La historia es una adaptación del libro de Tijan y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Dieciocho

Un mes después

Estábamos en un baile.

Globos negros, plateados y rosas colgaban de las paredes y se acumulaban en el suelo. Había una pancarta rosa en la parte posterior del gimnasio; estábamos en nuestra vieja escuela.

Una canción triste estaba sonando, y nuestros amigos estaban bailando, abrazándose unos a otros. El baile de ex alumnos.

Irina estaba de pie en el escenario, con su corona de Reina Junior en la cabeza y su vestido rosa brillando. Parecía parte de ella, como si hubieran diseñado específicamente el tema alrededor de lo que llevaba puesto.

Si no lo hubiera sabido, lo hubiera creído de todo corazón.

Irina y yo teníamos el cabello castaño claro y, a veces, el cabello rubio dorado. Variaba en sombras, todo dependía de la temporada o si Irina había ido con la estilista últimamente. Había pasado más tiempo bajo el sol durante el verano, y su cabello era casi rubio normal. Colgaba en rizos sobre sus hombros, las extensiones añadían otros quince centímetros, y se veía bien. Era como una especie de diosa griega, que atraía la atención de todos los que la rodeaban.

No, era la forma en que lo usaba, la forma en que se paraba, como si fuera dueña de todo el gimnasio. Eso era lo que llamaba la atención de todos.

Solo unos pocos se habrían dado cuenta, pero todos estábamos viviendo en el mundo de Irina.

Se giró para mirarme, sus ojos atormentados.

—No me preguntes.

Me acerqué a ella y bajé la mirada; llevaba el mismo vestido. Odiaba el rosa. Sentí la corona en mi cabeza. Odiaba las coronas. Y miré por encima de mi hombro: mi cabello había crecido y tenía un tono más claro de lo normal.

Yo era ella.

Miré por el gimnasio de nuevo. Ya no estábamos en nuestra vieja escuela. No reconocía esta. Era nuevo para mí, como la pregunta que ardía en mi garganta.

—No. Por favor. —Comenzó a sollozar.

La miré. Miré su postura: barbilla levantada, hombros hacia atrás.

—¿Por qué lo hiciste? —pregunté.

Lágrimas negras rodaron por su rostro, su maquillaje manchado.

—No puedo responder eso.

Probé con una pregunta diferente, la que casi odiaba.

—¿Por qué me dejaste?

Me enderecé en la cama gritando.

Una mano tapó mi boca y me empujó hacia abajo. Unos brazos se envolvieron a mi alrededor y Jasper me empujó a la cama. Se apoyó sobre mí, y apenas pude distinguir sus ojos en la oscuridad.

—¡Shh! —susurró.

Mierda.

La realidad volvió a fluir. Estaba en la habitación de Jasper, en la cama de Jasper, y esta era mi cuarta semana de meterme aquí.

Una puerta se abrió en el pasillo.

—¡Mierda! —Jasper saltó sobre mí, corriendo hacia su puerta.

Pies resonaron en el pasillo.

—¿Qué estás haciendo?

—¡Escóndete! —susurró. Luego salió por la puerta y corrió a encontrarse con sus padres.

—¡Jasper! —gruñó su padre—. Eso sonó en tu habitación.

—¡Fue Charlotte! —gritó Jasper.

—¿Fue Charlotte? —La voz de su madre se tensó por la preocupación—. Eso no sonaba como uno de sus gritos.

Tres juegos de pies corrieron por el pasillo y luego se abrió otra puerta y se encendió una luz.

Había dicho que me escondiera, pero tenía que callarme. Con sigilo. No podían encontrarme o esto habría terminado. El pánico comenzó a obstruir mi garganta. Tragué y comencé a deslizarme desde la cama.

—¿Charlotte? ¿Cariño?

—Eh… ¿Qué? —La voz de Charlotte estaba atontada.

—Gritaste —dijo Jasper.

—¿Lo hice?

