.

.

.

.

.

Los personajes no me pertenecen, ellos son de la autoría de la grandiosa Rumiko Takahashi, yo sólo escribo con fines de entretenimiento.

Adaptación del Dorama Coreano La poderosa mujer Do Bong Soon.

.

.

- JAJAJAJA, no sabes cómo esas mujeres me rogaban, me imploraban que no las golpeara más, intentaban complacerme en todo. Me hubiese gustado que Akane me rogase con la misma intensidad – Ranma apretó más el agarre sobre Toma y estampó un cabezazo en la frente de su adversario.

- ¡Cállate imbécil! – Gritó Ranma, mientras Toma había empezado a sangrar desde la cabeza – como digas otra estupidez te irá peor.

- No será necesario Ranma. Entre los tres nos encargaremos – Akane posaba su mano sobre el hombro de Ranma, mientras que detrás Shinnosuke miraba con desdén a Toma.

- Parece que será una pelea interesante – respondió el pelinegro.

- Sí que lo será – Toma sonrió fríamente – ¡Hombres, bajen! Es hora del show.

Seres con formas humanoides se situaron alrededor de ellos, cerrándoles el pase – jefe, díganos que hacer – respondieron en unísono.

CAPÍTULO XVIII

La jadeante respiración de los humanoides hacía notar el cansancio que sentían. El cuerpo realmente les pesaba. Las heridas abiertas sobre sus pieles cada vez brotaban más sangre, pero en sus ojos aún estaba inyectada las ganas de seguir peleando aunque todo fuese en vano.

Recogieron el poco orgullo que les quedaba y se lanzaron de nuevo para nuevamente caer de bruces al suelo, para esta vez quedarse tirados sin poder mover un solo dedo.

Esta pelea había sido su peor elección, al principio pensaron que ganarían ya que sólo se trataba de una mujer y dos hombres, cuando ellos eran seis, contando con su jefe pero gran error que cometieron. Ahora veían y sentían las consecuencias.

- ¿Qué sucede, se cansaron? ¿O el suelo está blandito? – el artista marcial escupía las palabras en son de burla. Esos tipejos sí que le habían hecho perder el tiempo, parecían bueno rivales pero no habían aguantado ni siquiera el calentamiento.

- Ranma, creo que es suficiente – Akane se acercó hasta su novio para persuadirlo un poco.

- Mujer, no te quejes tanto porque tú tienes a uno de ellos entre tus manos – Ranma rio por lo bajo para que luego la mujer suelte al desafortunado hombre como si quemase.

- Creo que nos pasamos todos ¿verdad? – desde atrás Shinnosuke respondía, sentado sobre uno de los humanoides.

- Lo importante es que tenemos a Toma, ¿no creen? – los dos hombres asintieron, mientras que desde el suelo Toma levantaba el dedo del medio, maldiciendo desde sus adentros. Él nunca había visto pelear al alguien de ese modo. Parecían bestias en cuerpos de humanos. Unos verdaderos artistas marciales - ¿Qué sucede Toma? ¿Quieres seguir peleando? – Akane se colocó a la altura del psicópata para así escucharlo mejor – no te esfuerces por echarme la culpa, no soy estúpida, es hora que pagues por todo lo que nos hiciste.

Flashback

Toma al verse acorralado y con la sangre brotando desde su cabeza, llamó a sus secuaces que inmediatamente cercaron al policía, Akane y Ranma. La mujer rió, no había necesidad de reprimirse, esos tipos eran malos así que la maldición no caería nuevamente sobre ella. La fuerte mano de Ranma tomó la suya, como si fuese un mutuo acuerdo para pelear juntos, más atrás Shinnosuke se jalaba los cabellos de los celos, pero nada podía hacer, así que decidió concentrarse en los humanoides que tenía delante de ellos.

Ranma que ya tenía a Toma, lo soltó del agarre para luego barrer las piernas de su contrincante de un solo puntapié, sonrió ladino mientras que expulsaba el aire contenido en sus pulmones.

Akane por atrás se colocaba en posición de pelea – que sea una pelea suave – más se lo repetía para sí misma que para los demás – te dije que no era un rival fácil de vencer.

Shinnosuke por su parte aseguraba bien su arma de reglamento, no deseaba usarla, esta vez jugaría con los puños.

El primero en empezar fue Toma, rápidamente tomó impulso y atacó a Ranma, dando una sarta de puñetes, tentando a la suerte para que alguno acertase en el pelinegro. Ninguno dio en el blanco puesto que Ranma esquivaba todos con gran agilidad. Akane más atrás peleaba contra uno que tenía forma de perro y otro con forma de pájaro recién nacido, nada difícil para ella, que fuerte como el acero los mandó a volar de un solo puntapié. El que se veía con más problemas era Shinnosuke que sacando la vara de reglamento que poseen los policías, intentaba esquivar los golpes de tres de los seres, a su vez, el hombre de la coleta lanzaba puñetes y patadas, mandando hacia atrás a sus contrincantes. El policía respiró cansado, hace mucho que no tenía un combate cuerpo a cuerpo así que le resultaba más difícil.

