Hola! lamento que el capítulo me haya tomado un poco más de lo esperado. En estos días de incertidumbre en los que como sociedad e individuos nos enfrentamos perdidas, es importante tomar un tiempo para cuidar de nosotros mismos, física, mental y espiritualmente. Así mismo, no olvidar a los demás que están en necesidad, un acto de amabilidad puede significar el mundo para una persona.
Manténganse en casa.
Gracias por sus reviews: Ni-bells,Lizdayanna, Mar91, marme y Guacha.
Capítulo dedicado a Guacha: Tu review me regaló una sonrisota. Gracias!
CAPÍTULO 16
And although this wave is stringing us along
Just know you are not alone
Cause I am going to make this place your home
Home, Phillips Phillips
-¿Bells? – escuchó que la llamaban.
Salió de su sueño lentamente y se dio cuenta que se habían detenido, podía reconocer la carretera. Estaban aproximadamente a media hora de Forks, no debía faltar mucho más por lo que no entendía porque se detenían.
-¿Quieres venir a tomar algo?- preguntó Carlisle
-Si, me gustaría eso- respondió con voz ronca.
-Bien, vamos-
Se acomodó y salió del auto enderezando su ropa y cabello lo más que pudo -No recuerdo haberle dado las llaves del auto a Emmett- apuntó cuando los vio estacionarse dos puestos más allá del mercedes.
Antes de que respondieran ella lo supo, no lo había hecho. Nunca tuvo las llaves. Edward había encontrado la manera de entregar las llaves porque sabía que no se encontraría en condiciones de manejar.
-Edward lo hizo- se acomodó su siempre perfecto cabello color caramelo- No lo noté tampoco hasta en el parqueadero. No te molesta, ¿verdad?-
-No mamá, por supuesto que no-
Esme se acercó a ella en una exhalación -Oh cariño! Hace mucho tiempo que no me llamabas así-
Bella de inmediato se sonrojó y simplemente la tomó de la mano mientras entraron a la cafetería de camino.
No había sido un acto consciente llamarla de esa forma, sólo había fluido y ya.
Hubo un tiempo de su vida en el que llamaba a su madre Renée y a Esme mamá, era lo que era para ella. Su cuidadora primaria, la mujer que organizaba sus fiestas de cumpleaños, la que la llevaba a comprar la ropa de verdad le gustaba y no la que su madre biológica elegía junto con su hermana; quien la llevaba a comprar sus libros y quien a pesar de la renuencia de sus padres e incluso ella misma, compraba junto con ella cada año sus útiles escolares, quien decoró un cuarto para ella en su casa y cortó su cabello cada vez que era necesario, quien le enseñó todo lo que Bella sabía de ser una mujer.
Se preguntó cómo es que había podido olvidar que solía de niña creer que el sol no salía por el este, sino por dónde llegara Esme. Como si su cerebro hubiera decidido protegerse y encerrar esos recuerdos de forma más profunda.
Podía reprochar miles de cosas a sus padres; el recuerdo de su negligencia y abandono emocional era suficiente para que ella misma pudiera alejarlos de su vida, pero con Esme y Carlisle era distinto. No había nada, ni una pequeña cosa que hubieran hecho mal, pero ella había tenido que dejarlos porque eran los padres de Edward y sabía que nunca le darían la espalda. Entendió por qué Carlisle siempre se mostró tan renuente a su relación y cuando sintió un leve escozor de rabia en su pecho, supo que Edward tenía razón en poner distancia entre los dos. Tenía muchas cosas por sanar.
-Me encantan los huevos rancheros de este lugar- exclamó Emmett dejándose caer en el asiento
-Emmett, tan sólo han pasado como dos horas desde que comimos en el aéreo puerto- le recriminó su esposa
-Mujer, debo mantenerme alimentado- se disculpó- además papá está pagando. Todos saben que la comida gratis siempre sabe mejor-
-Algunas veces me cuesta mucho asimilar que tienes 32 y no 12-
-Oh vamos, papá. ¡Tú me enseñaste eso!-
-Estoy bastante seguro de que no lo hice-
-Bueno, pues me pareció así. Ya sabes que tengo recuerdo confusos, tuve muchos golpes jugando futbol-
-Siempre usas esa misma excusa Emmett. Ya nadie te cree- le recriminó Rosalie
-¡Bella me cree! ¿Cierto Belli-Bells?-
-Claro- dijo con falso convencimiento pero negó a los demás cuando Emmett no miraba.
