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«¡No puede ser!» lloró Rose, abrazándose a sí misma. Y es que aún no podía superar lo que su esposa le había contado. «Me niego a creer que Lila nos mintió ¿Por qué lo haría?» la rubia lloraba aún más.

Juleka sólo pudo suspirar de tristeza.

«No lo sé. Y además si te pones a pensar. ¿Qué razón hubieran tenido Adrien y Marinette para mentirnos? No entiendo cómo jamás pensamos en eso» la chica apretó los puños de la rabia.

«Pensé que Lila era nuestra amiga ¡No puedo creerlo!» la rubia tomó una foto grupal que tenía en una mesa.

En ella estaban, Alya,Alix,Mylenne, Juleka,Rose y por supuesto Lila.

Pero tenía sentido si te lo ponías a pensar.

«¿Te diste cuenta de todas esas veces que Lila nos hizo excluir a Marinette?» Juleka pensó en voz alta.

La rubia también se puso pensativa.

«¡Oh! Tienes razón,¡somos unas pésimas amigas!» Rose siguió llorando. «¡No puedo creer que no le pregunté al príncipe Ali hace años si realmente la conocía!»

Juleka acarició la cintura de su esposa.

«No es tu culpa mi amor» ella le besó la frente a la rubia.

Eso pareció calmar sólo un poco a la chica, pero aún así no se alejó de su amada.

Estuvieron así, abrazadas hasta que por fin se calmó el llanto de la más baja.

Rose estaba sentada sobre las piernas de su esposa, mientras esta acariciaba su cabello rubio, que ahora era largo y llegaba a su cintura.

«Debemos recompensarlos de alguna manera Jules» sugirió la rubia.

La chica de cabello oscuro sólo sonrió.

«Tienes razón»

Mientras tanto, Lila estaba en otro lugar, con una sonrisa engreída, estaba mirando una foto en su celular.

En ella estaban Adrien y Juleka. Obviamente estaban discutiendo, pero en el momento que Lila tomó la foto, parecía que los dos estaban en una cita.

Ella estaba muy feliz de arruinarlos.

Decidió enviar esa foto de manera anónima a un programa de chismes.

Todo salía bien para ella y más ahora que se enteró que Mari-tonta no sabe que está casada con Adrien.

Lila sonrió, ella usaría eso en su contra.

Era hora de llamar a Alya.

Mientras tanto, en una gran casa; estaban Adrien con Marinette.

Estaban cerca de la piscina, Marinette miraba la piscina con miedo.

Adrien la sostenía de la cintura, él también estaba en traje de baño.

«Por favor, cuando entremos en el lago no me sueltes, ¿de acuerdo?» él como siempre estaba preocupado por su seguridad.

«De acuerdo» ella asintió mecánicamente. Y es que tenía mucho miedo.

Ambos bajaron con lentitud a la piscina, ella se aferró al cuerpo de Adrien, mientras internamente intentaba no pensar en lo bien que se ve el rubio en traje de baño.

Está casado. Se recordó a sí misma.

Además no era hora de actuar como una adolescente hormonal ¡Era una adulta!

«De acuerdo, tienes que mover tus pies» él estaba parado dentro de la piscina, mientras ella estaba recostada sobre el agua.

Ella siguió los pasos que Adrien le decía. Ella todavía tenía miedo.

Y al parecer el rubio lo notó.

«Relajate, ¿de acuerdo? Yo te sostengo» él acarició el vientre plano de la chica, ella se sintió rara.

Le gustaba que Adrien tocara su piel.

Y no podía concentrarse adecuadamente, entonces decidió acercarse a él y abrazarlo.

Él se aferró a ella con fuerza.

Sus hombros grandes y musculosos le encantaban a la chica, sintió como una electricidad espesa en el aire.

El rubio le acariciaba la espalda, y la cintura. Y los torsos de ambos se tocaban.

A ella le encantaba.

Y no pudo evitar querer verlo a los ojos, y eran tan brillantes y vivos, a Marinette le recordaba las hojas de los árboles en verano.

Él la miraba con intensidad. Ella casi se estremeció. Y no dudó en acariciar unos mechones del cabello del chico y esto sólo causó que el autocontrol del chico se rompiera.

Él le acarició la mejilla y con una mirada penetrante, acercó su boca a la de él, hasta que ninguno pudo resistir y unieron sus labios en un apasionado beso.

Esto se sintió diferente a la otra vez.

Ambos estaban sólo en trajes de baño, estaban abrazados dentro de la piscina y se acariciaban ansiosamente.

El rubio movía sus manos en todos los sitios que pudiera tocar, su cuello, su cintura y sus piernas.

Ella acariciaba su cabello, sus hombros y sus pectorales.

Y no podían dejar de besarse, el rubio era el más ansioso de los dos y es que hace mucho tiempo que ya no tenía a su esposa.

Las lenguas de ambos estaban entrelazadas y Marinette no pudo evitar gemir al sentir que él la acercaba aún más a su cuerpo.

Ella no quería dejar de besarlo, no quería dejar de sentir esa electricidad y ella quería más.

Al ver que la chica correspondía casi con la misma necesidad que él, se separó un poco de su beso, para poder hablar.

«¿Qué tal si nos vamos a nadar en la bañera?» la voz parecía inocente, pero la mirada en los ojos del chico sugería otra cosa.

Ella sólo asintió y él la cargó sin mucho esfuerzo.

Para ambos el día de piscina olvidado.