Un fuerte golpe llamó la atención de todos. Era Toma que había sido estampado por Ranma contra un conteiner – oh vamos, levántate ¿no era que te ibas a divertir?

- Desgraciado – escupió Toma – no sabes con quién te estás enfrentando.

- Creo que si lo sé ¡me enfrento con un estúpido débil! Ves a esa mujer – señaló hacia Akane – esa mujer estaba peleando contra dos y ahora tiene a otro entre sus manos y ni siquiera está cansada y sabes por qué, porque todos ustedes son una sarta de porquerías.

- En la cara ¡en la cara no! – suplicaba el ser con forma de mono.

- Está bien – respondió Akane – si no es tu cara, entonces te tomaré de aquí – de un ágil movimiento lo tomó del cuello y lo suspendió del suelo. El humanoide se movía cual gusano, tratando de liberarse, sin poder decir una palabra. Poco a poco iba perdiendo la consciencia.

- Creo que ustedes dos me van a servir de algo – Shinnosuke paraba de atacar y guardaba su vara, mientras que sus contrincantes estaban en el suelo – debo admitir que estoy fuera de forma, así que descansaré un poco – sin decir otra palabra se sentó sobre ellos.

Ranma mientras tanto tenía sujeto a Toma con un pie.

Flashback end.

Toma como pudo empujó el pie de Ranma y se levantó, siendo seguido por sus secuaces, que con la mirada se pusieron de acuerdo y empezaron a correr como podían. Akane miró hacia sus compañeros y asistieron, la siguiente parte del plan se llevaría a cabo.

- ¡Toma! – gritó Shinnosuke mientras veía como Toma y sus secuaces huían a duras penas. Una gran y pesada caja de madera caía sobre Toma, encerrándolos inmediatamente.

- ¡Oh, gran tiro! – segundó Ranma, mientras veía como Akane se sacudía las manos después de lanzar la caja.

- ¡Ustedes! Obtengan una idea de cómo se siente el encarcelamiento, ahora tendrán que acostumbrarse a eso por el resto de su vida – Toma y su gente gritaban dentro, intentando levantar entre todos la caja, sin tener ni una oportunidad. Akane, Ranma y Shinnosuke se retiraron caminando, no tenían nada que hacer ahí, las patrullas ya estaba llegando al lugar para encarcelar a los desgraciados.

- ¡Sáquenos de acá! ¡Maldita sea! ¡Oye! ¡Me escuchas Akane Tendo! – fueron los gritos que se escuchaban a lo lejos.

.

La cabeza de Toma rebotaba contra el suelo, el jefe de policías no había soportado escuchar la declaración del psicópata. Totalmente irritado el policía tomó a Toma y lo estampó contra el suelo – No lo puedo creer ¡es un maldito idiota! – El detenido sonrió engreído desde el suelo - ¿Por qué te ríes? ¿Quieres morir, idiota?

- No, jefe no lo haga – trataba de detenerle otro policía. El futuro de Toma y sus hombres ya estaba claro, pagarían por el resto de su vida sus crímenes dentro de una cárcel psiquiátrica.

La noticia salió en el horario de la mañana. Había sido una bomba, por fin habían capturado a los responsables de tantos secuestros a mujeres y de una muerte.

.

.

.

Después de la exitosa captura de Toma, sus vidas volvieron a lo cotidiano. Akane entrenaba junto con Kurama, mientras que Ranma veía nuevos prodigios en artes marciales. Todo era paz y felicidad.

- Mire joven Saotome, este joven tiene sólo dieciocho años y ya ganó un torneo regional, creo que sería una buena opción para nuestra imagen.

- No lo creo Gosunkugi, por lo menos debe tener cinco torneos ganados para ser la imagen.

- Entonces ¿qué piensa de esta mujer?

- No, no me gusta. No cumple con los estándares de artista que buscamos.

- Que tal si – Gosunkugi fue interrumpido por el celular de su jefe.

- Tenemos que hablar- decía el mensaje. Ranma resopló con cansancio – ¿por qué me tiene que llamar cuando estoy ocupado? Ahora vengo, tengo algo inoportuno que atender – Gosunkugi asintió, su jefe se veía asqueado.

¿Shinnosuke tan interesante se creía? Lo llamó justo cuando coordinaba cosas del Dojo y ahora estaban los dos arriba, en la azotea, con un viento de los mil demonios - ¿Acaso no sabes que soy un hombre de negocios y tengo mucho que hacer?

- Lo sé, por eso vine hasta aquí – respondió seco el policía.

- ¿Qué es lo que quieres decirme?

- Voy a… estar mirándote – Shinnosuke escupía las palabras con cólera.

- ¿Qué? – respondió el hombre de la trenza. El policía tomó a Ranma de la camisa, no entendía como su amiga había elegido a ese hombre cuando él la amaba tanto.

