Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a la grandísima JK Rowling, y la trama a WickedlyAwesomeMe. Yo sólo me encargo de traducir.


Capítulo 23: Lo Que Sea Esto


Había estado despierto y preparado desde las 7 de la mañana, pero aún así, Scorpius no podía sacar su trasero de su habitación.

Sus compañeros de habitación ya se habían ido a pasar el día a Hogsmeade y, aunque todavía le quedaban quince minutos para encontrarse con Granger frente a las puertas de Hogwarts, simplemente no podía ponerse en marcha. Era como si sus piernas no cooperasen con él, demasiado paralizadas por un miedo que no entendía.

«Es un simple día en Hogsmeade. No es como si te fueses a una guerra» dijo Al La Voz Interior.

Scorpius frunció el ceño. "Creo que prefiero ir a la guerra" pensó. Sin embargo, sus ojos se ensancharon al darse cuenta de lo que había pensado y rápidamente lo retiró. No era el momento adecuado para pensar en cosas como esas, ahora que estaba seguro de que se avecinaba una guerra y Voldemort seguramente se daría cuenta de que Scorpius le había sido infiel desde que lo habían Marcado.

Suspirando, finalmente se arrastró fuera de su habitación e incluso se felicitó cuando pudo salir de las mazmorras de Slytherin. Afortunadamente, Pansy y sus otros amigos ya habían salido de Hogwarts. Pansy le había rogado sin cesar que fuera con ellos, pero tuvo que responder apresuradamente que no podía, ya que iba a volver a llevar a Astoria a Hogsmeade. La mirada de sorpresa en su rostro no tuvo precio y Scorpius agradeció a Blaise, que logró alejar a Pansy de él antes de que montase un numerito.

Los pasillos estaban casi desiertos excepto por los estudiantes de primero y segundo, que no podían salir a Hogsmeade. Scorpius había estado rezando en silencio para que Hermione se hubiese olvidado de su estúpida sugerencia y lo dejase plantado para estar con sus amigos. Después de todo, había estado bajo la influencia del Felix Felicis. Ella podría haber pensado que él era un idiota que confiaba demasiado en sí mismo y que creía que podía hacer cualquier cosa.

Pero no, oh, no. Cuando llegó a las puertas de Hogwarts, ella estaba esperándolo pacientemente.

Hermione todavía no lo había visto y Scorpius aprovechó la oportunidad para ir más despacio y observarla en silencio. Desde ese ángulo, podría fácilmente confundirla con Rose, con ese pelo salvaje como el de una leona.

Scorpius trató de convencerse una vez más de que la razón por la que le había pedido inesperadamente que lo acompañara a Hogsmeade era porque se parecía a Rose. De alguna manera, ese pensamiento le hizo recordar su hogar y su corazón se llenó de paz, aunque fuese sólo un poco.

Pisó una ramita sin darse cuenta y el sonido alertó a Hermione de su presencia. Se giró y lo vio mientras una sonrisa de alivio se extendía ampliamente por su rostro.

El Slytherin respiró bruscamente y la imagen de Rose quedó destrozada.

Ahora, todo lo que podía ver era a Hermione, y ¡querido Merlín, qué guapa era!

—¡Godric, pensé que no vendrías! —exclamó cuando finalmente llegó a su lado.

—He llegado justo a tiempo —respondió en cuanto encontró su voz.

Hermione suspiró y comenzaron a caminar.

Cuando llegaron a Hogsmeade, la mayoría de los estudiantes estaban dentro de las tiendas. Había un nuevo producto en Zonko, por lo que la tienda estaba abarrotada. Honeydukes también tenía nuevos productos, por lo que la cola para entrar en la tienda era larguísima.

—¿Podemos ir primero a Flourish y Blotts?

Scorpius no se molestó en esconder una pequeña sonrisa. Sólo Hermione Granger priorizaría sus amados libros sobre cualquier nuevo producto de otras tiendas.

—Por supuesto.

Había algunas personas cuando entraron. Afortunadamente, no había nadie que los reconociera, cosa que era una hazaña, ya que ella era un tercio del Trío Dorado y él era el Rey Escorpión. Dondequiera que fuesen, seguramente los reconocerían.

