedo atender la tercera llamada.
—Esa es para que las naves despeguen, creo que deberíamos ir.
—Está bien, los alcanzo luego.
—Los "alcanzamos" luego.
—¿Katly?
—Ji, ji.
—Por caos, je, je. No, de verdad, reúnete con los chicos, me temo que permaneceré en el equipo de Genevil durante la pelea.
—Claro, claro, la tregua —adoptó otra postura, como queriendo levantarse, pero no—, entonces, tú alcanzas a Genevil, yo alcanzo a los chicos. No nos dejarán atrás.
—Katly —sonó una orden.
—Es que, hay otro par de cosas que quiero decirte, preguntarte, no, decirte, bueno… entiendes.
—¿Qué sucede?
—Bueno… es sobre…tú… y yo…
—Ah… Oh…
De pronto, Blue se pone de pie, tomando de nuevo su espada, pero, antes de arrancarla del suelo.
—¡¿Intentarás evadirme de nuevo?! ¡¿Ahora?!
Se detiene un momento, toma a Zafait con lentitud hasta ponerla en su hombro.
—No, no lo haré…
—Entonces… Sé que sientes lo que yo, porque yo siento lo que tú. Lo hemos ignorado por un tiempo, pero, tengo el presentimiento de que, si no lo hago ahora, podría no tener una oportunidad. Blue —se puso de pie, con firmeza…
—Katly, detente.
—Debo decirlo, porque no sé lo que ocurrirá hoy, ni mañana, ganemos o perdamos.
—Yo…
—Blue, yo… te…
—¡Sé lo que pasará si ganamos!
—¿Ah?…
—Lo siento, Kat… Prométeme que no le dirás a los chicos, al menos, hasta que la batalla termine. Me uniré a Albert Genevil.
—¿Qué…? No… ¡No! Blue, ¡¿por qué?! ¡Dijiste que era solo una tregua!
—¡Las cosas cambiaron! Ahora… veo a lo que Genevil se refiere con "cambiar el mundo". No puedo explicarlo bien ahora, pero, todo esto, Yoku Kagawa y tragedias similares, es lo que Genevil quiere cambiar. No podemos salvar el mundo siempre, y no cambiará si repetimos las mismas historias de héroes y villanos una y otra vez. Katly, me uniré a Albert Genevil, y cambiaré Mobius a su lado.
La gatita no puede hacer nada, excepto retroceder. En su rostro, solo refleja el miedo del que habló antes. Sus ojos y labios permanecen temblorosos, debe agachar la mirada para ocultarlo.
—Lo siento, Kat. Parece que, debo abandonar todo lo que amo, solo así cambiaré Mobius, es el camino que elegí.
Sin más qué decir, emprende la retirada, con la vista siempre al frente, sin titubear. Incluso en ese último instante, cuando sus hombros se alinean con los de Katly, momento en que sus energías serían cercanas una última vez.
Zomi sigue de cerca a su amigo, siendo el único que voltea hacia atrás. Cuando Katly se queda sola, deja salir una sola lágrima. Apretaba sus manos con fuerza contra su pecho, pero, de repente, sus palmas se abren, baja los brazos, alza la mirada al cielo nublado. Una pequeña sonrisa se dibuja.
—Eso… no fue muy sutil, Blue. "Todo lo que amo", ¿ah? —habló al aire, recuperando el aliento, no habrá llanto hoy.
Los agentes están todos reunidos. Cada soldado permanece firme, cuatro largas filas divididas entre el Equipo Especial incluyendo detectives y agentes de información, los chicos y, por supuesto, los poco queridos aliados, a quienes se une Blue, provocando incertidumbre en todos sus conocidos.
Entonces, la esperada voz de Igusu llama a todos. El capitán permanece firme frente a todos.
—¡Agentes del Equipo Especial! ¡Todos los que están dispuestos a pelear! Esta noche, ¡recuperaremos nuestro hogar! Pelearemos codo a codo, ignorando todo lo que nos separa, para volvernos uno en combate. Demostrémosle a Yoku Kagawa, no, a Mobius, que estamos aquí ¡para defender nuestro mundo! ¡¿Están conmigo?!
—¡Sí, señor! —un estruendo audible a kilómetros.
—¡Esta es la tercera llamada! Esta noche, ¡obtendremos nuestra victoria!
Todos los agentes alzan sus voces al unísono. Marshall, Kira, Alvin, incluso Qkidna, demuestran su entusiasmo con gritos, disparos y fuego.
—Albert, Rebeca… Ashley.
—¿Sí, Blue?
—Obtengamos la vitoria… Por un nuevo orden mundial —extendió su puño.
—Hm, por un nuevo orden mundial —correspondió el choque.
La batalla está por comenzar, para fortuna de algunos, pues, para el pesar de otros, el tiempo de calma antes de la tormenta terminó. No hay más tiempo para dudar, pero, una sola alma observa con su corazón lleno de preguntas.
Volando a pocos metros alejada del escándalo, Qkarii oculta el dolor en su semblante.
Próximo capítulo
"La batalla por Begin"
