Extraña encrucijada
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Capítulo 19
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Finalmente, Kagome se despidió de Hitomi y de Zelgadis con una sonrisa. Los dos hermanos mayores se sorprendieron de que ella lograra terminar el año en Shikon no Tama sin deber ninguna materia. Había pasado al último año sin problemas pese a que a tan solo un par de semanas de que las clases terminaran parecía que no había esperanzas para Kagome. Y, sin embargo, a último momento ella se había presentado a los recuperatorios y había aprobado todo sin ningún problema y con notas excelentes, incluso en Matemáticas, Física, Química y Economía y Contabilidad que eran los puntos débiles de la estudiante. Los profesores se habían sorprendido del repentino gran desempeño con que había logrado las hazañas que pocos lograban. Y es que el cerebro de Kagome ahora funcionaba de manera diferente. Ya no le costaba entender muchos temas que antes sí. Se había vuelto más rápida. Su memoria también había mejorado bastante y lograba percibir muchas más cosas que antes no. Era increíble la claridad con la que ahora veía el mundo. Era como si se hubiera puesto lentes para mejorar una vista que no sabía que tenía atrofiada y ahora ya no tenía que hacer esfuerzos para comprender los saberes del mundo.
Van Fanel también estuvo en el aeropuerto para despedir a su prometida y a su futura familia. El anuncio del casamiento de ambos fue una gran sorpresa para todos. Vegeta no había parado de escrutar al sujeto para estar seguro de que era digno de su hermana mayor, cosa que incomodó un poco al profesor de Lengua. Sin embargo, las dudas en el orgulloso hermano del medio se despejaron pronto. Él confiaba en su hermana mayor, pero le gustaba estar seguro de que aquel insecto la haría feliz, y no cometería el mismo error de años atrás cuando Hitomi había descubierto que no amaba a Amano. En la actualidad ese Amano ahora estaba casado con Yukari. Una gran sorpresa por cómo habían terminado las cosas, pero era justo y correcto. Y Hitomi estaba feliz.
La partida de los hermanos mayores a los Estados Unidos se debió al rompimiento de Kagome con Hisoka Morow. Zelgadis y Hitomi sintieron un gran alivio cuando ella lo dijo. Intentaron escrutar en la hermana menor si estaba mintiendo solo para que ellos se fueran, pero se dieron cuenta que no era así. Kagome había dejado a Hisoka porque ya no podía estar con él. Ambos hermanos mayores le pidieron a Kagome que recuperara el diario de Kikyo Mori para de igual forma inicial una causa en contra del profesor de matemáticas, pero ella les dijo que él lo había quemado. Mintió. Con las influencias de Zelgadis, se iniciaría una investigación, el director Folken se enteraría e Hisoka finalmente sería descubierto. Kagome no tenía idea de dónde estaba ese diario. Quizás él en verdad lo había quemado o se lo habría quedado como un recuerdo de la diversión que había obtenido con Kikyo. Todo lo que cualquiera intentara hacerle a Hisoka por medio de la justicia sería en vano. Kagome lo sabía. Ya lo había pensado cuidadosamente. Y ella lo conocía demasiado bien como darse cuenta de que Hisoka solo encontraría más diversión en una vana persecución de las autoridades. Nadie sabía de lo que él era capaz. Nadie entendía la increíble y retorcida inteligencia que él poseía. Tan solo desaparecería, se cambiaría de identidad, tal vez se operaría el rostro y de esa forma jamás lo encontrarían. Y tarde o temprano él encontraría la oportunidad para matar a Gon sin que nadie se diera cuenta. Y luego volvería a desaparecer. No. Era mejor que Hisoka estuviera en un lugar donde Kagome pudiera tenerlo cerca y vigilarlo.