Scorpius, que en realidad no necesitaba nada de la tienda, siguió a Hermione en silencio mientras iba cogiendo diferentes libros. También compró algunos pergaminos y tinteros nuevos y otros materiales de estudio que seguramente necesitaría para los inminentes exámenes de fin de curso.

»Sabes que hay una alta probabilidad de que la Segunda Guerra Mágica ocurra pronto, ¿no? —preguntó, divertido de cómo las cosas empezaban a tambalearse precariamente en sus brazos. Inmediatamente, la liberó de algunos de los materiales, cosa que ella agradeció—. Dumbledore podría cancelar los exámenes de fin de curso, ¿sabes?

Hermione se detuvo y Scorpius miró su rostro. El terror estaba claramente grabado en su cara, lo que le hizo reír.

—No —chilló ella—. ¡No me había dado cuenta!

Se cuestionó en voz alta si debería seguir comprando esos nuevos materiales y Scorpius insistió en que esas cosas podrían ser útiles cuando comenzasen a planear la batalla.

Cuando salieron de Flourish y Blotts, Hermione lucía un semblante sombrío.

—Eh... lo siento —dijo Scorpius, masajeándose la parte posterior de su cuello—. No debería haber sacado a relucir la... eh, ya sabes... cuando se supone que debemos relajarnos y no pensar en asuntos serios durante este día.

Hermione sonrió y negó con la cabeza.

—No pasa nada —dijo ella—. Necesitaba estos materiales.

Había estado tranquila desde entonces y Scorpius no tenía idea de cómo disipar la atmósfera repentinamente angustiosa e incómoda.

Para animarla, le sugirió tomar una cerveza de mantequilla en las Tres Escobas, cosa que ella aceptó.

El Slytherin sabía que ahora habría menos gente, al ver que aún había unas largas colas para entrar en Honeydukes y Zonko, pero cuando entró en el famoso pub, se detuvo repentinamente. Sus ojos se posaron de inmediato en una pequeña mesa, donde el inconfundible pelo brillante de Pansy y los atroces modales de Goyle lo saludaron. Solo le vio Blaise y estuvo a punto de llamarlo, pero Scorpius negó vigorosamente con la cabeza para detenerlo. Blaise frunció el ceño y miró a la persona detrás de Scorpius. Rodando los ojos, Blaise le hizo señas para que se fuera y Scorpius no necesitó que se lo dijera dos veces. Hizo salir a Hermione una vez más y cerró la puerta firmemente detrás de él.

»¿Qué pasa? —preguntó Hermione frunciendo el ceño—. ¿Está lleno?

Él sacudió la cabeza y la alejó todo lo posible de Las Tres Escobas.

—No, no, es solo que... eh... mis amigos están dentro —explicó—. Les he dicho que iba a estar con Astoria.

Scorpius esperó que Hermione explotara de rabia y lo acusara de seguir dando prioridad a su reputación de Rey Escorpión por encima de todo lo demás. Pero para su sorpresa, ella simplemente suspiró y sacudió la cabeza.

—Lo sabía —dijo simplemente.

Él estaba confundido.

—¿Qué sabías?

—Que no ibas en serio con… con… lo que sea esto —frunció el ceño—. No debería haberte creído, especialmente porque estabas bajo la influencia del Felix Felicis.

—¿Qué? —preguntó él, desconcertado—. No, Granger, hablaba en serio. Es solo que…

—¿Tu imagen de Rey Escorpión se verá dañada? —añadió amablemente.

Scorpius frunció el ceño.

No, es porque nunca has sido amiga de idiotas con prejuicios y estoy seguro de que si les hubiese dicho con quién iba a estar en Hogsmeade, se pondrían furiosos, mandarían lechuzas a sus padres e, inevitablemente, Voldemort se acabaría enterando —sacudió la cabeza con cansancio y suspiró—. Maldita sea, ahora entiendo por qué mi padre tuvo una infancia terrible.

Hermione se echó a reír, y Scorpius la miró confundido.

»¿No estás enfadada? —preguntó.

