Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.
Palabras: 2004.
17.- Intercambio de vidas
La señora Bustier dibujó una de aquellas sonrisas enigmáticas que esbozaba cuando preparaba algo especial.
—Chicos, hace dos semanas enviamos a vuestros padres unos formularios para realizar una actividad especial. La finalidad es que aprendáis a empatizar con vuestros compañeros —explicó orgullosa—, que entendáis que, aunque la vida de alguien pueda parecer fácil en realidad, a menudo no lo es.
El murmulló recorrió el aula, la profesora dio una suave palmada y se dispuso a satisfacer la curiosidad de sus alumnos.
—Haremos un sorteo para determinar las parejas de la actividad que realizaremos desde el viernes por la tarde hasta el sábado a mediodía.
»La idea es que el viernes, en vez de regresar a vuestra casa, iréis a la de vuestra pareja de actividad, por un día viviréis en la piel del otro, haréis las mismas actividades que vuestra pareja.
—Esa es una idea ridícula —farfulló Chloé—. Yo no puedo vivir en la casa de un pobre.
—El alcalde ha accedido a tu participación, Chloé, es obligatorio.
—¿Y si me niego?
—En ese caso tendré que suspenderte el trimestre.
Aunque Chloé farfulló algo no volvió a negarse a mediar palabra. Marinette deseó con todas sus fuerzas que no le tocase intercambiarse con ella.
—He metido los nombres de la mitad de vosotros en esta urna, la otra mitad irá pasando en orden a coger el papel que determinará con quién se intercambiará.
La profesora escribió en la pizarra los nombres de la mitad de los alumnos, entre ellos el de Adrien que pareció sorprenderse, ya que, si su nombre estaba ahí, era porque su padre había aceptado que participase en algo fuera de su control. La señora Bustier los fue llamando en el orden en el que los había apuntado en la pizarra para que fuesen sacando un papel con el nombre de su pareja de actividad. Adrien, con su papel entre las manos, regresó a su sitio, no se atrevía a desdoblarlo y leer el nombre.
—Vamos, ábrelo —murmuró Nino dándole un codazo en las costillas.
"Marinette Dupain-Cheng" leyó y suspiró aliviado. Se giró y le enseñó el papel con cierta timidez a su compañera que agitó las manos en el aire nerviosa.
º º º
El viernes a mediodía, al finalizar las clases Marinette se encontró al chófer de Adrien esperándola. Adrien le había dado algunos consejos para desenvolverse en su casa y con sus habitantes. Gorila tomó su mochila y la metió en el maletero, después le abrió la puerta para que pudiera entrar y la llevó hasta la mansión Agreste.
Marinette se quedó petrificada frente a la puerta. Entrar en casa de Adrien sin estar él allí le parecía raro. Gorila puso una mano sobre sus hombros y la animó a entrar, Nathalie la recibió al otro lado de la puerta mientras el señor Agreste permanecía en pie en lo alto de las escaleras dándole la espalda.
—Bienvenida, señorita Dupain-Cheng.
—Gra-gracias…
—Nathalie te acompañará al cuarto de invitados para que te instales y repasará contigo la agenda para mañana. La profesora Bustier ha… insistido en que debes realizar las mismas actividades que mi hijo.
—Lo haré bien, lo prometo.
—Acompáñame, Marinette —pidió Nathalie acomodándose las gafas en el puente de la nariz.
Gabriel Agreste ni la miró cuando pasó por su lado, Marinette se preguntó si era por incomodidad o si era igual con Adrien. Aquel lugar era tan diferente de su casa en todos los sentidos. Nathalie le abrió la puerta de un enorme cuarto de invitados y ojeó, casi automáticamente, su Tablet en la que Marinette supuso estaba la agenda de Adrien.
—La cena es a las siete y media, hasta entonces puedes instalarte, hacer los deberes y bañarte.
—De acuerdo.
—Te levantarás a las seis y media, el desayuno estará listo a las siete y a las ocho llegará el profesor de piano.
La escuchó intentando no poner ninguna cara extraña ante tanta planificación y actividad, estaba agotada con sólo imaginar todo el trabajo que tendría que hacer el sábado. Era un infierno…
—Te dejo para que te instales.
—Gracias Nathalie.
