Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Latidos
― ¿Qué diablos quieres, Alice? ¡¿Cómo mierda se te ocurre amenazarme?!
Pasé una mano por mi pelo revuelto.
La paciencia era un hábito que apenas se desarrollaba en mi interior; pude haber adquirido habilidades para camuflar mis emociones y tener un mejor manejo para tolerar ciertas tensiones. Aunque, cuando se trataba de Alice no podía cumplir ninguna.
La mujer era exasperante a niveles insospechados.
Llevaba molestando desde una noche antes y justo tenía que presentarse en el loft para seguir jodiendo mi existencia.
— No te amenacé. Solo me parece justo que estés conmigo a cambio de guardar silencio de "cómo" ―hizo un ademán con sus dedos― se embarazó tu ex.
Sin ser invitada se adentró en la estancia, evaluando cada detalle del loft con sumo interés. Caminó hacia la pared de cristal y se maravilló con la vista de la ciudad.
— Quiero hacer un trato contigo —me sonrió— estoy de acuerdo en que quieras convivir con tus hijos. Lo acepto. Aún cuando tenga que soportar a todo mundo hablando a mi espalda. Así que —caminó a mí y sostuvo mis manos— estoy lista para dar vuelta a la página.
Solté su agarre, pellizcando el puente de mi nariz, le miré.
— Déjame explicar lo que sucede… —tomé una bocanada de aire— yo no quiero estar contigo, ¿por qué no entiendes?, ¡quiero el maldito divorcio!
Alice dejó de sonreír.
— Estuve enferma, me dio una depresión severa que apenas abría mis ojos, Edward. Y tú, no estuviste conmigo porque te importaba más cuidar de esa mujer. Me hiciste a un lado como si fuera un estorbo en tu vida —comenzó a lloriquear— ¿crees qué fue justo para mí?
Exhalé.
— Sé que no es justo para ninguno de los dos. No nos hagamos más daño, eres joven y puedes rehacer tu vida con quien te plazca, solo firma el divorcio.
— ¡No! —limpió sus lágrimas de forma ruda—. Tengo todo mi derecho a defender mi matrimonio y lo voy a hacer en contra de todos.
— Me habías dicho que querías dinero, Alice.
— Ahora no lo quiero —su voz mimada había vuelto—. Hoy solo quiero quedarme contigo, bebé —sus manos se enredaron en mi nuca, fue fácil deshacer su abrazo haciéndola bufar—. Ya Edward, volvamos a lo nuestro, te prometo ser una buena madrastra para tus hijos.
— Son niñas.
Mi intención no era revelar detalles de mis bebés, pero lo había hecho. Tampoco las mantendría ocultas, eran mis hijas, estaba sintiéndome orgulloso por tenerlas en mi vida.
— Oh… —se quedó pensativa pasando por un lado mío, estuvo husmeando por todos lados y rincones― no sé nada de ellas, ¿cuándo nacen?
― Te exijo que no vuelvas a involucrar a Isabella en nada que tenga que ver con nuestro divorcio. ―Cambié de tema, no permitiría que volviese a querer manipular el proceso a cambio de silencio.
― ¿Por qué? Ella fue la culpable de nuestra ruptura, ¿qué hay de malo en que todos sepan?
Tiré de su brazo dispuesto a llevarla fuera de mi vista.
― ¡Eres un idiota! ―se quejó cuando tropezó con su equipaje, alejándose de mí me dio la espalda― ¡no me iré!
― ¡Lárgate de aquí! ―siseé cuando subió las escaleras de pronto el timbre interrumpió y de mala gana abrí la puerta .
― Bella, ¿qué haces aquí? ―fue imposible no sentir un puñado de nervios, lo que menos deseaba era provocar un mal momento a ella.
Sabía que Bella había intuido mi nerviosismo porque ingresó a media sala de estar.
― Me gusta este lugar, bebé ―Alice comentó con toda intención de molestar. Así cómo también fue descaro colgarse de mí, quité mi brazo y solo podía mirar los ojos de Bella llenos de desilusión.
― Eres Isabella, ¡wow! Mira esa enorme barriga pareces un tanque a punto de explotar.
― ¡Alice...! ―advertí, conteniendo mis ganas de arrastrarla fuera y azotar la puerta en su nariz.