—Por supuesto que estoy enfadada, porque tengo mucha hambre y tengo muchas ganas de beber cerveza de mantequilla —protestó entre carcajadas—. Pero tengo empatía. Gracias a Merlín soy una sangre sucia.

—Ay, ¿estás con eso otra vez? —se quejó—. Nacida de muggles, por el amor de Merlín. En nuestra época, todo aquel que dice ese estúpido nombre queda marcado como un bastardo amante de Voldemort.

Ella solo sonrió bellamente, lo que le distrajo.

—Vamos, no bromeaba cuando he dicho que tengo hambre.

Scorpius la siguió, sin importarle realmente la dirección en la que iban. Estaban cerca de la tienda de Madame Puddifoot y pensó que Hermione continuaría caminando, pero cuando se dispuso a entrar a la tienda, él se resistió.

—¿Vamos a comer aquí?

Hermione se detuvo y estiró el cuello.

—Bueno, sí, porque estoy segura de que habrá menos personas molestas dentro —señaló—. Además, quitando sus repugnantes postres dulces, en realidad hacen una comida bastante decente.

Scorpius no tuvo más remedio que obedecer, sabiendo que con el hambre creciente de Hermione, él sería el receptor de su ira si no se alimentaba.

Tal y como ella había predicho, había menos personas molestas dentro. Vio algunas parejas de enamorados y Scorpius pudo sentir un rubor deslizándose desde su cuello hasta sus mejillas. Aunque sintió lo mismo cuando fue con Astoria la última vez, la incomodidad entre ellos se disipó de inmediato porque realmente no tenían sentimientos románticos el uno por el otro.

Pero con Hermione… joder.

Ella lo llevó a la mesa más alejada e inmediatamente hizo su pedido. Scorpius pidió mecánicamente carne asada y un poco de té helado, y casi se arrepintió cuando el camarero se fue. Ahora, sin nadie más, la atmósfera incómoda era muy evidente.

»Eh… ¿Madame Puddifoot seguirá existiendo en el futuro? —preguntó, rompiendo el silencio.

El Slytherin soltó un leve suspiro y agradeció que el tema de conversación no fuese peligroso.

—Sí —respondió—. De hecho, casi todas las tiendas en Hogsmeade seguirán estando en el futuro.

—Bien —murmuró—. Eso está bien.

El silencio se instaló entre ellos una vez más y Hermione comenzó a tararear en voz baja y golpear sus dedos sobre la mesa.

Mientras Scorpius se limpiaba discretamente el sudor de su frente, no pudo evitar pensar que el simple hecho de estar en una cita con Hermione Granger ya estaría cambiando el futuro. Lo peor era que estaba aterrorizado ante la idea de que Rose y Hugo podrían dejar de existir, solo porque le estaba robando la mujer a Ron Weasley.

Ahora que lo pensaba, ¿cómo iba a nacer Draco Malfoy? La mera idea de juntarse con Astoria hacía que sintiese ganas de vomitar, por lo que desechó la idea. Toda esta maldita situación era súper retorcida y, de repente, la generación futura que dejaría de existir fue todo en lo que pudo pensar. Tal vez su incorporación a esa línea temporal tendría resultados desastrosos y Scorpius se sintió espantado de que James Potter Jr. o Lorcan Scamander no naciesen por su culpa.

»¿Estás bien?

Su suave voz rompió sus pensamientos. Scorpius intentó calmar su maldito corazón para no preocupar a la castaña que estaba frente a él.

—Eh… sí —balbuceó.

Hermione entrecerró los ojos, claramente no convencida.

—¿Seguro? —preguntó—. Parecía que estabas teniendo un ataque de pánico o algo así —frunció el ceño y se inclinó hacia delante—. ¿Es porque no hablabas en serio acerca de invitarme a Hogsmeade?

A pesar de su nerviosismo, logró poner los ojos en blanco.

—Como ya te he dicho, hablaba en serio —dijo—. ¿Por qué sigues creyendo que esto es solo una broma?

Ella se encogió de hombros, aún con el ceño fruncido.

—No lo sé —dijo mientras apartaba la mirada—. Siempre has dado la impresión de no querer acercarte demasiado a nosotros.

—¿Ah, sí? —preguntó, sorprendido.