Kagome parecía haber vuelto ser la de antes. Salía con sus amigos, reía y leía libros, pero ya no se limitaba solo a leer los de literatura, leía sobre medicina, psicología y psiquiatría. Se había vuelto sorprendentemente ávida con esa clase de libros. Lo que no entendía lo investigaba fervientemente y se maravillaba de todo lo que descubría. Aquel cambio en su mente y en sus gustos la habían puesto en evidencia para su familia, pese a que ella trataba de parecer la misma que era antes de conocer estar con Hisoka, los más cercanos a ella se daban cuenta del cambio intrínseco. Se preguntaba si todo lo que ella estaba haciendo había sido planeado meticulosamente por aquel monstruo. Era difícil saberlo. ¿Hasta qué punto Hisoka Morow era capaz de manipular la mente y las acciones de una persona? Él era como un escritor. Creaba personajes, o los tomaba prestados y los modificaba de acuerdo con sus propias necesidades. Pero él debía saber que en algún punto los personajes también podían guiar al escritor y llevarlo a un destino diferente. Tal vez allí yacía la verdadera diversión. Tal vez Hisoka esperaba eso. Entonces todo terminaba en el mismo punto. De alguna forma todo siempre salía como él lo deseaba.
Kagome sabía que su hermana le había pedido a Vegeta que la cuidara mucho algo que también le había pedido a Van que siguiera haciendo. Pero por ahora el profesor de lengua no podía hacer mucho, pues estaban en vacaciones y las clases no se dictaban hasta dentro de un par de meses. Hitomi volvería en menos de un año y se casaría con Fanel. Kagome confiaba en que él la haría feliz. Todos debían ser felices, lo suficiente como para que un horrible suceso por venir fuera olvidado con el tiempo.
En lo más recóndito de la mente de Kagome urdía cuidadosamente un plan. Veía un montón de posibilidades. Cuando no estaba con sus amigos o no leía, ella corría. Corría y corría cada vez más rápido con más resistencia, y hacía toda clase de ejercicios, pero sabía que aquello no era suficiente. Sabía algo de artes marciales por su hermano y el profesor Son. Pero necesitaba saber más. Necesitaba que alguien la guiara. Pensó en Vegeta, pero antes de que ella pudiese pedirle que la ayudara, él había dicho en una cena que se iría un par de meses a entrenar a un lugar con un maestro especial que vivía en las montañas. Eso no sorprendió a nadie. Vegeta era la clase de persona que haría cualquier cosa para incrementar sus habilidades. Él no lo decía, pero Kagome sabía que quería vencer a Son Gokú a toda costa. Y en ese momento Kagome pensó en aquel profesor. Ese sujeto era realmente bueno. Pese a que había sido herido y hospitalizado durante varios días, había conseguido derribar a varios hombres entrenados para matar y proteger a Bura. Bura ahora era su discípula. Kagome no sabía si era para acercarse más a Son o porque realmente le había tomado verdadero gusto a las artes marciales. Tal vez las dos cosas. Bura era una muchacha difícil y consentida, pero odiaba no valerse por sí misma pese a todo, aún si contaba con muchos guardaespaldas, ella seguramente quería ser capaz de protegerse a sí misma y no depender siempre de Son. Después de todo Bura Brief también había cambiado. Son Gokú la había cambiado.
—¿Qué quieres qué?
Bura se sorprendió de lo que Kagome le estaba pidiendo.
—Quiero que me prestes a Gokú —repitió ella.
Bura quedó estupefacta antes de sentir una repentina ira.
—¿Para qué lo quieres? —preguntó con los ojos entornados y una extraña y peligrosa aura.
Tarde se dio cuenta Kagome de lo que había hecho. ¿Cómo pudo ser tan tonta?
—Lo siento. Creo que me expresé mal. Sé que él te entrena y quería pedirte que por favor me dejen entrenar con ustedes.
El semblante amenazante de Bura desapareció, pero volvió al desconcierto inicial.
Carraspeó al darse cuenta de que se había dejado llevar por un arranque de ira.
—¿Quieres entrenarte?
—Sí.
—¿Por qué? Tienes a tu hermano, ¿o no? —inquirió con algo de desconfianza.
A Kagome le apareció una gotita de sudor en la sien y rió nerviosa. Se dio cuenta de que Bura era celosa y algo posesiva si amaba mucho algo, en este caso, a un hombre.
—Mi hermano estará en las montañas un par de meses.
—¿Y no puedes esperarlo?
