La chica del vestido azul

Angielizz

20. El paseo nocturno


Edward caminó entre las tumbas alumbrándose con la linterna del celular.

—En realidad sigo pensando que estás loca.

—Rosalie no dijo nada sobre que pensaras que estoy loca.

—Eso pienso, antes y ahora. ¿Por qué diablos estamos en el cementerio, Isabella?

—Sigue caminando.

Él sigue caminando evitando pisar las tumbas y sin poder evitarlo leyendo de manera rápida los epígrafes en las lápidas. Isabella va caminando un par de pasos frente a él. Posiblemente me entierre vivo. Maldita seas, Susana.

Cuando ella había elegido el lugar y dictado las indicaciones no se le había pasado por la cabeza en ningún momento que podrían terminar en aquel sitio: había supuesto que irían a un restaurante, al parque, incluso a dar una caminata a medianoche en el bosque. ¿El cementerio? Jamás lo habría pensado.

—¿Y ya encontraste a Cindy como Cinderella?

—Eh… no —Bella frunce el ceño mientras agradece que la oscuridad oculte su expresión. ¿Por qué está mintiendo? A excepción que ella alucinara y estuviera loca como Edward había dicho: ella los había visto y escuchado el día anterior durante el trayecto en autobús a la escuela—. No la he visto —repitió sin mostrar duda en sus palabras.

—¿En serio?

—¿Vienes muy seguido aquí?

Preguntaron ambos al mismo tiempo, Bella decidió responder.

—Nunca había venido de noche si es lo que quieres saber. Te va a gustar el sitio, ya lo verás.

—Haces que mi tarea de protegerte esta noche sea muy difícil, ¿sabes?

—Hablaba en serio cuando mencioné lo de saber defenderme mejor que tú.

Edward la mira, ella había salido sin ningún rasgullo de la fiesta, pero no podía sacar de su cabeza la mirada de James cuando Bella le había dado la espalda para girarse a mirarlo, James la había mirado como si quisiera matarla, no con una mirada envenenada o lanza patadas, de verdad como si sólo quisiera matarla o por lo menos devolverle el golpe.

—Tienes que alejarte en serio de ese chico.

—Él no volverá a molestarme, no después de lo de hoy —pero Edward pensaba que justo por lo de esta noche, él volvería a molestarla.

—Un poco de precaución no estaría de más —insistió.

—Yo me alejo de él, ¿sabes? Y lo evito lo mejor que puedo, pero siempre encuentra un modo de abordarme. No sé cuál es su problema, él sabe que esa técnica no hace que las chicas caigan a sus pies, ¿no?, ¿alguna lo haría antes?

Edward prefirió no responder a eso. Podía tener la certeza luego de la mirada que James le había dado a ella, que probablemente ninguna habría aceptado nada con él por decisión, pero que posiblemente alguna se había encontrado en una mala situación a la fuerza.

Siguieron avanzando el final del trayecto en silencio. El paisaje no se hacía mejor con cada paso dado, las tumbas del final, aunque parecían ser las más recientes y las menos abandonadas estaban en una zona donde había varios árboles que se habían secado por la falta de cuidado, había algunas fosas vacías en espera de ser llenadas y eso sólo hacía de aquello un poco más aterrador.

—¿Ya llegamos? —preguntó Edward suponiendo que el plan de Bella era una vuelta nocturna al peor lugar de aquel cementerio.

—Sabrás cuando lleguemos.

Y lo supo. Siguieron caminando un par de minutos cuando apareció el mirador, el final del cementerio estaba acompañado de un precipicio rodeado por una cerca de madera, desde ahí podían verse las luces de la ciudad y una vista del bosque.

—Es bonito —aceptó Edward mientras tomaba asiento en una banca frente al cerco que los protegía de caerse.

—¿Bromeas? Esto es hermoso.

—Debiste decirme que querías ver la ciudad de noche, conozco un lugar con una vista mejor.

—¿Una vista mejor que esto?

Edward asintió con una sonrisa socarrona.

—Mucho mejor.

—No puede haber nada mejor que este sitio.

—Lo hay. Y no hay ningún muerto cerca. ¿Cómo diablos es que un cementerio está abierto de noche?

—Creo que el nivel de vandalismo está en el centro de la ciudad y no con las tumbas.

—¿Pero este sitio está abierto siempre o es una casualidad que no haya estado cerrado?

—Ni idea.

Edward se limitó a rodar los ojos imaginando las puertas del cementerio cerradas cuando quisieran volver.

—¿Qué harás mañana? —preguntó Edward en busca de un tema de conversación.

—Limpiar la casa, hacer comida para uno, ya sabes lo habitual.

¿Lo habitual? ¿Esas eran sus actividades habituales? Su vida no era patética como Isabella se había referido unas horas antes: sólo muy, muy, muy aburrida.

—Eso es tan divertido —comentó con sarcasmo.

—¿Qué harás tú?

—Papá está aquí, creo que quiere un día en familia o algo así… pero estaba pensando que quizá podría mostrarte mañana un mirador decente al que puedas ir después sin tener que recurrir al cementerio.

—No hay nada mejor que esto, ¿no puedes admitirlo? —Edward sonrió mirando hacia ella.

—Grabaré esas palabras para mañana a las nueve de la noche.

—¿Qué habrá mañana?

—Te enseñaré el mirador.

—Si insistes —dijo Bella como si aquello no le provocara ninguna emoción, cuando en cambio sentía su corazón golpear con fuerza contra su pecho al tiempo que sus manos se volvían temblorosas y su mente no podía más que llenarse de fantasías sobre el día siguiente— ¿me dirás por qué Rosalie está enojada con nosotros?

—Sólo está enojada conmigo.

—¿Y por qué lo está?

—Ella está celosa, creo. Ya sabes, ella es el centro de atención.

—¿Celosa?

¿De mí? Imposible. Bella había envidiado durante gran parte de su adolescencia a Rosalie, ella era hermosa y agradable sin siquiera proponérselo, Rose no necesitaba de capas de maquillaje para hacerla parecer bonita, Rose era hermosa incluso cuando tenía lagañas en la cara y ella usualmente estaba de buen humor, Rosalie vestía siempre algo bonito y acorde a su edad y sus gustos, su habitación era tan femenina como ella misma y todas sus manías y gestos la hacían adorable y atractiva para quien le prestase un par de segundos de atención. ¿Cómo es que ella podría estar celosa de Bellaquien no tenía nada de lo anterior?

En el auto él había dicho que a Rose le gustaba tener la atención, pero Edward jamás la ignoraba estando Bella frente a ellos, incluso parecía que Edward se proponía con mayor esfuerzo concentrar toda su atención en Rosalie e ignorarla a ella lo mejor que podía. Rosalie tenía razón en uno de sus múltiples e hirientes comentarios de aquella tarde: su amistad con Edward era un secreto.

—Eso parece —hizo un movimiento con sus hombros como si le restara importancia.

Nuevamente aquel movimiento de hombros: estaba mintiendo. Bella temió entonces que Rose hubiese advertido a Edward sobre sus sentimientos hacia él, era muy probable que la misma discusión de aquella tarde hubiese sido sólo una repetición de una discusión anterior con Edward.

Era tan posible que él lo supiera todo. O que lo supiera y prefiriera hacerse de oídos sordos.