― Es un embarazo múltiple ―comentó Bella con una sonrisa y sin dejar de frotar su vientre― es el motivo que mi estómago sea más grande.
La sonrisa de Alice se desvaneció al tiempo que su tacón empezaba a golpearse una y otra vez contra el piso. Detestaba cuando hacía ese estúpido rechinido.
― Siéntate ―quise ayudar a Bella a sentarse, pero no lo permitió.
― No, no quiero interrumpir ―musitó― será mejor que me vaya.
― Sí, es mejor porque mi esposo y yo tenemos que ponernos al día. Nos pondremos de acuerdo cómo cuidaremos de tus crías. Y aquí solo estás estorbando.
— ¿Es verdad? —indagó Bella—, ¿ésta mujer cuidará de las niñas?
— ¡Claro que es verdad! —exclamó Alice—. Mi esposo me dice todo, apoco crees que no sé cómo te embarazaste falsificando documentos. ¡Deberías estar en la cárcel!
― ¡Cállate! ―sujeté el brazo de Alice, tomé su bolso junto a su equipaje y la llevé a la puerta mientras ella trataba de soltarse entre chillidos y empujones logré llevarla fuera del loft―. Nosotros no tenemos nada que hablar a menos que no sea para firmar el divorcio.
Cerré la puerta y respiré hondamente. Aun se escuchaba los chillidos de Alice del otro lado.
Cuando me volví a Bella sus ojos estaban enormes, parecía asustada.
― Lo siento. Alice siempre logra alterarme.
Ella se aclaró la garganta.
― Le dijiste lo que hice. Ella lo sabe —la desilusión en su voz se percibía en su tono quebrado—. ¿Vivirá aquí?
Negué.
Después de otra respiración profunda le ayudé a sentarse y decidí hablar sobre la llamada que Alice me había hecho la noche anterior. Fui honesto con Bella y le dije que estaba siendo chantajeado a causa de mantener en secreto el procedimiento de criopreservación. Seguí en la línea de la rectitud y le expliqué que sí, que le había contado la verdad a Alice.
Aunque en un principio se sintió desanimada de saberse descubierta ante mi ex, ella estuvo de acuerdo, también entendió mi punto de vista de mantener su imagen al margen. Jamás permitiría que su nombre o persona fuese expuesto para alimentar el morbo de curiosos.
Las horas se hicieron cortas al ponernos al día con nuestros asuntos y dudas. La abracé dejando un beso en su frente, me sentía mejor por estar compartiendo de nuevo y era todo lo que importaba.
.
.
Al día siguiente llegué a casa de Bella después de pasar tiempo entre audiencias de todo tipo. Estaba enfadado y solo deseaba charlar con ella de lo que fuese, así como también envolver su cuerpo en mis brazos para sentir los suaves golpecitos de mis hijas.
El coche estacionado y el exagerado ramo de rosas rojas en la mesa de centro anunciaba que había una visita no muy grata, quise arrojar al basurero el hermoso ramo de gardenias que traía para ella. No había nadie en la estancia ni en la cocina y mi mal humor fluyó cuando comprendí que debían estar en su habitación. No entendía porque Bella le daba tanta confianza a ése tipo.
― Se honesta, Bella ―pidió Eric. Al menos agradecía que la puerta estuviese abierta―. Si el insoportable Cullen no hubiera aparecido de nuevo en tu vida, ¿yo hubiese tenido una oportunidad?
― No le llames así ―sonreí al escuchar que me defendía. Por supuesto que yo no era insoportable y ella lo sabía―. En cuanto a nosotros ya estaba todo dicho, Eric. Yo te ofrecí una sincera amistad y tú aceptaste, no hay mucho por hacer.
― No es verdad ―volvió a insistir el tipo― nosotros nos complementamos. Estoy convencido que si el fanfarrón de tu ex no hubiera llegado exigiendo su paternidad, quizás nosotros pudimos avanzar. Yo te quiero, Bella, y soy libre para amarte.
― Eric...
― Solo dame una oportunidad, por favor.
Bella suspiró.
― No puedo. Lo siento.
¡Maldita sea!, ese tipo no tenía dignidad. No escuchaba el tono cansino de Bella al hablar con él.