Kagome resopló con resignación.
—Bura…
La heredera Brief entendió que estaba siendo exagerada. Carraspeó otra vez.
—De acuerdo. Con Gokú entrenamos en las mañanas y en las tardes aprovechando que yo estoy de vacaciones y él también.
—¿Te han vuelto a atacar?
—No. Y que ni se les ocurra hacerlo porque yo ya no soy la misma de antes.
Kagome lo había notado. Bura tenía un estado físico muy diferente al de hasta hace unos meses. Tenía los brazos y las piernas más marcadas. Se notaba que estaba en forma. Bura podía decir lo mismo de Kagome.
—¿Y desde cuándo te surgió el gusto por las artes marciales?
—Tal vez desde el mismo momento que a ti.
Bura se puso nerviosa.
—¿Y qué te motivó?
—Quiero estar en forma.
—¿Eso es todo? —Bura alzó una ceja.
Kagome supo que tendría que darle algún motivo más fuerte.
—Mi hermano fue quien me despertó la curiosidad. Desde que nos entrenó a Sango y a mí me di cuenta de que me siento mucho mejor no solo físicamente sino anímicamente.
Bura sonrió. Ella se sentía igual. No es que la princesa de la Corporación Cápsula lo necesitara, pero sin duda el cambio era notable. También se sentía más fuerte, e incluso si no estaba Gokú con ella, Bura se sentía capaz de defenderse sola. Pero la verdad era que ella siempre necesitaría a Gokú pese a lo que había pasado en su fiesta de cumpleaños.
Kagome notó cierta aflicción repentina en los ojos de su amiga.
—¿Qué ocurre? —quiso saber Kagome.
—Nada. Es solo que recordé algo no muy… —No sabía cómo llamarlo.
—¿No muy lindo? —prosiguió Kagome.
—Podría decirse —concluyó Bura.
—¿Es sobre Son?
Bura se puso tensa.
—¿Cómo lo sabes?
La verdad es que Bura había notado ese cambio en Kagome. Era extrañamente mucho más perceptiva y avispada que antes, y tenía los ojos de una persona que había tenido numerosas experiencias difíciles.
—Intuición, supongo —solo dijo.
Bura la miró con expresión de intriga.
—Luces sabía… y mayor…
Kagome rió.
—Me siento mayor, pero no sabia.
—¿Qué fue lo que te pasó? No has querido decir nada, pero no somos tontos Kagome. Sango, Goten, Rina, Killúa y yo sabemos que has cambiado mucho por algo.
Kagome sabía que ese momento llegaría.
—Tuve algunos problemas con mi familia. Pero ya todo está bien.
—No luces como si todo estuviera bien.
—Si así es pronto lo estará —Sonrió—. Pronto acabara… —Y en sus ojos algo oscuro y misterioso pareció emerger. Bura sintió que algo se oprimía en su pecho. Estuvo a punto de decirle algo, pero Kagome se le adelantó—. ¿Qué me dices de ti y de Son?
De pronto las mejillas de Bura se tornaron completamente escarlata.
—¿Q-Qué quieres decir? —manifestó con la voz aguda y temblorosa.
Kagome mantuvo su sonrisa y la miró fijamente. Con aquello le hizo saber a Bura que su secreto ya no era tan secreto. La princesa deseó que la tierra de la tragara.
—No puede ser. —Y se cubrió el rostro con ambas manos, abochornada—. ¿Desde cuándo lo sabes?
—Hace un tiempo. Pero no soy la única. Rina y Killúa también lo saben.
Bura quería morir allí mismo.
—¿Tan evidente es?
—Demasiado —dijo al borde de la risa.
—¡No te burles! —le espetó.
—Es graciosa tu expresión, pero jamás me burlaría de tus sentimientos.
Bura recordó lo que Kagome sentía por Hisoka y finalmente quitó las manos del rostro.
—Había olvidado que tú estabas enamorada de Maschwitz.
Al escuchar ese apellido la expresión de Kagome ensombreció. Pero inmediatamente trató de disimularlo.
—¿Sigues enamorada de él?
Silencio.
