Cazadora
Hoy he ido a cazar monstruos con Link.
No hemos ido directamente al poblado orni como era su plan, bordeando la parte norte del cañón de Tanagar. Dice que hace demasiado frío incluso ahí porque esa región es estéril y nos acerca por igual a la Estepa y al pie de Hebra, así que atravesaremos el Gran Puente de Tabanta.
Eso nos llevó a una región más al sur de la Posta de Idilia, una región más salvaje de lo que yo recordada, donde hay lagunas que crecen entre bosques jóvenes de árboles bajos. Ricdic, el mayor de los hermanos, dijo a Link que era una región peligrosa y poco transitada porque algunos creen que los monstruos se esconden en esos bosquecillos. Los viajeros llevan tiempo evitando atravesarlos a pesar de que son una vía más directa para llegar a la región de Tabanta.
Link quería aprovechar nuestro viaje para eliminar esos riesgos del camino. Me parecía bien. Pero yo también quería participar, a pesar de sus ridículas excusas para no dejarme hacerlo.
"No soy torpe.", le dije, mientras él afilaba las puntas de sus flechas. Se habían mojado un poco con las últimas lluvias y no quería que se hubiesen vuelto inservibles.
"Sé que no eres torpe, pero tú te quedarás aquí con los caballos."
"¿Y Lobo?"
"Lobo viene conmigo. Es buen cazador y será de ayuda si hay campamentos de bokoblins."
"Podemos atar bien a los caballos, no se escaparán. Sé tirar bien con arco, Link, tengo buena puntería."
"No."
"Puedo distraer a los bokoblins y tú mientras les tiendes una emboscada con Lobo."
"No."
La verdad que no entendí sus negativas a dejarme ir con él. Físicamente me encuentro bien, mis piernas se han vuelto fuertes con el paso de los días, por las largas jornadas cabalgando o caminando.
"¿Es porque soy una chica?"
"¿Qué?"
Justo en el blanco. Sabía que había pulsado la tecla correcta y al fin conseguí que dejase de afilar las malditas flechas para prestarme atención.
"Crees que porque soy una chica no soy capaz de ir a cazar monstruos contigo. Las chicas y sobre todo las princesas sólo sirven para estar atrapadas y que un caballero de armadura brillante las rescate. Pues has de saber que esta princesa se las ha apañado bastante bien sola durante mucho tiempo. Gracias."
"No es eso, Zelda. Estás más segura en el campamento, es todo. No tiene nada que ver con que seas una chica o… una princesa. No es eso. Como siempre, soy el encargado de la seguridad en este equipo, no lo olvides."
"¿Y si viene a atacarme un monstruo mientras tú y Lobo estáis cazando monstruos?"
"Entonces podrás demostrar lo buena cazadora de monstruos que eres.", contraatacó, triunfal.
"Aún tengo algo de autoridad en este grupo, ¿sabes?"
"¿Estás segura?"
Oh, diosas. Estaba tratando de desquiciarme adrede. Podía ver cómo se levantaba la curva de sus labios y él hacía todo el esfuerzo para contenerla y no reírse de mí. Creo que Link me ha pedido todo el respeto que me tenía hace cien años y esa actitud le va a costar muy cara porque yo tampoco soy la misma de antes.
"Voy a tensar mi arco. ¿Cuándo partimos?"
"Si luego te haces daño no será culpa mía." , gruñó.
"Bien."
"Bien."
Resopló y durante un largo rato se cobijó bajo su ceño fruncido de Link enfurruñado. Yo me cobijé en mi sonrisa de "soy más cabezota que tú y a eso no me ganas", porque si ya no soy princesa él tampoco es caballero y no tiene por qué seguir actuando como tal. Somos iguales, y como iguales yo también quiero matar monstruos si es necesario.
Lobo caminaba a mi lado, pero estaba tenso y no paraba de levantar el hocico para olisquear todo lo que había a nuestro paso. Link también olisqueaba, y no paraba de girar la cabeza hacia nosotros para asegurarse de que lo seguíamos o estábamos bien o… no lo sé. Di dos zancadas intentando adelantarle y al fin captó la indirecta de que no necesitaba preocuparse por lo que iba tras él, sino de lo que podía tener por delante. El resto de nuestra expedición fue mucho mejor gracias a que él tomó la iniciativa al fin, sin volver la cabeza atrás.
"Oh, no.", dijo, deteniéndose de repente.
"¿Qué? ¿Qué has descubierto? ¿Es un campamento de bokoblins? ¿Hay moblins?"
"No… maldita sea."