—Cariño, ¿tuviste una pesadilla?

—Eh… ¿tal vez? Debí tener una.

—Oh, cariño.

Su madre se volvió cariñosa, y los pasos de alguien cruzaron el piso mientras otros dos sonaban más cerca en el pasillo, como si salieran de la habitación.

—Actuaste rápido —dijo el padre de Jasper.

Casi chillo. Parecía que estaba llevando a Jasper de vuelta a su habitación.

Moviéndome como un ninja, me dejé caer al suelo y rodé debajo de la cama. Este era mi movimiento para esconderme de Irina si decidía que quería hablar tarde en la noche.

Dos sombras estaban en la puerta.

—¿Cómo estás? Sé que tú y esa chica Swan se han acercado.

—¿Qué? —La voz de Jasper coincidía con la leve histeria que sentía.

Mierda, mierda, mierda. Si se enteraran de mí, si les dijeran a mis padres, si esto, si eso… se me ocurrían tantas cosas. Pero no podían. Nada de eso podría suceder porque entonces mis padres comenzarían a vigilarme de nuevo. No podría escabullirme, y Jasper no podría hacerlo, lo cual era nuestro patrón. Cambiamos de posición a menos que supiéramos que uno de nosotros no podía escapar.

—Hablo con Charlie de vez en cuando en el trabajo. Él está luchando. Supongo que todos lo hacen. ¿Cómo está la chica?

—Eh, está lidiando con todo. Creo.

—Charlotte dijo que eran cercanos. Carmen dijo que ha estado hecha un manojo de nervios.

—¡Oh! Sí. Quiero decir, sí. Está lidiando con todo. Quiero decir, eso es todo lo que puedo decir.

Su padre suspiró.

—Supongo. Charlie dijo que el más pequeño está en una academia para jóvenes talentos. Parece que le está gustando mucho. Van allí cuatro veces a la semana para verlo.

¿Lo hacen? Eso era nuevo para mí.

—¿Qué hay de ella? —preguntó Jasper—. ¿Están poniéndole el cuidado suficiente?

Casi maldigo. ¿Qué estaba haciendo?

—Supongo. Era su gemela. Me imagino que se preocupan más por ella. —Un segundo después, agregó—: ¿Por qué? ¿No es así?

—No. No lo sé.

—Son amigos, ¿verdad? Estás actuando raro, Jasper. ¿Qué está pasando contigo?

—No. Lo sé. Quiero decir, no pasa nada. Sí, somos amigos. Está en nuestro grupo con todos nosotros.

—¿Ella y Alice son amigas entonces?

—Eh. —Jasper sonaba tan rígido, como si tuviera un palo en el culo—. Ambas son las chicas de nuestro grupo. Sería extraño si no lo fueran.

—Todavía estás siendo extraño.

—Es medianoche. ¿Qué esperas? Charlotte nos despertó con un grito espeluznante.

—Sí. —Su padre suspiró—. Tienes razón. Bien. Escucha, ve a la cama. Tal vez le pregunte a Charlie si quieren venir a cenar alguna vez. ¿Te gustaría eso? ¿Invitar a tu amiga para una comida con los padres?

—Por supuesto. Sí. Suena bien.

Nuevamente, quería golpearlo. Podría haber desalentado esa idea en dos segundos.

—Está bien, hijo. —Le da un golpe en la espalda—. Intenta dormir algo. Te amo, Jas.

—Te quiero, papá.

Una sombra entró en la habitación, la puerta se cerró con un chasquido y suaves pisadas retrocedieron por el pasillo. Esperé a que Jasper volviera a la cama, pero no se movió.

—¿Isabella? —susurró, medio siseando—. ¿Estás aquí?

Podría quedarme debajo de la cama. Asumiría que me escapé, me fui a casa y podría espantarlo de la misma forma en que Irina continuaba espantándome. Pero eso no era agradable, y él no era la persona con la que quería desquitarme.

Salí de debajo de su cama.

