Día 17: Con amor mientras uno llora
James siempre había sido fuerte. Después de todo lo que le había tocado vivir, claro, no quedaba más alternativa que 'aprender' a hacerse fuerte. A la mala.
Así vivía durante casi todo el tiempo. Excepto ese día. Ese día en que se cumplía un nuevo aniversario de la muerte de sus padres.
Los primeros años después de ese desafortunado accidente que cambió su destino, no solía reaccionar. Sabía que se trataba de un día especial, pero no sabía cómo redirigir sus emociones- o la ausencia de ellas. Sólo esperaba ansioso a que el día acabara, y pudiera volver a sumirse en la rutina diaria. Pero cuando ya creció y tomó consciencia de lo que significaba, junto a la ayuda de Sirius, Remus, y últimamente Lily, de forma inevitable lo envolvía la nostalgia y una tristeza profunda.
Particularmente ese año, en que era el primer año que no pasaba bajo la tutela de Voldemort desde que hubiera ocurrido el nefasto acontecimiento, y estaba construyendo su propia vida como adulto, James se sentía desgarrado. Quebrado. Roto. Ese día despertó pensando que se cumplían 11 años desde que Voldemort puso un pie en la Casa de los Potter para raptarlo y trazar su camino. Arrebatando la vida de Charlus y Dorea Potter para lograrlo.
No podía pensar en otra cosa que no fuera imaginar lo distinta que sería su vida si nada de eso hubiera ocurrido. Si sus padres estuvieran vivos, aún, a su lado. ¿Qué tan diferente sería ahora? Si no tuviera todo ese pasado de horrores arrastrando a sus espaldas.
Voldemort lo había condenado a una existencia miserable para siempre. No importaba lo que hiciera de aquí en adelante, nada podría borrar lo que ya estaba escrito.
Estaba condenado. Estaba maldito. Maldito, maldito, maldito y el hecho de que estuviera respirando en ese instante, le recordaba que también sería una maldición para aquellos que se cruzaran en su camino.
"¿James? ¿Por qué está todo tan oscuro?"
De todas maneras, se trataba de una tarde lluviosa en la gris ciudad de Londres.
Evans acababa de entrar a su habitación. Probablemente le había llamado la atención que no hubiera salido en todo el día.
Estaba acostado en posición fetal, mirando a la pared. Sintió el cuerpo pequeño y caliente de la pelirroja acurrucarse junto al suyo, pegándose a su espalda.
"Hoy es otro año, ¿no?"
No dijo nada. Lily empezó a acariciarle el cabello.
"Está bien. Yo me quedaré aquí contigo."
Se quedaron así por un par de minutos, hasta que se volteó, para quedar de frente a ella. Lily le miraba con el rostro inexpresivo. Se le veía la boca pequeña y los ojos grandes y brillantes, aún en la oscuridad.
James a veces pensaba que lo único que resplandecía en la negrura en la cual estaban insertos, eran los ojos furiosos y determinados de Lily.
Sintió que debía decirle algo.
"Tú-"
"Shh." lo calló ella, colocando un dedo sobre sus labios, para reemplazarlo con un beso.
Emitió un gemido inentendible, mezcla entre ahogo y sorpresa. No estaba seguro si eso era lo que necesitaba ahora, precisamente, pero la dejó hacer. No había ningún otro lugar en el mundo que le pudiera hacer sentir… algo. Sólo los brazos de la pelirroja.
Ella se acercó aún más, obligándolo a recostarse de espaldas para que ella pudiera tener el control hoy; no estaba en condiciones de quejarse u oponerse. Le rodeó el rostro con sus manos pequeñas y delicadas, mientras la cadera presionaba contra la suya, invitando a su erección para que despertase. No le costó mucho, pese a su estado, pero es que a Lily jamás podría decirle que no. Más su cuerpo que él mismo.
Ese día solo llevaba una camiseta, además de los calzoncillos. La chica metió una mano debajo de la camiseta, acariciándole los costados, para ir subiendo poco a poco por su pecho. Se sintió muy expuesto con ese gesto, y estaba seguro que con cualquier otra persona con la que tuviera menos confianza se hubiera sentido incómodo y vulnerable.
Lily le quitó la camiseta por la cabeza, y ella aprovechó el impulso para hacerlo consigo misma. No llevaba ningún sujetador.
Se estremeció cuando sus torsos desnudos volvieron a juntarse. Pero más se estremeció cuando ella lo besó con una ternura infinita, que no sabía que podía provocar. Le lamía los labios con cierta insistencia, forzando la entrada. No ofreció resistencia, porque ya se había rendido ante ella, más que nunca.
Lily le metió la lengua, explorando el interior de su boca, acariciando su lengua mientras le robaba unos jadeos celestiales que repercutían directamente en su entrepierna.
Ella succionó su labio inferior y lo mordisqueó de forma tentativa, dando una señal: si le daba permiso para continuar más allá.
Fue su turno de tomarle la cabeza, mientras ella hacía los preparativos por allá abajo. Su gemido fue casi doloroso cuando le agarró la erección y lo preparó para introducirlo dentro de ella.
"Li-" se le fue la voz por la impresión. Ella emitió un jadeo ronco de satisfacción Volvió a besarlo con delicadeza, acariciándole el rostro, el cuello, el cabello. Como si estuvieran haciendo algo un poco más significativo que solo tirar.
Lily se movía despacio y candenciosa. Llevaba un ritmo pausado, sin despegarse de su cuerpo para continuar con las caricias, mirándolo con esos ojos impresionantes. Lo escrutaba tan intensamente, con un sentimiento tan arrollador como sensual, que sintió que las lágrimas le resbalaban por el borde de los ojos para caer en la almohada.
"James, no…" la chica se inclinó sobre su boca, depositando un casto beso, mientras continuaba moviéndose con lentitud. "¿Quieres que pare?"
La observó directamente a los ojos. Lucía deliciosa en la penumbra. Grandiosa y magnífica, solo como ella podía serlo.
Realmente no quería llorar en ese momento. Pero eran muchas las emociones que golpeaban en su pecho sin descanso.
"No, no pares." fue lo único que fue capaz de decir.
Comentarios:
Viñeta del día siguiente, Día 18: Más celos.
