Hola, ¿como están?, perdonen enormemente la tardanza, espero ponerme al día rápidamente con las historias y con las lecturas, en fin, espero que les guste y haya valido la pena la espera.

Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.

Capítulo XXII. Ley

El ministerio publico de Arendelle estaba en caos, los fiscales gritaban a sus secretarios y los policías parecían querer huir de la zona de guerra en cuanto tuvieran la oportunidad, y todo comenzó con la simple llamada de una funeraria, un hombre había sido llevado con el cuello roto el día anterior, y al ser una circunstancia inusual la funeraria llamo para reportarlo, y esa simple acción fue como si la caja de Pandora hubiera sido abierta, apenas habían comenzado las actividades normales del día a día, cuando las llamadas de emergencia comenzaron a sonar, un gran grupo de excursionistas se toparon con una escena sacada de las profundidades del infierno y un contingente fue a las faldas de la montaña norte, solo para toparse con los cuerpos destrozados, y la sangre que comenzó a llamar a los animales que se darían un festín con los restos de aquellos pobres que vieron su final en aquel claro, apenas se las arreglaron para hacer huir a una manda de lobos cuando un par de camiones llegaron.

- El área esta cerrada. - dijo Kleinton, el capitán del escuadrón de policías que llevarían la investigación, al hombre que había bajado de uno de los camiones que lo veía con desdén.- Den media vuelta, antes de que los lleve por interferencia.

Sin siquiera molestarse en contestarle, el hombre le entrego una hoja con un sello de la suprema corte.

Los ojos del hombre que había estado en la policía por mas de viente años recorrieron la hoja, su sangre hervía en sus venas, prácticamente era una bofetada a su autoridad, solo una hoja le corto cualquier investigación que pudiera hacer para encontrar a los responsables de tal atrocidad, maldijo en silencio mientras ordenaba a su escuadrón la retirada de la escena, mientras veía a los hombres de los camiones comenzar a recoger los cuerpos destruyendo la escena del crimen.

Su teniente suspiro al verlo subir a la patrulla, apenas habían llegado a la carretera que los llevaría a la jefatura, cuando su capitán dio rienda suelta a su ira.

- ¡Esos malditos del congreso! - su puño estampo en el tablero de la patrulla. - ¡Hijos de su puta perra hedionda madre!

Un par de golpes fueron suficientes para hacer que el tablero se rindiera ante la fuerza del hombre quedando completamente destrozado.

- ¿Que sucedió? - preguntó cuando por fin lo vio un poco más tranquilo.

- Al parecer todo fue hecho por una malnacida familia de alfas. - gruño, haciendo parecer uno de aquellos de los que hablaba.

- ¿Alfas? ¿Que tiene eso que ver?

Kleinton se apretó el puente de la nariz con sus dedos, suspirando con cansancio. - Son prácticamente intocables, hacen lo que se les hinchan los huevos entre ellos, ¡malditos endogamicos de mierda!, solo hace falta que digan que son sus "usos y costumbres" y pasan sobre nuestras leyes.

Las palabras rebotaron en la patrulla, y el silencio que cayo entre ellos fue roto por la radio que los conectaba a la oficina central, y el grito hizo que se tensarán en sus asientos.

"¡TODAS LAS UNIDADES DISPONIBLES IR A LOMAS DE ARENDELLE!, ¡REPITO TODAS LAS UNIDADES DISPONIBLES IR A LOMAS DE ARENDELLE CALLE CENTRAL NUMERO DIEZ! ¡REPORTAN GRITOS Y UN GRUPO ENTRANDO A LA RESIDENCIA, PROCEDAN CON CUIDADO!"

Las patrullas derraparon en la acera girando para ir al lugar, las luces azules y rojas brillaban, los autos les abrían paso con el sonido de la sirena que rompía la usual tranquilidad de Arendelle.

Al ser los primeros en llegar, podían esperar refuerzos pero corriendo el riesgo de que los residentes de la mansión sufrieran las consecuencias y por ello tomaron una decisión drástica, los policías bajaron de las patrullas no pudiendo dejar que inocentes sufrieran si tuvieran la oportunidad de hacer algo al respecto.