Después de ese breve momento de humor, se mantuvieron mayormente en silencio.
Sus órdenes fueron servidas y Bella, Carlisle y Esme terminaron sin mucho bebidas, mientras Emmett se encontraba aun comiendo con Rosalie robando de su plato esporádicamente.
-No nos molesta si se adelantan, ¿verdad cariño?-
Emmett negó concentrado en la carta, al parecer dos desayunos no eran suficientes.
-Estaremos aquí un buen tiempo- afirmó Rosalie.
Carlisle asintió poniéndose de pie. -Bien, nos vemos en Forks-
Bella y Esme lo siguieron hasta el auto y en breve retomaron el poco camino que quedaba hasta Forks.
- ¿Te gustaría ir a casa un momento?- preguntó Esme tan pronto entraron al pueblo.- quisiera tener una charla contigo-
-Claro- respondió de forma suave mirando el paisaje con melancolía.
Quince minutos después se encontraron en el garaje de la mansión Cullen. El lugar que había sido el hogar de Bella más que cualquier otro lugar.
Esme la tomó de la mano izquierda y la guio adentro. -Ven, vamos a tu habitación-
Tan pronto entró, Bella se sintió como una niña nuevamente. Su habitación era la misma. Nada había sido alterado, pero había sido conservado con evidente esmero pues estaba reluciente y había un olor fresco como si nunca hubiera sido dejada de usar.
-¡Oh, Dios!- exclamó - ¿Cómo es posible que olvidara este lugar? – se preguntó conmovida y caminó hacia su cama semi doble con el edredón morado con estampado negro del que se había enamorado a primera vista hace tantos años ya.
- ¿Esme?-
- Dime, cariño-
- Nunca te agradecí por todo tu amor y cuidado, por lo mucho que te esforzaste por darme un hogar. No sé si alguna vez sea capaz de decir lo mucho que significó para mí-
- No debes agradecerme. Tenerte en mi vida es toda la recompensa que necesito- caminó hacia ella y acarició su cabello antes de recostarse a su lado en la cama.
Se mantuvieron en silencio por unos minutos hasta que Esme finalmente habló. – Nací y crecí en un pequeño pueblo llamado Darbydale en Ohio; mis padres eran un agricultores. Teníamos una pequeña granja que sostenía muy bien nuestra familia, por lo que nunca sufrimos de carencias hasta que mamá murió, ella era el alma y corazón de nuestro hogar y papá quedó devastado con su perdida. Yo tenía doce años-
-Lo siento mucho Esme, no lo sabía-
Ella negó restándole importancia pero Bella vio que a pesar del tiempo, era algo que aún le dolía
- Ella estaba enferma todo el tiempo, tenía una salud verdaderamente frágil por lo que mi padre le complacía en todo, tal vez eso fue lo que la llevó a la muerte. Nunca fue capaz de decirle que no en dejar de intentarlo-
- Dejar de intentar ¿Qué?-
-Tenía un sueño de llenar nuestra casa de niños, quería una familia grande. Niños corriendo por el campo y una casa ruidosa llena de risas, pero después de tenerme nunca logró llevar un embarazo más lejos del segundo trimestre. Ella esperaba con tanta ansia pero siempre los perdía y terminábamos enterrándolos en su florido jardín y ella caía en depresión por meses hasta que de repente un día se levantaba con renovada energía y volvía a hablar de como tendríamos una familia grande y feliz. Yo la odiaba- dijo eso último en un susurro y luego retomó- La odiaba por no verme como suficiente, la odiaba por ser incapaz de darme el cuidado constante que una niña de mi edad merecía, la odiaba porque yo aguardaba con el mismo anhelo que ella y también quedaba destrozada cuando no lo lograba, la odiaba porque la amaba y a medida que fui creciendo supe que eso iba a acabar con ella y en efecto lo hizo. Murió desangrada y mi padre empezó a morir ese día también. Se sumió en una tristeza profunda, bebía mucho y trabajaba poco, por lo que las cuentas se empezaron a apilar y la comida a escasear. La hermana de mi madre de vez en cuando iba y se aseguraba de que la casa estuviera limpia y yo tuviera comida en mi estómago y en la alacena para por lo menos dos semanas hasta que ella volviera a realizar el viaje desde Columbus. Así fue por un poco más de un año, hasta cuando las deudas sólo nos dejaron la opción de vender la propiedad y pagar o entregársela al banco-