- Si alguna vez lastimas a Akane, te mataré yo mismo – en el rostro de Ranma se veía la confusión ¡ese idiota lo estaba amenazando!

- Realmente ni siquiera puedo reír en este momento con la sarta de tonterías que estás diciendo. Tu forma de hablar siempre me irrita ¿sabes?

- ¡Silencio! Akane es mi amiga… así que, hazla feliz – Ranma resopló con cansancio – realmente no me gustas para ella pero aun así te estaré vigilando para que no le hagas nada malo.

- No te enojarías mucho si no te la pasaras mirándonos – tomó a Shinnosuke de las manos y lo empujó para atrás – entonces déjanos en paz. Maldición, no puedo creer todo esto, que tú vengas y me digas que tengo que hacer ¡vaya chiste!

Shinnosuke se mordió los labios para no responder de la peor manera – A Akane le gustan los helados y mejor si son de chocolate – la boca de Ranma iba creciendo en una gran O – ella tiene alergia al maní, le gusta practicar las artes marciales y prefiere miles de veces la playa a que las montañas – calló y caminó en dirección de la salida – y por último, si ella no puede dormir, dale una taza de leche ¡siempre funciona! – ahora sí había dicho todo lo que tenía que decirle.

Ranma voleó con cólera para enfrentarlo – esta escoria ¡eres tan grosero hasta al final! Nunca me gustará que ustedes dos sean amigos y ya sé todo eso sobre Akane, le gustan los helados de chocolate, no puede comer maní, le gusta las artes marciales, el mar y no te preocupes ¡yo la ayudaré a dormir! Pero te faltó algo más, ella prefiere el rojo al azul ¡idiota! – por más que gritaba el policía ya no oía nada de lo que decía el artista marcial.

.

.

Parecía que el sándwich que había comido hace unas horas se le iba a regresar en cualquier momento. Por primera vez en su vida el gran Ranma Saotome tenía miedo y estaba nervioso hasta los huesos. De todos modos intentó hacer ejercicios de respiración. Caminó hasta el Dojo de la casa Tendo y esperó por el patriarca, necesitaba hablar con el señor Soun. Cuando lo vio entrar se le heló la sangre. Un hombre tan imponente de paraciencia hacía dudar a cualquiera.

- ¿De qué quería hablar conmigo, Ranma?

- Bueno verá, señor Soun. Será mejor que tome asiento.

- Estoy bien desde aquí – respondió seco Soun.

- Entonces yo me pararé – Ranma hizo el ademán de pararse pero fue detenido por el padre de su novia.

- No, quédate ahí y dime que quieres decirme.

- Venía a hablarle sobre su hija, señor.

- ¿Pasa algo con ella? ¿Está enferma?

- ¡No! Claro que no, no vengo por eso si no que yo deseo…

- Vienes a pedirme permiso para comprometerte con ella ¿verdad? – Soun soltó las palabras sin pensarlas tanto.

- Sí – fue la respuesta de Ranma, mientras que el patriarca se quedaba de piedra parado en el mismo lugar – deseo casarme con Akane, señor. Es lo que más quiero en este mundo.

- Ya-ya veo, vaya muchacho, sí que me tomaste por sorpresa.

- Pero fue usted quien lo dijo…

- Lo decía en broma – se tomó la sien - ¿realmente amas a mi hijas?

- Sí y mucho.

- Cuando la miras sientes que es la mejor de todas.

- Sí y más cuando sonríe.

- Sientes que la extrañas todo el tiempo.

- Sí y más por las noches.

- ¡¿Qué?! – Ranma se dio cuenta de lo que había dicho y se golpeó la cabeza.

- Lo siento, me dejé llevar. Pero sí, la extraño a cada segundo que pasa.

- Está bien muchacho, sé que son las hormonas, y bien dime ¿qué te gusta de ella?

- Akane es… la mujer perfecta para Ranma Saotome, señor. Es tierna, tiene una sonrisa hermosa, cada vez que salgo lastimado ella es la única que se preocupa por mí. Me-me gusta todo de ella – le costaba horrores decirle eso al padre de su novia, pero se veía en la obligación de abrir su corazón para poder así obtener el consentimiento.

- Ya lo veo, creo que eres un buen muchacho y que la harás feliz, hijo – los ojos de Ranma se agrandaron por la sorpresa que generaba al escuchar esas palabras.

- ¿Eso quiere decir que me permite estar al lado de Akane?

- Sí, desde ahora somos familia – Soun ayudó a Ranma a ponerse de pie y se dieron un fraternal abrazo. Por fin el artista marcial tenía la bendición de su futuro suegro.

.

.

La noche ya estaba sobre la ciudad de Nerima y los habitantes de la casa Tendo ya se encontraban en sus respectivas habitaciones, menos uno, Soun, quien inquieto caminaba afuera de la habitación de Akane, necesitaba hablar con ella.