Lobo se puso nervioso, daba vueltas en círculo alrededor de nosotros con todo el pelo del lomo de punta, deseoso de recibir una señal nuestra para alejarse en busca de la presa.
"Ven aquí.", Link tiró de mí hasta su posición, pero yo no conseguía ver nada.
"No veo nada, no… ¿qué es ese olor? Diosas, es repulsivo."
"Hinox."
"¿En serio? No veo nada, pero… oh, qué desagradable."
El olor que nos envolvía era horrible, a veces el viento soplaba trayéndonos el hedor del monstruo y traté de cubrirme la nariz y la boca, pero aun así era inútil. En todos los años atrapada en el castillo de Hyrule, rodeada por la maldad más putrefacta, no había experimentado un olor tan espantoso. Ganon olía como… como a un humo denso, como si quemases cuero viejo mezclado con pieles y otras cosas. Pero el hinox… diosas, no se me ocurren símiles posibles para tratar de definir ese olor.
"Odio los hinox, maldita sea.", refunfuñó Link, "de todas las odiosas criaturas de este reino tenía que ser un hinox."
"Ey, no todas las criaturas de este reino son odiosas.", bromeé, pero él siguió gruñendo mientras sacaba una flecha del carcaj.
"Me acercaré por el flanco derecho, creo que debe estar durmiendo en alguna charca pestilente, detrás de aquellos arbustos espesos."
"Vale. ¿Qué hago yo?"
"Zelda…", resopló.
"No creerás que he venido hasta aquí para quedarme atrás, ¿verdad?"
"Diosas", suspiró, cada vez más irritado, "los hinox son estúpidos, pero tienen mucha fuerza, un solo golpe suyo y dormirás durante varios días y acabarás con más de un hueso roto."
"Si son estúpidos puedo despistarlo."
De repente, un estruendo hizo temblar el suelo y el hinox se alzó entre la maleza, alto como una montaña. Al hacerlo, una nueva oleada de pestilencia nos alcanzó, como una bofetada. Lobo gruñía y ladraba a su alrededor, lanzando dentelladas a las enormes pezuñas del hinox.
Una vez descubiertos, no había plan posible. Link se abalanzó entre la maleza y clavó la espada en el pie del Hinox, que perdió el equilibrio y dio un culetazo enorme que volvió a hacer temblar el suelo. Yo también salté entre la maleza quedando al descubierto, pero los únicos objetivos del hinox eran Lobo y Link, así que ensarté una flecha en el arco mientras pasaba desapercibida por el monstruo. Lo malo era que Link y Lobo no paraban de moverse a su alrededor, y tenía miedo de alcanzarles por error. Link también quiso ensartar una flecha, pero mientras lo hacía, bajó la guardia y el hinox le hizo volar contra un árbol de un manotazo.
"¡Link!", grité.
"Estoy bien", gimió él, rodando a duras penas por el suelo para evitar otro manotazo. Intentó volver a tensar el arco, pero al hacerlo se dio cuenta de que el arco había quebrado con el primer golpe del hinox.
Estaba a punto de ser alcanzado, Lobo mordió la pierna del monstruo para evitarlo y era como si nada, así que respiré y apunté mi flecha al ojo del hinox.
"¡Le he dado!" grité. Link asintió hacia mí y después se incorporó para clavar la espalda en el estómago del monstruo. Estaba herido, pero el hinox se levantó para atacar de nuevo.
"¡Zelda, dispara otra vez!"
Volví a tensar y a soltar y la flecha volvió a clavarse en el enorme ojo amarillo del monstruo. Esta vez Link terminó con él de una vez por todas.
Esa noche, y después de que ambos tomásemos por turnos un largo baño refrescante en un riachuelo cercano, Link me estuvo contando historias de todos los hinox a los que se había ido enfrentando, y de cómo algunos lo habían puesto en verdaderos aprietos. Al parecer, había hinox más peligrosos que otros dependiendo del color de su piel, y también me contó que solían acumular objetos brillantes y de valor.
"Las hurracas acumulan objetos brillantes, Link.", me burlé, tratando de fastidiarle un poco, aunque él estaba de tan buen humor que no había nada que ensombreciese su sonrisa.
"Muy graciosa. Pues debes saber que cerca de la entrada al Cañón Gerudo cacé un hinox que tenía tres dagas de oro y brillantes en su guarida. Las mujeres gerudo estaban muy agradecidas cuando se las devolví."
Sí, me imagino lo muy agradecidas que debían estar cuando viesen aparecer a Link tras derrotar a un monstruo y devolviéndoles un tesoro que a saber si alguna vez fue suyo… él es demasiado ingenuo a veces.