-¿Qué hicieron entonces?-
- Mi tía y su esposo se hicieron cargo de la venta de la propiedad. Fue una venta buena y justa pues a pesar de que estaba descuidada, era un buen pedazo de tierra, grande y próspero. Pensé que tal vez salir de ahí ayudaría a papá a mejorar pero no lo hizo. Con el dinero restante salimos de Darbydale y compramos una casa pequeña de dos habitaciones en una zona no muy bonita de Columbus, pero era lo que nos podíamos permitir y estaba cerca de mi tía-
-¿Cómo fue vivir allí?- preguntó Bella intrigada y curiosa.
-Mejoró un poco. Iba a la escuela y volvía a hacerme cargo de la casa. Mi padre tenía un empleo en un taller mecánico que ayudaba a pagar las cuentas y a solventar su bebida frecuente. Alcanzamos cierto sentido de normalidad, aunque no es normal que una niña de trece años cuide de su ebrio padre y haga todas las veces de ama de casa, pero lo era para mí. Estuvimos así por varios años.-
-¿Cuántos?-
-Cinco o un poco menos. Tenía dieciocho recién cumplidos cuando mi padre murió. Para ese entonces ya llevaba tres años trabajando como ayudante en una droguería para ayudar con los gastos y ahorrar lo que pudiera para pagarme una vida en otro lugar. Ese día trabajé el turno nocturno, cuando llegué a casa lo encontré dormido tan ebrio como siempre, así que no me molesté en revisarlo. Horas después cuando me desperté y fui a verle, me di cuenta de que no respiraba. No recuerdo mucho de lo que pasó después, supongo que estuve un poco en shock cuando llamé al 911-
-¿Qué hiciste luego?-
-Traté de volver a mi vida normal. Amaba a mi padre, pero el hombre con el que había vivido esos años no era él, no tenía mucho sentido para mí lanzarme a la pena cuando de repente estaba sola en el mundo y tenía que labrarme mi camino. Trabajé todos los turnos que pude, recibí mi diploma y puse la casa en venta. Me marché tan pronto tuve el pago en mis manos-
-Fuiste a Chicago- afirmó Bella, sabía que allí había conocido a Carlisle
-Si, estaba manejando por el país mirando que lugar me gustaba más. Llegué a Boston en invierno, me encantó su frío refinamiento. Me encontraba caminando por la ciudad, analizando su potencial a largo plazo cuando resbalé y caí. Un par de personas se acercaron a ayudarme, entre ellos este guapo y rubio chico que aseguró que estudiaba medicina, sólo estaba en su primer año pero tan pronto dio una ojeada supo que mi pierna estaba rota. Me llevó al hospital mas cercano y estuvo todo el tiempo a mi lado. No pudimos separarnos mucho después de eso- sonrió al recuerdo- parecía que por fin mi vida tenía un rumbo, él me apoyó en todo y sus padres también lo hicieron. Son ángeles en mi vida, la forma en la que me acogieron y no miraron que era una chica sin familia ni nada más que un auto viejo y el contenido de su maleta-
-Eso suena algo como los abuelos Cullen que recuerdo- dijo Bella recordando a la adorable pareja que recordaba haber conocido un par de veces en su infancia y aunque no pasó mucho tiempo con ellos, recordaba lo bien que la habían tratado en sus visitas, trayendo regalos para ella al igual que para sus nietos. Bella ahora deseaba haberlos conocido un poco mejor, pero ellos generalmente no venían a Forks, los Cullen iban a Chicago y Renée nunca le permitía ir a pesar de los intentos de Esme y Carlisle.