Hermione asintió con la cabeza.

—Y lo entiendo —dijo—. Lo entiendo porque... bueno... esta no es tu casa.

Scorpius sonrió irónicamente.

—Hogwarts siempre será mi casa —bromeó, pero Hermione volvía a sacudir la cabeza.

—No. Sabes a lo que me refiero —tiró de sus rizos con frustración—. Incluso después de que descubrimos quién eres realmente y cuál es tu plan para ayudarnos a derrotar a Voldemort, no has cambiado. Todavía mantienes cierta distancia.

—Granger…

—Si lo que dijiste es verdad y no puedes volver a tu propio tiempo porque las cosas podrían volver a la normalidad y todo esto habría sido en vano, entonces al menos deberías… ya sabes, empezar a abrirte a la gente —le sonrió levemente—. Quiero decir, ¿no es eso lo que tu padre no pudo hacer? ¿Abrirse a la gente? Es... terriblemente solitario.

De alguna manera, sus suposiciones lo enfadaron un poco.

—Maldita sea, no lo entiendes —dijo bruscamente, sorprendiendo a Hermione—. No tienes ni idea de cómo me siento al saber que mi mera presencia en el pasado puede causar inevitablemente que algunos de mis compañeros de clase, mis malditos amigos, puedan dejar de existir —se señaló a sí mismo en el pecho y se inclinó hacia delante—. Soy una anomalía, Granger. Ambos sabemos que esa posibilidad no está muy lejos de la realidad.

Se hizo un tenso silencio tras su discurso y el camarero aprovechó ese momento para entregar su comida. Scorpius intentó calmarse, conteniendo el pánico y la angustia que comenzaban a subir por su garganta.

—¿Lo dices por Rose y Hugo? —susurró Hermione en cuanto el camarero se fue.

Sus ojos se abrieron y se negó a mirar a Hermione.

»Crees… crees que esto —gesticuló violentamente entre ambos— hará que dejen de existir.

—Se supone que debes casarte con Weasley, Granger —escupió—. No estar en una estúpida cita conmigo.

Ella respondió a su reclamo con silencio, y Scorpius se sintió mal con su forma de hablar. Lanzando un profundo suspiro, empezó:

—Mira Grang…

Las palabras se quedaron en su boca cuando la pequeña mano de Hermione se cerró sobre la suya. Sorprendido, dirigió sus ojos grises a sus cálidos y sonrientes ojos marrones.

—El Tiempo es una mierda —susurró ella.

Scorpius se encontró a sí mismo casi riéndose de sus palabras.

—En realidad estoy de acuerdo —respondió.

Sus labios se estiraron en una pequeña sonrisa.

—Está bien, tal vez esta cosa entre nosotros sea incómoda, principalmente para ti, pero me gustaría pensar que de alguna manera, Rose y Hugo aún nacerán en el futuro. Solo... de una manera diferente, ¿sabes? ¡Por ejemplo, Draco Malfoy! Estoy segura de que no quieres juntarte con Astoria, tu madre, para que él nazca.

—¡Arg! ¡Por supuesto que no!

Hermione se rio entre dientes y retiró su mano. Scorpius hizo acopio de sus fuerzas para no volver a cogerla.

—Y bueno, mírate —dijo ella, gesticulando hacia él—. Existes en esta línea de tiempo con otros padres. El tapiz de tu familia es un testimonio de eso.

Los ojos de Scorpius se abrieron, dándose cuenta de lo que estaba diciendo.

—En realidad tiene sentido —respondió. Luego, entrecerrando los ojos, acusó—: Has leído esto en algún libro, ¿verdad?

Ella negó con la cabeza, lo que hizo que sus rizos salvajes volasen alrededor de su cara.

—Me he aventurado a adivinarlo —corrigió ella con una sonrisa—. Quiero decir, esa es la única explicación que se me ocurre, viendo ahora que de repente eres el hijo de Narcissa y Lucius Malfoy.

La preocupación de su mente y su corazón se disipó con sus palabras.

—Gracias, Granger —respondió en voz baja, incitándola a que sonriese.