"Está bien. En el momento en que veamos a otro hinox acumulando objetos brillantes, podremos confirmar tu teoría."
"Tú como siempre necesitas pruebas de todo.", sonrió, agitando la cabeza.
"Por supuesto. Es la forma correcta de demostrar una teoría, una sola prueba no es suficiente."
"Tendrás más oportunidades, ya lo verás. Creo que no será el único que nos crucemos en el viaje."
"Así que me dejarás ir contigo más veces, ¿no? ¿Estás diciendo eso?"
"Yo no he dicho tal cosa.", gruñó él. No pude más que soltar una carcajada, y esta vez él rio conmigo, rindiéndose al fin. Link tendrá que admitir que soy buena arquera, siempre se me ha dado bien disparar y es una habilidad que no he perdido en todos estos años.
Cuando acabamos de cenar, Lobo vino a apoyarse sobre mi regazo. Link había montado la tienda al lado de un árbol, pero yo no tenía sueño, demasiada adrenalina acumulada en un día, supongo, estaba muy a gusto con la espalda en el tronco del árbol y las llamas moribundas de nuestro fuego a los pies.
Empezaba a sentirme algo adormecida, llevábamos un rato en silencio, como tantas noches al raso sólo se oía el murmullo sedante de los animales nocturnos o del viento a nuestro alrededor. Link, como siempre, se sentó en el lado opuesto al fuego, con la capucha echada por encima y las manos cerrándose alrededor de la Espada Maestra. Lo descubrí un par de veces observando mi mano sobre la cabeza de Lobo, aunque apartaba la vista rápidamente para fingir mirar el fuego, o a "ese algo" invisible que en su cabeza siempre está acechándonos y que lo mantiene en alerta.
"Link".
"Umph."
"Sabes que en lugar de sentarte ahí tan alejado, podrías venir aquí cerca, con Lobo y conmigo."
"¿Qué? Yo no me siento alejado."
"Sí lo haces, lo haces siempre", dije, soltando una carcajada, "te sientas en el extremo más opuesto a nosotros y te agarras a la espada como si un hinox pestilente como el de hoy fuese a surgir entre las sombras."
"Nunca se sabe qué puede surgir entre las sombras."
"No va a surgir nada."
Él resopló y miró hacia otro lado. De veras que es difícil tratar de derribar sus defensas y eso a pesar de que sabía que estaba de buen humor por la aventura vivida hoy.
"Qué más da dónde me siente, el campamento no es tan grande como para decir que estoy alejado."
"Siempre pareces tan solo…"
"No digas tonterías. ¿Solo? Yo… estoy bien así", rio, pero supe de inmediato que era una risa forzada.
"Pues yo estaría mucho mejor si te sentases a mi lado, como hace Lobo."
Él intentó tomárselo a broma, pero al ver que le estaba hablando en serio su expresión cambió. Suspiró, y como si fuese lo más difícil del mundo (diosas, qué complicado es a veces), se arrastró hasta mi lado.
"¿Mejor así?", refunfuñó, buscando un hueco para su espalda en el tronco del árbol. Después se quedó quieto pero como al acecho, como un gato a punto de lanzarse contra un ratón.
"Casi. Estás tan tenso que creo que si algo te rozase te romperías en pedazos.", bromeé, "veamos, no es tan difícil aprender a relajarse, hasta los héroes de Hyrule deberían aprender a hacerlo."
Creo que iba a soltar alguna otra burla, pero la intención se esfumó de su cara cuando sintió que con mi mano, yo intentaba aflojar la presión enorme que él ejercía sobre la empuñadura de la espada. Sus dedos reaccionaron bajo la suave presión de los míos con una sensibilidad que me pilló desprevenida. Conseguí secuestrar su mano y él dejó que la espada se diese de bruces en el suelo.
Sabía que las manos de Link eran ásperas, pero ahora que podía reconocer la suya con toda la calma del mundo y sin los obstáculos de guantes o protectores de brazos, pude descubrir el tacto de muchos callos y durezas que no sabía que estaban ahí. Esas manos han soportado mucho dolor durante demasiado tiempo, se merecen un poco de alivio.
Link cerró los ojos y pude sentir cómo se relajaba a mi lado, y cedía del mismo modo en que Lobo había cedido también a las caricias, tiempo atrás. No sé si esto le reconforta algo o no, me gustaría creer que sí, aunque aún siento que haga lo que haga por tratar de llegar a él, nunca será suficiente.
En nuestro campamento, Link y Lobo ya se han dormido, pero yo creo que seguiré despierta y escribiendo un poco más, hoy vigilaré yo por ellos,
-Zelda B.