-Eran increíbles personas- afirmó Esme- Ellos me apoyaron para que estudiara. Fueron increíbles padres para Carlisle e incluso para mí. Me abrieron las puertas de su casa como si me conocieran de toda la vida y siempre les estaré agradecida-
-Nunca imaginé que habías tenido tantas dificultades. No hablaste de ello jamás-
-No me gusta concentrarme en lo malo, sobre todo si es el pasado. Hace mucho mal-
Bella se mordió el labio luchando con las lágrimas. -Quiero eso para mí, quiero ser fuerte y dejar todo atrás-
Esme sonrió conmovida. -No es tan sencillo mi amor, toma tiempo el sanar.-
-¿Cómo fue para ti?- preguntó
- Extremadamente difícil. Al principio parecía que lo lograba muy bien. Tenía de repente personas en mi vida que me amaban y cuidaban de mí. Aún así a veces me entraba pánico de perder esa estabilidad e incluso fui enviada a terapia para lidiar con ello. Estuve bien por años, pero entonces perdí mi bebé. Eso me envió de vuelta en espiral-
-Recordaste lo que ocurrió con tu mamá-
Esme asintió – Fue horrible. Emmett tenía seis y Edward pronto cumpliría los dos. Eran tan pequeños y me necesitaban, pero yo no era capaz de levantarme de la cama. No podía dejar de pensar en lo dura que fui con mamá porque no podía entender como podía solo acostarse ahí y dejarme sola y ahora que me pasaba a mí lo entendía-
-¿Fue cuando vinieron a Forks?-
-Si- confirmó- Carlisle era un médico joven, pero con tan solo 33 años ya había llamado la atención de todo el gremio médico. Le ofrecieron dirigir el hospital público de Forks. Había un proyecto para inyectar capital público y subirle de categoría para que sirviera como punto de acople de los complejos médicos de la zona y así evitar que las personas de los pueblos de la península olímpica tuvieran que acudir a Seattle para casos mayores. Nadie creyó que fuera posible, pensaban que el proyecto era muy ambicioso. Incluso Carlisle dudó un poco de ello porque varios médicos de renombre habían declinado la oferta. No obstante se encontraba desesperado por mi estado, así que aceptó pensando que un pueblo pequeño y tranquilo me ayudaría a mejorar en contraste con la ajetreada y grande chicago.-
-Tuvo un poco de razón, ¿no?-
-Tuvo toda la razón- corrigió- De alguna manera el alejarme de mis amigas del té con sus charlas inocuas y la presión de ser una perfecta ama de casa me liberó un poco. Tenía solo 28 años, amaba ser una mamá, pero odiaba todo el circulo de lata sociedad en el que estábamos. Aún así no me alivié por completo, seguía sintiéndome un poco perdida y me costaba seguir el ritmo a todos los cambios que habíamos hecho. Pero pensaba en Carlisle y en su sacrificio de dejar una carrera que subía como la espuma en un hospital de prestigio en Chicago para venir a dirigir el hospital de un pueblo pequeño, pensaba en Emmett y en Edward que no entendían bien que iba mal con mami y entonces puse todo de mi parte por intentarlo. Hice de todo Bella, te lo juro. Terapia, ejercicio, yoga, compras, meditación y nada fue tan efectivo como conocer a tu muy embrazada madre en un club de lectura local-
Bella sonrió -Todavía no sé que hacía mamá en un club de lectura, pero no puedo quejarme del resultado-
Esme rio un poco- A decir verdad era más una excusa para intercambiar cotilleos que un club de lectura. Aún así era un poco divertido y me mantenía distraída aunque no conocía a la mayoría de la gente de la que hablaban. Me sentaba en silencio al lado de tu madre y miraba su vientre con anhelo. Cuando me dijo que esperaba una niña casi no me pude despegar. Era patética- se burló
-¿Te dolía?- preguntó en un susurro- Que ella fuera a tener una niña, ¿te dolía?-
Esme suspiró -Un poco, pero era más como este instinto de protección más fuerte que yo. Carlisle no creía que fuera sano en un principio, pero luego no tuvo otra opción mas que aceptar. Fueron unas locas semanas antes de que nacieras-
-¿Cómo fue para ti cuando nací?-