Tras esa desastrosa conversación, Scorpius comenzó a sentirse más cerca de Hermione. La incomodidad entre ellos se disipó y sintió que podía hablar con ella de cualquier cosa.

Cuando casi había terminado con su comida, llegó una sorprendente visita.

—¡Scorpius!

La voz familiar de Astoria lo sacó de una conversación que estaba teniendo con Hermione sobre un recuerdo particularmente embarazoso de Al.

—Astoria —saludó con una gran sonrisa, levantándose de su asiento para darle un gran abrazo.

—Estás con... alguien —dijo la bruja más joven, mirando a Hermione con curiosidad.

Scorpius no pudo evitar sonrojarse ante el tono de su voz. Recordó el momento en que presentó una niña a sus padres durante el verano de quinto curso. Astoria no cabía en sí del gozo y había estado zumbando alrededor de la chica, llenándola de preguntas curiosas. Scorpius todavía culpaba a su madre por haberla espantado.

—Eh… sí —contestó finalmente.

—Hola —saludó Hermione con una sonrisa—. Debes ser Astoria.

La Slytherin asintió en silencio.

—Y tú eres Hermione Granger —señaló.

—¿Quieres unirte a nosotros? —preguntó Scorpius, porque era la única cosa que se le ocurrió en ese momento.

—Oh, no, no. Siento la interrupción —dijo Astoria con una brillante sonrisa—. Sólo he venido a saludarte, pero no me había dado cuenta de que estabas en una… cita.

—No es una cita —protestó. Horrorizado, miró a Hermione, que simplemente parecía divertida por su afirmación.

—Es "lo que sea esto" —corrigió Hermione bromeando.

Astoria se rio, para sorpresa de Scorpius.

—Ya veo —respondió. Luego, le dijo a Scorpius—: Lo siento, no puedo quedarme. Mis amigos me están esperando. De hecho, he venido para agradecerte mi hermoso regalo de Navidad. Y también para recordarte que no te comas todos los tofes de golpe. Merlín, ¡compré tantos que te pueden durar un año entero!

Scorpius se rio entre dientes.

—Sí, es verdad —respondió.

—En fin, eso es todo —dijo, despidiéndose con la mano—. Divertíos en vuestro "lo que sea esto".

Cuando se fue, Scorpius suspiró de alivio.

—No sabe que es tu madre, ¿verdad?

Scorpius miró a Hermione como si estuviera loca.

—Merlín, no. Sería súper raro —respondió—. Especialmente porque soy un año mayor que ella. Imagina la humillación que sentiría si le dijese que es mi madre y... y que la echo de menos —frunció el ceño y gruñó a su plato—. La echo mucho de menos.

Hermione volvió a coger su mano y eso lo consoló un poco.

—Me entristece mucho que mi padre no pueda conocerla —se lamentó—. Ella era… era la única para él. La luz que le guiaba en su vida oscura y sombría.

—Suena encantadora —complementó—. Suena como que estaba realmente enamorada de tu padre.

—Oh, lo estaba —dijo Scorpius con una risa suave—. Mi madre solía bromear con el hecho de que mi padre solo se había casado con ella por ser sangre pura, ¿sabes? Sobre todo porque el nombre de la familia Malfoy estaba por los suelos y, por supuesto, un matrimonio estratégico sería beneficioso. Cuando decía eso, mi padre le recordaba que ella lo aceptaba a pesar de todo lo que hizo en el pasado. Amarla es inevitable.

Él sonrió tristemente mientras su corazón se llenaba de nostalgia.

»He tenido mucha suerte de crecer teniendo padres como ellos —afirmó con un suspiro—. Me da pena que mi padre creciese bajo el control de Lucius. Quiero decir, gracias a Merlín, el bastardo fue enviado a Azkaban cuando llegué a esta época. Y también agradezco a Merlín, que mi padre no resultase ser como él.

—Parece que quieres mucho a tu padre.

—Estoy aquí, ¿no? —dijo, gesticulándose a sí mismo.

Sin embargo, la sonrisa del rostro de Hermione era bastante triste.


