Como un saco de box golpeaba el suelo. A esas alturas de la vida no le importaba salpicar por todas partes el lodo. Era la única manera de desquitarse, después de todo. Hanare estaba muerta, enterraba bajo metros de tierra.

No deseaba estuviese viva, estaba bien dónde estaba ahora, aunque el alma le ardiera, ella jugó sus cartas perfectamente bien, y él, con el corazón en la mano, sufrió años por un amor falso.

Estaba ofendido. Al principio pensó que todo era una tonta y cruel mentira, pero las imágenes comprobaron esas cartas, sobre todo lo poco y nada que se escuchaba en esos vídeos. La voz suplicante por el calor de su propio padre, los jadeos roncos de él.

Se sentía asqueroso, repugnante.

— Aquí, en este preciso momento, desataré todo amor que solía tener por ti. Ahora que sé la verdadera razón de tus mentiras. Tú fuiste la causante... de mis desgracias, y no lo quise ver... —

Hastiado de semejante espectáculo, se levantó de aquel lugar. Ahora no dejó flores, no dejó recuerdos, no dejó nada. Dejaría de pagar algo que nunca debió tener. Ya no le interesaba en lo más mínimo, ese no era su asunto, jamás lo fue.

El último adiós, uno que fue definitivo. No maldijo, simplemente sonrió.

— No me echaré a morir. Tanto tiempo ignorando a las personas que realmente me amaban por una mentira que tú misma creaste en mi mente, una falsa ilusión...

Alzó la vista al cielo. La lluvia torrencial limpió el barro que traía pegado en las mejillas, en el pelo.

— El cielo llora, el cielo sabía que todo era una falsa, y que mis lágrimas no te merecían. Espero de verdad que tu alma encuentre la tranquilidad. Yo no soy un Dios para perdonar, pero hay un Dios real que todo lo ve, y este es un karma que te llegó. Fue cruel, pero tal vez ese era tu camino y nadie podía cambiar eso... —

Dio ligeros pasos adelante. Sintió, pudo percibir que alguien le miraba, una sensación terrorífica subió desde su espina dorsal hasta su nuca, aunque no fue necesariamente el miedo, sino temor a lo desconocido. Sukea observó de reojo a ambos lados. No había nadie, y cuando volteó a mirar, tampoco lo había. Seguramente, y esto era un constante pensamiento, el alma de Hanare quedó en el holocausto por tanto mal. Pero eso, para él, no era problema.

— Hasta nunca, Hanare... —

Dijo mirando su tumba. Poco después, sus pasos lo guiaron hasta la tumba de su madre. Ese concreto blanco de mármol donde se notaba claramente el nombre de esa mujer.

La sorpresa de Sukea fue mayor cuando vio que la tumba de esa mujer estaba arreglada, limpia, con flores y remolinos de viento, incluso, una caja de vidrio sellada con un candado pequeño no tan seguro. En su interior, tenía cartas.

Un pequeño sentimiento emergió. El color de esas flores y de los pequeños remolinos. Fue un instante donde la lluvia quiso hacer una pausa. Un ligero brillo se asomó entre las espesas nubes negras, y un pequeño rayo de luz iluminó aquel lugar donde vio a esa mujer limpiando la tumba de su mamá.

— Será que...

Recordó que en ese entonces eran simplemente estudiantes de secundaria.

~ Flash Back~

¿Qué haces acá? — Preguntó Kakashi de golpe, extrañado más nada.

La chica levantó la mirada, al principio se asustó, pero después se sintió aliviada de que no fuera un alma en pena para agobiarla.

Vine a visitar a mi padre — Confesó. La tumba de ese hombre estaba justo al costado derecho, dos puestos más allá.

Pero, esta es...

Es una mujer, lo sé, pude leer su nombre. Pero me pareció que estaba algo sucia, así que la decoré con flores y un remolino, pero seguro se echará a perder por la lluvia. — La chica se levantó orgullosa de haber hecho eso. — No la conozco, pero, ojalá le haya gustado mi regalo.