-Oh Dios Bells, estaba tan asustada cuando tu madre llamó. Dejé a los niños y a Alice con la niñera y fui lo más rápido que pude al hospital. Afortunadamente fue un parto sin problemas. Naciste el 13 de septiembre a las seis de la mañana y estuve ahí en cada momento. Fui yo quien te acomodó en los brazos de tu madre y cuando te llevaron a la sala de neonatos estuve pegada al vidrio todo el tiempo posible. Fue maravilloso. Tu nacimiento me ayudó a liberar tantas emociones que en la noche cuando volví a casa me sentí tranquila y feliz. Siempre lamentaría la perdida de mi bebé, por supuesto pero acepté que simplemente era algo que había pasado y que tenía una buena vida.-
Para ese momento Bella tenía lagrimas emocionadas en sus ojos. – Eso es muy lindo de oír-
-Fue maravilloso Bells, por años fuimos una sola familia, grande y feliz. Con niños corriendo a nuestro alrededor y celebrando cálidamente las fechas especiales. Hubo muchas cosas que obvie en esos años, pero naturalmente empezaron a surgir grietas-
-¿porqué?- preguntó sorprendida pues nunca los había visto ser otra cosa más que amigables entre ellos.
- Tú eras tan especial para nosotros. Me tuviste desde antes de nacer, para Carlisle tomó un poco más de tiempo, quiso hacerse el duro pero tan pronto tomaste su dedo índice con toda tu manito derecha, estuvo frito. Lo siguiente que supo era que estaba hablando de vestidos y biberones- Esme rio al recuerdo- y por supuesto que luego estuvieron los chicos. Emmett te alzó primero, pero te asustó porque gritaba de la emoción sobre cuan pequeña y rosa eras. Edward por el contrario, fue silencioso. Se sentó en mis piernas y pidió que te pusiera en sus brazos. Te arrulló con cuidado y ternura, haciendo promesas en su lenguaje de niño de dos años, de que todo estaría bien y te protegería de "memett"- Se acercó más a ella y tomó una de sus manos- no pretendo crear fricciones ni abrir viejas heridas-
Bella negó- Quiero saber. Necesito saber-
Esme suspiró- Como te dije, eras muy especial para nosotros-
-Pero no era igual de especial para mamá- dijo llenando los espacios en blanco
- Oh cariño. No lo sé, no puedo afirmar nada. No estaría bien afirmar como se sentía tu madre, pero sólo no me gustaba. Sé que me entrometí, que tal vez si no hubiera estado ahí metida entre tu relación con tu madre, todo sería distinto-
-No hiciste nada malo. Necesitaba eso. Necesitaba una mamá que me amara con absoluta convicción, que viera mis diferencias y le gustaran.-
-Sé que Renée te ama, sé que lo hace- la consoló- Carlisle dijo que había una tendencia narcisista en la conducta de tu madre. Los narcisistas tienden a llevar todas sus relaciones de esa manera. La persona dorada y el chivo expiatorio, así lo llaman los terapeutas. Tal vez ella necesitaba un poco de ayuda-
-Y Charlie ¿Qué necesitaba? ¿Unos pantalones?- preguntó de repente enojada. No quería justificar la conducta de sus padres. Renée la había abusado emocionalmente y había permitido a Alice hacerlo para ganar su lealtad y amor incondicional. Charlie había sido un silente espectador. Hubo un punto en el que el hecho de que él pudiera notar las injusticias y no defenderla, le había dolido mucho más.
-No los estoy justificando cariño. Nunca lo haré, pero no quiero estar enojada por más tiempo- declaró- sé que no hay forma de hacer todo más suave para ti. Sufriste demasiado aquí, pero quería contarte todas estas cosas para que tuvieras una idea mas amplia de las cosas, no para que resientas más. No pretendo jugar a la heroína porque no lo soy. Sé que interferí. Eras su hija y yo tenía tanta envidia porque tenían la fortuna de tenerte, pero a mis ojos no te valoraban, así que hice todo por tenerte así fuera un poco. Le robé a tu madre muchos momentos y oportunidades y aunque no me arrepiento de todo el tiempo que pasé contigo, si me arrepiento del daño que causé-
-Renée no quería ese tiempo, no quería ser mi madre y yo te quería a ti. No te equivocaste- aseguró Bella un poco alterada.