Las armas apuntaban al suelo evitando causar un accidente, la puerta estaba rota dejándolos entrar, apenas les dio la oportunidad de dar un paso adentro cuando la vieron, estaba parada detrás de un hombre arrodillado, la sangre escurría por su rostro completamente deforme por los golpes, de su ingle la sangre escurría cual fuente, la mujer no pareció importarle en lo más mínimo su presencia cuando su mano que no sujetaba el cabello del hombre que lo mantenía erguido impacto en la nuca de aquel que estaba arrodillado, un sonido sordo lleno la habitación cuando el cuello fue roto y el cuerpo estampo en contra del suelo.

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La sangre que corría por sus oídos le impedía poder escuchar la suplica del hombre, su corazón bombeaba con tal fuerza que era doloroso, todo por la escena que se presento frente suyo cuando salió del sótano.

Un hombre tenía los pantalones abajo, con su verga al aire se acercaba a una pequeña que lloraba y se retorcía entre los brazos de su captor, una mujer detrás berreaba suplicando que le hicieran a ella todo lo que quisieran pero que dejaran a su cachorra sola, Anna ni siquiera pensó en lo que haría, su enojo tomo la poca cordura que tenía, tomo un pedazo de madera que estaban a sus pies de lo que había sido una mesa, las astillas se enterraron en su mano, el ardor solo le hizo sonreír, cuando sin que ninguno la viera se acerco al hombre que sonreía ante lo que el pensaba seria la que llevaría a sus crías y al estar detrás de el, enterró la estaca de madera entre las nalgas del agresor, la sangre cubrió su mano, el aullido de dolor retumbo en la habitación, la madera desgarro el intestino del hombre, su ano escurría sangre y mierda, pero Anna no dejaría que fuera tan fácil, empujo la estaca hasta que la arma improvisada desgarro de la misma manera la virilidad del agresor. Sus compañeros vieron con horror como el hermano de su manada cayo al suelo, su boca escurría espuma mientras que la sangre manchaba el suelo debajo de el, no tuvieron oportunidad de hacer nada. Anna tomo al que sostenía a la pequeña de su frente empujándolo hasta que su cabeza estampo contra la pared detrás de el, una y otra vez, hasta que las convulsiones del cuerpo hicieron que la alfa lo soltara. El que sostenía a la omega mayor la dejo apenas la mirada mas furiosa que jamás haya visto cayo sobre de el, sus pantalones se mojaron cuando la cobriza se acerco con pasos tranquilos, sus rodillas le fallaron haciendo que tocara al suelo, suplicando por su vida, pero fue inútil cuando Anna alzo su pie y lo estrelló contra la nuca del hombre, hasta que la sangre escurría de su calzado.

La cobriza se giro, viendo como las dos omegas la veían con una mezcla de miedo y respeto, tratando de sonreír Anna se acerco a la cachorra que seguía llorando contra del pecho de su madre, sintió que su corazón se comprimía cuando la pequeña se encogió en su lugar cuando alzo su mano, pero cuando el golpe que esperaba nunca llego, y en cambio su cabello fue cepillado con suavidad, y Anna hizo que sus mejillas se restregaran una contra la otra, la cachorra tomo del cuello a la alfa, berreando y llenado de lágrimas el cuello de Anna.

- Tranquila, todo estará bien, ya estoy aquí, nunca te pasara nada, pero debes ir con tu mamá.

La omega mayor capto la orden haciendo un gran esfuerzo para separar a su cachorra de la alfa de la manada, con la cabeza gacha, dio un par de pasos hacia atrás.

- Elsa esta en el sótano, estarán bien, ahora regreso.

Anna corrió por el último tramo de escaleras que la separaban del ultimo invasor que quedaba, su mente se volvió a desconectar cuando lo vio golpear a una omega que protegía una puerta, su rostro estaba rojo del llanto y de los golpes, pero aun con el dolor que la atravesaba, la omega se rehusó a dejarlo pasar donde estaba su familia.

Cuando un nuevo golpe iba a impactar en el rostro de la mujer, un par de brazos le rodearon el cuello, el aire no podía pasar, hasta que sintió a su cuerpo siendo lanzado por las escaleras, al caer sobre sus brazos escucho como sus huesos se rompían por el impacto, un grito de dolor escapo de sus labios, pero antes de poder hacer cualquier otra cosa, una patada lo hizo caer el resto de escaleras que le faltaban, no pudo levantarse cuando las patadas a su rostro le nublaron la visión, y el dolor fue peor cuando sus testículos estallaron por una patada, sentía como la sangre escurría de sus pantalones, y antes de que todo se volviera negro fue tomado de su cabello y escucho un par de pasos mas, pero todo terminó cuando un golpe en su nuca lo cegó del mundo.