~ Fin flash back~

Sukea acarició con muchísimo cuidado los pétalos de las flores favoritas de su madre: Orquídeas de estrella rosa. Sus ojos estudiaron el remolino blanco con rosa. Este giró simplemente por la retención de pequeñas gotas de lluvia.

— Hace mucho tiempo que no vengo, mamá. Perdóname, ¿si? —

Sukea se inclinó, apoyó su cabeza en el nombre de su madre. Sabía que esa sensación no sería similar a la del calor de ella, pero se aferró a esa piedra fiebre. Ya no era una lluvia agresiva la que empapaba al chico, esta vez, fue una llovizna.

Deseaba tanto que su madre estuviese ahí para aconsejar, para decirle algo, por último recibir un abrazo y calmar aquel inquieto corazón.

Nuevamente sintió esa sensación de que alguien estaba detrás suyo. No se volteó, no se atrevió a abrir los ojos.

Sus dedos apretaron la piedra, sus dientes rechinaron por el frío, por tanto dolor que alojaba.

— Solo deseo un abrazo, mamá...

El clima cambiante, tal vez por petición, dejó un camino abierto por un delicado camino de luz cálido, uno que le dio a la cabeza a Sukea.

De pronto, y sin advertir, unos brazos delgados, tibios, llenos de cariño, rodearon a Sukea con ternura y protección.

El castaño abrió los ojos sorprendido, su corazón dio un galope acelerado. ¿Cómo era posible que eso sucediera?

— Tal vez tu madre no está acá, pero sí estoy yo, estamos nosotros... Kakashi... —

La voz de esa mujer la podía reconocer en cualquier lugar. No se atrevió a voltear. Fue tanto el calor, tanta la sensación de amargura que, su mentón se arrugó, no lo resistió y lloró, lloró al punto de gritar, de desgarrar su garganta.

Un profundo silencio se tornó en los presentes. Ella no dejaba de abrazarlo, de retenerlo, como siempre, de retener ese dolor angustioso.

Sukea, por fin se volteó. Avergonzado escondió su rostro en el pecho de su amiga. Rin, recibió esas tibias lágrimas en su chaleco abrigador. Obito, conmovido por tanto, acortó distancia también, y, al igual que Rin, se arrodilló sin importar el lodo. A los dos los aferró en un abrazo caluroso, lleno de amor.

— Perdónenme, perdónenme... soy un imbécil... —

Decía Kakashi con un hilo de voz.

Piececitos fríos angustiosos del frío, mejillas congeladas tensas de lágrimas, así estaba él, como un niño desorientado.

— No hay nada que perdonar, Kakashi... —

Pronunció Obito el nombre de su amigo. Era extraño ver que, ese hombre al que se hacía llamar Sukea, fuese Kakashi. Jamás lo sospechó. Él estaba muy distraído, pero cuando Rin le contó sobre ese hombre, el pelinegro abrió su mente y pensó la posibilidad de que ese siempre fue su amigo.

Anko, estaba preocupada pues, Sukea, había salido de su casa llorando. Más preocupada estaba cuando Sarada llegó, y preguntaba seguido por el castaño.

Todos parecían preocupados, todos menos Sakura, pues ella creía que simplemente salió a pasear.

Ante tal pesadez, Anko se tomó la libertad de llamar a Rin, y cuando la mujer oyó la poca historia que pudo resumir la enredada mujer, ella llamó de inmediato a Obito y ambos, al estar tan organizados. Salieron de sus trabajos para buscar a ese hombre para que no hiciera nada.

Al principio Obito se mostraba indiferente ante tal asunto, pero luego comprendió algo, las palabras que su esposa decía de ese hombre, la forma de actuar, esa confusión, sobre todo cómo miraba a Rin, y también como lo miraba a él.

Sukea era Kakashi, era su mejor amigo, al que tanto tiempo intentaron ubicar.