La secretaria asintió y se marchó. Marinette se dejó caer sobre la enorme y mullida cama.
—Tikki, ¿te imaginas tener que vivir aquí con tantas normas y horarios?
—La idea de la profesora es que os pongáis en la situación del otro, ¿no?
—Sí y que escribamos una redacción sobre ello. Pero, Tikki, Adrien vive esto a diario y no puedo ni imaginarme cómo lo hace para soportarlo.
—Trata de sacarle lo que tenga de positivo, todas las lecciones son valiosas.
—Tienes razón…
Tras haberse instalado, hizo los deberes y después se dio una buena ducha. A las siete y cuarto estaba lista para bajar aquellas escaleras y sentarse a cenar con Gabriel Agreste. Estaba muy nerviosa, no sabía de qué podría hablar con él, supuso que de moda, ya que al fin y al cabo era diseñador y ella aspiraba a serlo; de lo que estaba segura era de lo que no debía hablar: Adrien. Sería muy raro hablar con Gabriel de su hijo y, seguramente, le haría enfadar. No. No pensaba hablar de Adrien.
Marinette abrió la puerta del cuarto y bajó las escaleras con mucha calma, se detuvo un instante para observar a Adrien en aquel hermoso cuadro que las decoraba y continuó hasta el vestíbulo. Gorila estaba sentado cerca de la puerta con los auriculares puestos y leyendo un cómic, a Marinette le hizo sonreír.
—Marinette —llamó la voz de Nathalie—, adelante.
La muchacha avanzó hasta la puerta blanca y negra que la secretaria de Gabriel le mantenía abierta. El comedor era enorme igual que lo era la mesa, el servicio estaba puesto sólo para una persona.
—El señor Agreste está ocupado, no podrá cenar contigo.
—Oh… está bien, no pasa nada.
Nathalie cerró la puerta y Marinette suspiró. Esa casa era horrible, se sentía tan sola.
º º º
Adrien se detuvo un instante frente a la puerta de la panadería de los Dupain-Cheng, inspiró hondo y, armándose de valor, empujó la puerta, la campanita tintineó y los padres de Marinette se giraron para mirarle sorprendidos.
—Bienvenido Adrien —saludó Tom quien parecía igual de nervioso que él.
—Hola señores Dupain-Cheng, espero no molestar.
—Oh, cielo, no digas eso, estás en tu casa. Por favor, pasa —dijo Sabine yendo hasta a él—. Tom, coge su mochila vamos a ayudarle a instalarse.
Tom se apresuró a girar el cartel de la puerta de "abierto" a "cerrado" y cerró con llave. Agarró la mochila que cargaba Adrien al hombro y con gesto exagerados, que le recordaron un poco a Marinette, le invitó a cruzar la puerta que separaba la panadería del edificio en el que vivían. Adrien les siguió escaleras arriba hasta una habitación no muy grande que había preparado para él.
—Por favor, instálate como si estuvieras en casa. —Sabine le abrió el armario para que pudiera acomodar sus cosas y le sonrió—. Si necesitas algo estaré en la cocina, Tom estará abajo un rato más.
—Tengo que preparar la masa para mañana, hay que dejarla reposar toda la noche —explicó como si fuese un requisito imprescindible para poder volver abajo.
Era curioso, el ambiente de aquella casa le hacía sentir más en casa que el de su propio hogar. Los padres de Marinette eran agradables y atentos.
—¿No podemos mudarnos aquí para siempre? —preguntó Plagg curioseando por todos los rincones del cuarto.
—¡Plagg! No digas eso.
—Según lo veo yo, aquí no tienes una agenda hasta para bañarte, eso sólo puede ser bueno.
—Mi padre sólo intenta hacer lo que es mejor para mí.
—Vivir es lo mejor para ti, las agendas apretadas no.
No replicó a eso, entendía a su kwami, pero estaba hablando de su padre y aunque no fuese el mejor padre del mundo le quería.
Adrien hizo los deberes, se duchó y arregló, en su casa se cenaba a las siete y media, en punto, pero Sabine y Tom no le habían dicho nada, no sabía si le avisarían o si esperaban que apareciese a alguna hora en concreto, así que, salió del cuarto y fue hacia a la cocina. Encontró a Sabine con la cara dentro del frigorífico tarareando una canción alegre.