- ¿Akane, hija, estás ahí? – hablaba el patriarca Tendo fuera de la habitación de la menor de sus hijas. Akane se apresuró a abrir la puerta a su padre.

- ¿Sucede algo papá?

- Sólo, yo sólo venía – se sentía triste y a la vez feliz, ver a su pequeñita ahora al lado de otro hombre que no era él – vaya, parece que esto sí es difícil. Sólo quería decirte que si es Ranma Saotome, yo estaré bien.

- Papá… - los ojos de la peliazul se llenaron de lágrimas. Por un momento se sintió pequeña nuevamente.

- Sé que él es el único que te puede proteger como deseo que lo hagan. No sabes cuánto me cuesta aceptar que creciste, mi niña – para ese momento Soun ya se estaba ahogando en lágrimas.

- Papá, no te preocupes, yo siempre estaré bien – se acercó hasta su padre y lo abrazó, como cuando ella era una niña y tenía miedo de la oscuridad. Soun la recibió del mismo modo. Sonriendo aceptaron los nuevos caminos que tomarían.

.

.

.

Ya había pasado varios meses desde la conversación de Soun Tendo y Ranma, ambos habían decidido guardar silencio hasta que el chico por fin se decida a hacerle la propuesta a la mujer de cabellos azules. Mientras tanto seguían trabajando en el Dojo Jusenkyo. Akane cada vez se ausentaba más, se pasaba la mayor parte del tiempo ayudando a los que más necesitaban, haciendo uso de su fuerza intentaba dar solución a diferentes problemas que podrían tener en la ciudad, descuidando así, su trabajo en el Dojo. Kurama ya estaba a punto de reventar en cólera, no soportaba más a la pequeña Tendo, por el simple hecho de que siempre llegaba tarde al trabajo. Excusándose en que siempre tenía que resolver algunos problemas mientras iba hacia las oficinas. Así que muy molesto, el estrambótico hombre fue hasta la oficina de Ranma para presentar su queja.

- Joven Saotome, quería hablarle sobre la señorita Tendo.

- ¿Qué sucede con ella?

- No sé cómo decirlo, para que no suene tan mal. Pero ¡no la soporto más!

- ¡¿Qué?! ¿Qué pasó para que digas eso?

- Resulta que la jovencita no llega a tiempo a la hora de trabajar o si llega temprano, de un momento a otro desaparece por arte de magia hasta varias horas después. La empresa sé que es tolerante con los horarios pero no voy a permitir, no voy a permitir que ella…

- Que ella qué – Ranma miraba con curiosidad al hombre.

- ¡Que ella sea más hermosa que yo! – y sin que nadie le pidiese, Kurama levantó los brazos, enseñando todo el abdomen. Ranma gritó espantado por la vista que tenía delante.

- ¡AH! ¡Baja los brazos Kurama! O es que me quieres matar ¡Dios! – Ranma se abanicaba con las manos intentando borrar esa imagen de su cabeza.

- Está bien, perdón joven Saotome, fue un exabrupto. ¡Pero esa niña un día llegó con las manos llenas de barro!

- Creo que ese día fue el que se puso a sembrar árboles– dijo el joven, más como un pensamiento.

- ¿Perdón? ¡Joven Saotome! Estoy hablando enserio, no la quiero más en mi grupo. Esa mujer, esa mujer es un ¡extraterrestre! Estoy seguro que llega tarde porque anda levantando puentes, regresando elefantes a los zoológicos o peor aún.

- Sembrado árboles, levantando carros en los accidentes, eso ya lo sé Kurama – Ranma habló como si fuese lo más natural del mundo a su empleado, mientras que el pobre hombre se retorcía de asombro – hablaré con Akane y le comunicaré tu decisión. Puedes retirarte.

Habían pasado dos horas desde que había hablado con su empleado y Akane aún no aparecía por el Dojo, al parecer hoy tenía algún caso que resolver por las calles.

- Joven Saotome, creo que este nuevo inmobiliario es perfecto para la extensión del Dojo.

- Me parece perfecto Gosunkugi, esta misma tarde has todos los papeles para adquirirlo. Pero antes ¿sabes si la señorita Tendo ya llegó al trabajo? - Como si la hubiese invocado entró a su oficina, un tanto cabizbaja.

- ¡Oh, vaya! Parece que eso responde a su pregunta jefe.

- Akane ¿ya te enteraste? ¿No? – preguntó el pelinegro.

- Sí, ahora no podré trabajar con el señor Kurama – respondió mirando hacia sus zapatos.

- Dime ¿qué te tomó tanto tiempo hoy?

- Nada fuera de lo común, tuve que ayudar en una obra de construcción, se había roto una viga y yo la tuve que sostener – respondió triste.

- Y por eso es que traes la ropa toda sucia – Ranma iba a pedirle a su empleado que trajese algo de ropa para Akane pero lo descartó, el pobre asistente estaba dando pequeños espasmos de asombro – bien, no importa. Sabes que ahora tendrás que trabajar en otra cosa.