― Estaré esperando mi momento ―insistió― sé qué, ese engreído te volverá a fallar, mientras tanto estaré esperando paciente mi turno.
Me puse en la puerta, dejándome ver; sonreí ampliamente cuando el rostro de Bella se iluminó al verme frente a ella con la sonrisa más hermosa y solo para mí.
«Tal vez, en el fondo sí era un engreído»
― ¿Cómo estás? ―pregunté, ignorando a Eric que seguía sosteniendo la mano de Bella.
― Bien… están hermosas ―sacó su mano del fuerte agarre de su amigo y admiró su delicado arreglo floral en su regazo―. Gracias, Edward, me encantan las gardenias.
― Nunca olvidé que son tus flores favoritas ―ella seguía sonriendo―. Siempre aborreciste las rosas, cómo olvidar que un día casi las botaste sobre mi cabeza.
― ¿No te gustan las rosas? ―inquirió Eric con su cara de derrota― pensé que eran las favoritas de las mujeres.
Reí.
― Te lo dije la primera vez que conversamos ―explicó Bella con su voz amable, sabía que lo hacía para no herir al tipo y que no terminara su mandíbula en el suelo por ser tan idiota.
― Ah, la primera que robé un beso tuyo y nos perdimos de todos―dijo el infeliz haciendo incomodar a Bella cuando bajó su vista, avergonzada.
¿Qué edad mental tenía… trece?
― Parece que en ti no aplica esa frase que los caballeros no tenemos memoria. Lo único que te interesa es ufanar delante de mí, exponiendo a la madre de mis hijas.
Eric me miró por unos segundos con tanto coraje, retandome. Quizás meditó lo que le había mencionado porque su cara se volvió colorada, ofreciendo una disculpa a Bella y decidiendo que aquí solo estaba de más, se despidió, por supuesto que no lo hizo de mí y tampoco me importó.
Bella dejó en su mesita de noche sus flores, seguía sonriendo a ellas cuando tiró de mi mano y me guió al pasillo un poco despacio para entrar a la habitación que estaba destinada para nuestras cuatrillizas.
Mi vista se nubló rosa.
Todo en cuanto había en la amplia habitación era un hermoso y delicado rosa pastel. Cuando Bella señaló el amplio sillón mecedora agradecí que fuese beige, este sería mi lugar favorito. Tal vez podría pasar el día entero sin aburrirme, inspiraba tanta paz y el olor exquisito que se colaba en mi nariz bien se había convertido en una adicción.
― ¿Te gusta?
Miré su rostro, se veía sumamente feliz.
― Me fascina. ¿Lo has decorado sola?
Sacudió su cabeza.
― Victoria me ayudó.
― Hasta que hizo algo bien la pelirroja.
Rodó los ojos.
― No seas cruel con ella. ―Bella se volvió a la enorme cuna cuadrada y pasó sus dedos por el edredón con estampado de bailarinas para luego acariciar sutilmente el tul que caía como cascada, se había puesto pensativa―. ¿Hoy no viste a tu esposa? Pensé que no vendrías por estar con ella.
No sabía si sentirme emocionado como un adolescente al saber que la chica que te gusta está celosa; o estresarme porque Bella se sentía insegura por la presencia de Alice. De ninguna manera permitiría que se sintiera inquieta porque mi ex estaba en la ciudad.
Me puse tras ella; se sobresaltó cuando la abracé por detrás y descanse mi barbilla en su cabeza, empecé a trazar círculos en su abdomen.
― No me habló en todo el día ―admití―. Pero no dudo que su intención de molestar siga en marcha.
― Se nota que es de armas tomar ―murmuró― no creo que un día te deje libre.
La volví a mí. Necesitaba mirar su rostro; sus ojos lucían tristes y sabía lo que eso significaba.
― Si es necesario la llevaré a juicio. Lo pudiera hacer desde ahora, sin embargo, implicaría viajar a España y no puedo en este momento. No me quiero perder el nacimiento de mis hijas por nada del mundo.
Sonrió, pero su sonrisa fue corta y sin ánimo.
― ¿Qué te preocupa, Bella? ―mis pulgares seguían acariciando sus mejillas con ternura.