—Señora Dupain-Cheng, ¿necesita ayuda?
—Adrien, cielo —musitó sorprendida— ¿hay alguna comida que no te guste o tienes alguna alergia?
—No, no se preocupe señora Dupain-Cheng.
—Llámame Sabine, no seas tan formal. —Le sonrió—. ¿Querrías ayudarme a preparar la cena?
—¿De verdad?
Ella asintió, esperando que se sintiese cómodo, entendía que no era lo mismo estar allí con Marinette que solo.
—En mi casa nadie cocina, mi padre siempre hace que nos traigan la comida de algún chef de renombre —explicó con las mejillas teñidas por un leve rubor—, no he cocinado nunca. No sé si sabré hacerlo.
—No te preocupes Adrien, no prepararemos nada complicado.
Él accedió, se lavó las manos y se situó al lado de Sabine que le fue explicando qué debía hacer, entre los dos prepararon una quiché de salmón que, a pesar de su aspecto, estaba deliciosa. La cena fue distendida, la conversación fluía con facilidad, igual que las risas. Adrien se sentía muy cómodo con los padres de Marinette, era afortunado por haber tenido la suerte de que su padre accediese a aquella actividad y que le hubiesen tocado los padres de su amiga.
—Hay una tradición en casa de los Dupain-Cheng los viernes por la noche —soltó Tom con tono cantarín captando la atención de Adrien—: videojuegos. El que pierde lava los platos de la cena y los del desayuno.
—¿Videojuegos?
—Videojuegos —afirmó Sabine.
—Y hoy que no está Marinette, ¡seguro que ganaré! —exclamó Tom exultante de felicidad.
—Adrien, creo que deberíamos machacarle, ¿qué me dices?
Aceptó la invitación.
Tras una batalla épica y un buen bol de palomitas, la noche de videojuegos llegó a su fin. El reloj marcaba ya las doce de la noche cuando Adrien, sonriente, se metió en el cuarto para dormir. Había sido una noche increíble, una de las mejores de su vida. Agradeció que Plagg estuviera dormido sobre la almohada, porque así se ahorraba el discursito sobre las normas inflexibles de su casa.
Pensó en Marinette, ¿cómo le habría ido? ¿su padre habría cenado con ella? No lo creía, su padre rara vez compartía mesa con él y no había motivo para que lo hiciese con ella por más que la profesora Bustier pudiera haberlo pedido.
Tomó su teléfono móvil, buscó el número de Marinette y se apresuró a enviarle un mensaje:
Buenas noches, Marinette. Espero que hayas tenido una buena tarde en mi casa, sé que hay muchas normas, pero Nathalie te ayudará en todo lo que necesites.
Eres muy afortunada, tus padres son geniales, hemos estado jugando a los videojuegos hasta ahora, me han hecho sentir en casa.
Su móvil tintineó, Marinette le había contestado:
Hola Adrien, ha sido un poco raro, pero ¡ey! No ha estado tan mal jajaja. ¡Tu casa es enorme! Me he perdido tres veces intentando llegar al baño, ¡qué torpe! No se lo digas a nadie, pero Gorilla me ha traído una bolsa llena de chucherías cuando nadie le veía… creo que estaba preocupado por mí.
Espero que mis padres no se hayan puesto muy pesados con la noche de videojuegos, a veces son un poco intensos… y también que no te hayan hecho muchas preguntas extrañas. Yo… tendría que estar durmiendo porque hay que madrugar y eso ¿de verdad te hacen madrugar los sábados? No sé cómo lo haces para cumplir con tantas tareas yo… perdón, estoy hablando demasiado.
Buenas noches.
Adrien sonrió al leer su larga respuesta y volvió a escribirle:
Es difícil, pero tener responsabilidades tampoco es tan horrible. A Gorila le gusta consentir a la gente que le gusta, eso significa que te aprecia. Buenas noches, Marinette, que descanses.
Ella no volvió a contestar. Adrien dejó el móvil sobre la mesita de noche y se puso el pijama. Había sido una noche fantástica.
Fin
Notas de la autora:
¡Hola! Es una idea un poco rara, pero es lo único que se me ha ocurrido para este tema.