Hermione sugirió volver a Hogwarts después de comer. "Para que podamos evitar a encontrarnos a cualquiera que nos conozca", había razonado Hermione, lo que llevó a Scorpius a sonrojarse y disculparse profusamente de nuevo. Ella simplemente se echó a reír y agitó su mano con desdén, instándole a iniciar el corto viaje de vuelta a Hogwarts.

Como había predicho, había menos gente en Hogwarts. Scorpius la acompañó hasta el retrato que custodiaba la Sala Común de Gryffindor.

La Señora Gorda estaba mirándolo, por lo que Hermione no tuvo más remedio que alejarlo hasta que estuvieran escondidos en una de las salas del séptimo piso.

—Puede llegar a ser terriblemente entrometida —se quejó Hermione—. Tengo un poco de miedo de que empiece a contárselo a todo aquel que desee entrar a la Sala Común.

Hermione luego procedió a hurgar en el bolsillo de su túnica mientras Scorpius la observaba con curiosidad. Sacó un llavero de una Colacuerno Húngaro en miniatura que podía exhalar fuego. Scorpius puso su dedo contra su boca cuando volvió a exhalar fuego y soltó una risita, sintiendo cosquillas.

»Eh… sé que es tarde demasiado tarde para llamarlo "regalo de Navidad" —comenzó—. Así que, ¿qué te parece llamarlo "regalo de Feliz Nuevo Semestre"?

Él frunció el ceño.

—¿Un regalo? —preguntó.

Lo colocó sobre su palma abierta y respondió:

—Me recordó a tu padre, Draco... El Dragón —desvió la mirada hacia el pequeño dragón y sonrió—. ¿Sabes? Los dragones fueron conocidos como criaturas mágicas gentiles e inteligentes, pero se volvieron feroces por la corrupción de los magos y brujas.

—¿Dónde he escuchado esa historia antes? —bromeó, lo que provocó que Hermione se riera—. Gracias, Granger. Es genial.

—Bueno, creo que este es el momento adecuado para volver a preguntarte si ya somos amigos.

Ella lo había dicho en tono de broma, pero había algo en sus ojos que reflejaba esperanza. Scorpius no dudó cuando respondió:

—Sí... bueno... Si eso es lo que sientes.

—Sí —contestó ella, sonriendo de una forma preciosa.

Comenzó a escucharse ruido fuera de la sala, señalando el regreso de los estudiantes y esto hizo que se rompiese su pequeño momento.

»Yo... eh... será mejor que me vaya —dijo ella—. Lo he pasado de maravilla, Scorpius, gracias.

Sus ojos se abrieron ante la forma en la que lo había llamado.

—Yo... eh... temía que etiquetaras esto como una de tus peores citas —confesó, aunque a la ligera.

—No he tenido tantas citas como para poder comparar esto con ellas.

Scorpius se rio y sacudió la cabeza.

—¿Sabes qué? Yo tampoco —reveló—. Pero... pero también me he divertido. Gracias... eh… Hermione.

Su sonrisa se extendió más y para su sorpresa, se puso de puntillas y le dio un rápido beso en la mejilla.

—Nos vemos —se despidió ella.

Scorpius se quedó clavado en el suelo incluso cuando pasó un rato desde que se fue. El pequeño dragón en la palma de su mano estaba mordiendo cariñosamente sus dedos para llamar su atención.

Gimiendo, levantó el dragón hasta que sus pequeños ojos amarillos se alinearon con los suyos.

—Maldita sea, no deberías ser tan dulce conmigo porque te cogeré cariño demasiado rápido —se quejó. El dragón lanzó un pequeño fuego, lo que llevó a Scorpius a suspirar—. Ella no está facilitando la situación entre nosotros. En absoluto.

Finalmente, salió de la sala y volvió a la Sala Común de Slytherin. Sus pensamientos se centraron en Hermione Granger y su preciosa sonrisa.


¿Qué os ha parecido este capítulo? Bueno, nuestros dos protagonistas han tenido su primera cita. ¿No han sido adorables? ¿Y qué me decís de la interrupción de Astoria? ¿No pensáis que es genial la relación entre ella y Scorpius? ¡Contádnoslo con reviews, que nos hacen muchísima ilusión!

Con cariño,

WickedlyAwesomeMe y Pabel Moonlight.