Capítulo 19: Desazón abrasadora.
Aquella mañana, nada más llegar al Ministerio de Magia, Harry y Ginny caminaron cogidos de la mano hacia el despacho de Kingsley. Normalmente, el moreno odiaba con toda su alma ser el centro de atención de las miradas de la gente. En cambio, ese día no le importó que todos y cada uno de los empleados del Ministerio con los que ambos se cruzaron en su camino, se quedasen mirándolos con descaro, llenos de sorpresa. Muy al contrario; disfrutó como un travieso gnomo de jardín viendo cómo respondían, avergonzados, a su amable saludo de "buenos días". Al llegar a la antesala del despacho del Ministro de Magia, Harry saludó también a Beatrice. Pero la chica no fue capaz de responderle; observaba a la pareja con ojos desorbitados por al sorpresa.
—¿Está reunido? —Harry preguntó, señalando con un ademán al despacho del Ministro, que permanecía con la puerta cerrada.
—N-no —ella acertó a negar, por fin, desviando su mirada, una y otra vez, del rostro del Jefe a la mano que tenía cogida de la pelirroja, para traspasarla a ella después con una profunda mirada de odio.
—Perfecto.
Hizo caso omiso de su actitud y tiró suavemente de Ginny para que lo acompañara de camino hacia el despacho.
Beatrice los vio marchar, mordiéndose los labios en un arrebato de rabia.
Harry hizo sonar alegremente sus nudillos contra la puerta y, sin esperar respuesta, la abrió y se asomó dentro.
—Buenos días…
Sonrió a Kingsley, quien le observó, suspicaz, sentado en la silla de su mesa de despacho.
—Eso espero —el Ministro de Magia deseó en voz alta, sin contagiarse de la aparente alegría de su amigo y compañero—. ¿Qué tienen de buenos, Harry? ¿Habéis atrapado al demente que tiene en jaque a vuestro Departamento?
—Aún no. Ahora mismo voy a poner a toda mi gente a seguir una nueva pista que nos conducirá hasta él en cuestión de horas; de pocos días, a lo sumo —aseguró, esperanzado—. Pero antes, deseo que seas el primero en conocer oficialmente la noticia.
—¿Qué noticia? —Enarcó ambas cejas, extrañado.
—Vuelvo a ser un hombre prometido —anunció con voz pícara y alegre.
—No me digas que… —Kingsley abrió los ojos de forma desmesurada, sonriente.
—Te lo digo: Ginny y yo volvemos a ser novios —le aseguró, eufórico, mientras hacía que ella entrase en el cuarto junto a él.
—Buenos días, Kingsley —Ginny lo saludó, con una dulce sonrisa—. Me alegro de verte.
—¡Chiquilla! —no pudo evitar gritar.
Vehemente, se levantó de su silla y corrió a darle un abrazo, que ella le devolvió cariñosamente. Después, abrazó también a Harry, emocionado.
—¡No podéis imaginar qué peso me habéis quitado de encima! ¡Me sentía culpable por estar haciéndoos pasar por tan mal trago! ¡Lo sentía tanto!
—Soy consciente de cuánto y cómo te reproché la decisión que tomaste. Así que, vengo a agradecerte lo que has hecho por nosotros de todo corazón —Harry se disculpó con sinceridad.
—Ay, muchacho… Si yo hubiese sabido que ese reportaje serviría para uniros de nuevo, yo mismo habría ido al Profeta para proponerlo. No tenía esperanza de volver a veros juntos; más bien al contrario: creí que de todo este enmarañado asunto saldría una batalla campal entre vosotros. Así que, no me debéis nada en absoluto —negó, solemne.
—Sea como sea; te lo agradecemos —Ginny insistió con cariño.
—Y yo agradezco que estéis juntos de nuevo y que hayáis venido a contármelo. Realmente, el día ha empezado bien. Ahora he recobrado la esperanza de que pueda continuar del mismo modo.
—Haré todo lo que esté en mi mano para que así sea —Harry prometió—. Ahora, debemos ponernos en marcha. Espero poder darte más buenas noticias esta misma tarde. ¿Te parece que nos reunamos tú y yo sobre las seis? —propuso.
—¡Claro! Te esperaré con impaciencia.
—Hasta entonces.
Estrechó su mano con fuerza y la pareja abandonó el despacho, encaminándose hacia el Departamento de Seguridad Mágica.
Al pasar nuevamente ante la secretaria, si ambos la hubiesen observado, habrían notado, inquietos, que esta mantenía cerrados los puños con una expresión furiosa y el rostro enrojecido. Ella había contemplado toda la escena a través de la puerta abierta del despacho del Ministro y no era capaz de asimilarla. Parecía como si estuviese apunto de entrar en shock. Aunque Harry, al entrar, sí que se dio cuenta de su extraño modo de actuar y tomó nota mental de ello, alerta.