—Sí —contestó—. Pero es algo sin futuro.
Kagome vio que Bura bajó la cabeza con expresión afligida.
—No me refiero al hecho de que sea un profesor y yo una alumna, sino a que Maschwitz no es el tipo de hombre con el que se pueda tener una relación estable.
—Gokú tampoco —dijo con la voz triste—. No le he dicho a nadie, pero le declaré mis sentimientos en mi fiesta de cumpleaños y me rechazó.
Los ojos de Kagome se abrieron de par en par. Se quedó callada por un momento. Jamás pensó que llegaría el día en que alguien rechazara a Bura Brief, pero, el hecho de que sea Son quien lo hizo hecho, no sonaba extraño.
—¿Puedo decirte algo?
Bura la miró.
—Mi hermana tuvo una relación con un compañero de clases. ¿O era de un año superior? —Se puso pensativa—. No lo recuerdo bien. Pero cuando empezaron a salir se dio cuenta de que, pese a que estaba muy feliz a su lado, no lo amaba realmente. Pero su amiga Yukari sí. Hitomi dejó a ese muchacho y varios años después conoció a alguien que de verdad amaba sinceramente, y en unos meses cuando mi hermana regrese de los Estados Unidos se casará con él. Adivina quién es.
—¿Quién?
—Fanel.
—¿El director?
—No, no, Van Fanel.
Bura la miró asombrada.
—¿O sea que el profesor Fanel va a ser tu cuñado?
Kagome rió divertida.
—Sueña extraño, ¿verdad?
—Mucho. —Rió también—. Pero no sé si es lo mismo. Kagome… siento que no podría enamorarme de nadie más. Tu hermana tuvo dudas. Yo no tengo ninguna. Cada vez que estoy cerca de él lo añoro más y más. Y cuando no está lo extraño demasiado. Y duele…
Kagome no supo qué decirle.
—¿Cómo te has llevado con él desde ese día?
—Me sentí muy avergonzada. Estuve muchos días así, pero traté de que no se notara. No sé si lo logré. Ahora tenemos la misma relación que antes de que se lo dijera, pero… no lo sé… siento que algo ya nunca va a ser lo mismo. Y a mí me gusta estar con él, pero al mismo tiempo es doloroso porque lo quiero demasiado y sé que él no siente lo mismo… Y también está esa horrible mujer llamada Milk que también lo quiere y yo tengo terror de que Gokú se enamore de ella.
—Mira, Son luce como un hombre demasiado complicado para las cosas de relaciones, ¿no te parece? ¿Qué siente él por ti? ¿Lo sabes?
Bura apretó los puños.
—Cuando le dije lo que sentía por él, me dijo que era mejor ser amigos como si nada, como si le hubiera dicho alguna trivialidad.
Kagome quedó estupefacta. ¿Qué clase de hombre podría ser tan insensible de decir eso luego de que alguien te confiesa sus sentimientos?
—Bueno… tal vez… tal vez Son no se dio cuenta de lo que decía ni cómo lo decía. Seguramente quiso tratar de hacer de ese momento lo menos doloroso para ti. Tienes que admitir que Son es muy extraño. A veces su sentido común es más distorsionado que el de las personas normales.
Son no era normal. Y eso era lo que a Bura le atraía de él. Sonrió suavemente al recordarlo.
—Tienes razón. Yo ya sabía eso, pero no deja de doler.
—¿Dónde está él ahora? ¿No debería estar contigo?
—Está almorzando con mi madre. Siempre tarda mucho y como me avisaron que estabas aquí, vine inmediatamente.
—Oh, ya veo.
—¿Quieres comenzar ahora?
—Sería genial, pero tengo que ir a cambiarme a mi casa. Estos pantalones no son muy cómodos.
—No tienes que preocuparte por eso. Yo tengo muchas prendas para entrenar que compré.
Kagome entrecerró los ojos.
—Eso no me sorprende. Los compraste para impresionar a Son, ¿verdad?
Las mejillas de Bura se colorearon otra vez.
—En parte fue eso lo que te delató con él.