- Sí y bueno… quería preguntarte si ahora puedo trabajar contigo – sus ojos se llenaron de sincera alegría – puedo ser tu guardaespaldas otra vez ¿no crees? – Ranma se llevó las manos a la cara, intentando cubrir su sonrojo – o ¿debería seguir triste y llorar? – Akane hizo el ademán de llorar – o mejor me pongo feliz de que podré estar contigo ¿qué haré? ¿Eh?

- ¡Ay dios! ¡Quieres que me dé un ataque al corazón! – más rojo que un tomate tomó las mejillas de su novia.

- ¿Qué haré Ranma? ¿Ah? – sin darse cuenta los dos ya estaban coqueteando. Gosunkugi los veía aburrido desde una esquina.

- Si quieren que los deje solos sólo deben decírmelo y yo me voy – dijo el flaquillo hombre.

- No es necesario Gosunkugi, te puedes quedar aquí, nosotros nos vamos – Ranma tomó de la mano a Akane para ir en dirección de la salida – guardaespaldas Tendo, le ordeno que vayamos a una cita.

- ¡A sus órdenes jefe Saotome! – respondió juguetona, saliendo de la oficina.

- Joven Saotome, me puede firmar… aquí – las palabras de Kurama quedaron en el aire al ver como su jefe se iba con la niña de cara bonita y cuerpo proporcionado – vaya parece que ni me escuchó.

- Parece que así es, cada vez siento que el jefe no nos presta atención.

- Tienes razón Gosunki-chan, yo también siento un vacío aquí – tomó las manos delgadas del asistente y las colocó en su pecho – siento que tengo un cuervo gaznando.

- Jejejeje, bien por usted, yo me voy a trabajar – Gosunkugi se apresuró en salir de ahí, no quería malos entendidos en el Dojo.

.

.

.

Los árboles de cerezo estaban en todo su esplendor, algunos pétalos caían delicadamente sobre el asfalto, endulzando más aún el ambiente.

- Es hermoso verdad – preguntó Akane.

- Sí que lo es, parece nieve. Dicen que los pétalos caen cinco centímetros por segundo, lo vi en una película. Ahora me pregunto qué tan rápido pudo ir mi corazón hacia ti, seguro que no tan rápido como el tuyo por mi ¿no?

- Bobo ¿En qué momento es que te fijaste en mí? – la peliazul siempre quiso saber ello.

- Tal vez fue la primera vez que te vi – dijo Ranma, mientras Akane sonreía coqueta – o tal vez cuando estuvimos en la comisaría.

- ¿Por qué me esperaste tanto tiempo? No pensaste en que yo podría fijarme en otra persona.

- Eso es imposible, sabía que tú y yo estábamos destinados a estar juntos. Te iba a esperar el tiempo necesario, y si no era así, te traería hacia mí.

- Engreído, pero lo conseguiste – el viento de primavera movía sus cortos cabellos azulados. Ranma no desaprovechó la ocasión y la tomó de la mano.

- Quiero que vengamos el otro mes – dijo Ranma caminando al lado de ella.

- Está bien, es un camino muy hermoso, es perfecto para hacer Hamani.

- Y el otro año, también – la mujer asintió con la cabeza – y el año que viene también.

- Me parece bien – respondió dentro de su burbuja de felicidad.

- Y también quiero que vengamos dentro de diez años – dijo Ranma mientras Akane paraba sobre sus pasos – quiero venir aquí todos los años de nuestras vidas.

- Ranma, yo…

- No quiero perderme ningún momento de tu vida, quiero estar a tu lado – aseguró el hombre mientras acariciaba el rostro de la mujer con delicadeza.

Ella tomó las dos manos del hombre y las acarició con ternura, intentando contener un poco los sentimientos que la embriagaban – Ranma, cuando estuvimos sobre esa azotea, aquella vez que te pedí que te fueras, dijiste que tenías algo importante que decirme ¿qué era?

- No creo poder vivir sin ti y tú tampoco sin mí. Vamos a permanecer juntos por siempre, no quiero perderme ni un momento de tu vida, juntos – sacó de su saco una cajita de terciopelo, de ella salió un hermoso anillo, delgado y con una delicada piedra brillante en el medio. No esperó respuesta por parte de ella y sólo se limitó a colocar el anillo en el delgado dedo de su novia. Akane en ningún momento apartó la mano, por el contrario, sus ojos brillaban de una forma diferente. Llena de alegría sus labios dibujaron una sonrisa, ansiosos, esperando ser besados por Ranma – debo de entender que esto es sí ¿verdad?

- ¿Tú que crees? – y sus labios volvieron a unirse, no había tiempo para más palabras.

Los hermosos pétalos de cerezos caían sobre ellos. La pareja absorta en su mundo, se olvidó que se encontraban en la mitad de la calle y que todos los estaban viendo.

.

.

.