― Te quiero ―susurró―, y aunque sé que no debería porque eres un hombre casado y porque estoy consiente del daño que me hiciste en el pasado, lo hago.
Dejé un inocente beso a su frente, demorando más tiempo del necesario para aspirar su delicioso aroma floral.
La amaba con todo mi corazón. No era digno de merecer dicho querer porque aún no era libre para amar y presumirla con orgullo ante todos. Yo era completamente suyo, lo había sido desde siempre, desde mucho antes que la ambición me hubiese cegado por completo. Inclusive mucho antes de pedir una cita en aquel estacionamiento de la Universidad. Yo le pertenecí desde que la vi por primera vez esa fría mañana de septiembre cuando corría presurosa bajo la llovizna para entrar a su primera clase, desde esa primera vez que ni siquiera se fijó en mí cuando mi boca se mantuvo abierta por no quitar mis ojos de ella.
― Edward… ―la suave voz de Bella me hizo volver a la habitación, volví a besar su frente―. Quiero un helado.
― ¿¡En serio, mi vida!? ―el cambio de conversación me hizo reír― primero te sinceras conmigo y después… Dios, ¿qué haré contigo?
― Esto también es importante. Desde hace días se terminó el helado y no he querido ir sola a Walgreens, no importa si está a dos bloques de casa. Así que quiero comer helado.
― Lo que usted ordene, señora.
Entrelace nuestros dedos y caminamos a la salida.
Ella fue lo suficientemente lenta en dar sus pasos, se detenía cada cierto tiempo e intentaba hacer una gran bocanada para llenar sus pulmones de oxígeno, hablaba más pausado y me sonreía para tranquilizarme.
Lo que pudo haber sido un minuto en auto fueron veinte largos minutos caminando a la farmacia más cercana. Estaba a punto de maldecirme por ser tan idiota y hacerla caminar, en cambio mi intención se desvaneció cuando su rostro se iluminó al llegar al pasillo de congelado.
Se entretuvo mirando todas las marcas de helado y empezó a comparar mientras animada pedía mi opinión. Decidimos que sí llevábamos varios botes de helado para comparar sabor y consistencia podríamos pasar otro rato juntos, total, apenas eran las 21 horas.
El helado se había vuelto un poco aguado lo que hizo arrugar la nariz de Bella pero sin decir nada empezó a probar de cada recipiente. Era mi turno de probar y ella no daba oportunidad para hacerlo hasta que mi móvil me sacó por completo de la jugada, sabía que aprovecharía la situación al seguir comiendo al dar mi espalda.
― ¿Qué quieres? —gruñí.
Un suspiro hondo tras la línea, me exaspero. Sabía quién era.
― Tu ganas, Edward, acepto firmar el divorcio.
― ¿A cambio de…?
― Del penthouse ―pidió con descaro―. Es lo justo, ¿acaso tu libertad vale menos?
Me volví a Bella. Ella llevó la cuchara a su boca, se veía dulce comiendo y sus mejillas se encendieron al darse cuenta que le había pillado. Su hermoso vientre se miraba más abajo, aunque la obstetra dijo que era por el peso ganado.
Entonces no había nada qué pensar.
Quería el divorcio sin importar los bienes materiales. Lo único que necesitaba era ser libre para Bella.
― Estoy de acuerdo.
Alice resopló.
― Entonces mañana nos vemos en tu loft. Prepara lo necesario para hacer el cambio de propietario, estaré ahí después de las 9 am.
— Prefiero hacer todo en mi nueva oficina.
— Bien. Envía tu dirección.
Cuando Alice finalizó la llamada me sentí mejor porque era cuestión de horas para estar realmente libre.
¡Hola! No sé qué piensan de Alice. ¿Qué estará tramando? No se olviden de escribir sus opiniones porque ustedes hacen posible las actualizaciones continuas. No sean tímidas.
Una chica me preguntó si tenía un grupo en Facebook y NO, lamentablemente no pertenezco a ningún grupo ni tengo uno propio. También respondiendo a su pregunta sobre las actualizaciones lo hago 3 veces por semana.
Muchas gracias por sus favoritos, alertas y reviews que me dejan.
A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Por está ocasión no pondré sus nombres debido a que fanfiction anda portándose diva y es muy complicado ir a leer cada e-mail.
¡Gracias totales por leer!