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El camino de árboles le recordaba a Isla Ballena. Qué nostalgia. A veces, como en esta ocasión, el camino parecía llevarlo a otra dimensión, lo hacía perderse en sí mismo. Era extraño. Sentía paz. Los árboles nunca acababan y sus piernas jamás se detenían cuando iba a correr en ese parque inmenso. A veces creía que nunca lograba avanzar. ¿O era en sueños? Pero ese no era un sueño. Al menos eso creía. ¿Cuál era el verdadero sueño? No, no, Gon, no te pierdas en esos pensamientos. A veces lo hacía. No podía evitarlo. Era la magia de la filosofía que había leído en los libros, la magia de los autores. Muchas veces su cabeza se abría tanto que simplemente lo confundía. Un tiempo no había podido tolerarlo, pero siempre se había sentido fascinado por el universo de esos textos.
Siguió corriendo. Y su mente caviló hacia lo mismo de siempre: hacia ella. Kagome se había obligado a madurar de una forma oscura y fría. Freecs tenía un mal presentimiento. Ella ya no podía ser llamada una jovencita. No era una niña, la inocencia le había sido arrebatada. Hisoka Morow. ¿Acaso era correcto culparlo completamente? ¿Hasta qué grado la manipulación era la culpable? ¿Hasta qué grado ese psiquiatra la había cambiado? Freecs estaba seguro de algo: Hisoka había puesto las semillas, había corrompido a una joven risueña. Pero ¿y lo demás? La edad era un número, muchas veces sinónimo de madurez intelectual y emocional, pero ahora era irrelevante en Kagome. Freecs ya no podía tratarla como antes, ya no la sentía igual que antes. Aun así, pese a que ella ya era consciente de todo, era Hisoka el culpable, la raíz de aquella madurez sombría y calculadora. Y allí encontró la respuesta, la razón por la cual había decidido seguir cerca de ella, en Shikon no Tama. Kagome había cambiado, Freecs también, y, sin embargo, lo intrínseco seguía latiendo de la misma manera. Los sentimientos no podían cambiar del todo: el anhelo, la preocupación, el amor.
Kagome.
—Kagome preguntó por ti —declaró Killúa de manera casual.
Freecs abrió la heladera y tomó una botella de agua. Se sirvió en un vaso y bebió. No dijo nada.
—Siempre pregunta por ti —prosiguió Killúa.
—No hay mucho sol hoy. Si quieres puedes salir a correr más temprano —dijo Freecs. Tomó una toalla que estaba colgada en una silla y se secó el sudor.
Killúa alzó una ceja. No era la primera vez que se lo decía, y Gon nunca decía nada respecto a eso. Simplemente se quedaba en silencio o cambiaba de tema. Killúa sabía que algo extraño había pasado entre ellos durante el baile en la fiesta de Bura. Él nunca les había sacado la mirada mientras su hermano bailaba con Kagome. Y nunca había visto a Gon de esa manera. La mirada, la perturbadora seriedad que tenía en los ojos cuando estaba con ella fue algo que a Killúa lo había dejado totalmente asombrado y hasta perturbado. ¿Por qué sus ojos parecían tan diferentes y escalofriantes? La persona que había bailado con Kagome esa noche no parecía la misma de siempre, no poseía la misma calidez y alegría que siempre le había dedicado a Kagome. ¿Por qué ese cambio tan repentino con ella?
—No has querido decirme qué pasó cuando bailaron en la fiesta de Bura.
—Nada especial.
Era inútil seguir indagando. Gon no diría nada.
Como siempre.
—¿Es verdad que decidiste seguir en Shikon no Tama?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque no sirve de nada que me vaya. Todo seguiría igual. Además, la paga es muy buena. Me ayuda a comprar muchos choco robots.
Killúa entornó los ojos.
—¿Me estas culpando de los gastos que tenemos?
—Esos dulces son muy caros. Sería bueno que dejaras de comprar tantos. Además, tanto chocolate te hará mal.
—Eso es imposible, sabes que hago mucho ejercicio.
Freecs dio un suspiro de resignación. La terquedad era algo que ambos compartían.