Cuando llegaron al Cuartel General de Aurores, la noticia ya había corrido como el agua y había llegado hasta allí. Por ello, todos los subordinados del Jefe, tanto aurores como personal del resto del Departamento, los estaban esperando con expectación.
—¿Tenemos doxys en la cara? —Harry preguntó, con un ademán fingidamente severo.
—Precisamente en la cara… No habréis sido víctimas de un hechizo de pegamento… —Skood, uno de los aurores más veteranos preguntó, sonriendo con falsa inocencia al señalar las manos de la pareja, aún entrelazadas—. Estábamos esperando para ayudaros a deshacerlo, por si nos necesitáis.
—Tranquilo, no os necesitamos —él afirmó reteniendo, a duras penas, una alegre sonrisa.
Todos lo miraron con alegría.
—En ese caso, felicidades; a ambos —añadió, de todo corazón.
—Gracias. ¡Y ahora, a trabajar! ¡No sois la élite del Ministerio por pasar el día chismeando como abuelas!
—¡Sí, Jefe! —todos corearon al unísono.
Y cada cual regresó a sus quehaceres, con una gran sonrisa reflejada en el rostro.
—Gin, hazme el favor y busca a E.J. Seguramente, ella estará en el Archivo. Hazle saber los cambios que va a sufrir tu investigación con respecto al reportaje y dile que sigue estando a cargo de guiarte y ayudarte en todo lo que necesites. —Bajó la voz para añadir—: y como quien no quiere la cosa, tranquilízala. No deseo que tome a broma mis palabras. Pero tampoco, que se vea hundida por ellas. Anímala un poco. Tú ya sabes a qué me refiero.
—¿No deberías ser tú, quien lo haga? —ella objetó, mirándolo dubitativa.
—No, por ahora. Ella es quien debe esforzarse en este momento. Ayer, yo ya dejé bien clara mi postura, que será definitiva.
—Metimos la pata bien metida, ¿verdad? —quiso saber, buscando su mirada con auténtico arrepentimiento.
Él asintió con ademán amable.
—No te preocupes más por eso. Quizá sirva para hacerla cambiar de actitud. Nos vemos luego, princesa.
Acarició su rostro con ternura y dio media vuelta para ir a su despacho. Pero en el último momento recordó algo y desandó sus pasos hasta volver a su lado.
—Y no dejes que esta panda de impresentables te acose a preguntas indiscretas —casi gritó, para asegurarse de que todos los aurores captasen el mensaje.
Ellos lo miraron de reojo riendo, maquinadores.
"¿A quién llamas "panda?", escuchó a su espalda.
Ron había llegado, apunto para escuchar la última frase de su amigo. Harry le dirigió una sonrisa socarrona.
—Buenos días, enana. —Besó a su hermana en la mejilla, jovial—. Harry, tengo algo importantísimo que comentar contigo —declaró inmediatamente después, muy serio—. No sé porqué, pero anoche, algo de lo que hablamos durante la cena me hizo recordar a Lilith, a lo que sucedió —explicó, inquieto y temeroso de la reacción que Harry iba a mostrar tras escucharle.
—¿Tú también? —el moreno preguntó con asombro—. Ahora mismo iba a buscarte, justo por ese tema. Necesito que averigües unas cuantas cosas sobre lo que sucedió. Sé que, de algún modo, todo ello está relacionado con lo que está pasando ahora. No perdamos más tiempo. Vamos a mi despacho. —Besó a Ginny en la mejilla—. Hasta luego, princesa.
Y se marchó junto a Ron, dejando a Ginny con un millón de preguntas no pronunciadas sobre aquello que acababa de escuchar.
Ella sintió una desazón abrasadora. De nuevo, aquel nombre se había inmiscuído en su vida: Lilith. Y en esta ocasión, procedente de los labios de su hermano. No le había pasado desapercibido el temor de Ron a la reacción que esperaba por parte de su mejor amigo, al hablarle sobre el tema. El tema… Un tema que ella no conocía, pero que temía que hubiese afectado a Harry y a ella como pareja en el pasado. Y que quizá también lo hiciese en el presente. Decidió que, en cuanto tuviese la menor oportunidad para hacerlo, interrogaría a su hermano sobre ello. Inquieta, se marchó en busca de E.J.
COMENTARIOS DE LA AUTORA
Siento mucho que, después de haber estado publicando a tan buen ritmo, mis circunstancias personales y laborales hayan vuelto a impedirme publicar tan a menudo. Intentaré que esto cambie. Pero, lamentablemente, no puedo prometer nada al respecto.
Dedico este capítulo a:
—Natesgo, mi fiel seguidora, que siempre está a mi lado para dejarme un comentario.
—Priii3, Litle-Secret.M.G., Ana Sofia Ghiggia y Andres30y4: por haber añadido el fic a sus favoritos y a sus alertas.
Y poco más puedo decir.
Hasta muy pronto, espero.
Rose.