La suave tela caía sobre el cuerpo de Akane, envolviéndola en un hermoso vestido de novia. Poco a poco los invitados pasaban a saludarla a la pequeña sala que estaba destinada sólo y únicamente para recibir las visitas antes de su matrimonio, felicitándola por el acontecimiento y deseándole lo mejor en su nueva vida, mientras que otros sólo entraban a ver qué tan hermosa estaba. Soun fue el primero en llegar, al ver a su hija se tiró al suelo, sólo y únicamente para llorar, mientras que Kasumi y Nabiki hacían hasta lo imposible para que Akane no llorase y no echara a perder el maquillaje.

El siguiente en llegar fue Ranma que de los nervios entró al lugar como si se tratase de un robot, sonrojado hasta las orejas, intentaba caminar lo más "normal" posible - ¿es enserio? – dijo entre balbuceos.

- ¿Qué? – Akane ya estaba a punto de empezar a pelear pero al ver el rostro de su futuro esposo se le fue la cólera - ¿qué pasa Ranma?

- Está muy bonita ¿verdad? – habló Nabiki, mientras grababa sus expresiones.

- Está hermosa – respondió el pelinegro, atónito.

- Ay que tiernos ¿verdad papá? – Preguntó Kasumi - ¿papá? Deja de llorar padre.

- Es que mi hija está bellísima y ya no será mi bebé. Ven acá hijo – de un tirón Soun abrazó a Ranma – desde ahora seré tu papá político.

- Sí, padre.

Los invitados siguieron llegando, algunos se confundían y entregaban los regalos en ese momento, generando vergüenza en la menor de las Tendo. Hasta que el hombre que menos esperaban ver, apareció.

- ¡Hola Akane! Estás – la miró de arriba hacia abajo – estás bellísima.

- ¡Shinno-kun! – el tiempo se paralizó, Ranma veía con odio al policía y viceversa, mientras que a Akane le resbalaba un poco de sudor de la frente.

- ¿Qué haces aquí? – escupió Ranma.

- ¿No ves? Vengo a felicitar a mi amiga.

- ¡Já! Vaya chiste, ya la viste, te puedes ir sobre tus pasos.

- Ranma, cálmate ¿sí? – Aclaró Akane. Shinnosuke se acercó hasta Ranma y le extendió la mano.

- Felicidades, chicos, espero que sean felices – el policía siguió con la mano extendida, sin recibir una respuesta por parte del novio – y si le haces daño, te mato Saotome – instintivamente Ranma palmeo la mano de Shinnosuke, en símbolo de tregua. Akane sonrió tranquila de que no haya pasado a mayores.

- Bueno chicos, ya es hora de celebrar la boda – llamó Nabiki.

- Me permites Ranma.

- Claro, señor Soun, quiero decir, padre – y sin más miramientos, el patriarca Soun entregó a su hija y la ceremonia se realizó con normalidad. Exceptuado algunas complicaciones con Kurama quien gritaba como loco cuando Ranma decía que aceptaba a Akane como esposa, la solución fue muy fácil, Nodoka lo amenazó con su catana y toda la boda siguió sobre sus ruedas.

.

.

.

La caja reposaba en una esquina de la gran habitación estilo tradicional. Cuando llegaron lo primero que hizo fue colocarla ahí, con cuidado de no dañar el tatami del lugar. Durante todo el camino hasta aquel resort, su mente no dejaba de pensar sobre el contenido que podría tener esa caja, tratándose de un regalo de Nabiki podría ser cualquier cosa menos de algo bueno.

Se acercó hasta ella, vería lo que había dentro, mientras Akane se bañaba. Abrió la tapa de madera y lo que había dentro sus ojos no daban crédito. Un gran cantidad y variedad de "juguetes", atuendos un tanto sugerentes, estaban acomodados cuidadosamente para que no se estropeasen. Tragó duro y comenzó a sudar frío al momento de imaginar cómo se vería Akane con toda esa ropa, entre sus manos tomó una diadema que tenía orejitas de gato - ¿esto le gustará a Akane? ¡Qué demonios estoy pensado! ¡Akane pensará que soy un enfermo pervertido!

El sonido de la puerta del baño al abrirse lo asustó de sobre manera, guardando como podía las cosas dentro de la caja, Akane que salía secándose el cabello, vio a Ranma como un tomate, se acercó hasta él y lo vio directo a la cara - ¿ qué hay en esa caja, Ranma?

- Nada – negaba desesperadamente con la cabeza mientras extendía las manos.

- ¿De verdad? ¿Entonces por qué estás tan nervioso?

- ¿Nervioso yo? ¡Jamás!

- Entonces ¿qué tienes detrás de tu espalda?

- Ya te dije que nada, sólo es una caja que me dio Nabiki.

- ¿Nabiki? Déjame ver – se acercó hasta él, pegando su pecho con el del chico. Ranma producto de la cercanía, tropezó, volteando la caja en el acto. Todas las cosas se esparcieron por el piso. Akane extrañada tomó unas cuerdas entre sus manos para luego mirar sugerentemente a Ranma.