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Cuando se puso en posición, sus ojos cambiaron en menos de un parpadeo. La existencia dejó de ser. Lo único que ella veía y en lo que se concentraba era en su rival. Y cuando encontró la oportunidad, comenzó una batalla de acción y reacción, con los sentidos totalmente agudizados y perdidos en el objetivo de derribar al oponente. Los movimientos eran rápidos, precisos, ineluctables. Son contemplaba en primera fila el cambio inopinado de la joven. El aura era diferente. Más densa. Más felina. Completamente diferente al año anterior, cuando la había conocido por primera vez. Paulatinamente, de un año a otro, el aura ligera se había vuelto más intensa y oscura. Pero lo que él sentía ahora en ella era inexplicable y desconcertante.
Nariz, labio superior, esternón, cuello, carótida, plexo sola, testículos, pantorrilla, talón, base del cráneo: Son no tenía dudas. Esas eran las partes que Kagome había estado intentando atacar fervientemente, sin parar y a una velocidad que ningún novato podría. Bura le había dicho que Kagome quería practicar artes marciales, pero eso había sido todo. Son no se imaginó que se enfrentaría a eso. ¿Cómo había podido mejorar tanto? En sus clases de educación física ella no tenía ese nivel. No. Aquel cambio no podía ser solo por gusto. Los ojos de Higurashi no eran los de una joven, eran lo de un animal dispuesto a atrapar a su presa. En esos momentos ella estaba pedida en los peligrosos instintos de un depredador. Había determinación y un fuerte motivo para lo que estaba haciendo. Y entre más él lograba esquivar o detener sus golpes, el poder en el interior de ella aumentaba cada vez más y atacaba a Son con más potencia.
Hisoka. Hisoka. Hisoka. Hisoka. Hisoka. Hisoka. Hisoka.
HISOKA.
Y con ese nombre haciendo eco en su cabeza, los golpes de Kagome se volvieron más fieros, y la mirada se volvió más afilada. Se sumergió en lo profundo de ella. Adentro. Adentro. Adentro. Adentro. Más profundo. Más intenso. Necesito sacar la fuerza de donde sea. De mí misma. De las otras yo. No me importa si es real o si es una locura, tan solo quiero esa fuerza ficticia para hacerla real y vencerlo. Y al escarbar en su consciencia accedió a otra realidad sobre la realidad. Los ojos vieron un aura dorada envolviendo a su oponente, totalmente sobrenatural y que la absorbió, dejándola completamente impactada. Por una fracción de segundo en su mente apareció una imagen de Son junto a ella como si fuera un recuerdo que nunca sucedió: los dos peleado en el cielo: ella con heridas mortales y él con aquella misma aura sublime que la miraba con una perturbadora y solemne seriedad.
Súper sayajín…
Y un golpe seco en su centro la hizo desvanecerse.
Cuando despertó estaban Son y ella. Kagome intentó levantarse, pero una descarga de dolor en la boca del estómago la detuvo. Solo se quedó allí tendida, en el patio de la Corporación Cápsula. Son estaba sentado al lado de ella con las piernas cruzadas, y cuando la vio se sorprendió. No se suponía que pudiera despertar tan pronto. Ella había estado desmayada apenas unos veinte minutos, cuando generalmente un practicante promedio de artes marciales debería, al menos, estar inconsciente por dos horas. La miró un momento escrutándola. Cuando habían estado peleado ella se detuvo por un instante y se había quedado mirándolo con los ojos bien abiertos, tan perpleja y perturbada que pareció que hubiera visto un fantasma de repente y no a él. Son aprovechó aquel descuido y le propinó un golpe en la boca del estómago para que cayera. Que siguiera en aquel peligroso estado por mucho más tiempo no hubiera sido bueno para ella. Lo que Son sintió cuando peleó con Kagome era algo que simplemente no podía explicar. Kagome se había convertido en una bestia. Y lo había atacado de una forma letal. Esa experiencia no había sido una práctica.
—Lo siento, pero no puedo seguir entrenándote —declaró Son.
Ella, que todavía había estado sumergida en aquella visión de Son con la sorprendente aura dorada, finalmente volvió a la realidad. La voz de Son sonaba algo extraña. Hizo el esfuerzo de quedarse sentada y miró a su instructor.