-Bella hija, escúchame. Sé que es duro verlo, pero es necesario para que afrontes todo el camino a sanar que tienes por delante.- replicó con voz quebrada- tenías tan solo cuatro años cuando empezaste a pasar mas tiempo con nosotros que con tu familia. Te veías mas cómoda así que tu madre a pesar de que le dolía lo aceptó. La mataba que también me llamaras mamá y yo fui lo suficientemente egoísta para que no me importara. Necesitas saber que te amé y te amo por lo que eres, pero no puedo negar que estaba llenando un espacio contigo, eras para mí la hija que anhelé y no pude tener. Cada vez que debía conducir y llevarte de regreso, rompía mi corazón.-
El llanto de ambas se escuchaba en la habitación y aunque quería decir algo, Bella no pudo obligarse a hacerlo.
- No puedo negar que Renée no fue una madre ideal, sé que hubo diferencias entre Alice y tú, muchas veces le recriminé por ello, pero no le di el tiempo de corregirlo. A medida que fuiste creciendo, era más fuerte el apego y entre tus llantos y mi presión, no tenía mucha elección de no dejarte venir y para una persona como tu madre, tuvo que haber sido muy duro ver minado su rol. De alguna manera empezó a resentirse y creo que eso acentuó la forma distante al tratarte. Lo siento cariño, pero siempre hay más puntos de vista que solo uno y aunque me haya tomado tanto tiempo reconocer mi error, debo hacerlo por tu bien.-
- Sé que no pretendías dañar a nadie. Me forcé a olvidar mi tiempo con ustedes porque dolía mucho la perdida, pero en las últimas semanas he recordado todo el amor y protección que siempre tuve aquí contigo, Carlisle, Emmett y Edward.-
Esme sonrió llorosa. – Gracias por tener tanta fe en mí. Hablamos con Charlie y Renée hace algunos días y ellos no piensan que tenga responsabilidad pero yo sé que sí. Incluso tu madre reconoció sentirse dejada de lado y cuanto dolió, pero ellos solo piensan que el saber que existíamos para ti y la forma en como te queríamos, los hizo ser descuidados. No lo pienso del todo así. Han sufrido mucho con la muerte de Alice y están haciendo todo lo posible por mejorar su relación contigo y yo no puedo simplemente permanecer en silencio-
Bella la atrajo en un abrazo. -Esme, siempre serás mamá para mí y eso no significa que Renée no pueda serlo también. La amo a pesar de lo diferentes que somos. Puedo ver su esfuerzo para acercarse a mí y lo valoro pero no tienes que tratar de dañar tu imagen conmigo para que Renée pueda entrar. Puedo amarlas a las dos, de hecho ya lo hago-
- No vuelvas a dejarnos, ¿sí?- suplicó – no importa a dónde vayas y lo que decidas, Carlisle y yo te apoyaremos, sólo no nos dejes por fuera-
- No lo haré, lo prometo. Tengo que volver a Nueva York mañana, eso lo sabes pero llamaré y te dejaré mi dirección para que me visiten cuando quieran, ¿está bien?-
-Eso es perfecto, cariño-
Aunque el ambiente estaba cargado de melancolía y de tristezas del pasado, trataron de mantener el tema lo más ligero posible hablando de recuerdos felices y anécdotas descabelladas de la infancia y Bella sintió que sanaba un poco.
Se sentía orgullosa de la mujer que era como una madre para ella, de su fortaleza, amor y compasión, incluso de la valentía para señalar sus propios errores. Ahí escuchándola hablar, sintió esperanza de como ella superar lo que dolía de su pasado y construir un luminoso futuro.
Bueno, conocimos más de Esme.
Déjenme saber que les pareció
Marie McHale