—Estabas teniendo una agradable conversación con tu padre. —Me puse de pie y volví a la cama.

Se acercó y alcanzó las sábanas.

—¿Qué podía hacer? Si actuaba raro, podría haber pensado que algo estaba mal.

—Sí pensó que estabas actuando raro.

Se encogió de hombros.

—Normal es más fácil decirlo que hacerlo. Seguía pensando, ¡Oh mierda! Tengo una chica sexy en mi habitación en algún lado, y no pueden averiguarlo, y oh mierda, oh mierda, ¡oh mierda!

Me reí y volví a acostarme en su cama.

—Entiendo. También actuaría extraño.

Me miró.

—Por lo general no te irritas conmigo. ¿Estás enojada por algo más? —Esperando un momento, agregó—. Mencionó a tu familia.

Mi garganta ardía, sus palabras resonaban en mi cabeza.

—No sabía que iban a ver a Seth cuatro veces a la semana.

—¿No te lo dijeron?

Negué.

—¿Tu hermano no dijo nada?

Otro movimiento de cabeza.

Apenas estaba en casa, y si lo estaba, no era por mucho tiempo o no estaba sola. No tenía ni idea que estaban yendo a ver a Seth. Una parte de mí estaba contenta, agradecida porque lo visitaran, pero otra parte de mí dolía por los celos.

Yo estaba ahí. Estaba en su casa, y luchaba todos los días para decir algo.

Mis padres no eran malvados. No querían olvidarse de mí porque no me amaban, pero creía seriamente que no querían verme.

La veían cuando me veían.

Entonces, me quedaba lejos. Demonios, ni siquiera me gustaba mirarme al espejo.

Mis ojos eran los de ella. Mi cabello. Mi cuerpo. Bajé de peso, perdiendo el peso saludable que tenía por comer esos Cheetos. Cuanto más soñaba con ella, cuanto más hablaba conmigo, más me atormentaba y me estaba convirtiendo en Irina.

Si tomara su lugar, ¿llorarían a Isabella? Tal vez eso sería más fácil para ellos.

—Si hacen la cena, podemos hacer que todos vengan.

Me reí ligeramente, mi cuerpo se curvó hacia Jasper.

—A ellos les encantaría, en realidad.

—¿A tus padres?

—No, los muchachos. —Los muchachos nos incluían a mí y a Alice.

Después de la noche de disculpas hace un mes o así, había ido a la escuela al día siguiente, y todos habían caminado junto a mí como si fuera una de ellos. Así era como había sucedido. Consideraba a Peter, Edward, Emmett y a Alice también amigos.

Una mano tocó mi mejilla, y me sorprendí cuando Jasper limpió una de mis lágrimas.

Dios. La limpié, y luego al resto. Todo mi rostro era como una cascada.

Gruñí, girando y presionando mi rostro en su almohada.

—Oye. —Su voz era tan relajante, tan amable, que casi me rompió de nuevo. Enderezó parte de mi cabello y luego pasó su mano por mi espalda. Se movió, recostándose sobre su costado. Continuó frotando mi espalda, y su voz vino desde arriba de mi cabeza—En realidad, nunca hablas de ella, ¿sabes?

Negué, girando de un lado a otro.

No podía hablar de ella. Simplemente no podía.

—¿Cómo era tu hermana?

Se preocupaba y pensaba que estaba haciendo lo correcto. Al menos, eso fue lo que me dije.

Sin embargo, no era lo correcto.

Me volví, sin preocuparme por nada excepto evitar hablar de ella, y lo agarré. Lo tiré sobre mí, encontrando su boca con la mía.

Estaba desesperada por eso.

Estaba desesperada por é… no. Tenía que ser honesta, al menos conmigo misma. Lo estaba usando. Listo. Lo admití. Me importaba Jasper, y tal vez había emociones reales debajo de toda la locura dentro de mí, pero no estaba en contacto con estas en este momento.