—¿Por qué lo dice?
Él no la miró. Tenía un cariz difícil de discernir para Kagome, era tranquilo, pero serio a la vez: miraba el cielo con fijeza como buscando calma. Él escuchó la pregunta, pero no respondió por un largo rato.
—Porque lo que estás a punto de hacer es muy peligroso.
Y cuando Son finalmente la miró, ella volvió a sentir el golpe en la boca del estómago.
¿Acaso…?
—¿De qué está hablando?
Pero ella no podía soportar la mirada de Son.
—Esto no fue una práctica. Los puntos de mi cuerpo a los que atacaste eran puntos críticos. Atacaste con mucha precisión y fuerza. Perdiste el control. Algo se apoderó de ti mientras me atacabas. Estabas dispuesta a matarme.
Y ella abrió los ojos de par en par. Aquello había sido como un sueño. Como si hubiera sido sumergida en agua tibia y como si algo salvaje dentro de ella la hubiera posesionado. Kagome sentía como si recién despertara más allá del desmayo.
—Piensa bien lo que vas a hacer, Kagome. No estoy seguro de lo que te pasa, pero parece como si algo te estuviera consumiendo por dentro.
En uno de los libros que ella había leído se hablaba de cierta habilidad que muy pocos individuos tenían. Se trataba de sentir la energía y el aura de los seres vivos: el ki. Ahora Kagome estaba segura de que Son sentía eso. Él estaba sentado al lado de ella y no quitaba la fijeza de sus ojos de los de ella. Era la primera vez que Son estaba tan cerca, y ahora que tenía la oportunidad de analizarlo se daba cuenta que ese hombre era mucho más misterioso de lo que aparentaba. Tenía un poder que Kagome no estaba segura si ignoraba o no. Tal vez había logrado engañarlos a todos. Aquella simpleza torpe e ingenua que lo caracterizaba lo hacía extraordinariamente complejo. Kagome podía entender por qué Bura se había enamorado de Son. Él era de esos seres humanos raros y extraños que podían ver y sentir más allá de lo aparente. Kagome pensó que Son y Freecs tenían algo en común. No estaba segura de qué exactamente, pero lo sentía muy adentro.
Y ella sonrió.
—Le voy a contar un secreto, profesor Son —No sabía qué es lo que la estaba impulsando a ser tan abierta y franca, pero la agradable y tranquila presencia de Son era algo que la envolvía y que tenía un misterioso poder sobre ella. Sin embargo, no sabía si realmente era por eso, por lo que había visto cuando habían peleado, o tal vez porque era una forma de disculparse por haberlo atacado con intención de matarlo. No lo sabía. En ese momento solo decidió dejarse llevar por aquella corriente de serenidad, paz y confianza que sentía al estar al lado de Son—: lo único que quiero es proteger una sonrisa. Eso es todo.
Ya he elegido mi lado en esta extraña y retorcida encrucijada.
Algo dentro de él se movió. Las pupilas destilaron. No hubo palabras. Solo existía aquel solemne y silencioso momento de sosiego.
—Así que usted también tiene un lado serio —declaró de repente.
Son ladeó la cabeza y cambió la expresión a una de desconcierto.
Era difícil para Kagome asegurarlo, él era muy particular, pero tuvo la sensación de que se estaba preocupando por ella. Aun así, lo que ella estaba haciendo, lo que estaba por hacer, era algo que todos tendrían que aceptar, incluso su familia y hasta el propio Freecs.
—¿Sabe?, rechazar a la princesa de la Corporación Cápsula es algo que nunca sucede. Y dudo mucho que un hombre como usted sea la excepción.
Son no se inmutó. Simplemente parpadeó.
—¿Tú crees? —repuso él.
—Totalmente.
—Tal vez.
Y Kagome lo supo.
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A/U: Bueno, he aquí otro cap. Espero que les haya gustado. Quedan 3 caps para el final más el epílogo. :D
Maky, en unos minutos te escribo. Gracias a vos por esto. Siempre :3