El hombre al ver el rostro de su ahora esposa, sudó más frío que nunca – A-Akane, de-de verdad que no…

- Silencio – sentenció la mujer, mientras se sentaba ahorcajadas sobre Ranma – no sabía que te gustaban este tipo de jueguitos.

Una gran cantidad de saliva bajó por la garganta de Ranma, no sabía dónde poner su cara, su esposa estaba siendo demasiado sexy – Akane, yo… – los carnosos labios de la mujer lo callaron, haciendo perder sus sentidos. Como pudo cargó a su mujer y la llevó hasta la recamara, en donde estarían más cómodos.

.

.

.

La señora Nodoka les había regalado una casa, disque regalo de bodas, pero eso sí, la pareja de recién casados se encargarían de amoblar toda la casa. Ranma tuvo la grandiosa idea de comprar como primeros artículos una estantería de libros y un colchón. Con la idea de que "por algo se empieza ¿no?" pero se suponía que tenían dinero suficiente para amoblar la casa al menos en un treinta por ciento. Aun así Akane estaba feliz.

El nuevo estante de libros estaba instalado desde hace dos horas, felizmente los encargados de colocarlo habían dejado todo ordenado y limpio. Desde el otro lado de la habitación Akane veía entusiasmada aquel lugar, que para ella, era un santuario.

Ranma nunca había tenido un armario así para los libros, pero como se enteró que a la peliazul le encantaba leer. Mandó a instalarlo, al fin y al cabo por fin pondría todos los libros de Artes marciales en ese lugar. Preparó una caja repleta de libros, los cuales hace mucho no veían la luz del sol.

- Akane, aquí están los libros que tengo, si deseas los colocas en el estante – la mujer volteó y le regaló una linda sonrisa.

- Gracias Ranma, gracias por instalar este organizador, por fin podré leer muchos libros y en orden – Akane tomó los libros y los fue acomodando uno a uno – ¡Tienes muchos libros de las Artes Marciales!

Un escalofrío pasó por la espalda de Ranma, sensación que tenía cuando de algo se olvidaba o que algo malo estaba por suceder. La mujer se agachó nuevamente hacia la caja, de ella sacó un libro un tanto peculiar. Al ver el rostro de la mujer Ranma sudó frío. Se había olvidado de aquel libro que había sido un regalo para él cuando cumplió la mayoría de edad. Por aquel tiempo todos sus amigos tenían un kamasutra entre sus pertenencias y al enterarse que él no poseía uno decidieron regalarle. De la vergüenza siempre lo guardaba en un lugar oscuro, por más que tenía más de veinte años, aún seguía sintiendo pena, más ahora que ya era un hombre casado. Los colores subieron y bajaron por su rostro. Iba a caminar hacia ella para arrebatarle de las manos pero ésta ya lo estaba ojeando.

Incrédula e inocente criatura. Los ojos de Akane no reparaban en todo lo que observaba en aquel libro. Por otro lado Ranma intentaba articular palabra mientras se daba de cabezazos contra la pared por su falta de memoria. El silencio se vio interrumpido por la voz de Akane.

- ¡Oh! No sabía que existían estas poses – Ranma quiso meter su cabeza bajo suelo. Ahora ¡Qué pensaría Akane de él! – no puedo creer que se puedan estirar tanto – otra frase que al joven lo descoloco, sin duda Akane era muy inocente — y eso es muy ¡Grande! No puedo creer que los hombres tengan algo así de grande y lo puedan mover como deseen.

Ranma se volvió de piedra, ya no se daba de cabezazos, ya no sudaba, no tenía reacción alguna. Dentro de él los celos estaban haciendo de las suyas. No podía permitir de Akane siga viendo imágenes de hombres desnudos en poses extrañas. Un alma tan pura y casta como ella no debía ser mancillada.

Pero su boca fue más rápida que su cerebro.

- ¿Ranma, tú tienes una así? – la valentía del hombre cayó mientras que el ego creció a niveles inimaginables.

- Es obvio que sí, todos los hombres tenemos eso, además tú ya… en fin, hay unos más grandes de otros - la vio a la cara y en ella pudo ver la esperanza y el deseo.

- Me lo puedes enseñar, siempre he deseado ver algo así. Porque mi papá también tiene una pero está algo viejo – por poco y Ranma escupe sangre por su nariz ¿Será que Akane se atrevió ver el amiguito de su papá?

- ¿Qui-quieres verlo? ¡Te estoy diciendo que tú ya…! ¿Pa-para qué? – preguntó incrédulo.

- Para practicar – se encogió de hombros la peliazul – para qué más. Desde que era una niña no puedo practicar. Mi padre sólo me dejaba usarlo por un momento.

- ¡Desde niña! ¡Tu padre me va a escuchar! ¡Cómo puedo abusar de una niña tan pequeña!