*Flash Back ~ Obito y Rin ~ *

— Pero Rin, creo que te estás equivocando en ir hasta allá. ¿No crees que pueda estar en algún puente o ahogando sus penas en alcohol? —

Preguntó mientras se aferraba entre la vida y la muerte. Su mano derecha estaba agarrada como un gato en la manilla del techo del auto, y la otra se sostenía de la zona delantera. Se había amarrado tanto ese cinturón de seguridad. No sabía en qué momento su esposa, esa linda y amorosa mujer de cabello castaño, tomó un rol como de un chofer de autos de carrera.

Claro que temía. El pavimento de las calles estaba resbaloso, pero a Rin, parecía no importarle pues, luego de oír semejante explicación de Anko, la mujer simplemente apretó el acelerador, hizo rugir el motor y sin mirar a nadie, siguió adelante. Las llantas del vehículo levantaban el agua.

Obito seguía protestando, preguntándose la importancia de ese escritor, hasta que Rin le gritó.

— ¡Sukea es Kakashi! — Su voz se endureció.

En un momento así cualquiera estaría feliz, pero ella estaba preocupada.

El pelinegro abrió la boca sorprendido. El hecho de que Rin lo recordara, era sinónimo de preocupación, una muestra de que tal vez le seguía amando, pero, esa última opción tan tonta que imaginó se esfumó cuando Rin comenzó a llorar, cuando ella comenzó a morder sus labios, a desear que ese auto tuviese alas para llegar más rápido.

— No te comprendo...

Fue lo único que dijo a su interminable confusión.

Rin, paciente y con la voz temblorosa, comenzó a explicar detalles que a ella no le parecían normales, sobre todo cuando la llamó por primera vez. La excusa, la forma en que saludaba, todo.

Finalmente, lo último que reveló fue cuando Anko le mencionó que Sakura le hizo ver los vídeos de Hanare y Sakumo, y este, salió llorando. Esa fue la última pista.

— Estoy segura de que es él, Obito... —

En su rostro se mostró ese eterno cariño. Sí, tal vez pudo sentir amor por Kakashi, pero ella jamás lo hizo desviando ese amor a algo banal u erótico, sino más bien, era un amor de hermanos, de familia, un amor donde siempre quiso protegerlo, tanto a él como a Obito, a los dos por igual.

— ¿Y crees que estará donde estamos yendo ahora?, pero amor, ¿dónde vamos?

Les tomó el tiempo más corto. Obito al ver el lugar, recordó que Kakashi siempre venía a esos lugares, sobre todo a ver a la traidora de Hanare.

Rin tenía razón, su esposa siempre tenía razón, Kakashi estaba colérico frente a la tumba de Hanare.

Obito quería bajar del vehículo, pero Rin no se lo permitió. Kakashi debía sacar todo ese odio, ese rencor, esa mala sangre, darle su privacidad con ello.

— Él jamás ahogaría sus penas con alcohol, menos se quitaría la vida... él es tan distraído como tú, Obito... —

Rin acarició la mejilla de su esposo.

— Esperemos...

*Fin flash back*

Toda esa conversación, toda esa escena que hizo Sukea frente a la sepultura de Hanare, confirmaron las dudas de Obito, pero la que realmente le confirmó esa sinceridad y su realidad, fue cuando lo vio abrazar la tumba de su madre y suplicar su cariño.

Para la castaña fue inevitable acomodar a Kakashi como un niño en sus brazos. Obito se sintió enternecido. Pidió permiso en la tumba de la madre de Kakashi y se acomodó detrás de este.

La voz de la mujer pronunció la canción de cuna que necesitaba oír el castaño, mientras que recibía la caricia en su cabeza por los dedos de Obito. Intentar calmar a su amigo para que no cayera en el profundo dolor o en la perdición.

Los tres se arrullaron, se mantuvieron cariñosos, hasta que Sukea por fin pudo pronunciar palabra.

— Mi nombre es Kakashi... no es Sukea. Supongo que soy pésimo mintiendo, ¿no?

