Echo Bells despertó con cierto sobresalto en el sofá del pequeño apartamento que tenía alquilado en un edificio cercano al Ice Azgeda, el bar que regentaban su madre y su hermano desde hacía algunos años atrás.

Le dolía tremendamente la cabeza, sentía nauseas y un gran malestar invadía todo su cuerpo. Tenía escalofríos y se cubrió un poco con la manta azul que caía de sus muslos a sus pies arremolinándose en el suelo.

Respiro hondo y dirigió la mirada hacia las cortinas que cubrían la ventana del salón por la que se colaban algunos rayos de sol que se alargaban sobre el parquet del suelo.

En algún momento debía haberse hecho de día, y ella ni siquiera se había percatado de ello.

Echo se levantó y la manta cayó a sus pies del todo, se movió queriendo salir del espacio que había entre el sofá y la mesa, y tropezó sin querer con la maleta semiabierta que Becca le había lanzado con sus cosas la noche anterior en el Red Sky.

Recordó pequeños fragmentos de lo ocurrido en el Club, y tembló llevándose la mano al estomago de lo más revuelta.

Movió la maleta con el pie hasta poder lograr salir, y se dirigió a la cocina apoyándose de la pared con la mano para no caerse un tanto tambaleante.

Cuando logro acercarse a la encimera abrió una de las puertas superiores del mueble, y rebusco en su interior hasta dar con un frasco de pastillas sacándolo, una caja de cereales resbalo y cayo contra el mármol de la encimera abriéndose.

Los dorados y pequeños cereales estallaron y se desperdigaron por todas partes, llenando el suelo con su presencia.

Echo ignoro ese hecho y logro abrir el frasco temblorosa dejando caer unas pocas pastillas sobre el mármol. Se acercó al fregadero a por un vaso y lo lleno de agua, cogió las pastillas y se las llevo a la boca tomandoselas de golpe vaciando el vaso de agua en su boca.

Hizo un gesto de desagrado ya que al pasar por su garganta las pastillas rasparon un poco, y se llevo las manos a la cabeza sintiendo aquel dolor punzante taladrarla desde dentro.

Ni siquiera recordaba cuando había sido la última vez que había comido algo realmente comestible, y supuso que por ello sentía aquel vacío inquietante en el estomago.

Reinaba un silencio distinto en el pequeño apartamento como si algo estuviese a punto de pasar o como si ya hubiese pasado algo. Echo desconocía lo que era pero aquella sensación extraña se apoderó de ella enseguida.

Echo reunió un puñadito de cereales, y se los llevo a la boca para quitarse el sabor pastoso que sentía en la boca pero aquello solo logro aumentarlo.

Con una mueca de asco en su cara, la morena echo a andar para dirigirse al pasillo y lograr ir al baño pero tras unos pasos piso algo duro, verde y rosa que se movió hacia delante haciéndola caer contra el suelo.

Echo emitió un quejido al caer de bruces sobre sus manos y al volver su cabeza vio un sonajero de Kaylee tirado muy cerca de sus pies.

Su rostro cambió cuando el recuerdo de su hija apareció en su mente y sus ojos se llenaron de lagrimas.

—¿Kaylee? —susurro temerosa casi para si levantándose a duras penas ayudada de la pared—. ¡Kaylee!

Echo miro a un lado y a otro se dirigió corriendo a la habitación pero la cama estaba deshecha y vacía, se dirigió al baño pero estaba vacío. En el salón no había rastro de ella y en la cocina tampoco.

Echo se acercó a la cuna que tenía en el salón y saco los protectores frenética pero no había nada de nada y entonces supo que algo malo había ocurrido con ella, se dirigió entre lagrimas al teléfono para llamar a su hermano, a la policía o a alguien y entonces la vio.

Una nota.

Había una nota junto al teléfono con una letra que no reconocía y que decía lo siguiente.

"Echo, te acompañe anoche a casa pero he tenido

que irme antes de que mis hermanos se despierten.

Trata de dormir algo, Kaylee está con Octavia

cuando te encuentres mejor contacta con ella y

evita pasar por el Red Sky en unos días,

Becca está realmente cabreada contigo.

Si necesitas cualquier cosa, llámame al móvil.

Lexa"

Echo que tembló más aún al leer la nota sintió las lágrimas llenar sus ojos nublandole la vista y se llevo la mano a la cara.

Se encontraba tan mal... su niña, su pequeña y preciosa niña podría haber estado en cualquier lugar y ella ni siquiera lo recordaría.

No, no podía continuar así.

No podía seguir haciéndose eso ni haciéndoselo a ella.

Debía hacer algo, debía cambiar, reconducir su vida ahora que sabía que Bellamy jamás estaría con ella, que se había casado con una desconocida sin siquiera comentarle nada y que se había largado de la ciudad dejándola sola con Kaylee.

Quizás lo mejor sería que cogiese a Kaylee, y se marchase en busca de un nuevo comienzo, de un futuro lejos de Scranton Crow.

Continuara...