- ¿Verdad? Yo sólo quería practicar, aprender a manejarlo, pero mi papá nunca más me prestó su boken, ahora que veo de este tamaño en este libro me da más curiosidad. Si tú tienes ¿Me lo puedes prestar? – la mujer delante de él, transmitía dolor puro en su mirada, mientras que Ranma ahora sí, no sabía qué hacer.

- A-Akane, te referías al Boken... ¡Rayos, soy un maldito pervertido! – tomó valentía y la vio a la cara.

- ¿Qué pensabas? ¿Qué crees que estaba pensando yo? Acaso hay algo en esta caja que no quieres que vea – la mujer entrecerró los ojos – por tu expresión, creo que tienes algo muy comprometedor en esta caja, será mejor que me entere por mí misma – se dio media vuelta y cerró el libro, con una sonrisa maliciosa en el rostro. Ranma había caído redondito... pero de verdad ¿Existían esas poses? Sin saber que nueve meses después estarían cuidado nuevas vidas por culpa de ese dichoso libro.

.

.

.

¿Qué podía ser peor que tener gemelas mujeres? La respuesta era obvia, que sean hijas de Tendo Akane, la mujer que transmite su fuerza hacia hijas mujeres.

Ranma se frotó la frente preocupado mientras escuchaba como sus dos princesas lloraban a todo pulmón que hasta las campanilla se les veía. Intentó por todos los medios darles de comer y lo único que había conseguido era tener los dos ojos morados y un diente suelto, cortesía de las gemelas – mis princesas, aquí está papá, sólo les daré de comer ¿está bien? Pero… - muy tarde las pequeñas ya le habían ocasionado un nuevo moretón en la cara – no me golpeen más. Mis niñas – el hombre sollozó – todas las niñeras se fueron, hasta los hombres de los Kuno vinieron a cuidar de ustedes pero terminaron peor que yo. No me hagan llamar a su mamá, se enojará mucho conmigo si lo hago.

- Waaa – fue la única respuesta que recibió el padre primerizo. El hombre se desordenó los cabellos, cansado y un tanto irritado por el sonido estridente. Sólo tenía una opción, llamar a Akane - ¿Aló, cariño?

- ¿Qué paso Ranma? Te dije que no me llamaras cuando estoy trabajando, he tenido que dejar un tanque de agua a un lado para contestar tu llamada, espero que sea importante.

- Es importante ¡muy importante!

- ¡¿Las niñas?! ¿Les pasó algo malo? – la mujer entró en pánico.

- ¡No! No lo permitiría – la madre suspiró tranquila – es sólo que no quieren comer su almuerzo y bueno, yo ya estoy a punto de quedarme ciego por los golpes que las niñas me han dado.

Akane se sorprendió y se palmeó la frente, sus hijas habían heredado su fuerza pero multiplicado por cien – está bien, ahora mismo voy para la casa. Trata de tranquilizarlas.

- Pero me golpean, Akane – respondió como niño malcriado.

- Eres el gran Ranma Saotome ¿no? ¡Ingéniatelas! – y con eso colgó la llamada. El hombre sudó frío para luego agarrar un palito para hacerles cosquillas a sus hijas. Apaciguando así su llanto.

- Ustedes sí que son raras, mis pequeños maníes.

Fin

- ¿En qué tanto piensas? – el rostro confundido del hombre hacía que sus cejas se juntasen de un modo gracioso.

- En que tal vez debamos vivir un día a la vez, al máximo – Ranma juntó más aún las cejas, realmente no entendía a esa mujer.

- ¿Quieres decir que no serás mi reina?

- Yo no he dicho eso, a lo que me refiero es que seré tu reina pero no hoy. Hoy sólo quiero estar contigo, Ranma.

El caballero bufó y negó con la cabeza – a veces deseo que las cosas fuesen diferente, ¿no lo crees?

Un rotundo "no" se hizo presente, dejando aún más descolocado al hombre, que con la mirada pedía a gritos una respuesta del por qué – ya sé que te es raro escuchar una negación de mi parte pero si todo hubiese sido diferente, no nos hubiésemos conocido nunca.

Ranma cayó en cuenta y se aferró más a la mujer, apretándola más fuerte contra su pecho. ¡Cómo amaba el olor de su cabello!

¡Hola! Pues aquí acaba esta historia ¿no?

Gracias a todas las personas que siguieron la historia de principio a fin y están al día leyendo las actualizaciones jajaja.

Gracias a las Locas Por El Dios Griego, que siempre me animan a seguir. Y obviamente no me puedo olvidar de la maravillosa SusyChantilly, que siempre está detrás de mí aconsejándome (por cierto, ya quiero capítulo de La Apuesta).

Voy a tomarme un tiempo de descanso, en ese lapso estaré escribiendo para el nuevo fic que les traeré con ayuda de MamaNodoka. Aquí arriba tienen un adelanto.

Me pueden seguir en mis redes, Twitter, Instagram y YouTube como HanaNote, ahí subo dibujos.

Sin más que agregar, los leo en los reviews. ¡Gracias! Hasta la próxima.

Hana Note.