Él podía alejarla; era lo único que funcionaba.

—Jasper. —Respiré, abriendo mi boca debajo de la suya, persuadiéndolo.

—¿Bella?

Dios.

Normalmente me encantaba escuchar su apodo de él, pero esta noche no.

Me incorporé, sin dejar de besarlo, y sintiendo algo que crecía en mí, algo imprudente, algo salvaje, algo embriagador, me quité la camisa. No dormía con sujetador puesto, así que tan pronto como mi camisa estuvo fuera, su mano estaba sobre mi pecho.

Sí.

Eso ayudó.

Ella se estaba desvaneciendo. Podía sentirla irse.

—Estás…

Negué, mi boca encontró la suya otra vez. No me importaba si me encontraba frenética y desesperada. Era como me sentía, pero las palpitaciones por él también habían comenzado. Yo… dejé de pensar. Esa era la única forma en que se iría por completo, y esta noche, no me importaba lo lejos que tuviéramos que ir para que eso sucediera.

Lo quería, y ese dolor se hizo cada vez más ferviente.

Jadeé.

—Mierda, Isabella —gruñó, empujándome hacia abajo y cerniéndose sobre mí. Estaba jadeando, pero se colocó entre mis piernas.

Podía sentirlo a través de sus calzoncillos, a través de mis pantalones cortos de pijama. Extendí la mano, agarré sus caderas, y lo tiré más cerca.

Justo ahí.

Lo sentí donde lo necesitaba, y comencé a apretarme contra él. Se movió conmigo, sus manos cada vez más seguras, más exigentes, más ásperas. Mi necesidad frenética despertó la misma emoción en él, y me estaba aplastando, acercándose lo más que podía.

Podía sentirlo presionarme.

Mover sus calzoncillos a un lado, mis pantalones cortos a un lado, y seríamos uno.

Mi mente había dejado de funcionar.

No sabía por qué no estaba dentro de mí ya.

Mi boca se abrió debajo de la suya, y extendiendo la mano, lo toqué.

Maldijo, empujando contra mi mano. Apartó su boca de la mía.

—¿Estás segura? —dijo con voz ronca junto a mi oreja y luego se levantó para mirarme en la oscuridad.

Asentí.

Tenía una pequeña ventana de cordura, pero estaba lista. Íbamos allí de todos modos. Irina me estaba volviendo loca, pero sí. Estaba segura.

—Estoy tomando la píldora.

Extendió la mano, apartó un poco de mi cabello de mi frente.

—¿La tomas?

Otro dolor agudo en mi pecho.

—Irina tuvo relaciones sexuales el año pasado con Mike. Las dos nos tomamos la píldora una vez que nuestra madre se enteró.

La buena de Iri. Mi boca se curvó hacia abajo, y su pulgar cayó sobre mi labio, frotándolo.

—Tengo condones —susurró—. Estaremos a salvo.

Asentí.

Toma aire, Bella. Mierda. Piensa sobre esto. Es importante. S-E-X-O, el gran sexo aquí. ¿Es el chico que quieres?

Casi grité, escuché su preocupación y ¿por qué diablos estaba mi mente trabajando de nuevo? No se suponía que mi mente estuviera pensando en ella, pero escuché su pregunta y me concentré en él.

Me concentré en Jasper.

Yo era virgen. ¿Era el indicado? Y de repente, sentí que Irina se iba de nuevo. Ella se estaba desvaneciendo y tomando todo el dolor, toda la ira con ella hasta que solo fui yo entre sus brazos.

La respuesta floreció en mi pecho, y asentí.

Estaba lista. Quería esto, y con nadie más que él.

—Sí —casi susurré la palabra.

No quería nada más, y no estaba manchado por el dolor de mi hermana. Era puro, arraigado en los sentimientos que tenía por Jasper.

—Por favor.

Sus ojos se oscurecieron, y eso era todo lo que necesitaba. Se inclinó, su boca encontró la mía otra vez.

.