— Pues, yo lo sospeché desde un principio. —

Mintió Obito ayudando a su amigo para que se pusiera de pie. Rin, aprovechó de peinar el cabello de esos dos.

— ¿Lo sospechaste? Me parece increíble que te des cuenta de las cosas a primera vista, Obito —

Molestó a su amigo. El pelinegro abrió los ojos. Ya iba a comenzar a pelear.

— ¡Oye tú, ya dejé de ser ese niño que conocías! Ahora soy todo un empresario, además, estoy casado. ¡Respétame!

— Obito, Kakashi — Llamó la atención de esos dos para que la acompañaran hasta la tumba del padre de Sakura. Esta, estaba a la derecha de la madre de Kakashi.

Rin, limpió todo lo sucio que podía haber, luego colocó flores nuevas, y también una pequeña carta de petición en una caja de cristal. Esta caja, era una réplica de la que la tumba de la madre de kakashi tenía.

— ¿Para qué tienen esas cajitas ahí, Obito? — Masculló este cerca del oído del pelinegro.

— Pues... son cartas con peticiones. Rin y Sakura venían siempre juntas a pedir ayuda a tu madre y al padre de Sakura para encontrarte, incluso, para favores o una guía en momentos complicados. Para el día de los enamorados y la amistad, para cualquier festividad, venían juntas y dejaban una carta en esas cajas. Al parecer funcionó. Solo pedían encontrarte para que supieras la verdad y que por fin, tuvieras una vida plena y feliz. Pedían que estuvieras saludable, que estuvieras comiendo bien, que fueras un hombre de bien.

Oír eso lo llenó de tranquilidad.

Rin, Obito y Sakura, aunque jamás fue tan cercana de la última chica, le buscaban, y ahora entendía.

Su vida dio un vuelco, uno agresivo, pero necesario.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... .

Cuando la puerta se abrió, la primera en salir a recibir a ese hombre empapado y sucio fue Sarada. La pequeña niña saltó de su silla y corrió hasta la entrada con los brazos arriba. En su mano derecha traía una hoja grande con un precioso dibujo.

Detrás de ella, venía Anko con cara de angustia.

— ¡Señor Sukea, señor Sukea! —

Exclamó Sarada al verlo. No le importó que estuviera todo sucio. Ella de igual forma se abalanzó sobre él para darle un fuerte abrazo. Él, por inercia, se arrodilló para recibirla, aunque luego le dio pena, pues la niña vestía un precioso vestido blanco el cual manchó con la suciedad que traía Kakashi.

Detrás de este hombre, apareció Rin y Obito, aquellos que quedaron boquiabiertos al ver tanto cariño por parte de la niña hacia Kakashi.

— Mire lo que hice para usted... —

La pequeña le mostró el hermoso dibujo. Era ella y Sakura acostadas en la cama con audífonos puestos escuchando música, y Sukea al costado como un noble caballero cuidando a las princesas en el castillo.

— ¿Y esto?

— Pues es usted, un noble caballero cuidando de las princesas cuando tenían miedo...

No sabía qué decir exactamente. Tomó el dibujo para contemplar mejor ese arte tan hermoso.

— Mi princesa...

Susurró con una sonrisa en sus labios.

— Sí — Afirmó la niña.

— Entonces desde ahora, serás mi princesa, mi princesa Sarada.

— ¡Wan wan! —

Ladró al final Pakkun feliz con esa respuesta.

Nota autor:

Hola, ¿cómo están? ¡Espero que muy muy bien!
Quiero contarles que, mientras estaba escribiendo este capítulo, me puse a llorar. No sé si es porque me puse en los pies del personaje o no tengo idea. Espero hayan sentido lo mismo que yo.

3

Espero este capítulo haya tocado su corazón, de ser así, un comentario no estaría mal para no sentirme tan mensa llorando sola.

¡Gracias infinitas a las personas que siguen esta historia!

¡Gracias totales por sus comentarios anteriores!

¡Las/os adoro con todo mi corazón!

Adeline Storm.